#Opinión Orphan Black: hermandad y feminismo

Tras cinco temporadas, llegó a su fin esta serie que nos permitió vivir a través de la ciencia ficción una historia encantadora y atrapante, donde cientos de clones se convirtieron en íconos representativos del feminismo, la igualdad y la hermandad.

La serie de origen canadiense fue estrenada en 2013 y es protagonizada por Tatiana Maslany, quien desarrolla el complejo papel de representar a diferentes mujeres, clones idénticos físicamente, que se enfrentan a sus creadores. Creadores que utilizaban sus cuerpos para investigaciones biológicas sin importar qué les ocurriera a ellas, hasta incluso a sabiendas de que les ocasionarían la muerte.

La serie, que se encuentra disponible en Netflix, tiene como protagonista a una joven llamada Sarah Manning (Maslany) que descubre ser parte de una gran investigación científica y se compromete junto a sus hermanas a dar pelea por llegar a su libertad.

La experimentación con seres humanos a través de la ciencia se muestra de una forma muy interesante, donde se someten a los diferentes personajes a estudios tan impresionantes como escalofriantes, a tal punto que hacen creer al espectador que son reales, que en algún lugar del mundo esto puede estar pasando.

IMG_20170825_013414.jpg

Más allá de lo que un simple espectador pueda esperar de la serie, es importante destacar y resaltar el mensaje que se busca dar sobre la hermandad. Una hermandad que gana la lucha, una hermandad victoriosa, una hermandad entre mujeres que demuestran que trabajando en equipo todo se puede lograr.

A su vez, durante las cinco temporadas, se hace referencia mediante diferentes personajes a la comunidad LGBT, el aborto legal y otras cuestiones que dejan de lado los dogmas que todavía subsisten en la sociedad y por los que se lucha día a día.

Por la hermandad, la sororidad, la unión, la perseverancia, la lucha y el esfuerzo que llevan a la victoria. Eso y mucho más es lo que Orphan Black nos quiere enseñar. Es una serie llena de valores positivos, que refleja en ciertos aspectos la actualidad donde cientos y cientos de mujeres están unidas para luchar por sus derechos.

«TODAS TE CREEMOS»

Una joven chilena de apenas 23 años, Valentina Henríquez, denunció hace unas semanas mediante una publicación en Facebook la forma en que había sido agredida, tanto física como psicológicamente, por su expareja, Camilo Castaldi, un famoso cantante chileno de la banda «Los Tetas».

El pasado jueves 6 de julio, la coordinadora de «Ni Una Menos», las Secretarías de Sexualidades y Géneros (Sesegen) de la Universidad de Chile y miles de mujeres salieron a la calle para apoyar a Valentina, al grito de «Valentina, te creemos», «Basta de impunidad», y otros tantos cánticos que hicieron resonar Chile.

Devastada, la chilena acudió a la Justicia para realizar la denuncia que le prohibió a Castaldi, por fin, continuar acercándose a ella. Posteriormente, la joven compartió, como ya mencionamos, su historia en Facebook y más de 200 mil usuarios la hicieron eco.

Además, la joven confesó que desde los tres meses de noviazgo, Camilo la golpeó en reiteradas oportunidades, ocasionándole fuertes heridas en los brazos, las piernas y la cara; y no debía convivir solo con este dolor y el miedo de no saber qué hacer ni cómo terminaría, sino que se sumaba al sufrimiento la adicción a drogas, es decir, el consumo habitual de cocaína al que el hombre estaba sometido.

Mientras tanto, el cantante de 39  años asegura que las acusaciones de Valentina son por completo injustas, y la responsabiliza de padecer grandes trastornos psicológicos y hasta de causarse ella misma las heridas; alegato que resulta poco convincente no solo para la Justicia, sino también para el pueblo, que se hizo oír contra la violencia de género y repudia todo tipo de violencia.

v3.jpg

En tanto, en la manifestación a la que concurrieron miles de personas en Chile para hacerse oír y donde no solo se mostraban contra la violencia de género y contra la impunidad, también se intentó reflejar el acompañamiento y el apoyo que las víctimas tienen dentro de la sociedad civil y del pueblo, un pueblo que se hace oír, un pueblo que late.

Así, como vemos en la foto «Tu silencio no te protegerá», todos sabemos que denunciar no es fácil ni sencillo, pero debemos tomar fuerzas, hacernos escuchar, levantar la voz, ayudar a las víctimas a salir adelante, ayudar a denunciar. Debemos velar por un futuro mejor, velar por + AMOR, – VIOLENCIA.

FUENTE: EL PAÍS

 

Lucha cotidiana

Cuando las cosas se empiezan a perpetuar de forma sistemática y dejan de ser casos aislados, las personas tienden a acostumbrase. ¡Qué peligrosa es la comodidad de lo conocido!

De repente, me despierto y caigo en la cuenta de que no hay un solo día en que no vea, al menos, cinco casos diferentes de mujeres que relatan en redes sociales diversas situaciones de peligro que vivieron y quieren compartir, para empezar a cuidarnos entre nosotras.

Caigo también en que dos de esos cinco sucedieron en las mismas cuadras que camino para ir a la facultad o para tomarme un remis a la salida de algún bar.

Acto seguido, siguen las acusaciones virtuales sobre la veracidad de la historia y comentarios, de lo más peligrosos, desprestigiando el relato porque “bueno, agradecé estar viva”. Sí, juro que lo agradecemos cada día.

De repente, caigo en lo habitual de las amenazas de las exparejas de mis amigas, tanto así que nos encontramos hablando a las 8 de la mañana sobre los nuevos mensajes que recibieron la madrugada anterior y repetimos un simple “denuncialo, dale”, que últimamente ya se volvió moneda corriente mientras compartimos un mate.

El paso siguiente es planear el rejunte de las pruebas necesarias para que le tomen la denuncia, que no es cosa fácil y que no sirve para mucho más que dejar por sentado que (y desde hace cuánto) estaba cagada hasta las patas.

Luego, salen a hablar del nuevo caso en el que el femicida tenía más de 10 denuncias en su contra, exponiendo sin tapujos la inoperancia judicial.

De repente se cae Whatsapp o cualquier otra red de comunicación y tu amiga no responde. «Eu, ¿llegaste?». No contesta. «Ya pasó una hora, ¿por dónde andás?». No hay última conexión. Y ahí comienza la red de investigación precaria para tratar de encontrarla por algún lado, porque no queremos que sean su nombre y su cara con la que vayamos a pedir Justicia en la próxima marcha.

Nada, falsa alarma, demoró en el banco o se durmió una siesta y cosa va, cosa viene, desapareció unas horas mientras todas ya estábamos pensando el peor desenlace. Porque así estamos, paranoicas y susceptibles hasta la médula.

Nos venden gas pimienta en forma de perfume personal para camuflar nuestra herramienta de defensa y nos criamos repletas de estrategias como, por ejemplo, gritar «fuego» para que la gente accione, porque en nuestro pedido de «ayuda» nadie se involucra.

Vivir se vuelve una supervivencia y solo para nosotras mañana se repite el ciclo.

Estamos pidiendo a gritos que no nos dejen solas.

Replanteate tu lugar en esta lucha.

Dale, pensá si podés decirle con orgullo a tu nieto de qué lado estabas cuando el mundo se quedó sin mujeres.

Gellara: Mujeres hermanas

Un grupo de jóvenes universitarias crearon la primera revista para mujeres en Afganistán, pese a los peligros que puede ocasionarles tanto a ellas como a sus lectoras el tratamiento de este tipo de temas, debido a la postura conservadora que su país mantiene.

La revista “Gellara”, que significa “mujer muy guapa”, tiene como objetivos cambiar la imagen de la mujer afgana tanto en su país como en el resto del mundo, y poder llegar a todos los hombres, para empujarlos a vislumbrar la problemática sobre la cosificación de la mujer.

La revista tuvo cinco meses de preparación para lanzar en mayo pasado su primer número, donde se abordaron diferentes temáticas, desde estilos de vida, moda y belleza hasta diversos aspectos positivos que atraviesan la vida de las mujeres.

Los editores de la revista anunciaron que, por razones de seguridad y prevención, no darán datos de contacto ni la dirección del medio, ya que la divulgación de este tipo de información en una nación tan conservadora puede poner en peligro la integridad de las autoras y de las propias lectoras.

ge2En Afganistán, cuando las mujeres se casan dejan de gozar de los pocos derechos que poseían antes. Estas jóvenes tienen en claro que las noticias en los medios se centran en la guerra y la violencia contra la mujer; por eso, decidieron abordar cuestiones de moda, belleza y demás que resalten otros aspectos de la mujer.

Aunque se reconoce que el cambio se verá solo a largo plazo, las mujeres, nosotras, debemos luchar con intensidad y ardor para cambiar nuestras vidas, porque los hombres no cambiarán sus vidas por nosotras, porque SOLO UNA MUJER PUEDE SENTIR EL DOLOR DE UNA MUJER.

“Gellara” busca mostrar lo grande que es el mundo, busca la hermandad entre mujeres: una hermandad que cuide de las oprimidas, una hermandad que luche por sus derechos, una hermandad que consiga todo lo que se proponga, una hermandad que UNA LAZOS ETERNAMENTE.

FUENTE: EFE/El Litoral

«Dicen que estoy loca»

Caminatas llenan los minutos  de todas las tardes de la semana. Algunos transeúntes corren para llegar al subte, otros caminan y disfrutan del día, hay quienes pierden el rumbo y chocan a otros, pidiéndoles o no perdón, todo es demasiado cotidiano. Todo demasiado impersonal, pero hubo un día que eso cambió. Un Martes específicamente, mas o menos a las 4 de la tarde, la gran estructura de color rosado fue participe de algo impresionante. Vinieron despacito, sin apuro pero con un propósito, llegaron juntas y compartiendo un sentimiento, y cuando se fueron dejaron su huella, en las retinas, en los oídos y claro, como no, en los corazones.

Mujeres tenían que ser ¡y que pedazo de mujeres! Con tranquilidad y sin arrojo comenzaron. Prenda a prenda se fueron despojando de su Yo personal, de repente eran todas y ninguna, eran las que están y las que se fueron, aquellas que sufren en silencio y las que luchan con uña y diente. Toda una visión. Todo un orgullo. El frío no las paraba, nada las paraba, su objetivo era claro, protestar, cada parte del cuerpo usada como un arma, pero no de la clase usada por los cobardes, aquellos femicidas y asesinos que matan a nuestras hermanas, sino que el armamento que blandían iba mucho mas allá, un solo movimiento llega a miles, quien dice millones, domina el cuerpo y el alma, da fuerzas y un mensaje: no estamos solas.

Fueron minutos, pero trasmitieron más que cientos de personas en algunas horas. Las frases que se escuchaban gracias a la ayuda de un megáfono eran descarnadas y tan ciertas que desesperaban, dolían y al mismo tiempo expresaban la cruda realidad que vivimos en la Argentina:

Soy mujer

en un tiempo

en que el femicidio

nos quiere volver desechables.

Por supuesto,

dicen que estoy loca,

extremadamente loca.

Que soy rara, que me he vuelto extraña.

Claro que nos hemos vuelto extrañas, si es la sociedad quien nos aliena. Claro que estamos locas, si eso nos permite vivir un día más. Y ninguna es un número, todas valemos, todas SOMOS.

Esta obra maestra fue traída al mundo por «Fuerza Artística de Choque Comunicativo», les decimos gracias!

Fuente imagen destacada: Fotos de Nacho Yuchark para lavaca

 

 

Todo palo es político

El macrismo viene decidido a aplicar la fuerza represiva del Estado como respuesta a la protesta social, tal como se pudo constatar el pasado domingo mientras los docentes armaban la Escuela Itinerante frente al Congreso. La violencia institucional no nació a fines del 2015, pero hay algo novedoso en el ejercicio espectacularizado de la fuerza: la violencia como puesta en escena de una estrategia comunicacional, en víspera de las elecciones 2017.

La consultora Tendencias Económicas contabilizó 110 mil despidos en los primeros dos meses del 2016, cifra récord desde 1985. A este dato, se suma la baja del valor real de los salarios: el Indec calculó una pérdida en el poder adquisitivo del trabajador promedio de entre 8 y 10 puntos respecto de la inflación, estimada en un 40% según el IPC que difunde el Congreso. El Presupuesto 2017 previó recortes en las áreas de Salud, Cultura, Educación y Derechos Humanos, a la vez que incrementó en un 34% el pago de los intereses de la deuda pública con respecto al año pasado.

Las medidas del Ejecutivo no favorecen al sector mayoritario de la sociedad. Marzo fue un mes álgido, signado por una seguidilla de protestas masivas y terminó de afirmar, después de más de un año de gobierno, que las disputas políticas y las negociaciones hoy sólo pueden zanjarse con capacidad de movilización y demostración de fuerza en la calle.

Sin embargo, el macrismo respondió con la represión como método de disciplinamiento. La violencia de las fuerzas de seguridad en el Paro Internacional de las Mujeres y durante la huelga general del 6 de abril se sumó a las imágenes de camiones hidrantes apuntados hacia los trabajadores de Cresta Roja a fines del 2015 y al episodio vivido por los despedidos estatales de La Plata a principio del 2016. Inclusive, luego se reprimió a los trabajadores del Ingenio Ledesma. No son datos menores la existencia amenazante del Protocolo Antipiquetes y el marco persecutorio creado por el encarcelamiento de Milagro Sala y la detención cada vez más frecuente de militantes.

Cada avanzada de los uniformados se dio en coyunturas diferentes, con su propio trasfondo y finalidad. No son iguales las necesidades de un gobierno recién asumido que a meses de las elecciones de medio término. Así, se puede ubicar un común denominador en las últimas situaciones de represión: la presencia de las cámaras y los reflectores. Todos podíamos ver lo que estaba sucediendo en tiempo real, todos pudimos tomar conocimiento y no hubo intención alguna de taparlo. Pareciera tratarse de la construcción de un mensaje unívoco: «Vamos a realizar los sacrificios necesarios para llegar al sueño del país del primer mundo».

Al mismo tiempo, la represión que sí permanece en las penumbras, la que es cotidiana en los barrios más pobres, crece. Dos casos que sí recorrieron los medios son la balacera iniciada por la Gendarmería en enero del 2016 contra la murga barrial del Bajo Flores y la irrupción policial en el merendero Los Cartoneritos en Lanús, hace poco más de una semana. Para noviembre del año pasado, la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) difundió sus índices y denunció un muerto cada 25 horas a manos de la policía. En el 2016 contabilizaron 259 casos y es el récord anual alcanzado por un gobierno constitucional después de la vuelta a la democracia.

*

En la marcha del #1A, desfiló por las plazas principales del país una masa que se mostraba contenta y enojada al mismo tiempo. Contenta, porque se sentía a gusto con la gestión macrista y con los valores que el presidente encarna; enojada porque, a pesar de la heterogeneidad en las lecturas, cada manifestante encontraba en la pesada herencia la razón del desequilibrio social. Un auto paseaba con un muñeco disfrazado de militar sobre el techo. Una señora mostraba orgullosa su cartel a las cámaras y sentenciaba: “Desaparecieron los que tenían que desaparecer”.

El oficialismo piensa en las elecciones legislativas, y por ello no hace oídos sordos a las demandas del elenco permanente de votantes PRO, que piden más mano dura y que se esconda o se borre la pobreza. La represión y la decisión de no ceder un centímetro a los reclamos de los trabajadores («los vagos que no trabajan y cortan calles») es, en este punto, otra maniobra de “marketing” electoral.

El Gobierno nacional está atravesando una crisis de representación y nada garantiza la captación del votante indeciso. Elige entonces replegarse y afianzar a los asegurados, que, dicho sea de paso, el primero de abril demostraron no ser pocos y estar bastante convencidos. Si la demanda es aplicar más mano dura y el costo político es mínimo o poco, el oficialismo tendría razones de sobra para intensificar su postura de dureza contra la manifestación popular y además exponerla públicamente.

Una vez más, el macrismo apuesta a una campaña comunicacional efectiva. Su triunfo o derrota en las elecciones 2017 aportará más experiencias para analizar las herramientas explotadas por Durán Barba: muchas cámaras y una meticulosa puesta en escena para intervenir sobre la realidad cuando la política es una cáscara vacía.