Mumalá propone un proyecto para erradicar la violencia de género

En Argentina, la violencia machista no cesa. Según el Observatorio Lucía Pérez de violencia patriarcal, entre el 1 de enero y el 17 de diciembre de 2021, se cometieron 296 femicidios y 247 niñes quedaron huérfanes. Además, ocurrieron 356 marchas y movilizaciones contra la violencia patriarcal. Respecto al mes de diciembre, 18 mujeres murieron en manos de femicidas en 17 días, es decir que hubo un femicidio cada menos de 24 horas.   

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Gaby Sosa, Directora Ejecutiva de Mumalá Nacional, cuenta a Escritura Feminista que hace muchos años que la agrupación Mumalá viene trabajando en todo el país por los derechos de las mujeres y las diversidades sociales. Entre otros trabajos, acompañan en el territorio y en los pedidos de justicia, contienen y brindan estrategias de fortalecimiento a mujeres y disidencias, para quienes han transitado la violencia y necesitan volver a vivir una vida libre.

Descripción de imagen: retrato de Gaby Sosa sonriendo a cámara. Es una mujer de piel morena clara y cabello lacio, castaño oscuro, largo hasta el pecho.
Gaby Sosa, Directora Ejecutiva de Mumalá Nacional

Proyecto #EmergenciaNiUnaMenos

El proyecto fue difundido por redes sociales y se encuentra en la plataforma change.org para seguir juntando adhesiones. En la misma línea,  durante los años 2018 y 2021 fue presentado ante el Congreso de la Nación. En la actualidad, el proyecto está en la Cámara de Diputados y desde Mumalá reclaman por su debate y posterior aprobación.

«Hablamos de emergencia porque los números lo explicitan así. En la argentina tenemos 204 femicidios a fecha del 25 de noviembre, y no han podido descender esos números en la última década», manifiesta la directora de Mumalá. Además, agrega que eso debe ser «sumado a hechos muy paradigmáticos donde se ha evidenciado la ausencia, la desprolijidad y el desorden del Estado».

Respecto a los registros de la violencia machista, Sosa explica que «los datos estadísticos que va produciendo la Corte Suprema de Justicia de la Nación y los que van generando las organizaciones, entre ellas nosotras desde Mumalá, evidencian la emergencia en violencia de género». La activista sostiene que no solo se trata de los femicidios, sino también de los intentos de femicidios que no son registrados por la Corte ni por ningún organismo del Estado. Mumalá está trabajando en la recopilación de estos datos.

Con el objetivo de buscar soluciones, dentro de los principales puntos del proyecto se encuentran:

  • Abordaje integral de las violencias machistas.
  • Acompañamiento económico y asistencia integral para personas en situación de violencia de género.
  • Inversión para la creación de ámbitos de género y diversidad por parte del estado.
  • Fortalecimiento de organizaciones que promueven los derechos de mujeres y de la comunidad LGBTIQ+.
  • Monitoreo de normativas vigentes como la Ley Micaela, Ley de Educación Sexual Integral y Ley IVE.
  • Plan nacional de desarme en la sociedad civil.
  • Abordaje y reeducación de varones agresores.
  • Creación de casas de protección para personas en situación de violencia de género y riesgo de vida.
  • Registro único de situación de violencia de género.
  • Fortalecimiento de los mecanismo para el acceso efectivo a los servicios de salud sexual, reproductiva y no reproductiva.

El rol del Estado

«En ese camino de acompañamiento y de trabajo con las mujeres y disidencias, fuimos identificando cuáles eran los problemas que tenía el Estado a  la hora de asistir, de sancionar, y desde ahí pensamos la construcción del proyecto de emergencia y, a la par de eso, de las estadísticas que nosotras vamos elaborando. Experiencia concreta y elaboración de las estadísticas».

Gaby Sosa, Directora Ejecutiva de Mumalá Nacional.

Por su parte, el proyecto contempla un abordaje integral de la violencia. No se trata solamente de políticas de sanción a los agresores, dado que claramente es necesario un abordaje desde la prevención para que las situaciones no sucedan: «Desde la asistencia, cuando han sucedido, y esto que tiene que ver con el Poder Ejecutivo, de contar con legislaciones que no se superpongan sino que potencien y aborden las particularidades de la violencia. Son múltiples las dimensiones que originan las violencias de género, son múltiples las dimensiones. Es responsabilidad de los tres poderes del estado y los tres niveles del estado resolver la situación, eliminar la violencia», explica Sosa.

Descripción de imagen: de pie en la calle, dos jóvenes sostienen un cartel blanco con letras violetas resaltadas en naranja donde se lee «¡Todes a las calles! Emergencia Ni Una Menos. Mumalá».

Por otro lado, al usar la palabra «integral», Mumalá se refiere no solo al rol del estado sino al rol de las organizaciones de la sociedad civil: «Las organizaciones de mujeres feministas disidentes han puesto en la agenda pública este tema. En 2015, como momento importante, el primer 3 de junio, pero lo seguimos poniendo y creemos que ahí hay un rol determinante a la hora de visibilizar las violencias, pero también esas miradas el estado necesitaría tener en cuenta».

Respecto al acompañamiento del Estado a las organizaciones, Sosa denuncia que es limitado. «Muy escaso el acompañamiento, siempre ha sido a través de la lucha que hemos dado en las calles que nos han atendido en los ministerios».

«Hay una marca muy similar con la gestión anterior. Creo que hay más facilidad de acompañamiento a organizaciones que están más cercanas a la política de la gestión. Esto ya pasó con Macri y vuelve a pasar con la gestión de Alberto Fernández».

Gaby Sosa, Directora Ejecutiva de Mumalá Nacional.

La entrevistada explica que la violencia de género aumenta en el contexto de crisis y desigualdad, tanto económica como social, que atraviesa nuestro país. «Una mujer o una persona travesti-trans que atraviese una situación de violencia de genero, cuando hay una base de pobreza, de indigencia u otras desigualdades, se agudiza su situación. Se hace mucho más complejo salir de esa situación si no tenés autonomía económica», concluyó.


She Taxi: mujeres al volante

Una aplicación que trae una solución para el traslado de mujeres y personas LGBTIQ+ pero que todavía encuentra resistencias en la Ciudad de Buenos Aires.

Existe una aplicación llamada She Taxi donde las conductoras son mujeres. En una realidad en la que matan a una mujer cada día y medio, elegir ser trasladadas y trasladades por mujeres puede generar una sensación de seguridad. 

She Taxi nació a fines de 2016 en Rosario y llegó a capital en mayo de este año. También está en Córdoba, Santa Fe, Catamarca y San Juan. Hoy, son unas 800 conductoras. La aplicación nació gracias a una chofer que se hartó del acoso machista a conductoras y pasajeras y que planea llegar a nivel internacional, aunque sabe que se enfrenta a un sistema patriarcal porque el mundo del taxi es muy machista todavía.

La experiencia que vivió la creadora de la aplicación que fue la que colmó el vaso: un día, una chica tomó su taxi y le dijo al borde de las lágrimas «Gracias, me salvaste». La pasajera le contó que usaba radio taxi y que siempre le mandaban el mismo chofer, quien le decía cosas como «Qué lindo perfume usas». Había comenzado a tener miedo y a sentirse incómoda. En consecuencia, cuando la fue a buscar la chofer Eva María Juncos, la pasajera se sintió aliviada.

¿Cómo llegó a operar She Taxi en CABA?

Conquistaron la zona porteña gracias a que el Tribunal Superior de Justicia porteño falló a su favor en un amparo por la inconstitucionalidad de un artículo de la Ley de Tránsito y Seguridad Vial que le otorgaba el monopolio del servicio a una aplicación oficial. Si el auto no estaba en la aplicación BAtaxi no podía recibir viajes.

En el marco de la discusión para operar en la Ciudad de Buenos Aires, lo que planteaba Juncos era que se estaba limitando a una industria que en realidad es lícita, porque ellas estaban registradas en el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), y además es un servicio gratuito. Estaban todas las condiciones dadas para recibir viajes pero no lo lograban.

Después de rechazos judiciales en primera y segunda instancia a su reclamo, finalmente el Tribunal Superior les dio la razón y no tardaron en tomar cartas sobre el asunto.

Y si de avanzar se trata, esta emprendedora no baja los brazos. Hace unos días, presentó un proyecto de ordenanza propio en el Concejo Municipal de Rosario para exigir licencias extraordinarias para lograr la paridad de género en este servicio. 

En conversación con Escritura Feminista, Eva afirmó que lo que están reclamando es que solo tienen un 5% de representación al volante en el servicio de taxis y remises de la ciudad. Busca revertir la situación de discriminación histórica en relación al cupo y la paridad en el sector. En ese sentido, plantea que la sociedad está «desprovista de la cantidad de mujeres necesarias conduciendo el servicio de taxis».

En cuanto a los números, según detalla el proyecto presentado, en lo que va de 2021 en Rosario se registraron 613.775 solicitudes en la aplicación, de las cuales 148.213 «no tuvieron respuesta por falta de conductoras profesionales». Este valor representa casi un cuarto de las solicitudes. 

En CABA, los números son desalentadores. Según Eva, hay 64 conductoras registradas y unas 500 solicitudes diarias que, por la poca cantidad de mujeres al volante, la mayoría queda sin respuesta. A nivel anual en CABA, de 2109 solicitudes, 2032 quedaron sin respuesta. Hoy se encuentran activas 43 conductoras pero entre septiembre y lo que va de octubre solo 5 abrieron la aplicación

«Las conductoras tienen que derribar sus propios miedos y darle paso al avance tecnológico que viene de la mano de la gratuidad y más trabajo».

Eva María Juncos

Lo que sucede es que faltan mujeres que se registren. El limitante, según Eva, es que si el sindicato de peones de taxis no les dicen que se registren, no se van a registrar. En Santa Fe, por ejemplo, a una colega en una entrevista de trabajo para conducir un taxi le pidieron como requisito para tomarla que se comprometiera a no usar She Taxi.

Plantean que existe una situación de discriminación y que «la ausencia del Estado posterga a la mujer en los espacios de trabajo vinculados a la conducción de vehículos». Por eso es que apelan «al compromiso con los tratados contemplados en la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer» y reclaman que el Estado accione para que haya más conductoras mujeres.

La solución que se plantea en el proyecto presentado en Rosario es:

  • Que se otorgue la «titularidad de una nueva licencia de taxi a toda conductora profesional en relación de dependencia habilitada por el municipio»;
  • Que el único requisito sea tener carnet profesional habilitado;
  • Que no se obligue al pago de radio taxi, porque «la posibilidad de trabajo está asegurada en la plataforma digital She Taxi y en las demás plataformas que brindan el mismo servicio»;
  • Que no se las obligue a pagar del canon: para acceder a una licencia, las trabajadoras tienen que tener capital para adquirir un auto de unos 2 millones de pesos y esto es un factor excluyente. Si a eso se le suma el pago de un canon, solo se suma exclusión para las conductoras que, en su mayoría, son único sostén de familia;
  • Que «a través del Banco Municipal se establezca una línea de crédito accesible para la conductora que no disponga del capital para la compra del vehículo».

En resumen, el pedido es por ayuda para comprar el vehículo para prestar el servicio, que no se les cobre el canon y que se les otorgue la licencia de taxi con el único requisito de tener el carnet profesional habilitado. Requisitos lógicos y aparentemente suficientes para poder manejar un taxi y brindarnos el servicio que tantas personas necesitamos.


Masculinidades y salud mental

Los suicidios del delantero de Godoy Cruz, Santiago Morro García, y del jugador de rugby de Ciervos Pampas, Alan Calabrese, pusieron la problemática de salud mental dentro de la agenda mediática. Esto nos lleva a preguntarnos de qué hablamos cuando nos referimos a salud mental y por qué es un tema tan invisibilizado en nuestro país.

Más allá de los nombres propios y los detalles morbosos, los acontecimientos pusieron en escena un tema poco mencionado como lo es la salud mental de les deportistas. A pocos días de lo sucedido y luego de que Denis Olivera, jugador de Peñarol, fuera discriminado y sufriera acoso virtual tras el clásico entre su equipo y Nacional, futbolistas uruguayos impulsaron una campaña de concientización para les fanátiques de este deporte.

Bajo la consigna «Bajemos la pelota, seamos responsables», los jugadores participaron de un video en el que hablaron de cómo las críticas por redes sociales pueden afectar la salud de los deportistas, como así también del daño que puede causar el juzgarlos inexorablemente por sus errores. La propuesta invita a reflexionar acerca de los modos de dirigirse a los ídolos y de las agresiones que sufren a diario.

Siempre que alguna persona pública se quita la vida, el tema circula en los medios en relación con los detalles personales pero no desde una perspectiva de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Los conceptos de salud mental incluyen bienestar subjetivo, autonomía, competencia, dependencia intergeneracional y reconocimiento de la habilidad de realizarse intelectual y emocionalmente.

La realidad nos afecta a todes

Según la OMS, unas 800 mil personas se suicidan cada año, lo que representa una tasa estimada de 11,4 muertes cada 100 mil habitantes. Los fallecimientos por voluntad propia representan la segunda causa de deceso entre jóvenes de 15 a 29 años de edad, después de los accidentes de tránsito. En nuestro país, los últimos datos aportados por la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) datan de 2014 e indican que en ese año se produjeron 3340 defunciones por suicidio en la población en general.

El suicidio, al igual que cualquier otra problemática de salud pública, requiere un abordaje comunitario y responsable. Según el Ministerio de Salud, estos hechos son prevenibles si podemos reconocer  los signos de alerta: aislamiento, persistencia de ideas negativas, dificultad para comer, dormir y trabajar; desesperanza, llanto inconsolable y repentino cambio de conducta.

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En relación con lo anterior, British Columbia Medical Journal denomina «epidemia silenciosa» a la numerosa cantidad de suicidios en varones. Además, asegura que las cifras que circulan no comunican que, en su mayoría, esas muertes son efectuadas por hombres sin historial de padecimientos de salud mental. Pero, ¿qué sucede en los ambientes machistas donde padecer enfermedades relacionadas a la salud mental o pedir ayuda no es una opción?

El «macho» que todo lo puede

La cultura patriarcal penetra en cada una de las aristas de la vida de las personas y, por lo tanto, también en la salud mental. El machismo afecta en mayor medida a las mujeres y diversidades, pero también marca una única manera de ser varón: la del «macho» fuerte y valiente que no puede mostrar su vulnerabilidad ni hablar de lo que le pasa con sus pares. Por un lado, esto genera estereotipos de cómo deben actuar y, por el otro, deja por fuera a quienes viven la masculinidad de modo diferente.

«Los varones no lloran», «No seas maricón», «Pongan huevos», y «Un hombre de verdad…» son solo algunas de las frases que circulan tanto en el ámbito deportivo como entre grupos de varones y no hacen más que reforzar los estereotipos de cómo se debe ser masculino. Esto deriva en hombres que no saben expresar lo que les sucede, guardan sus sentimientos y hasta puede padecer depresión.

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El informe «Masculinidades y salud en la Región de las Américas» describe cómo la salud y el bienestar de los hombres es producto de múltiples factores, entre los que destaca la construcción de la masculinidad. El trabajo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de finales de 2019 asegura que los roles, las normas y las prácticas de género impuestas socialmente a los hombres refuerzan la falta de autocuidado y el abandono de su propia salud física y mental.

El concepto de masculinidad conlleva tres riesgos generales: riesgo para mujeres, disidencias y niñes (en forma de violencia), infecciones de transmisión sexual y falta de responsabilidad compartida en el hogar; riesgo para otros hombres, como accidentes, homicidios y otras violencias; y riesgo para uno mismo, en forma de suicidio, accidentes y adicciones.

Desinformación y estigma

Contrario a lo que se cree, los padecimientos mentales no son un problema poco frecuente. Estudios de la OMS dan cuenta de que los trastornos mentales están dentro de las cinco primeras causas de enfermedad en América. Las problemáticas más frecuentes son los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y los problemas por consumo de sustancias.

En Argentina, 1 de cada 3 personas presenta un problema de salud mental a partir de los 20 años de edad. La ley nacional de salud mental protege a la población del trato discriminatorio y, a su vez, intenta evitar que se asocie el padecimiento mental con la peligrosidad, la incapacidad y con un estado permanente o irreversible.

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Para combatir la desinformación, el Ministerio de Salud de la Nación indica que:

  • el padecimiento mental no es irreversible: puede afectar de modo parcial y transitorio la vida de una persona;
  • las personas con enfermedad mental no deben ser aisladas de su comunidad;
  • las personas con padecimiento mental no son ni violentas ni peligrosas;
  • la salud mental no debe atenderse de forma diferente de la física.

En un contexto de constante cambio, es necesario que no exista una única manera de habitar la masculinidad y que los hombres puedan hablar con su entorno de lo que les sucede sin que eso signifique perder parte de su masculinidad. Por otro lado, reconocer y entender los padecimientos mentales es un primer paso importante para romper con estereotipos y falsas creencias, superando así los prejuicios y la estigmatización hacia las personas con enfermedades mentales.

Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis emocional de cualquier tipo, podés comunicarte al centro de asistencia al suicida (011) 5275-1135 desde todo el país y al 135 desde CABA y Gran Buenos Aires. También a las líneas de acompañamiento, apoyo y orientación en salud mental en contexto de cuarentena: 4863-8888 / 4861-5586.



Fuentes:


#Reseña Corazón loco: el cine del pasado

«Este soy yo, aparentemente un hombre común. Sin embargo, mi corazón tiene la capacidad de amar mucho más que la de cualquier otro ser humano».

Con el primer plano de Fernando Ferro (Adrián Suar) en el piso, mientras su voz en off relata este fragmento, empieza la película Corazón loco. Inmediatamente después, el relato se abre para introducir la «explicación» de lo que cuenta el protagonista: su corazón ama a dos mujeres al mismo tiempo.

La película dirigida por Marcos Carnevale (Dos más dos, El fútbol o yo, Me casé con un boludo) presenta un esquema de humor que remonta a las producciones de fines de los 90, principios de los 2000. Categorizada como una comedia en la que hay que buscar minuciosamente alguna escena que produzca risa, pretende seguir instalando el discurso «gracioso» y «canchero» del hombre infiel que intenta disfrazar sus actos como bígamos y a las mujeres despechadas e irracionales en plan de venganza.

Fernando Ferro está casado con Paula (Gabriela Toscano) desde hace 19 años. Ella es maestra con un carácter que presume ser tranquilo y esconde algo de sumisión. Tienen dos hijas y viven en Mar del Plata. Paralelamente, hace 9 años, Ferro está en pareja con Vera (Soledad Villamil), una médica decidida, persistente e independiente que vive en Buenos Aires y con la que tiene un hijo.

Durante los primeros minutos se podría pensar que el filme pretende ser una copia nacional de Mujeres al ataque (del director Nick Cassavetes, año 2014), película en la que tres mujeres engañadas por el mismo hombre deciden unirse para cobrar venganza. A grandes rasgos, en la cinta de Cassavetes la construcción de los personajes gira en torno a mostrar al protagonista varón como alguien completamente machista, mientras que las mujeres toman actitudes sororas y de comprensión entre sí.

En este caso, Corazón loco se distancia completamente de esa idea e, incluso, de tener algún tipo de abordaje moldeado a los tiempos que corren. El eje apela a justificar actos de irresponsabilidad afectiva y a reforzar una relación de poder donde el único que decide de qué forma estar en pareja es el varón.

El título elegido, no al azar, acompaña a la perfección la intención del director de continuar profundizando estereotipos. Por un lado, se presenta al personaje de Suar como un tipo incomprendido por la sociedad, por sus amigos y por sus mujeres. Por otro lado, están las mujeres engañadas, representadas como unas desquiciadas, fuera de sí, que lo único que buscan es vengarse y hacerle daño físico al marido mediante la castración.

La hegemonía patriarcal construyó e instaló en la sociedad el discurso de que la bigamia, la poligamia y la infidelidad (en comunidades monógamas) están permitidas y avaladas únicamente en el varón, por lo que los actos de Fernando Ferro se enmarcan en la «locura linda» de un tipo que tiene mucho amor para dar.

¿Qué pasa con la actitud que muestran de las mujeres? Se las expone como sujetas privadas de su juicio y sin uso de la razón, «como unas locas» cuyas actitudes vengativas (llevadas al extremo burdo, violento y con un mensaje hasta peligroso, con el uso de la burundanga) lo único que pueden generar ante une otre es rechazo. No hay manera que las escenas logren generar empatía de le espectadore hacia ellas sino todo lo contrario: se hace hincapié en la mujer «sacada de sus casillas», mientras que el varón queda en un lugar vulnerable.

Así como se esboza un doble discurso en torno a qué actos, hechos bajo el mote de locura, son aceptados o no, también se transmite un mensaje clasista («responder como enfermero») sobre qué profesiones, trabajos y estatus social definen que una persona tenga validez como tal, como ciudadane, y pueda pertenecer al núcleo social.

Sería interesante pensar a qué tipo de espectadore busca interpelar Corazón loco y poner en discusión por qué todavía se apuesta —y se gana plata— a reproducir discursos hegemónicos y estereotipantes que siguen siendo naturalizados y que, además, contribuyen a la constitución de un imaginario social donde la falta de perspectiva de género, la meritocracia, la condición de clase, el poder y el privilegio del varón siguen presentes.  


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Negra querida: ¡No nos han vencido!

El jueves pasado, Tucumán adhirió sin modificaciones a la ley nacional 27.499, conocida como ley Micaela. Su aprobación en toda la república es otra conquista por parte de movimientos feministas y organizaciones sociales.

La ley lleva el nombre de Micaela García, la joven entrerriana que fue víctima de femicidio en el año 2017, a los 21 años de edad. Sancionada en 2018, establece la capacitación obligatoria en perspectiva y violencia de género para les funcionaries públiques de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.

Según lo expuesto por el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, autoridad de aplicación de la ley, se espera: «Transmitir herramientas y (de) construir sentidos comunes que cuestionen la desigualdad, la discriminación y transformen las prácticas de cada cosa que hacemos». Muches funcionaries ya fueron capacitades por personalidades destacadas como Dora Barrancos, entre elles, el presidente de la Nación y su gabinete.

Es importante discutir la preparación de quienes nos gobiernan para poder plantear procesos de formación integral que erradiquen la violencia de instituciones públicas hiperpatriarcales como lo son la justicia y el Estado. Solemos pensar que el machismo se da en las relaciones de pareja pero el aparato que deja por fuera a las mujeres es mucho más amplio:

«Constituye toda una constelación de valores y patrones de conducta que afecta todas las relaciones interpersonales, la amistad, el trabajo, el tiempo libre y la política».

Marina Castañeda, escritora de «El machismo invisible»

La lucha tras la pérdida de Micaela no solo se convirtió en ley sino también en la búsqueda de una salida colectiva. En 2017 se creó la Fundación Micaela García  «La Negra», espacio desde el cual se brindan clases de apoyo escolar, talleres, meriendas y otras actividades que ahora están frenadas por la pandemia.

Tucumán: Iglesia y antiderechos

No es sorpresivo que quienes gobiernan Tucumán no cumplan con leyes y derechos. La provincia tiene una deuda con mujeres, niñas, lesbianas, trans y no binaries en materia de educación sexual integral, interrupción legal del embarazo y erradicación de la violencia de género.

En agosto de 2018, bajo el contexto del debate por el aborto, Tucumán fue declarada una provincia «pro-vida». Con 39 votos a favor y 4 en contra, la legislatura sancionó una resolución en la que afirmaba posicionarse en contra de la ESI y la legalización del aborto, y donde citaba fragmentos de la Biblia que afirman que «quién debe vivir o debe morir, esa decisión la tiene solo el ser supremo que es nuestro Dios», evidenciando el peso de la religión.

En febrero de 2019, con Juan Manzur como gobernador de dicha provincia, una niña de 11 años fue obligada a parir. Con la presión de la iglesia católica y grupos a favor del aborto clandestino, le negaron la interrupción legal del embarazo a la pequeña que había sido violada. Le prohibieron el aborto hasta la semana 23 de gestación, cuando, en lugar de cumplir con los protocolos, le practicaron una cesárea, forzándola así a una maternidad no deseada.

Sus derechos fueron vulnerados al momento del abuso y, como si no bastara, el sistema de salud junto con el aparato judicial/estatal la revictimizó al negarle su derecho a terminar con el embarazo. Recordemos -nuevamente- que desde 1921 el código penal exime de punibilidad a quienes interrumpen un embarazo cuando este sea producto de una violación.

Hasta el pasado jueves, además de no reglamentar la ley, un grupo de ultraderecha encabezado por Ricardo Bussi (hijo del genocida Antonio Bussi), Walter Berarducci y Nadina Pecci presentó un proyecto para modificarla. Los funcionarios definían la capacitación como «un caballo de Troya para imponer ideologías sectoriales y autoritarias».

Los legisladores atacaron al Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad, presidido por Elizabeth Gómez Alcorta, por tener una orientación ideológica «ultra feminista y abiertamente abortista». Además, sostuvieron que esta ley «empodera a la mujer como una suerte de Gestapo ideológica».

Cuando los gobernantes tucumanos se negaron a efectuar la ley, les integrantes de la Fundación Micaela García brindaron un comunicado en sus redes sociales, pidiendo la adhesión de todo el país sin modificaciones. Las últimas palabras del escrito son conmovedoras; les invitamos a hacernos eco de ellas y transformar el dolor en lucha:

«Más temprano que tarde será real esa sociedad con la que Mica soñó porque la construiremos con empecinada paciencia, inclaudicable esfuerzo y, sobre todo, con amor por la vida.

Micaela García, ¡presente! ¡Ahora y siempre!

Negra querida, ¡no nos han vencido!».


Portada: Fundación Micaela García

El fin de una década, el comienzo de una era

«Miss Americana» es un recorrido por la carrera de la cantante Taylor Swift donde, más allá de mostrar sus logros y sus desaciertos, nos lleva a algo más profundo: cómo logró pararse y defender sus ideales frente a una sociedad que constantemente le decía que no lo hiciera. Sigue leyendo El fin de una década, el comienzo de una era

#AmigaDateCuenta: ¿y el amigo no se da cuenta?

La Iniciativa Spotlight, alianza global entre la Unión Europea y las Naciones Unidas, lanzó una campaña el 25 de noviembre pasado con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer utilizando el hashtag #AmigaDateCuenta, con el que buscaron visibilizar aquellas violencias que suceden en el noviagzo y que suelen ser naturalizadas. Sigue leyendo #AmigaDateCuenta: ¿y el amigo no se da cuenta?

¿Gusto personal o machismo? La diferencia de edad en relaciones sexoafectivas

Artículo escrito en colaboración por Micaela Oliva y Micaela Minelli


La nueva pareja del actor Gastón Pauls tiene 18 años de edad —casi 30 años menos que él— y estalló la polémica en redes sociales: ¿está bien una relación en estos términos? Sigue leyendo ¿Gusto personal o machismo? La diferencia de edad en relaciones sexoafectivas