¿Por qué nos maquillamos?

El maquillaje está presente en la vida de las personas desde la infancia. Aunque en los primeros años de vida puede tener un rol lúdico, con el paso del tiempo las imposiciones sociales comienzan a transformarlo en una práctica cotidiana, como comer y dormir. 

¿Alguna vez se detuvieron a pensar por qué se maquillan? ¿De dónde viene el hábito de cubrir el rostro con productos químicos? ¿Se maquillan para resaltar rasgos u ocultar «imperfecciones»? 

La higiene entre los antiguos egipcios

El maquillaje tiene sus orígenes en la época de la Prehistoria, donde la gente se aplicaba arcilla en la cara, aunque no se definió cuál era el fin. En el Paleolítico, las mujeres se ponían un pigmento marrón rojizo en diferentes partes del cuerpo. 

En el Antiguo Egipto, hombres y mujeres pintaban sus ojos con polvos negros y verdes, y los labios con una mezcla de ocre rojo y óxido de hierro natural. Además de utilizar el maquillaje para resaltar estas partes de la cara, les egipcies creían que eso les protegía de enfermedades. En algunas tumbas faraónicas se encontraron restos de productos cosméticos. Incluso, se cree que el rubor deriva de una mezcla de semillas, ocre rojo y diferentes frutos que se elaboraban en la época. 

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En la Antigua Grecia y Roma, el canon de belleza estaba relacionado a que las mujeres tuvieran la piel blanca y las mejillas coloradas, ya que eso distinguía a quienes pertenecían a la nobleza. La mayoría de los cosméticos eran de origen vegetal y animal. 

Durante el Renacimiento, la tendencia consistía en llevar cejas finas y la piel muy blanca mientras que los ojos se delineaban de color negro, los párpados con azul o verde y los labios se pintaban de color rojo intenso en forma de corazón. Otra de las costumbres era simular tener lunares, ya que se consideraban estéticos, por lo que se usaban tintes para marcarse uno en alguna parte de la cara. 

En el siglo XIX se exageró la palidez en la cara, a un punto en el que las mujeres consumían sustancias como plomo y arsénico. También, se marcaban las ojeras y los pómulos con un leve color rosado. 

Hacia la Modernidad

El siglo XX fue la etapa donde se consolidó la industria cosmética al mismo tiempo que los medios de comunicación comenzaron a tener una fuerte presencia en la sociedad, imponiendo modelos de belleza. 

Historia del maquillaje 1960 – 1969 | Nati De la Dauphine

Más adentrado el tiempo, el desarrollo de industrias culturales como el cine, la televisión, las revistas y las campañas publicitarias promovieron y profundizaron el desarrollo y la difusión de cánones de belleza, estereotipos y mandatos que establecieron la «obligatoriedad» de ciertas prácticas, como la de cubrirse el rostro con productos cosméticos. 

La interpretación del maquillaje modificó, en cierto modo, su eje. No solo se utiliza como sentido de pertenencia (a un grupo social, una tribu, una moda) y signo de diferenciación sino que, también, se suma una «necesidad» de utilizarlo para modificar «errores estéticos» (ojeras, granos, manchas, etc.). 

¿Por qué nos gusta el maquillaje?

Se podría encontrar infinidad de respuestas diferentes, aunque, si se rasca un poco el fondo de la olla, será posible descubrir una intención de querer arreglar algo; quizás, eso que el patriarcado rompió durante todos estos años. 

Afortunadamente, del otro lado de la vereda se viene dando una militancia un poco más silenciosa en redes sociales donde algunes influencers se vuelcan a inculcar el cuidado de la piel para lograr una mejor calidad de vida e, incluso, mostrar las famosas #PielesReales

La condición de la belleza física está quedando cada vez más atrás aunque eso implica un arduo proceso que lleva a la sociedad y la industria comercial a repensar y revisar este concepto en pos de poder transmitir un mensaje un poco menos superficial. 

Maquillarse está bien, ya que forma parte de un ritual histórico donde las personas buscan resaltar ciertos rasgos, pero también hay que comprender que no maquillarse es igual de válido. Las ganas de querer expresarse al mundo a través de la pigmentación en el rostro tienen que ser por gusto y no por deber.

El cuidado facial será para todes o no será

Quizás fuera el servir la información explicada en detalle —y en un lenguaje coloquial— lo que la posicionó en este lugar. O, tal vez, la forma en la que cuestionó que el tema fuera muy ajeno para la clase popular (o media), ya sea por falta de información o desconocimiento de alternativas económicas, y reinventó la accesibilidad a los cuidados faciales.

Lo cierto es que Daniela Lopez (31), más conocida como Dadatina, es la cosmetóloga que vino a aclarar y abrir el panorama de consumo para ver la gama de posibilidades económicas, rompiendo el inconsciente colectivo de que el acceso a los cuidados personales pertenece solo a los estratos altos de la sociedad.


Escritura Feminista: ¿Cuál fue la idea original cuando empezaste a reseñar productos en tu perfil personal? Ya que no es tu trabajo principal.

Dadatina: El año pasado hubo un boom de celebridades que mostraban su rutina de cuidado y en Twitter leía a muchas chicas que no podían hacer una rutina con 80 mil productos de $2000 pesos cada uno. Yo me cuidaba la piel de manera económica, no gastaba $5000 pesos en cada crema, así que me pareció bueno comunicar que es posible hacerlo. Empezó con un hilo en Twitter que se hizo viral y ahí me empezaron a pedir más consejos y en simultáneo me comenzaron a seguir en Instagram. Ahí me dije: «Bueno, pruebo y, si no funciona, sigo con mi Instagram personal, archivo las fotos y ya». Pero funcionó.

E. F.: ¿Por qué crees que tu contenido tiene tanta llegada? Tus seguidoras y seguidores se multiplicaron en un periodo corto de tiempo.

D.: Creo que había una necesidad real para aprender a cuidarse la piel pero se creía que no se podía acceder por una cuestión económica . La idea de mi cuenta es mostrar que sí es posible. El crecimiento fue muy heavy en cuarentena, pero está buenísimo porque se siente muy bien.

E. F.: ¿Qué te genera internamente saber que tu oficio incide en la vida diaria de tantas personas desconocidas?

D.: A veces me da miedo porque hay gente que no te escucha o no te lee bien y hace cualquier cosa. Por ejemplo, una chica se puso el feeling de pies en la cara… Por eso, intento siempre comunicar lo más informada posible para que no pasen estas cosas. Siempre está el miedo de que hagan alguna cagada y sentirme responsable de sus equivocaciones pero, por otro lado, también es muy gratificante.

Algunas seguidoras me contaron que sufrían una depresión que las mantenía en la cama sin ganas de hacer nada y la rutina de cuidado facial fue lo que les hizo darse un tiempo para ellas, un mimo que es un cuidado. Hay madres que me mandan fotos con el bebé a upa mientras se hacen una mascarilla. Esas cosas me ponen re feliz porque te escriben y te hacen sentir que estás marcando una diferencia en la vida de alguien, es muy loco pero está buenísimo.

E. F.: Una de tus premisas es el de visibilizar productos de una calidad buena con un precio accesible. ¿Tenes noción de que en cierta forma impulsaste un cambio de paradigma de la forma de consumo y de cuidado de personal? 

D.: Es muy loco. Una seguidora me contó que fue a una perfumería a pedir un tónico que reseñé y  la vendedora le dijo sorprendida: «Este es el producto que más se llevan de la marca, no entiendo qué es lo que pasa». De hecho, desde la misma marca me escriben y me dicen «No te puedo describir lo agradecidas que estamos de que hayas promocionado nuestra cuenta porque nos llegaron un montón de mensajes con inquietudes y ventas». Hay un emprendimiento que, después de que recomendé su producto, vendió la misma cantidad vendida en 6 meses pero en 5 días.

Eso me hace muy feliz porque lo recomiendo de forma genuina, lo hago porque me gusta y parece buen producto de verdad, no por interés remuneratorio porque no me pagan. Está buenísimo cuando se animan a probar las diferentes cremas, geles y demás artículos que reseño, más cuando les gustan y les sirven a mis seguidores. A la vez, las marcas están contentas por los ingresos y pueden sostener sus emprendimientos.

E. F.: Otro punto muy interesante es el empezar a amigarse con lo natural y trabajar a partir de ahí pero siendo conscientes de que el cuidado facial y sus cambios llevan tiempo, porque son un proceso. La sección «Pieles reales» tiene mucho que ver porque ayuda a romper ciertos estereotipos de idealización. ¿Cómo nació eso?

D.: Una seguidora me mandaba fotos por privado argumentando que le daba vergüenza subirlas de forma pública porque estaba muy brillosa y yo le explicaba que era un brillo saludable, no era oleosidad o sebo extra sino que tenía una piel muy saludable y linda. También veía en las redes sociales que subían fotos super editadas de algunas modelos, no eran sus pieles reales y decían «quiero tener su piel». Mi idea fue ir de a poco pero ganó muchísimo alcance; mucha gente se sumó a mostrar que la piel no se ve super perfecta, como en algunas publicidades, porque no existe esa piel.

«No es normal querer matificar todo el tiempo la piel porque un brillo saludable está buenísimo, denota una piel sana y luminosa».

Me deben etiquetar unas 100 veces por día mostrándome sus rutinas, sus selfies de pieles reales o los cambios documentados del antes y el después de hacer rutina. La verdad, es re lindo que te llegue eso. 

E. F.: Siguiendo la línea de romper estereotipos, cada vez son más los varones que se suman compartiendo sus rutinas. Desde siempre, el cuidado y la belleza facial se asociaron a las mujeres, ¿tenés en mente trabajar más desde ese lado «multigénero»?

D.: Siempre sostengo que el cuidado de la piel no tiene género y mi idea es comunicar eso. Tal vez alguna marca hace una línea aparte para hombres pero la realidad es que el cuidado es el mismo, lo único que cambia es la barba. Me alegra un montón que cada vez más hombres me etiqueten en las historias mostrándome sus cuidados, porque normalmente me siguen hombres pero me mandan privados, no se animan a publicarlo porque les da vergüenza. Está relacionado con una cuestión cultural, con la masculinidad frágil, pero cada vez más se están animando y mostrando. También son cada vez más las seguidoras que están convenciendo a sus novios de hacer las rutinas y me mandan fotos de la pareja haciendo mascarilla o lavándose la cara. Me parece super genial.

«El cuidado de piel no tiene género. Quiero seguir fomentando eso porque es importante: los hombres no tienen mucho cuidado de la piel porque lo ven como algo femenino pero es saludable para todos».

E. F.: Siempre en tus publicaciones intentás promover el consumo de productos de industria nacional, ¿lo sentís como una suerte de militancia? 
Una estampita de Dada que hizo una #SolDADA, así es como se llaman las seguidoras de la influencer.

D.: Sí, la industria nacional es buenísima. Tenemos laboratorios de excelente calidad, que en algunos casos son los mismos laboratorios que hacen los productos de marcas importadas porque esas marcas mandan la materia prima a los laboratorios de Argentina y acá se compila. Es de la misma calidad.

La industria nacional es genial pero las marcas nacionales grandes tienen muy mal marketing, entonces no las conocés. Las marcas chiquitas no tienen plata para invertir en publicidad y se manejan mediante redes. Mi idea es poder visibilizar esas marcas que sé que son buenísimas, son argentinas y lo merecen.

El otro día hice una reseña de una marca de maquillaje cruelty free de dos hermanas tucumanas, hecha en Argentina y con mucha mejor calidad que muchas otras internacionales. El precio también está re bien, además de que visibilizan a maquilladoras pequeñas que no son influencers y suben pieles reales. Todo eso me da ganas de compartirlo y contarlo porque me enorgullece nuestra industria y sí, soy una militante de lo nacional.

E. F: De todo el contenido que visibilizás, ¿cuál es el que considerás de más relevancia?

D.: Lo que más me gusta es generar conciencia sobre el uso de protector solar. Mi generación no usaba protector solar, estábamos tirados a las 12 del mediodía con aceite de oliva para broncearnos porque no se sabían los efectos del sol en la piel.

Lo que trato de transmitir es para que no cometan los mismos errores que cometió mi generación. Ahora estamos haciendo rutinas con muchos pasos para tratar de reparar todo lo que se dañó por no usar protector solar.

Eso es lo que más me gusta, ver que tantas chicas centennials estén usando protector solar. Es ridículo e indignante que tengamos que pagar tanto por un protector facial de buena calidad, siendo un producto que tenemos que usar sí o sí. Ojalá que en un futuro a corto plazo lo cubra la obra social o haya una alternativa como Precios Cuidados.

E. F.: Siempre explicás las contraindicaciones de usar alimentos en mascarillas faciales. En esta cuarentena, muchas famosas subieron sus «tips de bellezas» con claras de huevo o limones.

D.: Sí, me parece importante que se pueda evitar un desastre. Tal vez no pasa nada, pero capaz pasa y no vale la pena el riesgo de tener salmonela por hacerte una mascarilla de huevo en tu casa en un momento en el que estamos encerrados por cuarentena y los hospitales no dan más. Hace poco pasó que Evangelina Anderson mostró una mascarilla con clara de huevo. Primero, no hace nada efectivo y segundo, tiene muchos riesgos bromatológicos. Al instante, 40 seguidoras me mandaron su historia. Mis seguidoras fueron super responsables y super informadas con todo lo que aprendieron en mi cuenta a explicarle a Evangelina que estaba mal. ¿Sabes qué hizo? Borró las historias a los 10 minutos. Me pareció increíble, hicieron que una persona con millones de seguidores baje una seguidilla de historias.

«Me encanta que estén así informadas y que pasen esa información para que personas que tienen muchos seguidores no comuniquen mal». 

E. F.: Lo primero que se piensa de las famosas que accedieron a la estafa de NuSkin es que es por el dinero, pero hay quienes son millonarias y fueron parte. ¿Creés que fue más bien una cuestión de pertenencia?

D.: La gente que tiene plata siempre quiere más plata y la verdad es que es una fuente de plata ridícula. Es impresionante el nivel de ganancia que tienen y siento que viene por ese lado. No sé si lo hacen desde la ignorancia, pero yo creo que llega un punto en que no podes ser ignorante del tema en cuestión. No son muy responsables con lo que muestran por ignorancia o por ser garcas.

«Una, como comunicadora, influencer o persona que tiene muchos seguidores, antes de compartir algo tiene que investigar un poco».

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En esos momentos, me llegaron mensajes de personas que están dentro del negocio para que bajase la información que compartí. Todos los mensajes muy feos. Lo cierto es que empezó el proceso de investigación, la empresa salió a contestar diciendo son super legítimos —lo mismo que dicen todas las empresas de esas características— y están en proceso de imputación.


La belleza duele

¿Qué es la feminidad? ¿Qué significa ser femenina? Es un conjunto de atributos asociados al rol tradicional de la mujer, que varía en las distintas sociedades y contextos históricos. Estos incluyen el carácter, el comportamiento aprendido y el aspecto físico. Es decir, ser femenina significa verse femenina.

El ideal de feminidad es un ideal colectivo de lo que debería ser una mujer y de cómo debería verse, donde la moda y la belleza toman relevante importancia, y se inculcan en las mujeres desde que son chicas.

Encontrar ejemplos que lo demuestren es sencillo: las jugueterías están llenas de valijitas de maquillaje y de muñecas rubias, esbeltas y de ojos claros, cuyo slogan es “Se lo que quieras ser, se una Barbie Girl”; en la adolescencia, el comportamiento debe asemejarse al de una “señorita” y cuando llegan las primeras sesiones en la depiladora, el consuelo generalmente suele ser “las primeras veces duele, después te empezás a acostumbrar”.

En esta frase resuena la costumbre, y es que desde pequeñas se aprende que aquello que molesta e irrita es parte de lo cotidiano, que “la belleza duele”. La incomodidad se vuelve hábito.

Para las mujeres, es un hábito aprendido buscar imperfecciones y corregirlas a toda costa en el intento de alcanzar ese canon de belleza o ese ideal femenino presente en las publicidades de revistas, en las películas y en la industria de la moda. Canon que puede llegar a generar consecuencias desastrozas en nuestra salud física y mental.

La imagen de mujer perfecta genera que se pierda tiempo, plata, comodidad, y hace sobresalir las inseguridades. Lo paradójico es que la incomodidad genera cierta seguridad. Los tacos altos que hacen doler los pies y el maquillaje en exceso que no permite sonreír sin pensar “¿Tendré labial en los dientes?” son los que supuestamente otorgarán confianza en una misma.

La farsa de la “belleza natural”

Hay quienes argumentan que consideran más bella a aquella mujer que está “al natural”. Lo cierto es que esa idea de “belleza natural” no incluye vello en las piernas, estrías ni acné, y en su lugar trae a la mente a una mujer depilada, tal vez sin maquillaje, pero con una piel sin ninguna marca.

Esto se evidencia claramente en las tendencias de maquillaje como el “no make – make up”, que buscan un rostro natural pero que aun así procuran ocultar las imperfecciones.

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El cuerpo de mujer en su verdadero estado natural y sin intervenciones no es considerado bello sino descuidado o masculino, porque lo común es asociar a la feminidad con la idea arreglarse y “cuidar” del cuerpo. De hecho, hasta se asocia a lo antihigiénico (pero solo en las mujeres, jamás en los varones).

Con todo esto, no es la idea rechazar por completo la feminidad sino intentar alejarla de la imagen tóxica de mujer perfecta, responsable de enfermedades alimenticias, gordofobia, hipersexualización de los cuerpos (incluso de los cuerpos de adolescentes y niñas), y acercarla a una más real.

Que lo femenino no se asocie a lo hermoso por su superficialidad, delicadeza y debilidad, sino a lo hermoso por lo diverso y fortalecedor que puede ser.

 


Imagen destacada: Ana Miranda.