¿Sabías que Frankenstein fue escrito por una mujer?

Artículo colaboración escrito por Paula Abran


En el año 1816, Mary Wollstonecraft Godwin, más conocida como Mary Shelley, tenía 18 años de edad cuando escribió la obra que la llevó al reconocimiento como escritora: Frankenstein.

Shelley nació el 30 de agosto de 1797 en Londres, hija de Mary Wollstonecraf, filósofa feminista que escribió la Vindicación de los derechos de la mujer (1792), y del escritor y filósofo William Godwin, quien tenía ideas muy liberales para la época y fue precursor del pensamiento anarquista. En cuanto a su madre, nunca pudo conocerla ya que falleció un tiempo después del parto. Por lo tanto, su padre se encargó de procurarle la mejor educación.

«No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino que tengan poder sobre sí mismas».

– Mary Shelley.

Amor libre

Luego del fallecimiento de su esposa, William Godwin, quien se declaraba en contra del matrimonio y lo clasificaba como «represivo», se casó con Mary Jane Claremont, quien había enviudado y tenía una hija llamada Claire. A pesar de tener una relación conflictiva con su madrastra, Mary se llevaba muy bien con Claire.

Les Godwin habían creado una editorial que fracasó y les obligó a pedir préstamos para poder mantenerla. En 1814, el poeta Percy B. Shelley -gran admirador de William- llegó a encargarse de las deudas que tenía y así conoció a su hija. Les dos se enamoraron pero la situación de Percy era complicada, ya que hasta el momento estaba casado y su esposa estaba embarazada. Esto causó un gran dolor para Mary, quien lo supo tiempo después.

Al enterarse de que William no aceptaba esta relación, Mary decidió fugarse a París junto a Percy y Claire. Durante el tiempo que vivieron juntes, Claire tuvo un amorío con Percy, mientras que Mary mantuvo una breve relación con Thomas Jefferson Hogg, amigo de su esposo. Elles se declaraban a favor de la libertad dentro de su relación y se permitían estar con otres, pero con el paso del tiempo Mary se aferró más a la idea de monogamia. 

Frankenstein o el moderno Prometeo

Mary vivió trágicas experiencias con respecto al rol de ser madre: perdió cuatro hijes y sobrevivió une. Tras haber sufrido por primera vez la muerte de une hije en 1816, su esposo le sugirió que fueran a pasar unos días a la mansión del poeta Lord Byron en Ginebra, Suiza. Allí comenzó a escribir Frankenstein literalmente como un juego, ya que en las noches de tormenta el grupo se juntaba a leer y componer entre todes historias de fantasmas.

La inspiración de Mary surgió desde su propia experiencia de vida: la ciencia y la muerte eran temas con los que sentía cercanía, la inspiraron a escribir y, aunque no fue el único libro que publicó, esta fue la obra que, hasta el día de hoy, hace que resuene su nombre. En 1818, se publicó por primera vez en una edición con firma anónima y con el prólogo de su esposo, lo que generó en les lectores la idea de que la obra era autoría de él. Ya en su segunda edición, lo firmó Mary.

«Me dediqué a pensar en una historia, una historia que rivalizara con las que nos habían entusiasmado con esta tarea. Una que hablara sobre los miedos misteriosos de nuestra naturaleza y despertara un horror emocionante, una que hiciera que el lector temiera mirar a su alrededor, que helara la sangre y acelerara los latidos del corazón», expresó Mary Shelley en relación a su obra.

El 8 de julio de 1822, Percy se ahogó en Italia mientras navegaba en su velero. Años después, luego de la muerte de Mary en febrero de 1851, encontraron en su escritorio restos del corazón de Percy envueltos en un papel de seda.

Pasaron más de 200 años de la primera publicación de su libro, pero la autora permanece aún como una de las grandes precursoras de lo que conocemos hoy como novela gótica.


Fuentes:


#Reseña Películas dirigidas por mujeres (parte I)

¿Creés que ya revisaste todo el catálogo de Netflix sin encontrar nada nuevo? ¿Ya maratoneaste todas las series que te gustaban? En esta reseña, te presento cinco películas dirigidas por mujeres a solo un clic de distancia.

Replantearse los consumos se vuelve necesario en un mundo como el audiovisual, que contrata a solo un 10% de mujeres y feminidades. En 2019, Netflix presentó en su cartelera un 20% de producciones dirigidas por mujeres. Aunque parezca muy poco, es el doble de la participación que se estima tienen en Hollywood. Aquí les presento cinco posibilidades dentro de ese espectro.


MARY SHELLEY (2017)

Esta película retrata la vida de la escritora de «Frankenstein». Mary Shelley (Elle Fanning) se muestra desde el comienzo como una joven con convicciones muy distintas a las de su época. Esto probablemente se debe a que su madre, Mary Wollstonecraft, fue una de las pioneras del feminismo y escribió la «Vindicación de los derechos de la mujer» en 1792. Tanto ella como su pareja, el filósofo William Goldwin, profesaron una vida poliamorosa y anárquica. Bajo la influencia de esa ideología creció Mary, quien se inició desde adolescente en la escritura cuestionando los preceptos considerados normales en su tiempo.

En esta historia se plantean debates de género que aún hoy nos atraviesan, aunque la mayoría de las veces terminan siendo solapados o edulcorados por una historia de amor tan intensa como política. Esta relación y sus esporádicas crisis fueron uno de los ingredientes que ayudaron a Mary a componer su novela «Frankenstein o el moderno Prometeo».

A la hora de querer publicar la novela, Mary sufrió diferentes limitaciones por ser mujer. Casi 200 años más tarde, Haifaa al-Mansour, directora de la película, se enfrentó a los mismos obstáculos. Tuvo que dirigir su primer documental desde una caravana con un monitor y un walkie-talkie, ya que no se podía mostrar en compañía de hombres. A pesar de eso, logró convertirse en la primera directora de cine de Arabia Saudita y «Mary Shelley» (2017) es su tercer largometraje.


LOST IN TRANSLATION – PERDIDOS EN TOKIO (2003)

Bob (Bill Murray) y Charlotte (Scarlett Johanson) son dos estadounidenses alojados en un hotel de la gris, moderna y cosmopolita Tokio de inicios de milenio. Con matrimonios desgastados y desconocimientos de sus parejas ambos se encuentran en un hiato de sus vidas. El aburrimiento y el insomnio los unen en el bar del Hyatt Park. Los encuentros de madrugada se volverán una constante para el maduro actor en decadencia y la joven que sigue buscando su profesión mientras acompaña los viajes de trabajo de su marido. Intentando mezclarse entre la multitud recorrerán la ciudad nocturna en una relación que refugia a los foráneos de su ajenidad.

La segunda película de Sofía Coppola que resultó un éxito en taquillas y nominaciones fue subida a Netflix hace pocos días. «Perdidos en la traducción» significa el título original en español que, absurdamente, desaprovecha su literalidad en la versión que llegó a nuestro país. Acompañan con calidez a esta historia música indie rock, carteles de neón y arreglos florales orientales retratados en fílmico en una oda a la soledad.


LOVING VINCENT – CARTAS DE VAN GOGH (2017)

La biopic experimental de Vincent Van Gogh tiene el mérito de ser la primera película animada completamente usando pinturas. Está compuesta por 65 mil pinturas al oleo de más de 100 artistas convertidas en fotogramas, que comparten el estilo típico del pintor con una constante animación del fondo que puede marear al espectador y obnubilar a los apasionados del arte.

La excusa para un viaje lisérgico al mundo de Vincent es una historia de tipo policial detectivesca. El protagonista del filme, dirigido por Dorota Kobiela y Hugh Welchman, es el hijo del cartero que debía enviar la última carta de Vincent a su hermano Theo. Sus sospechas y las de su padre reabren el caso de la muerte del artista, descreyendo que se trate de un suicidio. Armand termina involucrándose, buscando testigos y pistas que lo ayuden a esclarecer cómo una bala llegó a herir de muerte al pintor. Mediante diferentes relatos, con la depresión, el nihilismo y la quiebra como sus únicos compañeros, se reconstruyen los últimos meses de vida de Van Gogh.


XXY (2007)

En un contexto de costa uruguaya, frío, pesca y arena se desarrolla el despertar sexual de Alex (Inés Efron). Elle nació con el síndrome de Klinefelter, que caracteriza a les que lo padecen por tener un cromosoma sexual «de más». Alex fue socializade como mujer. Desde pequeñe tomó pastillas para evitar el desarrollo de su virilidad y creció en una ciudad lejana a la que le vio nacer.

Escondiéndole, intentaron evitarle un enfrentamiento con la sociedad que podría herirle y, en plena adolescencia, su madre Suli (Valeria Bertucelli) decide contactar a un amigo cirujano para evaluar la intervención de su genitalidad. En discusiones con su pareja Kraken (Ricardo Darín) se enfrentan sus deseos con la voz de su hije. La visita del cirujano (Germán Palacios) y su hijo (Martín Piroyanski) tensiona la dinámica familiar y presiona a Alex a la definición de un binarismo impuesto socialmente que se niega a asumir.

«Soy las dos cosas. (…) ¿Vos me vas a decir a mí qué puedo o no ser?».

En XXY (2007), una película basada en el cuento «Cinismo» de Sergio Bizzio, Lucía Puenzo es capaz de tratar un tema tan delicado como la identificación con un género no binario de una forma tan sensible como consciente. A lo largo del filme, Alex debe enfrentarse a cuestionamientos, acoso y presiones externas e internas por encajar en una supuesta normalidad que le es ajena. Su aparente rudeza se vuelve ternura en una búsqueda constante de comprensión.


LAZZARO FELICE – LAZZARO FELIZ (2018)

En esta película, la inocencia del protagonista (Adriano Tardiolo) y su pueblo es interrumpida por un plot twist difícil de describir sin spoilers. Basada en una historia real que a su escritora y directora Alice Rohrwacher le valió el premio del mejor guión en Cannes, el filme rodado en super 16mm se encuentra a la altura del neorrealismo italiano de Rosellini.

Lazzaro vive en una estancia italiana donde se recolecta tabaco para una Marquesa que los recompensa económicamente. Los paisajes agrestes se intercalan con actos surrealistas que envuelven a Lazzaro en un velo de santidad mientras cumple un rol de «Jesus moderno» al hacer mandados para todes sus vecines sin pedir nada a cambio. En una mirada que carece de federalismo, donde la vida en el campo aparece como una romantización del trabajo feudal, la rudeza de la ciudad y el capitalismo irrumpen bruscamente en ese mundo. Lazzaro podría ser cualquiera de nosotres, con la ilusión adolescente propia del desconocimiento del sistema económico y sus avatares y por eso es tan fácil empatizar con él.


Fuentes: