Flores para todes: género e indumentaria

Artículo colaboración escrito por Helga Soto


Llegó la primavera y, con ella, las flores. En esta nota, nos adentramos en el mundo de los diseños florales para la indumentaria y el género. ¿Podemos pensar en que las flores pueden ser para todes?

En la mítica escena de El diablo viste a la moda, Miranda Prestley se ve decepcionada ante una de las propuestas de los empleados de Runway. «Florales? Para la primavera? Revolucionario», afirma secamente la directora. 

Fuente: Museo del Traje – Ministerio de Cultura.

Las flores siempre estuvieron presentes en la indumentaria: algunos expertos marcan Asia como una de las primeras zonas geográficas en utilizarlas pero la realidad es que este tipo de diseños (con sus variantes y particularidades) están presentes en casi todas las culturas y épocas. De hecho, esto se puede observar en una de las muestras del Museo del Traje, «Vegetabilia», con una selección exquisita de prendas de diferentes épocas y zonas geográficas.

Bordados, tejidos, estampados, apliques: todo es posible para sumar florales a prendas y accesorios. De alguna manera es difícil pensarlas como revolucionarias, pero aun así este tipo de diseño sigue estando feminizado.

Esto no fue siempre así. En el siglo XVIII, las flores eran usadas por hombres y mujeres por igual pero todo cambió en el siglo XIX con el fenómeno de la Gran Renuncia, con el cual la indumentaria masculina pasó a ser sobria y funcionalista mientras que la femenina era adornada. De esta manera, se configuraba un mundo binario: la sociedad se dividía en hombre y mujeres y cada uno tenía ciertas características, comportamientos, gustos y, por supuesto, apariencia. 

Trajes masculinos del siglo XVIII

A partir de allí, las flores permanecieron casi siempre en territorio femenino, sobre todo aquellas más coloridas y de mayor tamaño. Sin embargo, desde entonces han habido algunas vueltas a este pasado florido. 

Woodstock – 1969

El revival más fuerte de esta demostración de la masculinidad tan floral es la llamada Revolución del Pavo Real. Ocurrido entre mediados de los años 60 y principios de los 80, este período marcado por la turbulencia social y las tensiones en las relaciones de género vio la vuelta de un estilo masculino adornado y colorido. Por eso, el Flower Power de esta etapa se volvió generalizado para todos los géneros. Además, el diseño se abrió a otros motivos florales no occidentales, aumentando la variedad de dibujos en las prendas. 

Palomo Spain – 2021

Esta última «revolución» no terminó de romper los estereotipos de género en la indumentaria y en las últimas décadas del siglo XX los florales masculinos estaban limitados a estampas pequeñas y de colores desaturados. 

Por suerte, entre tantas transformaciones de los diseños florales en la indumentaria, estamos llegando a un momento donde cada vez está menos atado al género de la persona que elige usarlas. Diseñadores como Marni, Dries Van Noten, Palomo Spain y muchos otros están llevando a las pasarelas diseños florales con mucha presencia y celebridades como Harry Styles abrazan todo tipo de flores en sus prendas.

Las relaciones entre género y flores no siempre fueron las mismas; tuvieron idas y venidas, contradicciones y cambios. Desde acá, esperamos que en esta primavera, cada une encuentre su flor favorita para usar en los días de calor


Fuentes:

  • Museo del Traje de Buenos Aires
  • Fashion Institute Technology
  • Podcast Dressed

Masculinidades y salud mental

Los suicidios del delantero de Godoy Cruz, Santiago Morro García, y del jugador de rugby de Ciervos Pampas, Alan Calabrese, pusieron la problemática de salud mental dentro de la agenda mediática. Esto nos lleva a preguntarnos de qué hablamos cuando nos referimos a salud mental y por qué es un tema tan invisibilizado en nuestro país.

Más allá de los nombres propios y los detalles morbosos, los acontecimientos pusieron en escena un tema poco mencionado como lo es la salud mental de les deportistas. A pocos días de lo sucedido y luego de que Denis Olivera, jugador de Peñarol, fuera discriminado y sufriera acoso virtual tras el clásico entre su equipo y Nacional, futbolistas uruguayos impulsaron una campaña de concientización para les fanátiques de este deporte.

Bajo la consigna «Bajemos la pelota, seamos responsables», los jugadores participaron de un video en el que hablaron de cómo las críticas por redes sociales pueden afectar la salud de los deportistas, como así también del daño que puede causar el juzgarlos inexorablemente por sus errores. La propuesta invita a reflexionar acerca de los modos de dirigirse a los ídolos y de las agresiones que sufren a diario.

Siempre que alguna persona pública se quita la vida, el tema circula en los medios en relación con los detalles personales pero no desde una perspectiva de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». Los conceptos de salud mental incluyen bienestar subjetivo, autonomía, competencia, dependencia intergeneracional y reconocimiento de la habilidad de realizarse intelectual y emocionalmente.

La realidad nos afecta a todes

Según la OMS, unas 800 mil personas se suicidan cada año, lo que representa una tasa estimada de 11,4 muertes cada 100 mil habitantes. Los fallecimientos por voluntad propia representan la segunda causa de deceso entre jóvenes de 15 a 29 años de edad, después de los accidentes de tránsito. En nuestro país, los últimos datos aportados por la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) datan de 2014 e indican que en ese año se produjeron 3340 defunciones por suicidio en la población en general.

El suicidio, al igual que cualquier otra problemática de salud pública, requiere un abordaje comunitario y responsable. Según el Ministerio de Salud, estos hechos son prevenibles si podemos reconocer  los signos de alerta: aislamiento, persistencia de ideas negativas, dificultad para comer, dormir y trabajar; desesperanza, llanto inconsolable y repentino cambio de conducta.

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En relación con lo anterior, British Columbia Medical Journal denomina «epidemia silenciosa» a la numerosa cantidad de suicidios en varones. Además, asegura que las cifras que circulan no comunican que, en su mayoría, esas muertes son efectuadas por hombres sin historial de padecimientos de salud mental. Pero, ¿qué sucede en los ambientes machistas donde padecer enfermedades relacionadas a la salud mental o pedir ayuda no es una opción?

El «macho» que todo lo puede

La cultura patriarcal penetra en cada una de las aristas de la vida de las personas y, por lo tanto, también en la salud mental. El machismo afecta en mayor medida a las mujeres y diversidades, pero también marca una única manera de ser varón: la del «macho» fuerte y valiente que no puede mostrar su vulnerabilidad ni hablar de lo que le pasa con sus pares. Por un lado, esto genera estereotipos de cómo deben actuar y, por el otro, deja por fuera a quienes viven la masculinidad de modo diferente.

«Los varones no lloran», «No seas maricón», «Pongan huevos», y «Un hombre de verdad…» son solo algunas de las frases que circulan tanto en el ámbito deportivo como entre grupos de varones y no hacen más que reforzar los estereotipos de cómo se debe ser masculino. Esto deriva en hombres que no saben expresar lo que les sucede, guardan sus sentimientos y hasta puede padecer depresión.

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El informe «Masculinidades y salud en la Región de las Américas» describe cómo la salud y el bienestar de los hombres es producto de múltiples factores, entre los que destaca la construcción de la masculinidad. El trabajo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de finales de 2019 asegura que los roles, las normas y las prácticas de género impuestas socialmente a los hombres refuerzan la falta de autocuidado y el abandono de su propia salud física y mental.

El concepto de masculinidad conlleva tres riesgos generales: riesgo para mujeres, disidencias y niñes (en forma de violencia), infecciones de transmisión sexual y falta de responsabilidad compartida en el hogar; riesgo para otros hombres, como accidentes, homicidios y otras violencias; y riesgo para uno mismo, en forma de suicidio, accidentes y adicciones.

Desinformación y estigma

Contrario a lo que se cree, los padecimientos mentales no son un problema poco frecuente. Estudios de la OMS dan cuenta de que los trastornos mentales están dentro de las cinco primeras causas de enfermedad en América. Las problemáticas más frecuentes son los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y los problemas por consumo de sustancias.

En Argentina, 1 de cada 3 personas presenta un problema de salud mental a partir de los 20 años de edad. La ley nacional de salud mental protege a la población del trato discriminatorio y, a su vez, intenta evitar que se asocie el padecimiento mental con la peligrosidad, la incapacidad y con un estado permanente o irreversible.

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Para combatir la desinformación, el Ministerio de Salud de la Nación indica que:

  • el padecimiento mental no es irreversible: puede afectar de modo parcial y transitorio la vida de una persona;
  • las personas con enfermedad mental no deben ser aisladas de su comunidad;
  • las personas con padecimiento mental no son ni violentas ni peligrosas;
  • la salud mental no debe atenderse de forma diferente de la física.

En un contexto de constante cambio, es necesario que no exista una única manera de habitar la masculinidad y que los hombres puedan hablar con su entorno de lo que les sucede sin que eso signifique perder parte de su masculinidad. Por otro lado, reconocer y entender los padecimientos mentales es un primer paso importante para romper con estereotipos y falsas creencias, superando así los prejuicios y la estigmatización hacia las personas con enfermedades mentales.

Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis emocional de cualquier tipo, podés comunicarte al centro de asistencia al suicida (011) 5275-1135 desde todo el país y al 135 desde CABA y Gran Buenos Aires. También a las líneas de acompañamiento, apoyo y orientación en salud mental en contexto de cuarentena: 4863-8888 / 4861-5586.



Fuentes:


#AmigoDateCuenta antes de quedar como un gil

De les creadores de #AmigaDateCuenta llega, finalmente, el #AmigoDateCuenta: una iniciativa de Spotlight —alianza entre la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Europea— que cuenta con varios spots dirigidos al público masculino donde se interpela con preguntas del tipo: ¿cómo demostramos los varones que somos varones? ¿Siendo los más fuertes? ¿Teniendo aguante? 

Tal como lo planteamos en Escritura Feminista aquel 25 de noviembre de 2019, cuando se dio a conocer la campaña #AmigaDateCuenta, esta vez las situaciones se plantearon desde otro lado: ese lado que siempre queda inconcluso, que incomoda y que, a veces, da la impresión de que no se sabe cómo comunicar «sin ofender».

¿Por qué nos cuesta tanto hablar de masculinidades? Pareciera que el empoderamiento es un camino individual en el amor propio, que salir de un vínculo tóxico (o, mejor dicho, violento) y que los femicidios son un problema que solo atañe a la población femenina. Pero si quienes nos violentan, violan y matan son, en su enorme mayoría, hombres, entonces ¿no es un problema social la masculinidad?

Charla de chicos

Aunque algo edulcorada y exageradamente financiada —la primera etapa cuenta con un fondo de 5.270.000 euros—, la Campaña #AmigoDateCuenta es una oportunidad para animarnos a encarar estos debates y preguntarnos cuántas políticas públicas destinamos a la población que ejerce violencia: ¿sirve de algo hablarles a los varones violentos? ¿Cómo construimos nuevos modelos de masculinidad?

Muchas veces, es muy difícil hablar de situaciones que remiten a lo emocional en un grupo de varones ya que los sentimientos son considerados «mambo de minitas» o «de putos» y no de personas. ¿Cómo terminamos con la violencia patriarcal si no cuestionamos de quiénes viene? 

En el afán de no ofender o no perder la aprobación masculina, muchas veces se cae en el silencio sumiso, adoctrinador. Por supuesto que también ocurre por miedo a las represalias: es que es difícil para los machos que les cuestionen su accionar en la vida. Las respuestas a esta iniciativa no fueron la excepción. 

Las críticas llovieron y no faltaron los insultos homoodiantes, misóginos y machistas porque la resistencia de las masculinidades privilegiadas a un mundo de igualdad y equidad —donde, lógicamente, esos privilegios son puestos en duda— es absoluta.

«Tontas, las cuidamos»

Hace unos días, la música Marilina Bertoldi tuiteó: «Una persona que se ofende mucho por otras personas obteniendo sus mismos privilegios es una persona que se mide y define mucho en relación a su poder por sobre las mismas. Se achica ese poder, se achica quien soy», en referencia al video viralizado de un albañil muy confundido con los términos igualdad y ladrillos.

La masculinidad sustentada en la superioridad de otres es amenazada en cuanto se la pone en duda y más aun cuando se la discute. El discurso feminista es amenaza para quienes disfrutan de la comodidad de un mundo donde no son discriminados o violentados por razones de género. 

Es por eso que muchas reacciones a las propuestas, donde lo que se cuestiona es a quienes ejercen el poder sobre otres, son violentas y refuerzan la idea patriarcal, porque la única manera que se valida para reafirmar la masculinidad es demostrando agresividad, potencia y seguridad. Mostrarse vulnerable o sensibilizado debilitaría la hombría en este sistema.

«Siempre vamos a decir que las feministas no nos oponemos a los varones: la oposición es al orden patriarcal, a la constitución de las jerarquías y a la constitución de las exclusiones», afirma la socióloga e historiadora feminista Dora Barrancos. «Eso ha reorientado a colectivos de varones a repensarse, a manifestarse de otra manera en cause de una vida mucho más digna de ser vivida», concluye.

Ya es hora, amigo, date cuenta. Entregate a la incomodidad del debate, porque ser mejor persona está en tus manos. 


Fuentes:


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Vos, varón, doná plasma

El viceministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, hizo público un dato que nos hizo revolear los ojos una vez más: el 70% de quienes se ofrecen como donantes de plasma son mujeres. ¡Sorpresa! Además agregó que «más de la mitad de los infectados por COVID-19 son hombres». Bueno. Esto abrió varios interrogantes: ¿qué pasa en la población masculina que se resiste a colaborar con el tratamiento que puede ayudar salvar vidas, tal como dijo el ministro de Salud, Daniel Gollan? ¿Les da vergüenza? ¿Miedo? ¿Son demasiado egoístas? 

El plasma es el componente líquido de la sangre que ayuda a la coagulación y la inmunidad. Como contiene anticuerpos que combaten las infecciones, puede contribuir al tratamiento de la enfermedad que acecha a cada vez más personas en nuestro país y en el mundo, para la cual aún no hay vacuna. Se necesitan donantes ya que es un tratamiento nuevo que ha funcionado en varios casos; por eso es importante, si sos paciente recuperado de COVID-19, colaborar con la donación.

Lo llamativo del dato es que completa el círculo vicioso de la feminización de los cuidados. Desde los controles preventivos y la detección de los primeros síntomas hasta la contribución para con el tratamiento y la recuperación de otres, suelen ser las mujeres quienes se responsabilizan por la salud personal y de les demás. ¿Qué pasa con los varones? ¿Acaso no se dan cuenta que viven en sociedad?

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Nadie se salva sole

A esta altura ya es prácticamente imposible no entender la gravedad de la situación mundial por la alerta sanitaria. Sin embargo, aún hay quienes se resisten a acatar las medidas de prevención y seguridad o les resulta indiferente la integridad del resto. Los rebrotes son una realidad en aquellos países que parecían «volver a la normalidad», no hay salida si no es colectiva.

La concientización es necesaria y urgente. Muchos gobiernos apuestan a la responsabilidad individual de su población y últimamente las estadísticas demuestran que esa responsabilidad recae en su mayoría en las feminidades, porque existe gran parte de la población masculina que, como Maradona con la paternidad, no se hace cargo de la parte que le toca.

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Al parecer, la solidaridad, la preocupación por les otres y el sentido de comunidad también pueden ser valores asociados a lo femenino. «El cumplimiento de las reglas es, muchas veces, equiparado a la sumisión, por lo tanto, asociado a lo femenino, que por oposición a lo masculino es percibido como negativo», afirma Milena D’Atri, investigadora de Grow, género y trabajo.

En las películas, los hombres son los que salvan el mundo; en la vida real, cuando tienen la posibilidad de colaborar con un tratamiento que puede salvar vidas, son los menos los que se animan a hacerlo. ¿Será que donar plasma los hace sentir menos hombres? ¿Existe una sensación de «acatamiento de normas» si se prestan a hacerlo? ¿Puede la indiferencia ser más fuerte que la empatía?

Les interesades en donar plasma en la provincia de Buenos Aires deben llamar al Centro Único Coordinador de Ablación e Implante (Cucaiba) a la línea gratuita 0800 222 3131 de lunes a viernes de 8 a 17 horas.


Fuentes:


La masculinidad frágil y el uso del tapabocas

Por debajo de la nariz, sobre la pera, colgado de una oreja o en el cuello prácticamente de adorno suelen llevar el tapabocas quienes se resisten a acatar las normas básicas de salubridad que se piden a la población en medio de una pandemia. A que no adivinan a quiénes les cuesta más seguir estas recomendaciones…

«Un estudio (preliminar) dice que es difícil lograr que los varones usen tapabocas porque les da vergüenza y es muestra de debilidad», tuiteó El Gato y La Caja junto a la investigación mencionada, donde se entrevistó a diversas personas sobre el uso de tapabocas y cuyos resultados confirman que la estupidez humana no tiene límites, ni siquiera en medio de una pandemia.

«Es posible que los hombres, más que las mujeres, expresen haber tenido sentimientos negativos al  usar un protector para la cara», indica el informe y diferencia aquellos lugares en donde el uso del tapabocas es obligatorio de donde no. Los resultados muestran que en los lugares donde no es obligatorio, ellos deciden no utilizarlo más que ellas

¿Puede la masculinidad ser tan frágil que el uso de un tapabocas la amenaza? ¿Cuáles son los parámetros que la rigen? ¿Es más importante demostrar potencia y virilidad que cuidar la salud? ¿Se puede ser tan inconsciente? Para entender a qué se deben estas conductas, debemos remontarnos a la histórica división sexual del trabajo.

Tanto las tareas domésticas como las vinculadas al cuidado personal y familiar fueron delegadas en manos femeninas. A nivel nacional, el 76,4 % del tiempo total dedicado al trabajo doméstico no remunerado lo realizan las mujeres (INDEC, 2013). Posiblemente sea una de las variables por las cuales ellas tienen mayor expectativa de vida que los varones.  

Ir al médico, cuidar de la salud, comer sano, seguir las recomendaciones de les profesionales… ¿atenta contra el mandato de masculinidad?

A mí nadie me dice qué hacer 

«El coronavirus es una simple «gripecita», todos moriremos algún día, hay que enfrentarse al virus como un hombre», afimó Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, un país con más de 1.6 millones de infecciones y más de 65.000 muertos por COVID-19. Hoy, es el segundo país más afectado por la pandemia en el mundo, detrás de Estados Unidos.

Lo peligroso del discurso del «macho superpoderoso» que todo lo puede amparado en su virilidad y fortaleza es que trasciende la ficcionalidad y se vuelve sentido común, logrando que muchos varones se sientan inmunes frente a un virus que se expande todos los días y no distingue géneros.

Personas que visitaron al presidente brasileño durante el aislamiento social revelaron que él se negó a usar máscaras e insistió en que era una «cosa de maricones», según la columnista Monica Bergamo del periódico Folha de S. Paulo. Este pensamiento, aunque no en términos tan literales, opera inconscientemente en muchas personas que se rehúsan a seguir las recomendaciones de les profesionales de la salud.

Luciano Fabbri, politólogo e integrante del Instituto Masculinidades y Cambio Social de Rosario afirma que los varones «no recurren (a la consulta médica) de manera preventiva sino cuando ya están afectados por un proceso de enfermedad, fundamentalmente cuando afecta sus roles tradicionales de proveedor y procreador».

Repensar la masculinidad hegemónica no solo nos lleva a desactivar viejos hábitos sociales incorporados y a distribuir equitativamente las tareas de cuidado: es posible que hasta ayude a salvar vidas.


Fuentes: