Hasta que la muerte las separe

Colaboración por Candela Fumale


Mi abuela Lita vivió cincuenta y tres años con la prima Estela. Mamá decía que vivían juntas para abaratar el alquiler. En cambio, papá me contaba que la convivencia era una forma de hacerse compañía, porque ninguna de las dos había conseguido casarse. Y, como una versión no contradecía a la otra, crecí sin dudar de ninguna de las dos.

Durante años fui a tomar la leche a lo de mi abuela. Siempre las miraba mientras me preparaban la chocolatada. Se metían las dos en la cocinita y mientras una batía la leche y el polvo, la otra me ponía vainillas en una bandeja. A veces se chocaban y una le ponía un brazo en la espalda a la otra, como pidiendo perdón. Yo creía que las unía un cariño parecido a la necesidad. Que se daban la mano porque las mujeres tienen permitidas ciertas demostraciones de sentimientos que la hombría vedaba a los hombres. O que los sábados hacían reuniones con otras señoras concubinas y se ponían corbatas solo para inventar a los maridos que quisieran tener.

Me acuerdo el momento exacto cuando pregunté por qué Lita y Estela dormían en una cama grande. Mamá se quedó quieta con los platos llenos de detergente y la canilla corriendo. Papá la miró a mamá. Entre los dos me explicaron que su dormitorio era bien chiquito y una cama matrimonial entraba mejor que dos camas simples, pero que no se me ocurriera preguntarle eso a ellas, las podía ofender por tener poco espacio. Pero los nenes no conocen la discreción, así que una vez que me puse a mirar tele con mi abuela en la cama, me ganó la curiosidad. Ella se rió y me contestó que hay amores que no entran en una cama chica.

Hace diez años, cuando se promulgó la ley de matrimonio igualitario, Lita y Estela fueron las primeras del pueblo en ejercerla. Colgaron un portarretratos enorme con la foto del civil en la cocina. Al lado pusieron encuadrada la libreta de matrimonio, en la que vi por primera vez el apellido de la prima Estela. ¿De quién era prima la prima si no había nadie más con ese apellido en la familia? Cuando exigí saber, mis padres me dieron más respuestas dudosas: que «prima» es una forma cariñosa de decir «amiga» y que el matrimonio era para que ambas pudieran compartir la misma obra social, ahora que ya estaban jubiladas.

Tengo veinte años y vengo del crematorio de mi abuela. Estela murió hace tres meses, Lita no aguantó la casa vacía. Veo tanto espacio vacío y pienso cómo nunca me di cuenta de todo el amor que habitaba esos cuartos. Que Estela pintó las paredes hasta el último año que pudo subirse a una escalera, que tenían fotos de las dos en todos los muebles, que la repisa está llena de los libros que se regalaban y no hay uno solo sin dedicatoria, que Lita llevaba en la billetera un rulo de cuando Estela tenía veinticinco años. Cómo nunca racionalicé eso que todos callaban y yo no sabía nombrar.

Hoy me enteré, en medio de abrazos y parentela, que mis tíos habían querido desalojarla a la prima Estela, porque «le gastaba el sueldo a la abuela». ¿Sería eso o sería que hubieran preferido que la abuela gastase su sueldo en un hombre, o mejor, que un hombre se gastase el sueldo en ella? Sea cual fuere, cuando ellas se casaron, la orden de desalojo que mis tíos habían conseguido firmar de forma poco elegante quedó sin efecto. Entonces, es cierto que un papel no garantiza el amor pero cuando el amor desborda, un papel te garantiza derechos.


«Sí, acepto» en Costa Rica

Costa Rica se convierte en el primer país centroamericano en legalizar el matrimonio igualitario, el octavo en permitirlo dentro del continente americano y el número 29 en el mundo.

Horas después de validado el matrimonio igualitario, Daritza Araya y Alexandra Quirós dieron un paso histórico en la conquista de derechos y en la lucha de la comunidad LGBTQI+. Fueron las primeras en hacer uso de la ley pero no las últimas. Esperan que, sentando precedente, países centro y sudamericanos como Bolivia, Cuba y El Salvador, entre otros, reconozcan nuevos derechos para sus habitantes.

El logro de Daritza y Alexandra es parte de una larga batalla, ya que Costa Rica había solicitado en 2016 la opinión a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), sobre la obligación o no de extender los derechos para parejas del mismo sexo. La opinión consultiva de la CIDH lo afirmó:

«El Estado costarricense debe garantizar que las personas interesadas en la rectificación de la anotación del género (cambiar su nombre, adecuar su imagen en los registros y/o en los documentos de identidad) puedan acudir a un procedimiento o un trámite (…) que sea confidencial, expedito, gratuito y no debe acreditar de operaciones quirúrgicas y/o hormonales».

Según Prensa Latina, en 2018, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia resolvió acoger la postura de la CIDH, pero no inmediatamente, dando un plazo de 18 meses a la Asamblea Legislativa. Sin embargo, afirmó que los Estados «deben reconocer y garantizar todos los derechos que deriven de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo, incluido el matrimonio».

El matrimonio igualitario entró en vigencia este 26 de mayo, luego de que se cumpliera dicho plazo, sin haber emitido el Congreso alguna legislación al respecto. Fueron derogados automáticamente los artículos del Código de la Familia y otras leyes que resultaban inconstitucionales.

El intento de los legisladores conservadores por posponer la legislación de este derecho alegando que sus esfuerzos estaban concentrados en hacerle frente al COVID-19 fracasó y, por votación mayoritaria, se admitió la nueva ley.

«Yo sí acepto la idea de no limitar los derechos de nadie, un país que no discrimina. Sí acepto que nadie tenga que ocultar sus relaciones, su amor y sus sentimientos. Sí acepto que existan familias diferentes, sí acepto y sueño con un país sin homofobia, sin lesbofobia, sin transfobia y sin bifobia. Sí acepto un país construido con amor».

Carolina Hidalgo, diputada del Partido Acción Ciudadana y expresidenta del Congreso.
Casamiento Costa Rica

A pesar de la pandemia y de la imposibilidad de celebrar personalmente, la pareja, que contrajo matrimonio en San Isidro de Heredia, llevó a cabo una celebración virtual.

La televisión pública, distintos canales de Internet y la organización «Sí, Acepto» que lucha por los derechos de la comunidad LGBTIQ+ realizaron una transmisión especial en la que participaron cantantes, músicos y la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachellet, entre otras personas.

Luego de la oficialización del evento, el presidente de la República de Costa Rica, Carlos Alvarado, declaró mediante un video en Twitter:

«Como presidente, mi trabajo consiste no solo en defender la Constitución Política y el país, sino también en defender los derechos humanos, como la expresión de la libertad, la autodeterminación y la dignidad humana. Por eso, nuestro deber es combatir todo tipo de discriminación, sea por discapacidad, etnia, cultura, credo religioso, sexo, identidad y expresión de género, orientación sexual o cualquier otra. Desde ese enfoque, que procura la defensa de todos los derechos humanos, es desde donde debemos comprender este hito.

Este cambio provocará una transformación social y cultural significativa del país, que permitirá a miles de personas casarse frente a un abogado para reconocer derechos de pareja.

Las personas que ahora podrán acceder a este derecho no son extrañas. Se trata de hijos, hijas, amigos, familiares, compañeros y compañeras de trabajo. Son personas que cuando decidan casarse lo harán por amor, por estabilidad (…) No buscan agredir ninguna creencia personal, solo buscan un espacio para el reconocimiento y la dignidad que merece todo ser humano, sin importar quienes sean, o a quienes amen (…).

A las personas  LGBTQ+ cuyos derechos serán reconocidos a partir de mañana [26/05/2020] les reitero mi compromiso. Durante décadas fueron ofendidas, humilladas, perseguidas pero nunca se cansaron de luchar, en las calles, en las instituciones y en los tribunales. Persistieron con orgullo y determinación».

Según Europa Press, el registro civil confirmó que ya hay alrededor de 55 solicitudes de matrimonio esperando a ser inscritas para poder celebrar el despertar en un país más justo.


Fuentes:

9 años de la ley de matrimonio igualitario

Argentina fue pionera en la región en la conquista de derechos para la comunidad LGBTIQ; hoy, continúa la lucha por desterrar los prejuicios en la sociedad y la justicia patriarcal.

Era una noche de invierno, pero los abrazos y las banderas abrigaban los cuerpos que custodiaban sus derechos en las puertas del Congreso de la Nación. Lo que más mantenía cálida la noche del 15 de julio de 2010 era la esperanza de hacer historia, porque adentro se estaba por decidir el futuro de miles de familias. 

Luego de tres meses de debate en comisiones, quince horas de sesión y muchísimos años de lucha, a las cuatro de la madrugada se escuchó el grito de alegría de toda una comunidad que por fin fue reconocida por el Estado. Con 33 votos afirmativos, Argentina venció los prejuicios y le dijo sí al amor, le dijo sí a la ley de matrimonio igualitario.  

Fueron muchos los factores que hicieron posible la sanción de la histórica ley 26.618 que habilita la unión civil de personas del mismo sexo, y que convirtió a la Argentina en el primer país de América Latina en reconocer este derecho. «Fue una cabal y exitosa demostración de lo que es posible cuando se alcanza una sinergia entre las demandas de la sociedad civil y el poder político del Estado» explicó Diego Bocchio, activista de Conurbanes por la Diversidad.

El proyecto fue presentado numerosas veces desde los años 90, impulsado por agrupaciones civiles como la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) y muchas otras que se sumaban desde cada rincón del país, pero fue ese año en que el debate tomó estado público: cenas familiares, programas de TV, escuelas, universidades; en todos lados se discutía sobre el tema.

Los dinosaurios también votan

Como siempre sucede en la historia de las luchas por los derechos humanos hay quienes se oponen a garantizarlos. Este fue el caso les 27 senadores que dieron su voto negativo, muchos justificados con los argumentos más absurdos. «No voté la ley de matrimonio igualitario porque me hacía ruido, pensé en los hijos que podían adoptar», sostuvo la entonces senadora Gabriela Michetti, hoy vicepresidenta de la Nación.

Casi una década después de este hecho histórico que prometía un avance hacia una sociedad libre de violencia y discriminación, hoy la situación es muy diferente. 

«El contexto actual está marcado por un incremento de las violencias hacia nuestras identidades», afirma Bocchio. «El accionar y el discurso del gobierno de Macri en Argentina hay que verlos en un contexto regional en donde hay una avanzada conservadora, con un discurso y un accionar también muy amenazantes hacia las comunidades LGBTI».

El asesinato de Marielle Franco, las violaciones «correctivas», las golpizas y los ataques a parejas homosexuales en la vía pública por parte de civiles o fuerzas de seguridad. El encarcelamiento de Higui por defenderse, la condena a Mariana Gómez por besar a su esposa en la estación de Constitución. Son situaciones que dan cuenta de que aún falta mucho por construir, o deconstruir.


 

¿Existe la ideología de género? Aportes para debatir

Un movimiento que rechaza los avances en materia de derechos sexuales y reproductivos, educación sexual, matrimonio igualitario, adopción y reconocimiento de la identidad de género denuncia la expansión de lo que llaman «ideología de género». En este artículo proponemos analizar los alcances de este movimiento, sus orígenes y las posibles respuestas feministas.


La expansión del movimiento

En Perúlucharon para frenar la enseñanza de la educación sexual; en Chile y Méxicoun autobús naranja circuló por las calles con la consigna «Si eres mujer, seguirás siéndolo», que pretendía resignificar a Simone De Beauvoir. En Colombiacontribuyeron a impugnar el Acuerdo de Paz con las FARC porque «facilitaba el homosexualismo». En Brasilquemaron una efigie de Judith Butler y lograron el recorte de planes contra la homofobia en las escuelas.

La lista sigue: en Guatemala, promueven la iniciativa 52/57 que propone penalizar el aborto y establecer un régimen de conyugalidad heterosexual. En Españase movilizaron en 2005 contra el matrimonio igualitario. En Paraguaylograron que se revisara la perspectiva de género en las escuelas y en Bolivia, que la Corte Constitucional derogase la ley de identidad de género.

En Argentina, la cruzada fue primero contra la ley de matrimonio igualitario –cuya sanción significó una importante derrota– y hoy se movilizan contra la legalización del aborto y la implementación de la ley de ESI, aunque también piden la derogación de la ley de identidad de género.

Lejos de la improvisación o la mera denuncia virtual, estos grupos en permanente expansión en América Latina y Europa Occidental tienen influencia en las agendas políticas y han logrado muchos de sus objetivos, a la vez que obstaculizan el pleno ejercicio de los derechos humanos de las mujeres y disidencias sexuales, y se arrogan la potestad de educar a sus hijos según sus creencias, atropellando el rol del Estado.

¿Qué implica y cómo surge el término «ideología de género», acuñado en 1997 por la periodista católica conservadora Dale O’ Leary?

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El planteo anti «ideología de género».

Los orígenes

Transcurría el año 1994 cuando en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, Egipto) se utilizó el término «género» por primera vez, alertando a quienes rechazan la dimensión cultural que complementa a la biológica y escinde sexo de género.

Sin embargo, serían dos hitos posteriores los que darían lugar al surgimiento organizado de estos grupos y a la articulación de sus denuncias y estrategias de acción. El primero de ellos fue la IV Conferencia de la Mujer en Beijing (1995) que introdujo un llamado al desarrollo de políticas públicas con enfoque de género. A partir de este encuentro, se estableció que los problemas que sufren las mujeres son estructurales, es decir, dependen de cómo están organizadas las sociedades.

Además, se institucionalizó el concepto de género como «la forma en que todas las sociedades del mundo determinan las funciones, las actitudes, los valores y las relaciones que conciernen al hombre y a la mujer. Mientras el sexo hace referencia a los aspectos biológicos que se derivan de las diferencias sexuales, el género es una definición de las mujeres y los hombres construido culturalmente y con claras repercusiones políticas».

El segundo hito relevante para la configuración transnacional de este movimiento fue la Declaración de los Principios de Yogyakarta (2007)que estableció estándares legales para el reconocimiento de la identidad de género autopercibida.

A partir de entonces, agrupaciones religiosas –principalmente católicas y evangélicas– y sectores conservadores seculares comenzaron su cruzada moral en defensa de lo que consideran un «orden natural» amenazado por «la ideología de género».  En su época como cardenal, el ex Papa Benedicto XVI sentenció: «La ideología de género es la última rebelión de la criatura contra su condición de criatura».

En Argentina, las caras más conocidas son las de Agustín Laje y Nicolás Márquezquienes en el año 2016 publicaron «El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural». En él, tergiversan las diversas líneas de pensamiento feminista, trans y queer. El primero sostiene que «la ideología de género es un conjunto de ideas anticientíficas que con propósitos políticos autoritarios desarraigan a la sexualidad humana de su naturaleza y la explican monopólicamente por la cultura».

De acuerdo a Cornejo-Valle y Pichardo (2017), los trabajos producidos sobre ideología de género en distintas latitudes dan cuenta de características compartidas:

  • La coordinación entre organizaciones locales y movimientos internacionales de carácter conservador (seculares o religiosos);
  • El uso de «lenguaje hiperbólico» común que presenta los avances en equidad de género y diversidad sexual como catástrofes para la humanidad;
  • Las manifestaciones urbanas en varios países del mundo;
  • El uso de símbolos comunes, relacionados con la familia, la niñez y lo natural;
  • El recurso al miedo vía pánico moral para frenar cambios jurídicos y sociales propiciados por las luchas feministas y LGBTI; y
  • El uso de una retórica polarizada que determina posiciones y relaciones entre agentes antagonistas.

Además, hacen referencia a un supuesto escenario de complot internacional para acabar con la familia y promover la homosexualidad, niegan la existencia de la violencia de género y equiparan al feminismo con el machismo.

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¿Existe la ideología de género? Algunas respuestas feministas

La primera observación que surge de los argumentos de estos grupos conservadores es que pretenden imponer sus posiciones morales a toda la sociedad. El caso más claro es su postura ante el aborto: mientras ellos lo rechazan porque lo consideran un atentado a la vida, pretenden obligar a las personas gestantes a continuar con sus embarazos no deseados. Por el contrario, quienes promueven su legalización, no obligan a nadie a abortar.

Si continuamos el análisis, aparece el enfrentamiento entre lo «natural» y lo «cultural/social». En este caso, ambas posturas aparecen como irreconciliables. Desde la perspectiva de género hay lecturas que sostienen que no se discute la realidad de las diferencias sexuales, sino la legitimidad de los estereotipos construidos por la sociedad sobre esas diferencias (Maffía, 2003).

Lecturas como la propuesta por Diana Maffía argumentan que «el sexo anatómico mismo, y su presunta dicotomía, son producto de una lectura ideológica» (que disciplina a los cuerpos que no se adaptan a la lectura que se espera de ellos, como es el caso de las personas intersex). «La paradoja de la ambigüedad anatómica pone en cuestión que macho y hembra sean datos biológicos que fuerzan la cultura de dos géneros».

En un nivel de análisis aún más profundo, surge la necesidad de pensar en el concepto de «ideología». Desde los años setenta, las lecturas feministas de Louis Althusser sirvieron para comprender que el género, en tanto organización imaginaria de relaciones sociales entre los sexos, opera como una ideología. «El análisis del género como ideología otorgó rigor teórico a una comprensión de lo personal como efecto de una organización político-sexual» (LATFEM).

En este mismo sentido, el filósofo Darío Sztajnszrajber sostiene que no se puede no ser ideológico porque «uno siempre parte desde un lugar que supone una cuestión subjetiva y una intención de poder. Hay una decisión de ordenar de acuerdo a ese paradigma, consciente o inconscientemente».

Asimismo, la ecofemini(s)ta Danila Suárez Tomé afirma: «Lo que ellos no ven es que lo que llevan adelante, también es una ideología. O sea, un conjunto de representaciones del cual deriva un cierto programa social» (FILO). Vale decir que, si ambos posicionamientos son ideológicos, este argumento deja de ser válido para movilizarse en detrimento de la ampliación de derechos de las mujeres y disidencias sexuales.

¿Será ese «orden natural» a proteger tan frágil que requiere de una maquinaria falaz y violenta para sustentarlo?


Material consultado:

Más licencia por paternidad es más igualdad de género

En pleno debate por las licencias parentales, surge la necesidad de plantearse qué otras modalidades de cuidado son posibles y necesarias. ¿Cómo es el régimen actual de licencias? ¿Qué sucede con las nuevas conformaciones familiares? ¿Cuál es la meta soñada? Hablamos de la campaña de ELA y de la situación en el país.

Licencias familiares HOY

Argentina es uno de los países con menos días de licencia por paternidad de América Latina: de acuerdo a la Ley de contrato de Trabajo (LCT), a los hombres les corresponden 2 días y a las mujeres un período de 90 días pagos de cese de la actividad laboral –45 antes del parto y 45 después–. El país se encuentra lejos de los estándares recomendados por organismos internacionales.

Además, si tenemos en cuenta que en el 80% de los hogares las tareas domésticas y el cuidado cotidiano de niños, niñas, adolescentes recaen exclusivamente sobre las mujeres (INDEC 2013), podemos ver que la disparidad en las licencias no hace más que reproducir estereotipos de género que perpetúan la desigualdad. Estas convenciones sociales hacen que muchas mujeres no sean contratadas en nuevos trabajos ante la posibilidad de quedar embarazadas.

Asimismo, la normativa actual sólo tiene en cuenta a las parejas heterosexuales. En la práctica, el régimen de licencias quedó obsoleto respecto de las nuevas conformaciones familiares, contempladas en leyes como las de Matrimonio Igualitario e Identidad de Género.

Como ejemplo de país igualitario, y en contraposición a Argentina, podemos mencionar a Islandia. Allí, hay 9 meses de licencia compartida entre ambos progenitores: tres para el gestante, tres para el no gestante y tres para ser distribuidos entre ellos como decidan.

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Cuidado compartido: la campaña

La organización ELA lanzó la campaña Más licencia por paternidad para visibilizar esta problemática. La propuesta consiste en «intervenir un lugar que históricamente le asigna la crianza a la mujer: los carteles del transporte público». Para ello, crearon un sticker con la apariencia de los carteles de asientos reservados, pero la figura ahora es la de un varón. La idea es que  lxs usuarixs los peguen en sus recorridos diarios.

Desde ELA sostienen que es necesario promover cambios culturales que apunten a una mayor corresponsabilidad entre varones y mujeres dentro de las familias.

Para un mundo más justo se proponen…

  • Licencias por maternidad acordes a las recomendaciones de organismos internacionales como la OIT;
  • Licencias por paternidad con la misma extensión;
  • Equiparación entre los días otorgados por nacimiento y los otorgados por adopción;
  • Contemplación de familias integradas por dos madres o dos padres;
  • Extensión de licencias familiares ante necesidades de cuidado específicas, en reconocimiento de que las necesidades de cuidado van más allá de los primeros meses de vida y que no solo se refieren a los hijos y las hijas.

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Australia vota por el matrimonio igualitario

A partir del mes de septiembre, en Australia se llevará a cabo una votación postal mediante la cual los ciudadanos expresarán su voluntad en cuanto a la legalización el matrimonio igualitario en el país.

Según encuestas realizadas en agosto pasado, el 63% de la población australiana está a favor del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Sin embargo, la política obstaculiza su legalización desde hace años.

En 2004, el entonces Primer Ministro John Howard modificó la ley de matrimonio, con el objetivo principal de definirlo como «la unión de un hombre y una mujer con la exclusión de todos los demás» y aclarar que las uniones entre parejas del mismo sexo no serían comparables ante la ley con el matrimonio.

Tras la asunción del Primer Ministro Malcolm Turnbull en 2016, quien se ha expresado a favor del matrimonio igualitario, varios proyectos han sido presentados en el parlamento, todos rechazados. Entonces, el gobierno anunció que se llevaría a cabo una votación por correo antes de volver a presentar un proyecto.

¿Qué y cómo se vota?

Esta votación es voluntaria y no vinculante. Consta de una planilla enviada a todos los ciudadanos australianos mayores de 18 años que estuvieran registrados para votar, en la cual se le pregunta a los ciudadanos: «¿Debería cambiar la ley para permitir el matrimonio igualitario?», y debajo se les da la opción de votar por sí o por no.

Al no ser obligatoria, esta votación tampoco garantiza que la voluntad de la mayoría sea escuchada por el gobierno, que legalmente no está obligado a hacer nada. Aun así, el Primer Ministro Turnbull expresó que, de ganar el voto positivo, enviará otro proyecto de ley al parlamento para legalizar el matrimonio igualitario.

Los resultados de esta votación se anunciarán el 15 de noviembre.

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«Orgullo, no prejuicio», «Matrimonio igualitario ¡YA!». //AFP

Dos posturas opuestas

«Coallition for Marriage« defiende el matrimonio entre el hombre y la mujer, y postula que, de aprobarse el matrimonio entre parejas del mismo sexo, la sociedad sufriría las consecuencias.

Desde su sitio web, se plantea que al redefinir el concepto de matrimonio, las escuelas se verán obligadas a cambiar sus planes de estudio y los padres tendrán menos voz a la hora de decidir los contenidos que incluye la educación sexual que se les dará a sus hijos.

Sostienen que un plan llamado «Safe School» está siendo llevado a cabo en muchas escuelas desde 2010, lo cual causa disforia de género en los niños ya que son «expuestos» a ideología de género y contenido sexual explicito. 

Además, ponen el foco en la libertad religiosa y de expresión que, según ellos, se vería afectada tras la aprobación del matrimonio igualitario.

Al finalizar su posición, dejan un mensaje a sus lectores: «Si no está seguro de cómo cambiar la definición del matrimonio puede afectar lo que sus hijos y nietos aprendan en la escuela, vote NO».

Desde «Australian Christian Lobby» se publicaron publicidades instando a los ciudadanos a votar en contra del matrimonio igualitario, con los mismos argumentos que sostiene Coallition for Marriage.

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«La biología no es intolerancia», «Apoyamos el matrimonio tradicional» y «NO hay una buena razón (para votar SI)» son algunos de los carteles de quienes están en contra de la aprobación del matrimonio igualitario. //GETTY IMAGES

En la vereda opuesta, se encuentra «Equality Campaign«, liderada por quienes llevan a cabo la campaña #VoteYes y apoyan a la comunidad LGBT.

En su sitio web, proponen una encuesta para medir los futuros resultados de la votación nacional y plantean que el debate debe estar basado en el respeto y no en las agresiones. Dan consejos para alentar las conversaciones de la vida diaria que pueden ser de gran ayuda para aclarar ideas a quienes no están seguros de cuál va a ser su decisión, y sostienen que no hay que agredir a quien no esté de acuerdo.

También cuentan con una plataforma donde los ciudadanos pueden subir sus historias personales y sus argumentos para votar a favor.

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«Sí, es hora», «¿Acaso yo vote por tu matrimonio?», «Voy a votar SÍ». //GETTY IMAGES

En agosto se realizó una movilización masiva en Sydney a favor del matrimonio igualitario, donde miles de personas levantaron sus carteles instando a votar por el SÍ.

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«Sí, el amor es una razón suficiente», «¿Una encuesta por mis derechos? Hoy no, Satanás». //THE GUARDIAN

Parte de la comunidad LGBT no estaba a favor de la votación debido a las agresiones que saben podrían sufrir en consecuencia, dado que aunque la mayoría se proclame a favor, esto no implica la aprobación de la ley.

En cuanto a las agresiones, el parlamento ya tomó cartas en el asunto: se aprobaron leyes en contra del discurso de odio durante lo que dure el debate.

Al día de la fecha, ya son 23 los países que legalizaron el matrimonio entre parejas del mismo sexo, y los ciudadanos australianos esperan poder integrar muy pronto la lista.

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«Dile SÍ a la igualdad», «Vote SÍ». //THE GUARDIAN

Fuentes consultadas:
CNN
Life Hacker
BBC