La política es cosa de minas

En los últimos días, diferentes periodistas agredieron con «chistes» sexistas y nombres de enfermedades a la vicepresidenta Cristina Fernández y a la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti. Es importante aclarar que la libertad de expresión permite analizar y criticar los mandatos de les gobernantes pero descalificar, insultar y juzgar su aspecto físico es violencia política.

Jorge Lanata, en su programa dominical Periodismo para todos, se burló de la apariencia física de Carla Vizzoti comparándola con una imagen de la modelo Kate Rodríguez hipersexualizada. En ese «chiste» hay otro mensaje, el cual dice que el espacio de lo público, de lo político, no es para las mujeres. En el mismo canal pero en el programa de Mirtha Legrand, conducido actualmente por su nieta Juana Viale,  Baby Etchecopar se refirió a la expresidenta con términos como «cáncer» y «sola», esta última en relación a la ausencia de su marido.

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El repudio a estos dichos fue generalizado. El lunes pasado, 63 legisladores del Frente de Todos presentaron una denuncia ante la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Visual, que señala que los dichos de Etchecopar implican formas de violencia simbólica, mediática y política.

El periodista tiene antecedentes machistas y misóginos: ya había sido denunciado ante el INADI por otros dichos violentos. «Si tu hija de 12 años sale mostrando las tetas y haciendo trompita, hay una provocación», señaló refiriéndose a Micaela García, víctima de femicidio. Además, fue imputado por estigmatizar a las trabajadoras de peajes en agosto de 2019, cuando se quejó de su atención y las descalificó con términos como «boludas», «asquerosas» y «pendejitas».

Es necesario mostrar que estos no son casos aislados. A pesar de que las nuevas generaciones intentan cambiar los modos de referirse a las mujeres, las redes sociales y los medios masivos de comunicación siguen siendo un lugar de ataques e insultos para las que se atreven a meterse en política. Podemos tomar como ejemplo a Ofelia Fernández, la diputada más joven de la Ciudad de Buenos Aires, quien es constantemente denigrada y amenazada en sus redes sociales.

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A su vez, es habitual que en diferentes programas se asocie lo femenino con lo débil o con las tareas del hogar. Sin ir más lejos, Gustavo Sylvestre utilizó la frase «lloran como señoritas» en un debate en su programa en el canal C5N. Otro ejemplo es Domingo Cavallo, quien en una nota para La Nación declaró: «Cristina nos atendía como una buena ama de casa, nos traía el café y servía la mesa. Nunca ella era la interlocutora en temas serios de política» en referencia a la actual vicepresidenta.

Estos mensajes van más allá de los medios de comunicación, repiten los estereotipos machistas que asumen que el lugar de las mujeres no es la política sino la familia, el gestar, el maternar, el vivir en la casa, específicamente en la cocina: lo privado. La idea que quieren imponer es que no importa lo que hagamos, lo que digamos o cómo nos desempeñamos en nuestro trabajo. Importa qué nos pusimos, si engordamos, si estamos maquilladas, si somos viejas.

Violencia política

A fines de 2019, se convirtió en ley el proyecto para tipificar la violencia política como violencia de género:

«Se define acoso político como acto de presión, persecución, o amenazas, y a la violencia política como acciones, conductas y/o agresiones físicas, psicológicas, sexuales que tienen propósito reducir, suspender, impedir o restringir el ejercicio de una mujer en una posición política, o inducir a una mujer, a cometer un acto o una omisión, en relación con su mandato político».

-Modificación de la ley 26.485. 

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Cuando un político usa estereotipos de género para atacar a sus oponentes mujeres, el acto se convierte en un caso de violencia contra las mujeres en política, dado que sugiere que las mujeres, como mujeres, no pertenecen al ámbito político. Esto implica un mensaje amplificado y disciplinador para otras que se quieran dedicar a lo mismo.

Fuente: Instituto Nacional Electoral de México

Vivimos en una sociedad que valora a las mujeres por su apariencia; se felicita a quienes cumplen con el mandato de belleza hegemónico, convirtiéndolo entonces en una obligación. Hay que hacer lo que sea para encajar en ese modelo porque «eso es ser mujeres». También se convierte en una condición de acceso al trabajo: no importan nuestro desempeño, habilidades e inteligencia, seremos evaluadas por si somos «feas» o «lindas» de acuerdo al criterio imperante.

¿Alguien cuestiona el peso o la ropa de los políticos hombres? ¿Hacen referencia a si son viudos, solteros o casados? ¿Alguien juzga su carácter? ¿Se espera que sean sumisos y agradables? ¿Se los compara con otros hombres más jóvenes o más flacos? Cuando se critica su desempeño, ¿se los denomina «cáncer» «loco» «gordo» «solterón» o «viejo»?

No se trata de poner a las mujeres de la política en un rol de víctimas, mucho menos de prohibir que se juzgue se desempeño en el ámbito público. Pero a los varones no se les exige el requisito de belleza profesional porque el espacio de lo público se considera naturalmente masculino. Solo queremos igualdad.


Fuentes:


Medios de comunicación: un museo del patriarcado

¿Cuántas personas trans ves en la televisión? ¿Cuántas escuchas por la radio? ¿Las ves atendiendo una farmacia, reponiendo en un supermercado o trabajando en un estudio de abogades? ¿Y mujeres? ¿Cuántas mujeres ves en los medios de comunicación? ¿Importan su edad y su aspecto físico? ¿Hablan de economía, política y crímenes? ¿Tocan los mismos temas que los varones?

El pasado 8 de junio se llevó a cabo el primer encuentro del Conversatorio «Faltamos en los medios: hacia una ley de paridad y cupo trans en medios de comunicación». Convocades por la diputada Mónica Macha del Frente de Todos y el medio LatFem, se reunieron más de 200 comunicadores y sindicalistas con un único fin: pensar estrategias colectivas para lograr una democracia paritaria en el campo de  la comunicación.

Las dificultades de las mujeres, las lesbianas y las personas trans a la hora de conseguir empleo en los medios de comunicación son comparables a las realidades de otros rubros. Sin embargo, en este espacio se destaca la relevancia que tiene la prensa en la conformación y reproducción de valores y construcciones socioculturales, como también los contenidos y modelos de representaciones que generan.

«Estos encuentros tienen como fin buscar una normativa que repare la discriminación que se hace visible en los espacios de participación de los medios de comunicación, desde una perspectiva no binaria. Los números con los que contamos que son de distintas organizaciones dan cuenta de que, del total de trabajadores y trabajadoras de la comunicación, solo el 30 por ciento son mujeres y no tenemos estadísticas para personas trans y lesbianas. Tenemos la posibilidad de pensar la ley de cupo y paridad para acelerar la igualdad en medios y reducir los déficits de participación».

Agustina Paz Frontera, periodista y directora de LatFem.

Datos patriarcales

Cuando el encuentro estaba por terminar, las delegadas gremiales del Sindicato de Prensa de Buenos Aires SiPreBA, Lucía Ríos y Micaela Polak, aportaron: «En el sindicato, tenemos 2341 afiliados, de las cuales 858 somos mujeres y, de ellas, solo una compañera es trans. Creemos que es un reflejo de lo que pasa en los medios». El segundo encuentro tiene fecha para el 29 de junio y contará con nueves expositores.

Según una investigación sobre la inserción de las mujeres en el sector de comunicación, publicada por Comunicación para la Igualdad en el año 2018, se puede asegurar que el 78% de las empresas de medios están dirigidas por varones y el 70% de los sindicatos de prensa también. A su vez, las áreas más valoradas de los medios y de las secretarías sindicales están ocupadas por hombres y en solo una carrera de comunicación hay una materia sobre temas de género dentro de la currícula de grado obligatoria.

Además, el informe afirma que la inserción de las mujeres en el sector podría definirse con la frase «muchas estudian, menos trabajan y muchas menos se sindicalizan». El 64% de las personas que estudian comunicación son mujeres pero solo abarcan el 30% de las personas que trabajan en empresas periodísticas y el 24% de las personas afiliadas a sindicatos de prensa.

En relación a las desigualdades de género, las empresas no disponen de políticas para que algo mejore. Ninguna compañía dispone de Oficina o Área de Género, ni tampoco de un sector específico para la resolución de problemas de violencia de género, acoso y abuso laboral y sexual. El abordaje de temas vinculados a la población trans es desigual: sindicatos y universidades comienzan a incluir el tema entre sus políticas y reclamos mientras que para las empresas no es aún una cuestión relevante.

Son necesarios estudios actuales que revisen si el avance del movimiento feminista de los últimos años se ve reflejado o no en los medios de comunicación. Por otro lado, además de la organización colectiva y la planificación de estrategias, son fundamentales las políticas públicas que tiendan a equilibrar la balanza para que todas las voces puedan ser escuchadas.



Fuentes:

Video: Twitter Mónica Macha @MoniMacha

Mujeres que no fueron tapa

Este artículo fue publicado anteriormente en Tracco Revista


«Mujeres que no fueron tapa» (MQNFT) es un grupo de artivismo que «hackea» los estereotipos de mujeres que aparecen en los medios masivos de comunicación, las empresas y el contenidos de las redes sociales de figuras públicas. Critican publicidades y contenidos poniendo a las construcciones sociales de la mujer en jaque.

Por ejemplo, en Instagram se publicó una publicidad de champú en la cual la joven actriz dice que tiene canas y no sabe cómo llegar impecable al evento. Entonces, encuentra «la solución» con el producto anticanas. Como análisis, Mujeres que no fueron tapa escribe en el pie del video:

«¿Impecable? Lo contrario de impecable es desastroso, defectuoso, deforme ¿Eso somos si no nos tapamos las canas? La actriz aparece infantilizada. La industria de la cosmética se ensaña con nosotras, nos hace sentir inseguridades poniendo al cuerpo de las mujeres como territorio de opinión y objeto de consumo. Hay que rebelarse contra el mandato de las industrias».

Esta cultura es muy común en Latinoamérica y se transmite principalmente mediante lo digital. Este cuestionamiento femenino tiene una página web en la cual su creadora, Lala Pasquinelli, cuenta cómo se originó la iniciativa. El disparador fue comparar la aparición de hombres en revistas con la aparición de mujeres. Los hombres solían ser diversos en lo física y lo intelectual mientras que, en cambio, las mujeres solían ser homogéneas en ambos aspectos.

En una charla TED, Lala comenta que hizo una encuesta preguntando a mujeres lo siguiente: «¿A qué mujer querés ver en la tapa de una revista?» El 30% de ellas respondió que quería ver a mujeres que realizan acciones progresistas para la sociedad y el 70% se refirió a su círculo afectivo cercano. Esto demostró que, generalmente, no se quiere ver a la mujer hegemónica sino a una mujer real.

Dentro del ámbito digital, están las redes sociales de MQNFT. Esto permite a la organización interactuar con las mujeres de manera didáctica y proactiva. La repercusión más notoria que tuvo MQNFT fue a través de Instagram, la red social (paradójicamente) más utilizada para mostrar la estética hegemónica femenina.

Antonio Gramsci fue quien creó el concepto de cultura hegemónica: una cultura dominante sobre los demás tipos de cultura, la norma cultural con la cosmovisión aceptada. Justamente, Mujeres que no fueron tapa lucha constantemente contra la cultura de hegemonía de los medios de comunicación sobre estándares de belleza de las mujeres en sus contenidos.

La lucha que realiza este grupo artivista también es categorizada por Gramsci como contrahegemonía. A su vez, Pasquinelli realiza talleres de «hackeo» de estereotipos en escuelas (públicas y privadas), empresas, ONG, museos, centros culturales y plazas de pueblos de Argentina y de otros países. Crea espacios para que mujeres puedan contar sus experiencias respecto de esta lucha. Interviene en la población de manera lúdica, pragmática y a través del contacto directo con la gente.

Según Gramsci, la clase dominante trata de homogeneizar a un bloque social que indudablemente es heterogéneo y, por lo tanto, tiene profundas contradicciones. Dentro de este foco, Lala plantea su arte comprometida y pone al manifiesto la diversidad del bloque social femenino.

La contrahegemonía de Gramsci, el artivismo de Lala y el concepto de Ch’ixi de Silvia Rivera Cusicanqui se vinculan por la búsqueda de heterogeneidad que no aspira a la fusión, a diferencia de los dominantes.

Mujeres que no fueron tapa plantea la decolonización, al igual que Rivera Cusicanqui, ya que busca no seguir el estereotipo de mujer blanca y europea sino aceptar la diversidad de mujeres en la sociedad, romper con el eurocentrismo dominante que dejó la colonización. Además, ataca contra el discurso hueco: se plantea una nueva ética que no funcione como dominación sino como una redefinición de nuestra identidad en libertad.

Este artivismo es deconstrucción de la imagen de la mujer como cosificación y como objeto de deseo de un mercado. Es desnaturalizar lo instaurado en el colectivo social a través de analizar las estructuras sedimentarias que forman el elemento discursivo, la discursividad filosófica en la que pensamos. Es tratar de acabar con el etnocentrismo occidental en Argentina sobre las normativas implícitas de comportamientos y estética de las mujeres.

La dominación que Pierre Bourdieu planteó es cómo aceptamos un mecanismo superior a nosotros; por ejemplo, la relación que manejamos con los medios de comunicación, algo que recalca este artivismo. A su vez, Bourdieu crea el concepto de categorización de capital en todos los ámbitos que engloban a la sociedad.

Mujeres que no fueron tapa son personas que no quieren pertenecer a ámbitos donde se estigmatiza a la mujer y se la comercializa. Lala habla por las mujeres que están excluidas de la inserción en el sistema capital productivo. Bourdieu también manifestó que una inversión escolar crucial es la transmisión de capital cultural. Esto también lo tiene en consideración Lala al fomentar el aprendizaje de desnaturalización de la hegemonía cultural en medios de comunicación en las escuelas.

El cánon de belleza femenino establecido va variando según el contexto temporal y sociocultural. Lo útil hoy en día es encargarse del cánon actual como lo hace esta organización y romper con el hechizo de lo preestablecido para salir de la anestesia social.


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