Hablemos de violencia mediática

El 14 de septiembre se conmemoró el Día Latinoamericano de la Imagen de la Mujer en los Medios de Comunicación. La fecha se estableció en 1990 en el marco del V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe como gesto de apoyo y solidaridad hacia el programa radial Viva María, dedicado al debate sobre los derechos de la mujer en Brasil, que estuvo al aire durante diez años hasta ser retirado por presiones políticas. 

Cada año para esta fecha se convoca a los medios de comunicación, tanto en lo que concierne a lo periodístico como publicitario, a transmitir una imagen de la mujer libre de estereotipos y en la diversidad étnica, cultural, económica y social.

Esa convocatoria a trabajar en los mensajes que se transmiten a la sociedad a través de los medios de comunicación tiene relación directa con las advertencia realizadas desde diferentes organismos, observatorios y ONG sobre las imágenes estereotipadas que se muestran de la mujer, una manera de «comunicar» que se traduce en violencia mediática. 

Algunos conceptos a incorporar 

Resulta importante, en principio, desmenuzar algunos conceptos. La violencia simbólica es uno de los tipos de violencia reconocidos junto a la física, psicológica, sexual y económica. Es aquella que reproduce mensajes o valores estereotipados que contribuyen a la desigualdad en las relaciones sociales y naturalizan la subordinación de la mujer. La violencia mediática, por su parte, es la modalidad en que estos mensajes se transmiten, es decir, las publicación de textos e imágenes con mensajes estereotipados a través de medios de comunicación masiva.      

La Red Par (Periodistas de Argentina en Red Por una Comunicación No Sexista) define la violencia mediática como «los mensajes que, en cualquier soporte comunicacional, humillen y discriminen a las mujeres. Tanto al agredirlas de manera directa, como al utilizar sus imágenes como objetos de consumo. La violencia mediática es una de las manifestaciones de la violencia de género. Expresa y refuerza la desigualdad entre las personas con diferente identidad sexual».

Este tipo de mensajes los podemos encontrar en programas periodísticos, de entretenimiento, ficciones y en el ámbito publicitario. Para analizar estos escenarios lo primero que debe identificarse son los estereotipos de género, aquellas representaciones asignadas socialmente a cada género a través de características y roles como supuestos identitarios de varones o de mujeres.  

En los medios de comunicación se construye sentido, se reproducen el sentido común, los valores y los conceptos. Esto lo podemos encontrar en comentarios sexistas de periodistas o conductores, la invisibilización de la mujer en los mismos roles que los varones, la asociación de la mujer con los espacios íntimos y de cuidado, la reproducción de la imagen del cuerpo femenino hegemónico como único modelo, dejando de lado la diversidad de los cuerpos, entre otros.    

En 2015, el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión realizó un Monitoreo de las prácticas y los discursos discriminatorios en televisión —tomaremos este estudio de hace cinco años porque en los siguientes no hubo estudios pormenorizados de este tipo, debido a la disolución y desfinanciamiento de muchas de las áreas dedicadas a este relevamiento—. Dicho estudio contó con un seguimiento de programas de diferentes formatos y en diferentes franjas horarias durante la semana del 1 al 7 de junio de 2015 y, del total de registros sobre violencia contra la mujer, un 25% corresponde a tratamientos positivos, un 27% a aspecto positivos y negativos y un 48% han sido «completamente discriminatorios y alejados de toda perspectiva de género y derechos»

A su vez, en este 48 % se establecieron diferentes categorías para determinar cuáles fueron los aspectos negativos y un 9,4% de los registros se asocia con estigmatizaciones y estereotipos donde se asocia a las mujeres, por ejemplo, con roles domésticos, «madres histéricas y/o consumidoras empedernidas, sumisas, malas o brujas». 

El plano publicitario es uno de los que más expone esta violencia simbólica. En sus diferentes formatos, la publicidad es una vidriera de estereotipos y roles de género que nos permite absorber muy fácilmente estos conceptos.

Los mensajes publicitarios de electrodomésticos o productos de limpieza, por ejemplos, son dirigidos exclusivamente a mujeres de todas las edades (para que el legado del cuidado no se pierda en el camino); los bienes de consumo como un auto son asociados a mujeres con cuerpos que corresponden a los estándares sociales de belleza per nunca manejan ellas; los productos para «evitar» el paso del tiempo en la piel de los cuerpos femeninos son algunos de los mensajes que desde el inicio de este rubro lo han caracterizado. (Una pequeña recomendación: si te interesa conocer más sobre el mundo publicitario y los estereotipos de género, recomendamos la serie Mad Men). 

Sin embargo, en los últimos años, el ámbito de la publicidad ha logrado aggiornarse (al menos algunas marcas) y se han incorporado desde diversas identidades sexuales hasta cuerpos libres de estereotipos de belleza. ¡Y esto lo festejamos! 

¿Cómo evitamos la violencia simbólica? Incorporando la perspectiva de género para problematizar los estereotipos. Cuestionemos los conceptos que se nos han dado como establecidos, cuestionemos si estos remiten a la igualdad de géneros y, cuando la respuesta nos indique que hay una desigualdad, es allí donde podremos modificarlo y hackearlo con nuestro pequeño aporte. 


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Dominadas, controladas y rastreadas

En Arabia Saudita, la vida de las mujeres es controlada desde que nacen hasta que mueren. Lo que hagan o dejen de hacer es administrado por sus «tutores» o «guardianes» que al principio son sus padres, pero pueden ser hermanos y, más tarde, esposos o hijos. Se trata de una «política de tutela» que las afecta negativamente y las enfrenta a dificultades constantes ya que sin la palabra del hombre que las «cuida», no pueden realizar ninguna acción.

En esta política restrictiva se basan los permisos que necesitan no solo para los viajes que quieran realizar o los caminos que quieran tomar, sino también para casarse, para ser liberadas de prisión y, en algunos casos, para acceder a algún tipo de trabajo o incluso, a atención médica.

Que no puedan tener control real sobre sus vidas genera que no puedan tomar ningún tipo de decisión para tratar de cambiar esta problemática. Hasta intentar escapar se vuelve casi imposible cuando la tecnología se mete en el camino: así aparece Absher, un nuevo tipo de localizador que acorta aún más la precaria libertad con la que cuentan las mujeres saudíes.

Absher, «el predicador», es el nombre de una nueva aplicación aprobada por Google y Apple que permite, entre otras cosas, rastrear mujeres. Se encuentra disponible desde 2015 pero su repercusión actual se debe a las peticiones que están siendo gestionadas para retirarla del mercado digital.

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Imagen Insider

Sí, aunque suene inverosímil es real. Se trata de una plataforma utilizada en Arabia Saudita, uno de los países con más desigualdades de género a lo largo del Medio Oriente, según el Foro Económico Mundial. Arabia es una de las regiones que más control ejercen sobre las mujeres, quienes básicamente se encuentran a merced de lo que disponen los hombres de la familia.

El gobierno saudí desarrolló esta aplicación que permite que los hombres reciban actualizaciones constantes sobre la ubicación de las mujeres y especifiquen cuándo y cómo pueden cruzar las fronteras, cuántos viajes pueden hacer y más.  Los «guardianes» se encargan de verificar que se cumplan sus órdenes y sin importar la edad pueden imponérselas a cualquier mujer de su familia.

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Imagen Insider

Apple y Google, que permiten descargar la aplicación a través de sus sistemas, están siendo acusados de ayudar a ejercer la represión sobre las mujeres mediante la tecnología. Por eso, muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos solicitan que esta app sea retirada de los centros de descarga. Así se expresó hace algunos días el senador demócrata estadounidense Ron Wyden mediante una carta en la que exigió que Absher fuera eliminada del mercado:

«Ya no es noticia que la monarquía saudita quiere limitar y reprimir a las mujeres, pero las empresas estadounidenses no deben posibilitar ni facilitar el patriarcado del gobierno saudita».

Según distintas fuentes, tanto Google como Apple se están encargando de verificar si la aplicación cumple con sus políticas. Muchas de sus funciones son benignas: es utilizada por hombres y mujeres como un portal en línea para poder disponer de distintos servicios gubernamentales y gestionar procedimientos administrativos de forma remota, pero también cuenta con la opción de rastrear mujeres en un apartado dentro de la aplicación al que ellas no tienen acceso.

Según PressDigital, algunas de las reseñas encontradas en el AppStore afirman:

«Una forma estupenda de controlar a tu mujer, fácil de saber dónde está y a dónde ha ido».

PressDigital también cuenta cómo funciona la aplicación, en la que con unos pocos clics y el número de pasaporte de quien se quiere rastrear se puede aprobar o revocar un permiso de salida. El «tutor» puede tener acceso a números de vuelo, destinos y fechas de viaje, entre otras cosas, lo que vuelve casi imposible la huida tan ansiada que alrededor de 1000 mujeres sauditas intentan cada año.

«Esto define una estrategia clara por parte de Apple y Google que fomenta una forma arcaica de misoginia. Es sorprendente si se tiene en cuenta que, en Occidente, sus tecnologías se utilizan para mejorar la vida». –Yasmine Mohammed, opositora al régimen saudí.

Rothna Begum, investigadora principal de derechos de la mujer para Human Rights Watch, sugiere que tanto Apple como Google soliciten al gobierno saudí la eliminación de la aplicación y sostuvo que estas grandes empresas deberían controlar que sus productos no faciliten los abusos de derechos humanos o alienten la discriminación en los países.

Si bien asegura que hubo casos en los que las mujeres sauditas lograron utilizar la tecnología a su favor, no se trata de una mayoría. En aquellas situaciones, algunas han podido tomar el teléfono de su tutor para autorizarse a viajar al aeropuerto antes de que él se diera cuenta.

Las mujeres que se escapan saben que si lo hacen arriesgan su vida, porque si no lo logran su familia las expondrá a castigos que podrían resultar en la muerte. Insider narra la odisea de Al-Mohaimeed, una joven que decidió escapar sabiendo que se arriesgaba a ser asesinada si era encontrada. Una de las primeras cosas que tuvo que hacer el día de su huida fue robar los celulares de sus tutores para que no pudieran rastrearla, ya que su plan se vería frustrado al intentar cruzar cualquier frontera sobre la cual debiera registrar su pasaporte.

Eludir la aplicación se convirtió en un paso crucial en la huida de las mujeres, que saben que tras ellas hay huellas digitales que van marcado su rastro a los sabuesos que buscan regresarlas a «casa». Lo que suelen hacer es robar los teléfonos, restablecer las contraseñas y darse permiso para viajar. Sin embargo, siempre se está en peligro porque si el tutor es minucioso puede verificar de manera continua el estado de quienes dependen de él, más sabiendo que las jóvenes buscan escapar regularmente.

Antes de que Absher saliera a la luz, las mujeres necesitaban un formulario, conocido como «recibo amarillo», en el que figurara la firma de su tutor. La aplicación digitalizó el rastreo, para permitir saber quién está dentro o fuera del país, en qué parte se encuentra, cuántos viajes puede realizar, por dónde puede realizarlos, etcétera.

«El uso de la aplicación Absher para restringir el movimiento de las mujeres destaca de nuevo el perturbador sistema de discriminación contra las mujeres bajo el sistema de tutela y la necesidad de reformas genuinas de derechos humanos en el país, en lugar de solo reformas sociales y económicas», dijo un portavoz de Amnistía Internacional en un comunicado enviado por correo a CNN.

Google y Apple están siendo acusados de ayudar a «imponer el apartheid de género» al dejar que las aplicaciones sean descargables desde su sistema. Sin embargo, todavía no hubo respuestas concretas a la petición de eliminarla de las plataformas formulada por distintas organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Aunque se realizaron algunos cambios en las políticas restrictivas que condenan a las mujeres saudíes, no mucho se hizo ya que se trata de una sociedad patriarcal, conservadora y religiosa, que sigue la ley del Islam.

Se supone que, en 11 años, Arabia Saudí piensa desarrollar su Visión 2030, que corresponde a la visión para el futuro del país que declara que las mujeres son un gran activo cuyos talentos se desarrollarán para beneficiar a la sociedad y a la economía de la región. Sin embargo, no alcanzarán su propósito si se siguen manteniendo las limitaciones que restringen todo tipo de movimiento.

Pueden encontrar más información aquí.


Fuentes

La tele que esperábamos prender

Con 40 capítulos en su haber, Cien días para enamorarse es hoy un programa ya consolidado en el horario central de la televisión argentina, que está transmitiendo nuevos mensajes, una forma distinta de crear contenido.


Con tonos humorísticos, pero también poniendo el foco en vínculos reales y problemas cotidianos que rompen con los ejes históricos, esta telenovela suma televidentes y seguidores en las redes al hacer circular temas que no habían sido abordados de esa forma: la lucha por la identidad transgénero es uno de ellos.

Esta creación de Sebastián Ortega, con producción de Telefe y Undertransmedia, nos acerca a la pantalla una ficción que da gusto mirar. Protagonizada por Carla Peterson, Nancy Duplaá, Juan Minujín y Luciano Castro, Cien días para enamorarse pone a debatir a adultos y jóvenes sobre temas que muchas otras producciones no tratan en prime time.

La tira comenzó en un tono de comedia, y capítulo a capítulo crece y toma su propio vuelo. ¿De qué trata Cien días…? Trata de la vida cotidiana, de la forma de vincularse, de nuevas generaciones de padres, de hijxs, de parejas, de amigxs que se dicen las cosas, que se apoyan, que se sostienen, que se pelean y que arman su propia dialéctica, donde prima lo afectivo por sobre todo el resto.

Entre esas nuevas generaciones de padres, aparece también representado otro tipo de hijxs. Y es que, todavía, algunas ficciones se anclan en lo que los viejos culebrones demandaban para la ficción: la lógica de una empleada que se enamora de lx hijx de o lx dueño de, que suele ser una persona que posee bienes y una identidad que aún no conoce. Además, en la mayoría de los casos, la pareja protagonista es heterosexual y estereotipada.

Todo esto es lo que Cien días… no tiene, y no representa.


Advertencia: a continuación se mencionarán eventos ocurridos en episodios ya emitidos actualizados a la fecha de publicación.


Maite Lanata representa a Juani, hijx* de Laura (Duplaá), Diego (Castro) y Coco (Rago). “Soy Juani, tengo tres papás…” y eso lx constituye, es un hecho fundamental que se pone de manifiesto. De esos padres recibe el apoyo, el amor y el cuidado para afrontar todo lo que desea afrontar.

*En episodios recientes se rompió con la incertidumbre de si Juani era mujer cis lesbiana o si iba a darse una transición para abordar su personaje desde la identidad trans heterosexual. Juani es un varón trans y se refiere a sí mismo con pronombres masculinos.

En una explosión de sentimientos, Juani le plantea a su mamá que se siente un varón. Que desde chico sentía que no encajaba, que no se sentía una hija, sino un hijo. Luego, se aborda la temática de género para ser explicada. ¡Y vaya si acertaron! Algo tan fundamental para los tiempos que corren: explicación, respeto y realidad.

Maite Lanata trabaja desde niña y acá se la ve inmensa en su actuación, en su credibilidad y composición para su personaje. Le da colores, matices, lo llena de amor y valentía.

Juani pone en evidencia lo que muchísimas personas atravesaron y atraviesan en la búsqueda y la constitución de su identidad. Las luchas diarias, el romper con lo establecido, las angustias de no poder ser ellas mismas, y al mismo tiempo la felicidad de dar el paso: decirlo, empezar a cambiar, recorrer un camino que es duro pero sabiendo que cada persona que quiera hacerlo, no está sola. Que hay quienes pueden acompañar y guiar el proceso. Y que, además, la ley las ampara.

Cien días para enamorarse viene a narrarnos que la afectividad no es lineal. Que hay amores, que hay disputas, que hay hechos que tienen consecuencias, pero que es desde el respeto, la diversidad y la aceptación desde donde se construyen los vínculos y la vida misma. Cada personaje (los protagónicos y los secundarios) ponen de manifiesto sus aciertos y sus errores. Muestran sus virtudes y sus lados menos empáticos, más confusos, más caóticos.

El equipo creativo se completa con Juan Gil Navarro, Jorgelina Aruzzi, Manuela Pal, Ludovico Di Santo, Michell Noer, Leticia Siciliani, Macarena Paz, Mario Pasik, Osvaldo Laport, Facundo Espinosa, Marina Bellati, Franco Rizzaro, Jeremias Batto Collini y Malena Narvay, entre otrxs. Lxs autorxs son Ernesto Korovsky, Silvina Fredjkes y Martín Quesada.

A todxs ellxs agradecemos un producto así, con temáticas con perspectiva de género, explicaciones sobre el aborto y lenguaje inclusivo. Correr tanto al hombre como a la mujer de roles estereotipado, y hacerlxs reales, de carne y hueso. Creíbles y humanos. Esta es, definitivamente, la televisión que queremos prender.

 


El periodismo que deseamos

Este 7 de junio, Día del Periodista, queremos ser fieles a nuestro estilo y saludar a todxs lxs laburantes de esta ardua y querida profesión. Para ello, queremos destacar algunas voces que son de puro aprendizaje para nosotrxs, como medio y como profesionales de la comunicación.

Hemos descubierto hace ya algunos años que las mujeres somos gestantes de movimientos, de nuevos parámetros, de nuevas luchas. Hacemos nacer los frutos de lo que fuimos construyendo con esfuerzo porque en los medios (como en otras profesiones) la predominancia de puestos es masculina, factor que nos reduce el empleo y, además, mantiene una lógica que nosotrxs no aceptamos.

Sin denostar a compañeros que acompañan, que bancan y que apoyan, hoy nos interesa resaltar el rol de algunas periodistas que, además de ser referentes, son el ejemplo de que en este terreno nada se consigue con sentarse a esperar.

Al comenzar a estudiar Periodismo, un profesor nos dijo: “Chicxs, si quieren plata u horario corrido, dejen la carrera ya”. Lo que dijo, en tono gracioso en ese momento, es la clave de la profesión, que muchas veces se ejerce en conjunto con otros quehaceres porque existe la precarización laboral diaria, porque hay que tener el dinero cada mes pero creemos en lo que hacemos, y si lo que hacemos no nos da de comer agregaremos actividades, pero nunca dejaremos de hacer periodismo.

Este medio nació al ver cómo se trataban los femicidios y los casos de violencia hacia la mujer, cómo se manipulaba la información al hablar de sexualidades disidentes, sin un marco con perspectiva de género. Los grandes medios exponían y exponen a las mujeres, a las víctimas, y siguen permitiendo que se corra el eje de los verdaderos culpables.

Nacimos después del Ni Una Menos. Con toda la potencia y el hambre de narrar los acontecimientos de una manera más justa, sin ocultar, sin mentir, poniendo en foco las lógicas machistas y patriarcales con las que debemos romper. No sólo desde los medios, sino como sociedad toda.

Esta semana queremos saludar a quienes hacen periodismo de una forma a la que adherimos. A esxs que dan batalla, que sostienen medios autogestivos, que llaman a las calles y ahí están junto a nosotrxs. Que no cobran fortunas ni son estrellas mediáticas, sino que son compañerxs reales, de carne y hueso, que ponen el cuerpo, la cabeza y la palabra para aportar esa fuerza que mueve el eje de la tierra.

Queremos saludar a Luciana Peker, por su periodismo que nos abre siempre nuevos conceptos sobre género y sexualidad, por luchar por el aborto legal, seguro y gratuito, y por dejar de lado preceptos moralistas. Por sus notas en Página 12, en Anfibia, y por su libro “Putita Golosa” que se planteó como el deseo irreverente de no cerrar nunca la boca.

A Julia Mengolini y toda su comunidad de FutuRock, porque no dejan de divertir, porque en cada palabra de Julia se nota una mina que banca y se la banca. Le hace frente a todos esos que no pueden soportar que una mujer de su tamaño les escupa en la cara, que un poco se les ríe y otro poco se pone seria para hacerles ver toda la porquería que cargan encima. Parece no haber parado nunca, y la seguimos, le agradecemos, la queremos.

A María Florencia Freijo, porque hoy está expuesta de forma más mediática y eso es exponer el feminismo, ayudar a que le llegue a más personas. Flor, que es politóloga pero oficia de periodista, y la tiene clarísima. Al tiempo que explica, arremete contra todo eso que está ahí a la vista de todxs, pero que muchxs no se atreven ni a pronunciar. Lo hace con gracia, con potencia, con mirada de compañera.

También, saludamos a Marta Dillon, por su precisión, por su historia y por ser contundente en cada nota, en cada entrevista; A María Florencia Alcaraz, por sus columnas de política y género, y por ser impulsora del Ni Una Menos; A Mariana Carabajal, por sus historias que narran eso que nos duele hasta los huesos, que nos convoca y nos unifica; a Angela Lerena, por representar desde un lugar al que aún hoy pocas mujeres llegan.

Saludamos a lxs compañerxs que hacen el periodismo en el cual creemos. A quienes escriben en La Vaca y llevan adelante cada firma de los colectivos por el aborto legal, seguro y gratuito; a lxs integrantes de Cosecha Roja; a todxs lxs que a fuerza de coraje y pulmón hacen La Garganta Poderosa y no paran de gritar; a todxs lxs que firman Sudestada y nos regalan notas y ediciones especiales de revistas que son un tesoro; a lxs Anfibia, por no dejar de sorprender en cada edición, por la profundidad en el tratamiento de cada tema y por poner voz a eso que no aparece en otros medios.

Saludamos a todos y todas  en su día, a periodistas radiales, televisivos, comunicadores en espacios alternativos. Quienes cuidan la palabra y la hacen colectiva. Como medio, pero también como individuos, nos nutrimos de cada uno de estos espacios, nos asociamos, nos acoplamos. Intentamos construir un mundo mejor.

Estamos por todas partes: en las calles, en las redacciones, en los espacios remotos detrás de las computadoras armando redes para sostenernos y acompañarnos. En cada canal, en cada radio, educándonos, revisándonos, analizando cada relación de poder desigual, llamándonos a la acción.

A todxs ellxs les decimos ¡feliz día! con los puños en alto.


 

Violación y abuso: correr el eje de la mirada

La semana pasada, por declaraciones de la actriz Cecilia Roth se volvió a abrir el debate sobre el poder de los cuerpos. ¿Por qué se acusa a las mujeres de sufrir violaciones o abusos? ¿Cuándo es una violación o un abuso? Debemos correr la mirada, y seguir luchando para que el ojo se ponga dónde debe, y no ser cómplices de un sistema históricamente machista.

Durante una entrevista en el programa radial Perros de la calle, Cecilia Roth declaró haber sido violada.

Como de un tiempo a esta parte vivimos en un contexto en el que las mujeres se animan a hablar cada vez más, muchas personas que están del otro lado (léase: oyentes, televidentes, comunidades, lectores, etc.) cuestionan por qué dejar pasar el tiempo, qué gana quien lo cuenta; acusan de utilizar un hecho semejante para ganar fama o a cambio de algo.

Se toma al abuso o la violación como una mercancía que tiene su valor, su precio y su premio. ¿Asistimos acaso a la deslegitimación de la palabra? ¿A la burla, la risa, y la negación de lo ocurre todos los días? ¿Por qué? ¿Qué  significado cobra el cuerpo de la mujer, y la mujer  en sí misma, en un contexto social, histórico y político que (por lucha) está cambiando el paradigma en todos los sentidos posibles?

La actriz abrió el debate de lo que se pone en juego de forma permanente en los medios y en la sociedad cuando se tocan estos temas: cuándo un abuso, un acoso o una violación lo es como tal. Una vez más se pone el eje sobre la mujer, dejando abierta la duda implícita de si pudo ser “provocado” o “consentido” de la manera que sea, si fue una relación sexual consentida, por placer o por interés (según conclusiones que lanzan en redes quienes no sólo no tienen empatía, sino que además intentan defender y sostener una estructura que se cae a pedazos hace años).

Roth declaró que ella en Madrid fue violada por un periodista local. Que no recuerda el nombre, ni su cara. Era un amigo de su expareja. En un momento en el cual la actriz se sentía mal, porque la había dejado su novio, fueron a la casa de él y ella le dijo que no. Pero él insistió y “No es no, pero a veces parece que puede ser sí”, dice Cecilia.

Incluso va más allá; además de defender a Rita Pauls (también por su declaraciones sobre el acoso que recibió por parte de Tristán), apoya a todas las que se atreven a hablar y hace un planteo fundamental, en el que muy pocos quieren meterse: ¿qué pasa cuando el no lo dice la esposa, y su esposo quiere igual? Ese hombre que tenés al lado todos los días, y al que no sabés cómo decirle que no. ¿Eso qué es? ¿Cómo se llama?

A Roth, como era de esperarse, salieron a matarla por todos lados, sobre todo los usuarios de redes. Pero es muy interesante el planteamiento que ella propone, el repensar nuestras relaciones (actuales y anteriores) y revisar nuestra forma de vincularnos teniendo la matriz del machismo metida hasta lo más profundo de nuestro ser, esa que tenemos que combatir y erradicar.

Lo que Cecilia plantea no es ninguna locura; es la vida diaria de muches, es el NO entendido como histeria o como un sí encubierto, que tal vez encuentra como respuesta un «no me importa, yo sí quiero«. En definitiva, es eso. Cada vez que alguien se atreve a decir “sí tenés ganas”, “dale, sí querés” o “no podés dejarme así”, lo que quiere decir es que el goce que importa es el propio. Tus ganas, tu deseo está sometido a su persona.

Ese lugar es el que se nos ha dado por años. Desde la educación intrafamiliar hasta las escuelas, y cada discurso que atraviesa la sociedad. Ese lugar también es el que se le ha dado al “macho”, que puede convocar o rechazar, elegir cuándo va a suceder y decidir que quien tenga adelante tiene la obligación de satisfacer sus deseos y necesidades. Se trata de leer entre líneas las declaraciones de Cecilia, e ir más allá.

Otra mirada que nos lleva a comprender

Rita Segato, antropóloga, escritora y feminista con toda una vida de trabajo y dedicación a temas de violencia de género, expone diferentes puntos de su pensamiento para, una vez más, hacer pensar y poner en jaque lo que somos como sociedad.

“El violador también es alguien que tiene que mostrarse dueño, en control de los cuerpos. Entonces, el violador doméstico es alguien que accede a esos cuerpos porque considera que le pertenecen, y el violador de calle es alguien que tiene que demostrar a sus pares, a los otros, a sus compinches, que es capaz. Son variantes de lo mismo, que es la posesión masculina como dueña, como necesariamente potente, como dueño de la vida [sic].

Yo creo que aquel último gesto, que es un crimen, es producto de una cantidad de gestos menores que están en la vida cotidiana y que no son crímenes pero son agresiones también, y hacen un caldo de cultivo para causar este último grado de agresión que sí está tipificado como crimen… pero que jamás se sucedería si la sociedad no fuera como es.

Se sucedería en un psicópata, pero la mayor cantidad de violaciones y de agresiones sexuales a mujeres no son hechas por psicópatas, sino por personas que están en una sociedad que practica la agresión de género de mil formas pero que no podrán nunca ser tipificadas como crímenes».

Respecto de una justicia punitivista, agrega: “La eficacia material del derecho es ficcional, es un sistema de creencias, creemos que el derecho lleva a una condena. Pero claro que tiene que existir el derecho, todo el sistema legal, el debido proceso y la punición.

Lo que yo digo es que la punición, la sentencia, no va a resolver el problema, porque el problema se resuelve allá abajo, donde está la gran cantidad de agresiones que no son crímenes, pero que van formando la normalidad de la agresión. Ninguno tomaría ese camino si no existiera ese caldo de cultivo”.

Cambiar el eje, en eso estamos

Lo que intentamos cada día quienes que estamos en lucha es, justamente, romper-desmenuzar-reventar ese caldo de cultivo que Segato plantea con tanta claridad. Empezar a deconstuir de lo micro a lo macro. Desde esas palabras que provienen de los vínculos intrafamiliares, a las acciones y los discursos del sistema en todas sus maneras.

Los medios como uno de los factores más elementales y sistemáticos para la violencia y perpetración machista y heteronormativa; la educación en sus todas sus instancias para luego ver los ejes de la justicia que lleva siglos bajo las mismas normas y sus diversos aparatos de control.

Si bien el eje se está corriendo, y hoy en día se da espacio a poder hablarlo, se sigue culpando a la mujer y poniendo el ojo acusador en la víctima y no en el victimario. Es nuestra tarea romper con la historia en acciones y en palabras, para desarmar ese “caldo de cultivo” del que habla Segato.

Es decir, poder pararnos en un mundo que históricamente avala al hombre, y gritar: ¡acá estamos, no bajaremos los brazos! ¡Aunque la lucha sea diaria y agotadora! Por todes les que no están y les que sí estamos, queriendo la libertad y la equidad.

 

 


Fuentes consultadas:

http://www.conclusion.com.ar/info-general/una-falla-del-pensamiento-feminista-es-creer-que-la-violencia-de-genero-es-un-problema-de-hombres-y-mujeres/08/2017/

http://diariofemenino.com.ar/v2/index.php/2017/04/16/rita-segato-la-violacion-es-un-acto-de-poder-y-de-dominacion/

http://mercosursocialsolidario.org/valijapedagogica/archivos/hc/1-aportes-teoricos/2.marcos-teoricos/3.libros/RitaSegato.LasEstructurasElementalesDeLaViolencia.pdf

 

El feminismo que garpa

La tríada Freijo-Pichot-Mengolini estuvo calentando el sillón de Intrusos estos últimos días. Las malas interpretaciones, la falta de información y las células del machismo reaccionario por parte de diferentes figuras mainstream del espectáculo dieron lugar a que algunas representantes del feminismo (también mainstream) salieran a reponer algunas concepciones sobre este movimiento.

Pasaron cosas. Surgieron preguntas, se contaron experiencias personales, relatos de abusos y lágrimas, se debatió sobre el “no” de la mujer, sobre el rol de la justicia, sobre la criminalización de la víctima y hasta, incluso, sobre las relaciones desiguales con respecto al ingreso económico entre hombres y mujeres.

El espectador se queda con algunas cosas de todo esto que parece disolverse en el aire y yo, particularmente, me choqué de frente con un comentario de Jorge Rial. El conductor, dentro de la última entrevista a Mengolini, comentó que las feministas debíamos aprovechar “esto que se estaba dando”, ya que hoy en día el feminismo “da rating”.

La pregunta que Mengolini, Rial ni el panel se hicieron es: ¿qué feminismo da rating?

Como sabemos, “el feminismo” es un movimiento tan amplio que, a veces, nos cuesta mucho delimitarlo o caracterizarlo. En este punto es donde surge su fuerza y su condena.

La fuerza está dada por lo amplio que puede llegar a ser el movimiento; eso le da complejidad, lo vuelve rico en conceptos, y hace que miles de mujeres se unan a sus filas todos los días porque, siempre, hay por lo menos una problemática que sufrieron e hicieron carne.

Entonces, ¿por qué, a la vez, es su condena? Porque las consignas son muchas y porque no es “lógico”, como dijo Marina Calabró, no todxs somos feministas. Es aquí mismo donde los reclamos se desdibujan, donde pareciera que todo es lo mismo y que aquello que llamamos “el ser feminista” es sólo un discurso.

El feminismo del rating, el feminismo que garpa, el feminismo discursivo, el feminismo que se condena a su propia muerte.

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Y esto, ¿por qué es? Va más allá de Freijo-Pichot-Mengolini. Va más allá de la propia lógica televisiva, con sus tiempos, con lo instantáneo y la opinión permanente (muchas veces no informada). Esto tiene que ver con que se desliga al feminismo de su dimensión política, o más precisamente, de su dimensión revolucionaria (que no es más que la forma de política más extrema).

Por esta razón es que nos queda “gusto a poco” cuando terminamos de ver estos “debates” en televisión. Por esta razón es que nos preguntamos (como surgió en el mismo programa) ¿quién puede estar en contra de la igualdad entre el hombre y la mujer?

La revolución feminista es cultural, sí, pero también es política y económica. La lucha requiere cuerpos, fuerza, peleas por una idea, por una filosofía de vida. Y ahí es donde se parten las aguas. No todxs lxs feministas, ahora, estarán en nuestras mismas filas cuando haya que salir a reclamar por lo nuestro en la arena pública.

La brecha salarial no va a desaparecer en el aire porque “todxs somos feministas”; el capital concentrado va a seguir estando en manos de hombres y la crisis condenará a la pobreza más a la mujeres que a los hombres (fenómeno bautizado como “feminización de la pobreza”). Todo esto ocurrirá mientras “lo político”, en el movimiento feminista, no pase por la acción concreta.

Entonces, ¿esto que está ocurriendo no sirve de nada? Claro que sirve, claro que es importante llegar a más personas y claro que hay que hacer todo lo posible para incorporar al feminismo en la agenda mediática. Pero, cuidado, porque el peligro radica en pasar por alto la propia condena del feminismo, que es, ni más ni menos, “el feminismo que garpa”.

“El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”

Simone de Beauvoir.


 

#Opinión: Menos recursos, más represión y exposición

El informe transmitido en el programa «Periodismo para todos» acerca del chico de 11 años expuso la existencia de un entramado mediático e institucional, cuyo objetivo es culpabilizar y castigar a quienes carecen de oportunidades en nuestro país en un contexto socioeconómico donde casi 6 de cada 10 menores son pobres, y en el que la presencia de violencia estatal hacia los que tienen menos recursos es visible, incluso, en casos como la represión a los trabajadores de PepsiCo.

 

A partir de la entrevista al menor que se transmitió el domingo pasado en el programa conducido por Jorge Lanata en Canal 13, distintos medios se hicieron eco y lanzaron todo tipo de opiniones punitivistas. Durante el ciclo, en la parte superior de la imagen se podía leer el hashtag «#DrogasyCurros», utilizado en Twitter por muchos usuarios que coincidieron en que el menor debería estar preso.

 

El hecho de haber presentado a un niño que confesó tener acceso a drogas y que se adjudicó varios delitos, reales o no, opera en función de construir una representación estigmatizante que, lejos de visibilizar o analizar las causas por las que vive en esas condiciones,contribuye a instalar el tema de la baja en la edad de imputabilidad, en sintonía con la ideología del gobierno actual, que encuentra en ese proyecto una posible solución al problema de la inseguridad.

 

Sin ir más lejos, en un momento del relato, el nene expresó: «No me da nada nadie. (…) Son todos pobres», refiriéndose a su familia. En cuanto a datos estadísticos, un informe de la UCA publicado la semana pasada indicó que 7,6 millones de niños, es decir, el 59% de la población infantil total, no tienen cubiertas las necesidades básicas como alimentación adecuada, vivienda, educación y asistencia médica. Entonces, es conveniente repensar si encerrarlo y negarle esas oportunidades, que ya señaló de forma explícita que no tiene, es la manera acertada de cambiar su realidad y la de tantos otros chicos que viven en la calle.

 

Además, la madre del menor junto con la organización Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) denunció penalmente al canal por «el uso de una imagen que viola leyes y tratados internacionales de los derechos del niño», y al Secretario de Seguridad del Municipio de Lanús, Diego Kravetz, por «extorsión, amenazas y violencia física y verbal» sufridas por su hijo de parte de personal policial, antes y después de aparecer en el informe.

El Estado es responsable, los medios también

La violencia ejercida desde el Estado, y en concreto desde el aparato policial, está dirigida a aquellos que no tienen espacio en el modelo que impone este gobierno: no importa si son menores en situación vulnerable, tampoco si son personas despedidas de forma injusta de sus trabajos.

 

A las amenazas y las extorsiones que denunció la madre del chico, se suma la represión política ante el reclamo laboral social. El caso más reciente es el de los trabajadores de PepsiCo, que fueron despedidos de manera abrupta, y tras salir a defender su puesto laboral, fueron desalojados con violencia por 300 policías bonaerenses; como en su momento ocurrió con el personal de Cresta Roja, y con los docentes de la Escuela Itinerante frente al Congreso, entre muchos otros ejemplos.

 

En este sentido, es importante destacar que el vaciamiento de la planta de Florida se dio por el cierre imprevisto y el traslado de la producción a otra fábrica en Mar del Plata, lo que llevó a que trabajadores que contaban con empleo hasta hace unas semanas, al ser despedidos de pronto, decidieran tomar la fábrica para reclamar la reincorporación. El gobierno ordenó la presencia policial, que actuó con gases lacrimógenos y balas de goma.

 

Frente a un panorama donde empresas cierran y vacían plantas, personas pierden su trabajo y quedan en la calle, y menores sufren la falta de asistencia y políticas para reincorporarse en la sociedad, la postura del Estado, ente que debería garantizar y respetar los derechos de los ciudadanos, es la de responder con más violencia. Desde nuestro lugar, es clave escapar de esa visión propuesta por algunos medios, despojada de todo tipo de sensibilidad, que refuerza el modelo represivo que encuadra a personas marginadas como enemigos sociales.

 

Fuente imagen destacada: Disculpen la molestia

La normalización y la apropiación de los cuerpos ajenos

Sigue perdurando a través del tiempo la norma sobre la apropiación de los cuerpos de las mujeres. La creencia de que el cuerpo ajeno está para que todos opinen, pidan, agredan, agarren y experimenten. Es decir, pretendan apropiarse del cuerpo femenino. Que se respeten los cánones y los estereotipos, y que el cuerpo que no respete lo impuesto sea agredido.

Hace algunos días, circuló una nota en diferentes medios y redes sociales que aludía al vestuario utilizado en un show por la cantante Cher. Más allá del mero atuendo, se pusieron de manifiesto una vez más en cuáles aspectos y en dónde se pone la atención en los casos en que la figura a juzgar sea una mujer. Bajo estas premisas, se van configurando formas de opinión e incluso, en cierto sentido, de manipulación y apropiación de los cuerpos ajenos. Se marca una normativa que se supone se debiera cumplir a rajatabla según la edad, la profesión, el lugar de pertenencia, pero sobre todo según los cánones de belleza y la opinión del mundo entero en épocas de redes sociales e instantaneidad. Todos pueden/podemos opinar sobre el cuerpo ajeno, y la opinión se relaciona no sólo con la persona que está expuesta sino también con nuestros consumos, con nuestros discursos, con la configuración de poder que está ahí, en cada momento, y nos atraviesa y nos configura.

Ahora bien, ¿cómo se van configurando esas (llamadas) verdades absolutas? ¿Por qué motivo se imponen distintas reglas en lo relativo a cada género y según la orientación sexual de cada persona? ¿Por qué la agresión y el aval ante estos hechos por parte de muchos usuarios de las redes sociales? ¿Cómo puede plantearse la configuración del poder que subyace a las premisas que se repiten todos los días, respecto de los cuerpos, lo mirable/no mirable; lo que se permite mostrar y lo que no; la admiración artificial no sólo de los cuerpos, mas también de los sucesos creados para los medios (y por los medios), pensados para fomentar el consumo. No solamente el consumo masivo, ni el consumo en tanto productos o cosas: además, pensados para el consumo de personas, es decir, para consumir la vida misma en una red perfecta, inabarcable e inacabable.

Asistimos a un momento en el que se cree que, por la ilusión de cercanía que nos plantean los usos y las configuraciones de los medios de comunicación, redes sociales y todos los dispositivos tecnológicos, se puede obtener cierto control sobre los otros. Sobre todos los otros, los de las redes. De esta forma se irá imponiendo una normativa sobre lo permitido. Quién la rompa o no la tenga en cuenta, no sólo será juzgado, sino que perderá o ganará seguidores -es decir, consumidores-, ya no de la mera persona como tal sino del producto. De esa persona convertida en producto de consumo, de admiración o de repudio.

En el caso de la cantante Cher, los internautas daban todo tipo de opiniones, pero lo llamativo es que no sólo los anónimos opinaban sobre su cuerpo y lo que debe o no debe hacer una mujer de su edad. Estas acciones fueron también fomentadas por un periodista que le pedía a la artista  que se vistiera, que se tapase, creyéndose autorizado para imponer “una verdad” según su vara y su gusto personal. Todos los días acudimos a este tipo de configuraciones de supuestas verdades que son meras construcciones.

Michael Foucault planteaba que existe una economía política de la verdad, la “verdad” que está centrada en la forma del discurso científico y de las instituciones que lo producen; que está inmersa en las formas de difusión y consumo; y que es producida y transmitida bajo el control no exclusivo, pero sí dominante, de algunos aparatos políticos y económicos. Además, esto es el núcleo de todo un debate político y de todo un enfrentamiento social: no es ingenuo ni al azar. Estamos inmersos en ello, y debemos decodificar esos discursos, para poder armar nuevas configuraciones.

El cuerpo y sus usos son propios y singulares, pero se relaciona, se expone, se muestra y se configura en relación constante a otro, a otros. No por ello es pertenencia de nadie. Deberíamos no sólo hacerlo saber, sino respetar el límite. No creerlo manipulable, juzgable o admirable a pesar de que los cuerpos sean disciplinables a partir de las redes de instituciones que nos configuran como cultura y como sociedad. No tomarlo e intentar devorarlo como producto; observarlo y respetarlo con similitudes y diferencias, como parte de la condición humana.