En pandemia, seguimos menstruando

Durante mayo, el equipo de Economía Femini(s)ta recaudó más de $140.000 para la compra de productos de gestión menstrual y artículos de limpieza que fueron donados a barrios populares a través de La Garganta Poderosa.

Desde 2017, Economía Femini(s)ta lleva cabo #MenstruAcción, una campaña que busca visibilizar a la menstruación como un factor de desigualdad, ya que los productos y las condiciones necesarios para realizar una adecuada gestión menstrual no son accesibles para todas las personas que los necesitan.

Los puntos principales se mantienen desde el comienzo, organizados en tres reclamos centrales:

  • Eliminación del IVA de los productos de gestión menstrual.
  • Provisión gratuita de productos de gestión menstrual en escuelas, universidades, comedores, cárceles, espacios comunitarios y refugios para personas en situación de calle.
  • Investigación y acceso a la información para promover políticas públicas que tomen dimensión de los aspectos educativos, de salud, económicos y ambientales derivados del uso de los productos de gestión menstrual.
Tweet de @EcoFeminita

Dos años después de su creación, consiguieron la presentación 12 proyectos de ley, la inclusión de tampones y la ampliación de la oferta de toallitas en el Programa Precios Cuidados, la donación de más de 15.000 productos de gestión menstrual y su distribución en contextos vulnerados y la realización de talleres formativos en al menos 10 provincias de nuestro país.

Gestión menstrual

A partir del material docente «ESImportante hablar de menstruación», reconocemos a la gestión menstrual como la necesidad de acceso a agua limpia, instalaciones sanitarias adecuadas, elementos de gestión menstrual, lugar para la eliminación de desechos, conocimiento y visibilización de la temática. Su importancia radica en evitar una serie de consecuencias que van desde lo económico hasta lo ambiental.

Consecuencias económicas:
Infografía de ANCCOM

Si bien sabemos que las mujeres ganan un 27% menos que los hombres, a la problemática se le suman los precios elevados que presentan los productos de higiene menstrual. La «Tasa rosa» o el «Pink Tax» es una recarga del 30% a determinados productos de higiene femenina, que representan la cara menos visible de la desigualdad de género.

En 2020, el gasto anual en toallitas ronda los $2.900 y el de tampones los $3.800. Esto afecta silenciosamente a la economía de todos los cuerpos que menstrúan.

Consecuencias ambientales:

Se calculan desechos de al menos 130.000 toneladas de residuos no biodegradables por el uso de tampones en Argentina. Aquí es donde se vuelve fundamental proponer como alternativa el uso de toallas de tela o copas de silicona, que tienen un tiempo de vida de entre 3 y 10 años y no generan residuos.

Consecuencias en la salud:

Por falta de información y de acceso a productos de higiene, muchas veces se practican formas de gestión menstrual antihigiénicas, como el uso de paños viejos y desgastados o trapos, que pueden causar infecciones del tracto urinario, problemas de salud reproductiva y hasta infertilidad.

Consecuencias en la escolaridad:

El ausentismo escolar durante los días de período menstrual afecta al 20% de las personas que menstrúan en Asia y África. En Argentina, esos datos ni siquiera se registran y por eso se vuelve necesario hablar de menstruación. Que el tema sea tabú para la mayoría de les adolescentes aunque se encuentre en la currícula obligatoria de los colegios primarios y secundarios no ayuda.

En cuarentena también menstruamos

Imagen de tuit de @EcoFeminita

La pobreza, el trabajo informal y precario y el riesgo habitacional son factores que afectan principalmente a las mujeres y que se agudizan en estados de emergencia sanitaria como el que atravesamos hoy. Lo mismo sucede con la menstruación. En esta oportunidad, Economía Femini(s)ta se unió con La Garganta Poderosa.

En el marco del Día Mundial de la Salud Menstrual, realizaron durante el mes de mayo una nueva colecta de dinero para la compra y posterior donación de tampones, toallitas, y copas menstruales en pleno aislamiento obligatorio. Los resultados fueron exitosos: más de $140.000 recaudados. Aunque la colecta ya finalizó, desde la campaña se sigue apelando a la lucha por el reconocimiento de la gestión menstrual como una necesidad básica.

Sangrado azul en los medios de comunicación

A nivel cultural la menstruación sigue siendo un tema del cual no se habla. En las publicidades de productos de higiene menstrual hasta 2019 no se había televisado sangre. Por otro lado, es normal que se pregunte por «Andrés» o decir «estoy indispuesta» en vez de nombrar pertinentemente el período menstrual.

Que arrastre un estigma social tiene consecuencias directas no solo a nivel estatal en la falta de generación de políticas públicas sino también a nivel comunidad, ya que contribuye a la falta de producción y circulación de información.

Sumá tu aporte

Al ser una campaña de tipo autogestiva, sin fines de lucro, #MenstruAcción sigue necesitando aportes para el reparto de recursos y la formación de sus profesionales. Se puede donar dinero para la campaña aquí.


Fuentes:

Menstruar no es TABÚ

«No estoy indispuesta, ni me vino andrés.

Estoy menstruando.

Y no es tabú».

Sigue leyendo Menstruar no es TABÚ

28 de mayo: Día Mundial de la Higiene Menstrual

Cada 28 de mayo se celebra el Día Mundial de la Higiene Menstrual, una iniciativa que busca dejar los tabúes de lado y hablar de menstruación.

Esta iniciativa, que comenzó la ONG Wash United, busca no sólo hablar sobre menstruación, sino también sobre los problemas que genera la falta de educación al respecto y la importancia que tiene en la vida de quienes mes a mes atraviesan su ciclo menstrual.

Desde la ONG, lanzan nuevos informes todos los años para derribar mitos sobre la menstruación y dar información fidedigna. Además, buscan concientizar y poner de manifiesto el impacto que tiene la menstruación en la salud física y emocional de las personas.

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«Educar sobre menstruación cambia todo». |Foto: Menstrual Hygiene Day.

La falta de información (que a muches podría sorprender por su alcance) va desde no saber qué es el ciclo menstrual y por qué se produce hasta tener extraños rituales durante los días en los que se está menstruando. Un ejemplo es lo que ocurre en Nepal, donde las personas menstruantes deben dormir lejos de sus familias durante su período e incluso se les prohibe comer ciertos alimentos.

En nuestro país, una de las principales causas de desinformación es la falta de implementación de la Ley de Educación Sexual Integral. Al día de hoy, muches niñes siguen sin saber cómo funciona su cuerpo y cómo debería ser un ciclo menstrual «normal». También se desconoce que hay muchos métodos de higiene que pueden ser utilizados más allá de las toallitas femeninas o los tampones.

Otro de los problemas que rodean a la menstruación es los precios altos de los productos de higiene. Hoy, en Argentina, un paquete de toallitas femeninas de 8 unidades cuesta alrededor de $25 y uno de tampones de 8 unidades ronda los $30 (varía según la marca).  De acuerdo con un estudio de Economía Feminista, el costo de menstruar por año puede llegar a rondar los $1000.

La falta de políticas implementadas alrededor del mundo también se hace visible en los ámbitos escolar y laboral. Son muchos los países donde les niñes se ausentan de clases durante su ciclo, no solo debido a las molestias y el malestar que puede causar sino debido al estigma que hay alrededor de la menstruación y la falta de lugares apropiados para la higiene menstrual.

La menstruación no solo implica un gran gasto: es también una pérdida de ingresos por las ausencias al trabajo. En el ámbito laboral, las personas en edad menstrual ocupan el 40% de la población laboral activa. Si bien en algunos convenios de trabajo se estipula una cantidad de días «femeninos» que dan la posibilidad de ausentarse, esto no ocurre en todos lados.

El año pasado, Economía Femini(s)ta comenzó su proyecto #MenstruAcción. Desde entonces, en cada marcha a la que asisten reciben donaciones de productos de higiene menstrual así como también firmas para lograr un proyecto de ley que le quite el IVA a dichos productos.

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Invitación al «Menstruversario» | Foto: Economía Femini(s)ta

Este 28 de mayo, se extendió la invitación a la gente a acercarse al Congreso de la Nación vistiendo alguna prenda de color bordó para festejar el primer año del proyecto y seguir exigiendo por la quita del IVA y la distribución gratuita de productos de higiene menstrual.

 

Notas relacionadas:
La desigualdad se tiñe de rojo
Me vino la #MenstruAcción
Cosa de mujeres: Menstruación, Género y Poder

 


Fuentes:

Foto de portada:

Cosa de mujeres: Menstruación, Género y Poder

Escritura Feminista asistió el pasado miércoles a la presentación del libro “Cosa de Mujeres. Menstruación, Género y Poder”, de Eugenia Tarzibachi. El evento se celebró en una de las salas del Centro Cultural de la Cooperación y estuvieron presentes, además de la autora, una referente de la secretaría de salud y género del espacio y Barbie, una de las representantes de la campaña #MenstruAcción.

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“Cosa de Mujeres” surge de la tesis doctoral de Eugenia Tarzibachi y se posiciona como un análisis pionero dentro del feminismo.

¿Por qué pionero?

Porque trata un tema poco trabajado dentro del feminismo (por lo menos, el latinoamericano), que se encuentra en lo minúsculo y que aparenta ser insignificante, en eso tan propio y, a la vez, artificialmente ajeno del «ser mujer»: la menstruación y, con ella, todo el constructo social que intenta hacer del cuerpo menstruante algo defectuoso e impuro en comparación al ideal, al cuerpo amenstrual masculino.

El libro es un estudio minucioso que conjuga relatos, análisis de publicidades, material educacional y estadísticas duras para mostrar de qué manera el discurso publicitario, educacional y médico-científico circulan como relatos autorizados para fundamentar la inferioridad de los cuerpos menstruantes.

Eugenia se encarga de hacer un recorrido a través de las tecnologías de gestión menstrual, haciendo una comparativa entre el mercado estadounidense (donde surgen por primera vez las empresas fabricantes de artículos para la gestión menstrual) y el mercado argentino.  Se trata en el libro la historia del surgimiento de las primeras toallitas en Estados Unidos.

Tras la Primera Guerra Mundial, la empresa Kimberly Clark se había quedado con un gran remanente de apósitos para curar las heridas de los soldados, pedido que le había hecho el propio Estado. La empresa no sabía qué hacer con ese sobrante, hasta que tomó conocimiento de lo que hacían las enfermeras con los artículos en el campo de batalla: los usaban para gestionar su menstruación.

Así se fundó la primera empresa de producción masiva de toallitas, Cellucotton Products Company.  

«La historia de su surgimiento constituye un ejemplo paradigmático del modo en que el cuerpo reproductivo de las mujeres fue colocado al servicio de la maximización de ganancias empresarias y de cómo un producto creado para la guerra fue adaptado para su uso civil de posguerra».

El mercado cumple un rol protagónico a la hora de construir las subjetividades de las personas menstruantes, ya sea a través de la publicidad o a través de la conformación del propio discurso educacional. El Estado argentino ha dejado un silencio en donde deberían haber respuestas y en ese hueco, siempre, estuvo el mercado.

La instrucción escolar a niñas pequeñas sobre el ciclo menstrual estuvo ligada, durante años, a vender productos. Por eso se fomentó la vergüenza, la normalización del cuerpo menstrual y la declinación discursiva de los “protectores femeninos” como masculinos. Pero si hablamos de protectores, vale preguntar ¿protectores de quién?

«A medida que las toallas y los tampones industriales fueron adaptándose al uso cotidiano para la gestión menstrual, se transformaron en aliados de las mujeres.

‘Protectores femeninos’ provistos por una instancia inicialmente identificada con lo masculino y con lo sajón. Con  ellos, ese cuerpo menstrual incivilizado, caótico, vulnerable y desadaptado para su aceptabilidad en la vida en sociedad dejó de tener un papel protagónico, aunque comando, desde la sutileza de lo implícito, el sentido dado a esos productos como reparadores de un cuerpo ‘naturalmente’ defectuoso».

En la misma línea, “Cosa de mujeres” analiza la conformación del discurso médico que, al tratar el proceso menstrual, imparte un destino único y universal para todas las mujeres: el ser madres. Los materiales didácticos excluyen al clítoris de sus gráficos y la medicina se ancla en describir un mecanismo de fecundación que reproduce relaciones de género.

A todas nos han repetido, una y mil veces, el modo en que el óvulo, incrédulo y un tanto perezoso, espera que el ágil espermatozoide lo penetre, lo fecunde y, en cierta medida, lo haga suyo. Una reproducción de la heteronorma. 

«Martín contrasta esta metáfora con una investigación realizada en el Departamento de Biofísica de la Universidad John Hopkins. (…) La fuerza del espermatozoide no se dirigiría hacia adelante sino hacia los costados y se ‘escaparía’ del contacto con cualquier superficie. (…) El óvulo atraparía al esperma y en ese momento se activarían las enzimas digestivas del semen».

Sin embargo, después de este descubrimiento, los investigadores siguieron representando al esperma como un agente activo que «ataca», «aprisiona» y «penetra» para entrar en el óvulo.

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En el marco de la presentación, también estuvo presente Barbie, referente de Economía Femini(s)ta, el colectivo que impulsa la campaña #MenstruAcción.

La pregunta central que estructura esta campaña es: ¿qué pasa cuando una persona no puede comprar los productos de gestión menstrual? Teniendo en cuenta que el sesgo social sobre el cuerpo menstrual, y su visibilidad en el espacio público (y también privado) queda completamente prohibida, el uso de las tecnologías para la gestión menstrual se hace obligatoria.

Ausentismo escolar, estigma y exclusión son sólo algunos de los efectos que pueden sufrir las personas menstruantes ante la evidencia del cuerpo menstrual. En esta línea, se hace inminente reconocer a estos productos como de primera necesidad.

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“Cosa de Mujeres” es un análisis acabado de cómo diferentes discursos institucionalizados construyeron la subjetividad de la persona menstruante y, por eso, es imprescindible su lectura. Pero, además, Eugenia traza un camino de deconstrucción, plagado de testimonios, que nos hacen conectar con otras mujeres, conocerlas y conocernos, darle forma a eso que llamamos “lo personal es político”.

Me vino la #MenstruAcción

Duele. Sangra. Toallita. Tampón. Copa. Ibuprofeno. Otro más. El primer día es el peor. No, el segundo es el peor. Me viene mucho. Me viene poco pero con dolor. Ni me doy cuenta cuando me viene, es un poquito de sangre. Tengo hemorragias. No me puedo levantar de la cama. Me duelen los ovarios. Estoy indispuesta. Me visitó andrés. Me duele la panza. Me siento mal. No puedo ir. No puedo moverme de mi cama.

¿Qué pasa si te viene y vivís en la calle? ¿Qué pasa si la plata sólo te alcanza para comprar un kilo de pan en vez de 8 toallitas? ¿Qué invento hacés para poder higienizarte? ¿Cuántas infecciones puede sufrir tu cuerpo? ¿Qué pasa si sos varón trans?

La campaña «MenstruAcción» instaló el debate sobre todas estas cuestiones, desde aquello que nos suena más conocido hasta eso en lo que nunca nos pusimos a pensar. El objetivo es visibilizar a la menstruación como un factor de desigualdad que se suma a la brecha salarial, la redistribución asimétrica del trabajo doméstico y otras tantas disparidades económicas.

La campaña se establece sobre tres reclamos centrales:

  • Eliminación del IVA sobre los productos de gestión menstrual.
  • Provisión gratuita de productos de gestión menstrual en escuelas, universidades, comedores, cárceles, espacios comunitarios y refugios para personas en situación de calle.
  • Investigación y acceso a la información para promover políticas públicas que tomen dimensión de los aspectos educativos, de salud, económicos y ambientales derivados del uso de los productos de gestión menstrual.

La menstruación es un hecho que presenta necesidades particulares: acceso a agua limpia, instalaciones sanitarias adecuadas, elementos de gestión menstrual, lugar para eliminación de los desechos y, especialmente, conocimiento y visibilización de la temática. Muchas personas carecen de los saberes, el apoyo y los recursos para manejar la menstruación.

La dificultad o la falta de acceso a productos de gestión menstrual también impacta en el derecho a la educación. De acuerdo con información recabada por el Banco Mundial, se estima que a nivel global niñas y jóvenes pierden entre el 10% y el 20% de los días de clase por causas relacionadas con la menstruación. Según el programa WASH de UNICEF, menstruar presenta retos particulares para las niñas y las adolescentes en edad escolar. En el caso de los niños trans es aún más difícil, ya que pocas veces son tenidos en cuenta en la información que las escuelas proveen sobre el tema. Esto viola derechos humanos básicos e interfiere con la Ley de Identidad de Género.

La falta de acceso a productos de gestión menstrual resulta en prácticas inadecuadas que, de acuerdo con UNICEF a través de su programa WASH, implican una violación del derecho a la dignidad de las personas que menstrúan. Esto es en especial problemático en el caso de personas de bajos recursos y de quienes se encuentran en situación de calle. La falta de medios para manejar correctamente la menstruación puede resultar en infecciones y daños a la salud física y mental a largo plazo, por practicarse formas de gestión menstruales antihigiénicas como el uso de paños viejos y desgastados o trapos, que pueden causar infecciones del tracto urinario, problemas de salud reproductiva y hasta infertilidad.

Este proceso también impacta en la economía. Las mujeres enfrentan diversas formas de desigualdad económica. En promedio, ganan 27% menos que los varones, tienen mayores tasas de precarización laboral y su tasa de desempleo duplica el 9% nacional. En Argentina, el 40% de las mujeres gana menos de $10 000 por mes y, según datos de marzo de 2017 para Buenos Aires, quienes menstrúan gastan hoy entre $700 y $1200 pesos al año en gestionar su período. El pago del 21% de Impuesto al Valor Agregado (IVA) en productos de gestión menstrual constituye un impuesto regresivo y desigual: no solo tiene un mayor impacto negativo sobre personas de bajos recursos sino también sobre un sector particular de la población.

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Es importante instalar la iniciativa como debate público, socioeconómico y político. Una de las formas de apoyar la campaña es sumar firmas para que la #MenstruAccion se trate en el congreso este año en este formulario.

La menstruación debe dejar de ser algo que nos avergüence hasta nombrarla. No deja de ser un proceso natural propio del cuerpo humano.

Y no sólo de las mujeres…


Fuente:

Economía Femini(s)ta

La desigualdad se tiñe de rojo

Según los últimos datos extraídos por la Organización de las Naciones Unidas, en el mundo hay 3650 millones de mujeres. A diario, menstrúan más de 800 millones y alrededor de 1250 millones de mujeres y niñas no tienen acceso a condiciones de higiene óptimas durante su periodo menstrual. La estadística solo son números, pero detrás de ellos hay personas como Roshani Tiruwa, la joven nepalí de 15 años que murió asfixiada por el humo de la hoguera que debió encender para combatir el frío en el cobertizo donde la habían aislado durante el chhaupadi.  

El chhaupadi es una antigua práctica hindú según la cual las mujeres son consideradas «impuras» durante su periodo menstrual, por lo que son aisladas del resto de la comunidad. Si bien Nepal ha prohibido esta práctica hace doce años, aún siguen existiendo casos como el de Roshani, sobre todo en los pueblos más aislados. En muchos otros países, principalmente de África y Asia, la menstruación es un tema tabú y las mujeres son estigmatizadas por el simple y natural hecho de menstruar.

En Afganistan, tienen grandes problemas para acceder a productos de higiene íntima como tampones o compresas, además del mito existente de que no pueden lavar sus zonas genitales durante su período. En Irán, se considera que los tampones suponen una amenaza para la virginidad de las niñas, por lo que no pueden acceder a ellos. En Bangladesh, se deben enterrar los paños menstruales después de usarlos para no atraer a los malos espíritus, hecho que supone un gasto económico importante y genera situaciones insalubres.

La ONG Global One hizo un estudio en campos de personas desplazadas y refugiadas en Siria y Líbano, donde descubrió que alrededor del 60% de las mujeres que allí viven no tienen acceso a ropa interior o a productos de higiene intima. De hecho, ante la crisis humanitaria en la se encuentran las personas refugiadas en las fronteras europeas, las organizaciones que gestionan la ayuda han pedido que se envíe menos ropa y mas productos de higiene, en concreto, los necesarios para la higiene personal durante la menstruación, ya que los gestores de la ayuda tienden a ser hombres que dejan en un segundo plano las situaciones que solo atañen a las personas que menstrúan, tanto mujeres como hombres transgénero.

Todas estas personas que sufren la falta de acceso a productos de higiene específicos para su menstruación acaban utilizando materiales u objetos insalubres como telas sucias u hojas de arboles, lo que puede causarles infecciones que, en general, no son bien tratadas por la falta de recursos o bien por el tabú a la hora de hablar de estos temas.

Aunque nos puedan parecer problemas tercermundistas de Oriente, en la parte tercermundista de Occidente muchas son las personas que tienen grandes dificultades para acceder a productos de higiene menstrual, como tampones o compresas, los cuales son utilizados por mas del 80% de quienes pasan su período. En Argentina, una persona que menstrúa gasta entre 700 y 1000 pesos anuales en este tipo de productos, los cuales tienen un tipo impositivo del 21%. La campaña de Economía Feminista #Menstruacción se enfoca en la eliminación de dicho impuesto.

Gracias a esta campaña, en la Provincia de Buenos Aires se presentó un proyecto de ley que pretende garantizar el suministro de productos de higiene menstrual a toda la población bonaerense en edad de menstruar en escuelas, cárceles, comedores y albergues. La campaña también exige que se dediquen esfuerzos a la investigación para analizar cual es la relación entre el absentismo escolar y los ciclos menstruales de las menores en Argentina. A nivel mundial, el 40% de las niñas no tienen acceso a productos específicos para la menstruación por lo que faltan a clase durante su periodo. Esto provoca absentismo escolar, retraso en su aprendizaje y aumenta la desigualdad de oportunidades entre niños y niñas.

Si bien los tampones y las compresas desechables son métodos sumamente prácticos tanto de llevar como de cambiar, así como fáciles de conseguir en cualquier supermercado o almacén cercano, conllevan toda una serie de desventajas. En lo económico, estos productos son muy caros si tenemos en cuenta que hablamos de bienes de primera necesidad. A su vez, el impacto ambiental es altísimo, ya que una persona que menstrúa gasta a lo largo de su vida unos 11.500 tampones o compresas, lo que supone 135 kg de residuos que tardarán entre 500 y 800 años en degradarse por completo.

Existen otros métodos 

Además de los productos tradicionales ya mencionados, existen otras alternativas mas económicas y mas respetuosas con el medio ambiente y también con nuestro cuerpo.

La copa menstrual esta hecha de silicona médica hipoalergénica, por lo que es en extremo higiénica. Está disponible en diferentes tamaños al igual que los tampones, aunque su capacidad de absorción es mayor por lo que puede ser cambiada con menos frecuencia; esto es ideal si pensamos en las personas sin hogar que no pueden disponer con facilidad de un baño donde asearse. Dos copas menstruales tienen un valor aproximado de $600 y se calcula que duran aproximadamente unos 10 años, por lo que a lo largo de una vida se gastarían unos USD $150 utilizando este método.

La ropa interior absorbente es otra de las opciones a valorar. Según sus creadoras, equivale de dos puestas de tampones, aunque si el flujo es muy abundante puede ser necesario llevar una muda de recambio en el bolso. Están disponibles en variedad de colores y modelos, y el precio de 5 prendas es de USD $145. Se calcula que su uso, al igual que la copa menstrual, es de unos 10 años por lo que se gastarían en este tipo de prendas unos USD $450 aproximadamente en toda su vida. Si consideramos que, con o sin menstruación, utilizamos ropa interior, este gasto no resulta tan significativo.

Las compresas reutilizables están hechas con algodón de primal, son lavables en cualquier lavadora y su vida útil también está calculada en unos 10 años. Cada una vale unos USD $10, lo que nos llevaría a un gasto total durante toda nuestra vida de unos USD $240. La gran desventaja de este método es que, a la hora de cambiarnos cuando estamos fuera de casa, debemos llevar la compresa usada con nosotras durante el resto del día.

El último de los métodos es de seguro el menos conocido: las esponjas marinas. También son lavables, reutilizables, hipoalergénicas y 100% biodegradables. Además, tienen la capacidad de regenerarse, por lo que son consideradas la opción más sostenible de todas las expuestas. Estas esponjas deben insertarse en la vagina pero pueden ser recortadas para darle el tamaño y la forma que mejor nos convenga. Tienen una duración de entre 3 y 8 horas y su vida útil es de unos 6 meses aproximadamente. Si consideramos que el par de esponjas ronda un precio de USD $20, a lo largo de nuestra vida estaremos gastando más o menos lo mismo que en tampones o compresas desechables, aunque de forma más sostenible.

Dar un paso más, cambiar nuestros hábitos

Diana Sierra es la creadora del proyecto BeGirl, llevado a cabo en Uganda, donde la propia comunidad fabrica ropa interior impermeable con un orificio donde introducir materiales absorbentes que luego pueden ser desechados o lavados y reutilizados. De esta manera, se acerca a todas las mujeres, las niñas y los hombres trans métodos alternativos a los industriales de higiene menstrual.

La idea de abastecer a la sociedad con útero de productos de higiene menstrual es totalmente válida y necesaria, ya que no todo el mundo puede disponer de dichos productos. La cuestión está en qué es lo que repartiremos. Podemos optar por los métodos tradicionales desechables, cuyo impacto ambiental y económico es elevado, o podemos optar por alternativas respetuosas con el medio ambiente, más económicas, y que den un giro hacia nuevas formas de consumo responsable.

Paro internacional de las mujeres

Después del tuitazo nacional que llenó las redes de motivos por los cuales marchar este 8 de marzo te contamos un poco más de las actividades que se van a desarrollar, algunas campañas interesantes y datos que tenes que saber.

El paro internacional de las mujeres tiene como pilar cambiar el sentido que se le otorga a este día histórico en el cual, hace 107 años atrás,  100 mujeres de 17 países diferentes reunidas en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas proclamaron ese día para poder reclamar por la igualdad de derechos y en ese entonces por el sufragio universal.

Hoy en día, lastimosamente, aún quedan muchas cosas por las cuales manifestarse tanto en los aspectos económicos, profesionales como en los personales, y el día de la mujer está todavía muy lejos de ser uno de fiesta y celebración.

Es por eso que las mujeres no estamos tranquilas, tenemos las necesidad de ser escuchadas, leídas, retwitteadas, porque las ideas surgen, el cuerpo pide luchar y el tiempo de cambio es este, ahora, ya.

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El Paro Internacional de Mujeres en Argentina se realizará el miércoles 8 de marzo, desde las 12 horas, cuando un “ruidazo” dará comienzo a la acción colectiva que confluirá en una movilización, a partir de las 17, desde Congreso hasta Plaza de Mayo. Además de nuestro país, américa latina y 30 países más de todo el mundo van a ser partícipes de este día histórico.

“En Islandia la medida del último paro de mujeres, consistió en entrar como todos los días a las 9 de la mañana pero dejar sus puestos de trabajo a las 2:38 PM (en vez de a las 5 PM) cumpliendo el 72 por ciento de su jornada laboral porque trabajaron el equivalente a lo que ganan con respecto a un varón. Si la misma medida se hubiese tomado en Argentina las mujeres deberían dejar su lugar de trabajo a las 2:00 PM. En Estados Unidos podrían irse a las 2:20 PM, pero si se trata de una mujer negra a las 1:48 PM o una latina a las 1:24 PM”, describe la Doctora en Economía Mercedes D’Alessandro, autora del libro “Economía Feminista”.

Me vino la Menstru-acción

Asimismo, desde el espacio en el que escribe D’Alessandro, Economía Feminista, se propulsó la idea de organizar una colecta  de productos de higiene femeninos (en especial copas menstruales) para hacerlos llegar a personas que los necesiten como una protesta ante los impuestos que no deberían tener estos productos y su acceso que tendría que garantizarse en institutos educativos, cárceles y espacios comunitarios.

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Entonces, ¿te vamos a ver a vos marchando con nosotras? Pará, pensá y movilizate, tu voz es importante, vos sos importante.