Menstruar es humano y es nuestro derecho

Artículo colaboración escrito por Valentina De Rito


Más de la mitad de la población mundial menstrúa. Esto es un hecho. Una semana al mes, todos los meses, millones de personas menstruantes atraviesan el llamado «período», con sus dolores, sus sensibilidades y sus matices. Probablemente, muches tenemos la suerte de proclamarnos privilegiades, porque jamás nos hemos visto en falta de toallitas o tampones ni de medicación para hacer más tolerables las molestias abdominales, las cefaleas o cualquier otra dolencia que pueda aquejarnos durante los días en que nos encontramos menstruando. 

Sin embargo, esto no es así para todes. Algo que a simple vista parecería tan básico como la posibilidad de contar con productos de higiene menstrual no es una realidad para la totalidad de las personas que menstrúan. En nuestro país, aquelles que cuentan con ingresos insuficientes muchas veces tienen que elegir entre comprar un paquete de toallitas y alimentarse a elles y a sus familias. El resultado es que muchas personas han tenido que resignarse a utilizar trapos u otros productos insalubres para evitar mancharse.

Pero eso no es todo. Para les niñes jóvenes, esta inequidad en el acceso a productos de gestión menstrual se traduce en ausencias al colegio y en adultes lo mismo ocurre con sus trabajos. Si, como se estableció anteriormente, es un hecho que más de la mitad de la población menstrúa, ¿cómo es posible que aún existan estas enormes brechas entre quienes pueden transitar menstruaciones en condiciones de higiene y quienes no? ¿Cómo es posible que se convierta en un privilegio?  Y, en el caso de la Argentina, ¿qué hace el Estado para acortar estas distancias? ¿Qué políticas públicas se han esbozado para enfrentar esta desigualdad de género? 

El precio de nuestra sangre

En mayo de 2021, el gobierno de la Nación dio a conocer un documento llamado «Justicia Menstrual. Igualdad de género y gestión menstrual sostenible». El informe, presentado por la directora de Economía, Igualdad y Género, Mercedes D’Alessandro, y la Subsecretaria de Asuntos Parlamentarios de la Jefatura de Gabinete de Ministros, Cecilia Gómez Miranda, supone un análisis de la situación en nuestro país y los avances en políticas públicas realizados para abordar la gestión menstrual. 

Cabe mencionar una problemática de base que vulnera derechos de buena parte de la población menstruante: las estadísticas se forman a partir de los datos recolectados en encuestas oficiales de carácter binario, invisibilizando a todas aquellas personas menstruantes que no sean mujeres. De allí que el vocabulario usado para informar ciertos datos duros no refleje la realidad de estas identidades.

Un primer apartado del reporte lleva como título «El costo de menstruar» y supone un exhaustivo relevamiento de datos que hacen a la situación económica de quienes menstrúan. En primer lugar, se resalta el hecho de que las mujeres parten de una desigualdad que es estructural en la medida en que sus ingresos son menores que los de los varones y poseen una mayor tasa de desempleo. Esta situación se agravó el pasado año como consecuencia de la pandemia por COVID-19, ya que que muchas mujeres perdieron sus trabajos u observaron importantes recortes en sus salarios. Es decir, como señala el reporte, una pobreza que se encontraba feminizada se ha visto duramente agravada, en un contexto en el que la suba de precios es prácticamente constante. Y en esa escalada, los productos de higiene menstrual no se quedan atrás. 

La pregunta: ¿qué ocurre cuando se intersectan una desigualdad con una inequidad estructural? La respuesta: una marginalización que es doble, que lleva dos caras y actúa reafirmando (y recondenando) a la mitad de la población a habitar en los márgenes de la sociedad. Porque en el momento en el que se produce dicho encuentro, lo que ocurre no es solo que quienes menstrúan no poseen ingresos que les permitan satisfacer necesidades básicas como lo son la comida, la vivienda, la vestimenta, entre otras. A esto se le suma que, durante los días en que menstrúen, se les adicionará un gasto que les implicará tener que recortar aun más sus acotados presupuestos. De más está decir que, entre comer o mancharse, muches eligen comer.

Además, en nuestro país, los productos de higiene menstrual traen añadido el impuesto al valor agregado (IVA). El documento de Justicia Menstrual señala que, evidentemente, este gravamen posee una naturaleza discriminatoria por una muy sencilla razón: quienes menstruamos no tenemos otra opción más que pagarlo.  

En resumen, y solo para introducir algunos números que permitan ilustrar la situación, es posible decir que: 

  • Por año, cada persona que menstrúa gasta aproximadamente entre 3000 y 4000 pesos argentinos en productos de higiene menstrual (toallitas/tampones), sin contar analgésicos o ibuprofenos que les ayuden con posibles dolencias típicas de la menstruación. Este monto supone el 43,98% de la Canasta Básica Alimentaria y el 86,85% de la Asignación Universal por Hijo. 
  • En el caso de los productos de higiene menstrual contemplados dentro del programa Precios Cuidados, estos contemplan una baja en el precio: cuestan entre 1900 y 3000 pesos. Este monto supone el 26,34% de la Canasta Básica Alimentaria y el 52% de la Asignación Universal por Hijo.

Se observa entonces que la brecha de género no es simbólica, muchísimo menos exagerada: existe un costo que se impone sobre nuestras menstruaciones. Y lo que es aún peor: es ineludible. Quienes menstruamos no tenemos alternativa más que encontrar los medios para hacernos de dichos productos en pos de transitar los períodos de forma sana e higiénica. La pregunta sería, entonces, ¿qué se hace o se ha hecho hasta ahora para intentar disminuir esta enorme desigualdad sexogenérica? 

Foro nacional de Acciones para alcanzar la Justicia Menstrual.

Políticas públicas: ¿proyectos y soluciones? 

En diciembre del pasado año, se realizó el primer foro nacional de Acciones para alcanzar la Justicia Menstrual, bajo la iniciativa del Poder Ejecutivo Nacional de alcanzar mayores niveles de equidad en lo que hace a la higiene y la gestión menstruales. En este sentido, se plantearon una serie de políticas, tanto a nivel ejecutivo como a nivel legislativo, destinadas a marcar agenda en la temática e intentar avanzar en pos de dicho objetivo. Entre ellas, es posible destacar: 

  • La creación de un taller de gestión menstrual a cargo del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y el Ministerio de Mujeres, Políticas de Géneros y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires destinado a 28 000 promotoras territoriales. 
  • La entrega de copas menstruales para las trabajadoras de las Fuerzas Federales, en conjunción con una capacitación sobre su debido uso. 
  • La inclusión de la menstruación como temática dentro de los programas de Educación Sexual Integral. 

A su vez, este año, el gobierno Nacional anunció que invertiría más de 19 millones de pesos en la compra de copas menstruales para mujeres presas, promotoras comunitarias de género y mujeres cumpliendo arrestos domiciliarios. El pasado junio, se entregaron 30 copas menstruales en la cárcel de Los Hornos, La Plata. 

Existen, por otro lado, políticas bosquejadas a nivel legislativo en materia de gestión menstrual. Hoy por hoy, 14 proyectos de ley están destinados a ella, cuatro en el Senado y diez en Diputados. Estos giran en torno a diversas aristas que hacen a la gestión menstrual en sí: desde la eliminación total o parcial del impuesto al valor agregado hasta campañas de concientización y promoción sobre los derechos de las personas menstruantes, pasando también por la generación de una gestión que tenga en cuenta el impacto ambiental de muchos de los productos de higiene menstrual, en pos de generar alternativas amables no solo para las personas sino también para con el medio ambiente. 

Sin embargo, el informe Justicia Menstrual señala un dato que resulta, como mínimo, preocupante: de los 14 proyectos, 13 perderán su estado parlamentario si no son aprobados por al menos una de las cámaras antes del 30 de noviembre de 2021. Y de todos ellos solo ha sido presentado uno. 

Se observa entonces, una problemática primordial: los proyectos están, pero es necesaria más atención. Es preciso ir más allá de la redacción de textos legislativos; estos deben ser aplicados para que se produzca un cambio. La menstruación, y las personas menstruantes por adyacencia, han sido relegadas una y otra vez en el curso de la historia. Se las ha condenado al silencio y a la vergüenza, se ha nombrado al período con un nombre de varón (Andrés) y, hasta el día de hoy, resulta un tema sensible del que no se puede conversar abiertamente. 

Es necesario que esto cambie. Nuestra salud sexual y reproductiva no puede ni debe hacerse a un lado.  Los costes económicos y ambientales que acarrean las condiciones actuales resultan dañinas a nivel planetario. Nuestra menstruación es nuestro derecho: tenemos que tener la posibilidad de transitarlas de formas igualitarias, libres de sexismos y de tabúes, teniendo acceso a productos que sean beneficiosos para nuestros cuerpos y nuestro planeta. La discusión no puede esperar más. Y nosotres, tampoco. 


Fuentes: 

Reino Unido eliminó el impuesto a productos de higiene menstrual

Desde el 1 de enero de este año, Reino Unido integra el listado de países en sacar el «tampon tax» del 5% a los productos de higiene menstrual como tampones y toallas sanitarias.

Sigue leyendo Reino Unido eliminó el impuesto a productos de higiene menstrual

Hablemos de higiene menstrual

Eufemismos que ocultan el proceso natural de úteros, leyendas, mitos, tabúes y cuántas cosas más que aportan a una invisibilización sistemática sobre la menstruación. ¿Cuál es la importancia de hablar sobre higiene menstrual? ¿Por qué debería ser considerado un derecho y una temática a tratar desde el ámbito estatal?

DE QUÉ HABLAMOS CUANDO DECIMOS HIGIENE MENSTRUAL

En los últimos años se volvió imprescindible comenzar a hablar de la menstruación como una ocupación y preocupación pública. 

Desde siempre, el menstruar ha estado vinculado con la privacidad y lo íntimo: algo que deberíamos esconder y disimular. Así es como nos lo han enseñado, desde el miedo y la vergüenza, cuando, muy por el contrario, es un proceso físico y natural que interpela a todas las personas que portan útero.

Quizás te interese leer: «Menstruar no es TABÚ», por Florencia Bareiro Gardenal

Cuando hablamos de higiene menstrual, hablamos de algo que debería ser un derecho. Poder tener el control sobre la higiene de nuestros cuerpos cuando atravesamos los días de sangrado es algo elemental tanto para nuestra salud mental como corporal.

La venta de nuevas tecnologías para la higiene menstrual, tales como toallas femeninas —convencionales y de tela—, tampones, protectores diarios y copas menstruales, dio lugar a la posibilidad de mantener una higiene adecuada durante los días de sangrado y así permitir a todas las personas menstruantes seguir con su vida normal. 

Sin embargo, actualmente acceder a estos productos es un privilegio por sus elevados precios y las desventajas económicas que las brechas salariales producen. Según Economía Femini(s)ta, el promedio del costo por persona y por año de toallitas femeninas es de $1924,41 y el de tampones es de $2.136,84 (datos que fueron recolectados en marzo de 2019).

A su vez, según un informe del Ministerio de Economía nacional: «Las mujeres son las que sufren los mayores niveles de desempleo y precarización laboral. Ganan, en promedio, un 29% menos que sus pares varones, brecha que se amplía para las asalariadas informales, alcanzando un 35,6%» (Las brechas de género en la Argentina, 2020). Por otro lado, las condiciones económicas de las personas trans, travestis y no binaries son completamente desconocidas ya que el Estado todavía no ha realizado ningún abordaje de este tipo.

Por ende, tenemos una doble problemática económica. ¿Cómo hace el grupo etario más desaventajado para cubrir los elevados costos de estos productos esenciales? 

MENSTRUAR COMO POLÍTICA PÚBLICA

En el pasado mes de noviembre, Escocia se convirtió en el primer país del mundo en votar una ley que obliga a que todos los espacios públicos, tales como escuelas, universidades, cárceles y hogares de día, provean gratuitamente productos de higiene menstrual a todas las personas que los soliciten. 

El proyecto de ley intenta solucionar la problemática económica estructural que afecta directamente a las personas menstruantes. 

Para esto, se realizó una encuesta a la sociedad en la que distintas perspectivas sobre esta problemática fueron reflejadas. Un concepto muy usado fue el de Period Poverty (pobreza menstrual) que una oradora bien describe:

«Cuando une tiene la preocupación sobre cómo va a pagar los impuestos para así mantener el gas, la electricidad y para comprar comida, la última cosa que necesita es la preocupación de no poder comprar productos sanitarios. Usar simplemente papel higiénico no es suficiente. […] Yo conozco lo vergonzoso de que el sangrado te atraviese la ropa, así que la preocupación constante durante todos los días del periodo debe causar mucho estrés extra. La provisión de productos de higiene menstrual aliviaría lo que debería ser un estrés innecesario».

Claire Shepherd (pág. 8. Consultation Summary). 

Por otro lado, algunas respuestas a la encuesta apelaron a que la menstruación forma parte de una biología que no es opción, que es importante para una persona menstruante poder tener al menos el control de la higiene de esta naturaleza. 

La importancia de que la higiene durante la menstruación sea una política pública radica en que muchas personas la atravesamos y que no todas tenemos el privilegio de tener bajo control esta higiene. Esto trae como consecuencias, por ejemplo, que niñes y adolescentes falten a la escuela durante los días de sangrado porque no pueden administrar su higiene. 

¿QUÉ PASA EN ARGENTINA?

En nuestro país, hay proyectos de ley a nivel nacional y provincial que buscan la conquista de este derecho. 

Un ejemplo es el de Norma Durango que fue realizado este año. Este no solo busca la provisión gratuita de productos de higiene menstrual en todos los recintos públicos tales como escuelas, universidades, cárceles, instituciones de salud mental y hogares de día/noche, sino también la eliminación del impuesto IVA a este tipo de productos, la investigación sobre el impacto en el ambiente y en le usuarie de los productos descartables (toallitas, protectores, tampones, entre otros) y el fomento del uso de productos reutilizables (copa menstrual, toallitas de tela, entre otros).

Además, solicita la articulación del proyecto con la ESI (Educación Sexual Integral), para así ampliar el conocimiento de les niñes y adolescentes sobre el periodo menstrual.

En tanto, en el Municipio de Morón (Buenos Aires), en Santa Fe y en la Municipalidad de San Rafael (Mendoza) la provisión de productos de higiene menstrual es gratuita a través de una ordenanza local. Esta es una problemática necesaria a solucionar, es la conquista de un derecho básico de salud, es visibilizar realidades y naturalezas. Es indispensable.


En pandemia, seguimos menstruando

Durante mayo, el equipo de Economía Femini(s)ta recaudó más de $140.000 para la compra de productos de gestión menstrual y artículos de limpieza que fueron donados a barrios populares a través de La Garganta Poderosa.

Desde 2017, Economía Femini(s)ta lleva cabo #MenstruAcción, una campaña que busca visibilizar a la menstruación como un factor de desigualdad, ya que los productos y las condiciones necesarios para realizar una adecuada gestión menstrual no son accesibles para todas las personas que los necesitan.

Los puntos principales se mantienen desde el comienzo, organizados en tres reclamos centrales:

  • Eliminación del IVA de los productos de gestión menstrual.
  • Provisión gratuita de productos de gestión menstrual en escuelas, universidades, comedores, cárceles, espacios comunitarios y refugios para personas en situación de calle.
  • Investigación y acceso a la información para promover políticas públicas que tomen dimensión de los aspectos educativos, de salud, económicos y ambientales derivados del uso de los productos de gestión menstrual.
Tweet de @EcoFeminita

Dos años después de su creación, consiguieron la presentación 12 proyectos de ley, la inclusión de tampones y la ampliación de la oferta de toallitas en el Programa Precios Cuidados, la donación de más de 15.000 productos de gestión menstrual y su distribución en contextos vulnerados y la realización de talleres formativos en al menos 10 provincias de nuestro país.

Gestión menstrual

A partir del material docente «ESImportante hablar de menstruación», reconocemos a la gestión menstrual como la necesidad de acceso a agua limpia, instalaciones sanitarias adecuadas, elementos de gestión menstrual, lugar para la eliminación de desechos, conocimiento y visibilización de la temática. Su importancia radica en evitar una serie de consecuencias que van desde lo económico hasta lo ambiental.

Consecuencias económicas:
Infografía de ANCCOM

Si bien sabemos que las mujeres ganan un 27% menos que los hombres, a la problemática se le suman los precios elevados que presentan los productos de higiene menstrual. La «Tasa rosa» o el «Pink Tax» es una recarga del 30% a determinados productos de higiene femenina, que representan la cara menos visible de la desigualdad de género.

En 2020, el gasto anual en toallitas ronda los $2.900 y el de tampones los $3.800. Esto afecta silenciosamente a la economía de todos los cuerpos que menstrúan.

Consecuencias ambientales:

Se calculan desechos de al menos 130.000 toneladas de residuos no biodegradables por el uso de tampones en Argentina. Aquí es donde se vuelve fundamental proponer como alternativa el uso de toallas de tela o copas de silicona, que tienen un tiempo de vida de entre 3 y 10 años y no generan residuos.

Consecuencias en la salud:

Por falta de información y de acceso a productos de higiene, muchas veces se practican formas de gestión menstrual antihigiénicas, como el uso de paños viejos y desgastados o trapos, que pueden causar infecciones del tracto urinario, problemas de salud reproductiva y hasta infertilidad.

Consecuencias en la escolaridad:

El ausentismo escolar durante los días de período menstrual afecta al 20% de las personas que menstrúan en Asia y África. En Argentina, esos datos ni siquiera se registran y por eso se vuelve necesario hablar de menstruación. Que el tema sea tabú para la mayoría de les adolescentes aunque se encuentre en la currícula obligatoria de los colegios primarios y secundarios no ayuda.

En cuarentena también menstruamos

Imagen de tuit de @EcoFeminita

La pobreza, el trabajo informal y precario y el riesgo habitacional son factores que afectan principalmente a las mujeres y que se agudizan en estados de emergencia sanitaria como el que atravesamos hoy. Lo mismo sucede con la menstruación. En esta oportunidad, Economía Femini(s)ta se unió con La Garganta Poderosa.

En el marco del Día Mundial de la Salud Menstrual, realizaron durante el mes de mayo una nueva colecta de dinero para la compra y posterior donación de tampones, toallitas, y copas menstruales en pleno aislamiento obligatorio. Los resultados fueron exitosos: más de $140.000 recaudados. Aunque la colecta ya finalizó, desde la campaña se sigue apelando a la lucha por el reconocimiento de la gestión menstrual como una necesidad básica.

Sangrado azul en los medios de comunicación

A nivel cultural la menstruación sigue siendo un tema del cual no se habla. En las publicidades de productos de higiene menstrual hasta 2019 no se había televisado sangre. Por otro lado, es normal que se pregunte por «Andrés» o decir «estoy indispuesta» en vez de nombrar pertinentemente el período menstrual.

Que arrastre un estigma social tiene consecuencias directas no solo a nivel estatal en la falta de generación de políticas públicas sino también a nivel comunidad, ya que contribuye a la falta de producción y circulación de información.

Sumá tu aporte

Al ser una campaña de tipo autogestiva, sin fines de lucro, #MenstruAcción sigue necesitando aportes para el reparto de recursos y la formación de sus profesionales. Se puede donar dinero para la campaña aquí.


Fuentes:

Menstruar no es TABÚ

«No estoy indispuesta, ni me vino andrés.

Estoy menstruando.

Y no es tabú».

Sigue leyendo Menstruar no es TABÚ

28 de mayo: Día Mundial de la Higiene Menstrual

Cada 28 de mayo se celebra el Día Mundial de la Higiene Menstrual, una iniciativa que busca dejar los tabúes de lado y hablar de menstruación.

Esta iniciativa, que comenzó la ONG Wash United, busca no sólo hablar sobre menstruación, sino también sobre los problemas que genera la falta de educación al respecto y la importancia que tiene en la vida de quienes mes a mes atraviesan su ciclo menstrual.

Desde la ONG, lanzan nuevos informes todos los años para derribar mitos sobre la menstruación y dar información fidedigna. Además, buscan concientizar y poner de manifiesto el impacto que tiene la menstruación en la salud física y emocional de las personas.

86ae847bc114abfffd2dfa8a0a694e65
«Educar sobre menstruación cambia todo». |Foto: Menstrual Hygiene Day.

La falta de información (que a muches podría sorprender por su alcance) va desde no saber qué es el ciclo menstrual y por qué se produce hasta tener extraños rituales durante los días en los que se está menstruando. Un ejemplo es lo que ocurre en Nepal, donde las personas menstruantes deben dormir lejos de sus familias durante su período e incluso se les prohibe comer ciertos alimentos.

En nuestro país, una de las principales causas de desinformación es la falta de implementación de la Ley de Educación Sexual Integral. Al día de hoy, muches niñes siguen sin saber cómo funciona su cuerpo y cómo debería ser un ciclo menstrual «normal». También se desconoce que hay muchos métodos de higiene que pueden ser utilizados más allá de las toallitas femeninas o los tampones.

Otro de los problemas que rodean a la menstruación es los precios altos de los productos de higiene. Hoy, en Argentina, un paquete de toallitas femeninas de 8 unidades cuesta alrededor de $25 y uno de tampones de 8 unidades ronda los $30 (varía según la marca).  De acuerdo con un estudio de Economía Feminista, el costo de menstruar por año puede llegar a rondar los $1000.

La falta de políticas implementadas alrededor del mundo también se hace visible en los ámbitos escolar y laboral. Son muchos los países donde les niñes se ausentan de clases durante su ciclo, no solo debido a las molestias y el malestar que puede causar sino debido al estigma que hay alrededor de la menstruación y la falta de lugares apropiados para la higiene menstrual.

La menstruación no solo implica un gran gasto: es también una pérdida de ingresos por las ausencias al trabajo. En el ámbito laboral, las personas en edad menstrual ocupan el 40% de la población laboral activa. Si bien en algunos convenios de trabajo se estipula una cantidad de días «femeninos» que dan la posibilidad de ausentarse, esto no ocurre en todos lados.

El año pasado, Economía Femini(s)ta comenzó su proyecto #MenstruAcción. Desde entonces, en cada marcha a la que asisten reciben donaciones de productos de higiene menstrual así como también firmas para lograr un proyecto de ley que le quite el IVA a dichos productos.

foto_menst_1_-64125
Invitación al «Menstruversario» | Foto: Economía Femini(s)ta

Este 28 de mayo, se extendió la invitación a la gente a acercarse al Congreso de la Nación vistiendo alguna prenda de color bordó para festejar el primer año del proyecto y seguir exigiendo por la quita del IVA y la distribución gratuita de productos de higiene menstrual.

 

Notas relacionadas:
La desigualdad se tiñe de rojo
Me vino la #MenstruAcción
Cosa de mujeres: Menstruación, Género y Poder

 


Fuentes:

Foto de portada:

Cosa de mujeres: Menstruación, Género y Poder

Escritura Feminista asistió el pasado miércoles a la presentación del libro “Cosa de Mujeres. Menstruación, Género y Poder”, de Eugenia Tarzibachi. El evento se celebró en una de las salas del Centro Cultural de la Cooperación y estuvieron presentes, además de la autora, una referente de la secretaría de salud y género del espacio y Barbie, una de las representantes de la campaña #MenstruAcción.

1
“Cosa de Mujeres” surge de la tesis doctoral de Eugenia Tarzibachi y se posiciona como un análisis pionero dentro del feminismo.

¿Por qué pionero?

Porque trata un tema poco trabajado dentro del feminismo (por lo menos, el latinoamericano), que se encuentra en lo minúsculo y que aparenta ser insignificante, en eso tan propio y, a la vez, artificialmente ajeno del «ser mujer»: la menstruación y, con ella, todo el constructo social que intenta hacer del cuerpo menstruante algo defectuoso e impuro en comparación al ideal, al cuerpo amenstrual masculino.

El libro es un estudio minucioso que conjuga relatos, análisis de publicidades, material educacional y estadísticas duras para mostrar de qué manera el discurso publicitario, educacional y médico-científico circulan como relatos autorizados para fundamentar la inferioridad de los cuerpos menstruantes.

Eugenia se encarga de hacer un recorrido a través de las tecnologías de gestión menstrual, haciendo una comparativa entre el mercado estadounidense (donde surgen por primera vez las empresas fabricantes de artículos para la gestión menstrual) y el mercado argentino.  Se trata en el libro la historia del surgimiento de las primeras toallitas en Estados Unidos.

Tras la Primera Guerra Mundial, la empresa Kimberly Clark se había quedado con un gran remanente de apósitos para curar las heridas de los soldados, pedido que le había hecho el propio Estado. La empresa no sabía qué hacer con ese sobrante, hasta que tomó conocimiento de lo que hacían las enfermeras con los artículos en el campo de batalla: los usaban para gestionar su menstruación.

Así se fundó la primera empresa de producción masiva de toallitas, Cellucotton Products Company.  

«La historia de su surgimiento constituye un ejemplo paradigmático del modo en que el cuerpo reproductivo de las mujeres fue colocado al servicio de la maximización de ganancias empresarias y de cómo un producto creado para la guerra fue adaptado para su uso civil de posguerra».

El mercado cumple un rol protagónico a la hora de construir las subjetividades de las personas menstruantes, ya sea a través de la publicidad o a través de la conformación del propio discurso educacional. El Estado argentino ha dejado un silencio en donde deberían haber respuestas y en ese hueco, siempre, estuvo el mercado.

La instrucción escolar a niñas pequeñas sobre el ciclo menstrual estuvo ligada, durante años, a vender productos. Por eso se fomentó la vergüenza, la normalización del cuerpo menstrual y la declinación discursiva de los “protectores femeninos” como masculinos. Pero si hablamos de protectores, vale preguntar ¿protectores de quién?

«A medida que las toallas y los tampones industriales fueron adaptándose al uso cotidiano para la gestión menstrual, se transformaron en aliados de las mujeres.

‘Protectores femeninos’ provistos por una instancia inicialmente identificada con lo masculino y con lo sajón. Con  ellos, ese cuerpo menstrual incivilizado, caótico, vulnerable y desadaptado para su aceptabilidad en la vida en sociedad dejó de tener un papel protagónico, aunque comando, desde la sutileza de lo implícito, el sentido dado a esos productos como reparadores de un cuerpo ‘naturalmente’ defectuoso».

En la misma línea, “Cosa de mujeres” analiza la conformación del discurso médico que, al tratar el proceso menstrual, imparte un destino único y universal para todas las mujeres: el ser madres. Los materiales didácticos excluyen al clítoris de sus gráficos y la medicina se ancla en describir un mecanismo de fecundación que reproduce relaciones de género.

A todas nos han repetido, una y mil veces, el modo en que el óvulo, incrédulo y un tanto perezoso, espera que el ágil espermatozoide lo penetre, lo fecunde y, en cierta medida, lo haga suyo. Una reproducción de la heteronorma. 

«Martín contrasta esta metáfora con una investigación realizada en el Departamento de Biofísica de la Universidad John Hopkins. (…) La fuerza del espermatozoide no se dirigiría hacia adelante sino hacia los costados y se ‘escaparía’ del contacto con cualquier superficie. (…) El óvulo atraparía al esperma y en ese momento se activarían las enzimas digestivas del semen».

Sin embargo, después de este descubrimiento, los investigadores siguieron representando al esperma como un agente activo que «ataca», «aprisiona» y «penetra» para entrar en el óvulo.

Menstruate+with+pride-+oil+on+canvas+-+Sarah+Maple.jpg

En el marco de la presentación, también estuvo presente Barbie, referente de Economía Femini(s)ta, el colectivo que impulsa la campaña #MenstruAcción.

La pregunta central que estructura esta campaña es: ¿qué pasa cuando una persona no puede comprar los productos de gestión menstrual? Teniendo en cuenta que el sesgo social sobre el cuerpo menstrual, y su visibilidad en el espacio público (y también privado) queda completamente prohibida, el uso de las tecnologías para la gestión menstrual se hace obligatoria.

Ausentismo escolar, estigma y exclusión son sólo algunos de los efectos que pueden sufrir las personas menstruantes ante la evidencia del cuerpo menstrual. En esta línea, se hace inminente reconocer a estos productos como de primera necesidad.

58be2d3a2a87e

“Cosa de Mujeres” es un análisis acabado de cómo diferentes discursos institucionalizados construyeron la subjetividad de la persona menstruante y, por eso, es imprescindible su lectura. Pero, además, Eugenia traza un camino de deconstrucción, plagado de testimonios, que nos hacen conectar con otras mujeres, conocerlas y conocernos, darle forma a eso que llamamos “lo personal es político”.

Me vino la #MenstruAcción

Duele. Sangra. Toallita. Tampón. Copa. Ibuprofeno. Otro más. El primer día es el peor. No, el segundo es el peor. Me viene mucho. Me viene poco pero con dolor. Ni me doy cuenta cuando me viene, es un poquito de sangre. Tengo hemorragias. No me puedo levantar de la cama. Me duelen los ovarios. Estoy indispuesta. Me visitó andrés. Me duele la panza. Me siento mal. No puedo ir. No puedo moverme de mi cama.

¿Qué pasa si te viene y vivís en la calle? ¿Qué pasa si la plata sólo te alcanza para comprar un kilo de pan en vez de 8 toallitas? ¿Qué invento hacés para poder higienizarte? ¿Cuántas infecciones puede sufrir tu cuerpo? ¿Qué pasa si sos varón trans?

La campaña «MenstruAcción» instaló el debate sobre todas estas cuestiones, desde aquello que nos suena más conocido hasta eso en lo que nunca nos pusimos a pensar. El objetivo es visibilizar a la menstruación como un factor de desigualdad que se suma a la brecha salarial, la redistribución asimétrica del trabajo doméstico y otras tantas disparidades económicas.

La campaña se establece sobre tres reclamos centrales:

  • Eliminación del IVA sobre los productos de gestión menstrual.
  • Provisión gratuita de productos de gestión menstrual en escuelas, universidades, comedores, cárceles, espacios comunitarios y refugios para personas en situación de calle.
  • Investigación y acceso a la información para promover políticas públicas que tomen dimensión de los aspectos educativos, de salud, económicos y ambientales derivados del uso de los productos de gestión menstrual.

La menstruación es un hecho que presenta necesidades particulares: acceso a agua limpia, instalaciones sanitarias adecuadas, elementos de gestión menstrual, lugar para eliminación de los desechos y, especialmente, conocimiento y visibilización de la temática. Muchas personas carecen de los saberes, el apoyo y los recursos para manejar la menstruación.

La dificultad o la falta de acceso a productos de gestión menstrual también impacta en el derecho a la educación. De acuerdo con información recabada por el Banco Mundial, se estima que a nivel global niñas y jóvenes pierden entre el 10% y el 20% de los días de clase por causas relacionadas con la menstruación. Según el programa WASH de UNICEF, menstruar presenta retos particulares para las niñas y las adolescentes en edad escolar. En el caso de los niños trans es aún más difícil, ya que pocas veces son tenidos en cuenta en la información que las escuelas proveen sobre el tema. Esto viola derechos humanos básicos e interfiere con la Ley de Identidad de Género.

La falta de acceso a productos de gestión menstrual resulta en prácticas inadecuadas que, de acuerdo con UNICEF a través de su programa WASH, implican una violación del derecho a la dignidad de las personas que menstrúan. Esto es en especial problemático en el caso de personas de bajos recursos y de quienes se encuentran en situación de calle. La falta de medios para manejar correctamente la menstruación puede resultar en infecciones y daños a la salud física y mental a largo plazo, por practicarse formas de gestión menstruales antihigiénicas como el uso de paños viejos y desgastados o trapos, que pueden causar infecciones del tracto urinario, problemas de salud reproductiva y hasta infertilidad.

Este proceso también impacta en la economía. Las mujeres enfrentan diversas formas de desigualdad económica. En promedio, ganan 27% menos que los varones, tienen mayores tasas de precarización laboral y su tasa de desempleo duplica el 9% nacional. En Argentina, el 40% de las mujeres gana menos de $10 000 por mes y, según datos de marzo de 2017 para Buenos Aires, quienes menstrúan gastan hoy entre $700 y $1200 pesos al año en gestionar su período. El pago del 21% de Impuesto al Valor Agregado (IVA) en productos de gestión menstrual constituye un impuesto regresivo y desigual: no solo tiene un mayor impacto negativo sobre personas de bajos recursos sino también sobre un sector particular de la población.

FlyerUNO.jpg

Es importante instalar la iniciativa como debate público, socioeconómico y político. Una de las formas de apoyar la campaña es sumar firmas para que la #MenstruAccion se trate en el congreso este año en este formulario.

La menstruación debe dejar de ser algo que nos avergüence hasta nombrarla. No deja de ser un proceso natural propio del cuerpo humano.

Y no sólo de las mujeres…


Fuente:

Economía Femini(s)ta