#Reseña Canela

Canela es un documental acerca de una arquitecta, docente, hija, madre, abuela y amiga. Por sobre todo, es la historia de la construcción de una identidad. El estreno fue online y al alquilarlo donás dinero a la Liga LGBTIQ+ de las Provincias.

En este film, Canela Grandi se representa a sí misma: una mujer trans exitosa laboralmente que se plantea si el camino comenzado hace unos años debe terminar allí o avanzar hacia una operación de cambio de sexo. Con 58 años de edad sus miedos no solo se corresponden a la peligrosidad que conlleva tal intervención a su edad, sino también al acompañamiento que podría (o no) tener en el proceso.

Arquitectura de una identidad

Áyax Grandi se recibió de arquitecto en la Universidad de Rosario, donde hoy da clases como Canela. A los 48 años de edad y con tres hijes decidió reconocerse como mujer en un ámbito laboral mayormente masculino. Escenas de obras que ella dirige se intercalan con sesiones de terapia y entrevistas con profesionales de la salud. El filme presenta una analogía entre el trabajo de construcción que ella realiza y su propia construcción como mujer.

Toda la determinación característica de Canela en su ámbito de trabajo se opone a la indecisión que la abruma en el ámbito personal. En sus charlas con amigues y familia se sincera por completo: no está segura de necesitar el cambio de sexo, aunque lo piensa como una tarea pendiente para sentirse «completa». La película transita por su intimidad y sus mayores anhelos, mientras le espectadore se vuelve testigo de la construcción de su identidad.

«A mí me dejaron solo, cuando era hombre. Me dejaron solo en la calle con el menemismo, con un hijo y nadie me dio una mano. Nadie. Esto que yo pasé mis hijos no lo van a pasar».

Entre paseos en camioneta por las calles de Rosario y conversaciones con otras mujeres trans, Canela intenta dilucidar qué debe hacer. Aun habiendo vivido la infancia de sus hijes como padre, Canela como madre reconoce todas las responsabilidades de cuidado que se le asignan. De allí se corresponden muchos de los impedimentos para operarse. Ella no quiere, sin embargo, en pos de proteger a sus hijes, postergar su momento de vivir. La charla con elles se muestra siempre verosímil, en un ir y venir constante entre comprensión y distanciamiento.

El sexo no tiene género

El tema que se debate en esta película es controversial. Desde la teoría, Nelly Richards (2002) aporta que la desvinculación significante entre género y sexo es un logro del feminismo. La teorización ha demostrado cómo esa vinculación se vuelve una taxonomía identitaria. Mediante el concepto «género» se demuestra que las identificaciones sexuales no pueden reducirse a las propiedades anatómicas. Deben entenderse como producto de complejas tramas de representación y poder. Por eso se vuelve importante recordar que el sexo no define el género, ni mucho menos.

El mayor mérito del largometraje es sentirse por un momento en los zapatos de alguien que no nace con la identidad que se reconoce y los avatares que debe enfrentar en una sociedad tan transfóbica como en la que vivimos. Su importancia también radica en que un porcentaje de su recaudación será destinado al sector más necesitado de la comunidad LGBTIQ.

La rosarina Cecilia del Valle guionó, dirigió y produjo su ópera prima Canela (2020) en la que documentó la vida de su amiga. Debido a la cuarentena obligatoria el estreno del film fue mediante la plataforma de cine independiente de la Asociación de Directores «Puentes de cine». En el marco de su reproducción lanzaron un ciclo gratuito sobre «lo trans» que incluye películas como Marilyn (2018), Mía (2011), y Tangerine (2015).

Podés ver Canela en Puentes de cine


#Reseña La mariposa que cambiaba de capullo todos los días

Marsha P. Johnson fue una leyenda, un mito viviente. Nacida el 24 de agosto de 1945, fue una de las activistas más importantes para el movimiento LGBTIA+ en los Estados Unidos. En 1992, la encontraron muerta a orillas del río Hudson, a unas cuadras del bar Stonewall donde la activista trans protagonizó a fines de los años 60 la primera revuelta clave para el desarrollo de los derechos civiles de la comunidad LGBTIA+ en Nueva York.

Si bien la causa fue caratulada por la justicia de Nueva York como suicidio, la familia de Johnson, sus amigos y otros miembros de la comunidad LGBTIA+ creen que no es posible que se haya suicidado. La abogada Victoria Cruz, quien también es una activista trans, busca esclarecer su caso 25 años después. En 2012 lograron reabrir el caso y caratularlo como posible homicidio.

El documental sobre Marsha, disponible en Netflix, no solo muestra la vida de importantes activistas transgénero sino que además muestra la forma de vivir de quienes componen la comunidad. También deja al descubierto la injusticia y la violencia permanente a las que las chicas trans están sometidas históricamente. 

Victoria Cruz comienza a indagar sobre la vida de Marsha, cómo era, en qué pensaban sus allegadxs y, sobre todo, subraya que hay pruebas que faltan, archivos que no se encuentran y circunstancias que hacen que lo determinado por la justicia no sea creíble. El documental atrapa por esa reconstrucción de los hechos y la búsqueda hace que el espectador se mantenga la expectativa.

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Otra gran exponente del activismo trans, amiga y compañera de Marsha, fue Sylvia Rivera, quien puso el cuerpo a la defensa de la comunidad trans y se enfrentó tanto a los de afuera como a los adentro de la propia diversidad, como los varones gay transfóbicos, en distintas apariciones públicas y en su vida cotidiana. Como mujeres transgénero, no tenían los derechos y el lugar que merecían pero Sylvia y Marsha se unían para transformar su época.

Juntas cofundaron la organización Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR; «Activistas travesti revolucionarias de la calle»). Ambas fueron madres de la Casa Star, donde trabajaban a diario, juntando ropa y comida y albergando a quienes lo necesitaban. 

Marsha era reconocida en las calles por su activismo y también en el ambiente artístico: fue fotografiada por Andy Warhol como parte de una serie de polaroids que se titularon «Damas y caballeros» y llamaba la atención en todos los lugares a los que iba, ya que era espontánea, impredecible. Sobre todo lo demás, era una persona bondadosa y una gran líder, que lo daba todo y siempre estaba dispuesta para ayudar a los demás.

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El documental de David France no solo narra la muerte de Marsha P. Johnson, sino que muestra una problemática de género. Habla de la violencia que todavía existe en la sociedad, sobre todo por parte de varones cis heterosexuales, pero además deja al descubierto las falencias que existen en la justicia y las fuerzas policiales a la hora de investigar y de juzgar los crímenes cometidos hacia mujeres transgénero a lo largo de la historia, en los Estados Unidos en particular y en otros países.

Lo que se pone de manifiesto es que, incluso hacia dentro de la comunidad LGBTIA+, las personas transgénero han sido parias, hostigadxs y matratadxs. Aún hoy siguen sin ser juzgados con condenas justas o ejemplares los crímenes transfóbicos. Es este el hilo conductor del documental: la búsqueda de la verdad sobre la muerte de Marsha va dando cuenta del sufrimiento pero también del agradecimiento, la unión y las batallas ganadas de las trans y las drag queens.

El documental se luce en sus imágenes de archivo y en su planteamiento. Es seguir conociendo, y reconociendo en cierta forma, a personas que fueron también personajes y que construyeron algo de lo que somos hoy. Aunque los tiempos políticos, sociales, económicos e históricos cambien, la comunidad trans sigue siendo violentada de forma recurrente y es responsabilidad de todes cambiar eso.