Violencia mediática: la sexualización de siempre

En las últimas semanas, Carolina Ardohain, conocida como Pampita, fue noticia no solo por el nacimiento de su hija Ana sino también por su pronta recuperación después del parto y el regreso a sus compromisos laborales. Lejos de poner en el centro del debate el cuerpo o la manera de maternar de la conductora, se vuelve necesario hacer hincapié en las exigencias de perfección posparto que circulan en los medios de comunicación.

Más allá de los avances en cuanto cuerpos diversos logrados por los feminismos, cada vez que una mujer famosa tiene une hije se destaca su apariencia después de parir. Tanto en los medios como en las redes sociales desbordaron los mensajes del estilo «Pampita se ve espléndida a días de ser mamá», «Así está Pampita hoy: antes de cumplirse una semana del parto», «Pampita deslumbró con su figura tras una semana del parto».

Sin poner el foco en la vida de Pampita, los medios insisten con la idea de «estar perfecta» después del parto, lo cual se suma a las tantas exigencias que tenemos las mujeres. Al celebrar que las madres estén flacas, valorar positivamente la falta de estrías o remarcar que vuelven a trabajar a los pocos días de parir, lo que se logra es generar modelos y estereotipos inalcanzables de cómo deben ser las madres en general.

A pesar de las diferencias de quienes trabajan de la estética de su cuerpo y quienes trabajan de cualquier otro rubro que les permita llegar a fin de mes, el patriarcado existente en nuestra sociedad exige a las mujeres en primer lugar ser madres, luego ser buenas madres y, como si todo ello fuera poco, estar siempre felices, descansadas y recuperar en poco tiempo el peso y la vida de antes de parir.

¿Por qué los medios no utilizan los casos de famosas embarazadas para hablar de la depresión posparto, la lactancia y la falta de licencias por paternidad? La respuesta es sencilla: porque esos temas permiten cuestionar en lugar de reproducir los estereotipos patriarcales de nuestra sociedad.

Esther Vivas, en su libro Mamás desobedientes, explica que el problema de seguir reproduciendo este mensaje es que reaviva la idea de que las mujeres deben ser las «Súper mamis»: mujeres madres con múltiples obligaciones como ser buenas madres, poder con todo y, además, estar espléndidas, con un físico impecable, como si nada hubiese pasado por su cuerpo.

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En oposición a la falsa idea de perfección posparto, la semana pasada se llevó a cabo la semana de la lactancia materna que busca concientizar acerca del proceso. Respecto a ello, la ginecóloga y obstetra Melisa Pereyra, conocida en redes como Ginecoonline, realizó un posteo mostrando la realidad de las mujeres a los pocos días de ser madres y las dificultades a la hora de la lactancia: dolores, falta de espacios y tiempos laborales, entre otros.

Parece tan obvio como indispensable aclarar que la crítica no es a una modelo en particular sino al sistema. Un sistema que propone como única posibilidad la mujer «bella», productiva, que cuenta una historia en la que no existen ni las licencias ni el puerperio ni los dolores. A la vez que remarca como positivo la pérdida de peso. ¿De verdad en el año 2021 seguimos opinando sobre los cuerpos ajenos y aplaudiendo a las mujeres cuando adelgazan?

Otra mujer, la sexualización de siempre

La obligación de quedar «esplendidas» después de un parto no fue la única noticia que puso el foco en el rol de las mujeres en la vida social. También la semana pasada, tras darse a conocer la lista de ingresos a la Quinta de Olivos durante la cuarentena, el diputado de Juntos por el Cambio Fernando Iglesias tuvo dichos violentos acerca de Florencia Peña, quien fue una de entre muchos hombres que habían mantenido reuniones con el presidente de la Nación.

Lejos de cuestionar el accionar de los hombres de la lista o de investigar acerca del propósito de dichas reuniones, el diputado realizó diferentes posteos acompañados de fotos de campañas en ropa interior de la conductora, además de hacer referencia a que la visita no había sido de índole político sino sexual.

¿A alguien se le ocurriría cuestionar una reunión entre hombres o acusar a un actor o conductor que ingresa a la Casa Rosada de mantener relaciones sexuales con el primer mandatario? La respuesta es no. Porque Fernando Iglesias no es el único, son muchos los que ante un desacuerdo político con una mujer buscan descalificarla sexualizándola o criticando su vida sexual y amorosa en lugar de debatir ideas como pares.

En relación con lo anterior, no darles el lugar a las mujeres para mantener un debate de igual a igual solo reproduce el mandato machista que ubica a las mujeres en un lugar inferior, donde se las puede en primera instancia desacreditar pero también insultar y agredir.

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Por otra parte, cabe destacar que Fernando Iglesias, al igual que Waldo Wolff, no son simples usuarios de Twitter sino que son diputados que tienen una responsabilidad como gobernantes para con su pueblo y sus dichos o los tipos de violencia que ejercen para con las mujeres deben ser repudiados en mayor medida. Es por ello que la diputada Gabriela Cerruti, acompañada de otras colegas, pidió la sanción y expulsión de Iglesias de la Honorable Cámara de Diputados.

En repudio a estos hechos, desde el proyecto Mujeres que no fueron tapa aseguraron que «no necesitamos estar de acuerdo para reconocer y repudiar la violencia. Florencia Peña está siendo víctima de violencia digital de género desde hace varios días. No acordamos con lo que promueve en sus redes, en sus formas y discursos, y hasta hemos sido atacadas por ella en alguna oportunidad. Pero eso no nos impide ver lo que sucede y denunciar la violencia que se ejerce sobre ella».

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La violencia contra las mujeres adquiere formas más o menos sofisticadas, pero las consecuencias son las mismas: eliminarnos de los espacios, silenciarnos. Cuando se silencia a una mujer nos están silenciando a todas, se está moralizando con ese ejemplo a las demás. Cuando una mujer tiene voz, cuando una mujer quiere salir del ámbito privado y desempeñarse en el ámbito público, será objeto de los discursos de odio por ser mujer.

Erradicar la violencia simbólica resulta esencial para terminar con la violencia de género en todas sus formas. Para ello, es necesario dejar de concebir a las mujeres como objetos, para reconocerlas como sujetas de derecho y desnaturalizar los espacios donde se legitima la diferencia como desigualdad. A romper moldes, correrse de los límites, cuestionar estereotipos hasta que la libertad deje de ser privilegio masculino.


Imagen de portada: Collage de Tamara García para La Tercera


Eulalia Ares: primera gobernadora en Argentina

Si de revoluciones se trata, el siglo XIX argentino tuvo incontables encuentros armados. Los relatos sobre estos hechos (escritos, casualmente, por hombres) contaron y describieron durante mucho tiempo la actitud heroica, valiente y patriótica de cientos de hombres dispuestos a defender el territorio.

No hace tanto tiempo, el enfoque cambió y se abrió el telón que descubrió a muchas mujeres activas en la defensa nacional argentina. La estereotipada idea construida a lo largo de los años en donde las mujeres tiraban aceite, criaban a sus hijos y asistían a fiestas se vio desdibujada por la contraposición de las tenientes, las generales y las combatientes.

Eulalia Ares fue una de las tantas mujeres que decidió tomar las armas para combatir el orden constitucional establecido. Con Bartolomé Mitre como presidente de facto (1862), algunas provincias modificaban también sus gobernaciones. En Catamarca, Ramón Rosa Correa había vencido en elecciones al gobernador provisional Moisés Omill.

Sin embargo, Omill no cedió el cargo argumentando que Correa no había conseguido la mayoría absoluta de los dos tercios de la asamblea electoral. Con ánimos de defender su legítimo lugar, Correa se enfrentó al usurpador Omill, junto al general Vildoza y otros militares. No tuvieron suerte y fueron derrotados, lo cual forzó su exilio en Santiago del Estero.

Eulalia Ares, catamarqueña nacida en 1809, había asistido al Colegio de las Carmelitas y, cuando falleció su padre, se hizo cargo de los negocios. Años después se casó con el general Vildoza y su activismo político hizo que su vida no se resumiera a ocuparse de su familia puertas adentro de su casa.

Después de la derrota que sufrieron su marido y Correa, y con Omill autoproclamado gobernador constitucional, Eulalia Ares reunió a las esposas de varios exiliados políticos, compró armas en Santiago del Estero y armó la «Revolución de las mujeres». Camufladas con ropa de hombre sorprendieron a la custodia del Cabildo. En el medio de la balacera, Omill se fugó saltando los paredones y huyó a caballo (con ayuda de unos frailes), vestido de monje, hacia Tucumán.

Eulalia fue la primera mujer gobernadora de una provincia argentina, ya que tuvo que ocupar el cargo mientras Vildoza y el resto de los exiliados regresaban de Santiago del Estero.

Aunque fueron solo 10 horas las que estuvo al mando de Catamarca, la gobernadora llegó a establecer algunas medidas como ordenar rezos en agradecimiento al triunfo de la revolución y que se repartieran limosnas entre las personas pobres. Además, convocó al Cabildo y dictó un plebiscito en el que designaba como gobernador provisorio a Pedro Cano hasta que Ramón Correa pudiera regresar.

Después de la Revolución, Eulalia siguió vinculada a la política y marcó huellas de lucha activa y compromiso social de las mujeres para con la patria.


Lo que la elección nos dejó

Hace muchos años, las sufragistas peleaban para que los hombres les reconocieran el derecho a elegir y ser elegidas funcionarias públicas. El debate de entonces hoy resulta increíble y ridículo pero fue real. Las conquistas para las mujeres y las disidencias se lograron gracias a largos procesos de militancia incansable. Hoy la lucha continúa en las calles y en las urnas. Sigue leyendo Lo que la elección nos dejó

#MujeresEnPolítica Marina Hidalgo Robles

Escritura Feminista continúa el ciclo #MujeresEnPolítica con el objetivo de reivindicar la figura de las mujeres en la política, conocerlas, recorrer con ellas su camino profesional y los valores que fueron construyendo a partir de sus experiencias.

Marina Hidalgo Robles es precandidata a diputada nacional en CABA por el Nuevo Más y comparte la lista con Manuela Castañeira, la única mujer precandidata a presidenta. Además, es trabajadora social, referente de Las Rojas y trabaja en la Dirección de Niñez del Gobierno de la Ciudad. Mientras cebaba mates, nos contó su visión sobre la sociedad y nos habló de cómo se fue formando en la militancia y lo que significa para ella ser una mujer involucrada en la política.


Escritura Feminista: ¿Cómo te definirías?

Marina: Soy comprometida, peleadora y divertida, cuento muy buenos chistes.

E. F.: ¿Cuáles son tus principales valores? 

M: No me banco la injusticia y estoy convencida que cuando uno no se banca algo, tiene que hacer algo. Creo mucho en la solidaridad, no como voluntarismo sino como reconocimiento de los otros como iguales.

E. F.: ¿Cómo es tu formación profesional?

M: Soy trabajadora social, estudié en la UBA. Apenas empezada la carrera, conocí a un grupo de compañeras que hacían voluntariado en Santa Fe, en barrios que habían sido inundados a partir de las políticas de gobierno. Ahí empecé a hacer las primeras prácticas profesionales y como militante, hace doce años.

Además, hace diez años trabajo en la Dirección de Niñez del Gobierno de la Ciudad en un programa en el que acompañamos a niñas y adolescentes en situación de explotación sexual.

E. F.: ¿Qué es lo más importante en tu vida?

M: El amor en el sentido revolucionario, el amor como todo lo contrario a la indiferencia. No me imagino no trabajando y no militando en lo que hago, no me imagino mi vida sin eso. No me imagino dejar de dar la pelea para que las cosas sean distintas.

E. F.: ¿Por qué elegiste el camino de la política y la militancia?

M: Desde muy chica fue este mi camino. A los 6 años hice mis primeros volantes, que decían «Salvemos el mundo», porque usaban la esquina de mi escuela como basurero, tiraban cosas y las quemaban y nos entraba todo el humo, pero mi mamá no me dejó salir a repartirlos. Mis viejos me explicaron qué eran los partidos de izquierda, me enseñaron valores, me marcaron la diferencia entre pobres y ricos. Iba con ellos a las marchas del 24 de marzo.

La universidad marcó el principio de mi vida política. Ahí conocí al Nuevo Más, tuve mi primera experiencia con el Encuentro de Mujeres y empecé a encontrar en la militancia revolucionaria una forma de pelear las cosas desde lo profundo, de cambiar las cosas de raíz. Las formaciones teórica y política, más la práctica, me ayudaron mucho a estar organizada en un partido de izquierda. Es algo que hoy sigo eligiendo.

«Soy parte de una organización colectiva en la que hay una construcción entre todos y todas y, a la vez, cada uno tiene su lugar y brinda su aporte específico. Tomamos las cuestiones del feminismo, la lucha por los derechos de las personas LGBT y la clase trabajadora en general».

E. F.: ¿Qué significa ser candidata?

M: Es una responsabilidad y un desafío. De alguna manera, soy una de las que expresan públicamente la política que construimos todos los días y es una responsabilidad para con mi partido, pero también para con la gente. Es el desafío de hablar y problematizar con más gente, decirle que las cosas pueden cambiar si damos esa pelea, hacer que nuestras ideas lleguen a más lugares.

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E. F.: ¿Tenés alguna referente?

M: En la militancia aprendí de mucha gente. Mi vieja me hizo así, zurda, con la educación que me dio, con la cosa de cuestionar todo. Si tuviese que nombrar a una persona, se me ocurre Ahed Tamimi, una piba palestina de 17 años que cuestiona la ocupación sionista, está dispuesta a defender a su pueblo, su libertad y su familia y estuvo presa por enfrentarse a los militares.

E. F.: ¿Estuviste involucrada en alguna polémica que te expusiera como figura pública?

M: Nosotros planteamos ideas muy polémicas y disruptivas, lo que genera mucho debate respecto del rumbo político, económico y social que queremos para el país. Por ejemplo, un sector antiderechos nos quiere impugnar la boleta porque tiene el color verde y un triángulo que marca una connotación clara de la pelea por el derecho al aborto.

No tuve ningún ataque ni persecución dirigido en particular hacia mí, pero las compañeras que nos presentamos de una manera más visible sufrimos a manos de los sectores a los que no les gusta que las mujeres estén al frente en la política. Ser mujer en una sociedad patriarcal tiene sus dificultades. De todas formas, yo, que vengo militando hace tanto tiempo, siento que es un buen momento para las mujeres.

E. F.: ¿Cómo se expresó ese sexismo, en tu experiencia?

M: Como todas las mujeres, sufrí acoso e insultos. Yo creo que las mujeres nos ganamos un lugar en la vida política y cuando se intenta descalificar nuestras posiciones políticas se desvía la cuestión al hecho de ser mujer, lo que refleja el miedo a un debate político. Nosotras nos instalamos como protagonistas de la realidad y eso lo hacemos valer.

E. F.: ¿Cómo ves el rol de la mujer en la política en el futuro?

M: Construimos un movimiento y es difícil darle marcha atrás, pero hay una batalla política importante que tenemos que dar. No creo en una condición biológica revolucionaria, no creo que porque haya mujeres al frente automáticamente el colectivo LGBT y las mujeres van a estar en mejores condiciones. Hoy tenemos una ley de cupos que obliga a todos los partidos a tener la mitad de las candidaturas con varones y la mitad con mujeres, pero todavía el cupo trans no se aplica.

«Es importante que seamos parte de la vida política y de las listas electorales pero eso no resuelve el problema si las listas están compuestas por mujeres que no defienden a las mujeres».

Además, llegó la marea verde que fue una cosa impresionante. Nosotras veníamos de la discusión de la reforma previsional en el Congreso, que fue una batalla campal. Después se hizo un pañuelazo en el Congreso, algo que nadie se imaginaba. Macri pensó que el movimiento de mujeres era domesticable y se le fue de las manos. La marea verde se venía gestando por abajo y donde vio una grietita, explotó.

El futuro lo veo con un debate y una pelea política muy grandes para ver hacia dónde se encamina toda esta fuerza del movimiento. Se cuestiona la maternidad y se cuestiona la base del patriarcadoEl derecho a aborto es una urgencia para las mujeres y las personas gestantes, que no deben ir presas o morir en la clandestinidad por decidir sobre sus cuerpos. Nosotras queremos también que toda esa fuerza siga un camino que vaya más allá de la pelea por el derecho a aborto y que se plantee dar vuelta toda esta sociedad patriarcal y capitalista.

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E. F.: ¿Qué objetivos y metas tenés como representante de tu partido?

M: Tenemos un programa global en lo que refiere a las cuestiones de género. No queremos que la marea verde quede silenciada en la campaña electoral y por eso la ponemos como uno de los ejes centrales, aunque no como el único.

Vamos por el derecho legal al aborto; la separación de la iglesia y el Estado, sumada al fin del financiamiento estatal a grupos religiosos para que se destine esa plata a las víctimas de violencia y a lugares de asistencia; el desmantelamiento de las redes de trata y explotación sexual, con oportunidades de capacitación y trabajo genuino y programas de vivienda y asistencia para las personas rescatadas de la trata, y persecución del delito para que los proxenetas y los funcionarios que amparan estas redes vayan presos.

En cuestiones de violencia, queremos luchar contra los femicidios y los travesticidios y trabajar en la destitución de los jueces que amparan la violencia. Respecto de la educación, proponemos educación laica, sexual y feminista que explique el problema de la desigualdad, el respeto por los cuerpos de las mujeres y las personas trans, la emancipación de los cuerpos.

Mientras sigan gobernando los empresarios, vamos a seguir jodidos. La idea es cuestionar quién gobierna, quién tiene el poder. Nosotros queremos que el poder lo tengamos las explotadas y los explotados.


#MujeresEnPolítica Claudia Neira

Escritura Feminista inaugura un nuevo ciclo con el objetivo de reivindicar la figura de las mujeres en la política, conocerlas, recorrer con ellas su camino profesional y los valores que fueron construyendo a partir de sus experiencias.

En esta primera edición, hablamos con la precandidata a legisladora porteña por el Frente de Todos, Claudia Neira. Claudia es abogada, actual directora del Banco Ciudad por la oposición y profesora en la facultad de derecho de la UBA. Nos recibe en su despacho y, mientras compartimos un café, comenzamos la entrevista. Se la nota muy cómoda y de a ratos hasta emocionada, porque algunas de las preguntas tocan una fibra sensible para ella, su vida, su formación, sus valores, su visión. La política es su pasión y es indivisible de su vida personal.


Escritura Feminista: Para ir conociéndote un poco, ¿cómo te definirías en tres palabras?

Claudia: Abogada, política y feminista.

E. F.: ¿Cuáles son tus valores, tus principios?

C.: Reivindico mucho los valores de solidaridad, de encuentro, de respeto por las diferencias, de respeto por el otro y por la otra, de sentir empatía por lo que le pasa a las personas que tenemos a nuestro alrededor. Me parece que la honestidad, la verdad, el poder decir quién es uno… Todo eso es crucial. Muchas veces nos definimos con rótulos políticos que tienen que ver con los recorridos que hemos hecho, con nuestras experiencias, pero en nuestra vida cotidiana compartimos más valores de los que imaginamos. Me parece que existe la capacidad de encontrarnos en función de ideas, de sueños, de objetivos.

E. F.: ¿De dónde venís? ¿Cuáles son tus raíces?

C.: Yo soy de clase media, crecí en Palermo. Empecé con todo de muy chica: a los 21 años me recibí como abogada, a los 22 me casé y a los 24 tuve mi primera hija. Me separé también muy joven, a los 30, y decidí mudarme a Almagro por un tema económico, porque recién separada con dos chicos no podía sostener el departamento que habíamos tenido con el papá de los chicos. Me enamoré de Almagro y hoy vivo en el mismo PH, a dos cuadras de la Plaza Almagro, con mi pareja actual y mis hijos.

Vengo de una familia peronista pero también tuve un recorrido político previo a militarlo como ahora, porque crecí durante la década de Menem y no me cerraba el menemismo. Mi camino me llevó por el progresismo hasta que me encontré finalmente con el peronismo, que había sido de alguna manera mi origen familiar.

El feminismo lo encontré hace muchos años en la indignación y el rechazo a las injusticias. Hoy por hoy, me siento muy identificada con la mirada del feminismo popular, con trabajar en los barrios con las mujeres que enfrentan mayor vulneración, las que más sufren el desempleo, las que más tareas de cuidados tienen en sus espaldas, las que trabajan gratis en los comedores comunitarios, las que se ponen al hombro la organización del barrio y de alguna manera se convierten en un paliativo para el hambre y la crisis. Como en el 2001, son las mujeres las que ponen el trabajo no remunerado y ese es un eje que me preocupa.

E. F.: Personalmente, ¿cómo definís el feminismo? ¿Por qué elegiste esa vía?

C.: Es la búsqueda de mayor justicia, de igualdad de oportunidades, de igualdad efectiva. Debemos mirar la vida y mirar las políticas públicas, nuestra acción cotidiana en la política, con perspectiva de género, porque es transformador. Las mujeres que logramos acceder a ciertos espacios tenemos el desafío de trabajar con perspectiva de género y abrir permanentemente espacios para que otras mujeres puedan llegar, no atrincherarnos en esta idea de «yo llegué, ya está». 

E. F.: ¿Cómo fue tu camino profesional luego de recibirte como abogada tan joven?

C.: Me especialicé en Derecho Penal y enseguida empecé la carrera docente. Doy clases desde entonces en la misma materia de Penal; llevo 25 años enseñando en la UBA y dicté unos años en la Universidad de Palermo también. Ejercí mi profesión por un tiempo y después empecé a meterme más en la vida política: fui asesora en la Legislatura y en el Congreso, después fui legisladora. Ahora soy directora del Banco Ciudad por la oposición. Fui haciendo camino por diferentes cosas pero lo que nunca dejé fue la docencia porque realmente me gusta mucho.

«Es una experiencia muy rica poder trabajar por un objetivo común con personas con las cuales pensamos de forma diametralmente opuesta en la mayoría de los temas. Con distintas miradas, con discusiones, con matices… Pero el objetivo de cumplir con las metas y tener una función social es compartido».

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E. F.: ¿Qué es lo más importante en tu vida?

C.: Siempre pienso que son mis hijos y la política, aunque para mí no son dos cosas separadas porque yo empecé muy fuerte a militar embarazada de mi segundo hijo. Era 2001 y yo sentía que no podía traer otro hijo al mundo sin hacer algo para transformarlo. Siempre viví la política de una manera absolutamente enlazada a los objetivos que tenía en mi vida personal.

E. F.: ¿Cómo surgió tu candidatura como primera legisladora por el Frente de Todos? ¿Cómo te sentís al respecto?

C.: Hace un tiempo largo venimos discutiendo la necesidad de un proyecto nuevo para la ciudad, porque claramente desde el peronismo y el kirchnerismo no logramos llegar a muchos porteños y porteñas. Entonces, decidimos generar no solo una propuesta sino un espacio que tomara distintos recorridos: del peronismo, del kirchnerismo y también de personas que vienen de lugares diferentes pero con principios y valores comunes: Pino Solanas, con Proyecto Sur; Victoria Donda, con todo el espacio de Somos; Ofelia Fernandez, con Vamos; Itai Hagman, con Patria Grande.

La decisión de quiénes ocuparíamos los lugares en las listas intenta reflejar esta idea de amplitud que se construyó. Somos un gran equipo, trabajamos muchos codo a codo para construir y tenemos confianza en que lograremos llegar a cada uno de los porteños.

E. F.: ¿Cuál creés que es el problema de mayor urgencia que tiene hoy la ciudad?

C.: Si tenemos que evaluar las políticas públicas del Gobierno de la Ciudad, podemos decir que la obra pública para nosotros está bastante bien, se ha hecho bastante y algunas obras nos parecen buenas, como el Paseo del Bajo, pero todo el resto fue abandonado.

Lo central son las personas: hay 22 mil chicos sin vacantes en nivel inicial en materia de educación; sigue habiendo deserción escolar; la gente ya no puede optar si quiere educación pública o educación privada porque directamente cada vez le cuesta más poder pagar por elegir y cuando va a la educación pública no es de la calidad que merece: hay problemas de infraestructura, con techos que se caen, con ratas, con falta de gas. Esta es la ciudad más rica del país, tenemos un presupuesto per cápita de nivel europeo. ¿Cómo no puede garantizarse que las escuelas publicas estén a la altura?

De los hospitales, ni hablar. Es urgente abordar las problemáticas de la salud: hoy los porteños se privan de consumir cosas elementales para poder pagar una prepaga (si es que no tienen obra social) porque el hospital público está muy lejos de cubrir las necesidades.

Se disponía del presupuesto necesario para que, en época de crisis, se generasen medidas contracíclicas que ayudaran a los porteños y a las porteñas a sobrellevar la situación, pero eso no se hizo y como consecuencia hay negocios cerrados, PyMEs cerradas. El Gobierno de la Ciudad no ha tenido una política eficiente para reactivar el consumo y la economía ni para ayudar a los pequeños y medianos empresarios a sostener sus empresas y el empleo.

«Hoy, para mí, la política se trata de transformar la vida de la gente. Es el sentido de mi vida».

E. F.: Hablemos de ser mujer en el mundo de la política.

C.: Yo creo que hoy las mujeres tenemos un rol importante en la política, aunque siguen habiendo desigualdades y espacios a los cuales cuesta ingresar. La paridad es muy importante, abre esos espacios, y llegó el momento de que las mujeres nos involucremos más. Me parece muy importante que ocupemos mayor espacio, que seamos parte de las discusiones y que también intentemos incidir en las decisiones a partir y más allá de los cargos que estamos logrando.

E. F.: ¿Sufriste algún tipo de discriminación o acoso, o te desacreditaron por ser mujer alguna vez?

C.: No, la verdad que no. Yo pertenezco a un espacio dentro del peronismo, el Nuevo Espacio de Participación, donde la mesa de conducción es en paridad, donde en general todas nosotras tenemos roles activos, importantes. Así que yo, en lo personal, no. Pero eso no quiere decir que muchas mujeres en la política no hayan sufrido discriminación o dificultades para poder ser parte de distintos espacios.

E. F.: ¿Cuál es el futuro de la mujer en política? Tenemos la representación de Ofelia, por ejemplo, que está en la lista. ¿Cómo es este nuevo cambio de generación?

C.: A mí, lo de Ofelia me parece maravilloso, porque es una chica muy joven y lo que se intenta en el Frente de Todos es que haya voz de los y las jóvenes. Siempre se pensó: «¡Qué bien que en la Legislatura estén representados determinados sectores!» y a nadie se le había ocurrido que los jóvenes podían tener representación y voz, siendo tantos. En el caso de Ofelia, que además es feminista, es doblemente importante, porque es una voz de las jóvenes feministas. Tiene mucho que ver con un movimiento que ha tenido una potencia transformadora impresionante, que tenía que tener también una expresión institucional. Va a ser muy importante esa voz en la Legislatura.