Taylor Swift y la industria musical: un cambio necesario

Taylor Swift empezó con la regrabación de sus discos y el pasado mes de abril hizo público el primero: Fearless. Pero ¿por qué Taylor Swift tiene que regrabar sus canciones? ¿Ella no es la dueña de su propia música?

La industria musical es una de las más importantes del mundo y de la que menos conocemos. Detrás de cada artista hay discográficas y productoras gigantescas que incluyen a un montón de personas que trabajan para que una sola sea un producto que logre generar muchos ingresos. 

Toda esta descripción, que parece estar tan alejada del arte, era la forma más fácil y la más conocida (hasta ahora) para que una artista como Taylor Swift pudiera saltar a la fama de una forma tan efusiva como ella lo hizo. Pero, a cambio de esta gran oportunidad, les artistas que deciden formar parte de una discográfica pierden la potestad de lo que más les pertenece -si así los contratos lo determinan-: su arte y su música. 

Sin embargo, la democratización de la producción musical, las nuevas tecnologías y las nuevas formas de relacionarnos a través de redes sociales generan que toda esta producción musical pueda ser simplificada y hasta unificada.

¿Cómo sobrevivir a la industria musical?

Taylor Swift es una artista que trabaja en la industria musical desde sus 14 años de edad. Empezó cantando country en Nashville, donde pudo comenzar su carrera junto con la discográfica Big Machine Records. Con 17 años sacó su disco más vendido, Fearless, con el que ganó cuatro Grammys en 2009 y que la posicionó como la artista más joven en ganar el Grammy al álbum del año hasta 2020. 

Tiene una carrera extensísima: nueve álbumes de estudio, participaciones en películas, series y sus propios documentales. Escribe y coproduce su propia música y videos, lleva adelante su propia empresa e imagen, es una de las artistas más influyentes de la década y su patrimonio musical es el soundtrack de la infancia y adolescencia de muches pero ¿es todo esto de lo que más se habla cuando se la nombra? 

En unos de sus últimos documentales, Miss Americana, Swift nos muestra partes de su vida personal y profesional. Hace un recorrido por la producción de la música y videos de sus discos Reputation y Lover. También muestra sus presentaciones en vivo y comenta los procesos de crecimiento personal que su carrera musical forjó inmanentemente.

Pero la premisa más importante de este documental es la revelación que nos hace del sexismo que hay en la industria musical y cuánto se le exige a la mujer: la necesidad de renovarse constantemente para mantener una especie de «derecho de piso», la manera de responder a las críticas de forma positiva y la forma de comportarse. Con todo esto nos hace ver que con solo su música no alcanza para poder pertenecer a la industria, sino que necesita de toda una construcción de su imagen para hacerlo posible. ¿Acaso a los hombres se les demanda lo mismo?

De esta manera, Swift nos demuestra su cansancio con todos estos «requisitos» y empieza a construir una carrera mucho más liberada de estas demandas, con luchas políticas al hombro y una perspectiva feminista más presente. En este momento, Swift está llevando a cabo una lucha mucho más personal e importante tanto para ella como para muches otres músiques que pueden haber pasado por lo mismo: la recuperación de su propia música.

La versión de Taylor

Poco conocemos acerca de lo que implica formar parte de una discográfica: cada empresa es diferente y cada contrato tiene condiciones distintas para cada artista. Lo más importante a saber es que las grabaciones de la música que se publica, en la mayoría de los casos, les pertenece a las discográficas. Otros elementos, como las letras de las canciones, las cláusulas de regrabación, las decisiones de dónde se publican las canciones, las maneras en que se comercializa el álbum y más, también están regulados por estos contratos y cada artista decide las implicancias de cada uno. 

En el caso de Taylor Swift, las grabaciones originales (masters) de sus primeros seis discos, publicadas en plataformas digitales y álbumes físicos, y las ganancias logradas con ellos le pertenecen a Big Machine Records (BMR). Sin embargo, Swift tiene la potestad de decidir dónde quiere que su música suene y puede regrabar sus discos. Y eso es lo que está haciendo. 

Es importante destacar que toda esta batalla por su música se disparó cuando ella decidió no trabajar más con Big Machine Records, ya que esta empresa estaba en riesgo de entrar en quiebra. Le ofrecieron trabajar 10 años más junto con la discográfica, grabando un disco nuevo para recuperar uno viejo, pero ella no lo aceptó. Quiso comprar su música de vuelta pero no se lo permitieron.

A su vez, la compañía BMR fue comprada por Scooter Braun, un productor de música a quien Taylor Swift denunció públicamente por sufrir bullying de su parte. Por ende, todo su catálogo musical pasó a pertenecerle a quien la había violentado. Sin embargo, con su cláusula para decidir dónde puede sonar su música, Swift logró que Braun no pudiera comercializar su música y vendiera el catálogo de la artista de vuelta. 

La regrabación de Fearless fue publicada en abril de este año. Suena idéntica a la grabación de 2008 y fue el disco más escuchado de country de los últimos 6 años y el álbum más importante en lo que va de 2021. El próximo disco en la lista sería Speak Now, un disco que en 2010, durante su primera semana de lanzamiento, vendió más de un millón de copias. ¿Cuántas podrá vender una vez regrabado?

Taylor es la industria musical

La maniobra de Swift para recuperar su música, su trabajo y su arte es una de las más inteligentes y audaces de la historia. No hay otre artista que lo haya hecho que sea tan reconocido como ella. Es un trabajo arduo y difícil, digno de ser premiado. 

Este mismo problema que atraviesa Taylor Swift les sucede a múltiples músiques en el mundo, desde Shakira hasta Paulo Londra. Poco se habla de esto y las discográficas siguen sacando provecho de, muchas veces, la ignorancia ante los contratos que se firman y las implicancias reales a futuro que pueden tener en la carrera de une músique. 

Taylor Swift puede estar siendo la punta de un iceberg en la lucha de les artistas con las discográficas. Su ejemplo es muy importante y puede llegar a gestar un gran cambio. La manera de escuchar y producir música se ha modificado de una manera muy rotunda a lo largo de los años y las discográficas no se han adaptado, ¿será este el momento del cambio? 


Fuentes:


Beyoncé: ¿una referente del feminismo contemporáneo?

Hace algunas semanas, en los premios Grammy 2021, Beyoncé hizo historia como la primera mujer de la industria musical en ganar 28 estatuillas Grammy. Un merecido reconocimiento que nos refresca la memoria de quién es Beyoncé y por qué es importante para el feminismo y la industria musical. 

Poder desenvolverse en cualquier ámbito de la vida teniendo posibilidades similares a las de los varones es una situación casi inexistente para las mujeres y disidencias. Son muchas las presiones y las obligaciones impuestas por la sociedad que nos relegan de grandes industrias, como la musical. Tener ambiciones tan grandes da miedo y, para concretarlas, se requiere el triple del trabajo del que quizás realiza un hombre. 

Fueron necesarias carreras de miles de mujeres para que Beyoncé pueda ocupar el lugar que ahora tiene. Mujeres que quedaron fuera del mainstream pero sí que hicieron historia. Mujeres que abrieron y allanaron el camino para que hoy podamos tener un mercado musical, tanto en el mainstream como en el under, mucho más diverso. 

Sobre este punto, recomendamos el podcast de Barbi Recanati, Mostras del Rock, en el que hace un recorrido histórico desde Mamy Smith, la primera mujer en grabar una canción de blues, hasta Madonna.

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Beyoncé, su historia

Beyoncé se involucró por primera vez con el mercado musical a los nueve años de edad. Tuvo el privilegio de que su padre creyera y se preocupara por su potencial tanto como para renunciar a su trabajo estable y ocuparse de ser su representante. Con 16 años (entre 1997-2006), como parte de Destiny’s Child junto con Kelly Rowland, Michelle Williams, LeToya Luckett, LaTavia Roberson y Farrah Franklin (turnándose entre ellas pero siempre con Beyoncé), logró hacer llegar a nuestros oídos grandes éxitos que hasta el día de hoy son conocidos y escuchados por muches, como Say My Name.

Say My Name – Destiny’s Child

Más tarde, cada una lanzó sus propios trabajos como solistas, aunque el de Beyoncé fue el más exitoso: su primer disco, Dangerously in Love, la consagró como una de las mejores artistas de los años 2000. Una década en la que el pop lideraba el mainstream.

Beyoncé pudo responder positivamente a esta industria pop, donde las mega producciones escénicas y este género musical eran lo más consumido del momento. Poder ubicarse entre los grandes éxitos siendo mujer y afrodescendiente puede deberse a su innegable talento y tenacidad. La estabilidad que encontró aquí, no la detuvo de dar años más tarde un mensaje contundente sobre el feminismo, el racismo y muchas otras temáticas que supo cómo denunciar a través de su música.

Para su cuarto trabajo discográfico, Beyoncé comenzó a representarse a ella misma con el objetivo de cortar la dependencia con su padre, quien venía siendo su mánager desde los comienzos de su carrera. Este gran cambio en su carrera lo cuenta en un documental de 2013 dirigido por ella misma, titulado Life Is But a Dream, el primero de muchos trabajos filmográficos liderados por ella. Aquí cuenta que su más grande sueño era ser dueña de su propia producción y su propia empresa. 

Su trabajo es impresionante: produce, escribe y hace música y arte. Ella construyó su propia imagen y es dueña de todo lo que su imagen es. Son detalles alucinantes, porque es una de las primeras mujeres en depender de sí misma sin un grupo de personas aconsejando cómo debe ser para poder ubicarse en la industria de una manera exitosa. Es esta independencia la que le permite a Beyoncé dar un mensaje tan positivo para todas las mujeres: su historia se basa en el trabajo y la dedicación. 

Premios Grammy 2021

Este año, Beyoncé ganó su Grammy número 28 con Black Parade, una canción que forma parte de su último trabajo discográfico. Este tema alienta a la comunidad negra de Estados Unidos a unirse en lucha. Siendo 2020 un año tumultuoso para el racismo de Estados Unidos a raíz de el asesinato de George Floyd, Beyoncé exclama en su letra: «Que seamos negros, tal vez esa es la razón de por qué ellos están siempre tan enojados». 

Es una canción que musicalmente tiene referencias a la música afro: es un afrobeat mezclado con trap, lo líder del pop en la actualidad. La letra contiene nombre de ancestros, dioses africanos y referentes de la lucha antirracista estadounidense. Es muy creativa la manera en que logra dar un mensaje contundente que puede entrar en los oídos de las personas mas racistas, porque contiene ese trap pegadizo que tanto gusta en la música hoy.

Black Parade no es la primera vez que Beyoncé se involucra activamente con discursos en defensa de derechos y cuestiones sociales. Unos años antes, ya habíamos escuchado Formation, Flawless y Run the World, canciones distintas entre sí desde lo musical pero con la misma fuerza y discurso: el feminismo y la reivindicación de la mujer. 

Run the world contiene tintes de música de banda de ejército, un beat fuerte que llena de fuerza y empoderamiento con el estribillo. Además, está acompañado en su video de una demostración de la fuerza que tienen las mujeres cuando se unen.

Run the world, video oficial.

Por su lado, Flawless tal vez sea la canción de Beyoncé con la que con más claridad ella se define como feminista. Es una canción de rap, tiene ese beat característico y a ella rapeando con soberbia todo lo que es y tiene. Tal como todos los raperos de la época hacen. Tiene frases icónicas como «I took some time to live my life, but don’t think I’m just his little wife. Don’t get it twisted» («Me tomé un tiempo para vivir mi vida, pero no creas que solamente soy su pequeña esposa. No te confundas»), frase que hace referencia a su matrimonio con Jay-Z, al año que se tomó de descanso para viajar y a su vida como madre. Declara que todo eso fue su decisión y que pudo hacerlo con sus propios medios. 

Sin embargo, la parte más interesante de todo el tema es la intervención de Chimamanda Ngozi Adichie, en la que podemos escuchar un extracto de su charla TEDx Todos deberíamos ser feministas: «(…) Les decimos a las niñas: podés tener una ambición, pero que no sea tan grande. Deberías tener como objetivo ser exitosa pero no demasiado exitosa. Si no, estarías amenazando a los hombres. […] Feminista: persona que cree en la igualdad social, política y económica entre los sexos». Con esta declaración, Beyoncé logra ubicar a la palabra «feminista» en el mainstream de nuevo, definiéndose a sí misma como tal y dando un mensaje claro sobre el feminismo con una fuerza singular en 2014. 

Beyoncé como una referente

No es el sueño de toda persona ocupar un espacio en la historia como el de Beyoncé con tal ambición. Pero la importancia de que exista una figura como Beyoncé en el mainsteam radica en la diversidad, en saber que cada une puede elegir qué quiere hacer con su vida libremente (si el contexto lo permite).  

Una figura como Beyoncé nos demuestra que es posible para las mujeres y disidencias llegar a un nivel de reconocimiento e influencia muy grande. Es una referente que, desde su espacio de poder, puede y desea dar un mensaje tan positivo y motivacional para las nuevas generaciones y las que la siguen desde que empezó su carrera. 

Mensaje a los egresados 2020 por Beyoncé.

Fuentes:


«Macho lindo»: la construcción de la violencia en la música

El 8 de enero se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del femicida y boxeador Carlos Monzón. Con la intención de recordarlo salió a la luz una canción que Los Palmeras grabaron hace ya varios años, lo que generó repudió por parte de quienes luchan por los derechos de las mujeres. La canción «Macho lindo» instala un debate acerca de nuestro consumo cultural y la costumbre de venerar violentos.

«Macho lindo, corazón de valor, fuerza y guapeza,

que tuviste la grandeza de consagrarte campeón,

glorioso fue tu destino, valiente Carlos Monzón […]

Mi humilde canto no alcanza a rendirte el homenaje

que la ley de tu coraje merece toda alabanza».

Canción «Macho lindo» de Los Palmeras.

Esta milonga fue reversionada por Los Palmeras hace más de veinte años y está dedicada al boxeador muerto en 1995 en un accidente de tránsito, cuando volvía de una de las salidas transitorias de la cárcel donde cumplía condena por matar a Alicia Muñiz, crimen cometido el 14 de febrero de 1988. Si bien tuvo denuncias por violencia por parte de todas sus parejas, los medios de comunicación hablaron del hecho como una historia menor y nunca dejaron de llamarlo campeón.

En un contexto en el que una mujer muere cada 22 horas en manos de un violento, la organización Ni Una Menos de Santa Fe repudió tanto la canción como los homenajes a Monzón. Marcos Camino, líder del grupo musical, brindó una entrevista en la que aseguró que la canción fue grabada hace mucho tiempo y que la letra del tema no es autoría de Los Palmeras. Del mismo modo, sostuvo que «los temas que fueron grabados y se encuentran en la web, son de la gente; si reaparecen en tiempos como estos, no somos responsables».

Grupo musical Los Palmeras.

¿Qué escuchamos y repetimos sin analizar? ¿De qué hablan las canciones con las que bailamos o pasamos diferentes momentos de nuestras vidas? La canción de Los Palmeras es solo un ejemplo de como la cultura y, por lo tanto, la música reflejan el pensamiento que fue validado hasta hace unos años y una parte de la sociedad intenta dejar atrás. Se trata de una cultura patriarcal que crea y ampara violentos.

La cultura machista de siempre

«Si te agarro con otro te mato,

te doy una paliza y después me escapo.

Dicen que yo soy violento

pero no te olvides que yo no soy lento,

dicen que yo soy celoso

pero no te olvides que yo fui tramposo.

Dicen que soy absorbente

porque siempre quiero tenerte presente,

dicen que soy aburrido

pero cuando quiero lo que quiero es mío».

«Si te agarro con otro te mato», de Cacho Castaña.

Muchas veces se hace referencia a que algunas canciones estaban «permitidas» porque pertenecen a otra época, pero esa no es una justificación real. El machismo está presente tanto en los tangos que cantaban nuestros abuelos como en las canciones de reggaetón que se bailan en la actualidad. Algunas con frases más violentas y otras con alusiones que pasan casi desapercibidas, pero todas refuerzan los roles de género que perpetúan el patriarcado: amor romántico, belleza hegemónica, mujeres libres consideradas «putas» o peligrosas y varones fuertes que tienen el derecho de hacer con ellas lo que deseen.

Un ejemplo es el cantautor Ricardo Arjona, quien durante varios años fue considerado un romántico que cantaba para las mujeres, pero es otro personaje que perpetua estereotipos y violencias en cada una de sus letras. Podría hacerse referencia a la canción «Ladrón» que dice: «Soy el ladrón que robó tus muñecas, te quitó las calcetas y te hizo mujer […]», o dentro de las más populares: «Tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra, llevarte a la cama era más fácil que respirar […]».

Fuente: Colectivas Deseantes

Otra cuestión presente es la construcción de relaciones sexoafectivas tóxicas y violentas. «Por eso ahora tendré que obsequiarte un par de balazos pa’ que te duela», entonaba Café Tacvba, quienes se vieron obligados a dejar de cantar el tema por el repudio que generaba. Los medios de comunicación, el arte y la cultura contienen formas de representación, maneras de narrar y significaciones sociales que nos presentan una única visión del mundo. En gran parte de las canciones se muestran, al menos, dos mitos patriarcales: el de la belleza hegemónica y el del amor romántico.

Estamos acostumbrades a vivir en una sociedad donde el maltrato, los estereotipos, el bullying y los abusos son moneda corriente; mediante los productos culturales que consumimos naturalizamos situaciones que marcan las formas de relacionarnos con los demás. Por eso debemos destacar que el mito del amor romántico que todo lo puede y todo lo perdona es frecuente en las letras de los artistas más populares y esta no es la excepción.

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En el último tiempo, diferentes músiques han generado espacios donde se pueden crear canciones sin necesidad de denigrar a las mujeres ni fomentar la imagen de varones como machos violentos. No se trata de la cancelación: cada quien puede bailar o cantar la canción que más le guste. Pero es necesario revisar qué modelos y estereotipos genera la música dentro de nuestra cultura y cómo influyen en nuestra vida social.



Aimé Painé: el Tahil Mapu continúa vivo en nuestra memoria

El pasado 23 de agosto a través de la plataforma Cont.ar se estrenó para todo el país la miniserie de la legendaria artista y activista mapuche-tehuelche Aimé Painé. Dirigida por Aymará Rovera y protagonizada por Charo Bogarín, esta breve ficción biográfica se propone hacer un repaso por la vida de una mujer poco recordada en las grandes urbes pero que sin duda ha dejado su huella en la historia, cargada de una épica propia de quien transita un largo camino hacia el autorreconocimiento y la reivindicación de la identidad originaria durante los tiempos más obscuros de la Historia argentina.

La voz del pueblo mapuche

Aimé Painé nació el 23 de agosto de 1943 en la ciudad rionegrina de Ingeniero Huergo, en esas tierras «desérticas» que por años les winkas (personas no mapuche) hemos codiciado, conquistado, arrasado y denominado vulgarmente como Patagonia, en el milenario territorio del Puelmapu («tierra del este», en mapuzungún). Dada la imposibilidad legal en ese entonces de adoptar un nombre originario, su nombre de nacimiento es Olga Elisa Painé.

Aimé Painé.

De muy pequeña, huérfana de madre, fue arrebatada de su tierra y de los brazos de su humilde padre para ser enviada a un orfanato religioso, el Instituto Unzué de Mar del Plata. Allí fueron sus comienzos en el mundo del canto. Su gran talento vocal le valió que una pareja muy bien acomodada económicamente de la ciudad decidiera adoptarla.

Al cabo de unos años, allá por los 70, Aimé se traslada a Buenos Aires e ingresa al Coro Polifónico Nacional, donde permanece 5 años. Es entonces cuando comienza a surgir en ella el interés por sus raíces y su cultura originaria. De hecho, nuevamente en Mar del Plata, en un encuentro internacional de coros, descubre que la Argentina era el único país participante que no incluía en su repertorio música autóctona.

Estas experiencias la devolverán con su inquietud y su arte a la Patagonia, a intentar reencontrarse luego de más de 3 décadas con su verdadera familia. Aprovechará estos tiempos también para internarse en las costumbres y la espiritualidad de su pueblo a través de las enseñanzas de las papay (ancianas), de quienes aprenderá el mapuzungún, idioma mapuche.

«Saber quién es uno es el comienzo de ser culto»

Aimé no fue una simple cantante. Ella utilizaba su kimün (conocimiento) para transmitir a través del Tahil (canto sagrado o ceremonial) la cosmovisión mapuche, a la vez que denunciaba las penurias que atravesaba (y en gran parte aún atraviesa) su pueblo, desde la llamada Conquista del desierto hasta los días actuales de negación de su identidad y sus derechos. Utilizando prendas tradicionales como el trarilonco e instrumentos característicos como el  Kultrün, las kaskawilla y el trompe, la gran Aimé se hizo un lugar en la historia llevando sus presentaciones incluso más allá de la frontera argentina.

En tiempos donde abundaba el estigma, la invisibilización y el furibundo odio a le originarie (si no estaban extintes, eran «indios que provenían de Chile»), fue pionera y revolucionaria al entonar su canto en mapuzungún, la «lengua de la tierra». A pesar de no haber podido grabar un disco, supo plantársele a una sociedad entera y  alzar la voz de todo un pueblo, el pueblo mapuche, que está más vivo que nunca.

«Un tiempo después de la dictadura del 76 llegó Aimé Painé a la universidad en Viedma, espacio donde estudié. Para mí, Aimé representa la primera zomo (mujer) mapuche que se atrevía a descolonizar en una institución educativa el pensamiento instituido, con una simple y profunda pregunta: “¿Ustedes conocen sus raíces, alguien de aquí sabe si la abuela, el abuelo es mapuche y por extensión ustedes saben quiénes son?”. Pregunta ontológica, filosófica, que en el devenir sitúa, historiza, empodera, habilita el andar y el rompecabezas se va construyendo. Te das cuenta, te vas juntando y sabés que no estamos solas».

Mabel Pizarro, integrante del lof Aimé Painé.

Pero además de sus presentaciones, ella dedicó su vida a despertar esas mentes sedadas por lo citadino y la vorágine propia del winka. Recorrió escuelas y universidades intercambiando palabras con les jóvenes y difundiendo la cultura mapuche en cada rincón del país. Formó parte también de la Asociación de Indígenas de la República Argentina. En cada lugar al que iba, portaba con orgullo las banderas originarias y buscaba llegarles especialmente a sus lamgen (hermanes, compañeres) que aún no se reconocían como tales. «Saber quién es uno es el comienzo de ser culto», decía. Pues por esos años, saber quién era une era mucho más que un acto de búsqueda identitaria. Era, sin lugar a dudas, un gran acto de valor.

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La serie  

La serie se encuentra disponible de forma gratuita en la plataforma Cont.ar desde el 23 de agosto (fecha de nacimiento de Aimé). Está dirigida por Aymará Rovera y protagonizada por la artista formoseña y de origen guaraní Charo Bogarín, con la participación especial de Juan Palomino. Fue declarada por el Ministerio de Cultura de la Nación «de interés social, cultural y educativo» y ganadora por Patagonia del concurso INCAA y del Festival Audiovisual de Bariloche 2018. La realización se hizo íntegramente en el Puelmapu (territorio mapuche del «lado Argentino») y consta de 4 episodios de 25 minutos.

A pesar de ser una serie homenaje y de contar con el apoyo y consentimiento de la familia de Aimé, como toda ficción biográfica tiene sus desencuentros en cuanto a la veracidad de algunos hechos que se muestran, incluidos cuestionamientos sobre la protagonista.

«Hay un cuestionamiento a la actriz Charo, porque ella ha tenido una actitud desubicada ante los pueblos (y en particular ante el Mapuche) al entregarle un instrumento sagrado Mapuche como el Kultrün al Papa, con todo lo que significa la Iglesia en la conquista colonizadora. Además, ella es originaria guaraní; sin ánimo de desprestigiar, sino de reconocer la cultura Mapuche y su transmisión genuina».

Mabel Pizarro.

Pese a los cuestionamientos que se le puedan hacer, esta miniserie no deja de ser una herramienta muy importante de difusión de su persona. No obstante, desde Escritura Feminista recomendamos siempre comparar los datos que allí se muestran con otras fuentes.

Su legado

Aimé Painé falleció el 10 de septiembre de 1987 a los 43 años, producto de un derrame cerebral, mientras se encontraba en Asunción de Paraguay. Es en conmemoración a su intensa labor por rescatar la identidad de su pueblo que se celebra cada 10 de septiembre el Día de la Cultura Mapuche.

A pesar de no ser tan conocida en los grandes conglomerados urbanos de nuestro país, en los últimos años y en especial desde las comunidades mapuche y también desde el movimiento feminista, su figura ha tomado mayor trascendencia. Desde una calle en Puerto Madero hasta su rostro en el Salón Mujeres Argentinas (y mapuche) de la Casa Rosada, no cabe duda de que Aimé nos ha dejado un gran legado de lucha y de respeto por la multiculturalidad que habita nuestro suelo.


Fuentes:

Imagen destacada: Diana Costa


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Top 5: artistas feministas que todes deberíamos conocer

En esta oportunidad, hablaremos de artistas latinanomericanes y feministas. Hemos realizado una selección de cada lenguaje de las artes y en el desarrollo de la nota te contamos por qué.

La construcción de espacios en el arte como agentes legitimadores quedó en el pasado. Las posibilidades de la digitalización y las redes invitan a nuevas formas de percepción del arte. Vivimos un momento histórico donde tenemos la posibilidad de repensar nuestro consumo de arte; para ello, les compartimos esta selección de artistas latinoamericanes que todes deberíamos conocer.


Piel de lava

Foto: Estrella Herrera.

Las primeras son «Piel de lava», una compañía teatral que defiende al grupo como una posición política. Ellas son Pilar Gamboa, Laura Paredes, Elisa Carricajo y Valeria Correa. Crearon la puesta en escena de «Petróleo», una obra teatral con una temática LGTBQ. Larguísimas colas y entradas agotadas para un argumento que intenta reconstruir y pensar a la transfobia en Argentina. También trabajaron en un film conocido como «La flor», donde las puestas en escenas reivindican a los personajes femeninos y reescriben los roles para reflexionar sobre nuestra corporalidad.

Rebeca Lane

Foto: Andy Cifuentes.

La segunda propuesta es una joya disponible en la plataforma YouTube, Rebeca Lane: una rapera guatemalteca feminista. Su obra sonora repiensa las problemáticas sociales como la memoria y la violencia. En 2014, ganó el primer premio con la «Cumbia de la Memoria». El recorrido audiovisual es explícito: muchas de las conquistas ganadas en las calles y en la marcha aparecen como registro en su producción.

Andrea Trotta

Foto: Fernando Pineda.

Si de mujeres con fuerza hablamos, no podemos no mencionar a esta artista matancera que pertenece a diversos colectivos: ella/elle es Andrea Trotta. Se define como artista visual perfomática y su recorrido nos deja en jaque. Sus acciones performáticas repiensan al cuerpo: por ejemplo, en la acción perfomática llamada «255», hace referencia a los feminicidios cometidos en 2015 hasta la fecha de la marcha #NiUnaMenos (04/06/2015).

Organismos como Mumalá o la Casa del Encuentro se encargaron de recopilar los datos —por supuesto, silenciados, casi escondidos entre los demás asesinatos, invisibilizando la violencia machista—. Le artista se recostó desnude sobre un círculo de pedazos de carbón contando en voz baja número a número. La desnudez invadió la sala, el sonido de los números perturbó y endureció el espacio. Encontrate con su obra acá.

Baila la chola

La cuarta propuesta son les pibes de «Baila la chola», una femi-murga con una obra sonora y sorora y un proyecto interesante: la constitución de un archivo de mujeres artistas. El paratexto digital expresa: «Dar a conocer a distintas mujeres artistas que no han sido o no son visibles, que estuvieron o están detrás de la figura de sus parejas o que no tuvieron lugar en la agenda machista. También para aquellas mujeres que pese a ser conocidas o haber sido difundidas, conviven en escenarios machistas y en desigualdad de condiciones». ¿Conocés algune artista cuya obra no se difunda? ¡Avisale y la publican acá!

Albertina Carri

Foto: Bernardino Avila.

Le últime de la lista va con tarea para el finde: se trata de Albertina Carri, creadora/e del film «Las hijas del fuego», una película erótica hecha por una mujer del colectivo LGTBQ+ hacia nosotres. La obra invita a ver ¡una buena porno! en la que el placer y los vínculos se redirigen camino a la psiquis de le espectadore directo a disfrutar del estímulo audiovisual, donde el placer lésbico y la sororidad son protagonistas, entre algunos enredos existenciales. Averiguá más acá.


Querides lectores, para cerrar esta breve nota de recomendaciones les invitamos seguir a les artistas en sus redes sociales. ¡Banquemos el arte popular!


Imagen de portada: Catalina


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En el lado soleado del jazz

Mas allá del estilo al que se pueda hacer referencia, desde Buddy Bolden, reconocido como el primer jazzista, hasta Mario Bauzá, quien introdujo la fusión con ritmos latinos, en este género musical es interesante preguntarnos por la composición de los grupos a lo largo de los años. Particularmente, cuál era el lugar que podían alcanzar las mujeres al inicio de esta escena musical y cuánto reconocimiento lograban.

Hay un gran archivo en la web —escrito, sonoro y audiovisual— al que se puede acceder con una simple búsqueda en Google o YouTube: allí se encuentran todes sus referentes. Entre elles, las mujeres que lograron un reconocimiento internacional como instrumentistas corresponden a décadas mucho más recientes. Quizá esto responda a una tendencia por asignarles el rol de vocalista. Por ello, no sería casual que la primera en introducir este rol a un grupo sea Ma Rainey.

¿Cuál es la presencia de mujeres en la escena de jazz argentina? Es una pregunta que no abarcará en su totalidad este artículo. Sí es posible conocer una parte de la actualidad a través de la mirada y experiencia artística de las dos entrevistadas.

Yamile Burich and Jazz Ladies es un quinteto que tiene al frente a Yamile Burich en el saxo; la acompañan Patricia Grinfeld en guitarra, Diana Arias en contrabajo, Analía Ferronato en batería y Carolina Cohen en congas.

«En el año 2014 las convoqué. Veníamos tocando en otros grupos, ya nos conocíamos y había muy buena onda».

Yamile Burich. 

Yamile nació en Rosario y unos pocos años después su familia se mudó a Tartagal, Salta. Ahí empezó a estudiar e ingresó la música a su vida:

«Arranqué a tocar piano cuando tenía alrededor de cinco años, tocando música clásica. A los 12, arranqué a tocar saxo y a través de ese instrumento conocí el jazz. Me pasaron un casete de Charlie Parker tocando música de Cole Porter y ahí empece a escucharlo. Es también por Paquito D’Rivera que desde muy chica me gusta el latin jazz. Incluso estudié en La Habana, Cuba, un par de años».

Con el saxo empezó a tocar en bandas de rock y en gira con la Cerveza Salta tuvo la oportunidad de recorrer toda la provincia. Al terminar el secundario se mudó a Buenos Aires para seguir formándose en música. Más adelante, con grupos de jazz que integraba, recorrió varias provincias argentinas para asistir a festivales.

«En las provincias hay gran interés por parte del público por conocer e interés de los músicos por producir, no está todo tan centrado en Buenos Aires. Eso ocurre en todos los géneros», cuenta Yamile. «Hay mucha movida, una riqueza musical importante».

«Siempre hubo mujeres instrumentistas en el jazz, el tema es la (no) visibilización que tuvieron a lo largo de la historia. Creo que las redes sociales actualmente ayudan a que cada una pueda darse a conocer y eso mismo ayuda a que más mujeres se animen a tocar, subirse a un escenario, dirigir su grupo, componer sus temas. Y de esa forma ampliar el rol de la mujer en el jazz y que no solo se pueda destacar como cantante, que ocupe otros lugares en la escena.

La ley de cupo y los movimientos feministas son el resultado de que en los últimos años se haya producido un cambio en cuanto a las posibilidades de las mujeres que se dedican a la música en todos los géneros. Creo también que es fundamental que sigamos trabajando entre mujeres, que nos demos confianza. Ahora, ¿sigue siendo difícil? Sí, obviamente. Yo vengo tocando hace muchos años y la verdad que la tengo que pelear todo el tiempo. Para crecer musicalmente, para desarrollarnos necesitamos ese apoyo. Además de oportunidades, necesitamos el apoyo de nuestros pares. Quizá por ese motivo es que armé el quinteto de chicas, porque sentí esa igualdad entre nosotras».

Paralelamente, Yamile integra un cuarteto que hace standard, con el que tenía planeado grabar en marzo, pero la pandemia puso la agenda en suspenso. Con Jazz Ladies, el plan poscuarentena incluye seguir presentando el álbum que lanzaron en 2019, Alegría, nominado como Mejor Álbum de Jazz en los Premios Gardel 2020.

Foto: Emiliano Rojas Salinas.

Otra movida que encuentra la presencia del jazz a nivel federal es la de OUIA! Este grupo fue creado por María Emilia Sapegno, cantante a la que acompañan Johnny B. Good en guitarra, Caro Crawley en bajo y Jorge Rodriguez en batería.

«Decimos que OUIA! es la onomatopeya pampeana de «Oh, yeah!»», advierte Emilia y no deja dudas de que fue una gran decisión haber iniciado una banda. «Dentro de mi timidez, una de las cosas que logré vencer, pude hacer mi propio grupo. Siempre había estado en formaciones a las que me habían convocado por cantar. De esa forma viví un montón de experiencias maravillosas, visité lugares bárbaros, aprendí muchísimo, pero por esta cuestión de costumbres, paradigmas y aceptación de lugares me sentía incapacitada para formar una banda».

En 2003, mientras Emilia volvía a vivir a Santa Rosa, se formó el Club de Jazz, en el que había una sola mujer. Por una serie de circunstancias, fue la primera cantante del Grupo Santa Rosa Jazz, que además no tenía ningune integrante en el rol vocal, siempre había sido un grupo instrumental.

«Insertarme ahí no fue fácil. Ahora a la distancia lo veo así, estábamos todos temerosos de si iba a funcionar. Con el tiempo comenzamos a ir a festivales de jazz y en todos lados lo que menos había eran mujeres, que siempre eran como la nota de color. Hoy hay un montón».

La ultima edición del Festival Nacional de Jazz de La Pampa se hizo después de más de 20 años. Emilia recuerda que el grupo no contaba con el dinero necesario para financiar el evento.

«El encuentro era todo un rito, venían de todos los palos del jazz y se venía a escuchar a los músicos que no se conocen masivamente. Después se hacían unas cenas geniales, durante tres, cuatro días y todos quedaban «muertos» pero felices».

De los ensayos de OUIA! destaca el conocimiento técnico de Johnny y Caro, dos freakies de la teoría musical que se esmeran en cada nota. Emilia es traductora de inglés y trabaja como secretaria, aunque en su formación artística dedicó horas de estudio al teatro, expresión corporal y danza.

«Otra cosa esencial para mi formación y disfrute es haberme juntado a hacer música con distintas personas. Y el ida y vuelta que se produce en la comunicación con otra mujer al compartir experiencias musicales es un aprendizaje muy enriquecedor.

Como artista siempre pienso y digo que estoy en el camino. Mi aspiración no es llegar a ningún lado, sino hacer lo que hago lo mejor posible. Y disfrutarlo, en paralelo».

Foto: Telon Pampeano.

«Creo que el público, además de algún entendido, va porque lo siente. El jazz como género es resistencia porque pueden variar las formaciones, los músicos podrán dejar de tocar durante algún tiempo, pero el fanatismo con el que hablan quienes hacen jazz es puro amor.

En algún momento tuve una disyuntiva bastante importante acerca de si, por ahí, podría ser un poco elitista pero es lo que me gusta, sinceramente. El público no va a ir en hordas a vernos, pero me encanta».


Amy: la magia de volver a la oscuridad

Hace ocho años llegaba la noticia de que Amy Winehouse había muerto. Con su muerte empezaban las especulaciones, el amarillismo extremo, la venta de lo noticiable. Por otro lado, se perdía una de las más grandes voces de la música. Fue una mujer que se abrió paso y dejó a su paso un mundo obnubilado por su voz y su personalidad, además de abrir el camino para artistas de todo el mundo.

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Hiedra, flamenco militante

«Cuando empezamos a componer la coreografía, nos dimos cuenta de que no podíamos bailar las letras tradicionales del flamenco».

El flamenco ha sido, tradicionalmente, una danza cuyas letras poca representación dan a las mujeres. «Soy un hombre perdido, ay amor, me quedo contigo». Si bien existen cantaoras de larga data, en el contenido de las canciones es frecuente escuchar a hombres relatar sus pesares.

Hiedra es un espectáculo que combina música y baile flamenco para reivindicar la perspectiva de género a través del trabajo autogestivo de las bailaoras Guadalupe D’Aniello, Verónica Marcovsky y Catalina Gutiérrez junto a un gran equipo de músicos que las acompañan.

Escritura Feminista: ¿Cómo y cuándo empezó a surgir Hiedra?

Guadalupe D’Aniello: Hiedra empezó a surgir hace dos años y medio, en unos encuentros que, al principio, eran clases y después generaron una amistad. Primero nos conocimos Vero y yo, después se sumó Cata. Nos empezamos a dar cuenta de que teníamos muchas coincidencias en cómo mirábamos el mundo, la actualidad y el proceso que se estaba llevando a cabo en cuanto al cambio en el rol de la mujer, tanto a nivel social como personal.

Si bien nuestros recorridos eran muy diferentes, empezamos a encontrar nudos en común en lo que sentíamos, en lo que pensábamos, en las pequeñas batallas cotidianas como mujeres. Eso nos llevó a un pequeño brote al que sentíamos que queríamos darle contenido, que nuestro instrumento era el flamenco y queríamos darle continuo crecimiento. Por eso pensamos en Hiedra: como un recorrido, un entramado que va creciendo a medida que se constituye.

E. F.: ¿Cuántas personas participan arriba del escenario? ¿Qué relación tienen entre ustedes?

G: En el escenario, personas fijas somos seis: tres bailaoras y tres músicos (guitarra, cante y percusión). En el estreno de mayo se sumó una bailarina de danza contemporánea e instrumentos no tradicionales de flamenco.

Empezamos con un vínculo de colegas, que después se transformó en amistad y compañerismo. Eso es lo que también nos lleva a discutir cada tema y a buscar horizontalidad en nuestra forma de laburo. Por eso hablamos de creación colectiva.

«Continuamente nos estamos cuestionando mandatos y estructuras tradicionales de las que queremos salir, que queremos romper. Alguna vez nos han preguntado: «¿Y por qué hay hombres?». Porque nosotras vamos por la igualdad, con mucha lectura detrás, y nos parece que podemos profundizar desde ahí».

E. F: ¿Cómo compusieron las letras?

G: Las letras fueron surgiendo como una necesidad. Cuando empezamos a componer la coreografía nos dimos cuenta de que no podíamos bailar las letras tradicionales del flamenco. Entonces empezamos a tirar ideas de lo que queríamos contar. Vero comenzó a componer la poética de las canciones que bailamos, pero antes de eso, Cata trajo los poemas que son las revoluciones. Ella las había escrito en otro momento, por cuestiones personales, y cuando las trajo y las leímos nos dimos cuenta de que contaban un poco el resumen de Hiedra. Esas tres revoluciones son los tres cuadros más importantes de la obra.

E. F: ¿Creés que mediante el baile y la música se puedan transmitir mensajes que cuestionen lo establecido? ¿Por qué les pareció importante poner en escena un flamenco militante?

G: Claro que se puede cuestionar lo establecido mediante la música. La primera forma de cuestionar, para nosotras, fue reescribir letras que en el flamenco no existen. En el flamenco se bailan letras tradicionales siempre. Contar, sobre bases de melodías tradicionales, otra historia, eso es militar dentro del flamenco.

También teníamos un recorrido personal que nos hacía sentir ganas de militar. Ahí es donde se nos une el flamenco con la militancia, como una posibilidad de transformar las realidades, sean grandes o pequeñas. Hacerlo a través del flamenco, que es lo que más amamos, y a través de un espectáculo en el que buscamos la mejor calidad posible. Es lo que sentimos que tenemos que estar haciendo en este momento de nuestras vidas, individuales y colectivas.

Próximas funciones: 18 de agosto y 15 de septiembre en Hasta Trilce (CABA). Las entradas se consiguen por Alternativa Teatral.