#LAMúsica

Esta semana, después de dos nuevas denuncias por abuso contra músicos (Franco Salvador, baterista de Pez y Jean Deon, músico y productor de Diosque, Michael Mike, entre otrxs) fuimos varixs lxs que volvimos a preguntarnos: ¿podré seguir escuchando alguna banda de hombres?

Como alternativa, seguimos actualizando nuestra playlist de música hecha por mujeres.


Ibiza Pareo

Imposible no bailar con este dúo electrónico pop que se formó en 2014 y que el próximo 11 de mayo publicará su segundo disco titulado «Bailemos juntas«.

Ani Castoldi y Marina La Grasta ya habían tocado juntas pero en formato trío (bajo, teclados, batería) en yiLet, y un tiempo después de la disolución se reencontraron musicalmente para dar orígen a Ibiza Pareo.

Desde el lanzamiento de su disco homónimo debut en 2015, ya coparon las pistas porteñas y participaron de varios festivales nacionales e internacionales.

 

Miau Trío

La propuesta musical de Rocío Katz, Mariana Michi y Rocío Iturralde es jazz de los años 20 y 30. En 2016, lograron publicar su disco debut financiado a través de la plataforma Ideame.

En marzo, despidieron un ciclo de verano en el que tocaron todos los sábados en Congo Bar. Las presentaciones de las Miau Trío no solo son musicales sino también performáticas y bastante humorísticas.

Además, participaron en la realización de la música original de Tarde Baby, la serie dirigida por Malena Pichot.


 

¡No olvidés seguir la playlist siempre actualizada en Spotify!

#LAMúsica

Hoy, elegimos dos bandas que tienen solamente un varón en su formación y que, en los últimos años, crecieron un montón dentro de la escena indie local.


Las Ligas Menores

«Llevame en invierno al mar donde el aire es fresco y salado, donde el viento se lleva todo lo que está a su paso y el silencio siempre está a mi lado, a mi lado», es lo primero que escuchamos en «En invierno», corte que se publicó ayer y que forma parte del disco Fuego Artificial, que saldrá el 10 de mayo.

Montañas, ruta, viajes y relaciones (que terminan y que empiezan) son los elementos que más aparecen en las letras de esta banda de indie rock del sello Laptra, formada por Anabella Cartolano en voz y guitarra (además, les contamos que es una brillante ilustradora), María Zamtlejfer en voz y bajo, Micaela Garcia en batería, Nina Carrara en teclados, percusión y coros, y  Pablo Kemper en voz y guitarra.

Hasta el momento, Las Ligas sacó un disco en 2014 («Las Ligas Menores») y un LP en 2016 («Ni una canción»). Su próximo show será el 25 de mayo en Niceto, para presentar «Fuego Artificial».

 

Amor elefante

Este cuarteto sacó uno de los discos más lindos de 2017, «Oriente». Como el sol ascendente, este tercer trabajo consolida mucho más el sonido delicado y pop de sus discos anteriores: su debut homónimo en  2011 y «Parque Miñaqui» (2012). El adelanto había sido su EP «Viishnu» publicado en 2016.

La banda está compuesta por Rocío Bernardiner (voz y guitarra), Rocío Fernández (voz y batería), e Inés Copertino (voz y teclados), las tres de Banfield. A ellas se suma el bajista Andrés Merlo.

El mes pasado publicaron en sus redes una versión del Himno Nacional Argentino.

El plus que encontramos en su último disco es una versión de «Qué raro que me siento» de Mala Fama. Según contaron en sus redes, el mismo Hernán las contactó después de verlas en Canal Encuentro para expresarles su amor y allí surgió la amistad.

 

Como siempre, aquí dejamos la playlist actualizada con temas de estas dos bandas.

 

 


Imágen de portada: Revista 90+10

#LAMúsica

Porque, además del vino más rico y sus maravillosas montañas, Mendoza nos está acercando increíbles músicxs, hoy traemos dos bandas de chicas mendocinas con mucho power.


Las ex

«No tengo faso ni un amigo no tengo tucas ni un conocido», lamenta Laura Velázquez (voz y guitarra) en el tema «No tengo fa». Este cuarteto de punk con influencia surf se formó en 2016 y ese mismo año publicaron su primer y único disco hasta el momento, «Primera temporada».

La banda que completan Camila Guevara (guitarra y coros), Lina Elias (bajo) y Silvina Fresina (batería y coros), también sumó a su disco una adaptación libre del tema de Andy Chango «A mi madre», que habla de tener una mamá lesbiana.

Sigan las redes de estas pibas que, con su sonido súper potente, ya llegaron a tocar en México y a sonar en radios de Seattle y Londres, mientras participan de fechas en capital y varias ciudades del país.


Mariana Paraway

Mariana es cantautora y guitarrista; ya lleva una década dedicándose a la música. El año pasado sacó «La flecha», su tercer disco, en el que invitó a participar también a otras mujeres como Andrea Echeverri, Violeta Castillo y Loli Molina.

Su sonido es principalmente folk, pero también tiene algo de pop y sonidos electrónicos en su último disco. Otra diferencia con sus discos anteriores [«Los peces» (2012) e «Hilario» (2014)] es que «La flecha» es el primero que está cantado todo en español.

 


Seguí escuchando y disfrutando de estas y otras músicas en la playlist que actualizamos todos los viernes.

#LAMúsica

Inauguramos sección y la propuesta es la siguiente: todos los viernes, te vamos a compartir la música de dos bandas integradas y/o lideradas por mujeres. Además, vas a poder seguir nuestra playlist en Spotify, que se va a ir actualizando cada semana.


Kumbia queers

No había forma de inaugurar esta sección si no era con ellas.

Punk rock, cumbia, letras con mucho activismo, amor, desamor, amistad, fiesta y escabio. Además, en vivo la rompen. La banda que ya pasó la década (se formó en 2007) está integrada por las she-Devils (Patt Pietrafesa, Pilar Arrese e Inés Laurencena) Juana Chang y Flor Linyera.

Las Kumbia Queers ya tienen 4 discos (recomendadísimos). Les sugerimos que, si aún no lo hicieron, las vean en vivo porque, de verdad, sus shows son fiestas aseguradas.

 

Sara Hebe

«Antes que histérica, histórica». Este último año, esa frase se multiplicó en cientos de bios y remeras. La frase pertenece al tema «Historika», del primer disco que publicó Sara en 2009 (La hija del loco). Su discografía la completan Puentera (2012) y Colectivo vacío (2015).

A fines del año pasado compartió «Violeta perro», corte de su futuro disco que creemos (y esperamos) que saldrá este año. Desde el rap, el hip hop, la cumbia y el reggae, la cantante y compositora chubutense critica y denuncia todas las injusticias de nuestra realidad cotidiana.

Por eso, también participa continuamente en festivales de distintos reclamos sociales. Su banda la completan Ramiro Jota en beats, guitarra y bajo, y Eduardo Morote (Señor tomate) en batería .

 


Te dejamos la playlist para que empieces a seguirla y disfrutarla.

María Elena Walsh: memoria desde el país del no-me-acuerdo

El 10 de enero se cumplieron siete años desde la muerte de la gran María Elena Walsh. Escritora, poetisa, cantautora, dramaturga y música argentina, Walsh supo marcar a más de una generación desde la infancia hasta la adultez con sus magníficas obras.

Nacida en febrero de 1930 en la localidad bonaerense de Ramos Mejía, María Elena Walsh es una de las referentes culturales más importantes que han emergido de nuestro país en el siglo XX. Desde hace décadas, su voz se infiltra en las casas para narrarles a los niños las locuras que ocurren en el Reino del Revés y la historia de una vaca que quería estudiar en la Quebrada de Humahuaca.

La proeza de Walsh le permitió dirigirse a un público muy amplio, desde Manuelita hasta Fantasmas en el parque, su última publicación en 2008. Sus libros para adultos resultan tan provocativos como atrapantes, gracias a la mezcla de un análisis profundo de la realidad porteña con un talento incomparable para manejar la palabra.

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María Elena Walsh fue una ferviente feminista que ya en la década de 1970 exigía la liberación de la mujer del yugo patriarcal. En 1973, de cara al fin de la dictadura de Agustín Lanusse, Walsh publicó la Carta a una compatriota que, sin ir más lejos, comienza con un contundente deseo sororo: «Querría empezar esta carta llamándote hermana, sea cual fuere tu edad y tu condición social».

En los párrafos siguientes, Walsh describe sin pelos en la lengua el contexto machista y paternalista en que vivía, desde la falta de espacio y autoridad femeninos en la política hasta la denegación del derecho al aborto legal y la eterna maternidad obligada a permanecer en el hogar.

«¿Hay que educar, preparar a las mujeres o dejarlas ser dueñas de sus vidas, restituyéndoles las energías que les saquean, embruteciéndolas? ¿Deben prepararse o lo han estado siempre sin que las dejaran ejercer? «¡Las mujeres no están preparadas!» «¡La intuición, virtud esencialmente femenina!» ¿Y nadie dijo que hay que capar a los cretinos, para que no se sigan reproduciendo y produciendo conceptos como éstos?».

En 2008, a partir de la publicación de Fantasmas en el parque (libro en el cual habla abiertamente de “su gran amor”, Sara Facio, exponiendo así su orientación sexual sin tapujos), Walsh deja su opinión sobre las deudas pendientes del feminismo en nuestro país, en especial desde lo social.

Walsh vivió para ver consumada la ley de matrimonio igualitario, no más. Si bien se han dado pasos agigantados en lo jurídico, la crítica (de ya casi una década) sigue resonando en la actualidad como parte de las problemáticas que enfrentamos como sociedad.

«Es un gran tabú que todavía existe. El amor entre hombres está más liberado, porque ellos son piolas y liberan todo en su favor, pero a las mujeres nos cuesta más, y cuando nos sancionan nos dan con todo. Con la desaparición pública, por ejemplo. […] Una cosa es el pánico homosexual y esa forma terrible de discriminación que es la censura, y otra muy distinta el silencio y la reserva asumidos voluntariamente.

En este sentido, creo que las mujeres seguimos siendo poco perdonadas. Si no decime cuántos no verían con malos ojos que una mujer se niegue a la maternidad y diga: “Me revienta ser madre y tener hijos”. Y ahí es donde se nota que en nuestro país no ha habido feminismo. O que si lo ha habido, ha sido una versión tímida, blandengue, autoencerrada por miedo, por pudor, por lo que sea.

En países donde existió y existe el feminismo, se habla de estos temas con mucha más franqueza. Y en la Argentina, mal que nos pese, aún estamos lejos de arriar la bandera del machismo», (entrevista a Página 12).

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Su obra distingue dos categorías claras. Entre sus historias dedicadas a los más pequeños se destacan los Cuentopos de Gulubú (1966), los Versos para cebollitas (1966), el Twist del Mono Liso (1998) y la Reina Batata (1999), y la música que nace de Canciones de Tutú Marambá (1960) y Como la cigarra (1972).

Para continuar su lectura más allá de la infancia, son destacables obras como Otoño imperdonable (1947) y Desventuras en el país-jardín-de-infantes (tanto el libro, 1993, como el artículo periodístico publicado en 1979 como parte de la resistencia cultural contra la dictadura).

María Elena Walsh pidió ser recordada como alguien que quería dar alegría a los demás, aunque no le saliera siempre. Sin dudas, esa alegría se contagió con éxito a los miles de niños que crecimos con su imaginación.

#Relatos Carta a Chester

I’ve lied to you the same way that I always do. This is the last smile that I’ll fake for the sake of being with you. The sacrifice of hiding in a lie, the sacrifice is never knowing.

Ayer nos sorprendiste, nos dejaste en shock, tristes, profundamente dolidos. Por todos lados apareció tu imagen. Estaban en plena gira, tenias 41 años, 6 hijos de dos matrimonios diferentes, así lo detallaron los medios.

También que lo hiciste por tu amigo Chris, en el día que él cumpliría 53 años.
Y claro, no podía faltar, el detalle del alcohol, las drogas, la violencia y toda la mierda que sale a flote una vez que una persona se va de este mundo.

I’ve given up I’m sick of feeling, is there nothing you can say? Take this all away, I’m suffocating! Tell me what the fuck is wrong with me!

Put me out of my… Put me out of my fucking misery!

Claro que a mí no me importa nada de eso.

No me importa por qué lo hiciste.
En este momento me arrastra el egoísmo de pensar que nada de esto pasó, solo para sentirme bien, para dejar de sentir este vacío en mi pecho.

Un vacío que solo puedo llenar con tu música.

I dreamed I was missing, you were so scared but no one would listen cause no one else cared. After my dreaming, I woke with this fear. What am I leaving? When I’m done here?

So, if you’re asking me, I want you to know when my time comes, forget the wrong that I’ve done. Help me leave behind some reasons to be missed, and don’t resent meand when you’re feeling empty keep me in your memory, leave out all the rest, leave out all the rest.

Don’t be afraid, I’ve taken my beating, I’ve shared what I’ve made. I’m strong on the surface, not all the way through. I’ve never been perfect, but neither have you.

En tus letras dejaste la clave para que lo superemos, para que entendamos cómo te sentías. Así como en algún momento nos sentimos identificados en ellas, sentimos que vos nos entendías, ahora nos toca a nosotros.
Nos preparaste de antemano, ahora sólo queda volver gritar y tratar de imitar la potencia de tu voz hasta rasgarnos la garganta. Como tantas veces hicimos. Sólo para sacarlo todo afuera, para liberarnos de todo.

It’s true the way I feel, was promised by your face. The sound of your voice painted on my memories. Even if you’re not with me I’m with you.

Tu música fue catarsis, tu música es catarsis.

I’ve become so numb, I can’t feel you there, become so tired, so much more aware. I’m becoming this all I want to do, is be more like me and be less like you.

And I know I may end up failing too, but I know you were just like me with someone disappointed in you.

Si, soy de esas que empecé a cuestionarlos después de Minutes To Midnight, no me ajuste a sus cambios. Pero también soy de esas que empezó a escucharlos desde muy joven, en mi caso a los 11, cuando todo es nuevo, sorprendente, vivo pero también doloroso.
Es esa etapa en la que empezás a descubrir y descubrirte. Yo encontré el verdadero significado de la música con ustedes. Me enamoré perdidamente de vos, de tu voz. Era la fuerza que necesitaba.

All you’ve ever wanted, was someone to truly look up to you.

Te convertiste en ese ídolo todopoderoso al que probablemente nada le podía pasar.

Pero eras sólo un ser humano.

Crawling in my skin these wounds they will not heal. Fear is how I fall. Confusing, confusing what is real.

There’s something inside me that pulls beneath the surface. Consuming (Confusing what is real). This lack of self control I fear is never ending, controlling (Confusing what is real)

Me hacés reflexionar otra vez sobre la vida y la muerte. Lo finito que somos en este mundo que todavía no comprendo bien, vos me habías ayudado a entenderlo, me habías abierto los ojos. Ahora lo hiciste de nuevo. Ahora dudo de nuevo.

Es difícil encontrar alivio cuando estás inmerso en una profunda desesperación. Yo logré superar algunas de mis batallas escuchándote. Sos parte de mi identidad, de lo que represento ahora.

What it meant to me will eventually be a memory of a time when I tried so hard and got so far but in the end, it doesn’t even matter.

Una de las tantas veces que me perdí escribí que a través de las palabras me vuelvo a encontrar. Es así siempre, las palabras se vuelven alivio del dolor que llevo dentro, así como en tu caso cantar, y no simplemente cantar sino poner el alma al cantar, fue la luz que te hizo sentir vivo.

Who cares when someone’s time runs out? If a moment is all we are. We’re quicker, quicker. Who cares if one more light goes out? Well I do.

Es lo que te hizo inmortal.

Sometimes goodbye’s the only way. And the shadow of the day will embrace the world in grey. And the sun will set for you.

No sé qué batallas estabas luchando ni que demonios te atormentaban. No me gusta pensar que te ganaron, no quiero pensar que te rendiste. Simplemente que decidiste como y cuando irte.

The sun goes down, I feel the light betray me.

Sólo espero que hayas encontrado paz.

I’ll paint it on the walls’cause I’m the one at fault.

I’ll never fight again and this is how it ends.

I don’t know what’s worth fighting for or why I have to scream. But now I have some clarity to show you what I mean. I don’t know how I got this way, I’ll never be alright.

So I’m breaking the habit, I’m breaking the habit, I’m breaking the habit tonight.


 

El mundo sigue siendo Redondo

La revancha que se esperaba en Olavarría no pudo ser. Vencedores o vencidos seguimos buscando poner en palabras todo lo inexplicable. Medio millón de almas desearon hacer la revolución con una canción de amor. 

Los hiladores de palabras hilaron. Ante la falta de tiempo y de información mintieron. Ante la hoja en blanco, ante el micrófono, la cámara, como hay que decir algo, y el silencio no puede existir, pareciera ser que no importa el contenido. Que no importan las consecuencias. ¿Por qué? Porque somos devoradores natos. Mastica-noticias.

Somos los globalizados-dominados-mediatizados que no podemos esperar. Y se aprovechan, y nos aprovechan. ¿O no lo ven? Llega la espectacularización de la noticia, y tras ello el morbo, los palos, la violencia ilimitada, el hacer leña del árbol caído. El discurso sin respeto, el vaciamiento de sentido.

Aparecen los detractores, que estaban sentados esperando el día que algo ocurriera, para poder salir a señalar con el dedo, a escupir su asco, a manifestar su odio. Aparecen los anónimos y los que se autoproclaman “consagrados” y escupen. Escupen y no paran. Se replican, se sostienen, se nos burlan, se aprovechan.

Olavarría fue y será un quiebre. Tuvo consecuencias, sí. ¿Consecuencias de qué? ¿Consecuencias para quién? Para todos los que creemos, para todos los que ansiamos un espacio de expresión, para todos los que admiramos…. Para todos sin excepciones.

No estuve en el lugar, es honesto aclararlo. Pero los relatos de la gente con la que tomé contacto, y si fueron a la misa, coinciden en varios puntos: el primero, la cantidad de gente rebasaba todo lo imaginado y lo imaginable. La parte previa al show, es decir, la llegada, los rituales, las maneras se mantuvieron en el tiempo. Se asimilaron unos de otros, show tras show. La tercera, sí hubo alcohol, hubo drogas (como en otros lugares, las hay y las habrá) . Dejando hipocresías de lado para poder entender(nos)- hubo asados, familias, bandas, amigos, parejas .

Hubo gente. Hubieron medio millón de personas:  500.000 personas en una ciudad donde habitan 100.000. Por ende, es casi imposible que algunas cosas no se desborden. Intente entender, al menos. Es algo inexplicable, imposible de poner en palabras exactas. Sólo se siente si estuviste ahí.

Mientras que los medios siguen tejiendo las redes, para “demostrar” que en La Colmena, estaban todos de la cabeza; todos iguales; todos amuchados; todos sin cerebro; venerando a su dios; todos los pobres; todos los de la generación «rolinga-cumbiera” y otros tipos de encasillamientos. Ahí, en La Colmena, estaban los Otros. Estaban los que querían bailar, cantar, celebrar lo que tal vez era –y ahora más que nunca- la despedida del Indio de los escenarios. Estaban todos ellos, y los muchos que no pudimos ir. Los que fuimos a otras misas y estuvimos dentro de ese volcán en erupción, que explota con las luces, y grita de alegría al escuchar “Damas y caballeros con ustedes…”. Ahí, hubieron 500.000 esperando brillar.

 Sin retorno a casa.

Dentro del predio murieron dos personas. Dos, que no es poco. Dos entre medio millón. Javier León, de 42 años; y Juan Francisco Bulacio, de 36 años. Ninguno de los dos, según las autopsias murieron por aplastamiento. No hay indicio de ello. Pero el amarillismo, siempre puede más.

No sabíamos casi datos, pero el domingo a la mañana todo el país  sabía que había ocurrido, quienes debían ir a la cárcel, y sabían también que todo iba a suceder. Fueron, excepciones más que reglas, los medios que esperaron, que chequearon la información antes de tirarla a la marchanta. Fueron contados, los que hicieron periodismo.

Medios como Telam,  TN, e Infobae, por nombrar solo algunos, subían la apuesta permanentemente. Porque la noticia que vende –para ellos- es la tragedia. Y mejor aún si el contexto era el que fue. Con casi medio millón de personas en juego, y un artista del tamaño del Indio Solari. Que puede gustar o no, pero es incomparable en convocatoria, y trayectoria artística, y llegada al público. Tiene plata sí, la que él mismo hizo con su labor e inventiva. ¿Por qué el Indio fue el elegido por las masas?¿Por qué no Skay?  Preguntas sin respuestas.

El regreso a casa para todos fue complicado. Triste, tortuoso. Se llora lo que se siente. Y vaya que esto se sintió. Todavía intentamos acomodar las piezas para armar el rompecabezas. Y no, no cierra. Faltan piezas. Quedará inconcluso. Y ese eterno espacio vacío nos hace añicos el corazón y los cuerpos.

¿Qué tenemos allí, abandonado allí?.

Hasta el sábado a la noche me sentí enjaulada. Quería estar ahí, otra vez. Y no pude. Algo adentro mío se prendió al leer el comunicado de cuidarnos entre todos. Desde ahí, algo enrareció. Intenté no pensar, gente que quiero iba a ir a La Colmena.

No se equivocaban. No en el pedido, al menos. Ya se venía de la negación del predio de Tandil, por parte del gobierno provincial. Y luego el ofrecimiento tras el ofrecimiento por parte de Galli, quedaba el predio de Olavarría a disposición. Parecen años. Todo fue amabilidad e invitación. No ocurrió lo mismo el domingo, una vez terminado el recital.

Apareció el deslinde de culpas y responsabilidades. Los pases de la bomba ya explotada. La ciudad no quería más ricoteros, no quería más al Indio. Querían ahora, que Carlos Solari y la productora  En Vivo S.A , de los hermanos Peuscovich, se hicieran cargo. Y, por ende asumieran culpas. Algo falló, eso es sabido.

Muchos tuvieron miedo, muchos otros vivieron una fiesta “enrarecida” pero se llenaron de felicidad. Felicidad que cayó al enterarse de lo ocurrido. Con la desesperación que propiciaba el contexto. Y el fogonazo de la mala leche mediática y oportunista.

Ni Cromañon, ni Walter.

Apoyados en el no–saber, se tejieron significantes y paralelismos. El fantasma de Cromañon cobraba fuerzas. En redes y medios, se pedía la cárcel, se pedía que sean iguales con el Indio que con Callejeros y con Pato Fontanet. Olvidando, quizá a adrede, que la música no mata. Sí la torpeza, sí la avaricia, si los pocos recaudos. No la música.

Esto no fue Cromañon. Sí hubo bengalas. Porque a veces pareciera, que como público no aprendemos más. Que no se aprende de lo ocurrido. Pero no somos todos. Aunque por un par, paguen los otros casi 500 mil.

El otro significante feroz y mal intencionado, fue el de comparar la muerte de Juan Francisco Bulacio, con la de Walter Bulacio. Walter fue levantado en una razzia policial (métodos que hoy en día se volvieron a llevar  a cabo, porque el Estado le confiere poder a las Fuerzas Policiales) afuera de Obras en el 91. Y murió en manos de la Federal. A Walter lo mató la policía. No los Redondos, no el Indio.

No hubo revancha.

Se esperaba tener una revancha redonda. Era de antemano pensar en  ir a Olavarría y viajar en el tiempo. No pudo ser. La fiesta se apagó, se tiñó de oscuro, se manchó. Los corazones de ricota siguen latiendo a un ritmo desesperado.

Los que odian tuvieron su alimento. Porque son los que no comprenden la alegría de estar entre las multitudes siendo hermanos. Los que odian, son los mismos que levantan los dedos acusatorios. Los mismos que prenden el fósforo para encender una adversidad, que es falaz.

Ellos, los que estuvieron; Nosotros, los que estuvimos con el alma; no odiamos. Estamos tristes, sí. Pero con el corazón lleno de música. A pesar de no encontrar explicaciones.