El 35º Encuentro Plurinacional es con todes

Artículo colaboración escrito por Micaela Minelli y Karen Cuesta


Desde los últimos encuentros se viene reclamando a la Comisión Organizadora el cambio de nombre del evento, ya que la línea original del «Encuentro Nacional de Mujeres» deja por fuera aquellas personas que pertenecen a otras naciones o que no se consideran parte de un territorio nacional. Con una fuerte intervención de las comunidades originarias organizadas, el Encuentro fue tomando un tinte plurinacional e incorporando debates que traen las diferentes comunidades que participan.

Por otro lado, el sostener que es un encuentro sólo de «mujeres» deja por fuera las identidades que no entran en esa categoría, como lo son las identidades travestis, trans, lesbianas, intersex y no binarias. Como sostiene aquella frase tan citada por los feminismos: «Lo que no se nombra, no existe».

Plurinacional y disidente

El Encuentro Nacional de Mujeres estuvo atravesado por una discusión que tiene que ver con el espacio: su nombre. Ya en los últimos encuentros, Chaco 2017 y Trelew 2018, los feminismos dieron un debate acerca del reconocimiento de las identidades disidentes y lo plurinacional antirracista. A raíz de ello, algunas personas quisieron mantener el nombre y otras no. Por esta razón, antes del encuentro de 2019, surgió la campaña #SomosPlurinacional que, a través de asambleas y votación, definió cambiar el nombre a Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No-Binaries.

Durante 2019, el último año con encuentro presencial, en el acto de cierre se decidió que el próximo encuentro tendrá como sede a la provincia de San Luis. Además, durante la asamblea en el Estadio Único de La Plata se votó cambiar la denominación a Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Transexuales, Travestis, Bisexuales y No Binaries. Desde allí comenzaron una serie de asambleas para definir por votación los pormenores de este encuentro. En esta línea, el próximo 7 de mayo habrá una nueva reunión, la número 13, donde se continuarán definiendo ítems de cara a octubre.

Tras dos años de pandemia, la Comisión Organizadora del Encuentro Plurinacional de Mujeres, Travestis, Lesbianas, Trans, Intersexuales, Bisexuales y No Binaries realizó una conferencia de prensa para anunciar dónde se realizará la 35º edición del evento los días 8, 9 y 10 de octubre de 2022. En ese marco, la organización señaló: «Tal cual nos enseñó el feminismo, lo que no se nombra, no existe. Por eso decidimos incluir a les compañeres de pueblos originarios que, sin haber nacido en nuestro territorio, son parte de la lucha todos los días».

El conflicto

Si bien los femicidios y la desigualdad siguen existiendo, el escenario para este encuentro es diferente ya que desde 2019 se conquistó el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, histórica demanda de los feminismos organizados en los encuentros, y surgió un Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad. Sin embargo, mientras el movimiento feminista latinoamericano está en un momento de expansión, la interna nos divide.

La confusión comenzó cuando se anunciaron dos fechas diferentes, una para el 10, 11 y 12 de octubre y otra para el 19, 20 y 21 de noviembre. ¿Por qué dos fechas? ¿A cuál vamos? ¿Cuál es la oficial? ¿Qué está pasando? Después de 35 años y por primera vez en su historia, habrá dos convocatorias. El 8, 9 y 10 de octubre será la primera con el nombre de Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, mientras que quienes no están de acuerdo con el cambio de nombre realizarán la propia el 19, 20 y 21 de noviembre, también en la provincia de San Luis.

Las construcciones de mayorías son complicadas y las internas revelan un cambio de paradigma que tarde o temprano iba a suceder. No es la primera vez que sucede que en los movimientos de liberación aparezcan resistencias a dar ciertos debates. En la revolución sexual de la segunda ola, entre las décadas del 60 y el 70, las feministas que habían logrado instalar las demandas por la liberación de los cuerpos, el aborto legal y la equidad salarial también tuvieron sus propias diferencias, en aquel entonces puestas sobre la mesa por las lesbianas.

Recuperar la historia de nuestros feminismos, originarios, indígenas, lesbianos, diversos, travestis, populares, barriales, empieza por identificarnos, reconocernos en la lucha; lo cual no significa que en unos años nuevamente no se tengan que repensar algunos conceptos. Los movimientos son, justamente, movimientos, y es por eso que no pueden detenerse.

Nos vemos en San Luis

En casa no estamos seguras

La pandemia es una caja de resonancia que agudiza situaciones históricas de desigualdad. En este escenario las mujeres que sufren violencia intrafamiliar, especialmente aquellas que deben transitar el aislamiento obligatorio junto a su agresor, corren el riesgo de convertirse en las víctimas ocultas de la pandemia porque se dificultan sus posibilidades de denunciar así como el acceso a sus redes de contención.

En América Latina, en promedio 1 de cada 3 mujeres ha padecido violencia física o sexual en una relación íntima a lo largo de su vida. Además, de los 25 países con los números más elevados de femicidios, 14 están en nuestra región: nueve mujeres son asesinadas cada día. Una de las principales estrategias de control de los perpetradores de violencia doméstica es la de aislar a la víctima, es por eso que las mujeres nos encontramos resistiendo a dos pandemias letales: el Covid-19 y el machismo.

Según datos recogidos por Naciones Unidas, en Argentina, México, Colombia y otros países de la región, la violencia familiar contra las mujeres creció este año entre 30% y 50%. En nuestro país, desde la cuarentena obligatoria dispuesta como medida sanitaria contra el coronavirus, aumentaron los llamados a las líneas de ayuda por violencia de género y familiar: en la línea 144 recibieron un 40% más de llamados y en la 137 subió un 20%.

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¿De qué hablamos cuando decimos violencia de género?

En el año 1995, la Organización de las Naciones Unidas, definió a la violencia de género como: «todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada».

Esta primera definición de la ONU contempla los tipos de violencia física, sexual y psicológica, pero existen otras. La ley N° 26.485 sobre prevención, sanción y erradicación de las violencias contra las mujeres en todos los ámbitos en que estas desarrollen sus relaciones intrapersonales, nos da un marco teórico para comprender los diversos aspectos de la violencia.

La ley enuncia que se entenderá por violencia contra las mujeres «toda conducta, acción u omisión que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público o privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedando comprendidas también las perpetradas por el Estado o sus agentes».

La cuarentena que obliga a convivir a las mujeres junto a su agresor puede exacerbar los riesgos de violencia a partir de los siguientes factores:

  • Aumenta el tiempo de contacto entre la mujer y su agresor.
  • El estrés es mayor y las mujeres son las más afectadas por el cuidado de familiares durante esta pandemia.
  • La pérdida o disminución del contacto con las redes sociales (familiares y amigues) que pueden brindar apoyo y protección contra la violencia.
  • Otros servicios, como líneas directas y refugios, también pueden reducirse.

Además de las situaciones de daño físico (golpes, violación, femicidio), durante la cuarentena el distanciamiento social le permite al abusador ejercer otras formas de control y maltrato psicológico que incluyen:

  • Limitación al acceso a las noticias y otros medios, convirtiéndose en la fuente de toda la información.
  • Retención y ocultamiento de documentos, tarjetas de crédito y de obra social o medicina prepaga.
  • Control sobre las interacciones en línea o uso del teléfono celular para coartar su acceso al mundo exterior.
  • Justificación de tácticas de aislamiento basándose en la «seguridad» de la víctima.

El Estado es responsable

Con la intención de combatir la violencia de género en todos sus ámbitos, desde el Estado se crearon medidas como la implementación de nuevas vías de comunicación además de la línea 144, se permitió que las mujeres en situación de violencia pudieran circular en cualquier momento a pesar de las restricciones y hasta se realizó un convenio para que quienes necesitaban ayuda se acercaran a las farmacias y pidieran un «barbijo rojo».

Pero nada alcanza, las mujeres con o sin denuncias previas se encuentran desprotegidas frente a sus agresores que las hacen padecer todo tipo de violencias, humillaciones y, en el más extremo de los escenarios, las matan. Por su parte, programas como el de Educación Sexual Integral deben servir para educar desde edades tempranas a los varones en otros patrones socioculturales, varones que hablen a otros varones de estos temas, que no sea solo un tema de mujeres.

La pandemia silenciosa

Graciela, Ivana, Úrsula o Vanesa; Córdoba, Jujuy, Neuquén o Buenos Aires. Los nombres propios son intercambiables pero la situación es la misma: una mujer denuncia a su agresor, un violento que se cree que las mujeres son un objeto del que se puede disponer, una justicia ineficaz, un Estado ausente o con respuestas que no alcanzan, una mujer que pide ayuda desesperada y, finalmente, un femicidio.

En 2020 la pandemia no frenó los asesinatos por razones de género. Según el análisis de medios gráficos y digitales realizado por el Observatorio Ahora que sí nos ven, del 1 de enero al 30 de diciembre, ocurrieron 298 femicidios, 25 femicidios en el mes de diciembre. Lo que equivale a una mujer asesinada cada 29 horas.

Fuente: Observatorio Ahora que sí nos ven

Los datos nos vuelven a confirmar que quienes dicen amarnos son quienes nos matan, ya que en el 64,5% de los casos el femicida fue la pareja o ex pareja de la víctima. Respecto del lugar donde ocurrió el femicidio, en el año 2020 el 65% tuvo lugar en la vivienda de la víctima. Tal como venimos señalando, el hogar no es un lugar seguro para las mujeres.

El Observatorio Lucia Pérez, del medio de comunicación La Vaca, creó un mapa y un padrón colaborativo para brindar información acerca de la violencia machista. Los datos brindados muestra que en lo que transcurrió del año 2021 se cometieron 65 femicidios, 54 niñes perdieron a su madre y, en muchos casos, su padre es el femicida.

Precarizarnos también es violencia

La pandemia de Covid-19 ha profundizado la pobreza estructural de las mujeres en todos los ámbitos. La ONU calcula que unas 47 millones más de mujeres y niñas caerán por debajo de la línea de pobreza, revirtiendo así décadas de progreso para erradicar la pobreza extrema.

Este aumento en la pobreza de las mujeres se debe a que, en su gran mayoría, son ellas y las niñas quienes cargan con las labores de cuidados, haciendo aportes fundamentales para intentar enfrentar el virus. Además, la mayoría de quienes ponen el cuerpo por bajos salarios trabajando como enfermeras, docentes y empleadas de casas particulares son mujeres.

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Las tácticas de supervivencia que pueden desarrollar las mujeres en situación de violencia de cualquier tipo deben estar acompañadas por acciones externas de la comunidad, de las organizaciones que trabajan directamente con las mujeres en situación de riesgo de violencia y de las instituciones de todos los poderes del Estado (nacional, provincial y municipal) para que el mensaje #QuedateEnCasa no ponga en riesgo a mujeres y niñes.

Las mujeres no deberían ser las únicas que busquen soluciones. Para erradicar la violencia machista también es necesario el compromiso de los varones para construir nuevas masculinidades y transformar estas relaciones asimétricas de poder que sostienen un sistema patriarcal que nos explota, empobrece y mata.


Fuentes:

Imagen de portada: Canal Abierto


Los femicidios no tienen cuarentena

Ludmila tenía 14 años de edad y había desaparecido el sábado a la noche cuando salió con amigues. Su cuerpo fue encontrado sin vida el domingo. Estaba semidesnudo dentro de una bolsa entre dos colchones, en una casa ubicada a cinco cuadras de la suya, en el barrio Villa Escobar de Francisco Álvarez, en Moreno, provincia de Buenos Aires.

El crimen ocurrió entre las 6 de la mañana y las 12 del mediodía del domingo. Quienes asistieron a la fiesta dijeron ver a Ludmila salir de la casa cerca de las 7 de la mañana pero minutos más tarde volvió a entrar. Durante la manifestación pidiendo justicia, vecines dijeron que cerca de esa hora escucharon gritos que partían desde el interior de la casa.

Si bien el feminismo se afianza como el camino para lograr que la sociedad se construya sobre pilares más igualitarios y menos violentos, vencer al patriarcado es un compromiso de todes. La voz de la joven al grito de «Me quiero ir» fue escuchada por les vecines, pero creyeron que se trataba de una «pelea normal» y no hicieron nada.

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La hipótesis de les investigadores es que intentaron abusar de ella, se resistió y la asesinaron. Hasta el momento, se aguardan los resultados con una ampliación del informe forense. El cuerpo fue hallado en la casa gracias a la intervención de un tío de la víctima, que es policía y utilizó una aplicación para lograr la geolocalización de su celular, que seguía señalando su presencia en la casa del principal sospechoso.

La causa quedó en manos de la UFI N° 4 del departamento judicial de Moreno y General Rodríguez a cargo del Dr. Federico Soñora. Según sus familiares, la joven les escribió que se había tomado un remis y que estaba regresando a su casa. Pero nunca llegó. Su teléfono celular estuvo conectado hasta las 8 de la mañana y luego se apagó.

Ludmila no fue la única víctima. El Observatorio «Lucía Pérez» de Violencia Patriarcal registró, entre el viernes 4 y el viernes 11 de septiembre, siete femicidios en cinco provincias del país: cuatro ocurrieron el mismo día, tres de ellas estuvieron desaparecidas y dos eran menores. El medio La Vaca al cual pertenece el informe expresó que «no son cifras. Reconstruimos sus historias para exigir al Estado que haga aquello que está obligado: políticas públicas efectivas para prevenir, erradicar y sancionar la violencia machista».

el femicida estuvo en la comisaría

El principal sospechoso es Cristian Adrián Jerez de 19 años de edad, quien alquilaba la casa donde se halló a Ludmila. Jerez se presentó el domingo en la comisaría y dijo que debía ir a buscar su DNI pero escapó. El padre de la victima aseguró que vio cómo el sospechoso declaraba, al igual que otros jóvenes, para aportar datos que ayudaran a la búsqueda.

El joven, quien permaneció prófugo más de 30 horas, fue detenido durante un rastrillaje realizado en un descampado de la misma localidad luego de que les investigadores detectaran actividad de su teléfono y un testigo alertara al 911 sobre su presencia en las inmediaciones. Tras su detención, se negó a declarar y quedó imputado por el delito de homicidio agravado por mediar violencia de género.

El mal accionar de la policía generó la indignación de amigues y familiares de Ludmila, quienes se manifestaron frente a la comisaría: algunes tiraron piedras al edificio y quedaron demorades. La localidad de Moreno se encuentra en la mira: el pasado 15 de abril la policía también dio con el cuerpo de Camila Aldana Tarocco, una joven de 26 años, enterrado en un descampado de un predio deportivo sindical en la zona.

Ni caso ni aislado

Los femicidios no son casos aislados producidos por «enfermos», sino que forman parte de la consecuencia más cruel de una sociedad machista y patriarcal que somete a mujeres y disidencias. Los femicidas son personas que conviven, trabajan, se mueven y socializan con normalidad dentro de la comunidad.

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La semana pasada se dieron a conocer los datos del Observatorio Nacional Mumalá: «Mujeres, Disidencias, Derechos». El registro recopila datos publicados en medios de comunicación entre el 1 de enero y el 30 de agosto de este año. Según el informe, se cometieron 181 femicidios, lo que equivale a 1 cada 32 horas. Además, hubo 167 intentos de femicidios y 193 niñes quedaron sin madre.

Observatorio Nacional Mumalá.

El contexto actual de pandemia pone en peligro a las mujeres en situación de violencia dado que, del total de femicidios, 118 se realizaron durante el aislamiento social obligatorio: el 41% de los agresores fueron la pareja y el 22% la expareja; en relación al lugar donde se perpetró el femicidio, el 36% fue en la casa de la víctima y el 32% en la vivienda compartida con el agresor.

Observatorio Nacional Mumalá.

En el país de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales y No Binaries, el feminismo organizado por el #NiUnaMenos y el aborto legal y las organizaciones de derechos humanos, siguen matando mujeres. Seguimos siendo violadas, asesinadas y tiradas como si fuésemos basura. ¿Qué hacemos mal como sociedad? Necesitamos urgente políticas públicas que pongan freno y fin a la violencia machista.


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Ni una menos: la lucha es colectiva

Hoy, 3 de junio de 2020, se cumplen 5 años del surgimiento del Movimiento Ni Una Menos, que tras décadas de lucha feminista concluyó con una marcha masiva en contra de la violencia machista. Esta vez no podremos encontrarnos en las calles pero desde el colectivo convocan a manifestarse por redes sociales, nuestro medio y lugar de contención durante el aislamiento.

Desde 2015, cada 3 de junio miles de personas ocupamos las plazas para ser la voz de quienes ya no la tienen, víctimas de la violencia femicida. Ponemos cuerpo, palabras, banderas y carteles para decir que la violencia machista mata y lo hace mucho antes de que el corazón deje de latir. Este año nos tocará estar aislades, sin poder reencontrarnos a causa de la pandemia pero manteniendo las convicciones.

«Ni Una Menos» es un colectivo que reúne a un conjunto de voluntades feministas; también es un lema y un movimiento social. «Ni una menos, ni una muerta más», la frase que se ha convertido en el símbolo de la lucha latinoamericana en contra de los femicidios, pertenece a Susana Chavéz Castillo. Poeta y activista mexicana, fue asesinada en 2011 tras denunciar los crímenes contra las mujeres en México.

El asesinato es el punto más cruel de este tipo de violencias pero no es el único. También lo son todas las estructuras sociales que oprimen desde la niñez: los mandatos de belleza, los estereotipos de género, la brecha salarial, el hacerse cargo de las tareas domésticas, la escasa cantidad de mujeres en el poder, la falta de acceso a la ESI y al aborto seguro son solo algunas de las maneras en las que el patriarcado disciplina y oprime a las mujeres y las disidencias.

El 3 de junio es una fecha que sella un compromiso con la construcción de un movimiento transversal y poderoso. El problema es de todes y la solución hay que construirla en conjunto. El femicidio es la forma más extrema de violencia y atraviesa todas las clases sociales e ideologías. Según la carta orgánica del movimiento, «la palabra femicidio es una categoría política, es la palabra que denuncia el modo en que la sociedad vuelve natural algo que no lo es: la violencia machista».

Que podamos ser asesinadas en manos de un hombre no es otra cosa que marcar los cuerpos de las mujeres violentamente y como amenaza para otras: para que las mujeres no puedan decir que no, para que renuncien a su independencia o no se alejen de los parámetros establecidos. Lo mismo ocurre con el colectivo LGTTBIQA+, contra quienes se ejerce violencia machista a modo de «adoctrinamiento». Desde el movimiento aseguran que se proponen:

«Crear formas de vida y crear organización feminista, capaz de trabajar desde la heterogeneidad y con el máximo de los respetos a la pluralidad que nos constituye. Nuestro nombre es el de la construcción de una sociedad más libre, en la que desde la infancia no seamos empujadas a la aceptación de patrones de conducta que nos condenen a la subalternidad y la obediencia».

Ni una víctima más

Desde el año 2015, la Corte Suprema de Justicia de la Nación elabora un registro de datos estadísticos de las causas judiciales en las que se investigan muertes violentas de mujeres por razones de género. Según los datos brindados por el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina se identificaron 255 víctimas directas de femicidios en la República Argentina entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2018. Esta cifra no contempla travesticidios/transfemicidios, ni femicidios vinculados.

El informe correspondiente al año 2019 todavía está pendiente pero un estudio del Observatorio Mumalá indicó que 2019 fue un año récord en femicidios: hubo cerca de 1 cada 24 horas. El relevamiento indica que desde el 1 de enero al 31 de diciembre de 2019 hubo 284 femicidios; de ese total, 247 fueron femicidios directos, 30 vinculados y 7 trans/travesticidios. Aclara, además, que hay 38 muertes en proceso de investigación.

Según un informe del Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, desde que comenzó la cuarentena (el 20 de marzo) hasta el 24 de mayo, hubo 55 femicidios. Como en la mayoría de los casos, el 68% de los femicidas fueron sus parejas o exparejas. Una de cada cuatro mujeres asesinadas había hecho una denuncia previa o contaba con una medida judicial, lo que expone a un poder judicial y a un Estado ineficaces ante la necesidad de combatir la violencia machista.

Es importante difundir que durante la cuarentena las mujeres y personas LGBTTIQA+ que estén sufriendo violencia machista pueden salir de sus hogares para pedir ayuda o denunciar a su agresor, incluso con sus hijes y acompañades por otra persona. Crear lazos solidarios y de confianza es clave para romper el círculo de violencia. Del mismo modo, juntes generamos la visibilidad y jerarquización de la problemática. Decir «Ni Una Menos» no es un ruego ni un pedido, es tejer una trama de resistencia y solidaridad para reclamar lo que queremos: ni una víctima más.

Si sufrís violencia de género, llamá al 144, disponible las 24 h. del día y los 365 días del año.


Fuentes:

Las omisiones que le hacen mal a la Argentina

El pasado viernes, la noticia principal fue la cantidad de personas abarrotadas en las puertas de los bancos. La escena le cayó mal al presidente Alberto Fernández que se desayunaba, programas televisivos mediante, que sus funcionarios no habían coordinado con Anses y el Banco Central. Se pidieron renuncias de funcionarios. En Tucumán, en tanto, la policía no accionaba frente a un posible femicidio que se consumaría ese mismo día. Las omisiones le hacen mal a la Argentina. Sigue leyendo Las omisiones que le hacen mal a la Argentina

Lucía no se mató sola

Esta semana se conoció el fallo por el femicidio de Lucía Pérez y no hubo justicia. O sí, pero patriarcal y con el prefijo “IN” adelante. ¿Lucía se mató sola? ¿Quién la mató? ¿Qué pasa con las vidas apagadas de las pibas?


Un femicidio que sacudió al país

Corría octubre de 2016 cuando el brutal femicidio de Lucía Pérez llegó a las pantallas de la televisión y a todos los hogares argentinos. Los detalles del crimen provocaron náuseas, congoja e impotencia. A la parálisis inicial se la combatió con el Primer Paro de Mujeres, ese miércoles negro que llenó las calles de mujeres que lloraban a Lucía, junto a un cielo rabioso que hacía lo mismo.

Dos años después, la (in)justicia patriarcal la volvió a matar. Con este fallo no hizo más que dejar en evidencia el camino inmenso que falta recorrer para que las pibas no sigan faltando de sus casas y que, si lo hacen, los culpables paguen por el delito cometido.

El fallo de la vergüenza

El tribunal de Mar del Plata, integrado por los jueces Facundo Gómez Urso, Aldo Carnevale y Pablo Viñas condenó a Matías Farías (25) y Juan Pablo Offidani (43) a 8 años de prisión por el delito de «tenencia y comercialización de estupefacientes, agravado por su venta a una menor de edad y en jurisdicción de una escuela». Además, absolvieron a Alejandro Maciel (61), el tercer imputado.

Durante los alegatos, el fiscal Daniel Vicente había pedido prisión perpetua para Farías, por considerarlo autor de «abuso sexual con acceso carnal agravado en concurso ideal con femicidio, con el agravante del suministro de estupefacientes a una menor», y 18 años de cárcel para Offidani, considerado «partícipe necesario» del delito. Para Maciel, señalado como quien habría lavado el cuerpo de la menor, había pedido la libertad.

Por su parte, el abogado de la familia, Gustavo Marceillac, había pedido que los dos primeros imputados fueran condenados a cadena perpetua y Maciel a cuatro años y medio de prisión. Sostuvo en su alegato que se estaba ante un caso de «adultos que reclutaban menores en la puerta de una escuela para venderles droga y satisfacer sus necesidades sexuales».

En el mismo fallo, el tribunal pidió que se investigase a la primera fiscal de instrucción del caso, María Isabel Sánchez (apartada de la causa luego de decir en una conferencia de prensa que la joven había sido empalada). Los especialistas, descartaron que Lucía hubiera muerto víctima del reflejo vagal y consideraron que pudo haber muerto por asfixia tóxica, debido al consumo de cocaína.

El Instituto Nacional de la Mujeres (INAM) y la Defensoría del Pueblo de la Provincia rechazaron el fallo y anunciaron que acompañarán a la familia en la apelación.

Algunas consideraciones

En las últimas horas trascendieron algunos fragmentos de la sentencia, que no hacen más que profundizar la indignación.

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¿Qué tipo de consentimiento podía manifestar una joven de 16 años drogada por hombres muchos mayores que ella? ¿Ningún juez notó la asimetría de poder? Si hay facturas y Cindor, ¿no hay violación ni femicidio? ¿Incidente de salud? ¿Lucía se murió sola? ¿Las drogas que le vendieron adultos no tuvieron nada que ver? ¿Las relaciones sexuales pueden ser consentidas en esa situación de vulnerabilidad para la joven?

Estas son apenas las primeras preguntas que surgen a partir de la lectura de la sentencia (que puede leerse completa aquí), cuyas respuestas se resumen en una sola realidad: el machismo nos está asesinando y la justicia patriarcal le da la espalda a nuestros cadáveres.

Sin 137, no hay Ni Una Menos

El programa de asistencia a las víctimas de violencia machista se encuentra amenazado por las políticas de ajuste permanente del gobierno nacional. Quienes trabajan en él denuncian su posible desfinanciamiento y la inminente pérdida de puestos de trabajo. Además, se preguntan: ¿quién va a atender a las víctimas?


Un Estado cómplice de la violencia machista

Bajo una interminable doctrina del shock, todos los días hay más puestos de trabajo en peligro y más ciudadanxs con derechos vulnerados. Es así como, desde fines de agosto, quienes integran el programa “Las Víctimas contra las Violencias” conducido por la psicoanalista Eva Giberti se encuentran en estado de alerta ante la amenaza de desfinanciamiento.

Dependiente del Ministerio de Justicia y DD. HH. de la Nación, el programa incluye la atención de la línea 137 (emergencias de violencia familiar y sexual) y el 0800 222 1717 (abuso sexual infantil), disponibles las 24 horas del día, los 365 días del año. Operativo desde el año 2006, sus profesionales asesoraron en más de 200 mil casos e intervinieron directamente en más de 43 mil en todo el país.

¿El comienzo del fin?

A las condiciones de trabajo precarias del sector, se sumó la circulación del borrador de un decreto redactado por los Ministerios de Modernización y Hacienda que plantea disolver los Entes Cooperadores y rescindir todos sus contratos de personal antes del 1 de enero de 2019. Esta medida impactaría directamente en las fuentes de trabajo de lxs trabajadoxs del Ministerio de Justicia –y, en consecuencia, del programa “Las Víctimas contra las Violencias”, ya que el 90% de ellxs cobra a través de estos entes.

«Ante el peligro de la pérdida de 10 mil puestos de trabajo en el Estado, estamos organizados y, por primera vez en 12 años, con cese de actividades. Desde 2006, el Programa acompaña a víctimas de violencia familiar y sexual ininterrumpidamente hasta el día de hoy. Nos vemos obligadas y obligados a tomar estas medidas en defensa de nuestros puestos de trabajo y de las políticas públicas que garantizan los derechos de las víctimas», manifestaron desde el programa (La Izquierda Diario).

La situación al momento 137

Recientemente, lxs trabajadorxs de ambas líneas emitieron un comunicado en el que actualizan la información:

“El pasado viernes 14/09/18, luego de una reunión mantenida entre autoridades del Ministerio de Justicia y DD. HH. de la Nación y representantes de ATE y UPCN, tomamos conocimiento de que el Poder Ejecutivo Nacional desestimó la posibilidad de traspasar los ENTES de Cooperación. No obstante, debido a la ausencia de un documento escrito que avale tal manifestación, hemos decidido continuar en estado de alerta y movilización permanente”, (137 en lucha).

 

 

El periodismo que deseamos

Este 7 de junio, Día del Periodista, queremos ser fieles a nuestro estilo y saludar a todxs lxs laburantes de esta ardua y querida profesión. Para ello, queremos destacar algunas voces que son de puro aprendizaje para nosotrxs, como medio y como profesionales de la comunicación.

Hemos descubierto hace ya algunos años que las mujeres somos gestantes de movimientos, de nuevos parámetros, de nuevas luchas. Hacemos nacer los frutos de lo que fuimos construyendo con esfuerzo porque en los medios (como en otras profesiones) la predominancia de puestos es masculina, factor que nos reduce el empleo y, además, mantiene una lógica que nosotrxs no aceptamos.

Sin denostar a compañeros que acompañan, que bancan y que apoyan, hoy nos interesa resaltar el rol de algunas periodistas que, además de ser referentes, son el ejemplo de que en este terreno nada se consigue con sentarse a esperar.

Al comenzar a estudiar Periodismo, un profesor nos dijo: “Chicxs, si quieren plata u horario corrido, dejen la carrera ya”. Lo que dijo, en tono gracioso en ese momento, es la clave de la profesión, que muchas veces se ejerce en conjunto con otros quehaceres porque existe la precarización laboral diaria, porque hay que tener el dinero cada mes pero creemos en lo que hacemos, y si lo que hacemos no nos da de comer agregaremos actividades, pero nunca dejaremos de hacer periodismo.

Este medio nació al ver cómo se trataban los femicidios y los casos de violencia hacia la mujer, cómo se manipulaba la información al hablar de sexualidades disidentes, sin un marco con perspectiva de género. Los grandes medios exponían y exponen a las mujeres, a las víctimas, y siguen permitiendo que se corra el eje de los verdaderos culpables.

Nacimos después del Ni Una Menos. Con toda la potencia y el hambre de narrar los acontecimientos de una manera más justa, sin ocultar, sin mentir, poniendo en foco las lógicas machistas y patriarcales con las que debemos romper. No sólo desde los medios, sino como sociedad toda.

Esta semana queremos saludar a quienes hacen periodismo de una forma a la que adherimos. A esxs que dan batalla, que sostienen medios autogestivos, que llaman a las calles y ahí están junto a nosotrxs. Que no cobran fortunas ni son estrellas mediáticas, sino que son compañerxs reales, de carne y hueso, que ponen el cuerpo, la cabeza y la palabra para aportar esa fuerza que mueve el eje de la tierra.

Queremos saludar a Luciana Peker, por su periodismo que nos abre siempre nuevos conceptos sobre género y sexualidad, por luchar por el aborto legal, seguro y gratuito, y por dejar de lado preceptos moralistas. Por sus notas en Página 12, en Anfibia, y por su libro “Putita Golosa” que se planteó como el deseo irreverente de no cerrar nunca la boca.

A Julia Mengolini y toda su comunidad de FutuRock, porque no dejan de divertir, porque en cada palabra de Julia se nota una mina que banca y se la banca. Le hace frente a todos esos que no pueden soportar que una mujer de su tamaño les escupa en la cara, que un poco se les ríe y otro poco se pone seria para hacerles ver toda la porquería que cargan encima. Parece no haber parado nunca, y la seguimos, le agradecemos, la queremos.

A María Florencia Freijo, porque hoy está expuesta de forma más mediática y eso es exponer el feminismo, ayudar a que le llegue a más personas. Flor, que es politóloga pero oficia de periodista, y la tiene clarísima. Al tiempo que explica, arremete contra todo eso que está ahí a la vista de todxs, pero que muchxs no se atreven ni a pronunciar. Lo hace con gracia, con potencia, con mirada de compañera.

También, saludamos a Marta Dillon, por su precisión, por su historia y por ser contundente en cada nota, en cada entrevista; A María Florencia Alcaraz, por sus columnas de política y género, y por ser impulsora del Ni Una Menos; A Mariana Carabajal, por sus historias que narran eso que nos duele hasta los huesos, que nos convoca y nos unifica; a Angela Lerena, por representar desde un lugar al que aún hoy pocas mujeres llegan.

Saludamos a lxs compañerxs que hacen el periodismo en el cual creemos. A quienes escriben en La Vaca y llevan adelante cada firma de los colectivos por el aborto legal, seguro y gratuito; a lxs integrantes de Cosecha Roja; a todxs lxs que a fuerza de coraje y pulmón hacen La Garganta Poderosa y no paran de gritar; a todxs lxs que firman Sudestada y nos regalan notas y ediciones especiales de revistas que son un tesoro; a lxs Anfibia, por no dejar de sorprender en cada edición, por la profundidad en el tratamiento de cada tema y por poner voz a eso que no aparece en otros medios.

Saludamos a todos y todas  en su día, a periodistas radiales, televisivos, comunicadores en espacios alternativos. Quienes cuidan la palabra y la hacen colectiva. Como medio, pero también como individuos, nos nutrimos de cada uno de estos espacios, nos asociamos, nos acoplamos. Intentamos construir un mundo mejor.

Estamos por todas partes: en las calles, en las redacciones, en los espacios remotos detrás de las computadoras armando redes para sostenernos y acompañarnos. En cada canal, en cada radio, educándonos, revisándonos, analizando cada relación de poder desigual, llamándonos a la acción.

A todxs ellxs les decimos ¡feliz día! con los puños en alto.