DNI no binario en Argentina: ¿qué implica la «X»?

Artículo colaboración escrito por Sofia Fuentes


Argentina se convirtió en el primer país de la región en reconocer a las identidades no binarias en los DNI, un cambio a nivel social y político que trajo nuevamente a la mesa los debates en torno al género, la diversidad sexual y el uso del lenguaje no binario.

¿Alguna vez te preguntaste cómo identificarte ante un mundo que pide constantemente una declaración formal de tu identidad? ¿Cuántas veces tuviste que elegir entre el silencio cómplice del binarismo y tu verdadero deseo? ¿Cómo nombrar todo aquello que no cumple con la norma heterocis imperante?

El camino recorrido por los feminismos y las disidencias se acerca cada vez más a ese horizonte transformador. En pleno siglo XXI, Argentina avanza en materia de derechos humanos y se convierte en el primer país latinoamericano en reconocer a las identidades no binarias en los DNI. Esto implica la posibilidad de que las personas puedan elegir entre las categorías de género F (femenino), M (masculino) o X, es decir, «sin especificar» en el documento nacional de identidad y en el pasaporte.

El Decreto 476/2021 fue anunciado el pasado 21 de julio por el presidente Alberto Fernandez, junto al ministro de Interior Wado de Pedro y la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, en un acto realizado en Casa Rosada. Si bien nuestro país cuenta con la Ley de Identidad de Género desde el año 2012, en la que se indica que «toda persona podrá solicitar la rectificación registral del sexo, y el cambio de nombre de pila e imagen, cuando no coincidan con su identidad de género autopercibida», hasta el momento los DNI no contemplaban a las identidades no binarias, es decir, a aquellas que no se autoperciben ni como hombres ni como mujeres.

¿La «X» en el DNI es realmente la solución al problema estructural?

La X ha generado controversias en el debate público desde el comienzo del uso del lenguaje no binario. La Real Academia Española (RAE) sentenció tajantemente que el uso de la «x» o la «e» era innecesario. Desde ese momento, las preguntas empezaron a girar en torno a cómo nos comunicamos, qué palabras tienen más valor que otras y cuáles merecen ser deslegitimadas. Poco a poco, nos encontramos repensando nuestro rol social y su constante devenir desde los parámetros lingüísticos y culturales acerca de cómo nombrar aquello que no responde a las normas binarias clásicas de mujer/varón, de todos y todas. Quizás, por momentos, nos olvidamos de que el mundo sigue girando y, en ese constante devenir de cambios y transformaciones sociales, el lenguaje también fue atravesado por los debates de género.

El DNI no binario llegó en el momento justo cuando el debate en torno a prohibir o no el uso del lenguaje no binario (o «inclusivo») era introducido dentro del recinto del Congreso. Una semana después del Día Internacional de la Visibilidad No Binaria, se promulgó el decreto de los nuevos DNI. Desde los diferentes colectivos y, sobre todo, desde los feminismos, se habló de un avance histórico en materia de derechos humanos para toda la región. Sin embargo, para parte del colectivo LGBT+ y TTNB la X no es suficiente. Ya lo anunciaba Valentine Machado, una de las primeras tres personas que recibieron su nuevo DNI en el acto en Casa Rosada: «No somos una X» alcanzaba a leerse en su remera.

Hoy existen más de 100 identidades de género distintas. Un número casi imposible de contemplar en el DNI para la burocracia estatal, que convierte a la X en la mejor solución momentánea no solo para nuestro continente y los países de habla hispana, sino también a nivel internacional. Desde el movimiento Todes Con DNI manifestaron su disconformidad con respecto al nuevo DNI: «Una tercera categoría borra nuestra diversidad. Al ubicarnos a todos, todas y todes en una X se jerarquiza la M y la F que acceden al derecho a ser nombradas».

Si bien hablamos de cambios históricos, aún nos preguntamos si es la X la mejor solución. Y la respuesta es clara: una X no es suficiente cuando se trata de englobar a un colectivo tan amplio, que ha sido silenciado y borrado por las prácticas coloniales binarias desde hace 500 años. Para Todes Con DNI, el Estado argentino «creó una política pública para nosotres sin muches de nosotres» porque el decreto no resuelve la falta de reconocimiento de la mayoría de las identidades, sino que es solo la punta del iceberg de una larga trayectoria hacia ese horizonte transformador. La nueva categoría «sin especificar», que continúa marcando esa diferencia existencial con respecto al género asignado al nacer, pone en agenda el debate para seguir discutiendo sobre los derechos para todes.

El reclamo de Todes Con DNI se centra en modificar la concepción de «sexo» del DNI para que sea abierto, es decir, que cada quien pueda completar este segmento como desee, sin que haya opciones limitadas para elegir. Porque muchas veces nos encontramos en diferentes ámbitos en donde la expresión de género termina por condenarnos a ser leídes como lo que parecemos y no tanto por cómo deseamos ser llamades.

Es por ello que, en algún punto, encontrar espacio o, al menos un símbolo específico para englobar a todas las identidades, puede significar un alivio a la hora de demostrar la verdad propia aunque otres la desconozcan. Es allí donde reside la clave de la lucha del colectivo LGBT+ y TTNB: la necesidad imperante de poner en palabras quiénes somos o quiénes queremos ser, trascendiendo la imagen corporal para comenzar a asumir nuestras identidades desde la explicitación de nuestros pronombres.

Para que, de una vez y por todas, podamos habitar nuestras identidades libremente.


Existir más allá del género

Artículo colaboración escrito por Cielo Martínez


Las personas con identidades no binarias encarnan la evidencia de que el binarismo no es un modelo absoluto: el binario es sencillamente una simplificación de la realidad, pero no es la realidad misma. Sin embargo, las identidades son diversas y no alcanza con lo no binario para nombrar aquello que trasciende al género.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de un sistema binario de género o binarismo de género que nos oprime? ¿Quiénes son las personas que se rebelan a ese sistema binario? Y, fundamentalmente, ¿cuáles son sus identidades, experiencias y espacios de lucha?

Deconstruir el binarismo

En líneas generales, se suele pensar que sexo y género están separados. Sin embargo, la distinción entre ellos se pierde fácilmente. En ese plano, el sexo aparece como el conjunto de características biológicas fijas, mientras que el género se constituye como un conjunto de normas sociales variables. Si, por el contrario, reconocemos que la biología humana (incluyendo la sexual) se crea parcialmente en la sociedad y reconocemos que la sociedad responde a la biología, la distinción se pierde. Tal como lo afirmó Judith Butler, el sexo ya es género.

Desde los feminismos, a Butler le debemos el planteamiento del género como la base cultural sobre la cual se produce tanto la identidad de género como la sexualidad misma. Cuando la autora afirmó que el sexo es género y que ambos son productos de una historia cultural, nos permitió dar lugar a la desnaturalización del sexo como únicamente lo biológico.

A pesar de que las propuestas de desnaturalización tienen la intención de flexibilizar las normas que rigen en lo humano, no es posible saber cuándo acaba la biología y cuándo empieza la cultura: estas están tan imbricadas que no son realidades separables. En definitiva, el binomio de sexo/género corresponde a categorías impuestas y este último es uno de los mecanismos para perpetuar la cultura patriarcal mediante los comportamientos de hombres o mujeres, ya que cuando analizamos las diferentes corporeidades siempre es a través de la cosmovisión que sostiene el género binario.

Activismo del 31 de Mayo por parte de Todes Con DNI.

Por fuera del sistema establecido, el espectro de identidades comprende el género fluido en aquellas personas que están en procesos de transición constantes y variables, lo ágenero como la identidad que no se identifica con ningún género y otras identidades como bigénero o pangénero que engloban más de una identidad, donde todas las identidades son posibles.

Encontrarse por fuera del sistema

Todo aquello que parece encasillarse en la teoría de género y los conceptos teóricos trasciende cuando, en la realidad social, hay personas que se permiten pensar por fuera del binario de género. Por eso es importante hacer visibles otras formas de vivir. Anker, activista de la organización Todes Con DNI, dialogó con Escritura Feminista para compartir su experiencia, reflexión y sentimientos como persona por fuera, incluso, de lo no binario.

Anker tiene 27 años, vive en la ciudad de Córdoba, actualmente se identifica como marika y, en primer lugar, nos establece a la identidad como un proceso fluido que dura toda la vida: «Nunca fui una persona cis, solo que en mi infancia no tenía herramientas para entender que me pasaba. Empecé a transicionar hace ocho o nueve años y comencé por saber lo que no era, no me identificaba con ser hombre o ser mujer. Desde ahí me posicione, con saber lo que no soy».

El quiebre comenzó con los debates políticos del proceso identitario, un paso fundamental para cuestionar en profundidad su identidad y darle más espacio a ese cuestionamiento en entornos cercanos. Elle asegura que es un proceso difícil de comprender y puede llevar tiempo entender la cuestión de la fluidez.


El género fluido es la identificación entre o más allá de los extremos de hombre-mujer. En este sentido, resalta que durante el último tiempo lo no binario se constituyó como una identidad: «No está bueno englobar a todas las identidades en no binarie, hay un montón de identidades y no todas se engloban allí. Yo sé que soy marika y no entro dentro del binomio varón/mujer, pero tampoco me identifico como no binarie».

La politización de su identidad le condujo a Todes Con DNI, un grupo de personas que trabajan por el respeto de las identidades por fuera del binomio varón/mujer. La organización nació de la necesidad concreta de tener acceso al DNI con la identidad que les representa, aunque en el proceso comenzaron a abordarse otras problemáticas como el efectivo cumplimento de la ley 26.743 de Identidad de Género.

Anker asegura que la ley no se cumple en casi ningún artículo. «No es solo el acceso al DNI: lo vemos reflejado en la falta de acceso a la salud y al trato digno. Muches descansan en que esta ley existe, pero no se implementa. Somos nosotres mismes nuestres agentes garantes de derecho». Los esfuerzos de parte de les activistas por alcanzar un trabajo en conjunto con organismos estatales, hasta ahora, no ha sido posible, a pesar de la propuesta técnica que han llevado a cabo.

La lucha es colectiva

Las identidades por fuera del binomio varón/mujer en organizaciones como Todes Con DNI trabajan en conjunto con organizaciones de todo el país; particularmente, de personas travesti-trans y disidencias. En este punto entra la importancia de establecer un diálogo y poner en común vivencias y necesidades. «Es necesario seguir fortaleciendo los espacios de articulación dentro de los feminismos, que aún son bastante incipientes. Hay que poder sentarse a pensar estrategias en conjunto porque si no, en primer lugar, no se llega a nada y en segundo lugar, no creo que sean reclamos tan distintos».

Bajo esta idea, Anker refuerza la necesidad de lucha conjunta entre los distintos sectores feministas, no solo con el objetivo de visibilizar el reclamo. Los esfuerzos deben orientarse hacia una sociedad involucrada con las luchas de sectores que han sido oprimidos y olvidados por el sistema: «Necesitamos apoyo real y concreto a nuestros reclamos, realmente está complicado».

En este contexto donde el reclamo por parte de las disidencias es poco escuchado e incluso invisibilizado por algunos grupos sociales (entre ellos, los espacios de feminismo radical), se vuelve más que necesario luchar por una sociedad libre de violencias e igual para todes a través de la posibilidad de establecer un diálogo y, sobre todo, escuchar a quienes luchan día a día. 

Si bien nos queda mucho camino por recorrer, existen horizontes sobre los cuales proyectar. Le activista resume la lucha en la construcción de una sociedad que nos permita, desde niñes y sin imposiciones, construir la identidad de cada une:

«Quiero que puedan existir espacios para construir la identidad y vivir en la diferencia de cada une. Eso que nos diferencia es una potencia enorme y transformadora de todes».

Tal vez, al día de hoy vemos ese horizonte demasiado lejano para quienes luchamos por construir un futuro más igualitario, pero el camino empieza con interpelarnos y romper con lo que tenemos construido, o aunque sea solo cuestionarlo. Quizás sea hora de abandonar el hábito de crear dicotomías excluyentes, de mirar a le otre sin prejuicios y comprender que las etiquetas solo nos encasillan en un molde que, como vemos, es posible deconstruir para reconstruir.

La lucha es colectiva, lo personal es político y el presente es la herramienta para transformar un futuro que elegimos construir libre, igualitario y sin imposiciones.


Elle es no binarie

«Ser trans es, sencillamente, no ser del género que fue asignado al momento del nacimiento; no es requisito odiar el propio cuerpo ni preferir los estereotipos de un género sobre otros. El género es una vivencia interna, que puede o no reflejarse en la forma de presentarse ante les demás».

Rocío Sileo, Escritura Feminista.

Sigue leyendo Elle es no binarie

5 series con personajes no binarios

Dentro de la comunidad LGBTIQ+, son frecuentes los reclamos ya que las identidades que integran el colectivo no tienen todas el mismo nivel de representación y visibilidad a nivel social. ¿Cómo se muestra a les no binaries en ficción?

Sigue leyendo 5 series con personajes no binarios

Existimos y resistimos: adolescencias trans II

Para saber más sobre juventudes trans, te recomendamos leer la primera parte de esta entrevista: «Respetá mis pronombres».


Durante los últimos meses, una de las cuestiones más divisorias entre las ramas del feminismo en Argentina ha sido la presencia de personas trans en el movimiento. Las líneas interseccionales insisten en la inclusión de las mujeres trans por ser mujeres mientras las más radicales hablan de separar la lucha de las «hembras humanas» del transactivismo, subrayando la genitalidad como factor determinante y desconociendo la identidad de los varones trans.

final4
Iván

En esta coyuntura se alza el transfeminismo, rama a la que adhieren Lucian, Iván y Fede. «Pienso que la militancia se tiene que hacer con las personas trans y las pibas; con las transmasculinidades, las transfeminidades, las disidencias no binarias y las mujeres», afirma Lucian. El sistema patriarcal ataca todo lo que percibe como «femenino» o como antítesis de la masculinidad tradicional y en esa categoría entran las mujeres cis pero también las mujeres trans (que deben luchar para reafirmar su identidad femenina), los varones trans (que viven opresión sistémica porque no se reconoce su género y se feminiza su genitalidad) y las demás identidades disidentes (que pueden mostrarse con características codificadas como femeninas).

«No se puede luchar contra el patriarcado si no luchás codo a codo con todas las personas a las que oprime, que no son todas mujeres. El feminismo es la liberación del sistema patriarcal opresor y ese sistema cruza muchas identidades», explica Fede y resalta la importancia de llevar el transfeminismo a los barrios, al territorio. «El otro día, se acercó una vecina a mi espacio de militancia a preguntarnos qué era “ser no binarie”. Hay que poner en la agenda política y en el discurso a las personas trans. Que no nos nombren hace que no podamos construir».

Así comienza una de las tantas formas de violencia y opresión: con el silencio. El hogar es el primer espacio donde ser honestes sobre la identidad puede culminar en la marginación y la expulsión, mientras que el ocultamiento y la invalidación pueden deteriorar la salud mental a niveles trágicos. «Me pasa mucho que me da tanto miedo que la gente me ataque que no menciono mi género. A la única violencia a la que me expongo es a que me traten en femenino, solo para no tener que exponerme a violencia mayor», cuenta Lucian.

Las violencias continúan y se diversifican cuando las relaciones sociales se amplían más allá de lo familiar. La calle, las instituciones educativas, los centros de salud y de recreación, los espacios públicos y privados representan una amenaza constante cuando no todas las personas conocen la ley de identidad de género ni desean mostrarse empáticas con las personas trans.

Iván no realizó el cambio registral para rectificar su DNI. Aunque el director de su colegio aceptó darle un permiso especial para usar los baños del personal cuando él expresó sentirse incómodo en los baños binarios de alumnos y alumnas, una profesora intentó impedirle el acceso en varias oportunidades y lo humilló tratándolo en femenino al decir: «Ah, vos eras la que dijo una pavada de los no binarios y no sé qué».

final 8

La ley de identidad de género es clara al hablar de la obligatoriedad del trato digno, que implica el uso del nombre elegido y los pronombres correctos en todos los ámbitos, aunque la persona trans no haya tramitado el cambio registral.

«La situación más violenta que viví en público fue cuando fui al ginecólogo. Todavía no tenía el DNI rectificado y le expliqué a la secretaria que aunque ahí no decía Federico, ese era mi nombre para que me llamaran así. La chica me dijo que sí pero al rato el médico me llamó por mi deadname [nombre de nacimiento]. Cuando salí, busqué la ley y se la leí a la secretaria para mostrarle que tenía que cambiar mi registro. Me empezó a decir que no, que la lista del médico es otra cosa, que hablara con administración. Ahí me dijeron que no porque tenían un reglamento interno, pero un reglamento interno no está por encima de la ley. Me hicieron dar un montón de vueltas, tardaron más de media hora en atenderme, querían que yo me cansara y me fuera».

final-4
Lucian

El nombre es una parte intrínseca de las personas y una de las primeras informaciones que divulgamos al presentarnos. El llamado deadname («nombre muerto», en inglés) es el nombre con que se registró a la persona trans al momento del nacimiento, que suele cambiarse por el nombre elegido cuando se afirma el género correcto. Llamar a alguien por su deadname es una de las violencias verbales más comunes infligidas sobre la comunidad trans, ya que puede desencadenar pensamientos y recuerdos dolorosos de cuando la persona era forzada a ocultarse; es una manera de negar la identidad misma.

La elección de nombre es un proceso personal. Para algunes, como Lucian, el peso del deadname no es tan agotador. «Cuando nací me pusieron Luciana y por mucho tiempo pensé “Voy a llamarme Luciane porque es el inclusivo” [risas]. Al ser no binarie, me gusta la idea del signo de pregunta cuando termina. “Lucian”. Listo, termina ahí. Podría haber una a, podría haber una o, podría haber una e o cualquier cosa».

Para otres, es una transformación casi espiritual. Fede había considerado varios nombres que habían sido parte de su vida, como el que usaba para jugar de niño o el del primer personaje de ficción con quien se había identificado, hasta que notó que Federico siempre había orbitado su vida. «Fue una historia que se gestó sola. Yo ya tenía nombre, solo que no me había dado cuenta». También puede tratarse de una conexión mucho más emocional, como en el caso de Iván: «Cuando era muy pendejo, hacía básquet en un club. Mi primer crush fue uno de los pibes que jugaban conmigo y se llamaba Iván. No me puse el nombre por él sino por el recuerdo inocente de afecto infantil. Lo probé y lo sentí cómodo desde el principio».

Futuros cada vez más ciertos

Por la combinación de violencias que se ejercen sobre los cuerpos trans, el promedio de vida de las personas de esta comunidad no supera los 36 años. La falta de empleo formal, la prostitución, los crímenes de odio y las enfermedades (que suelen no tratarse a tiempo por evitar el sistema de salud maltratador) quiebran a la mitad sus posibilidades. Una parte muy importante de la lucha de la comunidad trans se orienta a revertir esta situación, para poder atreverse a soñar con una vida larga y plena.

Como tantes otres jóvenes trans, Lucian, Fede e Iván están a la mitad de ese pronóstico. Tienen sueños y futuros pensados, y el derecho humano de poder cumplirlos. Desde responsabilidades a corto plazo, como adoptar un perro o conseguir un trabajo, hasta proyectos que prometen años de esfuerzo. «Quiero estudiar Filosofía en UBA y ser profesor de nivel inicial, pero me interesa el trabajo en cárceles, en particular el tema de los jardines de infantes en las cárceles para niñes con xadres en situación de prisión y cómo se gesta la construcción de la personalidad en ese contexto», declara Fede.

Por su parte, Lucian piensa en poner sus dotes artísticas al servicio de su comunidad. «Quisiera dar cursos de manualidades, encuadernación, bordado, cerámica y esas cosas. Quiero darle trabajo a la gente trans, ofrecerles un espacio seguro donde puedan estar cómodes y conseguir ayuda, contención. A mí me pasó y agradezco mucho a mi casa de lesbianas a donde voy a hacer cerámica, Taller Limbo. Poder expresarme de forma artística sin tener que censurarme con mis pronombres me hizo mucho bien».

collage

Desde sus primeras organizaciones, las personas de la comunidad trans debieron cuidarse y sostenerse entre sí para sobrevivir frente a la hostilidad de las sociedades transfóbicas. Esa hermandad trans se mantiene hasta hoy: al hablar sobre personas que los inspiran y los representan, los tres coinciden en resaltar a sus compañeres, sus iguales. «Casi te diría que todas las personas trans que conozco», se ríe Iván. «Un compa trans, Osiris, me hizo mucho bien al alma. Cuando conté en Twitter que estaba en proceso de cambiar el DNI, me habló porque él había pasado ese proceso solo y se ofreció a acompañarme y apoyarme. Me hizo sentir que no estaba solo, no por la lucha en común nada más sino en el día a día», agradece Fede.

«Yo lo tomo para el arte porque dibujo y escribo poemas. Me inspiro mucho con mis compas: Camilo Dibuja, Ratatrola, Don Samuel, Iván del Conurbano, Mariano Camilo, Samuel Valentín. Tienen mi edad, están en la misma que yo y tal vez me leen un poema y me mueven el piso. Son compas que me inspiran a seguir adelante, más que nada», reflexiona Lucian.

«Nos une algo mucho más profundo», concluye Fede. El sentimiento de comunidad está vivo entre les hermanes trans. Tal como afirma Lohana en su última carta, «El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo».


Fotografía: Juana Lo Duca
Maquillaje: Lucía Rossi
Arte: Lucian

Respetá mis pronombres: adolescencias trans

En este artículo se utiliza terminología propia de la diversidad LGBTIA+. Podés repasar los conceptos que desconozcas en nuestro glosario sobre género y sexualidad.


Palermo. Domingo por la mañana. Tres jóvenes trans se reúnen para hablar de sus realidades, del pasado, del presente y del futuro. Las infancias trans apenas empiezan a ser tema de agenda y hace quince años no disponían de las mismas herramientas que hoy para ponerle palabras a su sentir. Masculinidad, femineidad, binarismos y no binarismos. ¿Cómo expresar algo para lo cual no se tienen palabras ni referencias? Las personas trans no estaban en la televisión, no tenían espacio en las escuelas y mucho menos en la mesa familiar.

Lucian (20) se presenta como persona no binaria y usa pronombres neutros o masculinos. Federico e Iván (17) son dos varones trans no binarios, pronombres masculinos, gracias. Los tres coinciden en algo, sin titubeos: el género que se les asignó al nacer no era correcto.

«Un día, una amiga (ese femenino, con muchas comillas) del colegio dijo “¿No les pasa que les molesta que nos vean como mujeres, que nos digan que somos minas?”. Las otras dos chicas del grupo enseguida dijeron que no y yo me quedé pensando, “¿Sabés que sí?”. Nunca lo había pensado pero lo empezamos a plantear y tenía sentido. Nos fuimos descubriendo entre nosotros. Si él no me lo hubiese dicho, hoy yo estaría en la misma igual pero quizás no tendría las herramientas para ponerlo en palabras», relata Iván.

final2
Fede

No hay edad para el autodescubrimiento. Muchas personas lo saben de pequeñas, otras lo intuyen pero no lo pueden explicar y otras tantas se lo cuestionan en la adultez. Ser testigo del proceso de construcción ajeno ayuda a comprender la tormenta propia de dudas y curiosidad sobre la identidad, y es por eso que resulta vital normalizar y visibilizar las vivencias trans. «Hace años, no se usaba mucho el pronombre “elle” pero cuando lo empecé a escuchar más y empecé a ver personas que eran súper femenines e igual usaban pronombres neutros, igual eran válides, empecé a aceptarme y a verme como una persona válida», recuerda Lucian.

«Desde chico tenía problemas con mi nombre y mi cuerpo. Había algo que no me cerraba pero no tenía idea de qué ni por qué. Veía niños en películas y sentía que quería que me vieran así a mí. En todos mis juegos, yo era un varón y me llamaba Lázaro», afirma Fede. «Años más adelante, investigué, descubrí la denominación “bigénero” y dije “Bueno, creo que me pasa esto”. No fluctúo, hay una esencia mía que no cambia, pero a veces se expresa de una forma y a veces de otra. Me daba mucho miedo pensar en cómo sería mi vida si salía del clóset. Pensaba si me iban a odiar, si me iban a desear, si me iban a querer. Pero yo sentía la cosquillita de saber que eso era lo correcto».

En Argentina, la comunidad trans-travesti y les disidentes de género se mantuvieron como estricto tabú durante décadas, incluso cuando la diversidad sexual comenzaba a asomarse. El avance histórico se vio particularmente ralentizado por las nociones que nuestro país imponía en cuanto a cultura familiar y «estilos de vida correctos», pero estas ideas no eran más que un pensamiento propio de ciertos sectores que pretendían (y aún pretenden) predicarlos como verdades universales.

La cisnorma binaria no es universal y los ejemplos abundan. Les Hijras son una parte del pueblo hindú que existe desde hace más de mil años (las primeras leyendas que narran su origen desde lo divino datan del siglo IX) y se les considera personas de un tercer género. Durante siglos fueron venerades y admirades e incluso oficiaron como consejeres imperiales. En nuestro propio continente, diversos pueblos nativos norteamericanos reconocen hasta cinco géneros distintos y las personas no son juzgadas por su identidad sino por su contribución al desarrollo de sus comunidades. En estos y tantos otros casos, la llegada de los invasores colonizadores significó el comienzo de la opresión a través de la imposición de la ideología europea y cristiana que, al día de la fecha, domina en la mayoría de las culturas del mundo.

Repensar el género en comunidad

«Me sentía una masculinidad pero me daba miedo asumirme como tal porque no quería que la gente me viera como un chabón hegemónico. Si me asumía 100% como una masculinidad, iban a empezar a caer miles de estereotipos sobre mí. Hay algunos que sigo y con los que me siento cómodo, pero otros no. No soy eso», rechaza Iván.

final3
Lucian

La juventud trans hoy se plantea la esencia misma de qué es ser un hombre, una mujer, ambos o ninguno. Las construcciones de masculinidad viril y femineidad delicada se quedan cortas, pero en una cultura que todo lo codifica como femenino o masculino es imposible construir identidades enteramente aisladas de los estereotipos. «No se trata de perpetuar estereotipos sino de sentirme bien. Me puedo poner un binder [faja que se utiliza para aplanar la zona del busto] y ser más andrógine o pintarme toda la cara y dejarme el pelo largo lleno de rulos. Lo hago por mí, para vivir cómode», explica Lucian.

Existe una definición errada pero muy difundida de lo que significa ser trans: «Para ser “trans en serio”, se debe sufrir disforia». La disforia es un término patologizante que describe a las personas trans como personas que «creen que son víctimas de un error de la naturaleza y que están cruelmente encarceladas en un cuerpo incompatible con su sentimiento interno» y se utiliza para listar a la transexualidad dentro del capítulo sobre trastornos de la identidad sexual del famoso manual médico MSD.

Dentro de la comunidad trans-travesti, esta noción es cada vez más rechazada por haber sido una forma histórica de opresión y violencia médica. La disforia no es una faceta innata del ser trans, sino que se hace presente a partir de la mirada social: cuando una persona trans afirma su género real, la sociedad cisbinarista espera que cambie su cuerpo, su ropa, su comportamiento para alinearse con lo que entiende como «propio» de ese género. Si la transición no ocurre o la persona no logra «verse cis», empiezan los ataques que terminan causando esa disforia: «Tan trans no sos», «Lo decís porque está de moda», «Es una fase, ya se te va a pasar», «Que no te gusten los vestidos no significa que seas varón», «Sin vagina, no sos mujer».

Ser trans es, sencillamente, no ser del género que fue asignado al momento del nacimiento; no es requisito odiar el propio cuerpo ni preferir los estereotipos de un género sobre otros. El género es una vivencia interna, que puede o no reflejarse en la forma de presentarse ante les demás. Desde su experiencia, Fede admite que suele darse un intento de «adaptación» forzado desde lo cultural, porque muchas personas solo aceptan a las identidades trans y travestis cuando estas se adecuan en cuerpo y comportamiento a los estereotipos del género que la persona expresa.

final5

«A veces me quería poner un vestido y unos shorts que me quedan divinos pero, por ejemplo, con mis xadres no podía porque siempre tuvieron problemas para aceptarme como pibe trans y sentía que no podía hacer nada que les hiciera pensar que yo estaba “volviendo para atrás”. Tenía que ser el estereotipo de pibe macho. En el colegio, era todo muy buena onda pero siempre había un tono de duda, como si me preguntaran “¿Seguro que sos trans?”», recuerda Fede. «Quiero ser visto como un varón trans, que se note que soy varón pero no con los estereotipos cis. Me molesta que, para que la gente me vea como varón, me pidan que me cambie el cuerpo. Yo ya soy un varón, ¿dónde ves una mujer acá?».


¿Querés saber más sobre juventudes trans y feminismo, violencias y representación?

Segunda parte de la nota: Existimos y resistimos: adolescencias trans II


Fotografía: Juana Lo Duca
Maquillaje: Lucía Rossi