Encuentros mágicos en Tilcara

El pasado fin de semana (9, 10 y 11 de abril) en la ciudad de Tilcara en la provincia de Jujuy, se realizó el primer fin de semana LGBTIAQ+. Un evento impulsado desde la Cámara de Comercio LGBTIAQ+ de la Nación en el marco del Programa Federal del Turismo LGBTIAQ+.

Desde el mes de febrero, la Cámara comenzó a brindar talleres para la capacitación en turismo LGBTIAQ+ a prestadores de servicios turísticos de todas las provincias, entre ellas, Jujuy. Dichos talleres se dictarán durante todo el año y están abiertos a todo el público. ¿De qué se trata el turismo «gay-friendly»? ¿Cuáles son sus objetivos y para qué sirven?

Según múltiples fuentes de información sobre el turismo, «la filosofía de este tipo de oferta turística es fomentar la integración de todos los miembros de la sociedad dentro de un ambiente de tranquilidad, respeto y convivencia al mismo tiempo que se ofrece una amplia gama de servicios destinados a la diversión, la fiesta y sobre todo el disfrute de los usuarios».

El fin de semana en Tilcara

El evento en Jujuy fue titulado como «Encuentros Mágicos» y tuvo como objetivo ubicar a Tilcara dentro de los destinos turísticos gay friendly, como la ciudad de Buenos Aires o Córdoba. Con múltiples actividades educativas, de debate y artísticas, con la participación de artistas trans y drag de Jujuy, se vivió el primer fin de semana especial para la comunidad LGBTIAQ+. Jorge Eduardo Wierna, presidente de la fundación NOA Diversa, nos comentó un poco más sobre este evento.


ESCRITURA FEMINISTA: ¿Cómo se vivió el fin de semana en Tilcara? ¿Tuvo una buena participación o cómo la calificarías vos? ¿Cuáles son los objetivos de este evento?

Jorge Eduardo Wierna: Fue un fin de semana espectacular y si bien no hubo una participación amplia de miembros de la comunidad de Tilcara, tal vez por el mismo miedo a la miradas o a la violencia que pueda existir, tuvo una amplia participación para ser la primera vez que se realiza este evento en la ciudad. A su vez, también hubo muchos turistas de otras provincias que se acercaron a disfrutar del evento como de Córdoba, Santiago del Estero, Chubut, Salta. 

E.F.: ¿Te parece que desde la municipalidad de Tilcara hubo una buena predisposición para los eventos? 

J.E.W.: Sí, desde la municipalidad firmaron el convenio con la Cámara de Comercio LGBT y hubo una buena predisposición de los espacios. Sobre todo hubo una predisposición por parte de los prestadores del turismo, tuvieron una respuesta muy respetuosa y positiva para con la comunidad este fin de semana.

E.F.: ¿Te parece que este evento ayuda a la aceptación de la comunidad en la provincia? ¿Cómo es el trato hacia la comunidad en Tilcara?

J.E.W.: Mucho, sobre todo ayuda a la visibilización de la comunidad acá en Jujuy. Los casos de violencia siguen existiendo pero considero que un evento así colabora a que los miembros de la comunidad se sientan representados, ayuda a la creación de un orgullo LGBTIQ+ con más fuerza. Creo que fue un evento que intensificó a la hermandad entre la comunidad LGBTQI+. Por ejemplo, después de cada proyección de las películas en los cine-debate, hubo charlas muy fructíferas en las que pudimos hablar sobre la visibilización que necesita la comunidad, pudimos hablar sobre la importancia de la ESI en las escuelas y también pudimos hablar sobre el VIH y hacer conciencia con eso, repartimos preservativos después de cada evento. Poder hablar de estos temas acá es algo muy nuevo y es una gran felicidad poder hacerlo, porque es necesario.

E.F.: ¿Cuál es la participación de la comunidad en Tilcara?

J.E.W.: Tenemos una amplia acción en Tilcara. Desde 2018 se realizan marchas del orgullo LGBTQI+, en la que participan distintas organizaciones políticas y sociales en busca de nuevos derechos para la comunidad y de demostrar que la comunidad en Tilcara existe. 

Además se espera y nos estamos organizando para esto, si el contexto pandémico lo permite, realizar todos los meses un evento como este con más artistas y figuras públicas, orientado a la comunidad LGBT+ para ayudar a difundir que Tilcara es una ciudad LGBTQI+ friendly


¿Pinkwashing o lucha?

Los límites son muy finos a la hora de definir la concepción de un turismo gay-friendly como un aporte positivo para la comunidad LGBTIAQ+. ¿Qué aspectos nos brinda la seguridad de que el turismo gay-friendly aporta más a la causa por los derechos LGBTIAQ+ que al lucro? ¿Hasta qué punto la comunidad LGBTIAQ+ es más un público al que se le dirigen ofertas que un colectivo en lucha? 

El pinkwashing es «el uso político o publicitario de símbolos y movimientos de derechos humanos sin ofrecer apoyo real a los grupos oprimidos ni escuchar sus reclamos concretos». Es un resultante del capitalismo: vender a partir de causas de lucha y con grupos poblacionales vulnerables y vulnerados para convertir estas cuestiones en una «moda», lo que genera líneas muy delgadas para poner bajo una lupa.

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Sin embargo, considerando que en el mes de febrero, Sharon Mendoza, una referente trans de Jujuy, fue violentada junto con su acompañante en las calles de Tilcara, poder realizar este tipo de eventos, en el que se tuvo más en cuenta la participación en las actividades educativas, de debate y artísticas que las reservas en hoteles, da la seguridad de que se está logrando un gran avance social en la visibilización y aceptación de la comunidad en esta provincia del norte argentino.

Es importante tener en cuenta que la firma de convenios y políticas que convengan realmente a las comunidades vulneradas es una responsabilidad grandísima. El lucro no debería ser nunca una prioridad. 


Fuentes:


De literatura lésbica y militancia: entrevista a @proyectotijeras

Ivana Noriega es una activista lesbofeminista tucumana. En 2018, creó Proyecto Tijeras: lesbianas impulsando palabras, un espacio de difusión de literatura lésbica. Te compartimos la desgrabación de nuestra segunda entrevista en vivo del #MesDelOrgullo.

Escritura Feminista: ¿Cómo inició el proyecto?

Ivana Noriega: Empezó hace dos años. En ese momento estaba haciendo unos talleres en la Facultad de Arte de Tucumán: me fui a una librería de usados y encontré un libro que hablaba de fantasías sexuales. Lo compré, empecé a ojear y era pura heterosexualidad. Había un relato lésbico (uno en 50, más o menos). Entonces dije: «¿por qué no hay más material de este estilo al alcance?». De pronto te das cuenta de que para llegar a esta información, a esta circulación abierta de material literario, no hay fácil acceso.

Yo en ese momento escribía y dije: «es hora de empezar a gestionar nuestros propios textos y a visibilizarlos, de alguna manera». Armé unos panfletos caseros invitando a enviar relatos lésbicos a un mail. Así empezaron a llegar relatos de compañeras de Tucumán. Como una manera de impulsar la literatura, yo empecé a escribir textos de manera anónima.

«Si bien yo lo gestiono, las personas que lo construyen son las que envían sus textos. A la fecha hay aproximadamente 2500 textos. Es sentarse y aportarle al activismo lésbico, de alguna manera».

E. F.: ¿Realizaste algún tipo de activismo en el espacio público?

I.: Empecé a hacer intervenciones callejeras. Me invitaron a eventos, a fiestas, a dictar talleres. Dicté un taller en el Encuentro de Trelew, de escritura y literatura lésbica. Fue un espacio al que fueron más o menos 50 personas, estuvo buenísimo. Yo llevé material y armamos nuestros propios textos. El año pasado también asistí.

E. F.: ¿Tenés otros espacios de difusión, además de Instagram?

I.: Está el sitio web, pero es como un canal para que lleguen más fácilmente al contacto. Intenté activarlo, pero era demasiado y quedó ahí.

E. F.: ¿Qué tipo de material publicás en Instagram? ¿Narrativa, poesías?

Ivana: Una mezcla de las dos cosas. El proceso es así: a mí me llega el texto. La cuenta de Proyecto tiene más o menos 20 mil seguidores, entonces hay un horario determinado en que se conecta más gente. En ese horario trato de publicar los textos que llegan, dos por día. Todos los que van enviando se van publicando. No voy seleccionando cuál va y cuál no, pero llega tanto material que tengo que decir: «esta cantidad por día».

E. F.: ¿Qué condiciones ponés para publicar?

I.: Primero, cuando llega un texto, pregunto si prefieren el anonimato o el nombre público. Creo mucho en esto de la visibilidad y afirmo, y reafirmo, la importancia de la visibilidad. Todos los textos tienen sus personalidades y sus cuestiones. Si quieren compartir con una foto, también se puede, si no la busco yo. El estilo empezó siendo vintage, pero fue cambiando a medida que iban compartiendo sus fotos. No quiero ser la yuta de la literatura, de decir: «esto sí va, esto no». No es la idea, no quiero perder el foco.

E. F.: ¿Había espacios de difusión de literatura lésbica antes de Proyecto Tijeras?

I.: He buscado mucho. A mí me gusta muchísimo Adriana Carrasco, es periodista y activista lésbica. Hace un suplemento en Página 12. En el año 1986 sacó la primera publicación lésbica de Argentina, los Cuadernos de existencia lesbiana. En cada provincia hay agrupaciones regionales de lesbianas, como Las Arpías de Salta, pero no conozco otra cuenta que aborde literatura como Proyecto Tijeras.

E. F.: ¿Creés que todo activismo lésbico es necesariamente feminista?

I.: Es una pregunta contradictoria. Hoy escuchaba una entrevista de Adriana Carrasco, donde decía: «Las lesbianas siempre estamos siguiendo la agenda feminista. Somos las primeras que salimos. Incluso, las primeras movilizaciones fueron impulsadas por lesbianas feministas. Pero si hay lesbianas que no lo sean, sí las hay». Hay espacios donde se debaten mucho estas cuestiones.

«Una problemática en el lesbianismo es la violencia entre lesbianas y ahí se disputa mucho desde el feminismo, por cómo encaramos estas situaciones y cómo podemos acompañar. Podés no ser feminista, ser lesbiana, pero tenés un montón de problemáticas que de alguna manera te van a llevar ahí».

Empecé Proyecto Tijeras sin tener un montón de información: lo arranqué y ahí comencé a aprender, investigar y llegar a nueva información. Ahí recién empezás a conocer la otra cara del lesbianismo. Vos decís «lesbiana» y se te vienen a la cabeza dos mujeres besándose…

E. F.: Como el sentido común y la imagen de la lesbiana butch con el pelo corto…

Ivana: Tal cual. Y a medida que te vas metiendo, vas rompiendo con eso. Una vez fui a una fiesta en un barrio, un poco lejos de la capital de Tucumán, donde se pone más difícil el lesbianismo. Una chica me sacó a bailar y su pareja me vino a pegar. Ese día yo me vine destrozada, no sólo por la situación de que me había pegado, sino porque pensaba en lo que podía estar vivenciando esa novia. En el Encuentro del año pasado se debatió mucho este tema, porque nos interpela pero también tenemos que empezar a hacernos cargo para activar y cambiarlo.

E. F.: Una pregunta para ir cerrando: ¿creés que el Proyecto Tijeras superó sus objetivos iniciales?

Ivana: Y sí. Yo creo que lo literario es la base y de alguna manera se va ramificando, abriendo otras posibilidades de activismo y difusión. Son espacios necesarios, que tenemos que empezar a apropiarnos. Decía una compañera, el año pasado, en el taller: «estamos tan preocupadas por la agenda feminista que nos olvidamos de nuestras propias efemérides».

Proyecto Tijeras tiene proyectos de libros y fanzines para recaudar fondos. La vejez lésbica, hoy por ejemplo, es una problemática muy importante que también nos necesita. La autogestión es muy complicada, pero si yo tengo esta herramienta y la puedo utilizar para que estos sectores puedan salir a flote, hagámoslo. El proyecto de libro es una selección de aproximadamente 40 textos para recaudar fondos a beneficio de la vejez lésbica. Esa es como una gran meta. La idea es que salga en formato físico, lo estoy editando sola pero tengo amigas que me van ayudando.

E. F.: ¿Creés que se construyen estereotipos y clichés en la literatura lésbica?

Ivana: Sí, y es un debate también conmigo misma. El otro día publiqué un video del primer casamiento lésbico en otro país y ahí entro en discusión: «bueno, ¿seguimos repitiendo el régimen heterosexual?». Diariamente me lo pregunto a mí misma. Lo he notado muchas veces, pero también trato, en paralelo, de reflexionarlo. Si recibo un texto con esas características, inmediatamente abro el debate en las historias de Instagram para que no quede ahí.


Que viva el Orgullo: a 50 años de Stonewall

Cada año, la comunidad LGBTIA+ internacional celebra su historia durante todo el mes de junio para concluir en el Día Internacional del Orgullo. ¿De dónde nace la elección tan particular de estas fechas?

La pieza clave aparece en un bar situado en la ciudad de Nueva York. En los años sesenta, el Stonewall Inn era uno de los bares LGBTIA+ más populares de la zona (y el único en el cual se podía bailar), aunque esa popularidad no le ganaba la libertad del acoso policial. Allí se reunían las poblaciones más perseguidas por las autoridades: personas negras, latinas, homosexuales, transgénero y travestis, «desviados que celebraban su perversión». Las razzias eran moneda corriente y la violencia se ejecutaba sin piedad a pesar del pago de los sobornos exigidos por la policía cada semana.

Durante la madrugada del 28 de junio de 1969, hace exactamente 50 años, comenzó la etapa moderna de la revolución queer. Lo que parecía una redada habitual se transformó en una revuelta cuando voló la primera piedra contra la policía. Los oficiales estaban tratando de detener a les clientes abusando de su poder y aplicando violencia física. Stormé DeLarverie, una mujer lesbiana, recibió un golpe en la cabeza y desde el suelo pidió ayuda a gritos. Alguien dijo que la policía había ido a cobrar el soborno de la semana y comenzaron a llover monedas arrojadas con furia contra los uniformados. Fue una acción espontánea, nacida del hartazgo y el dolor, como recuerdan quienes allí estaban presentes:

«Stonewall no fue producto del orgullo. Fue la respuesta a toda la mierda acumulada por las razzias constantes de la policía en Greenwich Village. […] Los recuerdos de esa noche no me vuelven acompañados de alegría, porque muchos y muchas salieron muy heridxs».

Miss Major Griffin-Gracy para la revista Out.

Más tarde, testigos afirmaron que las personas en la primera línea del bando rebelde habían sido las más vulnerables, las más enfurecidas: las mujeres trans y travestis, los varones gay más afeminados, las lesbianas «marimachos» y les jóvenes LGBTIA+ sin hogar que solían pasar la noche en las inmediaciones del bar. Con ladrillos y botellas, la muchedumbre acorraló a la policía abusadora hasta obligarla a refugiarse dentro del establecimiento.

«Los gays nunca habían sido una amenaza para la policía. Se esperaba que fuéramos débiles, incapaces de defendernos. Pero ahí estábamos, peleando y atacándolos».

John O’Brien para la revista Vanity Fair.
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Monumento Nacional Stonewall, ubicado frente al sitio histórico de la revuelta.

Los enfrentamientos duraron varias noches y dejaron decenas de heridos, pero también fueron una demostración de que la violencia contra el colectivo LGBTIA+ ya no sería tolerada sin resistencia. Stonewall no fue la primera revuelta, pero sí marcó el inicio de la organización de la comunidad LGBTIA+ estadounidense para luchar por sus derechos. Martha Shelley, una de las mujeres presentes aquella noche, fue la mente detrás de la planificación de la primera Marcha del Orgullo de Nueva York realizada en el primer aniversario de los disturbios.

Es imposible hablar sobre Stonewall sin mencionar a Marsha P. Johnson y a Sylvia Rivera, dos mujeres trans racializadas, una afroamericana y otra latina, reconocidas como una parte indispensable de la revolución del 28 de junio de 1969. Juntas, lucharían el resto de sus vidas por la comunidad trans. Aunque permanecieron en el olvido durante muchos años, el transactivismo reciente rescató sus nombres y el documental sobre la vida de Johnson alcanzó el catálogo de Netflix.

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Línea temporal sobre la historia LGBTIA+ en Argentina, expuesta en la Casa del Orgullo de la ciudad de Buenos Aires.

En nuestro país, la Marcha del Orgullo de Buenos Aires se realiza en el mes de noviembre, acorde a la historia nacional del movimiento LGBTIA+. Es importante destacar que la masividad de las celebraciones de origen estadounidense, que se han convertido en las fechas internacionales, no opacan nuestro propio orgullo, nuestra historia y nuestras figuras destacadas en la lucha por la igualdad y el fin de la discriminación por orientación sexual o identidad de género. Sin embargo, es innegable el impacto de los disturbios en Stonewall para la cultura LGBTIA+ global.

Alcemos nuestras banderas no solo uno ni dos meses al año. Vivamos el Orgullo cada día, con la convicción de que trabajamos por un mundo más justo para todes.