Pintó el paro

Cada lunes este mes, el Centro Cultural La Toma de la ciudad de Rosario estará rodeado de mujeres de todas las edades para discutir y decidir las distintas actividades que se realizarán este 8 de marzo. Ese día es el paro internacional de mujeres, para platear nuestros derechos vulnerados, para pedir más igualdad, más políticas públicas y para visibilizar los femicidios. No se olviden que cada 29 horas, una mujer es asesinada.

Cada lunes a las 19 hs. está pactada la asamblea general, pero dos horas antes las mujeres se agrupan en diferentes comisiones: organización, prensa y cultura, sindicatos, finanzas, territorio e internacional. Allí proponen ideas, las analizan y luego las plantean en la reunión para que todas puedan opinar, debatir y llegar a las decisiones finales.

Cabe destacar que no solo se organiza el día del paro sino también los días previos, y la jornada de lo que fue el 8F, un mes antes del gran paro.

Primero, las propuestas de cada grupo se exponen y se da el pie al gran debate. Muchas ideas vuelan por los aires porque solo hay un objetivo: hacernos escuchar y pelear por nuestros derechos, ya que las mujeres hoy en día estamos en un escalón más abajo. Por eso, se pactaron las diferentes actividades que son la previa del gran paro.

Desde la ciudad de Rosario, se organizó una actividad para el jueves 8 de febrero que se realizó en frente a los Tribunales a las 11 hs., con pintadas e intervenciones en la calle. Se eligió dicho lugar porque la justicia es uno de los ámbitos que más perjudican a la mujer. Esa justicia que, en cada femicidio, no está, no se la ve. Esta cegada.

Las mujeres se acercaron a la jornada con carteles, remeras y cosas identificativas sobre la violencia de género, el aborto y el reclamo de justicia. La intervención de las mujeres comenzó a las 12 hs. Una de ellas, vestida de «la Justicia» con los ojos tapados; a su lado, una larga fila de mujeres que leían frases y reclamos, papel en mano. La «Justicia» las agarraba y las tiraba al piso. Ni las veía, ni las escuchaba. 

Al mismo tiempo, otro grupo de mujeres pintaba la calle con la frase «#8M #NosotrasParamos» en color violeta. Cada chica que pasaba por el lugar podía unirse y dedicarle algo a esa justicia. Todas tenían algo para decir, para gritar y para reclamar. Luego comenzaron los cantos, y la intervención culminó con todas las pibas tiradas en el piso.

La actividad estuvo llena de mujeres, todas unidas por una misma razón: que nuestros gritos sean escuchados. También estuvieron presentes víctimas de violencia de género, que contaron sus casos. Fue una jornada movilizante y dejó claro que este 8 de marzo, las mujeres moverán el mundo, moverán la tierra, y no se callan más.

Solo resta seguir luchando en cada asamblea, en cada barrio y en cada espacio para que todas juntas podamos realizar el paro. Para aquellas que no puedan dejar sus lugares de trabajo ese día, se va a discutir la idea de que realicen algo distintivo, como por ejemplo vestirse de violeta.

Las mujeres que todavía no saben de las reuniones puede incorporarse y asistir a las asambleas en cualquier momento. Todos los lunes pueden acercarse, escuchar, informarse y debatir, porque todas juntas vamos camino al 8M.

Paramos porque todos los días hay un femicidio, paramos porque el aborto es un problema de salud, paramos porque queremos decirle basta al trabajo reproductivo no remunerado y paramos porque llegó la hora de no callarnos más.

Orgullo y Prejuicio: Trabajo Sexual Autónomo

La Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), fundada en 1994 e integrante de la CTA desde 1995, presentó en 2013 su proyecto para la regulación del trabajo sexual autónomo. Desde entonces, luchan por su tratamiento en el Congreso Nacional. Reclaman que son invisibilizadas, no sólo por los políticos y los grandes medios de comunicación, sino también por sectores del feminismo abolicionista.

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Con varios años de lucha a sus espaldas, las afiliadas de Ammar eligieron autodefinirse como trabajadoras sexuales y no prostitutas, para dejar de cargar con el estigma que recae sobre su actividad. Con el mismo objetivo, intentan dejar bien en claro la diferencia entre proxenetismo y trata de personas con fines de explotación sexual –ambos delitos- y trabajo sexual autónomo –actividad lícita-.

Desde Ammar reclaman que quiénes defienden el lema “mi cuerpo es mío” muchas veces olvidan que las trabajadoras sexuales tienen el mismo derecho que cualquier otra persona a la autodeterminación de su cuerpo y su sexualidad, y que no necesitan que nadie hable por ellas. Cuestionan las condiciones en que ejercen su actividad y no a la actividad en sí misma.

La asociación denuncia que aún existen en Argentina medidas que penalizan el trabajo sexual. Por ejemplo, el Código Contravencional de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Código de Faltas de la Provincia de Buenos Aires (Decreto Ley 8031/1973) establecen multas y/o arrestos para quienes ofrezcan o demanden sexo en espacios públicos. Además, el decreto 936/2011 prohíbe la difusión de mensajes con ofertas sexuales.

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Debido a la situación adversa en el ámbito legislativo que fomenta la clandestinización de su actividad, proponen el tratamiento de un proyecto de ley que regule su ejercicio. Definen como trabajo sexual a “la actividad voluntaria y autónoma de ofrecer servicios sexuales a cambio de un pago y para beneficio propio”. Mediante estas precisiones, buscan protegerse del proxenetismo y desprenderse de la vinculación con la trata de personas.

De a poco, y cuestionando el sentido hegemónico sobre la sexualidad, las mujeres de Ammar se van ganando un lugar en la lucha feminista. El 8 de marzo, fueron incluidas por primera vez en el manifiesto que se leyó en la marcha por el Paro Internacional de Mujeres.

Sin embargo, el debate sigue vigente entre quienes sostienen que todo comercio sexual implica explotación y debe ser erradicado, y quienes denuncian que la decisión es individual y debe ser respetada la autonomía de cada mujer sobre su propio cuerpo.

 


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