¿Para cuándo la mejora en las licencias familiares?

Artículo escrito en colaboración por Lorena Fernández Bravo y Juana Lo Duca

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Si yo fuera Maradona

Artículo escrito en colaboración por Micaela Minelli y Emilia De Marziani


¿Cuántes tienen tatuada la firma del Diego, su cara o aquel gol inolvidable a los ingleses? ¿Cuántos niños sueñan con ser como él? ¿Cuántas camisetas con su apellido se regalan cada Navidad o cumpleaños? Diego Armando Maradona es evidentemente un «modelo a seguir» para muches; es un ídolo, un referente. Si yo fuera Maradona, viviría como él, dice la famosa canción de Manu Chao, pero ¿realmente es así? Sigue leyendo Si yo fuera Maradona

Y todo el pueblo cantó: dejemos de idolatrar a Maradona

En un país donde el feminismo está cada vez más presente, aún tenemos como máximo ídolo a un hombre que representa todo aquello que buscamos cambiar en la sociedad. 

Hace ya 33 años, Diego Maradona consagró su histórico gol conocido como «La mano de D10S» durante el partido frente a Inglaterra por cuartos de final del mundial de México 86.

Fue en ese mismo año cuando nació uno de sus hijos, Diego Sinagra (hoy conocido como Diego Jr), a quien durante casi 30 años le negó su paternidad. Si bien había confirmación a través de un ADN y la Justicia le había otorgado el apellido Maradona al hijo de Cristiana Sinagra, no fue hasta 2016 que «el astro del fútbol» reconoció públicamente a su hijo y comenzó una relación que hoy parece inquebrantable.

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Diego Maradona junto a Diego Jr. |Foto: Diario Clarín

Sus dos hijas «legítimas» nacieron en esa misma época. Las famosas Dalma y Gianinna, producto del matrimonio con Claudia Villafañe, son las únicas que vivieron su vida reconocidas por el exfutbolista.

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Maradona junto a Giannina, Dalma y Claudia Villafañe |Foto: ABC.es

Producto de su relación con Veronica Ojeda, en el año 2013 nació «Dieguito» Fernando, a quien sí reconoció en Emiratos Árabes al momento de su nacimiento. A pesar de haber tenido el reconocimiento de su padre desde el minuto uno, por la relación entre Maradona y Ojeda el niño pasó varios años sin tener relación con el futbolista.

Fue en el año 2014 que se conoció la identidad de Jana, quien tuvo una historia similar a la de Diego Jr. Nacida en 1996, consiguió llevar el apellido de su padre luego de que el exfutbolista se negara a realizarse un análisis de ADN. A pesar de los años que su padre le negó, hoy mantienen una relación muy cercana.

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Diego Maradona junto a Jana | Foto: Minutouno.com

Hace poco más de una semana, Matias Morla, abogado de Maradona, dio a conocer que «el Diego» tendría cuatro hijos más en Cuba, producto de relaciones ocasionales que mantenía con distintas mujeres. Según el abogado, los hijos solo buscarían ser reconocidos de manera pública pero sin necesidad de portar el apellido.

La noticia de que Diego Maradona tenga hijos no reconocidos ya no es tal. Hace años que este tema se convirtió en un meme.

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Meme en redes sociales sobre la paternidad de Maradona.

Sin embargo, en un país donde aún peleamos por una maternidad deseada, no podemos seguir mofándonos de la irresponsabilidad reproductiva de un hombre tan público como lo es Diego Maradona.

Dejar hijos en cada país al que acude y reconocerlos luego de años de peleas judiciales y escándalos mediáticos no debería considerarse un mérito, pero para muchos parece serlo. Cuando, hoy día, la gente celebra la relación del exfutbolista con sus hijos Diego Jr y Jana, poco recuerdan de los años que los mantuvo en la sombra mientras se paseaba con Dalma y Giannina por todos lados. Poco recuerdan de la lucha de las madres que tuvieron que hacerse cargo de sus hijos por completo mientras él gastaba su fortuna en autos, casas, viajes de placer y drogas.

La vida de Diego Maradona estuvo siempre rodeada de excesos y violencia. Su adicción a las drogas y sus reiterados tratamientos son tan solo una de las aristas. Ha agredido a la prensa, se ha peleado con colegas dentro de las canchas. Hace poco tiempo resurgieron fotos suyas con menores desnudas durante uno de sus viajes a Cuba (de quienes se creyó que eran sus cuatro «nuevos» hijos. Sin embargo, fue desmentido por su abogado).

También ha tenido denuncias de sus exparejas por violencia. En el año 2014 trascendió un vídeo donde se lo puede ver discutiendo de manera muy violenta con su expareja Rocio Oliva, quien muchas veces habló de la violencia que ejercía sobre ella. Su exesposa y madre de dos de sus hijas, Claudia Villafañe, mencionó la violencia psicológica que ejercía Maradona durante su matrimonio cuando justificaba todas sus actitudes y los actos de infidelidad y afirmó que las recientes denuncias que el exfutbolista hizo en su contra se deben a una persecución que inició tras ver fotos de la pareja de Villafañe junto a su nieto.

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Diego Maradona en la actualidad |Foto: Resistencia Urbana

A pesar de todos los escándalos, la violencia, los excesos y las denuncias, sigue teniendo una amplia base de fanáticos que lo veneran en redes sociales, se tatúan su cara y le ponen su nombre a sus hijos para honrarlo. Todo esto por una carrera futbolística y un gol polémico en 1986.

Lo defienden en redes sociales, le perdonan todas las actitudes que son dignas de repudio y siguen idolatrando su figura. Incluso se enojan cuando otros deciden burlarse del ídolo argentino. Nadie puede burlarse de Diego, pero todos pueden burlarse de las situaciones que él genera en terceros.

En un país que está marcando un ejemplo en cuanto a la lucha feminista, deberíamos empezar a replantearnos quiénes son los ídolos que nos representan como sociedad.


FuentesFoto de portada – The Football Times

Más licencia por paternidad es más igualdad de género

En pleno debate por las licencias parentales, surge la necesidad de plantearse qué otras modalidades de cuidado son posibles y necesarias. ¿Cómo es el régimen actual de licencias? ¿Qué sucede con las nuevas conformaciones familiares? ¿Cuál es la meta soñada? Hablamos de la campaña de ELA y de la situación en el país.

Licencias familiares HOY

Argentina es uno de los países con menos días de licencia por paternidad de América Latina: de acuerdo a la Ley de contrato de Trabajo (LCT), a los hombres les corresponden 2 días y a las mujeres un período de 90 días pagos de cese de la actividad laboral –45 antes del parto y 45 después–. El país se encuentra lejos de los estándares recomendados por organismos internacionales.

Además, si tenemos en cuenta que en el 80% de los hogares las tareas domésticas y el cuidado cotidiano de niños, niñas, adolescentes recaen exclusivamente sobre las mujeres (INDEC 2013), podemos ver que la disparidad en las licencias no hace más que reproducir estereotipos de género que perpetúan la desigualdad. Estas convenciones sociales hacen que muchas mujeres no sean contratadas en nuevos trabajos ante la posibilidad de quedar embarazadas.

Asimismo, la normativa actual sólo tiene en cuenta a las parejas heterosexuales. En la práctica, el régimen de licencias quedó obsoleto respecto de las nuevas conformaciones familiares, contempladas en leyes como las de Matrimonio Igualitario e Identidad de Género.

Como ejemplo de país igualitario, y en contraposición a Argentina, podemos mencionar a Islandia. Allí, hay 9 meses de licencia compartida entre ambos progenitores: tres para el gestante, tres para el no gestante y tres para ser distribuidos entre ellos como decidan.

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Cuidado compartido: la campaña

La organización ELA lanzó la campaña Más licencia por paternidad para visibilizar esta problemática. La propuesta consiste en «intervenir un lugar que históricamente le asigna la crianza a la mujer: los carteles del transporte público». Para ello, crearon un sticker con la apariencia de los carteles de asientos reservados, pero la figura ahora es la de un varón. La idea es que  lxs usuarixs los peguen en sus recorridos diarios.

Desde ELA sostienen que es necesario promover cambios culturales que apunten a una mayor corresponsabilidad entre varones y mujeres dentro de las familias.

Para un mundo más justo se proponen…

  • Licencias por maternidad acordes a las recomendaciones de organismos internacionales como la OIT;
  • Licencias por paternidad con la misma extensión;
  • Equiparación entre los días otorgados por nacimiento y los otorgados por adopción;
  • Contemplación de familias integradas por dos madres o dos padres;
  • Extensión de licencias familiares ante necesidades de cuidado específicas, en reconocimiento de que las necesidades de cuidado van más allá de los primeros meses de vida y que no solo se refieren a los hijos y las hijas.

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Ma(pa)ternidades: repensar la equidad de roles y funciones en cuanto a las tareas de cuidado

Desde Escritura Feminista, hablamos con Julieta Saulo, quien se define como “mujer, feminista y madre”. En ese orden y un poco mezclado. Se formó como psicóloga social y puericultora; hoy, es la Coordinadora General de los servicios de Puericultura de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP). También es fundadora de Las Casildas y coordinadora del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO).

Julieta es docente y atiende en su consultorio particular a personas en etapa de gestación, puerperio y crianza. Además, coordina encuentros grupales sobre la temática con el eje en pensar el ma(pa)ternaje desde el deseo y no desde el mandato.

Escritura Feminista: ¿Cómo surge la Asociación Civil Argentina de Puericultura?

Julieta Saulo: ACADP es una entidad sin fines de lucro, que comenzó a gestarse a fines de 1999 ante la preocupación de un grupo de profesionales por la falta de respuestas a las inquietudes de muchas familias con respecto a la lactancia y crianza de sus hijos.

La necesidad de aportar opciones y alternativas al tema en cuestión fue creciendo. Poco a poco, profesionales de otras disciplinas con formación en este área fueron sumándose en un marco de capacitación acerca de puericultura y crianza; así se conformó la asociación, con el objeto de realizar una obra de interés general.

El propósito es promover, facilitar, favorecer, apoyar y proteger el embarazo, el nacimiento, la lactancia y la crianza, así como la realización de acciones que tiendan a la capacitación, la información, la difusión y la investigación acerca de estas temáticas en el ámbito de la República Argentina.

E. F.: ¿Qué es la Puericultura?

J. S.: La Puericultura comprende el conocimiento y la puesta en práctica de acciones que apunten a lograr el máximo desarrollo biopsicosocial de los niños y las niñas.

Enfocada en los primeros años de vida, difunde los beneficios de la lactancia materna, acompañando a las familias desde el embarazo hasta el destete, sin olvidar que la lactancia no es elegida por todas las familias.

En estos últimos casos, el proceso de acompañamiento puede darse de la misma manera ya que la prioridad y el foco está puesto en la instancia vincular, independientemente si se establece desde la lactancia materna o no.

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E. F.: ¿A qué rol suele estar asociada la mujer con respecto a la maternidad y la rutina familiar?

J. S.: Históricamente, la mujer ha sido asociada al ámbito doméstico y a las tareas de cuidado.

Con la incorporación de las mujeres al sistema productivo y de trabajo, luego de la Revolución Industrial, la mujer se vio escindida entre el mundo privado (doméstico) y el mundo público (laboral), siempre copado por los varones.

Así y todo, sigue siendo muy dificultoso para las mujeres, en la gran mayoría de los casos, poder ejercer un rol compartido en las tareas domésticas y de cuidado.

E. F.: Muchas mujeres en la actualidad tienen una profesión o trabajan fuera de la casa. Sin embargo, son quienes se hacen cargo del total de las tareas del hogar y de la crianza de lxs niñxs en el 80% de los casos. En este sentido, ¿cómo se vincula la cuestión económica en la disposición tradicional “familiar”?

J. S.: En Argentina, como en la mayoría de los países de la región, sucede un fenómeno muy particular: las mujeres sostenemos una doble jornada laboral, afuera y adentro de nuestros hogares. Esta situación afecta en mayor medida a las mujeres más pobres.

En nuestro país, las mujeres hacemos tres veces más trabajos domésticos y de cuidados no remunerados que los varones.

El promedio de horas semanales dedicadas al trabajo no remunerado, obtenidas entre diez países de la región, es de casi 14 horas en hombres y de alrededor de 40 horas en mujeres. Una variable que no podemos dejar de tener en cuenta es que, además, los varones ganan en promedio un 35% más que las mujeres.

Por lo tanto, es urgente repensar las tareas de cuidado desde una perspectiva más equitativa, ya que estas tareas invisibilizadas y no remuneradas son las que ofician como real sostén de las demás.

E. F.: Entendemos que su espacio fue el primero en acuñar el término de «ma(pa)ternidad», ¿de qué se trata dicho concepto?

J. S.: Comenzamos a hablar de Ma(pa)ternidad cuando lanzamos junto a “Las Casildas” y Fundeco la campaña “Ma(pa)ternidades desde el deseo y no desde el mandato”.

Nos parece fundamental repensar la equidad de roles y funciones en cuanto a las tareas de cuidado. Por eso, nos atrevimos a utilizar ese neologismo en el lanzamiento de ese proyecto, incluyendo a mujeres y varones en situación de crianza y ma(pa)ternaje.

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E.F.: La concepción de “familia” tradicional está sufriendo una crisis, ¿qué se puede hacer para romper esta naturalización de roles en la vida cotidiana?

J. S.: Estamos atravesando un cambio de paradigmas total: no sólo el concepto de familia tradicional está en crisis, sino muchísimos mandatos que históricamente han delimitado y coaccionado nuestra historia y accionar. El mandato de la maternidad, por ejemplo, es uno de ellos. La heteronorma es otro.

Es muy común, hoy, como puericultoras, atender a familias comaternales o monoparentales, e implica revisar nuestro abordaje que también está influenciado por estos paradigmas que empiezan a caer.

Reconfirma que lo importante de nuestra profesión es poder acompañar a cada familia desde esas particularidades que la hacen única, tratando de no perpetuar mandatos históricos y asfixiantes sino conectar con el deseo y las posibilidades reales y no ideales de cada una de ellas.

E. F.: El movimiento feminista en Argentina marca una vanguardia a nivel mundial, pero la cultura machista aún sigue arraigada en la vida cotidiana ¿Con qué herramientas nos tenemos que hacer, hombres y mujeres, para enfrentar este cambio?

J. S.: Considero que la crianza es clave para poder deconstruir la cultura machista. Que una nena sepa que puede vestir de celeste y que un nene disfrute de jugar con una cocinita. Que podamos entender que no hay juguetes para nenes y juguetes para nenas.

Debemos revisar también los lineamientos institucionales ya que, las instituciones son grandes perpetuadoras de la estereotipia imperante, dividiendo los sectores de juego de los niños y las niñas desde una perspectiva sexista, el color de los delantales, el tipo de juego a los que pueden jugar, etc.

E. F.: Acontecemos a una extinción gradual de la “madre” y el “padre” como los conocemos, pero ¿qué surge en ese lugar?

J. S.: En realidad considero que lo que está en extinción es la rigidez y la estereotipia que abundaban en esos conceptos, no los conceptos en sí. Es decir, la madre abnegada que no puede conjugar su ser mujer con su ser madre está en extinción, así como el padre proveedor, rígido y desconectado totalmente con su emocionalidad y con la crianza de sus hijos e hijas.

Es interesante analizar cómo esos dos conceptos son producto de una gran construcción cultural. Basta hacer un raconto, por ejemplo, del rol del varón durante el parto de un hijo o una hija que se muestra en el cine: se lo ubica afuera de la sala, fumando un cigarrillo.

E. F.: ¿Es necesario abrir los espacios de deconstrucción y debate también a los hombres?

J. S.: Totalmente, es necesario incluirnos y también es necesario que ellos puedan generar espacios propios de deconstrucción. Es urgente que puedan replantearse los privilegios históricos que han tenido por el sólo hecho de ser hombres.

Si sos padre, hacete cargo

La paternidad sigue siendo a través de los años un tema que siempre genera debate y conflicto. A pesar de que la institución de la familia ha ido cambiando, no así las condiciones, las normas, los modelos y la forma de acompañar el crecimiento de lxs niñxs, que sigue siendo una tarea en la que hay mayor tiempo invertido por parte de las mujeres que de los hombres.

Las excepciones se dan con más frecuencia en los casos de familias conformadas por padres o madres del mismo sexo, en las que pareciera que, al quitar el rótulo de lo que debe y puede hacer cada género, se empieza a actuar desde tres lugares fundamentales: las necesidades de cada niñx, el amor por lxs hijxs, y las necesidades de los miembros que conforman la pareja. Las tareas, las obligaciones, los momentos de recreación y cada cosa que haya que hacer se reparten.

Si bien la tasa de medición anual de natalidad ha bajado del 17,75% que se podía medir en el año 2010 a un 16,7% en 2017, los datos muestran que hay 17 nacimientos por cada mil habitantes. Siguen ocurriendo nacimientos, pero entre 2010 y 2017 los roles que ocupan mujeres y varones fueron cambiando aunque, con el paso del tiempo, siguen siendo desiguales.

Todavía está arraigado en el imaginario colectivo el pensamiento sexista orientado a mujeres de “Qué bueno, cómo te ayuda con los chicos”, “Al menos colabora con las tareas de las casa”, o “Al menos te los tiene un rato”.

Frases que aparecen en lo cotidiano de diferentes generaciones, y a veces entre las mismas mujeres, lo cual no solo es grave sino que genera un sentimiento de culpa en madres que no pueden con todo, que desean también tener sus tiempos, sus trabajos y su vida por fuera de la maternidad.

No tiene que ver con el egoísmo o con una corriente. No. Tiene que ver con que se supone que la maternidad-paternidad es elegida y construida, y por ende ambos padres debieran hacer lo mismo, con el mismo amor por sus hijos. Pero esto no ocurre a diario.

La madre debe encargarse de todo después que nace el hijo. En el período de lactancia y después, muchas mujeres eligen seguir con la licencia sin goce de sueldo para quedarse en casa con el bebé. Más allá de que ese nexo es importantísimo y genera un vínculo amoroso y afectivo para madre e hijx, a la hora de volver al ruedo laboral, complica las cosas. Mientras esto ocurre, el padre (si es que está presente) sí continúa trabajando.

El problema surge cuando la mujer desea volver a trabajar. A la hora de hacer tareas domésticas y de cuidado, siempre es el hombre a quien le toca hacer menos. Además conserva su puesto laboral, y por ende mayor seguridad y libertad económica, mientras la mujer debe luchar por retomar el espacio que tenía antes del embarazo. El esfuerzo es inconmensurablemente mayor.

La decisión entre la casa y el trabajo no debería verse afectada por factores socioeconómicos. Esto es personal, nadie tiene por qué decir qué decisión tomar en la vida interna-familiar.

En partes iguales

Los padres varones deben fomentar el vínculo con sus hijos, no como una especie de tarea colaborativa, sino como una forma de amor hacia esa persona que nació porque dos adultos así lo decidieron. Las tareas deben ser repartidas porque, si en un hogar trabajan dos personas, el resto de las tareas también deberían compartirse.

Incluso si uno de los dos no trabajase, no tendría por qué hacer todas las tareas domésticas, además de encargarse a tiempo completo de la educación de su hijx. La familia también se construye, y es con esto como formación inicial que lxs niñxs aprenden.

Por ende, crear un hogar donde las dos personas (sin importar su género) valgan y hagan por igual, es una forma de mostrar un modelo de familia que está poco a poco expandiéndose. Debemos ser todxs quienes lo llevemos adelante, no es una tarea meramente femenina.

Un padre ausente o poco presente deja una huella imborrable, y genera a futuro un vacío en lxs niñxs que llevarán por el resto de sus vidas, aunque sanen la herida de esa relación. Por eso es imprescindible dejar de creer que lxs hijxs son de la madre, y que de ella depende la exclusividad en los cuidados. Si sos padre, hacete cargo. En todo el sentido de la palabra.

Si no, planteate los métodos anticonceptivos masculinos que podés utilizar para la no concepción.

Sobre todo, si sos hombre, padre, compañero o amigo, este 8 de marzo, facilitale la vida a las mujeres que te rodean para que puedan ir a la marcha. Paramos porque es necesario, paramos por lo que creemos justo. Paramos todas juntas.


Fuentes consultadas:

https://www.indexmundi.com/es/argentina/tasa_de_natalidad.html

 

No tengo tiempo para ser madre

La entrada masiva de las mujeres al mercado laboral y su creciente acceso a estudios superiores dio paso a un modelo de mujer muy diferente al que la sociedad estaba acostumbrada. Una mujer empoderada, con ansias de crecer en lo profesional e intenciones claras de hacerse un espacio en un mercado laboral profundamente masculinizado. Al día de hoy, ya con toda una generación de profesionales formadas y capacitadas de excelencia, conceptos como mujeres directivas o conciliación familiar aún nos parecen demasiado lejanos. 

Si bien cada vez se pone más énfasis en la idea de que las mujeres debemos estar empoderadas a través de la cultura, la formación y la emancipación en todos los niveles, el discurso predominante nos habla de un tal «instinto maternal» y de algo llamado «reloj biológico» que, al parecer, sonará dentro nuestro seguramente entre los 25 y 30 años y nos despertará unas ganas incontrolables de ser madres, aunque eso no encaje en nuestros planes.

Existen cada vez más mujeres que deciden no ser madres, en contra de aquellos dogmas sociales que las presionan para hacerles creer que están dando la espalda a su verdadero cometido en el mundo. Aun si los motivos por los que las mujeres deciden no tener hijos son muy diversos, centrémonos en el aspecto profesional. A pesar de vivir en una sociedad en la cual la incorporación de la mujer al mercado laboral es plena, el acceso a puestos directivos no es equitativo, por lo que, en ocasiones, han de escoger entre la maternidad o su carrera.

Este artículo no pretende ser una especie de «manifiesto antinatalista», pero los datos hablan por sí solos: en la actualidad, los hijos y las hijas suponen un obstáculo en el crecimiento profesional de los progenitores, que recae prácticamente al cien por cien en la madre. El Instituto Nacional de Estadística de España deja constancia de que, a mayor número de hijos, menor es la tasa de ocupación de las mujeres, la cual cae hasta la mitad mientras que la de los hombres apenas sí sufre variaciones.

En esta brecha de oportunidades profesionales entre hombres y mujeres ganan gran protagonismo los permisos por maternidad y paternidad. Pocos son los países en el mundo que regulan que esta clase de permisos sean remunerados y, entre aquellos que lo hacen, las diferencias son sumamente amplias. En Argentina las trabajadoras disponen de 90 días naturales de permiso por maternidad mientras que los trabajadores tan solo disponen de dos días naturales, con lo cual si su hijo o hija nace un día viernes, el permiso de paternidad es inexistente.

Son países europeos nórdicos, como Suecia, Islandia o Noruega, por el contrario, los que ofrecen mayores beneficios a la hora de conceder esta clase de permisos. En Islandia, por citar un ejemplo, en el año 2000 se equipararon los permisos de maternidad y paternidad, estipulando la misma cantidad de días de forma intransferible para ambos progenitores y dejando un margen de días a repartir según decisión de cada pareja.

Con esta clase de políticas se persiguen dos objetivos claros: por un lado, no desperdiciar el talento femenino ya que, si las empresas han de otorgar la misma cantidad de días de permiso por paternidad que por maternidad, el hecho de que sea la mujer quien de a luz no será un factor determinante a la hora de contratarla. Por otro lado, se fomenta la participación de los padres en la crianza de sus hijos e hijas y la repartición equitativa de las tareas domésticas.

Si bien la normativa de la Organización Internacional del Trabajo exige que los permisos de maternidad tengan un mínimo de 14 semanas, la clave no está tanto en la duración de los permisos para las madres sino para los padres. Las políticas de conciliación familiar van siempre enfocadas a que las mujeres traspasen la responsabilidad completa del cuidado de los hijos; esta situación oculta la realidad de que el verdadero éxito está en políticas que establezcan permisos de paternidad y maternidad de una duración considerable para ambos progenitores, y que estos permisos sean de un tiempo equitativo e intransferible, de manera que los padres tengan mayor presencia en el hogar y deje de penalizarse la maternidad por parte de las empresas en el mercado laboral.