Desiguales por menstruar

La mitad de la población, que ya es discriminada con una brecha salarial, además debe dejar parte de su sueldo en las góndolas de productos de higiene menstrual. Una necesidad fisiológica que se presenta -generalmente- una semana al mes durante entre 30 y 40 años en el trascurso de su vida.

Cuando un presupuesto económico es escaso, afecta a quienes tienen más gastos. En este caso, a las personas con capacidad y en edad de menstruar, porque deben consumir productos sanitarios como toallitas y tampones para atravesar sus períodos de manera digna, sin tener en cuenta los analgésicos para los dolores, la ropa interior de reemplazo y los días de licencia por enfermedad en el trabajo y en la escuela.

Según la organización Economía Femini(s)ta: «La mitad de las mujeres en nuestro país gana menos de $17.900 mensualmente y el costo estimado de gestionar la menstruación en 2020 mediante la compra de toallitas y tampones era de entre 2.900 y 3.800 pesos argentinos. Este gasto no es optativo ya que es nuestro deber social gestionar la menstruación y el mismo impacta sobre ingresos que son de por sí menores». De esta forma, el estigma de la pobreza se agrava cuando estamos menstruando.

Cuando un único paquete debe durar hasta el próximo mes, las personas que hacen malabares para comprarlos pueden llegar a usar una sola toallita por día, lo cual significa una incomodidad muy grande, porque se genera más olor, porque ya no tiene capacidad para absorber más sangre y porque funcionan igual que el pañal de un bebé: cuando se llena de líquido se hincha, se pone pesada y molesta. Lo mismo sucede con los tampones, lo cuales se recomienda cambiar cada cuatro horas porque puede producir manchas, incomodidad e infecciones.

Quizás te interese leer: «En pandemia seguimos menstruando», por Carla Volpini

La falta de estos elementos suele venir acompañada de otras carencias como el acceso a agua potable, instalaciones sanitarias adecuadas, un lugar para eliminar los desechos y sobre todo conocimiento de la temática: qué hacer en ese momento, a dónde ir a pedir asesoramiento, qué se puede utilizar y cómo y entender que no es algo que está mal sino algo natural que, si sucediera en condiciones mejores, no sería discriminador.

Teniendo en cuenta los precios de estos productos (que pueden variar entre $36 y $456 los paquetes de ocho toallitas; entre $48 y $207 las 20 unidades de protectores diarios; desde $67 hasta $178 la caja más chica de tampones y a partir de los $449 la copa menstrual), es fácil saber cuál elegiría una persona que tiene que decidir entre comprar un kilo de pan para su familia o uno de estos insumos. Al no contar con algo para parar o contener el sangrado, estas personas no pueden salir de su casa, casi no pueden salir del baño y ahí es cuando las más pequeñas no pueden ir al colegio y las más grandes al trabajo. Y esto se repite mes a mes.

Seguir el envión del resto del mundo

Frente a esta problemática, en noviembre de 2020 Escocia se convirtió en el primer país del mundo en permitir el acceso gratuito y universal a productos menstruales, incluidos tampones y toallitas, en instalaciones públicas como escuelas y universidades. Este avance tuvo lugar gracias al proyecto de ley y a la campaña para poner fin a la «pobreza del período» impulsados por la legisladora laborista Mónica Lennon en 2016.

A su vez, a principios de este año el Reino Unido eliminó la tasa del 5% del impuesto al valor agregado (IVA) sobre los productos menstruales, conocido como «impuesto al tampón». El IVA en estos insumos es considerado un impuesto sexista porque se aplica sobre elementos sanitarios esenciales que necesitan solo las personas con útero, por lo tanto, es un gasto extra pero fundamental para desarrollar su cotidianeidad y para tener una vida digna.

Por su parte, Alemania redujo el gravamen de estos productos del 19 % al 7 %, por lo cual se consideran de primera necesidad y en Francia también se consiguió un porcentaje mínimo de alrededor del 5%.

Quizás te interese leer: «Menstruar no es tabú», por Florencia Barreiro Gardenal

Desde el otro extremo, Nueva Zelanda anunció en febrero de este año que proporcionará productos de higiene femenina gratis en todos los colegios del país para atajar la «pobreza menstrual». La primera ministra de este país resaltó que es inadmisible que las jóvenes pierdan parte de su educación por algo normal para más de la mitad de la población.

A nivel mundial, Kenia fue el primer país en eliminar la «tasa tampón» en 2004, una iniciativa que fue replicada en Canadá, India, Malasia, Uganda, Tanzania, Nicaragua y Trinidad y Tobago, entre otros.

Los países que lograron eliminar este impuesto consideran que viola los derechos a la igualdad y a la salud de las mujeres y personas de otras identidades menstruantes por la existencia de discriminación económica, discriminación desde la perspectiva de la salud y discriminación en el derecho a la vida digna.

Más hacia el sur, en México, la Organización Civil Menstruación Digna lucha por la gratuidad de los productos de gestión menstrual, la eliminación del IVA de dichos productos y la investigación sobre la menstruación en el país. Mientras tanto, el 2 de marzo pasado en Michoacán, Estado de México, se aprobó la ley de menstruación digna, con la cual se busca dar acceso y educar sobre productos menstruales a estudiantes de escuelas públicas y facilitar el acceso gratuito a los productos de gestión menstrual.

Quizás te interese leer: «Reino Unido eliminó el impuesto a productos de higiene menstrual», por Julieta Iriarte

Al mismo tiempo, en Colombia, la Corte Constitucional declaró la inconstitucionalidad del IVA sobre estos productos porque vulnera los principios constitucionales de igualdad y equidad tributaria y porque rompe con el compromiso que tiene el país con Tratados Internacionales como la Convención sobre todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW), la Convención de Belém do Pará y el Pacto Internacional de Derecho Económicos, Sociales y Culturales.

¿Y por casa cómo andamos?

El 8 de marzo de 2017, Economía Femini(s)ta puso en marcha la Campaña #Menstruacción que reclama «la quita del IVA de los productos de gestión menstrual, ya que son productos de primera necesidad y el impuesto sobre ellos crea una desventaja real para las personas que menstrúan» y «la distribución gratuita de métodos de gestión menstrual en escuelas, cárceles y otros espacios comunitarios», ya que, según sostienen, 7 de cada 10 argentinas son mujeres y diversidades pobres que no pueden acceder a los elementos necesarios para gestionar su menstruación.

Gracias al incentivo de esta campaña, el 6 de marzo de 2020 en el Municipio de Morón se aprobó una ordenanza municipal para asegurar la provisión gratuita de los productos, el primer antecedente de la región. Unos meses después, el 28 de mayo, Día Mundial de la Higiene Menstrual, en la Ciudad de Santa Fe también se aprobó una ordenanza con el mismo objetivo y así se convirtió en la primera capital provincial del país en contemplar este derecho. El efecto rebote se activó y lo mismo sucedió en los municipios de Viedma y Zárate y, para el mes de julio, la Municipalidad de San Rafael (Mendoza) se convertía en el tercer distrito en aprobar un plan de gestión menstrual.

A su vez, en Buenos Aires el 28 de mayo de 2020 se presentó en la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley para garantizar el derecho a la gestión menstrual en condiciones dignas de higiene y salud, reducir la brecha de capacidad adquisitiva en elementos de salud e higiene y promover opciones de menor impacto ambiental y económico. Además de este proyecto se han presentado 16 más con los mismos objetivos: lograr una ley nacional para que todas las personas menstruantes puedan transitar esta etapa de la vida en condiciones dignas y de igualdad.

Ante la falta de evolución de estos proyectos, Micaela Ferraro expresó en un conversatorio sobre ambiente y género organizado por Eco House que «el mayor obstáculo es la mirada de quien está al frente para tomar las decisiones. Por eso tenemos que ser más mujeres que tomen decisiones, ocupen cargos y lugares de poder».

Derechos Humanos de las mujeres

La CEDAW describe a la discriminación de la mujer como cualquier «distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera». En este caso, la discriminación sucede porque las mujeres quedan restringidas de tener una vida digna y un desarrollo pleno a causa de su naturaleza menstruante.

Además, reconoce que para alcanzar la igualdad se puede permitir el tratamiento diferente entre hombres y mujeres siempre que se busque superar la discriminación. En este sentido, el Estado debe desarrollar políticas públicas para que las personas que menstrúan no sufran esta falta de reconocimiento y consideración a costas de recaudar más ganancias.


Reino Unido eliminó el impuesto a productos de higiene menstrual

Desde el 1 de enero de este año, Reino Unido integra el listado de países en sacar el «tampon tax» del 5% a los productos de higiene menstrual como tampones y toallas sanitarias.

Sigue leyendo Reino Unido eliminó el impuesto a productos de higiene menstrual

Hablemos de higiene menstrual

Eufemismos que ocultan el proceso natural de úteros, leyendas, mitos, tabúes y cuántas cosas más que aportan a una invisibilización sistemática sobre la menstruación. ¿Cuál es la importancia de hablar sobre higiene menstrual? ¿Por qué debería ser considerado un derecho y una temática a tratar desde el ámbito estatal?

DE QUÉ HABLAMOS CUANDO DECIMOS HIGIENE MENSTRUAL

En los últimos años se volvió imprescindible comenzar a hablar de la menstruación como una ocupación y preocupación pública. 

Desde siempre, el menstruar ha estado vinculado con la privacidad y lo íntimo: algo que deberíamos esconder y disimular. Así es como nos lo han enseñado, desde el miedo y la vergüenza, cuando, muy por el contrario, es un proceso físico y natural que interpela a todas las personas que portan útero.

Quizás te interese leer: «Menstruar no es TABÚ», por Florencia Bareiro Gardenal

Cuando hablamos de higiene menstrual, hablamos de algo que debería ser un derecho. Poder tener el control sobre la higiene de nuestros cuerpos cuando atravesamos los días de sangrado es algo elemental tanto para nuestra salud mental como corporal.

La venta de nuevas tecnologías para la higiene menstrual, tales como toallas femeninas —convencionales y de tela—, tampones, protectores diarios y copas menstruales, dio lugar a la posibilidad de mantener una higiene adecuada durante los días de sangrado y así permitir a todas las personas menstruantes seguir con su vida normal. 

Sin embargo, actualmente acceder a estos productos es un privilegio por sus elevados precios y las desventajas económicas que las brechas salariales producen. Según Economía Femini(s)ta, el promedio del costo por persona y por año de toallitas femeninas es de $1924,41 y el de tampones es de $2.136,84 (datos que fueron recolectados en marzo de 2019).

A su vez, según un informe del Ministerio de Economía nacional: «Las mujeres son las que sufren los mayores niveles de desempleo y precarización laboral. Ganan, en promedio, un 29% menos que sus pares varones, brecha que se amplía para las asalariadas informales, alcanzando un 35,6%» (Las brechas de género en la Argentina, 2020). Por otro lado, las condiciones económicas de las personas trans, travestis y no binaries son completamente desconocidas ya que el Estado todavía no ha realizado ningún abordaje de este tipo.

Por ende, tenemos una doble problemática económica. ¿Cómo hace el grupo etario más desaventajado para cubrir los elevados costos de estos productos esenciales? 

MENSTRUAR COMO POLÍTICA PÚBLICA

En el pasado mes de noviembre, Escocia se convirtió en el primer país del mundo en votar una ley que obliga a que todos los espacios públicos, tales como escuelas, universidades, cárceles y hogares de día, provean gratuitamente productos de higiene menstrual a todas las personas que los soliciten. 

El proyecto de ley intenta solucionar la problemática económica estructural que afecta directamente a las personas menstruantes. 

Para esto, se realizó una encuesta a la sociedad en la que distintas perspectivas sobre esta problemática fueron reflejadas. Un concepto muy usado fue el de Period Poverty (pobreza menstrual) que una oradora bien describe:

«Cuando une tiene la preocupación sobre cómo va a pagar los impuestos para así mantener el gas, la electricidad y para comprar comida, la última cosa que necesita es la preocupación de no poder comprar productos sanitarios. Usar simplemente papel higiénico no es suficiente. […] Yo conozco lo vergonzoso de que el sangrado te atraviese la ropa, así que la preocupación constante durante todos los días del periodo debe causar mucho estrés extra. La provisión de productos de higiene menstrual aliviaría lo que debería ser un estrés innecesario».

Claire Shepherd (pág. 8. Consultation Summary). 

Por otro lado, algunas respuestas a la encuesta apelaron a que la menstruación forma parte de una biología que no es opción, que es importante para una persona menstruante poder tener al menos el control de la higiene de esta naturaleza. 

La importancia de que la higiene durante la menstruación sea una política pública radica en que muchas personas la atravesamos y que no todas tenemos el privilegio de tener bajo control esta higiene. Esto trae como consecuencias, por ejemplo, que niñes y adolescentes falten a la escuela durante los días de sangrado porque no pueden administrar su higiene. 

¿QUÉ PASA EN ARGENTINA?

En nuestro país, hay proyectos de ley a nivel nacional y provincial que buscan la conquista de este derecho. 

Un ejemplo es el de Norma Durango que fue realizado este año. Este no solo busca la provisión gratuita de productos de higiene menstrual en todos los recintos públicos tales como escuelas, universidades, cárceles, instituciones de salud mental y hogares de día/noche, sino también la eliminación del impuesto IVA a este tipo de productos, la investigación sobre el impacto en el ambiente y en le usuarie de los productos descartables (toallitas, protectores, tampones, entre otros) y el fomento del uso de productos reutilizables (copa menstrual, toallitas de tela, entre otros).

Además, solicita la articulación del proyecto con la ESI (Educación Sexual Integral), para así ampliar el conocimiento de les niñes y adolescentes sobre el periodo menstrual.

En tanto, en el Municipio de Morón (Buenos Aires), en Santa Fe y en la Municipalidad de San Rafael (Mendoza) la provisión de productos de higiene menstrual es gratuita a través de una ordenanza local. Esta es una problemática necesaria a solucionar, es la conquista de un derecho básico de salud, es visibilizar realidades y naturalezas. Es indispensable.