Verdad o consecuencia: el reciclaje

¿Son los productos reciclables completamente renovables? El plástico está muy presente en nuestras vidas: en la mayoría de envases, envoltorios, electrodomésticos, juguetes y aparatos electrónicos, entre otros. Tenemos el sistema de un solo uso, por lo tanto, aumentan los productos y, en consecuencia, los respectivos residuos, lo que conlleva un impacto grave en el medio ambiente.

La producción de plástico crece día a día. ONU Medio Ambiente declaró que ha aumentado de 2 millones de toneladas en 1950 a aproximadamente 400 millones de toneladas en 2018. Actualmente solo el 17% se recolecta para el reciclaje. A nivel mundial, sólo el 5% del plástico es reciclado. Entonces, ¿qué se hace con el restante?

Los plásticos tienen diferentes formas de ser categorizados: se dividen en siete tipos dependiendo de los usos, las características y las composiciones de cada uno, según la Sociedad de la Industria de Plásticos que los clasificó en 1988. Los que tienen el número 7 son clasificados como «Otros» y estos no se pueden reciclar. No se conoce su composición, ya que es una mezcla de distintos tipos de resinas y otros plásticos. Por lo tanto, no hay forma de reciclarlos. 

Con el paso del tiempo se crearon diferentes y nuevos tipos de plásticos; por lo tanto, esta forma de categorizar a este producto quedó desactualizada e incompleta. Los productos nuevos se suelen clasificar como número 7 y podemos encontrarlos en artículos médicos como jeringas, en juguetes o en celulares. ¿Cuántos celulares tuviste en los últimos 10 años?

De por sí, el proceso de reciclaje de este tipo de productos es muy costoso y complicado. Otra de las razones por las que existen categorías es porque no se pueden mezclar los distintos plásticos. Lo que sucede cuando se juntan dos de diferentes categorías es que se separan, como el agua y el aceite, y se deben desechar el lote. Además, algunos tipos de pigmentos no pueden reciclarse porque dañan a las máquinas y si tienen resinas o pegamentos tampoco se puede hacer el trabajo.

Los plásticos como el PVC (en envases de detergentes, cañerías o cables eléctricos) pueden desprender toxinas, por lo que es otro material no apto para ser reutilizado en productos de consumo humano. Los residuos que están gastados por el sol no se pueden reciclar por la pérdida de calidad. Así, hay miles de «NO».

En la cocina, la mayoría de los envases son de plástico y la cifra es muy elevada. En la actualidad, el 80% del reciclaje proviene de productos que están en las casas. Y esto es así desde hace años, en la búsqueda de que la mujer tenga menos tareas de la casa: «Uso y desecho, no tengo que limpiar».

Los plásticos de categoría número 2, 3, 5 y 6 no se pueden reciclar para ser utilizados como envase de productos de consumo humano. El número 1, más conocido como PET, puede reciclarse para hacer botellas de refrescos, teniendo en cuenta que el producto final debe contener un mínimo de 50% de plástico no reciclado. Es decir que todo producto reciclado no lo es al 100%.

En el total de los residuos sólidos urbanos, el plástico representa entre un 15% y un 19%. De este porcentaje, el PET representa un 60%. Es decir que, si se lograse retirar todo el PET de la basura, se estaría reduciendo algo más de un 10% del desperdicio. 

En Argentina existe Ecoplas, una asociación civil sin fines de lucro. Su función es capacitar, fomentar la educación y amplificar el contenido científico en escuelas, universidades y recuperadoras de plástico urbanas. Buscan concientizar a la sociedad acerca del uso, el consumo responsable y el reciclado de este producto. Durante 2018, esta empresa presentó un informe donde demuestra que en ese año se reciclaron alrededor de 251.000 toneladas, la mayoría de plástico ya reciclado. De todas formas, hace hincapié en que el volumen de plástico se cuadruplicó en los últimos 15 años.

Entonces, ¿sirve de algo el reciclaje? ¿Es un mito? Es importante saber que lo reciclado no vuelve a lo original. Se convierte en productos como telas, contenedores, maderas plásticas, tuberías, bolsas, entre otros. Hay tanto plástico en el mundo que hay ideas para hacer carreteras de plástico.

Susan Fleinkel, la escritora del libro «Plástico, un idilio tóxico», menciona que el 70% de los plásticos usados del mundo son llevados a China (otros países asiáticos integran la lista pero en menor porcentaje). Desde los años 80, el país asiático trabaja en el reciclado de plástico. Se suele decir que es uno de los basureros del mundo y uno de los países más contaminados. Con los vertederos y las incineradoras, la contaminación ocurre con facilidad. De por sí, por la cantidad de habitantes, ya la tasa de contaminación es muy alta. En este país, la mano de obra es muy barata, por lo que estos trabajos en que es necesaria la presencia humana son preciados. Y los países ricos se deshacen de sus desperdicios.

Solamente en 2017, China recibió 7 millones de toneladas de basura plástica de Europa, Japón y Estados Unidos, así como también 27 millones de toneladas de papel usado. Fue tanta la cantidad de basura que el país tuvo que poner reglas a los países que le vendían sus residuos. Según datos del gobierno chino, pasaron de importar 4,5 millones de toneladas de residuos en los años 80 a 45 millones de toneladas en la actualidad pero, desde 2018, China decidió prohibir la importación, casi en su totalidad, de la basura extranjera.  No obstante, otros países, como Malasia, Turquía, Filipinas e Indonesia, han comenzado a importar parte de lo que ahora China no recibe.

En noviembre de 2019, en Argentina se modificó la ley 24.051 de «residuos peligrosos». El gobierno de Cambiemos creó el decreto 591/2019 que permitía el  ingreso de residuos que no tenían certificado de innocuidad, que declara que no son peligrosos. Gracias a las organizaciones, este edicto se anuló y derogó en enero de este año por el decreto 148/2020, que busca la reducción de residuos y la incrementación en la recolección. En los 3 meses que estuvo en vigencia, nuestro país importó más de 40 mil toneladas de basura.

Pero Argentina también es un gran productor de materias primas plásticas, ya en 2017 se exportaron más de 530 mil toneladas. Lo positivo de todo esto es que la gran exposición de información respecto este tema hizo que se estén llevando a cabo diferentes proyectos de ley como el de la diputada Brenda Austin, que busca la prohibición de plásticos de un solo uso en un plazo de dos años. También, se está debatiendo la necesidad de una ley nacional para la gestión de residuos de envases y el control en la responsabilidad de les productores, que les obligue a aumentar las tasas de reciclado y la reducción de material con fin sanitario.

La industria plástica recicladora tiene un 60% de capacidad ociosa por la falta de políticas públicas y la baja separación de residuos que existe en el país.

De igual forma, sin una legislación, las ganancias de las empresas van a estar por delante de la salud de les habitantes y el cuidado del ambiente. Las corporaciones van a insistir en que sí reciclan y que tienen todo bajo control. Reciclar claramente no está mal, es necesario, pero no es suficiente ni tampoco la solución al problema. Para poder terminar con esto, debemos dejar de consumir plásticos lo máximo posible.

En estos últimos años, surgió y se utilizó el concepto de las 7R: Reflexionar, Rechazar, Reparar, Reducir, Reusar, Reciclar y Reclamar. Para poder llevar a cabo el proceso correcto es fundamental la colaboración ciudadana a la hora de la separación de basura, que esté limpia y seca. La manipulación por parte de las organizaciones y la falta de compromiso de una sociedad hacen que el 90% de los plásticos que existen en el mundo no hayan nunca pasado por un proceso de reciclaje.


Fuentes:


Plásticos everywhere

«Cada minuto, se compra 1 millón de botellas de plástico en todo el mundo; la mitad de estas termina en los océanos. Una parte de esos residuos provienen de nuestros envases. Somos parte del problema y asumimos la responsabilidad y el compromiso de ser parte de la solución», afirmó Soledad Izquierdo, vicepresidenta de Políticas Públicas, Comunicaciones y Sustentabilidad de Coca Cola para el sur de América Latina.

La pregunta es: ¿no es más fácil reemplazar el plástico por el vidrio? ¿Y si mejor volvemos a lo de antes? Hoy, las corporaciones promueven una solución para la contaminación plástica que ellas mismas provocaron. La propuesta debería ser dejar de consumir y de producir, pero aun así es mucho pedir a empresas que solo buscan abaratar costos antes que mantener una sociedad y un ambiente saludables. Hablar de salud después de nombrar a Coca Cola es una equivocación mía.

Muchas empresas y organizaciones están llevando a cabo campañas para reducir y contrarrestar los efectos nocivos de los empaques descartados. Dependiendo del tipo de plástico que sea, este tarda entre 100 y 1000 años en degradarse. Por eso, reducir no es la solución: va a seguir siendo un problema porque, de igual forma, los plásticos van a tardar lo mismo en descomponerse. También durante la fabricación de los productos plásticos se contamina, como cualquier otro proceso industrial.

Según la ONU, 8 millones de toneladas de plásticos son arrojadas a los océanos cada año. Actualmente, solo el 14% es recolectado. La Fosa de las Marianas es uno de los lugares más profundos del planeta y, por lo tanto, para el momento se creía impoluto. En una expedición submarina se sumergieron 11 kilómetros por debajo del mar y la noticia no fue el hecho de que rompieron un récord, sino que encontraron grandes cantidades de desechos plásticos en el sitio.

Se sabe que la contaminación plástica tiene un impacto negativo en los océanos y en la vida silvestre. Ya se encontraron 7 islas de plástico alrededor del mundo. La mala administración y el escaso trabajo de reciclaje derivan en una contaminación oceánica. Alrededor del 80% de los plásticos oceánicos provienen de fuentes terrestres y el 20% de fuentes marinas (redes de pesca, cuerdas, entre otras).

La UNESCO declaró mediante un informe que cada segundo se arrojan más de 200 kilos de plásticos en mares y océanos. En los últimos 40 años, la cantidad de basura en el océano aumento más de un 100%. El 70% de los residuos se depositan en el fondo marino y el resto queda flotando.

Un estudio de Fundación Vida Silvestre demostró que el 83,2% de los residuos censados en la costa Argentina son plásticos. Este dato no es muy lejano: fue del verano de 2019. Más de 71.000 residuos fueron recolectados, entre ellos fragmentos plásticos, telgopor, envoltorios plásticos, botellas, bolsas, tapitas y las colillas, que ocuparon el primer lugar.

Censo del 2019 – Basura en las playas.

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Los animales marinos están en grave peligro: la ingestión conduce a deficiencias nutricionales o inanición por obstrucciones estomacales. Los residuos plásticos también pueden enredar, ahorcar y ahogar a los animales. A nosotres esto también nos afecta. Con el sol, el agua y la sal, los plásticos se empiezan de a poco a desintegrar, por lo tanto, se crean los microplásticos. Es aquí donde comienza «la cadena alimenticia».

Los microplásticos son diminutos, imposibles de ver. Forman parte de productos como los de limpieza, dentífricos, protectores solares, entre otros, y representan más del 50% de las millones de toneladas de plástico que se vierten anualmente al mar.

La Universidad de Newcastle informó que las personas consumimos alrededor de 2000 partículas de plástico todas las semanas, por lo que comemos o por el solo hecho de respirar. Aproximadamente 250 gramos al año. ¿Engorda el plástico? Ni idea. Los efectos de la ingestión de los microplásticos en nuestra salud todavía no se saben con exactitud.

La Organización Mundial de Conservación determinó que una persona en promedio podría estar consumiendo unos cinco gramos de plástico por semana. Desde la Universidad Médica de Viena, en Austria, se está investigando cuánto afectan estos componentes a nuestros cuerpos; podrían penetrar en el torrente sanguíneo, el sistema linfático y llegar incluso hasta el hígado.

Un estudio de la Universidad estatal de Fredonia, en Nueva York,  determinó que un litro de agua embotellada puede contener miles de partículas microplásticas, incluidos restos de polipropileno, nailon y polietilentereftalato (PET). Esto motivó a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciase la puesta en marcha de una investigación al respecto. 

¿Cómo puedo disminuir mi consumo de plásticos?

  • No uses sorbetes o cubiertos descartables. Podés llevar en tu mochila unos de tu casa.
  • Siempre tené a mano las bolsas reutilizables o bolsas ecológicas.
  • Guardá en tu mochila o en tu bolsillo todo producto plástico o colillas, no lo tires en los lugares públicos. Esperá llegar a tu casa para descartarlos.
  • Usá botellas reutilizables.
  • Disminuí el consumo de productos en paquetes.
  • Si sos consumidor de café, tratá de buscar otra alternativa al de cápsula.
  • Invertí en un depurador de agua en vez de comprar bidones.
  • Separá los productos orgánicos de los no orgánicos.
  • Armá tu propio compost.
  • No uses toallitas descartables ni tampones en tu higiene menstrual. Invertí en la copita menstrual o en toallitas de tela.

En el sistema económico capitalista se promueve el consumo inagotable. Es por eso que los productos fueron diseñados para que duren poco. Por lo tanto, es de suma importancia que tomemos cartas en el asunto y seamos nosotres les principales responsables del cambio necesario para el ambiente.


Fuentes: