Las omisiones que le hacen mal a la Argentina

El pasado viernes, la noticia principal fue la cantidad de personas abarrotadas en las puertas de los bancos. La escena le cayó mal al presidente Alberto Fernández que se desayunaba, programas televisivos mediante, que sus funcionarios no habían coordinado con Anses y el Banco Central. Se pidieron renuncias de funcionarios. En Tucumán, en tanto, la policía no accionaba frente a un posible femicidio que se consumaría ese mismo día. Las omisiones le hacen mal a la Argentina. Sigue leyendo Las omisiones que le hacen mal a la Argentina

Todo palo es político

El macrismo viene decidido a aplicar la fuerza represiva del Estado como respuesta a la protesta social, tal como se pudo constatar el pasado domingo mientras los docentes armaban la Escuela Itinerante frente al Congreso. La violencia institucional no nació a fines del 2015, pero hay algo novedoso en el ejercicio espectacularizado de la fuerza: la violencia como puesta en escena de una estrategia comunicacional, en víspera de las elecciones 2017.

La consultora Tendencias Económicas contabilizó 110 mil despidos en los primeros dos meses del 2016, cifra récord desde 1985. A este dato, se suma la baja del valor real de los salarios: el Indec calculó una pérdida en el poder adquisitivo del trabajador promedio de entre 8 y 10 puntos respecto de la inflación, estimada en un 40% según el IPC que difunde el Congreso. El Presupuesto 2017 previó recortes en las áreas de Salud, Cultura, Educación y Derechos Humanos, a la vez que incrementó en un 34% el pago de los intereses de la deuda pública con respecto al año pasado.

Las medidas del Ejecutivo no favorecen al sector mayoritario de la sociedad. Marzo fue un mes álgido, signado por una seguidilla de protestas masivas y terminó de afirmar, después de más de un año de gobierno, que las disputas políticas y las negociaciones hoy sólo pueden zanjarse con capacidad de movilización y demostración de fuerza en la calle.

Sin embargo, el macrismo respondió con la represión como método de disciplinamiento. La violencia de las fuerzas de seguridad en el Paro Internacional de las Mujeres y durante la huelga general del 6 de abril se sumó a las imágenes de camiones hidrantes apuntados hacia los trabajadores de Cresta Roja a fines del 2015 y al episodio vivido por los despedidos estatales de La Plata a principio del 2016. Inclusive, luego se reprimió a los trabajadores del Ingenio Ledesma. No son datos menores la existencia amenazante del Protocolo Antipiquetes y el marco persecutorio creado por el encarcelamiento de Milagro Sala y la detención cada vez más frecuente de militantes.

Cada avanzada de los uniformados se dio en coyunturas diferentes, con su propio trasfondo y finalidad. No son iguales las necesidades de un gobierno recién asumido que a meses de las elecciones de medio término. Así, se puede ubicar un común denominador en las últimas situaciones de represión: la presencia de las cámaras y los reflectores. Todos podíamos ver lo que estaba sucediendo en tiempo real, todos pudimos tomar conocimiento y no hubo intención alguna de taparlo. Pareciera tratarse de la construcción de un mensaje unívoco: «Vamos a realizar los sacrificios necesarios para llegar al sueño del país del primer mundo».

Al mismo tiempo, la represión que sí permanece en las penumbras, la que es cotidiana en los barrios más pobres, crece. Dos casos que sí recorrieron los medios son la balacera iniciada por la Gendarmería en enero del 2016 contra la murga barrial del Bajo Flores y la irrupción policial en el merendero Los Cartoneritos en Lanús, hace poco más de una semana. Para noviembre del año pasado, la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) difundió sus índices y denunció un muerto cada 25 horas a manos de la policía. En el 2016 contabilizaron 259 casos y es el récord anual alcanzado por un gobierno constitucional después de la vuelta a la democracia.

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En la marcha del #1A, desfiló por las plazas principales del país una masa que se mostraba contenta y enojada al mismo tiempo. Contenta, porque se sentía a gusto con la gestión macrista y con los valores que el presidente encarna; enojada porque, a pesar de la heterogeneidad en las lecturas, cada manifestante encontraba en la pesada herencia la razón del desequilibrio social. Un auto paseaba con un muñeco disfrazado de militar sobre el techo. Una señora mostraba orgullosa su cartel a las cámaras y sentenciaba: “Desaparecieron los que tenían que desaparecer”.

El oficialismo piensa en las elecciones legislativas, y por ello no hace oídos sordos a las demandas del elenco permanente de votantes PRO, que piden más mano dura y que se esconda o se borre la pobreza. La represión y la decisión de no ceder un centímetro a los reclamos de los trabajadores («los vagos que no trabajan y cortan calles») es, en este punto, otra maniobra de “marketing” electoral.

El Gobierno nacional está atravesando una crisis de representación y nada garantiza la captación del votante indeciso. Elige entonces replegarse y afianzar a los asegurados, que, dicho sea de paso, el primero de abril demostraron no ser pocos y estar bastante convencidos. Si la demanda es aplicar más mano dura y el costo político es mínimo o poco, el oficialismo tendría razones de sobra para intensificar su postura de dureza contra la manifestación popular y además exponerla públicamente.

Una vez más, el macrismo apuesta a una campaña comunicacional efectiva. Su triunfo o derrota en las elecciones 2017 aportará más experiencias para analizar las herramientas explotadas por Durán Barba: muchas cámaras y una meticulosa puesta en escena para intervenir sobre la realidad cuando la política es una cáscara vacía.

 

 

«La policía salió corriendo y me dejó así, con las esposas»

¿Es lícito golpear y esposar a una menor de 16 años aún con una supuesta orden de una fiscal? ¿Por qué se suman cada vez más episodios de violencia desde las fuerzas de seguridad hacia el pueblo? ¿Quiénes son los verdaderos «narcos»? ¿Qué opina la gente de este hecho? 

Villa de la Isla Maciel, madrugada del cinco de abril, una joven de 16 años llorando esposada. Un operativo de allanamiento que se llevó detenidos cinco hombres, drogas y armas de fuego. El relato de la familia alegando que los mismos policías fueron quienes les pusieron las drogas y los fierros. El testimonio clave del Padre Paco diciendo que en el barrio todos saben quienes venden y quienes no.

En palabras resumidas, otro capítulo de violencia policial no muy lejano en el tiempo al que se vivió en Lanús, a menos de una semana, en el cual reprimieron al merendero «Cartoneritos» y secuestraron a cuatro personas, entre ellas tres menores, en una irrupción absolutamente incomprensible e ilegal del comedor. En este hecho estuvo involucrada la policía local y el secretario de seguridad Diego Kravetz quien estaba presente en el operativo.

La cocinera del merendero «Cartoneritos», Laura Zaracho, perdió su embarazo como consecuencia del ataque policial. El Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), sumó la denuncia del homicidio a la ya hecha por torturas, desapariciones forzadas, operativo ilegal y encubrimiento.

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«Con los pibes no»  un proyecto de ley busca que se investigue y se castigue a los responsables por la represión policial ocurrida la noche del 30 de marzo en el comedor «Los Cartoneritos», ubicado en el barrio Villa Caraz del Partido de Lanus.

Esposada en la calle

Sheila Sánchez se encontraba durmiendo cuando el personal de la policía bonaerense ingresó a su casa con armas de grueso calibre, la despertaron, apuntaron a todos los integrantes de la familia que estaban en el piso de abajo y se dirigieron a la planta alta donde esposaron a su padre y comenzaron a golpearlo. En ese momento ella comenzó a gritar. Así dicta la denuncia que hizo en el programa del Ministerio Público Fiscal ATAJO cuando aún estaba esposada.

Según la denuncia, Sheila pidió que dejaran de golpear a su padre, entonces un oficial de sexo masculino la agarró violentamente y la ahorcó contra la pared, luego una mujer policía tomó sus brazos, la esposó y encerró en la habitación donde ella comenzó a gritar, en respuesta la mujer policía le dio un cachetazo. Debido a que no dejaba de gritar, otros dos policías masculinos le sujetaron del cuello y le siguieron pegando cachetazos.

«Todo lo que digas me lo paso por los huevos, negrita villera. Dejá de gritar, guacha de mierda», asegura Sheila que fue lo que le dijo la oficial mujer cuando se quedó sola con ella y que si seguía gritando se la iba a llevar detenida.

Los policías abandonaron el lugar poco después del hecho y según la menor ninguno llevaba identificación pero ella podría reconocerlos en una rueda e incluso afirmó que existe un video de la situación.

Luego de hacer la denuncia, el personal de ATAJO la acompañó al Polo Judicial de Avellaneda para que le quiten las esposas y un médico pediatra de la Unidad Sanitaria Nº9 de la Isla Maciel la revisó, según el especialista, las lesiones eran claramente visibles.

Sheila Sánchez sostuvo que está dispuesta a ratificar sus dichos en sede judicial.

Además de sus familiares, hay otras personas que confirman las palabras de la menor como es el caso del Padre Paco del Grupo de Curas Opción por los Pobres y Párroco de la Isla Maciel, quien apenas enterado del hecho, denunció la situación y recibió a Sheila en la Iglesia para luego acompañarla a ella y a su tía a la justicia.

«En el barrio todos sabemos quien vende y quien no vende, suele ser una práctica común de la policía el plantar pruebas cuando tienen algo para sacar, y también es común hacer los allanamientos con violencia. Pero esto ya supera los excesos, y el accionar de la policía con Sheila no corresponde bajo ningún aspecto”, manifestó el Padre Paco en diálogo con Gato Sylvestre.

«¿Por que hicieron el allanamiento en tu casa?

-Porque decían que vendíamos drogas pero es mentira porque le pusieron drogas a mi papá, les pusieron fierros una banda de cosas

¿Estas con las esposas puestas ahora?

-La policía salió corriendo y me dejó así, con las esposas”, respondió Sheila en parte de la conversación que mantuvo con Sylvestre.

La opinión pública

Este apartado lo incluyo con el fin de manifestar también mi opinión, no es para ofender a nadie ni nada por el estilo, es sólo para reflexionar qué nos sucede como sociedad.

A partir de comentarios que se pueden leer abiertamente en cualquier pie de notas y que en este caso fueron las que me sirvieron como fuente para realizar la mía, me di cuenta que este tipo de tema establecen una clara división entre el pueblo.

Comencé a preguntarme primero, si la gente que escribe los comentarios es consciente de lo que significa, de que son públicos, de que cualquiera puede leerlos, incluso los mismos involucrados en el hecho. En segundo lugar, caí en la cuenta de que el respeto a la integridad de otros desaparece completamente en algunos de esos comentarios. Y por último, me pregunto ¿Qué es lo que lleva a las personas a defender y justificar la violencia en todos sus medios? ¿Qué se gana de esa forma?

Creo que hay un sistema perverso detrás, que nos prefiere ignorantes y violentos, discutiendo entre nosotros sin sentido, dividiéndonos, sin poder ver al verdadero culpable, ese gigante que nos ciega con su poder. Es hora de que nos quitemos la venda de los ojos y miremos bien, somos todos parte de lo mismo, si tenemos que señalar a alguien tiene que ser a ese que se oculta entre las sombras.

Comentarios en la nota de infobae:

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Comentarios al pie de la nota de «el disenso»: 

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Otras fuentes utilizadas:

http://www.elojonoticias.com/noticias/2017/04/04/1015-impulsan-un-proyecto-de-ley-para-que-se-investigue-la-represion-al-merendero-los-cartoneritos

Represión en merendero “Cartoneritos” de Lanús: 3 menores desaparecidos

http://www.infonews.com/nota/306933/represion-en-la-isla-maciel-dejaron-esposada