«Unsane», una película magistralmente enferma

Steven Soderbergh es el director de esta película que toca los límites de la maldad y los sobrepasa. La película hiperrealista fue filmada íntegramente con un teléfono celular, lo cual le da un tono documental y escalofriante a la historia.

Steven Soderbergh, Claire Foy, and Polly McKie in Unsane (2018)

Sawyer Valentini se mudó de ciudad recientemente para escapar de un acosador, y trabaja en un banco. Un día, buscando participar en un grupo de apoyo mutuo, realiza una consulta psicológica en una clínica privada en la cual es internada en contra de su voluntad.

Los psiquiatras y los enfermeros que la tratan piensan que sufre paranoia. Sin embargo, ella está segura de que el hombre que la acosaba sigue persiguiéndola y ha tomado la identidad de un trabajador de la clínica.

Joshua Leonard and Claire Foy in Unsane (2018)

La película es fuerte y por momentos resulta difícil de digerir. Las sociedades contemporáneas han naturalizados dos formas de violencia hasta volverlas invisibles: la violencia machista y la violencia psiquiátrica.

La protagonista atraviesa un infierno que cualquier mujer que haya sido acosada o psiquiatrizada podrá identificar como real, al tiempo que invisible. En este sentido también se ha vuelto valiosa la consigna feminista «yo te creo, hermana». La película retrata con crueldad y crudeza que a «las locas» nadie les cree.

Juno Temple, Claire Foy, and Zach Cherry in Unsane (2018)

En castellano, unsane significa «insanx», una figura jurídica que representa una condena para muchas personas, porque implica la perdida absoluta de todos los derechos. La insanía, en la jerga jurídica, es la «muerte en vida», que en la película se vuelve la necesidad de la protagonista de sobrevivir al acosador y al manicomio.

Gracias a este tipo de películas podemos ver, comprender y enfrentar una realidad tal cual es. Si estás en un momento sensible, no mires esta película. Pero si querés conocer la mirada de Soderbergh sobre la realidad cotidiana de muchas mujeres psiquiatrizadas, mirala.


 

Una esperanza después de la psiquiatría

Estuvimos presentes en el Primer Encuentro Latinoamericano de Movimientos Sociales en Salud Mental, realizado los días 11 y 12 de mayo en Santiago de Chile con una asistencia de unas 400 personas y que tuvo como protagonistas a personas usuarias y sobrevivientes de la psiquiatría.

Locos por nuestros derechos y Autogestión libremente son las dos agrupaciones sociales que, hoy en día, sobresalen como referencias internacionales al momento de pensar formas de tratar la salud que permitan abolir el manicomio y la lógica manicomial.

Tuvimos el privilegio de participar en una de sus reuniones en la librería Proyeccion y pudimos conocer de cerca su funcionamiento. Una de las tareas de estas agrupaciones sociales,  responsables de sostener el movimiento de la locura y promover el orgullo loco, es mostrar las torturas cotidianas perpetradas por la psicología y la psiquiatría en la vida de miles de personas psiquiatrizadas en el mundo.

Nunca está de mas recordarlo: el negocio de la industria farmacéutica se explaya a nivel mundial. La industria farmacéutica, confabulada con la psicología y la psiquiatría, crea y ubica como «el gran miedo» al brote psicótico, y vende la protección mediante los «psicofármacos».

Sin embargo, en el compromiso social en Santiago de Chile encontramos una alternativa. «Libremente es la mejor terapia, sin ser una terapia«, expresa Carlos, uno de los integrantes de Autogestión libremente. «Quien tiene el amor como bandera, es quien tiene el poder», asegura Rodrigo, otro integrante.

Desde la librería Proyección se organizan distintos grupos como No es lo mismo ser loca que loco, (un grupo de activismo feminista), Larga tu rollo (un grupo de apoyo mutuo) y Niñez libre (un grupo que sostiene una campaña pública para lograr una niñez libre de psicofármacos).

La mafia de la salud mental

“Sentarnos a esperar o negociar, como lo hicieron algunos dirigentes políticos y sindicales, era entregar el Hospital a los que querían cerrarlo y ponerle fin a la salud pública y gratuita. Por eso, decimos que también tenemos que celebrar una jornada histórica, donde confluimos trabajadores, trabajadoras y toda la comunidad, en defensa de los más vulnerables”.

Con esas palabras se expresa el comunicado publicado por personas que cobran un sueldo de los manicomios Borda, Moyano y Tobar García, para sostener su repudio a la represión ocurrida el 26 de abril de 2013 dentro del manicomio Borda.

8

La represión violenta a trabajadores y prisioneros del manicomio Borda es repudiable, pero no permitamos que el árbol nos tape el bosque. La ley vigente N° 26.657 regula de forma clara y explicita el cierre de los manicomios.

También es repudiable que los trabajadores sigan hablando en nombre de los prisioneros políticos del manicomio Borda, a quienes no se permite ejercer su derecho constitucional a la libertad de expresión ya que se los mantiene drogados con pastillas psiquiátricas.

Los trabajadores del manicomio confunden las intenciones políticas con la función pública.  El intento de evitar el cierre de los manicomios en defensa de una supuesta «salud pública» atenta contra los derechos humanos de los presos políticos en los manicomios y contra los principios básicos de respeto hacia una democracia republicana en la que, nos guste o no, las leyes deben cumplirse.

ARTICULO 27. — Queda prohibida por la presente ley la creación de nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o instituciones de internación monovalentes, públicos o privados. En el caso de los ya existentes se deben adaptar a los objetivos y principios expuestos, hasta su sustitución definitiva por los dispositivos alternativos. Esta adaptación y sustitución en ningún caso puede significar reducción de personal ni merma en los derechos adquiridos de los mismos.

Con la excusa de «defender a los más vulnerables», los trabajadores de los manicomios se parecen cada vez más a los mafiosos que actúan por fuera de las leyes para «defender a los vecinos», imponiendo sus propios códigos a todo el vecindario.

10

En 1925, hace casi 100 años, Antonin Artaud expresaba en su «Carta a los directores de asilos de locos» lo mismo que hoy seguimos reclamando, lo que nos corresponde a todas las personas: el cierre de los manicomios.

Se sabe -nunca se sabrá lo suficiente- que los asilos, lejos de ser “asilos”, son cárceles horrendas donde los recluidos proveen mano de obra gratuita y cómoda, y donde la brutalidad es norma. Y ustedes toleran todo esto. El hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es comparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales.

Aunque el manicomio se vista de seda, manicomio queda

Cuando una persona es etiquetada con un diagnóstico psiquiátrico, el manicomio es el arma a la que se recurre para recluirla, drogarla o asesinarla.

Un manicomio puede ser un hospital psiquiátrico, público o privado. Cuando son privados, se suelen llamar clínicas psiquiátricas y, recientemente, clínicas especializadas en salud mental. Los nombres de los manicomios siempre suenan lindos. Por ejemplo, nadie pensaría que el «Hospital Alvear» es un manicomio.

 

Imagen relacionada
Hospital de emergencias psiquiátricas Torcuato de Alvear.

Hay todo tipo de manicomios. Un geriátrico es uno, para que los viejos se mueran solos. Una granja de rehabilitación es otro, para castigar a los adictos.

Los hay para varones, para mujeres, para niños y para viejos. ¿Por qué? Porque los manicomios son un gran negocio. Hay manicomios que parecen revolucionarios, que dicen realizar artes terapéuticas, pero mienten: son manicomios, aunque hagan dibujos y expresión corporal.

Los hospitales de día también son manicomios, porque hay personas que pasan toda su vida yendo al hospital de día y nunca se curan de nada. El manicomio rápidamente te hace creer y te convence de que estás enfermo, y logra además que tu familia y tus amigos tengan miedo de vos si no tomas la medicación que te dieron.

Hay manicomios que se esconden como consultorios privados de psiquiatras muy amorosos, pero que te mantienen como cliente durante toda tu vida. Si un día te rebelás contra esos, te mandan a otro manicomio que se llama interconsulta o derivación.

 

Comunidad terapéutica «Carpe Diem».

No hay manicomios buenos o malos, así como no hay campos de concentración buenos o malos. Los campos de concentración pueden ser para judíos, negros, o indios. Los campos de concentración para personas locas se llaman manicomios.

Hay manicomios que tienen nombre de colonia de vacaciones, como la Colonia Emilio Vidal Abal, ubicada en medio del campo y donde ni siquiera sabemos qué les hacen a las personas locas. Lo que sí sabemos es que, hace más de 35 años, de la Colonia Open Door desapareció la doctora Giubileo después de hablar de irregularidades en el trato a internos, y nunca más volvió a aparecer.

Resultado de imagen para colonia vidal abal
Hospital Emilio Vidal Abal de Oliva, Córdoba.

Hay manicomios que parecen salidos de un cuento de hadas, y son las casas de medio camino, que nunca van a poder ser tu hogar porque en ellas te van a controlar los enfermeros, los psiquiatras, los psicólogos, los trabajadores sociales y los abogados, para ver que estés tomando la medicación.

Manicomio es una persona que encerró a otra en una celda de aislamiento y no la dejó salir. Manicomio es darle drogas psiquiátricas durante muchos años a una persona, hasta que se muera porque sus órganos internos ya no toleran tantas toxinas, fallan y dejan de funcionar. Manicomio es una persona que le da electricidad en la cabeza a otra persona, y que quien recibió esa electricidad haya perdido sus recuerdos y su memoria.

Por esto es importante que, los que podemos, siempre recordemos qué es un manicomio.

«Luchamos permanentemente contra la locura»

Joaquín Cambre filmó, entre otros artistas, a Julieta Venegas, Calle 13 y Maná. El 1 de marzo estrenará Un viaje a la luna, su primera película ganadora del concurso «Operas Primas» organizado por el INCAA. Podés ver el adelanto acá.

Desde Escritura Feminista, hablamos con Cambre acerca de su inspiración, el proceso de creación y producción, y la presencia de lo psiquiátrico en la película.

WhatsApp Image 2018-02-27 at 09.49.22
Joaquín Cambre.

Escritura Feminista: ¿Cuáles fueron las primeras imágenes inspiradoras para escribir «Un viaje a la luna»?

Joaquin Cambre: Yo siempre había tenido ideas pero nunca había tenido una que necesitara contar, y esta vez necesité contar algo. Recordé mi adolescencia, algunos momentos de quiebre de vida en los cuales, a los 13 o 14 años, decidí que quería ser director de cine. Ya lo venía pensando pero no sabía que existía realmente como posibilidad. Y a esa edad me di cuenta.

Fue un verano en que tenía que rendir una materia para no repetir el año; me fue mal y repetí. En base a esa inspiración, de esos quiebres de la adolescencia, se generó esta historia, que no tiene nada que ver con mi vida porque no es autobiográfica, pero en la que sí hay algo del momento de la vida que te hace cambiar e ir hacia una dirección determinada.

E. F.: ¿Cómo conseguiste la financiación para la película?

J. C.: Una vez que tuve la idea, llamé a Laura Farji, que es la coguionista de la película. Con ella, empezamos a escribir el guión con el objetivo de llegar a concursar en «Operas Primas» del INCAA. Decidimos escribir el guión en dos meses para llegar a poder concursar.

Como yo tenía la idea bastante pulida, fue muy rápido: la escritura duró dos meses y medio. Presentamos el guión y ganamos. Eso estuvo buenísimo. Quedamos seleccionados para hacer la película fomentada por el INCAA. Nos dieron un presupuesto muy chico pero con el que podíamos pensar en filmarla.

Ese fue el paso clave, presentarse rápido, no dudar, y después de un año empezamos a preproducirla.

28276825_1526053620777043_1474486906111803784_n

E. F.: ¿Qué es lo más lindo y lo más complicado de dirigir actores en cine?

J. C.: Lo maravilloso es que lo más lindo y lo más complicado de dirigir actores en cine son la misma cosa. Son personas profesionales muy conectadas a los sentimientos, muy conectadas a lo corporal, y eso genera mucha susceptibilidad y mucha fragilidad. Entonces eso siempre es muy difícil de tratar.

A la vez, esas personas siempre brillan, tienen una intensidad y una luz que sobresale. Por eso son actores. Ahí esta lo maravilloso, en saber cómo lidiar y cómo usar esa magia, pero no meterse demasiado para no quedarse pegado, porque a veces eso contagia y te lleva a lugares a los que uno no quiere ir; los actores son muy seductores y te convencen de cosas que, por ahí, vos tenías otra idea.

En esta primera película, yo aprendí a querer mucho a los actores. Los valoraba, me gustaban unos más que otros, pero con ellos entendí realmente cuál es el sentido del actor. El actor interpreta, no solo llena un espacio que falta en la pantalla con su talento y presencia sino que interpreta algo más, te da algo más que vos ni siquiera habías pensado.

E. F.: ¿Hay alguna relación entre «Un viaje a la luna» y la famosa «Viaje a la luna» de Méliès del año 1902?

J. C.: En todo lo que hice y hago hay siempre inspiración de Méliès. La frase «la magia del cine» sería imposible de pensar sin Méliès. Es inconscientemente generada por él.

El cine tiene tres grandes caminos, ya que estamos hablando de sus orígenes. Un camino es el de Lumière, que es el documental. Otro es el cine narrativo, que es el cine que ganó en lo comercial, cuya potencia y estructura son de Eisenstein. Y después está el cine de Méliès, que es el cine mágico, en el que no hay que explicar las cosas sino simplemente sorprender al espectador con recursos del cine.

Eso es genial, y en mi película está presente. Por eso quise que el nombre fuera igual. Hay un plano en mi película que es parecido a un plano de «Viaje a la luna» de Méliès, pero no necesariamente esa película representa mi película, sino la sorpresa y la magia en el cine.

22491805_1408847185831021_7199947682265785897_n

E. F.: ¿Qué posición toma la película con respecto al protagonista, que es un adolescente que está obligado a tomar medicación psiquiátrica?

J. C.: Yo no quise hacer un drama. Obviamente hay una posición tomada, pero no quise que tomar la pastilla fuera algo dramático, aunque siempre lo es. Hay una obligación pero es implícita, suave y sufrida por la madre del protagonista. Se ve que hay algo que ella no entiende y él tampoco entiende bien.

No voy a decir un spoiler de la película, pero él en un momento decide dejar de tomar la pastilla y a partir de eso la trama cambia. Ahí está la postura. Las cosas cambian cuando vos cambiás tus hábitos, a los que estás obligado o forzado, y quizás van en contra de tu propia naturaleza o tus creencias. Eso es así.

Además, Angelo (Mutti Spinetta) lo interpretó muy bien, aun siendo tan joven creo que lo entendió. Entendió cuál era el objetivo y lo hizo muy bien. El espíritu de la película se resume en la frase «llega a lo que soñaste». Es decir que para llegar a lo que soñaste, tenés que dejar de hacer lo que estabas haciendo, y los sueños generalmente están bloqueados por estos medicamentos.

E. F.: ¿Cuáles son para vos las relaciones entre el arte y la locura en tu trabajo?

J. C.: Las personas estamos luchando permanentemente contra la locura. Es una lucha constante, consciente, inconsciente, dura, sin concesiones y los procesos artísticos necesitan de esa locura. Cuando logra salir y dejar de poner barreras para la creación es cuando salen las mejores cosas. Aquellas cosas que nos sorprenden.

Lo estructurado y lo restrictivo no es atractivo en arte y no suele inspirar a nadie. Entonces hay que volverse un poco loco, salirse de los moldes, empezar a pensar diferente y no tener miedo al ridículo porque eso siempre genera en los demás susto.

E. F.: ¿Qué representa la luna para vos?

J. C.: La luna representa, por un lado y sin ir más lejos, a lo lunático, la locura. Esa es la obsesión del protagonista y en eso radica su locura. Y por otro lado, la luna representa el universo de lo femenino, que es una lectura más subterránea. La luna siempre influye sobre lo femenino, y «llegar a la luna» es llegar a la chica que él ama y alejarse del mundo de lo masculino, el mundo opresor, tanto metafórica como literalmente.

  • Estreno: 01/03/2018
  • Clasificación: Sin calificación.
  • Actores: Angelo Mutti Spinetta, Leticia Brédice, Luis Machín, Germán Palacios, Ángela Torres, Luca Tedesco.
  • Director: Joaquín Cambre.

¿Al loquero o a la cárcel?

Javier Alagastino está preso por llamar al 911 y amenazar de muerte a Mauricio Macri. Su historia trascendió en los medios de comunicación, no por haber amenazado al presidente ni por estar preso, sino porque Javier es portador de un diagnóstico psiquiátrico.

Los medios de comunicación adoptaron el punto de vista de la familia para referirse a la necesidad de liberar a Javier, y no han intentado entrevistarlo como sí lo hicieron con otros presos políticos, como es el caso de Milagro Sala.

Una «amenaza de muerte», para ser tal juridicamente, debe cumplir varias características principales:

  • Dirigirse directamente al amenazado (no sería amenaza difundirlo a terceras personas).
  • Que el contenido de la amenaza sea causar la muerte a la persona amenazada.
  • Que la amenaza sea creíble.

Javier Alagastino no se dirigió de manera directa al amenazado, el presidente Mauricio Macri, y su amenaza no fue creíble porque lo hizo llamando al departamento de emergencias de la Policía Federal Argentina. ¿Javier Alagastino tenía una emergencia? Sí, estaba atravesando una situación de mucha angustia individual, porque se había sancionado la ley de reforma previsional que afectaba la jubilación de sus padres.

La policía federal, mediante su linea telefónica 911, procedió con absoluto desconocimiento de la ley nacional de salud mental y adicciones, que fue sancionada en el año 2010.

Javier Alagastino fue detenido por la policía cuando tendría que haber sido asistido por un equipo de salud mental. La policía tendría que haber recibido una capacitación para intervenir en este tipo de emergencias a través del Ministerio de Seguridad, el cual tendría que haber sido convocado por la Comisión Nacional Interministerial de salud mental y adicciones.

Sin embargo, dicha comisión fue cerrada por decisión de Andy Blake, Director Nacional de salud mental, en diciembre de 2017.

A la izquierda, Javier Alagastino.

En rigor jurídico, Javier Alagastino es un preso político, pero la cultura y los medios aún no lo pueden ver de esa manera. La prisión de Alagastino no solo es material, sino también simbólica dado que convive con un diagnostico y un tratamiento que lo cronifican, es decir, que lo condenan a la exclusión, la segregación y la inactividad.

Un preso político es cualquier persona física a la que se mantenga en la cárcel (o detenida de otro modo) sin haber cometido un delito tipificado, sino porque sus ideas suponen un desafío o una amenaza para el sistema político establecido. Desde esta perspectiva, todas y cada una de las personas que han sido internadas en contra de su voluntad son presos políticos.

Los delirios, como las alucinaciones, son reacciones, ideas y sensaciones que el sistema apolítico establecido vivencia como amenazantes. Por este motivo, en Argentina siguen existiendo los manicomios públicos y privados, aunque según la legislación vigente estén prohibidos (ley nacional de salud mental y adicciones 26.657).

Tanto el manicomio como la cárcel son dos opciones que vulneran los derechos de Javier Alagastino quien, según el articulo 7 de la ley 26.657, tiene derecho a recibir un tratamiento en un hospital general en su comunidad y cerca de su domicilio.

Estamos muy lejos aún de vivir en una sociedad en la cual el delirio sea un derecho. Mientras tanto tenemos la tarea de visibilizar cómo y de qué manera se viola la legislación vigente que protege los derechos de todas las personas neurodivergentes.

 

Psiquiatrizada y sospechosa

Julieta Sánchez es una jovencita de 15 años que estuvo desaparecida. Vivía con su familia en Neuquén. Desapareció de su casa y junto con ella una suma importante de dinero, una bikini y un matafuegos. Tras algunas horas, Julieta apareció, pero no antes de que trascendiera en los medios monopólicos que ella «es paciente psiquiátrica».

La ley nacional de salud mental y adicciones protege los derechos de los usuarios, e incluso el Estado argentino redactó en el año 2014 un manual sobre cómo abordar las noticias en salud mental y adicciones desde una perspectiva respetuosa de los derechos de las personas usuarias de servicios de salud mental.

El artículo 7 de la ley 26.657 es muy claro con respecto a cómo abordar los problemas de salud mental en los medios de comunicación:

b) Derecho a conocer y preservar su identidad, sus grupos de pertenencia, su genealogía y su historia.

i) Derecho a no ser identificado ni discriminado por un padecimiento mental actual o pasado.

No podemos éticamente, ni debemos jurídicamente, divulgar que una persona es paciente psiquiátrica, a menos que la persona lo decida (claro que no es este el caso, dado Julieta estuvo desaparecida).

Lo importante es que apareció Julieta, pero para el monopolio de comunicación argentino no importan los derechos y las leyes. El grupo mediático está por encima de la ley y las personas. Parece que lo único que le interesa es vender la noticia, porque el morbo de la locura vende. Ellos publican que Julieta se llevó un matafuegos y al instante deja de importar la verdad. Despiertan el morbo y el consumo de la noticia.

No les importa la salud de Julieta ni las consecuencias que pueda tener en su vida privada la noticia que ellos publicaron. No les importa.

Psiquiatrizar a una persona es proyectar la idea de peligrosidad en torno a ella. Psiquiatrizar a una persona es estigmatizarla. El daño que provoca el estigma social dura para toda la vida. Al parecer, no es necesario ser un trabajador de la salud para psiquiatrizar a alguien. Solo basta tener poder.