Nemonte Nenquimo: la guerrera del Amazonas

«Nuestro territorio no se vende.
 Sin tierra no hay vida
»

En este año tan complejo, lleno de incertidumbre y de pérdidas a nivel ambiental, de cientos de incendios naturales e intencionales en los bosques y las selvas de distintas partes del mundo y la desesperanza de las miles de personas que luchan contra estas situaciones, se alza la voz de la dirigente waorani. Su nombre, en su lengua originaria, significa «estrella» y hoy representa un punto brillante para sus compañeres de lucha, que con su espíritu, firmeza y convicción encarna la resistencia.

Les waorani o huaoranís, «gente de la selva», son un pueblo originario ecuatoriano de casi 5000 mil integrantes, que se ubica al noroccidente de la Amazonia. Durante cientos de años, su territorio fue amenazado por otros pueblos y por aquellos que buscaban colonizarlo e invadirlo. Hoy esa amenaza no cesa pero los enemigos son otros: la explotación petrolífera, las prácticas ilegales de registro de tierras, la tala indiscriminada, la contaminación y los incendios provocados intencionalmente.

Nemonte o «Nemo», como suelen llamarla, es una de las tantas activistas que encarnan la resistencia y la lucha por los territorios, el bienestar del planeta y la supervivencia de su comunidad. Fue reconocida por la revista Time como una de las 100 personas mas influyentes del año. Espera que este premio abra el camino para que se respete su pedido y se visibilice tanto su pelea como la de cientos de mujeres que nunca fueron escuchadas. En su discurso tiene presente la lucha feminista, a la que entrelaza con el reto ambiental. Según Agencia EFE, la líder sostiene que darle una oportunidad a las mujeres es necesario para construir un mejor planeta y defenderlo de la crisis climática:

«Empecé a luchar con mucho coraje, con mucha fuerza, con mucha rabia, pensando en el futuro waorani. El mundo tiene que escuchar las voces de las mujeres del Amazonas porque nosotras salimos a defender, queremos que nuestres hijes vivan bien. Las mujeres luchamos. Esta lucha tiene que ser a nivel global porque hemos salido a protestar, a luchar, pero los gobiernos de turno planifican a corto plazo mientras que nosotras sabemos mirar mucho más allá.

Esta lucha no es solamente del pueblo waorani sino de todes les amazóniques indígenas que siempre hemos entregado nuestra vida para defender nuestro territorio y para el planeta. Me siento orgullosa, inspirada como mujer para seguir luchando. Lo que hago, esa lucha, es para la vida de todos los seres humanos que vivimos en el planeta».

Nemonte para el portal El Universo.

La actual presidenta del Consejo de Coordinación de la Nacionalidad Waorani de Pastaza (Conconawep) es reconocida en el mundo por llevar adelante demandas contra el Estado ecuatoriano para detener la explotación petrolera. Más recientemente, sus acciones estuvieron basadas en brindar ayuda a otras comunidades originarias amazónicas para enfrentar el coronavirus.

Si bien durante 2019 lograron proteger 180 000 hectáreas del desembarque de compañías petroleras para exploración (mediante acción judicial, ya que la Corte Provincial de Justicia de Pastaza ratificó la sentencia que prohíbe el ingreso de cualquier empresa petrolera en territorio waorani), las tierras no están a salvo ni de la contaminación ni de los incendios ni de la tala indiscriminada. Es una lucha constante que Nemonte carga en sus hombros junto a miles de compañeres que buscan hacerse oír en un mundo donde parece que los billetes importan más que la preservación de la vida silvestre.

 «Nuestres antepasades eran luchadores y nosotres también. Estamos conservando el territorio porque eso nos da vida, la selva nos da todo. Venimos luchando hace siglos, porque el gobierno quería vender nuestro territorio. Nuestro territorio no esta a la venta, es nuestra casa, nuestra decisión.

Y quiero decirle y exigir al gobierno, a los gobiernos, nacional e internacionales, que se respete, que ya basta de la extracción petrolera, que ya no haya más minería, que ya no haya más invasores de colonos en nuestro territorio. Como pueblo queremos que se respete, que ya no entren a seguir invadiendo. Queremos ser escuchades, queremos ser respetades. Nuestra selva es nuestra casa, damos la vida para todo el mundo».

Nemonte Nenquimo.

Nemo es fundadora de la Fundación Ceibo, una alianza entre las comunidades a’ikofan, siekopai, siona y waorani. El lema que está presente en su web define su punto nodal de encuentro: «Vimos que todes teníamos problemas y experiencias similares y, aunque somos distintes, nos dimos cuenta de que existen muchas cosas que nos unen». A través de la fundación lograron planificar proyectos para garantizar el agua limpia en las comunidades, la colocación de paneles solares para que tuvieran luz y de sistemas de recogida de agua de lluvia y la elaboración de un mapa propio de nacionalidades.

«La Alianza» conformada por estos grupos sostiene que siempre han vivido en la selva que les sirvió de hogar y de alimento. Están sus niñes y sus ancestres y de la relación que mantengan con la selva, lugar sagrado, depende su supervivencia. Destacan firmemente que sus condiciones de vida están cambiando, el agua y los bosques se están contaminando por la explotación petrolera, la industria maderera que tala la selva y la siembra de palma africana que seca sus pantanos y altera los ecosistemas, reduciendo los territorios y el número de animales. Sostienen que con la construcción de carreteras y otras presiones que impone el mundo de afuera, su idioma y cultura se están perdiendo cada día.

La lucha de Nemonte es reconocida por actores como Leonardo DiCaprio, quien escribió la introducción de su apartado en Time y por el director de cine Mitch Anderson que vive en la Amazonia desde 2011 y es fundador de Amazon Frontlines, organización que apoya las causas y derechos de los pueblos originarios amazónicos. Fue el encargado de hacer reportajes, fotos y especiales con la líder waorani, lo que llevó a su reconocimiento a nivel global.

«Nuestro territorio está lleno de vida pero el gobierno solo ve lineamientos y recursos para explotar. El petróleo tiene que quedar debajo de nuestra tierra. Las petroleras solo traen enfermedad y muerte. El extrativismo y el capitalismo solo quieren contaminar el ambiente. Cuando vivíamos sin contacto vivíamos libres de enfermedad. Hoy estamos tomando agua sucia, el territorio está contaminado. La Tierra madre necesita que respetemos y nosotres sabemos respetar, cuidar y sobrevivir de ella, sabemos tener conexión espiritual con la naturaleza.

Piensan que les indígenas somos ignorantes pero somos sabies, somos minoría pero con nuestro valor, respeto y conocimiento hemos ganado la victoria.

Yo no puedo vender mi casa, mi sangre, el futuro de mis generaciones. El dinero es un papel para nosotres, la tierra es la vida. Pedimos al gobierno de turno, nacional e internacional, que respete nuestra autonomía y gobernanza. Quiero hacer una ley propia que deba ser respetada. A veces los líderes son solo hombres, no están permitiendo a las mujeres gobernar. Nosotres nos respetamos, entre el hombre y la mujer hay igualdad. Hay que darle la oportunidad a las mujeres de que lideren».

Nemonte Nenquimo.

Para ver la entrevista a Nemo, realizada por la periodista de medio ambiente Tatiana Rojas Hernandez en la web de El Tiempo, hacé clic acá. Para seguir y apoyar a Nenquimo en sus luchas y proyectos, seguila en su Instagram @nemonte.nenquimo.


Fuentes:

Imagen de portada: Stefan Ruiz.


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Salud, lingüística y memoria 

El coronavirus también afecta a las comunidades indígenas y les deja consecuencias más allá de la enfermedad porque repercute, además, en la conservación de su lingüística y subjetividad. 

Un gran porcentaje de población indígena está en situación de extrema pobreza, sometida a condiciones de desigualdad. En muchos casos, manifestaron no tener acceso a la salud ni al agua potable y estar expuestes a vulnerabilidades sanitarias como desnutrición, diabetes y dengue, entre otras. El no tener acceso al agua potable hace imposible la prevención del contagio de enfermedades y estas condiciones se profundizan en el momento actual que se está viviendo por la pandemia, que deja expuesta la crisis más amplia en la que están inmerses. 

Si bien se han producido algunos avances en el reconocimiento de sus derechos, no se tomaron las medidas necesarias para poder garantizar fundamentalmente el derecho a la salud. Desde el Estado no se tomaron medidas específicas para los pueblos indígenas que tuvieran en cuenta que se trata de una población en riesgo por las malas condiciones sanitarias en las que viven.

La profundización de una crisis previa a la pandemia afecta diversos aspectos de la vida tanto social como económica, política, cultural y ambiental. En parte, también, es consecuencia de un sistema capitalista que va en contra de la naturaleza y los derechos humanos: la desigualdad estructural queda así profundizada, acrecentando la marginación, el racismo y la vulneración a sus derechos. 

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El cuidado ambiental se ve amenazado por los derrames de sustancias tóxicas, que aumentan el riesgo de contagio de enfermedades en las comunidades. Sumado a eso, continúan los abusos de poder por parte del gobierno. Si antes lo hacían dejándoles sin protección frente a la pandemia, ahora se agregan los nuevos asesinatos cometidos a indígenas que han querido defender sus territorios.

No solo se les invisibiliza dejándoles en situación de abandono sino también con aquellas cuestiones vinculadas a los aspectos subjetivos de la comunidad. No se los nombra ni en los medios de comunicación, ni en los discursos, ni en las políticas públicas y tampoco en las estadísticas. Esto impide conocer(les) sus situaciones de contagio, muerte e historicidad. 

Borrar la memoria histórica de algunas comunidades indígenas impide conocer el pasado, en el que fueron arrasadas por la gripe, el cólera o la tuberculosis. De esta manera, también se les niega la posibilidad de llevar adelante estrategias de intervención en esos aspectos. Se ocultan las marcas de la historia que comprueban cómo muchas de las epidemias anteriores fueron usadas por los colonizadores como instrumentos de poder para dominar y controlar a  los pueblos indígenas, apropiándose de sus territorios. Historia que, además, niega los orígenes: los suyos que también atraviesan las raíces de toda América Latina. 

En estas primeras semanas de llegada del virus, los pueblos indígenas desarrollaron distintas estrategias de autoprotección de los miembros de sus comunidades, utilizaron sus propios conocimientos sanitarios y de supervivencia e implementaron estrategias en red entre distintos pueblos y al interior de su comunidad. Una de esas medidas ha sido el cierre de fronteras para impedir el ingreso de personas extranjeras. Algo que parecía una buena medida para intentar paliar una de sus vulnerabilidades dejó en evidencia otra de las tantas a las que están expuestas: la represión policial, en este caso, debido al cierre mismo. 

Por otro lado, la pandemia también afecta la subjetividad de las comunidades indígenas. Quienes residen en áreas urbanas se enfrentan a otro tipo de exclusión: la lingüística. Eso se traduce en desempleo, ausencia de medidas de prevención, daño psicológico y discriminación. La negación sistemática de sus derechos afecta directamente en la subjetividad de las personas que viven en estas comunidades indígenas, dejando un saldo de abandono y, en muchos casos, de muerte.

Existen un abanico amplio de palabras utilizadas en el habla cotidiana que tienen su origen en muchas de estas comunidades lingüísticas como, por ejemplo, el quechua: chacra, maíz, tomate, hamaca, petaca y apapachar, son solamente algunas de ellas.

En Argentina hoy se hablan al menos 14 lenguas indígenas, que tienen contacto con el castellano desde hace más de 500 años. Esto sin tener en cuenta otros territorios como Bolivia, Perú, Brasil y Colombia, por mencionar solo algunos. Muchos pueblos dejaron de hablar sus propias lenguas debido a procesos históricos de colonización, racialización, discriminación, negación y dominación, entre otros factores. 

El respeto y el reconocimiento de la diversidad de lenguas es parte de la identidad de cada pueblo. Forma parte de la subjetividad y la historia tanto de las comunidades en lo colectivo como de las personas que la componen individualmente. Por eso es importante que sean reconocidas e incluidas. 

Un aliado histórico de los mecanismos de homogeneización y dominación ha sido la escuela. Se encargó de unificar las diferentes hablas y construir un ideal común con respecto a las diversidades lingüísticas. En la actualidad no siempre son contempladas estas diversidades en las políticas educativas, a pesar de que la ley de educación nacional 26.206 lo contempla, garantiza ese derecho a las poblaciones indígenas y reconoce las variaciones lingüísticas y culturales que respetan los valores de los pueblos. El negarle su lengua a una comunidad y, así, excluirla y negarle su identidad e historia es violencia simbólica

En ese punto, son importantes las políticas educativas que contemplen esas diversidades dentro del aula pero también es fundamental la formación docente para que esas políticas puedan llevarse a cabo. 

A los pueblos indígenas se les debe garantizar el derecho a la salud y a la prevención de las enfermedades, y deben tomarse las medidas necesarias para que puedan vivir dignamente. También es necesario que se les garantice el respeto por la diversidad y la multiplicidad cultural, atendiendo a los distintos actores que conforman la comunidad. 

¿Cómo se puede contribuir a la lucha antirracista sin apropiarnos de ella?

Le activista indígena Nia (@haluami) propuso una serie de medidas que se pueden implementar para apoyar los reclamos desde situaciones de privilegio sin invadir sus espacios. @pibaafroqom @sandra_chagas09 @afroargentina @mmujeresindigenas son algunas de las cuentas de activistas indígenas que difunden actividades y propuestas antirracistas. 

Entre las medidas de apoyo a la comunidad que escribió Nia se encuentra la difusión a activistas racializades sin hablar por elles sino cediéndoles nuestro lugar de privilegio para que elles mismes lo hagan. Por otro lado, es importante practicar el antirracismo cotidianamente y dejar de apoyar personas que perjudican la lucha de los pueblos indígenas. También se puede colaborar aportando monetariamente a activistas que están en situaciones de pobreza estructural y, en muchos casos, situaciones interseccionales aun más difíciles si se trata de feminidades.


Fuentes:

Imagen: Facundo Rodriguez fotografía