«Mi hijo Lebensborn»: les niñes abandonades por el nazismo

Artículo colaboración por Mar Cortés


Mi hijo Lebensborn, un videojuego desarrollado para múltiples plataformas, amplifica las voces de algunas de las víctimas olvidadas del proyecto nazi con el fin de concientizar acerca del maltrato y hostigamiento al que se vieron sometidas por ser producto de la «fábrica» nazi de bebés.

«¿Qué sucede cuando la guerra termina? ¿El odio simplemente desaparece? Mi hijo Lebensborn es un juego de crianza -un oscuro tamagotchi- que te permite experimentar los destinos de les “niñes nacides de la guerra”».

Descripción del juego.

Recordar la historia

Lebensborn fue un programa de reproducción selectiva secreto creada durante la Alemania nazi con el propósito de expandir la raza aria. Esta «fábrica» nazi buscaba la creación de una élite racial, lo cual solo podría conseguirse a partir de la procreación. ¿El método? La unión de miles de oficiales nazi y la colaboración, consentida o coaccionada, de mujeres que debían cumplir con ciertas características físicas, como pelo rubio, ojos claros y ciertas medidas físicas.

Los primeros hogares fuera de Alemania se inauguraron en Noruega, donde se cree que hubo alrededor de 8000 nacimientos. Les niñes, productos de dichas uniones, eran dejades en los establecimientos en compañía de enfermeras alemanas. Durante la época de la guerra, varies fueron adoptades por familias alemanas que se alineaban con los ideales de supremacía racial de Hitler. Sin embargo, quienes fueron dejades atrás en los tiempos de posguerra no corrieron con la misma «suerte».

Finalizada la guerra y llevados a cabo los juicios correspondientes, muchos de los hogares manejados por el programa pasaron a ser orfanatos y otros dejaron de funcionar. En el caso de les infantes y niñes, quedaron a su suerte. Algunes tuvieron la fortuna de ser reubicades con alguna de sus familias biológicas, si es que no eran rechazades por su origen; mientras que quienes no recibieron el mismo destino permanecieron en las instalaciones o fueron llevades a otras, donde su destino parecía incierto. Ciertamente, la vida de estes últimes mencionades no sería para nada fácil debido al rechazo y maltrato que recibirían por parte de la sociedad, que les veían como el mismo enemigo que habían combatido en esos últimos tiempos: los nazis.

Videojuegos como herramienta para la empatía

Mi hijo Lebensborn es un juego desarrollado por la compañía noruega Sarepta Studio. Mediante un sistema similar al de aplicaciones como Pou o My talking Tom Cat, le jugadore debe tomar el rol de xadre adoptive de un niño o una niña, dependiendo de si elige a Klaus o Karin, producto de Lebensborn. Situade en la Noruega de los años 50, le usuarie deberá trabajar, alimentar a le niñe, bañarle, aconsejarle y afrontar distintos eventos que van desde bullying hasta abuso y que pondrán en peligro el bienestar físico y mental de le joven. Basado en hechos reales, les desarrolladores realizaron este juego con el fin de difundir el testimonio de les «Lebensborn», quienes debieron pasar incontables situaciones abusivas, humillaciones y maltratos por su origen.

Especialmente en la sociedad noruega, les niñes provenientes de dicho programa fueron marginades, víctimas de los humillantes tratos realizados por niñes y adultes, quienes no podían discernir entre el verdadero enemigo y las inocentes criaturas con las que convivían en distintos ámbitos. Le jugadore de Mi hijo Lebensborn, al encarnar el rol de xadre, logra ponerse en los zapatos de Klaus o Karin e interiorizarse con la injusta vida por la tuvieron que pasar miles de menores durante esa época.

Anni-Frid Synni Lyngstad, cantante de ABBA.

Una de les miles de niñes Lebensborn es Anni-Frid Synni Lyngstad, cantante y compositora noruega integrante del grupo ABBA. Durante la ocupación nazi en Noruega, su madre participó del programa y concibió con un sargento alemán a la cantante. A diferencia de muches de les bebés del programa, «Frida» no tuvo que pasar por los malos tratos ya que su familia buscó refugio en Suecia con el fin de escapar de las represalias y el rechazo tras la guerra. Allí, quedó bajo la tutela de su abuela materna, Arntine, luego de que su madre muriera y el progenitor volviera a Alemania, donde lo esperaba su familia y esposa.

My child Lebensborn es un producto audiovisual basado en hechos y testimonios reales. Basado en una parte de la historia que muches no conocen en la actualidad. A partir de una exhaustiva investigación y documentación, las cabecillas tras el proyecto, Catharina Bohler y Elin Festøy, logran enseñar y concientizar de una manera interactiva e inspiradora la persecución de estes «niñes nacides de la guerra», que no tenían ningún papel en los atroces actos cometidos durante el Tercer Reich.



Fuentes:


La lucha de Black Lives Matter no termina

Luego de tres semanas, el 21 de abril el jurado de Minneapolis declaró como culpable de todos los cargos por el homicidio de George Floyd al policía Derek Chauvin. Sin embargo, el veredicto sigue sin traer justicia a la causa.

Ha pasado casi un año desde que George Floyd fuera arrestado en la ciudad de Minneapolis, Minnesota (Estados Unidos), por parte de cuatro policías locales al intentar hacer una compra con un billete falso de 20 dólares, para luego morir asfixiado por el agente Derek Chauvin quien, tras esposarlo y ponerlo boca abajo, colocó su rodilla en el cuello de Floyd por 8 minutos y 46 segundos.

«No puedo respirar».

Últimas palabras de George Floyd, las cuales se volverían importantes dentro de las protestas.

Pocos días después de ese 25 de mayo de 2020, el hecho generó múltiples protestas en varias ciudades de Estados Unidos en contra del racismo y el abuso policial que sufren ciudadanes afroamericanes en todo el país. La muerte de Floyd bajo custodia policial se convirtió en un símbolo gráfico de la brutalidad policial y generó manifestaciones globales exigiendo justicia racial. El movimiento Black Lives Matter, el cual comenzó en 2013 luego de la absolución de un policía que había matado a un adolescente afroamericano, se expandió internacionalmente por medio de las redes sociales.

El juicio

A lo largo del juicio, prestaron testimonio varies jóvenes que presenciaron la muerte de George Floyd, quienes afirmaron que él estaba «rogando por su vida» y que la policía no permitió que una socorrista le brindara asistencia médica, lo que hubiera podido salvarle la vida. Les jóvenes añadieron que se sienten con culpa de «no haber hecho más que filmar lo sucedido».

Por su parte, la defensa de Derek Chauvin tomó como principal argumento que la muerte de Floyd ocurrió por otras razones médicas e hizo hincapié en el consumo de drogas, su resistencia inicial a los agentes y sus problemas cardíacos preexistentes. A pesar de estas pruebas, el médico que realizó la autopsia declaró que la muerte fue un homicidio y que durante «el sometimiento, la sujeción y la compresión del cuello por parte de los agentes policiales», George Floyd sufrió un paro cardiopulmonar.

Tras conocerse el veredicto, muchas personas han festejado que se hiciera justicia pero, ¿hasta este punto tenemos que llegar para que se reconozca que hay un serio problema de racismo y xenofobia? No hablamos solo de Estados Unidos, es un problema que nos afecta globalmente a todes.

La familia de Floyd compartió una publicación diciendo que: «El veredicto de hoy tiene implicaciones significativas para el país y el mundo». Consideran que la sentencia es «un punto de inflexión para la rendición de cuentas y la aplicación de la ley en el país» y también han expresado que esto no acaba aquí y que «no han olvidado que hay otros tres policías que tuvieron un papel en la muerte de George Floyd y que deben responder por sus acciones».

Las opiniones de figuras importantes en la política

El presidente estadounidense, Joe Biden, expresó que este hecho «puede ser un enorme paso en la lucha hacia la justicia en Estados Unidos» y que «todavía queda mucho trabajo por hacer, ya que nadie debe estar por encima de la ley».

A su vez, la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, respaldó las palabras de Biden diciendo que el veredicto es un paso hacia adelante, pero todavía hay mucho trabajo por hacer en ese sentido. También, mencionó una ley que presentó para que la policía rinda cuentas, presentada en honor a George Floyd y que impulsará para que el Senado la apruebe.

El expresidente Barack Obama también expresó que se ha dado un paso en el camino del progreso, pero no es suficiente: «La verdadera justicia requiere que entendamos que a les estadounidenses negres se les trata diferente todos los días. Requiere que reconozcamos que millones de amigues, familiares y ciudadanes viven con miedo de que un encuentro con la policía pueda ser el último», añadió.

Alexandria Ocasio-Cortez, legisladora demócrata de los Estados Unidos, expresó lo que la mayoría de las personas sintieron con el veredicto: que, en realidad, justicia sería que George Floyd pudiera regresar a casa cada noche con su familia. Un veredicto no es justicia.

Reflexiones

Para que este caso tuviera el reconocimiento que merece, millones de personas en todo el país norteamericano tuvieron que organizarse y marchar pero ¿cuántos casos no han tenido esta importancia? A pesar de todo el esfuerzo que se hace para combatir la problemática del racismo, todos los meses se reporta un caso exactamente igual al de George Floyd.

Daunte Wright, de 20 años de edad, murió el 11 de abril de 2021 tras recibir un disparo de la policía durante una detención de tránsito en la calle. El oficial que le disparó dijo que confundió su arma y en realidad había querido sacar su picana eléctrica.

Breonna Taylor, de 26 años, murió el 13 de marzo de 2020 tras recibir disparos de tres agentes que llevaban a cabo una orden de registro sin aviso en su departamento.

El mismo día del veredicto contra Chauvin se dio a conocer la noticia de que una niña de 15 años llamada Makiyah Bryant había sido asesinada a tiros por la policía.

Cada día se sigue viviendo lo mismo. Por eso, el veredicto es un paso hacia adelante, pero no es el final del camino.


Fuentes:


Salud, lingüística y memoria 

El coronavirus también afecta a las comunidades indígenas y les deja consecuencias más allá de la enfermedad porque repercute, además, en la conservación de su lingüística y subjetividad. 

Un gran porcentaje de población indígena está en situación de extrema pobreza, sometida a condiciones de desigualdad. En muchos casos, manifestaron no tener acceso a la salud ni al agua potable y estar expuestes a vulnerabilidades sanitarias como desnutrición, diabetes y dengue, entre otras. El no tener acceso al agua potable hace imposible la prevención del contagio de enfermedades y estas condiciones se profundizan en el momento actual que se está viviendo por la pandemia, que deja expuesta la crisis más amplia en la que están inmerses. 

Si bien se han producido algunos avances en el reconocimiento de sus derechos, no se tomaron las medidas necesarias para poder garantizar fundamentalmente el derecho a la salud. Desde el Estado no se tomaron medidas específicas para los pueblos indígenas que tuvieran en cuenta que se trata de una población en riesgo por las malas condiciones sanitarias en las que viven.

La profundización de una crisis previa a la pandemia afecta diversos aspectos de la vida tanto social como económica, política, cultural y ambiental. En parte, también, es consecuencia de un sistema capitalista que va en contra de la naturaleza y los derechos humanos: la desigualdad estructural queda así profundizada, acrecentando la marginación, el racismo y la vulneración a sus derechos. 

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El cuidado ambiental se ve amenazado por los derrames de sustancias tóxicas, que aumentan el riesgo de contagio de enfermedades en las comunidades. Sumado a eso, continúan los abusos de poder por parte del gobierno. Si antes lo hacían dejándoles sin protección frente a la pandemia, ahora se agregan los nuevos asesinatos cometidos a indígenas que han querido defender sus territorios.

No solo se les invisibiliza dejándoles en situación de abandono sino también con aquellas cuestiones vinculadas a los aspectos subjetivos de la comunidad. No se los nombra ni en los medios de comunicación, ni en los discursos, ni en las políticas públicas y tampoco en las estadísticas. Esto impide conocer(les) sus situaciones de contagio, muerte e historicidad. 

Borrar la memoria histórica de algunas comunidades indígenas impide conocer el pasado, en el que fueron arrasadas por la gripe, el cólera o la tuberculosis. De esta manera, también se les niega la posibilidad de llevar adelante estrategias de intervención en esos aspectos. Se ocultan las marcas de la historia que comprueban cómo muchas de las epidemias anteriores fueron usadas por los colonizadores como instrumentos de poder para dominar y controlar a  los pueblos indígenas, apropiándose de sus territorios. Historia que, además, niega los orígenes: los suyos que también atraviesan las raíces de toda América Latina. 

En estas primeras semanas de llegada del virus, los pueblos indígenas desarrollaron distintas estrategias de autoprotección de los miembros de sus comunidades, utilizaron sus propios conocimientos sanitarios y de supervivencia e implementaron estrategias en red entre distintos pueblos y al interior de su comunidad. Una de esas medidas ha sido el cierre de fronteras para impedir el ingreso de personas extranjeras. Algo que parecía una buena medida para intentar paliar una de sus vulnerabilidades dejó en evidencia otra de las tantas a las que están expuestas: la represión policial, en este caso, debido al cierre mismo. 

Por otro lado, la pandemia también afecta la subjetividad de las comunidades indígenas. Quienes residen en áreas urbanas se enfrentan a otro tipo de exclusión: la lingüística. Eso se traduce en desempleo, ausencia de medidas de prevención, daño psicológico y discriminación. La negación sistemática de sus derechos afecta directamente en la subjetividad de las personas que viven en estas comunidades indígenas, dejando un saldo de abandono y, en muchos casos, de muerte.

Existen un abanico amplio de palabras utilizadas en el habla cotidiana que tienen su origen en muchas de estas comunidades lingüísticas como, por ejemplo, el quechua: chacra, maíz, tomate, hamaca, petaca y apapachar, son solamente algunas de ellas.

En Argentina hoy se hablan al menos 14 lenguas indígenas, que tienen contacto con el castellano desde hace más de 500 años. Esto sin tener en cuenta otros territorios como Bolivia, Perú, Brasil y Colombia, por mencionar solo algunos. Muchos pueblos dejaron de hablar sus propias lenguas debido a procesos históricos de colonización, racialización, discriminación, negación y dominación, entre otros factores. 

El respeto y el reconocimiento de la diversidad de lenguas es parte de la identidad de cada pueblo. Forma parte de la subjetividad y la historia tanto de las comunidades en lo colectivo como de las personas que la componen individualmente. Por eso es importante que sean reconocidas e incluidas. 

Un aliado histórico de los mecanismos de homogeneización y dominación ha sido la escuela. Se encargó de unificar las diferentes hablas y construir un ideal común con respecto a las diversidades lingüísticas. En la actualidad no siempre son contempladas estas diversidades en las políticas educativas, a pesar de que la ley de educación nacional 26.206 lo contempla, garantiza ese derecho a las poblaciones indígenas y reconoce las variaciones lingüísticas y culturales que respetan los valores de los pueblos. El negarle su lengua a una comunidad y, así, excluirla y negarle su identidad e historia es violencia simbólica

En ese punto, son importantes las políticas educativas que contemplen esas diversidades dentro del aula pero también es fundamental la formación docente para que esas políticas puedan llevarse a cabo. 

A los pueblos indígenas se les debe garantizar el derecho a la salud y a la prevención de las enfermedades, y deben tomarse las medidas necesarias para que puedan vivir dignamente. También es necesario que se les garantice el respeto por la diversidad y la multiplicidad cultural, atendiendo a los distintos actores que conforman la comunidad. 

¿Cómo se puede contribuir a la lucha antirracista sin apropiarnos de ella?

Le activista indígena Nia (@haluami) propuso una serie de medidas que se pueden implementar para apoyar los reclamos desde situaciones de privilegio sin invadir sus espacios. @pibaafroqom @sandra_chagas09 @afroargentina @mmujeresindigenas son algunas de las cuentas de activistas indígenas que difunden actividades y propuestas antirracistas. 

Entre las medidas de apoyo a la comunidad que escribió Nia se encuentra la difusión a activistas racializades sin hablar por elles sino cediéndoles nuestro lugar de privilegio para que elles mismes lo hagan. Por otro lado, es importante practicar el antirracismo cotidianamente y dejar de apoyar personas que perjudican la lucha de los pueblos indígenas. También se puede colaborar aportando monetariamente a activistas que están en situaciones de pobreza estructural y, en muchos casos, situaciones interseccionales aun más difíciles si se trata de feminidades.


Fuentes:

Imagen: Facundo Rodriguez fotografía

Racismo y abuso policial, en EE. UU. y en Argentina

El asesinato del afroamericano George Floyd en manos del policía blanco Derek Chauvin en Mineápolis, Estados Unidos, provocó una serie de protestas y visibilizó una vez más el racismo estructural en el país del norte. Los medios argentinos comunicaron esa muerte como un crimen racista.

En Argentina también hay abusos por parte de las fuerzas de seguridad que terminan en homicidios, «suicidios» dudosos y desapariciones de personas, principalmente personas pobres y racializadas. Sin embargo, el tratamiento de estos casos en los medios nacionales no suele tener la magnitud ni el análisis que sí mereció el asesinato de Floyd.

Una joven afroamericana de 17 años fue quien filmó por 8 minutos cómo el policía Derek Chauvin presionaba con su rodilla el cuello de George Floyd hasta dejarlo inconsciente —murió más tarde en un centro de salud—. Floyd repetía que no podía respirar. Otros tres policías cómplices rodeaban a Chauvin mientras asfixiaba a Floyd. La mujer que filmaba no pudo intervenir, tenía miedo y ahora es acosada mediante redes sociales.

En la misma semana que la policía de Mineápolis asesinó a George Floyd, la policía de Tallahassee, Florida, le disparó y mató a Tonny Mcdale, un hombre trans afroamericano. Si bien no hay evidencias, los oficiales aseguran que Mcdale les apuntó con un arma. Los medios de Florida lo trataron como «mujer» hasta que un allegado de la víctima exigió que se respetase su identidad de género.

Si bien resulta inmediata la conexión de estos casos con el racismo, por la ascendencia afro de las víctimas, en Argentina parece más difícil identificar los abusos policiales con estructuras racistas de las fuerzas de seguridad y de la Nación.

Según Belvedere (2007) en Racismo y discurso: una semblanza de la situación argentina, desde el relato de la configuración del Estado-Nación, se planteó una homogeneización de la población argentina que invisibilizó y negó a los pueblos indígenas. Posteriormente, se discriminó a la migración interna —los «cabecitas negras»y a la externa, en particular a la proveniente de Bolivia, Paraguay y Perú. Además, Belvedere desarrolla que el imaginario social argentino presenta una fuerte negación de la presencia africana.

Blindaje al racismo estructural

Que los abusos policiales ocurren con frecuencia en Argentina no es novedad y que las principales víctimas son personas pobres y racializadas, tampoco. Entonces, ¿por qué son pocos los medios que comunican esta violencia policial como violencia racista y clasista? ¿Por qué existe un blindaje del racismo nacional?

Según Identidad Marrón, una organización de personas marrones que debate sobre el racismo estructural en Latinoamérica en busca de respuestas, «entender el racismo como una cuestión universal —lejana— es una de las premisas que más le conviene al progresismo, a la intelectualidad e inclusive a la política local».

Tan sólo durante el período de aislamiento social, preventivo y obligatorio, se dio una serie de abusos y homicidios que involucran a la policía. En La Matanza, efectivos policiales obligaron a bailar y a hacer saltos de rana a jóvenes de barrios populares «por incumplir la cuarentena». Con la misma excusa, la gendarmería hizo caminar a jóvenes de la villa 1-11-14 en cuclillas. Sin embargo, este modus operandi no fue el elegido por las fuerzas de seguridad cuando las personas que incumplieron el aislamiento eran de clase media-alta.

En San Luis, una mujer apareció ahorcada en su celda tras ser detenida por «incumplir el aislamiento». Florencia Magalí Morales había salido a comprar comida y en su casa la esperaban sus hijos y su nieta, pero nunca volvió. Testigos declararon que Morales gritaba auxilio desde su celda y el abogado de la familia no descarta la hipótesis de homicidio. La psicóloga de la mujer declaró que no estaba depresiva y que era una mujer fuerte y muy entusiasmada con poder cuidar a su nieta.

En Tucumán Luis Espinoza se encontraba con su hermano Juan cuando un grupo de policías los detuvo y golpeó. Juan quedó inconsciente y Luis estuvo desaparecido hasta que lo encontraron tirado debajo de un acantilado. La autopsia determinó que fue asesinado de un disparo en la espalda, por un arma reglamentaria de la policía.

Identidad Marrón realizó una publicación que denuncia y expone el racismo en estos casos: «Camila Arjona, Walter Bulacio, Rafael Nahuel, Cristian Toledo, Facundo Ferreira, Luis Espinoza, Carlos Abregu, Emanuel Ojeda. Estos son los nombres de algunas personas asesinadas en manos de la policía por su clase social y su color de piel».

Por su parte, @Djambari, quien retrata y cuenta historias de la comunidad senegalesa en Argentina, denuncia que el mito patrio de que todos los argentinos son descendientes de blancos rubios europeos sólo puede sostenerse mediante la invisibilización y criminalización de les migrantes. Djambari publicó además las declaraciones del senegalés Ibrahima, quien llegó hace 20 años a la Argentina, en relación al asesinato de George Floyd: «Lo que pasó con Floyd fue así siempre. Nosotros hemos sufrido muchos años. Eso sigue así hasta ahora».

¿A quién cuida la policía?

Dean Spade, abogado y activista trans estadounidense, denuncia en Una vida normal (2015) que «los comportamientos asociadas a la pobreza han sido cada vez más criminalizados, con el resultado de que muchas personas pobres y sin hogar son cautivas del sistema penal».

«Muchas ciudades han adoptado estrategias policiales de “calidad de vida” cuyo objetivo es detener a personas que trabajan en el mercado del sexo, sin hogar, jóvenes, con discapacidad y de color, como parte del afán de acomodar las ciudades a gusto de la burguesía blanca».

Dean Spade.

En esta línea, es posible extrapolar dichas estrategias policiales a nuestro país: Identidad Marrón denunció que «en Argentina las balas apuntan más a los cuerpos marrones, a los descendientes de indígenas y campesinos que habitan en la urbanidad, a los pobres, a las personas que viven en las villas».

Es necesaria una profundización del nivel de análisis para comprender la génesis del abuso de las fuerzas de seguridad y la función del sistema penal carcelario. Es momento de que la comunidad científica, los medios y quienes ocupan cargos políticos puedan plantear de forma seria y comprometida cuáles son los objetivos que se persiguen cuando se habla de la necesidad de la policía y de las cárceles. Y, si esos objetivos se cumplen, ¿para quiénes se cumplen? ¿A quiénes cuidan las fuerzas de seguridad? ¿Qué tipos de vidas son cuidadas y qué tipos de vidas son perseguidas y castigadas en nombre de la seguridad y el cuidado de las vidas que sí importan?


A los jóvenes de ayer (II)

Ensayo colaboración de Francisco D’Amore (parte I)


Otra crítica frecuente es su supuesta simplicidad musical. De esta aserción capacitista surge el debate en torno a si la dificultad hace a la belleza en las artes y para tratarlo me permito remontarme primero a 1890, cuando el compositor francés Erik Satie escribía sus primeras piezas para piano, denostadas por el academicismo elitista de la época pero bien recibidas por el público y por sus colegas, lo cual desató una revolución minimalista que terminó fundando el impresionismo musical.

Algunos pasajes armónicos de Satie repetían dos acordes por más de 15 o 20 compases (El Gymnopedie Nº 1 repite los acordes Gmaj7 y Dmaj7 durante los primeros 16 compases). Sin embargo, los famosos preludios de Debussy y Ravel no existirían sin la influencia de Satie y sería osado para cualquiera llamar simplistas a estos compositores.

Si este ejemplo resulta alejado del contexto del lector, estaciono el DeLorean esta vez en 1974, en el barrio de Queens, ciudad de Nueva York, donde un grupo de cuatro jóvenes de clase media baja revolucionan la música popular con el nacimiento de The Ramones. No sólo fueron pioneros en la música y la ideología punk, sino que cambiaron las reglas de la cultura pop influenciando a artistas de todas épocas con su estética y su forma de concebir el arte, todo esto sin usar más de tres acordes por canción que usualmente no salían de la subdominante y dominante (Blitzkrieg bop), y, en el mejor de los casos, siguiendo escalas mayores o jugando con octavas (We want the airwaves).

Que estos grandes artistas hayan logrado revolucionar la historia de las artes con estas obras tan, si se quiere, simplistas no implica que la complejidad y el academicismo sean fútiles, sino que estos tienen que ser una herramienta más de la estética que se quiera mostrar. Satie no buscaba el virtuosismo, buscaba rebelarse contra el elitismo de la música académica del siglo XIX.

Con esto en cuenta, nace la inquietud: si la lírica y la sonoridad los géneros urbanos no son particularmente innovadoras ni complejas, ¿en dónde radica su éxito en las masas?

La clave está en la sencillez con la que su mensaje se transmite a las clases más pobladas. El trabajador y el joven de clase baja por fin encuentran representantes musicales en los primeros puestos de los rankings de lo más escuchado. Artistas que hablan con sus mismos códigos y que entienden sus inquietudes. Una música representativa y sin metáfora, con una literalidad que choca y que, como todo buen arte, incomoda.

Esta literalidad, cuando se tocan temáticas que para ciertos sectores sociales son tabú, desemboca en una explicitación de contenido que la clase acomodada prefiere que se metaforice, como el sexo, la delincuencia y las drogas. Esta acción de incomodar a la élite del status quo hace que dichos géneros sean los más contestatarios de la actualidad y los que terminan representando a las clases vulneradas y a la juventud no escuchada.

La mayoría de las críticas aquí nombradas no son inocentes, sino que tienen un trasfondo purista y clasista. Para muchos conservadores es difícil tolerar que la música que ocupa los primeros puestos del Billboard no haya sido concebida en Europa, con raíces en la música clásica y tocada por blancos, sino en los barrios bajos de América y Centroamérica con raíces en la música africana y popularizada por los negros y los pobres.

Claro que dicha aversión resiste hasta que músicos y productores se dan cuenta de la potencialidad de lucro económico que tiene adaptarse a estos movimientos y terminan, con mucha inteligencia, apropiándose culturalmente de los fenómenos. Esto pasó con el blues, el rock, el jazz y está pasando con el reggaetón. Por ejemplo, las canciones Shape of you de Ed Sheeran, Sorry de Justin Bieber y Bellyache de Billie Eilish, entre otras, están sincopadas, una característica del ritmo dembow que consiste en acentuar un pulso en un lugar débil del compás. El alma del reggaetón. Productores y músicos se rinden ante un fenómeno masivo que los supera.

Este ensayo nació el 29 de mayo de 20118, cuando en el Centro Cultural Kirchner se celebraba la vigésima edición de los Premios Gardel. En el mismo escenario donde minutos antes el trapero argentino Duki había versionado su canción Rockstar entre aplausos y felicitaciones, Charly García recibía el premio máximo de la velada, el Gardel de oro. En su discurso dejó una frase que resume lo que he tratado en estas páginas: «Hay que prohibir el autotune», afirmó en alusión al efecto vocal que había usado Duki, un corrector de tono que es otro elemento característico de la estética urbana.

García redobló la apuesta al final del evento cuando en una entrevista con el diario Clarín exclamó:

«Una pendeja va al estudio de grabación, le muestra el culo al productor y la contratan».

Una frase que, además de derrochar un nivel de misoginia estratosférico, demuestra la ignorancia del artista respecto de la autogestión de los músicos urbanos (sobre todo desde el auge de los SoundCloud rappers).

Lejos de querer hacer sangre con el sexagenario músico, me interesa analizar la frase y su contexto. Empieza con un subjuntivo que suena más a un imperativo: «Hay que», una sugerencia que suena a una orden. Orden legitimada por el peso de las instituciones que tenía García en su mano izquierda, el premio. Sigue con el verbo «prohibir», censurar. Cierra con el objeto, «el autotune»: la estética del género, el alma de una música que García no entiende. Quiere que censuren lo que amenaza su entendimiento y su poder.

Declaración fuerte, viniendo del autor de Juan represión, Los jóvenes de ayer y Botas locas. Podemos marcar una incoherencia en el discurso de García, algo que le molesta lo suficiente a un músico veterano y de amplia trayectoria que lo lleva a querer atacar a un artista que no hace ni más ni menos que lo que él hizo hace casi cincuenta años: incomodar al conservadurismo artístico, representar a la juventud y plantarse con firmeza ante los arcaicos academicistas que intentan ver a la música como algo con un contorno ya delimitado. Como dijo Charly, para él el autotune es «el límite».

Todo esto se da en un marco donde los géneros urbanos han tomado las enseñanzas del rock joven y las han adaptado al siglo XXI, apropiando conceptos y filosofías. Haciendo que ahora sean los mismos rockeros los que se tapan los ojos ante este acto de desacato.

Y no es la primera vez que pasa: el rock primitivo tuvo que enfrentar muchísimas criticas similares a las que se le hacen al trap o al reggaetón. Por ejemplo, el actual perreo es un nieto del cadereo de Elvis, un baile que desató polémica en su momento por su clara incitación sexual. El jazz de negros, de Coltrane y Monk, en sus inicios tuvo que soportar arduamente los prejuicios de la opinión académica, antes de convertirse en un género de culto. Incluso la música electrónica pasó de ser resistida a dominar los principales festivales del mundo.

Pareciera que existe una condición cíclica en la historia de la música donde el género que nace rebelde se asienta en las instituciones para convertirse en hegemónico. Para evitar caer en esta ciclicidad, es importante evitar los análisis simplistas y prejuiciosos, y entender que la música es compleja y relevante en su contexto y en sus códigos estéticos, no en su lírica y su sonoridad que son un fenómeno dinámico que se adapta a lo que las generaciones van reclamando: romper estructuras jerárquicas, tabúes y esquemas.

«Míralos, míralos, están tramando algo. Pícaros, pícaros, quizás pretenden el poder».

¿Qué es el feminismo interseccional?

A lo largo y a lo ancho del mundo, las problemáticas sociales que enfrentan los grupos marginados son incontables. Machismo, racismo, xenofobia, homofobia, transfobia, clasismo, y apenas tocamos la superficie. El dilema empeora cuando un grupo presenta características que se solapan con los de otro: mujeres negras, hombres bisexuales, personas trans pobres, un infinito etcétera de posibilidades.

En el año 1989, la profesora de Derecho especializada en etnia y género y activista feminista Kimberlé Crenshaw bautizó esta superposición de problemáticas como interseccionalidad, dentro de un artículo publicado por la Universidad de Chicago.

A lo largo de los primeros párrafos, Crenshaw explica cómo la falta de un marco teórico más amplio socava las posibilidades de comprender (y resolver) los desafíos que representa la intersección de identidades marginalizadas. En principio, utiliza este concepto para visibilizar la discriminación que afecta a las mujeres afroestadounidenses como resultado de la combinación del machismo y el racismo.

En vista del incremento en la brutalidad policial contra la comunidad afroestadounidense, Crenshaw brindó una charla TED en 2016 para resaltar la necesidad de un enfoque interseccional.

Así, podemos elevar la figura de Kimberlé Crenshaw como la fundadora de una de las tantas corrientes del feminismo: el feminismo interseccional. Un feminismo que lucha por los derechos de todas las mujeres, pero sin olvidar que una mujer blanca, cisheterosexual, con poder económico y acceso a la educación retiene privilegios por sobre las demás.

¿Acaso le resta importancia a la misoginia que dicha mujer debe enfrentar a lo largo de su vida? No. La discriminación misógina es igual de válida, dirigida a cualquier mujer. Pero la realidad es que la situación de quienes conviven con más de una forma de marginalización es mucho más urgente.

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Interseccionalidad en Argentina

Pese a no ser una de las corrientes de mayor renombre en nuestro país, podemos reconocer casos recientes en los que la interseccionalidad aparece como necesaria:

Eva Analía de Jesús, más conocida como Higui, fue acusada de asesinato por defenderse de sus agresores y fue presa por ser mujer pobre y lesbiana. Hoy, gracias a la lucha social, Higui consiguió la excarcelación y aguarda el juicio desde su hogar mientras lucha por el cambio de carátula de la causa de homicidio simple a legítima defensa.

Según los datos analizados por la Defensoría del Pueblo, las mujeres trans son las más vulnerables dentro del colectivo LGBTQIA+ argentino: en 2016, representaron el 77% de las víctimas de crímenes de odio en general, y el 92% de las víctimas de asesinato.

Los nombres de Diana Sacayán y Lohana Berkins se recuerdan en cada protesta por los derechos de las personas trans y en cada pedido de justicia: por Pamela Macedo, por Erika Rojas, por Estrella Belén Sánchez, por Bella Inostroza y por muchas más.

Dada la ilegalidad del aborto, nuestro país no cuenta con cifras oficiales al respecto, pero se estima que alrededor de 500 mil abortos clandestinos se practican cada año. Es un secreto a voces que un aborto en condiciones idóneas de higiene y acompañado por profesionales es algo que solo las personas gestantes de clase alta pueden pagar, mientras las pobres mueren, desangradas y por infecciones, en clínicas clandestinas.

Miles de niñas y mujeres son engañadas con promesas de empleo y secuestradas en la trata para explotación sexual. Miles de mujeres de bajos recursos se ven obligadas a prostituirse para llevar el pan a la casa. Miles de mujeres no heterosexuales son víctimas de violaciones “correctivas” bajo la excusa de “curarles el lesbianismo”.

Miles de mujeres, de por sí vulnerables ante la violencia machista y misógina, se ven atacadas a diario por otros aspectos de sus identidades y realidades sociales.

Por ellas, el grito del feminismo interseccional es claro y fuerte: la revolución feminista será interseccional, o no será para todxs.


Imagen destacada: Jessica Lachenal