¿Los residuos electrónicos también se reciclan?

Argentina ocupa el tercer puesto como generadora de desechos electrónicos con casi 500 kilotoneladas (kt), según el reporte Tecnología para la acción climática en América Latina de la Asociación GSMA y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado en junio de 2018. Se estima que se producen anualmente 8,7 kg per cápita.

¿Qué son los residuos electrónicos?

Son los aparatos eléctricos que utilizan energía para funcionar y que tienen algún componente electrónico por dentro. Estos residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) no son basura, sino que son residuos peligrosos ya que poseen sustancias químicas tóxicas —gases y metales pesados— que, si no son tratados correctamente, pueden contaminar el aire, la tierra y el agua y poner en peligro a los trabajadores que los producen.

Un teléfono celular, por ejemplo, tiene entre 500 y 1000 de estos compuestos diferentes. Por esto es necesario desecharlos adecuadamente en centros especializados. Sin embargo, en Argentina no existe una regulación a nivel nacional para su tratamiento sino que cada provincia tiene su propia legislación. Por ello, los RAEE en general terminan en los basurales o en rellenos sanitarios. Esto pone en riesgo la salud de todes les argentines.

En 2008, desde Greenpeace impulsaron una Ley Nacional de Gestión de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos bajo la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), la cual exige que los fabricantes se ocupen de los residuos de sus propios productos. La norma además promueve un sistema de mejora en la fase de producción para eliminar las sustancias tóxicas en los aparatos y una disminución en el consumo. Sin embargo, en 2012 perdió estado parlamentario, luego de que les diputades se negaran a debatirlo en el Congreso.

La ONU advierte que un tercio de todos los residuos urbanos generados en América Latina y el Caribe aún termina en basurales a cielo abierto o en el ambiente. El organismo urge a los países al cierre progresivo de dichos basurales que generan un elevado riesgo para la salud de las personas que viven cerca y de quienes recolectan materiales. Además son un foco de gases de efecto invernadero, infligen serios daños a la actividad turística y agropecuaria y atentan contra la biodiversidad.

¡Peligro! material tóxico

Algunos de los elementos tóxicos que poseen estos compuestos son mercurio, plomo, cadmio, níquel, cromo (que es cancerígeno) y retardantes de fuego bromados (RFB). Estos últimos se utilizan en teléfonos celulares y computadoras y la exposición permanente a ellos puede provocar problemas de aprendizaje y memoria e interferir con la tiroides y con el sistema hormonal del estrógeno.

Por otro lado, el cadmio se encuentra en baterías recargables de computadoras, contactos eléctricos y switches. Tiene la capacidad de acumularse en el ambiente y afecta principalmente a riñones y huesos. El mercurio se emplea en monitores de pantalla plana como dispositivo de iluminación y en pilas no recargables. Puede afectar los sistemas nervioso central —particularmente en etapas tempranas de desarrollo—, cardiovascular y pulmonar así como provocar daños en los riñones y la vista. Es tóxico incluso en dosis muy bajas.

El níquel, por su parte, aparece en baterías, junto con el litio. Ambos producen efectos sobre el sistema respiratorio e irritación en los ojos y la piel. El litio, además, ocasiona afecciones en el sistema nervioso y náuseas. Un solo tubo de luz fluorescente que posee mercurio puede contaminar 16 000 litros de agua; una batería de níquel-cadmio como las empleadas en telefonía móvil, 50 000 litros de agua; mientras que un televisor puede contaminar hasta 80 000 litros de agua. Por eso es importante que sean tratados adecuadamente y no sean desechados cerca de ríos u otros espacios naturales. 

¿Qué hacer con los aparatos eléctricos y electrónicos que ya no usás?

Los desechos electrónicos también pueden reciclarse. Muchos contienen metales preciosos incluyendo oro, plata, cobre, platino, y paladio, pero también un valioso volumen de hierro, aluminio y plásticos. Según Blonda Verde, hay más oro en una tonelada de celulares viejos que en una tonelada de mina de oro.

Todos los aparatos pueden reciclarse y las estimaciones calculan que de los desechos electrónicos pueden obtenerse hasta 55 000 millones de euros al año en materiales. De ser debidamente tratados y reciclados, podrían ser una fuente importante de riqueza. Sin embargo, la región de América Latina y el Caribe solo aprovecha el 10% de estos desechos, a pesar de que el 90% de las partes de los equipos electrónicos puede reciclarse. 

Entonces, primero, evitá tirarlos con la basura domiciliaria o desecharlos en la calle. Lo recomendable es consultar en cada municipio el lugar correcto para llevarlos. También, averiguá si en tu ciudad existen centros de recolección de RAEE y empresas que se dediquen al reciclado y la reutilización, ya que si los residuos electrónicos se depositan en el ambiente o en rellenos sanitarios, comienzan a descomponerse mediante una serie de procesos químicos complejos.

Los productos principales de la descomposición son los líquidos lixiviados y los gases y ambos pueden afectar la salud de las personas que viven alrededor de estos lugares. Por eso, la próxima vez que cambies de teléfono, computadora o televisor, es importante llevarlo a un punto especializado en residuos electrónicos.


Fuentes:


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Verdad o consecuencia: el reciclaje

¿Son los productos reciclables completamente renovables? El plástico está muy presente en nuestras vidas: en la mayoría de envases, envoltorios, electrodomésticos, juguetes y aparatos electrónicos, entre otros. Tenemos el sistema de un solo uso, por lo tanto, aumentan los productos y, en consecuencia, los respectivos residuos, lo que conlleva un impacto grave en el medio ambiente.

La producción de plástico crece día a día. ONU Medio Ambiente declaró que ha aumentado de 2 millones de toneladas en 1950 a aproximadamente 400 millones de toneladas en 2018. Actualmente solo el 17% se recolecta para el reciclaje. A nivel mundial, sólo el 5% del plástico es reciclado. Entonces, ¿qué se hace con el restante?

Los plásticos tienen diferentes formas de ser categorizados: se dividen en siete tipos dependiendo de los usos, las características y las composiciones de cada uno, según la Sociedad de la Industria de Plásticos que los clasificó en 1988. Los que tienen el número 7 son clasificados como «Otros» y estos no se pueden reciclar. No se conoce su composición, ya que es una mezcla de distintos tipos de resinas y otros plásticos. Por lo tanto, no hay forma de reciclarlos. 

Con el paso del tiempo se crearon diferentes y nuevos tipos de plásticos; por lo tanto, esta forma de categorizar a este producto quedó desactualizada e incompleta. Los productos nuevos se suelen clasificar como número 7 y podemos encontrarlos en artículos médicos como jeringas, en juguetes o en celulares. ¿Cuántos celulares tuviste en los últimos 10 años?

De por sí, el proceso de reciclaje de este tipo de productos es muy costoso y complicado. Otra de las razones por las que existen categorías es porque no se pueden mezclar los distintos plásticos. Lo que sucede cuando se juntan dos de diferentes categorías es que se separan, como el agua y el aceite, y se deben desechar el lote. Además, algunos tipos de pigmentos no pueden reciclarse porque dañan a las máquinas y si tienen resinas o pegamentos tampoco se puede hacer el trabajo.

Los plásticos como el PVC (en envases de detergentes, cañerías o cables eléctricos) pueden desprender toxinas, por lo que es otro material no apto para ser reutilizado en productos de consumo humano. Los residuos que están gastados por el sol no se pueden reciclar por la pérdida de calidad. Así, hay miles de «NO».

En la cocina, la mayoría de los envases son de plástico y la cifra es muy elevada. En la actualidad, el 80% del reciclaje proviene de productos que están en las casas. Y esto es así desde hace años, en la búsqueda de que la mujer tenga menos tareas de la casa: «Uso y desecho, no tengo que limpiar».

Los plásticos de categoría número 2, 3, 5 y 6 no se pueden reciclar para ser utilizados como envase de productos de consumo humano. El número 1, más conocido como PET, puede reciclarse para hacer botellas de refrescos, teniendo en cuenta que el producto final debe contener un mínimo de 50% de plástico no reciclado. Es decir que todo producto reciclado no lo es al 100%.

En el total de los residuos sólidos urbanos, el plástico representa entre un 15% y un 19%. De este porcentaje, el PET representa un 60%. Es decir que, si se lograse retirar todo el PET de la basura, se estaría reduciendo algo más de un 10% del desperdicio. 

En Argentina existe Ecoplas, una asociación civil sin fines de lucro. Su función es capacitar, fomentar la educación y amplificar el contenido científico en escuelas, universidades y recuperadoras de plástico urbanas. Buscan concientizar a la sociedad acerca del uso, el consumo responsable y el reciclado de este producto. Durante 2018, esta empresa presentó un informe donde demuestra que en ese año se reciclaron alrededor de 251.000 toneladas, la mayoría de plástico ya reciclado. De todas formas, hace hincapié en que el volumen de plástico se cuadruplicó en los últimos 15 años.

Entonces, ¿sirve de algo el reciclaje? ¿Es un mito? Es importante saber que lo reciclado no vuelve a lo original. Se convierte en productos como telas, contenedores, maderas plásticas, tuberías, bolsas, entre otros. Hay tanto plástico en el mundo que hay ideas para hacer carreteras de plástico.

Susan Fleinkel, la escritora del libro «Plástico, un idilio tóxico», menciona que el 70% de los plásticos usados del mundo son llevados a China (otros países asiáticos integran la lista pero en menor porcentaje). Desde los años 80, el país asiático trabaja en el reciclado de plástico. Se suele decir que es uno de los basureros del mundo y uno de los países más contaminados. Con los vertederos y las incineradoras, la contaminación ocurre con facilidad. De por sí, por la cantidad de habitantes, ya la tasa de contaminación es muy alta. En este país, la mano de obra es muy barata, por lo que estos trabajos en que es necesaria la presencia humana son preciados. Y los países ricos se deshacen de sus desperdicios.

Solamente en 2017, China recibió 7 millones de toneladas de basura plástica de Europa, Japón y Estados Unidos, así como también 27 millones de toneladas de papel usado. Fue tanta la cantidad de basura que el país tuvo que poner reglas a los países que le vendían sus residuos. Según datos del gobierno chino, pasaron de importar 4,5 millones de toneladas de residuos en los años 80 a 45 millones de toneladas en la actualidad pero, desde 2018, China decidió prohibir la importación, casi en su totalidad, de la basura extranjera.  No obstante, otros países, como Malasia, Turquía, Filipinas e Indonesia, han comenzado a importar parte de lo que ahora China no recibe.

En noviembre de 2019, en Argentina se modificó la ley 24.051 de «residuos peligrosos». El gobierno de Cambiemos creó el decreto 591/2019 que permitía el  ingreso de residuos que no tenían certificado de innocuidad, que declara que no son peligrosos. Gracias a las organizaciones, este edicto se anuló y derogó en enero de este año por el decreto 148/2020, que busca la reducción de residuos y la incrementación en la recolección. En los 3 meses que estuvo en vigencia, nuestro país importó más de 40 mil toneladas de basura.

Pero Argentina también es un gran productor de materias primas plásticas, ya en 2017 se exportaron más de 530 mil toneladas. Lo positivo de todo esto es que la gran exposición de información respecto este tema hizo que se estén llevando a cabo diferentes proyectos de ley como el de la diputada Brenda Austin, que busca la prohibición de plásticos de un solo uso en un plazo de dos años. También, se está debatiendo la necesidad de una ley nacional para la gestión de residuos de envases y el control en la responsabilidad de les productores, que les obligue a aumentar las tasas de reciclado y la reducción de material con fin sanitario.

La industria plástica recicladora tiene un 60% de capacidad ociosa por la falta de políticas públicas y la baja separación de residuos que existe en el país.

De igual forma, sin una legislación, las ganancias de las empresas van a estar por delante de la salud de les habitantes y el cuidado del ambiente. Las corporaciones van a insistir en que sí reciclan y que tienen todo bajo control. Reciclar claramente no está mal, es necesario, pero no es suficiente ni tampoco la solución al problema. Para poder terminar con esto, debemos dejar de consumir plásticos lo máximo posible.

En estos últimos años, surgió y se utilizó el concepto de las 7R: Reflexionar, Rechazar, Reparar, Reducir, Reusar, Reciclar y Reclamar. Para poder llevar a cabo el proceso correcto es fundamental la colaboración ciudadana a la hora de la separación de basura, que esté limpia y seca. La manipulación por parte de las organizaciones y la falta de compromiso de una sociedad hacen que el 90% de los plásticos que existen en el mundo no hayan nunca pasado por un proceso de reciclaje.


Fuentes:


¿Basura cero en Argentina?

El pasado 3 de julio se conmemoró el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico. Aún hoy, les polítiques a nivel mundial no toman la iniciativa de dar por terminado el uso de estos productos, que duran pocos minutos en nuestras manos pero miles de años en el ambiente. Por eso, se ha vuelto una responsabilidad de todos los días, para nosotres, la reducción de su uso.

El plástico es un material sintético que se obtiene a partir de un proceso químico producido con materias primas como el carbón y el petróleo. Es perfecto para las empresas porque es versátil, liviano, resistente, mantiene la calidad de los productos y, ante todo, es barato. 

Hay dos tipos de plásticos: los termoplásticos que son más fáciles de reciclar y moldear. Los más conocidos son PEBD, PEAD, PP, PET, PVC, PS, EPS y PC; y los termoestables, que son difíciles de reciclar, ya que se queman al querer volver a moldearlos. Son resistentes y duran más. Se encuentra en los botones, raquetas de tenis, rellenos dentales, entre otros.

En Argentina se producen 14 millones de toneladas de basura cada año y la Cámara Argentina de la Industria Plástica afirmó que cada argentine consume 41,9 kilos de plástico por año. Tenemos muchas leyes que hablan de este problema pero no sorprende que estas no se cumplan.

La industria recicladora de Argentina trabaja al 50% de su capacidad y solo se recupera el 23% de los residuos reciclables. En la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo se realizó una investigación que demuestra que las empresas que se dedican a este oficio no pueden ser eficientes porque no pueden abastecerse con las maquinarias necesarias.  

Hay 56 empresas recicladoras registradas en nuestro país, pero solo 15 se ocupan de productos PET (uno de los más usados, por ejemplo, en botellas de plástico), que tardan en descomponerse entre 100 y 500 años. La mayoría de estas empresas son cooperativas sociales, centros de acopio informal o chatarrerías que reclaman falta de precio estándar de compra y venta, una inexistencia de facturación y evasión impositiva.

El código de identificación de plásticos fue creado para dividir los residuos dependiendo su forma de reciclaje.

La actividad del reciclado da impulso a un sector productivo, genera puestos de trabajo y también contribuye a reducir el uso de basurales o rellenos sanitarios.  En 2005, se sancionó la ley No. 1854 de gestión de los residuos urbanos «Basura Cero», que impone al Gobierno de la Ciudad crear metas de sustentabilidad y reducción de residuos con el objetivo de proteger el medio ambiente y los seres vivos.

Pero, ¿esta ley se cumple después de 15 años?

En 2015, en la Ciudad de Buenos Aires se creó un centro de reciclaje que puede procesar más de 760 mil toneladas de desechos sólidos para evitar el relleno sanitario. De todas formas, el gobierno continuó enviando la mayor parte de la basura a ese destino. La meta fijada para la reducción de residuos era del 30% para 2010, 50% para 2012 y 75% para 2017. Para 2017, el porcentaje apenas había trepado al 26%, es decir, ni llegó a las metas que se tenían para el 2010. Como no se alcanzaron esos números, se creó un nuevo objetivo. Con la ley No. 5966, para 2021 la reducción debería ser de un 50%, para 2025 de un 65% y para 2030 de un 80%. 

En 2018, la legislatura porteña aprobó una modificación en la ley de Basura Cero para permitir la incineración de residuos. Esta tarea es altamente contaminante y perjudicial para la salud de les habitantes. De igual forma, somos una de las 10 ciudades del mundo que más trabaja para luchar contra los efectos del cambio climático.

Los distintos tipos de plásticos.

Una mínima porción de lo que se utiliza se recupera y recicla. Por ejemplo, con más de la mitad de las botellas de plástico (PET) se fabrican fibras textiles. El resto se procesa para reutilizar como envase de bebidas o alimentos. Otro de los más usados en el mundo es el PVC (policloruro de polivinilo), que está presente en paquetes de alimentos, cortinas para la ducha y marcos de puertas y ventanas.

El reciclado requiere un 70% menos de energía y emite un 59% menos de gases de invernadero, responsables del cambio climático. Para fabricar una tonelada de PET convencional se consumen 3,8 barriles de petróleo.

Nosotres como consumidores actives de los productos plásticos tenemos la responsabilidad de separarlos y mantenerlos en lo posible secos y limpios. Tomemos acción de nuestros compromisos y reclamemos por una educación ambiental. Lo mejor es tratar de consumir la menor cantidad posible de plásticos para tener un ambiente más limpio y seguro para el futuro.


Fuentes: