El cambio climático también afecta tu salud

El cambio climático también tiene sus consecuencias en nuestra salud. Esta es una realidad que ya no podemos desconocer. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), «el cambio climático es la mayor amenaza para la salud mundial del siglo XXI». La organización también advierte que desde 2030 en adelante, habrá 250 000 muertes adicionales por enfermedades sensibles al clima (estrés por calor, desnutrición, dengue, malaria). Así, vemos que los efectos de esta problemática como las olas de calor, las sequías, las inundaciones y el deterioro en la calidad del aire impactan directamente en la vida de las personas. Y no sólo eso, sino que también sus efectos son desiguales: tanto las personas más pobres, como las que se encuentran en una posición de vulnerabilidad, como mujeres y niñas, son quienes soportan las peores consecuencias de las transiciones ambientales. 

Fuente: CDC

A menudo, las mujeres y las niñas son las últimas en comer o en ser rescatadas, se enfrentan a mayores riesgos de salud y seguridad cuando los sistemas de agua y saneamiento se ven comprometidos y asumen una mayor carga de trabajo doméstico y de cuidado cuando se acaban los recursos, afirman desde Naciones Unidas. Estos efectos en las poblaciones que se perciben femeninas son mayores, si consideramos que la salud ha tenido, históricamente, una perspectiva machista y patriarcal. Son más susceptibles a sufrir desnutrición, estrés por calor, malaria, dengue y discriminación. Además, el riesgo de salud también se incrementa si consideramos que el cambio climático provoca una mayor violencia contra las mujeres. En este sentido, los desastres ambientales y la presión ante la falta de recursos refuerzan los desequilibrios de poder ya existentes, causando que mujeres y niñas en todo el mundo vean amenazado no sólo su bienestar, sino también su vida. 

Por otro lado, el cambio climático también afecta nuestra salud mental. Un término recientemente acuñado por psicólogues y psiquiatres lo explica: la «eco-ansiedad» o ansiedad climática. Ante la inacción actual que vemos por parte de las personas en el poder, es frecuente pensar que ninguna acción es suficiente y tener sentimientos de impotencia. Ante esto, científiques y activistas ambientales fueron les primeres en reportar sentirse abrumades, tristes y ansioses. La necesidad urgente de actuar para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ha causado que muchas personas sientan culpa por continuar comiendo carne, usando el auto o viajando en avión. Mucha gente cree que o bien no puede hacer nada, o bien no quiere hacer lo que se supone que debe hacer. Algunas veces, no hay un incentivo claro para actuar contra el cambio climático y otras, una persona puede hacer algo pero el resto no actúa, sobre todo las empresas más contaminantes.

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Por esto, es importante hacer hincapié en la perspectiva de salud cuando hablamos de cambio climático, según explican desde la Organización Salud sin Daño. También la CEPAL y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten sobre el impacto que los cambios en nuestro planeta traen aparejados. Hoy más que nunca es necesario poner en marcha medidas de adaptación y mitigación

¿Qué son la adaptación y la mitigación?  

Traducción de la imagen: «Asegúrense de lavarse las manos y todo estará bien»; COVID-19; recesión; cambio climático. Fuente: Mackay Cartoons.

Es frecuente oír a expertes en cambio climático mencionar estos dos conceptos. El primero se refiere a llevar adelante políticas, medidas y acciones que tiendan a minimizar los impactos del cambio climático.

Por mitigación entendemos a las acciones que determina cada región para disminuir sus emisiones de GEI y así reducir o hacer menos graves los efectos del cambio climático. Estas soluciones tienen como objetivo principal disminuir la vulnerabilidad de las poblaciones y hacerlas más resilientes ante los desastres naturales y otras variables, como la pobreza y la inequidad. 

Existen diversas soluciones de adaptación y mitigación que las naciones pueden realizar. Estas dependen del contexto único de cada comunidad y del mismo país. Las acciones que ponga en práctica una localidad pueden no funcionar para otra y viceversa; por ello, es importante tener en cuenta las necesidades y los recursos con los que cuenta cada región. Así, cada medida de adaptación y de mitigación debe ser diseñada cuidadosamente, para evitar lo que les científiques dieron en llamar «mala adaptación».

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Este término apareció por primera vez en el informe del Grupo de Trabajo II del Panel Intergubernamental de Especialistas sobre Cambio Climático (IPCC) que fue publicado en febrero de 2022. Con él, les especialistas advierten que es vital pensar en las consecuencias a mediano y largo plazo cuando se propone una acción de adaptación o mitigación. No sólo es importante atacar el problema, sino asegurarse, mediante estudios de impacto ambiental, que la solución propuesta no genere nuevos problemas en el clima y los ecosistemas. Un ejemplo de esto es la aforestación. Consiste en sembrar árboles donde antes no había árboles de esa especie. Esta actividad, aunque nació de la buena voluntad y la acción climática, puede tener consecuencias devastadoras sobre un ecosistema que ve su equilibrio amenazado por la invasión de una especie exótica. 

¿Qué hacer?

Es importante, entonces, tener en cuenta todas las variables que afectan a nuestro bienestar. Es un proceso complejo, como también lo es nuestro planeta. Entender a la salud como un concepto integrador, donde también se tenga en cuenta la salud mental, es vital para proponer acciones colectivas contra los efectos nocivos del cambio climático. En este sentido, es vital poner en marcha acciones de adaptación y mitigación. Debemos reclamar, ante les tomadores de decisiones de nuestro país, por acciones climáticas efectivas para disminuir la vulnerabilidad de nuestra población y estar preparades para atender estas consecuencias. Específicamente en Argentina, tenemos que comenzar a hablar del cambio climático y entenderlo como un problema de salud pública mundial. 

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Fuentes:

#BastaDeVenenos: los agrotóxicos afectan la salud humana

Esto se sabe hace mucho. El investigador argentino Andrés Carrasco advirtió sobre los efectos adversos del glifosato. Ese estudio le valió amenazas, persecuciones y el descrédito público de pares, medios de comunicación y el entonces ministro de Ciencia, Lino Barañao. 

Desde entonces, más de 200 estudios de universidades públicas argentinas han probado que la utilización de agrotóxicos es perjudicial para la salud de las personas, del ambiente y de la biodiversidad. Muchos de ellos investigaron los efectos del glifosato (que es el más utilizado), pero también de la atrazina, el endosulfán y el 2-4D. A pesar de todas estas pruebas, Argentina es el país que más litros de herbicidas utiliza por persona por año: 12 litros por habitante. 

Estos elementos tóxicos llegan a nuestros cuerpos a través del agua y el aire, pero también están presentes en el suelo, el algodón (que luego se transforma en productos de uso diario como pañales o toallitas) y, según el Senasa, hasta están presentes en nuestros alimentos. En 2019, se registraron 80 tipos de agrotóxicos en diferentes frutas y verduras, esas que llegan a nuestros hogares y estómagos a diario. Además, hay que destacar que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó al glifosato como «probablemente carcinogénico para los seres humanos». 

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Descripción de imagen: fotografía en blanco y negro de un campo arado sin cultivos visibles, cubierto por la neblina causada por la pulverización de agrotóxicos. De costado, una persona de pie se inclina hacia adelante con el rostro y toda la piel cubierta de ropa mientras arrastra una saco lleno entre las piernas.
El costo humano de los agrotóxicos, por Pablo E. Piovano.

Otro aspecto a considerar es qué pasa con las comunidades que viven cerca de los cultivos fumigados. Una investigación de Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario, en conjunto con estudiantes del último año de Medicina, encontró que son las más vulnerables ante el agronegocio. En los pueblos analizados por el investigador, la gran mayoría ubicados a menos de 1000 metros de campos de fumigación, encontraron que la causa número uno de mortalidad era el cáncer. Allí, donde los agrotóxicos se concentran y se esparcen a diario, las personas son más propensas a desarrollar esta enfermedad.

Estas poblaciones están más expuestas que ninguna otra a los efectos nocivos de los agrotóxicos, que llegaron prometiendo trabajo y abundancia. Les niñes se quejan de que les arde la garganta y los ojos cuando pulverizan estos herbicidas. También, mujeres de las comunidades han denunciado abortos espontáneos y que sus hijes nacen con malformaciones. Hoy, esas personas luchan por sus vidas, porque el agronegocio se benefició a costa de su salud. 

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El mundo del agro parece no querer dar marcha atrás. El gobierno actual (y los anteriores) lo apoya. Los medios de comunicación guardan silencio ante el atropello de los derechos humanos con los que se enriquece el agronegocio. Y el pueblo paga con su salud.

Por esto, es necesario impulsar un cambio hacia un modelo de Soberanía Alimentaria, donde se pueda confiar en la comida que llevamos a nuestras casas, donde la alimentación la garantice el propio pueblo. Este concepto se explica como el «derecho de cada pueblo y de todos los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias de producción, distribución y consumo de alimentos, a fin de garantizar una alimentación cultural, nutricionalmente apropiada y suficiente para toda la población». La Soberanía Alimentaria hace hincapié en la necesidad de producir alimentos respetando los ecosistemas, la biodiversidad y la cultura propias de cada región. 

Descripción de imagen: fotografía en blanco y negro de un campo sembrado. En primer plano, se distinguen las plantas individuales cultivadas a corta distancia entre sí. Los surcos plantados se extienden hacia el fondo de la imagen y culminan contra una línea de casas que limitan el sembradío.
Lo monocultivos y los agrotóxicos destruyen los suelos y su recuperación es casi nula, una vez que los cultivos han tomado todos sus nutrientes y envenenado sus aguas.

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El problema principal, entonces, no son los herbicidas tóxicos, sino este modelo productivo que, apoyándose en transgénicos y venenos, avanza sin importar el costo humano y ambiental. Debemos preguntarnos cómo queremos producir. ¿Acaso el enriquecimiento de unos pocos justifica los peligros de salud que implican los agrotóxicos? ¿El fin justifica los medios?


Fuentes:

Imagen destacada: Pablo E. Piovano

Cuando nos duele el corazón

Sin dudas, las series nos enseñan muchas cosas. A veces nos representan, nos juzgan y nos cuentan más que una historia. Grey’s Anatomy es una de las mejores series. ¿Por qué? No hay por qué. O sí. Quizás esta nota nos acerque ese por qué.

Desde Escritura Feminista, pensamos en la integridad de todos los cuerpos que existen. En este artículo nos referiremos a las diferencias meramente biológicas hormonales que aparecen en la diversidad corporal. entendemos que el sexo (características físicas) no tiene correlación directa con el género (vivencia social) y en consecuencia solo mencionaremos género cuando citemos información externa (como estudios y porcentajes) publicada en esos términos.

¿Es diferente el infarto dependiendo el sexo?

Lo que plantea el episodio 11 de la temporada 14 es que sí. Voy a hacer una sinopsis sin spoilear, se los prometo. Una de las doctoras, llamémosla Carla (cambiamos el nombre así no spoileamos, me estoy esforzando), ingresa a un hospital que no es el Grey Sloan para que le hagan una revisión, ya que afirma tener síntomas de un posible infarto. Los doctores no le creen y le sugieren que vuelva a su casa, ya que lo que ella suponía era solo un problema de ansiedad. Al final, termina siendo cierto que ella estaba teniendo un infarto: los síntomas eran distintos. En el episodio, se explica que en los cuerpos gestantes el infarto no actúa igual que en los cuerpos fecundantes. 

Ante todo, hablemos de la diferencia entre un paro cardíaco y un infarto. El infarto, dicho con el vocabulario correcto, es infarto de miocardio: cuando una arteria se obstruye, un coágulo lo tapa e impide que la sangre irrigue adecuadamente al corazón, provocando la muerte de células musculares cardíacas. Un paro cardíaco implica que el corazón deje de latir y, por lo tanto, no se produzca el flujo de sangre correspondiente en el cuerpo.

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en personas vulvoportantes. En la Argentina, cada 11 minutos muere una mujer por enfermedad cardiovascular. Es decir que, de tres mujeres, una tiene la probabilidad de sufrir un infarto. Argentina es uno de los países de Latinoamérica con mayor tasa de mortalidad prematura por ECV en esta población.

Los síntomas comprobados que dichas personas pueden sentir son:

  • Insomnio, debilidad, malestar en general y síntomas de gripe en los días previos.
  • Dolor de garganta, mandíbula, cuello, hombros y espalda. 
  • Dificultad para respirar (en muchos casos es el único síntoma).
  • Cansancio o debilidad muscular.
  • Náuseas o vómitos. 
  • Dolor abdominal. 
  • Presión en el pecho y dolor u hormigueo en uno o en los dos brazos. La sensación puede ir y venir. Este sigue siendo uno de los síntomas clave.
  • A veces puede haber mareos, pérdida del conocimiento, fatiga, sudoración o pérdida del conocimiento. 

Por lo general, las personas con capacidad fecundante sienten dolor o presión en el pecho que se irradia al cuello y al brazo izquierdo, aunque esto no quita que puedan tener otros síntomas. En las personas vulvoportantes, son más comunes las otras señales mencionadas y, por lo tanto, es más difícil diagnosticar, ya que se lo puede relacionar con otra cosa.

Cuanto más se tarde en detectar el infarto, más áreas del corazón estarán sin irrigación sanguínea. Así, el músculo se deteriora: a la larga, es peor el pronóstico, mayor la insuficiencia cardíaca y más probable el riesgo de muerte.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren más personas en el mundo por enfermedades cardiovasculares que por cualquier otra causa. La Sociedad Española de Cardiología (SEC) indica que la mortalidad, tras un primer infarto agudo de miocardio, es un 20% mayor en mujeres. También el índice de mortalidad es más alto: es de un 53%, mientras que en los hombres es de un 46%. Una vez superado el infarto, el 25% de los hombres tienen probabilidades de morir durante el año. En las mujeres, el número es del 38%.

También está demostrado que las mujeres tardan más en acudir a los hospitales. Tenemos más tolerancia al dolor. Hay que agregar que solo el 39% de las mujeres consultadas reconoce los síntomas, mientras que el 57% de los hombres consultados tienen más percepción del riesgo. La Fundación Española del Corazón (FEC) comunicó en 2018 que fallecen más mujeres que hombres de enfermedades cardiovasculares. En concreto, 9.000 más.

En 2018, la Federación Argentina de Cardiología adhirió a la iniciativa internacional «Mujeres en Rojo» que tiene el objetivo de que la sociedad tome conciencia de la gravedad del asunto y se formen más lugares para la prevención y los cuidados, con charlas a la comunidad y otras actividades públicas, difusión de información útil y comunicación interactiva a través de Internet y redes sociales.

El Doctor Claudio Higa, jefe de Cardiología en el Hospital Alemán, afirma que la mayoría confunde los síntomas con problemas digestivos, respiratorios e incluso trastornos de ansiedad o depresión. Es aquí cuando se pierden minutos para tratar la urgencia. Un retraso en el diagnóstico eleva la mortalidad y gravedad de la patología. 

Las personas menopáusicas tienen más tendencia a sufrir infartos. Esto es porque cuando dejamos de ovular, nuestros sistema deja de producir o se reduce considerablemente el estrógeno de tipo estradiol, que nos protege en la edad fértil de sufrir un infarto. El estrógeno es la hormona que ayuda a que llevemos un embarazo en las mejores condiciones posibles.

Los factores de riesgo incluyen:

  • Estrés.
  • Diabetes.
  • Hipertensión.
  • Colesterol alto y triglicéridos.
  • Tabaquismo.
  • Obesidad.
  • Sedentarismo. 
  • Depresión.
  • Historial familiar por enfermedades coronarias. 
  • Menopausia.
  • Embarazo pretérmino.

El episodio del que hablamos al comenzar este artículo fue inspirado en la escritora de The Vampire Diaries, Elisabeth R. Finch, que fue mal diagnosticada de cáncer. Lo que quiso abordar Shonda Rhimes, la creadora de Grey’s Anatomy, es el problema que sufren las mujeres y las personas vulvoportantes cuando reciben diagnósticos equivocados o son cruelmente subestimadas por ser «exageradas». (Les dije que Grey’s Anatomy era lo mejor).


Fuentes:


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Mucho amor nos une

Casa M.A.N.U. es un hogar que recibe a niños hijos de madres con VIH que viven en contextos de vulnerabilidad. Su objetivo es darles la posibilidad de tener un hogar, acompañar sus tratamientos y mejorar su calidad de vida. Sigue leyendo Mucho amor nos une

Hasta nunca, tacones

Miles de mujeres japonesas se manifestaron en contra de la convención social, casi obligatoria, que exige el uso de zapatos de taco alto durante la jornada laboral.

#KuToo es el nuevo movimiento que encarna la petición entregada la semana pasada a las autoridades japonesas. ¿Te molesta tener que usar tacos en el trabajo? A ellas también y, por eso, decidieron hacer algo al respecto.

El slogan «KuToo» refiere a un juego de palabras con los conceptos japoneses kutsu (zapato), kutsuu (dolor) y un guiño al movimiento feminista MeToo. La campaña fue iniciada por la actriz y escritora Yumi Ishikawa, quien tras recibir el apoyo de grandes grupos de personas a partir de una publicación en Twitter decidió lanzar una petición online y rápidamente ganó la adhesión de más de 25.000 mujeres.

Una nueva versión de la revolución feminista que, como sostiene El Mundo, comienza por los pies y consiste de una rebelión multitudinaria contra la incomodidad disfrazada de moda. Luego de contactarse con personal del Ministerio de Trabajo, Ishiwaka sostuvo que era la primera vez que un pedido de este tipo llegaba a la institución y que una de las funcionarias que la recibió simpatizaba con la demanda.

Con una propuesta en el sitio Change.org, Ishikawa se volvió viral y manifestó que no solo se trata de una convención sexista, sino que también atenta contra la salud, ya que ocasiona problemas en pies y espalda. Un acto que refleja modales en las mujeres pero parece no ser necesario en los hombres, a quienes no se los acusa de impertinentes por llevar zapatos bajos.

«Hemos presentado un manifiesto en reclamo de una ley que prohíba a los empresarios obligar a las mujeres a llevar tacones: es discriminación sexual y constituye acoso. Es difícil moverse, no puedes correr y te duelen los pies. Todo por las convenciones sociales».

Expertos afirman que el caso muestra una vez más la misoginia arraigada en la cultura japonesa, que quedó demostrada por el diputado Kanji Kato en 2018 cuando sostuvo que las mujeres debían tener varios hijos y que las que preferían permanecer solteras terminarían convirtiéndose en una carga para el estado.

El stop a los tacos no es novedad: en el año 2017, la provincia canadiense Columbia Británica le prohibió a las empresas obligar a sus empleadas a usar tacos, por considerarlo peligroso y discriminatorio. Por otra parte, en 2016, la británica Nicola Thorp inició un reclamo similar luego de que en su trabajo la obligaran a irse a su casa porque se negaba a usar los zapatos altos.

Días más tarde, el ministro de Sanidad de Japón, Takumi Nemoto, volvió a desatar la polémica tras afirmar que llevar tacos es necesario para las mujeres y apropiado en un entorno laboral. Luego, en un intento de matizar sus palabras, consideró excesivo que una empresa obligase a las trabajadoras a usarlos.

En las redes sociales se comenta que este movimiento va a repercutir a nivel global en los estrictos códigos de vestimenta de algunos establecimientos, aunque algunxs se niegan a aceptar este cambio y afirman que los tacos otorgan presencia y actitud. Vos, ¿qué pensas?


Fuentes

¿Qué es la gordofobia?

«Gorda de mierda», «chancho», «está hecha una vaca». A diario escuchamos expresiones que construyen una lógica de sentido que deja todo por cuestionar: ¿qué es y cómo opera la cultura de la gordofobia? ¿Qué tiene para decir el feminismo sobre este tema?


El doctor George debió de haberse quedado otra vez sin aliento, mientras le calculaba a la mujer unos doscientos kilos por lo bajo, pues ella le sonrió como si le hubiese leído el pensamiento.

—Doscientos uno y cuarto, para ser justos —dijo.

El doctor se descubrió observando los muebles.

—Oh, resistirán muy bien —apuntó la señora Fleet, y se sentó. El diván chilló como un perro vagabundo. El doctor George se aclaró la garganta.

—Antes que se ponga usted cómoda —dijo—, creo mi deber decirle en seguida con toda honradez que nosotros en el campo de la psiquiatría no hemos conseguido inhibir el apetito. El problema del peso y la aumentación ha escapado hasta ahora a nuestra competencia. Rara confesión, quizá, pero si no reconociéramos nuestras propias incapacidades, nos engañaríamos quizá a nosotros mismos y estaríamos recibiendo dinero con falsos pretextos. De modo que si ha venido usted a buscar esa ayuda he de catalogarme entre los incapaces.

—Gracias por su honradez, doctor —dijo Emma Fleet—. Pero no quiero adelgazar.

 Fragmento de La mujer ilustrada, Ray Bradbury (1964)

¿Qué es la gordofobia?

El término gordofobia no existe, según el diccionario de la Real Academia Española. Hasta acá no hay novedades: sabemos perfectamente que la institución de la lengua castellana no se jacta de tener un criterio de actualización de acepciones inclusivo ni con perspectiva de género. No obstante, la construcción discursiva despectiva hacia los cuerpos gordos no es un fenómeno nuevo.

El sitio Psicología y mente define a la gordofobia como «un sesgo automático y normalmente inconsciente que lleva a discriminar, objetivizar y minusvalorar a las personas con sobrepeso, especialmente si esas personas son mujeres».

Según el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), 116 denuncias relacionadas al aspecto físico fueron presentadas en 2017, número que ascendió a 184 casos en 2018. El ámbito preponderante donde tienen lugar este tipo de  ¿micro?violencias sería el educativo, empero también se registraron denuncias por exclusión y burlas en empleos, comercios y lugares de entretenimiento (bares y boliches). En cambio, en el caso de la obesidad, los principales ámbitos de discriminación denunciados son centros de salud.

El rechazo y discriminación a la gordura, la promoción de cánones de belleza asociados a la delgadez en medios de comunicación y el mandato de la vida light tienen larga data en nuestro país. Un ejemplo de ello es el programa Expertos en pinchazos (1979), con Alberto Olmedo y Jorge —justamente, «el gordo»— Porcel, que en sus sketches no sentían ningún pudor a la hora de burlarse sin tapujos de la gordura, mostrando cómo en lo social estaba habilitado el discurso gordofóbico en aquel entonces. De la misma manera, son incontables las veces en las que Pepe, de Casados con hijos (2005), insulta a sus clientas y a su esposa con el término «gordas», acompañado de diferentes adjetivos peyorativos o sinónimos.

Sin ir más lejos, en la actualidad es frecuente leer ataques a la diputada Lilita Carrió con acusaciones referidas a su peso en redes sociales. La gordofobia tiende a tener un mayor impacto en mujeres que en hombres: las publicidades de yogures light y las actividades como pilates, zumba o cardio publicitadas para un target femenino, en consonancia con la falta de talles grandes en las principales tiendas de ropa, generan un terreno de condicionamientos que restringe nuestra posibilidad de considerarnos algo más que un mero objeto de deseo para la mirada de aprobación masculina.

¿Cuestión de peso? Cuestión de derechos

Durante las últimas tres décadas se presentaron más de 30 proyectos de ley referidos a la obesidad como trastorno. Argentina sancionó en 2008 la ley 26.396 de prevención y control de trastornos alimentarios que incluye, en su artículo 2, a la bulimia, la anorexia y la obesidad como trastornos alimentarios generalizados (sin explicitar diferencias).

¿Quiénes están detrás de la presentación de dichos proyectos? Salta a la vista un factor común: el médico y empresario Alberto Cormillot ha impulsado la gran mayoría de ellos. Lo cierto es que es imposible pensar en la industrialización de la dieta en Argentina sin remitirnos a su persona. En años recientes, su programa Cuestión de peso no sólo se convirtió en un reality que le valió 18 temporadas, sino también en un contenido moralizante en cuanto a «prácticas que están bien y prácticas que no».

La construcción de la gordura como factor de estigma tiene sus cimientos en modelos de belleza inalcanzables, aún hoy promovidos en medios de comunicación y vigentes en el imaginario social, que resultan funcionales a un mercado donde la baja autoestima por la insatisfacción con el propio cuerpo se vuelve sumamente rentable: liposucción, tratamientos estéticos, alimentos light y ¿bajos en calorías?, horas de gimnasio o actividad física para quemar grasas. ¿Será coincidencia que Kylie Jenner, Ariana Grande y Selena Gomez —las tres mujeres más seguidas en Instagram— cumplan con el ideal corporal?

Asimismo, pensando en la comunicación a escala más pequeña, cotidiana, nunca faltan las asociaciones de sentido que refieren a lo gordo como lo vago, lo descuidado (en contraposición a los cuerpos cuidados), lo pobre. Una fuerte crítica que se le hace a la ley antes mencionada es que, en lugar de priorizar el acceso a la salud para todos los talles y la no discriminación, el foco se pone en la responsabilización al cuerpo no normativo, que profundiza el prejuicio social y la patologización de la diferencia.

Activismo gordo

«El activismo gordo piensa a la gordura de un modo distinto: desafía al pensamiento hegemónico que considera a la gordura como algo digno de ser erradicado, que siempre es patológico y que habla de una persona sin voluntad que es desagradable para la sociedad (no solo estéticamente, sino por ser no saludable)».

Laura Contrera para Clarín

«Un activismo de la gordura crítico necesita urgentemente prestar atención a procesos en los que están involucrados las diferencias de clases, raciales y otras diferencias corporales. Por eso hablamos de un frente de corporalidades impropias que están friccionando con aparatos de producción macropolítica de corporalidades normadas. Hoy en el activismo argentino somos muy pocas personas y todavía pagamos costos muy altos por exponernos […]».

Nicolás Cuello para Revista Furias

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Hace algunos años, Laura Contrera y Nicolás Cuello comenzaron a dialogar y debatir sobre las corporalidades gordas desde sus propias vivencias. Debido a las diferencias entre la alimentación estadounidense -abundante en comidas rápidas- y el modelo latinoamericano, decidieron trabajar en una forma de activismo que no partiera de cero: retomando conceptos del feminismo y el anticapitalismo, se convirtieron en referentes a la hora de pensar el activismo gordo en Argentina.

Comer es un acto político. En América Latina, diversos estudios señalan una estrecha relación entre gordura y pobreza. Los sectores sociales con menores ingresos tienden a consumir alimentos rendidores, es decir baratos, que llenen y que gusten. Por esta razón,  gran parte de su dieta incluye carbohidratos como pan, papas y fideos:

«El desbalance a favor de los hidratos y grasas (como pan, fideos y papas) abarata la canasta. […] Vemos que una familia pobre que armara su canasta de consumo con un criterio de adecuación nutricional podría comer 20,7 días mientras que comiendo como lo hacen, con abundancia de cereales, carnes, grasas, aceites y azúcares, conseguirá comer el mes entero (30,2 días)». (Aguirre, 2000)

El activismo gordo argentino denuncia esta relación y exige, a su vez, un Estado presente que contemple la diversidad corporal dentro de sus políticas gubernamentales. Asimismo, insisten en la idea de que la gordura no es, necesariamente, un sinónimo de falta de salud. Hoy por hoy, todavía resulta heroico salir al espacio público a decir que ser gordo no está mal.


Fuentes

  • Aguirre, P. (2000): Los alimentos rendidores y el cuerpo de los pobres. Disponible en UNLP.
  • Activismo de la gordura: pasa por mi cuerpo (2018) en Revista Furias
  • Activismo gordo: una reivindicación de la gordura (2018) en Clarín
  • Contreras, L. y Cuello, N. (2016): Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne. Madreselva.
  • Inadi critica a Macri por discriminar a gordos (2010) en La Voz
  • Ley 26.396/2008. Disponible en InfoLEG
  • Munición gruesa en Página 12
  • Todos los cuerpos, todos: los talles reales se renuevan con las redes en La Nación

Imagen de portada: Wallace Pxmkr

Lucha contra su enfermedad con Instagram

Thiago tiene 15 años y padece una enfermedad poco frecuente, que no tiene aún tratamientos ni cura. Hace pocas semanas inició una campaña internacional en redes sociales para buscar a más personas con distrofia muscular del gen FHL1 e impulsar investigación sobre el tema.

«Poca gente la sufre en el mundo, entonces no les resulta redituable, se preocupan por estudiar otras cosas que dejen más dinero».

Vanesa, mamá de Thiago, para La Nación

La distrofia muscular del gen FHL1 es una enfermedad que debilita paulatinamente los músculos. Bajo el eslogan «Somos pocos pero valemos mucho», Thiago Felstinsky (15 años) lleva adelante su campaña para encontrar a más personas que padezcan esta patología. Hoy en día, no existen tratamientos para curarla.

Al momento, su caso llegó a diferentes medios de comunicación masivos y encontró a tres personas más con este tipo de distrofia. El pedido se esparció rápidamente en los últimos días, tras difusión de personalidades como @femigangsta, @eldemente y el actor Federico D’Elia. La cuenta de la campaña, @fhl1internacional, ya sumó más de 24.500 seguidores.

«Lo que yo siento es que la enfermedad me corre. Sigue avanzando y no sé a dónde va a llegar. No sé cuándo va a parar, si es que para, porque cada vez puedo hacer menos cosas. Yo sé que somos pocos pero cada caso es una vida, una historia, una persona con ganas de poder hacer lo mismo que hacen las demás».

Thiago para Infobae

Por otro lado, el periodista Guillermo Lobo consiguió garantizarle un espacio al aire televisivo en TN Salud, donde una vez al mes comentará los avances en relación a la campaña.

La búsqueda de una solución para Thiago llevó a sus papás hasta Francia e Israel. Sin embargo, la falta de investigación impidió conseguir mejoras. Hoy es atendido en la Fundación Favaloro y en el Hospital Garrahan, donde recibe sesiones paliativas de kinesiología. De no ser tratado a la brevedad, se teme que pierda su capacidad de deglución.

Más información

Violencia obstétrica: las marcas del sistema

Una problemática con impacto que se encuentra arraigada en las prácticas y el sistema de salud, responsable de negligencias, malos tratos, humillaciones e intervenciones innecesarias: de esto trata la violencia obstétrica.

En recorrido histórico y cultural aparece el «fetiche del rey», que según Bioguía trata de Luis XIV de Francia y su gusto particular por presenciar partos. Mientras su esposa daba a luz, ordenó que lo hiciera acostada ya que eso le daría una mejor perspectiva para observar. Sin embargo, Luis no tuvo en cuenta que esa postura (que fue adoptada a lo largo del globo por médicxs) genera más dolor, retrasa las contracciones y alarga el trabajo de parto.

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Imagen: Revista Americana de Salud Pública

Es cierto que, en casos de complicación, es necesario que algunas personas gestantes den a luz acostadas, pero la posición vertical ayuda a una salida de lx niñx más fluida ya que la pelvis se expande y, según expresa Tribu Materna, se favorece a la respiración, a evitar desgarres y episiotomías.

A pesar de que haya surgido como una idea que no tenía en cuenta la visión de quien gestaba, en la actualidad, debido a los protocolos hospitalarios y la facilidad para el trabajo de lxs médicxs, se suele utilizar la famosa posición de espaldas.

Es, en parte, esta coyuntura en donde inicia lo que se conoce como violencia obstétrica, que vulnera el bienestar de la persona gestante y de quien está por nacer. A pesar de los nuevos conocimientos, de la lucha por el parto respetado y de nuevas prácticas feminizadas, la violencia obstétrica se sigue ejerciendo y puede afectar a la persona gestante y a su hijx durante el embarazo, durante el parto e incluso durante el posparto, tanto de forma directa como indirecta y de forma pública o privada.

La violencia obstétrica refiere a un trato irrespetuoso, deshumanizado y ofensivo, que puede incluir amenazas a la integridad física y psicológica, conductas y formas de proceder por parte del personal médico que ultrajan derechos y vulneran los cuerpos. Puede verse en los procedimientos médicos sin consentimiento o coercitivos, la falta de confidencialidad, la falta de información sobre los procedimientos llevados a cabo, la negativa a administrar analgésicos y a estar acompañadxs, etcétera.

La OMS reconoce que en los partos negligentes u ofensivos no solo se hacen presentes las prácticas violentas sino también maltratos verbales que humillan y perjudican a la persona gestante que, ya de por sí, se encuentra en una situación delicada. También sostiene que, si bien todxs podemos ser víctimas de estos malos tratos, se ven más perjudicadas las mujeres solteras, las madres adolescentes, las de niveles socioeconómicos bajos, las que pertenecen a una minoría étnica, las inmigrantes y las que padecen HIV, entre otras.

Para prevenir el maltrato en los centros de salud a nivel mundial, la OMS presenta una serie de acciones que deben ser tomadas en cuenta. En primer lugar, debe haber un mayor respaldo por parte de los gobiernos y socios en el desarrollo a las investigaciones y acciones sobre el maltrato y la falta de respeto. En una segunda instancia, se deben iniciar y mantener programas diseñados para mejorar la naturaleza de la atención de la salud materna, centrándose en la atención respetuosa como componente esencial de la atención de calidad.


Pueden leer más sobre las recomendaciones que la OMS expresa para cada etapa del embarazo aquí.


La principal problemática es que la violencia obstétrica aún no está reconocida claramente en algunos países, y a nivel mundial tampoco hay un consenso sobre cuáles son sus consecuencias. Algunos países, como Venezuela, Argentina y Chile, sí la tienen en cuenta en la legislación.

En Argentina, si bien están vigentes la ley 25.929 de parto respetado y la ley 26.485 que reconoce la violencia obstétrica y la violencia contra la libertad reproductiva, entre otras, se siguen registrando casos de maltrato. Las denuncias registradas a lo largo de 2017 fueron por trato deshumanizado (82%), medicalización y patologización (42%) y falta de información (44%).

Para exterminar este tipo de situaciones, la agrupación feminista Las Casildas, fundada en 2011 por Julieta Saulo y conformada por profesionales interdisciplinarixs, genera dispositivos y estrategias con el fin de difundir y visibilizar problemáticas como la violencia obstétrica, el incumplimiento de los derechos sexuales y reproductivos y demás cuestiones de género.

Por ello, a partir de marzo, el segundo miércoles de cada mes de 18 a 20 horas implementarán un conjunto de actividades en Casa Sofía (Fitz Roy 1327), donde brindarán un ciclo de charlas gratuito sobre temas ligados a violencia obstétrica, partos y cesáreas, entre otras cosas, contando con la experiencia de mujeres invitadas.

El ciclo abre sus puertas a todxs y no se necesita inscripción previa. Quien inicia con las charlas es Ana Fagioli, médica generalista, feminista e integrante de la Red de Profesionales por el derecho a decidir. Para más información, pueden dirigirse al sitio web de la agrupación o encontrarla en redes sociales como @lascasildas.


Muchas veces, por la naturalización o el trauma, las personas gestantes no denuncian la violencia que sufren (o no saben que pueden hacerlo). Existen instituciones, como la Defensoría del Pueblo de la Nación, que se encargan de registrar y acompañar durante estas acusaciones. Si fuiste víctima de violencia obstétrica o querés más información sobre el tema, el gobierno argentino tiene abierta una línea gratuita (0800-122-5878) para asesorarte.

La Defensoría del Pueblo también permite radicar denuncias de lunes a viernes de 10 a 17 horas a través de los teléfonos 0810-333-3762 y 4819-1581, o enviando un email a partorespetado@defensor.gov.ar. Asimismo, la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (CONSAVIG) se encuentra a disposición de quienes quieran asentar reclamos al 0800-122-5878 o a la dirección de correo electrónico consavig@jus.gov.ar.

Además, hay grupos que ofrecen acompañamiento a las personas gestantes durante todo el proceso, como el programa de Las Casildas sobre consultorios de puericultura y crianza con perspectiva de género (grupos@lascasildas.com.ar), y algunas agrupaciones con las que se puede establecer contacto a través del grupo de Facebook Parto Respetado/Humanizado Buenos Aires.


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Fuentes