¿Por qué todo el mundo habla de Heartstopper?

Heartstopper (2016) es una novela gráfica creada por la autora británica Alice Oseman. La historia que nos propone cuenta el surgimiento de un romance entre Charlie y Nick, dos jóvenes compañeros de escuela que entablan un vínculo amoroso.

El relato surgió a partir del primer texto de Oseman, Solitaire. En él, se desarrolla la historia de la hermana de Charlie, Tory Spring. La relación de los protagonistas de Heartstopper aparece mencionada como algo secundario, lo que inspiró a la autora a desarrollarlos como protagonistas en sus propios libros.

Descripción de imagen: dos páginas del cómic. La página 1 está dividida en 6 cuadros, uno debajo del otro: un par de manos se posan sobre el teclado de una computadora; las manos se aprietan en puños; primer plano de perfil de Nick, un adolescente de piel blanca y cabello rubio. Nick aprieta los labios con expresión nerviosa; una mano comienza a escribir en el teclado; aparece una pantalla de búsqueda en línea y en la barra de búsqueda se lee «¿soy gay?» en inglés; un dedo aprieta la tecla Enter. La página 2 se divide en dos secciones. Arriba: un cuadro muestra a Nick en primer plano con expresión nerviosa, ligeramente sonrojado. Alrededor, aparecen 5 fragmentos de la pantalla de búsqueda donde se leen palabras y frases sueltas en inglés como «Test gay», «¿Qué tan gay eres?», «divertidísimo», «¿Soy gay?», «curiosidad» y «Por fin, una respuesta». La palabra «gay» se repite en todos los fragmentos. Abajo: un dedo aprieta rápidamente la tecla Retroceder. Nick, sentado en un puf con la computadora apoyada en el regazo, comienza a teclear con frenesí.
Ilustración del libro.

Al momento, la tira cuenta con cuatro volúmenes publicados. En cada uno de ellos, la autora profundiza no solamente en la relación entre los protagonistas sino también en la complejidad de sus personajes: se habla de diversidad LGTBIQ, experiencias de bullying, bifobia y trastornos de salud mental y de la alimentación.

A pesar de tocar temáticas tan sensibles y recurrentes en la actualidad (en la Argentina, entre el 12% y el 15% de les adolescentes padecen de anorexia o bulimia nerviosa, siendo el 90% de las afectadas mujeres y el 10% varones), Oseman logra darle un tono adecuado y responsable a su mensaje.

En una entrevista con un medio británico, ella reconoció que fue una decisión enunciativa apostar un relato LGTBIQ que no caiga en los típicos clichés o el tono del drama y la tragedia. Por el contrario, el enfoque habla de orgullo, diversidad y empatía.

Descripción de imagen: un cuadro del cómic. Aparecen 4 fotografías de Nick y Charlie impresas en una hoja. En la primera, se abrazan fuerte, sonriendo con los ojos cerrados, mejilla contra mejilla. En la segunda, Nick sostiene el rostro de Charlie mientras lo besa en la mejilla con los ojos cerrados. Charlie abre los ojos, sonrojado. En la tercera, Charlie sostiene el rostro de Nick mientras lo besa en los labios, ambos sonrojados. En la cuarta, Nick mira a cámara, sonrojado con una sonrisa, mientras Charlie sonríe con el rostro medio escondido tras la mejilla de Nick. Alrededor de la hoja impresa, flotan flores dibujadas en estilo sencillo, casi como garabatos.

En la versión del cómic disponible en la web, que se puede leer en inglés de forma libre y gratuita acá, se incluyen advertencias de contenido en las escenas que pueden ser fuertes para ciertos públicos. Sin embargo, la edición en español que se comercializa en librerías argentinas decidió omitir estos avisos.

Las ilustraciones, que se inspiran en el anime, hacen que el relato sea adictivo y que una, como lectora, considere hasta tatuarse a algún personaje. Los colores pasteles de las portadas también nos hablan del tono de la historia que vamos a leer. Sin dudas, un gran acierto para acompañar un relato repleto de ternura.

Hasta Netflix y más allá

El éxito de la obra llevó a la escritora a firmar un contrato con Netflix para hacer una serie con la historia de Nick y Charlie. Los papeles protagónicos serán interpretados por Joe Locke y Kit Connor, respectivamente. Se espera que el estreno de esta tira, producida por See-Saw Films, tenga lugar en otoño de 2022.

Descripción de imagen: diez jóvenes posan sonrientes, mirando a cámara, al aire libre. Algunes están sentades sobre un muro pequeño, algunes están de pie detrás del muro y algunes están sentades en el suelo frente al muro. Son personas negras, blancas y asiáticas, de distintas corporalidades y géneros. Varies sostienen en las manos y muestran a cámara el guion de la serie Heartstopper.
Imagen del elenco.

El resto del elenco estará compuesto por William Gao como Tao Xu, Yasmin Finney como Elle Argent, Corinna Brown como Tara Jones, Kizzy Edgell como Darcy Olsson, Sebastian Croft como Ben Hope, Cormac Hyde-Corrin como Harry Greene, Jenny Walser como Tori Spring, entre otres actores.

El quinto volumen, que se publicará el próximo 13 de mayo, será el último de la saga. ¿Qué tiene de nuevo una historia sobre un romance juvenil LGTBIQ, en una época en la que se siente que ya todo fue contado? Lucila, una joven lectora del cómic de 12 años, resumió su experiencia de lectura de la siguiente manera:

«Conocí Heartstopper porque una amiga me lo recomendó. Al principio dudaba sobre leerlo, porque no sabía de qué se trataba, pero al final me encantó ( ´◡` ). Lo que más me gusta de la historia es la relación de Charlie y Nick, ya que son muy unidos, siempre se apoyan y se quieren mucho. Me parece muy tierno y hermoso <3».

Mientras las expectativas del romance, en tanto género literario, suelen estar puestas en las tensiones sexuales, las idas y vueltas o el tercero en disputa, Heartstopper narra al amor como un vínculo -antes que nada- de amistad genuina y comunicación. Quizás las historias de amores trágicos, apasionados y violentos ya pasaron de moda: tenemos suficiente con la realidad, ¿para qué lo vamos a seguir consumiendo en la ficción?


El patriarcado y la cultura de la cancelación

Artículo colaboración escrito por Josefina Anschütz


La reciente «cancelación» a la autora Claudia Piñeiro por la serie El Reino evidencia un machismo estructural, mientras que la cancelación masiva de youtubers, streamers y demás figuras públicas se expande a la velocidad de la luz.

La pandemia, la cuarentena y el encierro han hecho que nos enfoquemos más que nunca en las redes sociales, en influencers y en lo que publican. Influencers como Ivana Nadal o Yanina Latorre no pasan un día sin estar en el ojo de la tormenta; de forma constante, aparecen dichos completamente repudiables y hasta mensajes de odio de parte de estas personas públicas.

El caso más resonante en el último tiempo fue el de Martín Cirio y una acusación de pedofilia ocurrida en septiembre pasado. Fue un evento que generó una ola de cancelaciones masivas, en una carrera por ver quién salía perjudicade o si tal o cual personaje era tan bueno como aparentaba ser. Estas cancelaciones aparecen en Twitter, que parece haberse convertido en una suerte de basurero de las redes sociales: el lugar donde personas frustradas y enojadas echan su violencia contenida.

¿Es realmente justicia social o una forma de linchamiento moderno? ¿Qué pasa cuando no se admiten opiniones adversas y se empieza a dudar de los valores de personas no relacionadas con la polémica por no sumarse a una cancelación?

La sociedad cambió muchísimo en los últimos años. Expresiones que antes no eran criticadas hoy lo son y está perfecto: es el camino a una sociedad más respetuosa, justa y libre. Pero, a veces, ¿no se pasan ciertos límites? ¿Es justo juzgar una figura pública por tweets escritos en otra época? Hace diez años o más, ¿quién no dijo cosas que, con los ojos de hoy, serían completamente reprochables?

Vivimos en una cultura de la cancelación extrema, que puede llevar a generar miedo de abrir la boca y estar incurriendo en decir algo que sea «cancelable». Justo sería comprender que algo puede haber sido escrito en otro contexto y, por ejemplo, incluir una advertencia a le lectore o a le espectadore, como hizo HBO Max con películas como Lo que el viento se llevó. Borrar el pasado no es la solución; del pasado debemos aprender para no volver a cometer los mismos errores y poder corregirlos.

Sin embargo, la situación cambia cuando surgen personas que siguen perpetuando mensajes de odio actualmente. Las cancelaciones masivas no son buenas pero tampoco es aceptable que se apuntar contra personas justificándose en la cancelación mientras se esconde una violencia de fondo. Es lo que ocurrió hace algunas semanas con la autora Claudia Piñeiro.

El Reino

Hace dos semanas, se estrenó en Netflix la serie argentina El Reino. La trama gira en torno a un pastor evangélico que se postula como vicepresidente. Durante un acto de campaña, asesinan a su compañero de fórmula; este evento desata una investigación sobre la Iglesia del Reino de la Luz y se descubren cuestiones muy oscuras ligadas a la corrupción, el enriquecimiento ilícito y otras temáticas.

La controversia surgió cuando la Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina acusó a Claudia Piñeiro, guionista y productora de la serie, de tener «un encono contra la cultura evangélica» supuestamente derivada de su militancia feminista durante el debate por la ley del aborto.

La serie cuenta con un coguionista, Marcelo Piñeyro, pero el ataque fue dirigido a Claudia por su activismo en el feminismo. ¿Acaso buscan convertirlo en una lucha contra la militancia feminista? ¿Qué es lo que les molesta, realmente? ¿Que Claudia sea una mujer que se anima a denunciar la corrupción en las iglesias cristianas, que sea feminista? Marcelo es coautor de la historia pero no lo atacaron a él.

Spoiler alert! La serie evidencia secretos a voces: curas abusadores de menores (protegidos por el Vaticano), enriquecimiento ilícito por parte de pastores evangélicos que predican que «nuestras posesiones nos alejan de Dios» pero son millonariostienen helicópteros y mansiones. Dicen hablar de Dios, dicen que Dios es amor, pero predican un mensaje de odio hacia las diversidades sexuales y de género y siguen manteniendo los roles de género establecidos: la mujer sumisa, ligada a la reproducción y el matrimonio a toda costa, aunque sea infeliz y miserable, solo por las apariencias.

Cancelar, ¿sí o no?

Por un lado, tenemos la cultura de la cancelación extrema donde por una opinión se condena a una persona más allá de todo límite y, por otro lado, tenemos estas asociaciones que siguen perpetuando estereotipos que tanto se lucha por desandar y derribar.

La autora fue contundente en Twitter y, en una nota publicada en Página 12, expresó: «La censura es censura, la quieras disfrazar de lo que la quieras disfrazar. (…) Ahora censurar una ficción ya parece medieval».

Abramos el debate: ¿cuál es el limite entre la cultura de la cancelación y la censura? ¿Hasta qué punto es tolerable y hasta qué punto es un discurso de odio? ¿Continuaremos cancelando a cada persona que piense distinto a nosotres? Somos personas distintas y podemos tener distintas opiniones, pero lo que sí es inaceptable son los discursos de odio como los lanzados contra Claudia Piñeiro por su militancia feminista y por ser una mujer que no entra en cánones y estereotipos del deber ser de una mujer.


Sexify: reivindicar el orgasmo femenino

Artículo colaboración escrito por Sofia Fuentes


¿Por qué hablar de orgasmo femenino? ¿Qué sabemos de él? ¿Alguna vez nos enseñaron a experimentarlo en nuestrxs cuerpxs? Son algunas de las preguntas que atraviesan el hilo argumentativo de Sexify, una serie polaca producida por Netflix que nos invita a repensar el vínculo con nuestra sexualidad y a deconstruir los tabúes y mitos que existen en torno a ella. En conmemoración al Día Internacional del Orgasmo Femenino, celebrado el pasado 8 de agosto, retomamos la obra del gigante del streaming para homenajear y reivindicar el derecho al goce, el deseo y el placer sexual de las personas con vulva.

Hablemos de orgasmo

Sin dudas, el avance de la revolución feminista ha traído a la mesa el debate sobre la sexualidad de las mujeres y las diversidades y el papel que ha jugado el sistema patriarcal heterocis a lo largo de la historia: atentar contra la libertad y el placer de lxs cuerpxs, legitimando ciertas practicas, discursos y modalidades deseantes a la vez que invisibilizaba otras. El orgasmo femenino ha sido objeto de ello.

Sexify logra evidenciar ese silencio orgásmico a través de la pantalla: en ocho capítulos que mezclan la comedia dramática, la tecnología, y la sexualidad, las protagonistas, mujeres cis, nos insertan en el proceso de desarrollo de una aplicación para mejorar la experiencia del orgasmo femenino y dar cuenta de la falta de información que existe al respecto. Ya lo decía Natalia, la experta en software de esta historia, interpretada por Aleksandra Skraba: «El orgasmo femenino todavía se trata a la ligera y no recibe suficiente atención».

Desde esta premisa, Sexify se embarca en un sinfín de preguntas con respecto al sexo y el placer en las juventudes y, si bien no se centra en dar una clase de educación sexual, la propuesta cinematográfica logra poner en escena problemáticas tales como los mandatos de género, la religión y los tabúes en torno al placer a través del discurso feminista que encarnan sus protagonistas.

Poco a poco van allanando el terreno en pos de derribar esos discursos normalizadores, generando una revolución sexual dentro de la universidad que marca un cambio tanto para ellas como para sus compañeras. Aunque Natalia es quien lleva la cabecera del proyecto, sin haber tenido alguna vez una experiencia sexual sola o con otra persona, son Monika (Sandra Drzymalska) y Paulina (Maria Sobocinska) quienes le otorgan a la trama esos otros relatos posibles sobre el goce del cuerpo.

Religión vs. sexo

Dentro de la iglesia, Paulina le confieza al cura que ha pecado: tuvo sexo antes del matrimonio y un orgasmo con un vibrador. La figura de la amiga católica a punto de casarse y en plena transición al autodescubrimiento sintetiza el poder de los mandatos religiosos y la imposición de un deber ser mujer atravesado por la castidad, la pulcritud y la culpa. Comprar un vibrador, mirar porno o incluso pasar horas investigando acerca del orgasmo con sus amigas son algunos de los elementos que se hacen presentes en la historia de Paulina en relación a la lucha personal entre su deseo y la cultura católica aprehendida.

En un escenario completamente distinto, Monika se acuesta con un chico que conoció por medio de una aplicación de citas, pero sus gritos y los golpes de la cama contra la pared acaban por molestar a su vecina Natalia. «Lo siento, fingiré mis orgasmos en silencio. Normalmente los finjo, así que puedo hacerlo en silencio», le explica a Natalia en su primer encuentro cara a cara. En Monika se evidencia la brecha orgásmica existente en el encuentro sexual binario heterocis, como así también el desconocimiento acerca de la anatomía femenina, sus puntos de placer y la forma adecuada de estimulación. Si bien Monika y Paulina son sexualmente activas, ambas tienen un elemento en común que funciona de manera transversal a lo largo de la primera temporada en sintonía con la experiencia de Natalia: el desconocimiento y la desconexión con el propio placer.

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Luego del auge de la serie inglesa Sex Education, Sexify abre el panorama hacia otro eje sobre la sexualidad. Con su propuesta cómica y reflexiva, convierte a la tecnología en la excusa perfecta para hablar de orgasmo femenino. El planteo de nuestras protagonistas es claro: si de lo que se trata es de disfrutar la vibración con nosotres mismes y lo que demanda nuestro deseo, el orgasmo es una parte más de la respuesta a la estimulación sexual y no tanto un fin último. Ya lo decía la sexóloga argentina Cecilia Ce:

«Llevamos siglos de encuentros sexuales que giran en torno al placer masculino. Reforzado por la industria del porno y la falta de educación sexual, en nuestros encuentros sexuales repetimos un guion que lejos está de ser lo que la mujer necesita».

Con un final motivador al estilo girl power, Natalia nos invita a volvernos militantes del orgasmo femenino y a seguir cuestionando el terreno sexual. Si bien esta producción evidencia el gran avance de la lucha feminista en la pantalla grande, aún queda pendiente la incorporación del debate en torno al placer sexual de las disidencias para seguir disputando el discurso heterocis imperante que impregna en las producciones cinematográficas desde tiempos remotos. Aun así, no deja de ser una conquista de los feminismos y un motivo para seguir dando la discusión necesaria en torno a las sexualidades.

Si te interesó la temática o te quedaste con ganas de saber cómo sigue la historia, ponete cómode, subí el volumen y regalate una dosis de serotonina con esta superproducción polaca.


#Reseña Mare of Easttown: pueblo chico, infierno grande

Al momento de su estreno, Mare of Easttown apareció como una propuesta poco conocida y publicitada de HBO. Sin embargo, solo tomó el primer episodio para ver que la maestría actoral de Kate Winslet y la combinación de un drama familiar con un misterio de pueblo chico iban a convertir a esta serie en un éxito, tal como lo validan las 16 nominaciones que recibió para los próximos premios Emmy. 

Mare of Easttown sigue la historia de Mare, una detective de un pequeño pueblo en Pensilvania que debe investigar el asesinato de una joven mientras lleva adelante a su familia luego de que una tragedia implosionara sus vidas personales.

Lo que hace que esta miniserie policial se diferencie en el mar de propuestas de este género es que logra balancearse perfectamente entre un drama vincular y un misterio. Hace hincapié tanto en la exploración de las relaciones familiares y de amistad como en resolver el asesinato. 

Cabe resaltar que una de las fortalezas más visibles de la producción es que no se aleja de tocar temáticas incómodas pero totalmente modernas y relevantes en nuestra sociedad: habla de las adicciones, de los embarazos/madres adolescentes, de la violencia de género y abusos familiares, de la prostitución de menores, de enfermedades mentales, de suicidios, de divorcios, de familias ensambladas, de pérdidas de un ser querido y de temáticas LGBTQ+.

Otro punto interesante para resaltar es que, si bien el misterio inicial que hace que la pelota comience a rodar es interesante en sí mismo, es la manera en que comienza a involucrar a todos los personajes lo que hace que la tensión y el nerviosismo por llegar al final aumente. El que la serie esté situada en un lugar donde todes se conocen entre todes ayuda a este hecho, ya que tienen razones para protegerse les unes a les otres pero también para ocultarse información entre sí, lo que hace que nadie esté libre de sospecha. 

Es interesante ver este factor desde el punto de vista de la protagonista, Mare. Al conocer a prácticamente todo el pueblo ella se ve en la incómoda situación de tener que investigar a conocides, amigues e, incluso, familiares. Esto hace que a ojos de varies, la detective se convierta en el enemigo número uno, todavía más que el asesino responsable de la muerte de la joven, ya que ella es la cara visible que acusa e investiga a personas que nunca podrían ser responsables. 

Si bien las actrices y los actores hacen realmente un trabajo fantástico, no hay forma de negar que Kate Wislet, quien tiene el rol protagónico, se lleva todos los aplausos. Increíblemente humana y real, desde su aspecto físico hasta sus emociones, logra adentrarse en su personaje de una manera impresionante. En cada diálogo y escena se pueden ver las cavilaciones, dolores, penas, esfuerzos y sacrificios de su personaje. El realismo que desprende su performance es desgarrador y, en más de un momento, es probable que le espectadore se conmueva con lo que le ocurre a este personaje. 

Un plano que también debe ser resaltado es la dinámica de la familia de Mare: un hogar compuesto puramente por mujeres, excepto el nieto de 4 años de Mare. Las dinámicas entre la abuela, la madre y la hija son sublimes. El retrato intergeneracional que la serie esboza es impecable, cómo muestra las discusiones, la «toma» de lados, las preferencias, las justificaciones de acciones injustificables y los enojos pero también los cuidados, el acompañarse mutuamente de manera absoluta, el apoyo y la ternura en esos vínculos femeninos fuertes es espectacular. El hogar es expuesto como un campo de batalla personal pero también como un refugio incondicional.

Retomando el misterio, la trama en sí es sumamente interesante, repleta de giros y sorpresas, en especial porque la investigación central tiene dos planos principales: el de les adultes y el de les adolescentes y esto le da más facetas y subtramas al desarrollo principal de la historia. 

Capítulo tras capítulo, la serie construye tensiones, vínculos, sospechas, tragedias, secretos y, por qué no también, algunas risas, lo cual hace que apele a todo tipo de audiencia y la convierta en la mezcla perfecta digna de maratón.

Advertencias de contenido: adicciones, madres adolescentes, violencia, suicidio, depresión, divorcios, abuso.


This is us: la masificación del lenguaje no binario

Artículo colaboración escrito por Cielo Martínez


Esta serie estadounidense incorporó el lenguaje no binario en uno de sus últimos capítulos estrenados. La escena transcurre dentro del espacio de debate familiar e invita a pensar sobre la importancia de hacer visibles nuevas formas de comunicarnos en producciones audiovisuales de gran impacto en los públicos.

El uso del lenguaje no binario comenzó una revolución que trasciende fronteras y las distintas manifestaciones culturales permitieron su crecimiento a gran escala. En This Is Us, serie consolidada como uno de los dramas más exitosos de los últimos años, se refleja la inclusión desde la construcción de historias y personajes diversos que atraviesan problemáticas sociales como racismo o gordofobia hasta la presentación del lenguaje no binario como una herramienta de mayor representación de las diversidades sexuales.

Lo que no se nombra no existe

Freepik

Atravesamos un tiempo histórico de transformaciones sociales: se ha levantado nuevamente el lema feminista «Lo personal es político» en todos los ámbitos de lucha social por un mundo más igualitario para todes. La construcción de un nuevo paradigma social proviene, en parte, gracias a la lucha de los movimientos feministas que manifestaron esta necesidad de pactar un cambio estructural y alejarnos de un sistema patriarcal que atrasa siglos y sienta sus bases sobre la opresión de mujeres y diversidades.

Una de los espacios donde reforzamos este sistema es el del uso del lenguaje; de allí el ímpetu de buscar nuevas formas de expresarnos para alcanzar conquistas que promuevan la igualdad de géneros. En este sentido, la lucha por instalar un nuevo uso del lenguaje no es un asunto reciente ni tampoco una cuestión secundaria sino que representa una necesidad prioritaria en relación a la finalidad que debe cumplir: la de comunicarnos y, fundamentalmente, ponernos en relación con la realidad que nos rodea.

A lo largo de la historia, mujeres y diversidades sexuales han sido invisibilizadas bajo las lógicas del sistema dominante que posiciona en un lugar privilegiado al género masculino. ¿Por qué el feminismo que lucha por la igualdad de oportunidades no lucharía por permitir nombrarnos y cambiar nuestro lugar en el sistema? Esta «superioridad» masculina en el uso del lenguaje se denomina «sexismo lingüístico». A este se opone el lenguaje no sexista para, finalmente, nombrar a quienes no son nombrades, visibilizar una realidad que ha sido ignorada y luchar contra el sistema.

En definitiva, el lenguaje es el medio fundamental para la expresión del pensamiento y, por tanto, es el vehículo para la expresión de nuestras ideas. A través de él nombramos, interpretamos y creamos. El lenguaje refuerza y refleja la ideología patriarcal, aunque también puede contribuir a modificarla.

Transformación cultural

La utilización del lenguaje no binario en producciones donde el alcance de públicos es elevado se presenta como un aporte necesario porque nos permite una mayor visibilización sobre la inclusión social que promueve su uso, para hacer presente al enorme abanico de identidades que deben ser respetadas y visibilizadas, incluso en nuestro uso cotidiano del lenguaje.

This Is Us es una serie que contribuye, en distintos sentidos, a romper con estructuras sociales y estereotipos tanto individuales como familiares. Por lo tanto, es interesante ver cómo a partir de este episodio la serie sigue haciendo un gran aporte a los nuevos debates sociales sobre la necesidad de romper con los tradicionalismos.

El drama televisivo, sin estigmatizar, dio lugar a personajes con quienes es muy fácil conectar y que responden a nuevas formas de pensar. La utilización del lenguaje no binario es tan solo una parte -aunque fundamental- del trayecto que vienen construyendo sus creadores. Esto se debe a que, en definitiva, los cambios sociales de los últimos tiempos constituyen la evidencia de la necesidad de comunicar incluyendo a las diversidades sexuales y de romper el esquema binario.

Hace tan solo dos años se estrenaba la primera serie con subtítulos sin género, Pose de Ryan Murphy, la cual marcó un hito en las industrias televisiva hispanohablante y de traducción audiovisual por su reemplazo de la forma gramatical masculina por la «e». En la actualidad, series como This Is Us dan lugar al debate nuevamente sobre la importancia de hacer visible lo que la sociedad ya está buscando transformar para la construcción de un mundo más igualitario y diverso para todes.


El feminismo llegó al mundo mágico

El próximo 31 de diciembre se estrena en Netflix la cuarta temporada de Las Aventuras de Sabrina, una fusión entre la remake de la serie que acompañó la niñez y adolescencia de muches y la adaptación de Archie Comics. Esta serie, que desembarcó su primera temporada en 2018, tiene un tinte muy diferente a la inocente Sabrina que mostraba la pantalla de Nickelodeon.

Con rasgos del thriller, exorcismo y suspenso, la Sabrina Spellman que muestra Netflix es una bruja aggiornada a un mundo contemporáneo que lucha por empoderarse ante los postulados conservadores de su entorno hechicero. Sabrina quiere poder y libertad. Y parece que esto, al igual que en la lucha que enfrentamos hoy las mujeres, tendrá un costo muy alto. 

Al comienzo de la serie, Sabrina (Kiernan Shipka) es una adolescente de 15 años de edad que vive con sus dos tías, Hilda (Lucy Davis) y Zelda (Miranda Otto), quienes se encargaron de su crianza luego de la muerte de sus padres. Ambas son brujas al igual que el padre de Sabrina, un hechicero reconocido por sus dotes mágicos y por romper con las reglas de la Iglesia de la Noche al casarse y tener una hija con una mortal. En la casa de la familia Spellman también vive el primo Ambrose, un hechicero con arresto domiciliario por intentar explotar el Vaticano.

Sabrina espera con ansias su incipiente cumpleaños, el cual casualmente se celebra en el día de Halloween y será su bautismo mágico. Por tradición de la Iglesia de la Noche, cada bruja es bautizada a los 16 años como símbolo de su entrega al Señor Tenebroso quedando así a merced de su voluntad. Como es característico de Sabrina (al igual que la adolescente de la serie de canales infantiles), su curiosidad la lleva a interiorizarse en lo que implicaría su bautismo.

Las escenas transcurren en el pueblo de Baxter y la ambientación mantiene a les espectadores en un constante clima de Halloween, donde las calabazas cuelgan de las puertas, las luces son tenues y el ruido crujiente de las hojas en el bosque lo vuelven tenebroso.

En los 28 capítulos que conforman estas primeras tres temporadas no solo se apreciará el crecimiento de Sabrina como bruja en sus hechizos cada vez más riesgosos, sino también de su empoderamiento en un mundo donde las mujeres son relegadas al cuidado de la familia, subestimadas en el poder de la Iglesia de la Noche y entregadas como ofrendas.

La Iglesia de la Noche y El Catolicismo

La Iglesia de la Noche es el sinónimo de la Iglesia Católica. Es una doctrina que guía a través de rituales y postulados a una determinada comunidad, en este caso conformada por hechiceras y hechiceros. Se caracterizan por la devoción al Señor Tenebroso y la diferenciación constante con el mundo de los mortales.

El mundo mágico al que pertenece Sabrina es regido por las reglas del Señor Tenebroso, suma autoridad que gobierna los actos de cada miembro de esta comunidad. A diferencia del catolicismo, donde enseñan que Dios no es hombre ni mujer (aunque siempre lo mencionen como «él», para darle una identidad masculina), aquí el máximo representante es un hombre. Su voz en la tierra está bajo la figura del Sumo Sacerdote, quien también es un varón. Ambos intentarán convencer a Sabrina de firmar el Libro de la Noche cuando ella comienza a dudar de hacerlo por no querer alejarse de su novio y sus amigas mortales.

Mujeres al poder

Sabrina quiere el poder y la seguridad que le da su magia pero también la libertad de elegir sobre su propia vida. Esto se convertirá en un problema para ella porque su iniciación en el mundo mágico le exige cumplir con la voluntad del Señor Tenebroso dejando de lado sus deseos y su vida en el mundo mortal. Así, se enfrenta a constantes hostigamientos del clan masculino al que no solo responden los hechiceros sino también las brujas. 

Uno de los hilos conductores de la historia es el cuestionamiento de Sabrina a cada regla impuesta por el Señor Tenebroso y en consecuencia la rebeldía junto a sus tías de esas normas que siempre han cumplido a rajatabla.  

En la tarea de llevar a Sabrina hacia el mundo mágico cumple un rol fundamental la Madre de los demonios o Lilith, enviada por el Señor Tenebroso y encarnada en el cuerpo de una profesora de la escuela a la que asiste Sabrina. También identificada como Madame Satán, busca cumplir con las expectativas de su concubino, Satán o Lucifer, labor que la frustra por no recibir el reconocimiento de su pareja.  

En la tercera temporada (sin spoilear mucho) se ve muy bien reflejada la dificultad de los hombres para dejar sus posiciones de poder y cómo intentan sabotear a las brujas que han ocupado los cargos de mayores rangos: el reinado del Infierno y la dirección de la Iglesia de la Noche. 

Estas tres temporadas atrapan con las consecuencias de la rebeldía de Sabrina en un mundo mágico conservador. Un mundo con roles de género que se acentúan en las mujeres al mando de las tareas de cuidado (encarnado por las tías protectoras y educadoras y por Madame Satán que debe llevar a la joven hechicera por el camino de la magia) y los hombres al mando de las instituciones y el poder que estas les otorgan. La competencia inicial entre las hechiceras se ve aplacada por la sororidad y la unión frente a las injusticias del género: un camino de deconstrucción lento pero fructífero como el que vivimos en el mundo de les mortales.  


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#Reseña Gambito de dama

Artículo colaboración escrito por Carla Daniela Benisz


La cuarentena me hizo consumidora de series. Por lo que pude observar en mi aún corto paso por la plataforma, las series de Netflix tienen un particular interés en la construcción de narraciones como edificios en los que no sobra, ni falta, ningún ladrillo; un edificio dividido en unidades mensurables de la emoción. Ciertas –no todas, pero sí una cantidad que permita recordarlas– aperturas o esquinas de ese edificio están embellecidas con algún cruce dialógico que deja entrever sesgos poéticos: hay líneas memorables, hay actuaciones muy buenas, pero lo importante es siempre el edificio.

Su estricta concatenación de ladrillos es lo que logra el efecto entre teleológico y adictivo de cada final de capítulo, más intenso en cada final de temporada. Netflix creó su propio artefacto y Gambito de dama –la actual serie de moda– funciona. Seguramente esta descripción resulta redundante para el habitual consumidor de series que debe conocer mucho más que yo este edificio. Solo voy acomodando las piezas para explicar el recorrido. 

Fuente: Netflix.

Ya descartado el hecho de que Gambito de dama funciona en ese dispositivo, y como sé más de feminismo que de series, también me pregunto a qué se debe la intención de que esta serie acomode sus ladrillos sobre una temática de género. Veamos: una joven ajedrecista norteamericana que se destaca desde niña por su talento dentro del universo estrictamente masculino del ajedrez en el contexto de la Guerra Fría. Es huérfana, de pobreza material y afectiva, con una madre genial y suicida. Su infancia transcurre en un internado.

Beth, la protagonista, es de una subalternidad medida. Porque, si bien como mujer y huérfana sufre la opresión, todavía la rodea un Estado de bienestar que le permite el acceso al ajedrez, a la educación, al centro del mundo occidental que ella misma habita, a una madre adoptiva que transitoriamente la contiene. Sobre esos despojos de bienestar, que el pobre de país rico usufructúa, Beth pivotea su talento.  

Fuente: Tumblr.

Vuelvo a la pregunta: ¿por qué sobre esta vida de mujer oprimida (no tanto como otras, pero sí bastante) erige Netflix su edificio de moda esta temporada? Dos respuestas inmediatas y extremas pueden ser: uno, oportunismo ante el avance del movimiento de mujeres y disidencias; dos, porque esa subjetividad oprimida habilita intensos recursos poéticos al drama.

Entre estas dos respuestas, podemos llevar -con cierto optimismo- un trazado que, sin embargo, termina cancelándose en el capítulo final. Intentaré no spoilear pero allí se cancela esa fuga lírica que habilitaba la locura de la madre, y no me refiero al suicidio.

De modo que finalmente la serie termina resultando agridulce. Si hacemos «la fácil» (pero no menos cierta), vemos que (casualmente) guionistas, creadores y directores de la serie son varones. Pero no vamos a ir por la fácil porque son mejores las partidas largas.

Por empezar, la serie me recuerda a algo que dijo Lucrecia Martel cuando coqueteó con la posibilidad de dirigir en Hollywood para Marvel: «Sustituir un héroe por una heroína no es suficiente; es el género lo que hay que repensar, la concepción de qué es acción, de si es posible pensar un género de acción sin enemigos o si siempre hay que construirlo»1.

Repensar cómo Hollywood construyó la idea de «cine de acción» a partir de parámetros estéticos como el antagonismo extremo e identificable, la peripecia en constante aceleración, la violencia con función escatológica, la acentuación de los valores viriles tradicionales, sería también repensar la lógica cultural del patriarcado contemporáneo de una forma mucho más estructural y profunda que el cambio de la figurita masculina por una femenina, lo cual, sin todo ese background, es maquillaje u oportunismo. 

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Algo de esto sucede en Gambito de dama. Hay una heroína que sufre opresión específica por ser mujer, pero en el transcurso de la trama se guía por el nivel de la violencia. En este caso, Beth no es tan distinta a otras heroínas hollywoodenses de la gesta deportiva como, por ejemplo, la Michelle Rodríguez boxeadora de Girlfight (2000), una película de hace 20 años. Es decir que Gambito de dama no parece haber sido atravesada, en su forma de representar el drama histórico del sujeto, por la expansión de la lucha de las mujeres de los últimos años.

Fuente: Netflix.

Pero, además, cambiar el deporte nos permite evidenciar la violencia, que en el mundo del ajedrez es la tensión de la competencia, como motor propio de una sensibilidad todavía patriarcal aunque para una trama que tiene pretensiones de mensaje emancipatorio. Beth Harmon vence porque es extremadamente talentosa en el terreno en el que se bate2. Porque hay una porción de la experiencia en este universo en la que ella es la mejor, en la que ella puede dominar. Su genio (el argumento de la serie habilita este desvío romántico) es acaparador y –en términos psicoanalíticos– fálico. La reparación de su daño a través de sus victorias en el ajedrez genera un efecto placebo pero gozoso a las dañadas que seguimos su peripecia desde el sofá. En el tablero, Beth repara a su madre, una genia matemática y «loca», y a su madrastra, una pianista talentosa pero fóbica.

Ahora bien, ¿qué tiene para decirnos este oportunismo de Netflix con una vida de oprimida espectacularizada a las que no somos geniales deportistas, ni músicas, ni artistas, ni tenemos ningún talento capitalizable para el mercado que nos individualice? ¿Qué nos dice este drama a las mediocres?

Que la oprimida sea genial deja un mensaje por la negativa. No da herramientas para la liberación; al contrario, la hace más lejana, ya que no es en sus victorias inalcanzables sino en el pathos donde nosotras logramos identificarnos. De hecho, podemos sentir con la Beth del ascensor ante los ajedrecistas soviéticos que la visten con todas las adjetivaciones de la tradición patriarcal (ebria, impulsiva, peligrosa) cómo se reproduce el imaginario hegemónico del enojo femenino, en el que depositan nuestras iras como si estas fueran fuego autoinducido.

Fuente: Netflix.

La serie no está obligada a dejar mensaje o dar herramientas, podría argumentarse, y eso sería muy cierto también, pero con ese argumento se evidencia el oportunismo del guion. La opresión de género es un vestido a la moda de la sensibilidad actual para seguir vendiendo la misma estructura dramática de siempre.

Claro que el guion es cuidadoso en mostrar otras posibilidades de desvío de la norma patriarcal (abogadas, médicas, aunque siempre en la lógica de la superación meritocrática) y en destacar la solidaridad femenina. De hecho, Netflix parece estar escribiendo su propio manual del «buen feministo». Y, eso sí, porque es manual, porque implica una guía externa que regula, porque indica cómo aplicar valores que no están internalizados como educación sentimental: eso sí es el esplendor de la corrección política como vacío y como impostura.


Fuentes:

1Infobae

2Página 12


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#Reseña Normal People: cuando el amor copia las formas

Esta historia se centra en la relación amorosa de dos jóvenes irlandeses que, con sus idas y vueltas, se acompañan a lo largo de los años intentando atravesar algunos obstáculos. No es la típica serie de dos personas que quieren estar juntas y no pueden sino que, además, toca temas como el consentimiento, la responsabilidad afectiva, los vínculos amorosos y cómo estos se van transformando. Por otro lado, también es una historia sobre cómo y qué tan distintas pueden ser las crianzas masculinas y cómo esto influye notablemente en el trato hacia las mujeres. 

Normal People es una miniserie de 12 episodios de 30 minutos cada uno, coproducida por la BBC y Hulu, adaptada de una novela escrita por Sally Rooney. Las primeras escenas transcurren dentro de una escuela secundaria, ubicada en una pequeña ciudad irlandesa del condado de Sligo, donde Marianne es maltratada constantemente por sus compañeres y a veces también por las autoridades. Ella tiene una personalidad ácida, inteligente y confrontativa que cuestiona constantemente a la institución educativa.

Suele ser impertinente con las autoridades, sobre todo luego de atravesar algunas situaciones de violencia en su casa. La escuela no está capacitada para contenerla, ni siquiera existe el espacio para registrar esas violencias. Esto pone en el centro de la cuestión el rol de la escuela frente a la violencia —que, en la vida real, abandona la ficción desglosada en un guión y se hace cuerpo cobrándose la vida de las mujeres—, siendo esta institución un espacio y, a veces, la última herramienta con la que se cuenta para frenar los actos violentos. 

Marianne es una chica solitaria dentro de la escuela y también en su casa, en donde esas mismas situaciones violentas la llevan a aislarse. No tiene amigues, no forma parte de ningún grupo ni asiste a fiestas y suele ser bastante arisca, pero encuentra en Connell, uno de sus compañeres, una persona con quien puede abrirse.

La personalidad de él, en cambio, es más amable; es generoso y querido por todes pero rara vez entra en contacto con sus emociones para tomar decisiones, sea pública como íntimamente. Es un joven que juega fútbol gaélico, un deporte típico de Irlanda que es una mezcla entre rugby y fútbol.

Su madre, Lorraine, limpia la casa grande de la protagonista, que pertenece a una clase social alta, a diferencia de sus compañeres. Sin embargo, ella no se siente representada por el rol económico y social asignado. Esta escena despierta en el espectador la curiosidad de saber qué le sucede a un hombre cuando se encuentra con una mujer que pertenece a una clase social alta, siendo ella quien tiene un poder económico, cuando históricamente han sido ellos los que han ocupado lugares —simbólicos y físicos— de poder. En el caso del protagonista, pareciera que eso le genera inseguridad y sentimientos de inferioridad, que representan un primer obstáculo para la pareja.

El primer encuentro entre les protagonistas se da por fuera del colegio y empiezan a descubrir que tienen intereses en común, lejos de la mirada de sus compañeres. Al poco tiempo llega también el primer desencuentro, ligado a cuestiones propias de la adolescencia, además de los miedos, las inseguridades, las dificultades para hacerse cargo de algunas emociones y la necesidad de pertenecer a un grupo. Se juegan sus propias contradicciones emocionales y la pertenencia a distintas clases sociales. Además, la dificultad de poner en palabras sus emociones hace que muchas veces queden libradas a las interpretaciones de le otre, situación que les lleva a desencontrarse. 

Es interesante el modo en que se construye la intimidad de la pareja, basada sobre todo en el consentimiento y la responsabilidad afectiva. Sin embargo, elles no hacen pública su relación y, por lo tanto, no se hablan dentro de la escuela. Al mismo tiempo, cuando Marianne recibe algunas agresiones por parte de sus compañeres, se defiende y él la acompaña cuando ella lo pide. No lo hace ocupando el rol de «macho que se agarra a piñas con los amigos», como suele mostrarse, sino que es ella quien se defiende haciéndose cargo de su propia historia y es Connell quien muestra otros modos de intervención posibles frente al machismo.

Incluso, a veces, habla a solas con sus compañeros sobre sus actitudes patriarcales, lo cual no es nada fácil para un adolescente. Esas escenas habilitan a preguntarnos cuál es el lugar del hombre frente a la violencia machista y cómo dar esas herramientas a les jóvenes para que se involucren en una etapa vulnerable, de mucha exposición, en donde la subjetividad está construyéndose todavía. Cómo hacer que defiendan sus ideas cuando el entorno puede ser muy cruel y, además, puede implicar diferenciarse del grupo. 

En paralelo a su historia de amor principal, hay otra historia —también de amor— sobre cómo las madres criaron a sus hijos varones, tanto a Connell como al hermano de Marianne, ya que en ambas familias los padres están ausentes. En el caso de Connell se muestra un vínculo fortalecido con su madre, con límites claros y constante transmisión de respeto. En cambio, en el otro caso, es el hermano de Marianne quien pasa a ser el «hombre» de la familia cuando su padre muere.

Las escenas muestran una persona violenta hacia las mujeres, con complejo de inferioridad y con una necesidad constante de mostrar poder a través de la violencia. Acompañado de esto se hace visible una madre con dificultades para ponerle límites a él —no es así con su hija mujer—, que al mismo tiempo justifica y apoya sus comportamientos agresivos, incluso cuando son dirigidos hacia ella. 

Después de un tiempo, les protagonistas vuelven a encontrarse en Trinity College, Universidad de Dublín, en donde la dinámica está a punto de cambiar. En ese momento y en ese lugar, Marianne pareciera sentirse mucho más cómoda respecto a los vínculos con las personas que asisten, en su mayoría de clase media, mientras que Connell siente que está completamente desconectado de ese universo. Los años pasan y su vínculo sigue cruzándose y transformándose, incluso por momentos en una amistad. Entre encuentros y desencuentros en los que intentan reformular su relación, muchas veces con dolor, siguen acompañándose de algún modo. Más o menos cerca, no dejan de estar presentes en la vida de le otre. 

Muchas cosas van cambiando durante su relación, pero lo que se sostiene en toda su historia es la capacidad que tienen de transmitir lo que les está pasando sin necesidad de ponerle palabras. Gran parte de su relación se sostiene sin hablar, dejando que predomine su conexión corporal. Por momentos se muestra como romántico que le otre nos comprenda sin la necesidad de dar demasiadas explicaciones, sobre todo cuando el entorno es hostil, pero también posibilita los desencuentros que se dan por esa misma falta de comunicación.

Por momentos, su historia es de una conexión intensa y por otros, de una desconexión que les lleva a separarse y encontrarse constantemente. No quedan dudas de que hay amor entre elles pero ¿es suficiente? ¿Qué pasa cuando el amor no alcanza? 


Imagen destacada: La Rata

Imágenes:


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