Pensamiento dualista, subordinación, y mujer: ¿en qué se relacionan?

Dualismo: una visión de mundo

Vivimos atravesados por el dualismo como doctrina que afirma la existencia de dos principios supremos distintos, independientes, irreductibles y antagónicos; categorías que se ordenan en pares opuestos e irreconciliables. A su vez, este despliegue de pensamiento involucra una visión de mundo dicotómica, en tanto hay división, oposición y jerarquización entre las categorías implicadas. Podemos identificar esta tendencia cuando hablamos –sólo por señalar ejemplos que vienen al caso– de los siguientes términos contrapuestos:

Naturaleza/Cultura

Hombre/Mujer

Sexo/Género

Femenino/Masculino

Público/Privado

Racionalidad/Sensibilidad

Toda dicotomía implica un choque de fuerzas, una pugna constante por imponer un pensamiento o una acción por sobre la otra. A veces, puede implicar movimientos más bien concretos, u otros implícitos, o simbólicos; pero el conflicto existe puesto que se halla en el imaginario social: la historia ha reducido y confinado a la mujer al desarrollo de la función reproductiva y ha ascendido al hombre al nivel de la representación de la humanidad toda.

La destacada jurista Alda Facio explica dicha problemática en los siguientes términos: “El pensamiento dicotómico, jerarquizado y sexualizado, que lo divide todo en cosas o hechos de la naturaleza o de la cultura, y que al situar al hombre y lo masculino bajo la segunda categoría, y a la mujer y lo femenino bajo la primera, erige al hombre en parámetro o paradigma de lo humano, al tiempo que justifica la subordinación de las mujeres en función de sus pretendidos “roles naturales”.

Las aristas del dualismo nos llevan a repensar el vínculo entre lo público y lo privado, en clave de la teoría crítica feminista y la perspectiva de género. Encasillar a la mujer en la esfera de lo meramente privado, la reduce a ser-para-otros (madre, esposa, hija), al tiempo que encuadra los episodios de maltrato que puede sufrir dentro de su entorno familiar como “cuestiones pasionales”, en vez de reconocerlos como actos de violencia. Cabe destacar al respecto que lo personal es político, que las políticas públicas, las instancias jurídicas y el Estado en su conjunto deben ocuparse de lo que ocurre en el ámbito privado, ya que lo privado tiene consecuencias en el orden de lo social.

Facio sostiene: “En el derecho, la distinción público/privado cruza todo el entramado normativo y responde a los parámetros que definen ambas esferas en las sociedades patriarcales. En efecto, las mujeres son tratadas explícitamente a propósito de la familia o de la sexualidad, es decir en relación a ámbitos propios de lo privado, a la par que son excluidas del ámbito público, como lo demuestra su reciente conquista (menos de 100 años en Europa y menos de 50 años en muchos países latinoamericanos) del voto. Por otra parte, si bien se castiga la violencia sexual ejercida por extraños, no se penalizaban tradicionalmente conductas como la violación o el maltrato del marido a la mujer. Se trataba de una esfera gobernada por el jefe del hogar en la que el derecho actuaba como consagrador y legitimador de dicho poder”.

Hacia una crítica al dualismo

Naturaleza y cultura son dos términos que no pueden ser pensados por separado, no están aislados, ni hay fronteras tajantes que los distancien. Tampoco el ser humano puede pertenecer a un solo lado de la senda, aunque no podemos negar que el lenguaje y el pensamiento nos convierten en seres culturales. El caso es que naturaleza y cultura tienen una relación intrínseca, se entrelazan, hay un devenir constante, una interrelación o correspondencia –una ilación inseparable– y este es, por lo tanto, el motivo por el cual sostenemos que el enfoque dualista no alcanza para seguir sustentando una visión del mundo siempre conducente hacia una dicotomía que implica choque de fuerzas y valores.

Como bien señala Gómez Campos: “Nunca hay en el ser humano un abandono total de la naturaleza, sino una refuncionalización permanente a través de su significación; creación permanente de cultura, de artificio, de invención. El Ser humano es expresión de la polaridad naturaleza-cultura como totalidad; por tanto se define en la idea de ritualidad más que en la de cultura. Como afirma Baudrillard: <<la ritualidad es un sistema mucho más vasto, que engloba a los vivos y a los muertos, y a los animales, que ni siquiera excluye a la “naturaleza” cuyos procesos periódicos, recurrencias y catástrofes hacen las veces espontáneamente de signos rituales>>”.

Si pensamos en la distinción hombre/mujer, los intersticios de la biología dejan ver sus fallas teoréticas en la defensa férrea de los parámetros normativos (a los que estamos ligados como sociedad). Habituarnos a sólo contemplar hombres y mujeres excluye y discrimina, obliga a tener que encolumnarse en una de las dos filas posibles. ¿Qué ocurre entonces con la condición de intersexualidad? ¿Podrá ingresar al imaginario social –como una posibilidad de ser– aquello que aún está al margen de la norma?

Podemos sostener que hay violencia en algunos discursos científicos, en ciertas prácticas médicas, y desde las interacciones sociales que tratan sobre personas intersexuales. Esta violencia nace en la imposición de un determinado género y orientación sexual, ya que presenta al cuerpo intersexual como algo ininteligible, algo que necesariamente hay que corregir, delinear, moldear a imagen y semejanza de una sociedad incapaz aún de legitimar y respetar las diversidades. De este modo, la lógica binaria y jerárquica no sólo es opresiva y estructurante porque nos preexiste y determina, sino que, discursivamente hablando, está colmada de ranuras, surcos, y estrías.

Sheila Castagna.


Todxs por HIGUI

Mujer, lesbiana y pobre. Higui está detenida desde el 16 de octubre de 2016 cuando, al intentar defenderse de una violación masiva, mató a uno de sus atacantes. Un proceso lleno de irregularidades la conduce a juicio oral. Ante el abandono, surge “Justicia por Eva”, un reclamo que se viraliza.

Eva Analía Dejesús tiene 42 años y vivía en Bella Vista, San Miguel. Jugaba al fútbol como arquera, y de su parecido con su colega colombiano René Higuita viene su apodo. Trabajaba como jardinera y era cartonera. Nunca tuvo conflictos con la ley. Sin embargo, cometió un pecado: ser lesbiana. Lo que no es más que una orientación sexual entre otras posibles, se convirtió para ella en un peligro.

El 16 de octubre del año pasado, diez hombres intentaron violarla para “hacerla sentir mujer”. Intentó defenderse, y mató con un arma blanca a uno de sus agresores. Desde entonces, está detenida. Eva llevaba siempre un cuchillo en el pecho, porque ya había sido amenazada por esa “patota”. Violarla para corregirla. Ese era el argumento.

La investigación que se inició con su detención está llena de irregularidades: le tomaron declaración testimonial sin la presencia de una defensora oficial, no se peritaron la ropa desgarrada durante el ataque ni las marcas en su cuerpo producto de la golpiza. Eva está procesada por homicidio simple por el Juzgado de Garantías N° 6 de San Martín, y continúa presa en el Destacamento Femenino de San Martín.

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Su abogada, Raquel Hermida Leyenda, aseguró que va a solicitar que Higui aguarde el juicio en prisión domiciliaria con una pulsera electrónica así como también que se realicen las pericias psicológicas y psiquiátricas para demostrar el estrés postraumático que sufre. Además, busca probar que la mujer actuó en legítima defensa.

Por su parte, María Rachid, secretaria general de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) y Directora del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo porteña denunció: “Su historia está atravesada por una doble violencia: por un lado, por ser mujer y, por el otro, por su orientación sexual. La violación es históricamente una forma que busca ‘discliplinar’ la sexualidad de las mujeres lesbianas”.

Lo cierto es que mientras se esperan buenas noticias, sus familiares y amigos así como también organizaciones con perspectiva de género luchan por hacer visible su caso, y eligen como herramienta primordial las redes sociales, conscientes de su impacto. Luchan, además, para que Higui no se convierta en víctima de un sistema judicial que la condena por mujer, pobre y lesbiana.

 


Fuentes consultadas

Imágenes extraídas de:

Identidad sexual y género: la mirada cinematográfica en XXY, de Lucía Puenzo.

¿Y si no hay nada que elegir?

Si de identidad de género hablamos, cabe destacar que partimos de la base común donde entendemos y compartimos que la noción de género, en palabras de Judith Butler, no es sinónimo de mujer u hombre, sino una construcción cultural de las sexualidades.

Cada individuo comienza a leer el mundo a partir de una perspectiva de género desde que tiene uso de razón, desde que puede recordar escenas de la vida cotidiana o incluso desde antes, por el contexto que lo circunda. Llega un momento en el que mamá, papá u otro familiar explica que la genitalidad es distinta “en los nenes” y “en las nenas”. Pero, ¿qué pasa con aquello que es excluido y condicionado? ¿Qué pasa con lo diferente, con lo más tabú de la sexualidad? ¿Qué ocurre con las resistencias al orden establecido?

En la cinematografía argentina, al igual que sucedía en tantos otros campos sociales, la temática sobre género no había sido jamás abordada del modo en que Lucía Puenzo se aventuró a hacerlo. Es por esto que resulta inevitable plasmar una puesta en valor de su filmografía, que abre interrogantes sobre dicha temática y su forma de abordaje, una crítica abierta a la imposición de definiciones sexuales y una invitación a la reflexión, hacia el respeto por las diversidades.

El cine y su aporte acotado sobre la diversidad sexual mostraban mayormente lo gay, trans y lésbico como algo que aparece bajo los estereotipos de otredad que les impone el sistema hegemónico heteropatriarcal: se impone la figura del bailarín gay, la lesbiana deportista, el peluquero travesti. Puenzo reivindica los derechos del individuo como dueño de su cuerpo y sus acciones, y es definitivamente una pionera, referente nacional y digna de admiración.

En el caso puntual de XXY, la directora condena la violencia física y simbólica que ejercen algunos discursos científicos, ciertas prácticas médicas, e interacciones sociales sobre las personas intersexuales. Esta violencia nace de la imposición de un determinado género y orientación sexual, que presenta al cuerpo intersexual como algo ininteligible, algo que necesariamente hay que corregir, delinear, moldear a imagen y semejanza de una sociedad incapaz de comprender que, quizás, no haya que elegir entre A o B.

Vayamos ahora hacia la trama. Álex es una adolescente intersexual de 15 años, que creció viviendo como mujer para su entorno y tomando medicinas que suprimían sus rasgos masculinos por sentencia de sus padres, quienes a su vez decidieron dejar Buenos Aires apenas nació e instalarse en una cabaña situada a orillas de la costa uruguaya para que Álex creciera sin los prejuicios del entorno y más protegida. La intención parece quedar trunca.

El caso es que Álex no se identifica en un cuerpo con genitalidad «de mujer», y decide dejar de tomar los corticoides que evitaban la virilización, mostrando su resistencia a esta forma de control sobre su cuerpo, tanto por parte de sus padres como de una sociedad que exige definiciones y discrimina sin reparos. La película celebra el cuerpo intersexual, no como un estado transitorio sino como una forma legítima de corporeidad, haciendo una fuerte crítica cultural e invitación a la reflexión.

El relato de Puenzo señala lo problemático de la falsa idea de las “identidades puras” como algo cerrado y definido, sobre lo cual adherimos a la idea de identidad como una construcción social y, en las visiones de Freud o Stuart Hall, como un proceso de articulación, sobredeterminación, no habiendo lugar para totalidades suturadas. Un ser siempre en formación.

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La idea que atraviesa esta historia de principio a fin es la posibilidad de someter a Álex a la castración, el impulso hacia una determinación de matriz binaria: ser mujer u hombre. Al respecto, la filósofa contemporánea Judith Butler invita, a través de sus escritos, a pensar el género por fuera del dato biológico, ya que el género, la sexualidad y las identidades se construyen en el discurso, se arman, y se delinean desde un orden dominante, con el fin de reproducir el orden establecido: una sociedad patriarcal- heteronormativa-monogámica.

“Dijiste que no rebanaba nada y ahora me decís que le gusta cortar dedos”, sostiene Álex en diálogo con su nuevo amigo Álvaro, cuyo padre es cirujano, en una fuerte crítica a la cirugía que busca amputar todo lo que entiende la medicina que “sobra”, que está fuera de los parámetros de la “normalidad” impuesta.

La escena clave de la apuesta de Puenzo tiene que ver con un padre reflexivo que empieza a comprender que sólo su hijx puede tomar una decisión al respecto. Acto seguido, Álex le dirige la mirada al padre y sostiene: “¿Y si no hay nada que elegir?

En cuanto a la estética, es menester destacar que la música original de los films de los Puenzo, tanto padre como hija, es composición de Andrés Goldstein y Daniel Tarrab, quienes, a rasgueado de guitarras logran imprimir una atmósfera de oscuridad, pesadez, incomodidad, padecimiento constante, sin hacer abuso del recurso. La banda sonora está presente cuando es realmente necesaria.

Por otro lado, la historia es narrada como un drama intimista y angustiante, a la vez sobrio, realista, elegante, sin sentimentalismos, con una fotografía en tonos azules que recrea la atmósfera de incomodidad constante de todos los personajes y del espectador que se angustia a la par por la situación.

La mujer como cineasta: el género desde la mirada femenina.

XXY se estrenó en 2007 y es la ópera prima de Lucía como directora, en un contexto político cultural de transformaciones clave en materia de género, de miradas cada vez más inclusiva, de despojo de tabúes, donde no es casualidad que el mismo año haya asumido en Argentina la primera mujer como Presidenta. Un contexto que reivindica los derechos de la mujer y los derechos humanos en general, una década que destaca a la mujer en los distintos campos sociales, en sus diversos roles y legados: la luchadora del cotidiano, la cineasta, la mandataria.

Tampoco es casualidad que hayamos sido pioneros latinoamericanos respecto de la Ley de Matrimonio Igualitario sancionada en julio de 2010, que en el plano de lo simbólico inauguró un paradigma que continuó con la ley de Identidad de género y el nuevo Código Civil, entre otras acciones que manifiestan un discurso de inclusión y equidad.

Es importante contemplar el trabajo de Puenzo como parte de una camada de mujeres realizadoras argentinas que hacen cine de autor. Entre ellas se encuentran Lucrecia Martel, Albertina Carri, Julia Solomonoff, Sandra Gugliotta, Ana Katz, Paula Hernández, y como puntapié inicial, la referencia de María Luisa Bemberg.

Bemberg se destacó como directora de películas en temáticas referidas a la emancipación y reivindicación de la mujer. Su película “Camila”, cuyo estreno fue en 1984, causó sensación y es recordada como un clásico del cine nacional. Se trata de la historia de una joven de familia aristocrática que se enamora del sacerdote jesuita de su parroquia y deciden escaparse juntos. Basada en un hecho real, enmarcado en el segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas, una mujer que cuestiona la violencia entre Unitarios y Federales, que de forma clandestina lee libros prohibidos por el rosismo y que tiene la valentía de vivir la historia de amor que ella eligió. ¿Elegir? ¿En esta sociedad? ¡Que tupé!

A propósito del estreno de su primer largometraje, la directora expresó: “Sabía que si mi película salía mal no iban a decir ¡qué bestia, la Bemberg! sino ¿No ven que las mujeres no sirven para hacer cine? Y ahí caían en la volteada millones de mujeres inocentes”. Ha sido firme activista sobre los derechos de la mujer y referente, sin dudas, para la siguiente generación de cineastas.

Especializada en la problemática femenina, los roles impuestos y el enfrentamiento a la sociedad patriarcal argentina, ayer, Bemberg estrenaba películas como “Señora de nadie”, “Yo, la peor de todas”, y “De eso no se habla”. Hoy, mujeres como Puenzo y Albertina Carri expanden el campo hacia las cuestiones de género, la identidad, la violencia física y simbólica, el abuso.

Definitivamente la mirada femenina en el cine ha sido un valiosísimo aporte para un mercado de industrias culturales argentinas que durante la última década le dio mayor impulso a la producción de obras que destacan la importancia de reconocer y respetar las diversidades, así como también los derechos del individuo como único dueño de su cuerpo.

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Fotografía de la directora Lucía Puenzo

Sheila Daiana Castagna.

Visibilizando realidades

Después de luchar por los derechos de la mujer durante más de cincuenta años, la feminista y defensora de los derechos humanos Gloria Steinem crea una serie documental de dos temporadas, aprovechando las nuevas tecnologías para difundir los padecimientos de miles de mujeres alrededor del mundo.

“La raza humana es como un pájaro con dos alas, si una de ellas está rota el pájaro no podrá volar” – Gloria Steinem

A principios de 2016 el canal de television VICELAND de Estados Unidos comenzó a emitir una nueva serie documental titulada “Woman” (mujer), donde en cada capítulo se detallan las diferentes realidades de mujeres alrededor del mundo. Gloria Steinem, una de las representantes más importantes del feminismo en los Estados Unidos, es quien produce el programa y presenta cada episodio. “Solo quiero recordarles -y recordarme- esta noche, que esto es una revolución” y “Somos las mujeres de las que nuestros padres nos advirtieron” son dos de las contundentes y acertadas frases de Gloria, con las que comienza cada capítulo de esta serie documental ya nominada a un premio Emmy.

“En la intersección entre la violencia y la estabilidad, la opresión y el progreso, se encuentran las mujeres” comenta la descripción de la serie documental. La idea de Steinem al crear la serie, lo que intenta demostrar, es que, como dice en la introducción, “confrontando los problemas una vez marginados como cuestiones de mujeres se pueden destruir los grandes peligros del siglo XXI”. Por esta razón, y con un notorio trabajo de producción, cada capítulo de veintidós minutos se desarrolla en diferentes partes del mundo donde hoy las mujeres se ven atrapadas en situaciones de violencia de género que, a la vez, desarrollan y forman parte de problemas que transforman la realidad de miles de personas a nivel mundial.

El primer episodio presenta una investigación llevada a cabo por la producción y la corresponsal Isobel Young en la Republica Democrática del Congo, donde diferentes grupos armados intentan tomar el control de las tierras con riqueza mineral. Para esto, utilizan violaciones y mutilaciones como arma de guerra. 1.8 millones de mujeres han sufrido esta táctica y se ven desamparadas, sin ayuda del gobierno actual, que hace ojos ciegos ante la situación que se vive. En el Congo, las mujeres que han tenido relaciones sexuales sin estar casadas (han sido violadas) y los niños que han nacido de esas violaciones son excluidos de la sociedad y marginados a vivir en pequeñas villas lejos del pueblo. Esto causa que la única fuente de trabajo con la que cuenten sean las minas de minerales que están tomadas por los grupos rebeldes, los cuales venden lo obtenido para ganar  dinero, comprar más armas y continuar así la guerra. Es un ciclo que no termina y está altamente vinculado a las miles de violaciones que se producen cada año. He ahí la idea de Steinem de que aquellos problemas, años atrás tratados como “exclusivamente de mujeres”, son a veces la clave para terminar con situaciones mucho más amplias.

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La serie cuenta con ocho episodios que se desarrollan en distintos países, con sus correspondientes temáticas. Republica del Congo: violaciones como arma de guerra. Colombia: mujeres en la FARC. Canada: la nación con más personas desaparecidas. Zambia: niñas novias. EE.UU: madres tras las rejas. El Salvador: femicidios. EE.UU: violaciones en la milicia. Pakistan: en las fronteras. Cada uno de estos episodios está compuesto por una introducción al tema narrada por Gloria Steinem, y una o dos historias protagonistas con testimonios directos. Las periodistas van al centro de la problemática; es así que Alice Speri (Colombia: Mujeres en la FARC), permanece una semana viviendo dentro de uno de los campos de la FARC, luego de tres días de viaje sin descanso para encontrarlo. Con casi un año de producción antes de lanzar la serie, entran en la vida de aquellas mujeres que en muchos casos lo han perdido todo, para poder mostrarle al mundo la realidad que ellas están viviendo. A su vez al finalizar cada capítulo se da información para poder ayudarlas mediante diferentes ONG.

Miles de mujeres están en estos momentos sufriendo violencia de género de formas que en nuestra sociedad son difíciles de imaginar. Violencia de género que, en estos casos, se expande más allá de las mismas mujeres, con consecuencias que afectan a toda una población. Incluso en la actualidad, cuando se ha avanzado notoriamente en la concientización acerca de la violencia hacia la mujer y su visibilización, sigue siendo tratado como un tema aislado del resto de las problemáticas que cada país debe afrontar. Estas series documentales vienen a demostrar lo contrario. Al llegar al último capítulo, se puede apreciar con más claridad el mensaje de Steinem: las mujeres son parte de la solución a los grandes problemas globales que se deben enfrentar en la actualidad.

 

Justicia con cara de mujer

¿Qué pasa con las juezas en nuestro país y en el mundo? ¿La igualdad se puede basar sólo en números? ¿Cuál es la situación real? ¿En qué posición se encuentra el rol femenino tanto en el poder judicial como en la política?

Para poder introducir temas desde la perspectiva de género, lograr la igualdad de derechos laborales, defender a quienes sufren violencia por su condición (ya sea de mujer, hombre, trans, homosexual, lesbiana), reducir el número de muertxs por esta causa y poder tener una justicia justa; para todo esto, es necesario que los organismos judiciales y políticos sean equitativos, es decir, que estén diversificados, sin discriminar, y sean un ejemplo para las causas que deben defender.

Actualmente, tenemos una Vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia, Elena Highton de Nolasco, quien fue la primera mujer nombrada para ocupar este puesto en un gobierno democrático. Margarita Argúas se llevó el honor de ser la primera mujer en integrar un tribunal supremo en América. Carmen María Argibay fue otra ministra designada en 2004 junto a Highton de Nolasco.

Argibay fue una defensora de los derechos de las mujeres, se destacó por realizar proyectos en contra de la trata de las mujeres, se declaró a favor de métodos anticonceptivos para evitar abortos y embarazos no deseados y fundamentó la creación de una política de enseñanza sexual en las escuelas. En 2007, obtuvo el Premio de Justicia Gruber (conjuntamente con el juez chileno Carlos Cerda y la abogada internacional peruana Mónica Feria Tinta) por su trabajo en la promoción de igualdad de género y la eliminación de la corrupción en el sistema judicial.

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Las tres juezas antes mencionadas son las únicas mujeres que aparecen en la lista de representantes de la institución más importante para la justicia, la Corte Suprema, en toda la historia argentina.

«Las mujeres y la justicia»

Por otro lado, en el Poder Judicial de la Ciudad de Buenos Aires, el 49% de los jueces son mujeres. Para celebrar este número y dar a conocer el trabajo que realizan, en el marco del mes de la mujer, el Consejo de la Magistratura de la Ciudad realizará una serie de actividades en distintas sedes de la Justicia Porteña.

Las actividades que se llevarán a cabo consisten en una exhibición de la muestra fotográfica «Nuestras Juezas», la proyección de cortometrajes sobre violencia de género «Hacelo corto» y la muestra de cómics «APOC, género y Mujer». Estas se realizarán en las sedes del Poder Judicial de la Ciudad ubicadas en las calles A.

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Desde una perspectiva mundial, la Asociación Internacional de Mujeres Juezas (IAWJ, por sus siglas en inglés) es la encargada de nuclear todas las asociaciones de juezas de 82 países así como también juezas independientes; en conjunto, suman aproximadamente 5000 miembros.

La IAWJ trabaja con sus miembros alrededor del mundo para:

  • Realizar programas pioneros de educación judicial para promover los derechos humanos, desarraigar el sesgo de género de los sistemas judiciales y promover el acceso de las mujeres a los tribunales;
  • Desarrollar una red mundial de mujeres jueces y crear oportunidades para el intercambio judicial a través de conferencias internacionales, capacitaciones, el boletín de la IAWJ, el sitio web y la comunidad en línea;
  • Fomentar el liderazgo judicial y apoyar la independencia judicial; y
  • Colaborar con otras organizaciones en cuestiones de igualdad de acceso a la justicia.

Actualmente, la IAWJ está trabajando en el fortalecimiento de la capacidad de los jueces de la República Dominicana para hacer frente a la violencia de género, la trata de personas en Haití, mejorar el acceso a la justicia en Malawi, y la creación de redes de apoyo y diálogo para las mujeres magistradas en Egipto, Jordania, Libia y Túnez.

En nuestro país, la Asociación Argentina de Mujeres Juezas (AMJA) se formó en 1993 y obtuvo su personería jurídica en junio de 1997. La primera presidenta fue la ya nombrada Dra. Carmen Argibay,  quien en 1989 había asistido a la reunión por los 10 años de la creación de la Asociación de Mujeres Jueces de Estados Unidos (NAWJ), que invitó a 50 juezas de distintas partes del mundo y donde nació la idea de crear una asociación internacional.

El viernes 10 de marzo, Susana Medina De Rizzo fue reelegida como presidenta de la AMJA; además, fue presidenta electa de la Asociación internacional de Mujeres Juezas durante el periodo 2014-2016.

Asimismo, la Asociación Mujeres Juezas de España (AMJE) reclamó el lunes pasado más presencia de mujeres en tribunales internacionales, especialmente en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) donde ninguna mujer magistrada ha sido elegida hasta la fecha para representar al Estado español. Con esto, buscan reivindicar la verdadera participación de las mujeres en todos los órganos judiciales, especialmente en un tribunal llamado «de los Derechos Humanos».

Las juezas españolas también denunciaron la discriminación que se les impone con el límite de edad situado en 61, ya que ellas tuvieron prohibido por ley el acceso a la Judicatura hasta el año 1996 y, por este motivo, tardan más años en alcanzar un nivel de méritos similar al de sus compañeros varones.

Cuando los números no alcanzan

En su edición del último 8 de marzo, el diario cordobés «La voz» publicó una nota en la que indicó que aunque el 74% del total de funcionarios judiciales son mujeres, la mayoría de ellas ocupan cargos de secretarias y prosecretarias letradas. En cambio, en los Magistrados son minoría, porque el 62% (314 individuos) son hombres y sólo el 38% (194 individuos) son mujeres, según el informe del Centro de Estudios y Proyectos Judiciales del Poder Judicial de Córdoba.

Esto no sucede sólo en nuestro país ni sólo en el ámbito judicial: en un informe realizado por Virginia García Beaudoux, profesora de Comunicación Política y Opinión Pública de la UBA, se explica que la desigualdad no es una cuestión de números sino que muchas veces radica en el tipo de puestos que no ocupan las mujeres.

García Beardoux tuvo la oportunidad de entrevistar a mujeres ligadas a la política en todas partes del mundo en el marco de una investigación que realizó en 2015 para su libro «¿Quién teme el poder de las mujeres?», en busca del paraíso igualitario mas sin éxito, porque lo que la sorprendió fueron historias de desigualdad en los supuestos «países más igualitarios del mundo».

En Suecia y los Países Bajos, las mujeres han logrado ocupar alrededor del 40% de los cargos políticos, pero aun así todas las entrevistadas de estas regiones remarcaron que la verdadera igualdad no es sólo numérica y que aún les queda un largo camino por recorrer para lograr la igualdad sustantiva.

“Cuando hablamos de participación política de las mujeres”, dijo una entrevistada holandesa, “no es sólo una cuestión de números sino de las posiciones para ejercer influencia. Por ejemplo, ¿cuántas mujeres ocupan lugares en áreas clave, como las comisiones de presupuesto? Y ¿cuántas de ellas tienen realmente visibilidad?”

Por eso, todavía falta llegar a una paridad de géneros que sea igualitaria desde todos sus vértices. Por suerte, hay muchas mujeres que están trazando el camino hacia el «paraíso igualitario».


Fuentes:

http://www.iawj.org/index.html

http://amja.org.ar/

http://www.infolibre.es/noticias/politica/2017/03/13/la_asociacion_mujeres_juezas_espana_reclama_mas_presencia_mujeres_tribunales_internacionales_62467_1012.html

¿Igualdad de género? Para las mujeres en política esto no existe

https://consejo.jusbaires.gob.ar/las-mujeres-y-la-justicia-2

 

Trabajo en comunidad, por la comunidad

La Federación Argentina LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) es una organización de segundo grado que se encarga de nuclear a más de 60 organizaciones de todo el país. Las reuniones se realizan entre una y dos veces al año y en ellas se deciden las temáticas a desarrollar.

La Secretaria General de la organización, María Rachid, explicó que los objetivos actuales son “continuar el trabajo sobre algunas leyes, para terminar de modificar cuestiones del código civil que mejoren temas sobre todo con respecto a la familia y la gestación solidaria, trabajar contra violencia institucional, luchar por el derecho al aborto y la regulación del trabajo sexual”.

La FALGBT logró el tratamiento de políticas públicas y leyes nacionales como matrimonio igualitario e identidad de género. Entre los nuevos derechos que se quieren incorporar, y que están en debate, se encuentran la modificación de la ley antidiscriminatoria, la ley integral para personas trans y la ley de gestación solidaria o gestación por sustitución.

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La modificación de la ley antidiscriminatoria tiene como propósito, según la página oficial de la organización, garantizar y promover el principio de igualdad y no discriminación, así como prevenir la discriminación a través de la implementación y el desarrollo de distintas políticas públicas. Además, promover la igualdad de oportunidades y el respeto a la diversidad y dignidad de cada ser humano.

En esta línea, se reconoce la progresividad y se valora el respeto por la interculturalidad, la perspectiva generacional y el principio de interdependencia de los derechos humanos. Asimismo, desde FALGBT se hace hincapié en la idea de difundir y educar para que no haya discriminación a través de medios gráficos y audiovisuales, dentro del ámbito educativo y la administración pública.

Por otro lado, la ley integral para las personas trans tiene como objetivo según versa el proyecto presentado por la Federación Argentina LGBT: “Asegurar a las personas trans el ejercicio pleno y en condiciones de igualdad de sus derechos y libertades, promoviendo el respeto de su dignidad, buscando lograr la integración social a nivel cultural, económicolaboral, en el ámbito de la salud y la educación, así como en cualesquiera otros ámbitos de la vida ciudadana”.

Por último, el proyecto de ley de gestación solidaria tiene como finalidad la regulación de dicha actividad, al entender el término como (según el documento presentado por la FALGBT)  “un tipo de técnica de reproducción asistida de alta complejidad, que consiste en el compromiso que asume una persona, llamada «gestante», de llevar a cabo la gestación a favor de una persona o pareja, denominada/s «comitente/s»; sin que se produzca vínculo de filiación alguno con la «gestante», sino únicamente y de pleno derecho con él/la o los/as «comitente/s”.

Con respecto a la sociedad actual, Rachid explicó que en los últimos diez años hubo avances importantes con respecto a la conciencia de derechos de personas LGBT, lo cual se tradujo en la incorporación de nuevos derechos y leyes.  Sin embargo, concluyó que en el último año se produjo un retroceso en donde hay más conservadores que “se oponen fuertemente a nuestros derechos”.

“Creo que en el último tiempo hay mayores situaciones de violencia, violencia institucional y social, y esto tiene que ver con algunos mensajes que se emiten desde el Estado que de alguna manera avalan esta violencia”, concluyó la Secretaria General de la FALGBT.