Inguz: una segunda oportunidad

Entrevista a Candela Niesl, directora de la Editorial Inguz.

Una editorial independiente que tiene como pilares la sororidad y la honestidad. La runa vikinga que le da su nombre representa el inicio de una nueva etapa sin olvidar las raíces que la forman. Inguz toma las segundas oportunidades como materia prima y filosofía de vida.

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Encadenadas a la libertad

Libertad e Independencia.

Libertad e independencia.

No, no es una dirección. Son las palabras que reiteraron en sus respuestas todas las integrantes del grupo de moteras «GNeras» cuando en una encuesta se les preguntó: «¿Qué es lo que más te gusta de andar en moto?».

¿Por qué? ¿Por qué les gusta tanto andar en moto? Tanto que empezaron a acercarse, a reunirse, a pensar en proyectos. Todo, ¿gracias a una moto?

No sólo ellas lo dicen. «El aumento está relacionado con la autonomía que desde hace unos años tiene la mujer y con la búsqueda, según sus posibilidades económicas, de un medio de transporte propio para no depender de otro. Lograrlo genera una libertad única», informa Luly Dietrich, fundadora y directora de Mujeres al Volante, una comunidad de mujeres que manejan y se interesan por los autos, motos y bicicletas.

Sin embargo, no se trata sólo de eso.

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Este grupo de moteras nació de una acción individual, pero por una necesidad colectiva. Hacia fines de 2017, la fundadora del grupo, Romi, participaba de un grupo de Facebook de motos, en su mayoría integrado por hombres. Allí notaba que las mujeres que subían fotos con sus motos pero con «demasiada ropa» eran calificadas de «tortas» o «machonas», y las que hacían preguntas sobre mecánica, de «taradas».

Con ya motivos suficientes para denunciar el machismo en ese espacio, algo más le hizo decir basta. En el grupo comenzaron a circular de mano de algunos usuarios videos e imágenes pornográficas sin reparo alguno de la existencia de le otre. Este hecho decantó en que se formara el grupo de GNeras, integrado únicamente por mujeres, para encontrar compañeras de ruta.

La idea tardó en prender. Al principio, el grupo era reducido y se organizaban encuentros en la costanera para conocerse en persona, charlar sobre motos y sobre las anécdotas recopiladas arriba de ellas. Con el tiempo, más fueron acercándose a participar. El factor común, además de ser mujeres, era que todas sentían un trato «diferencial» en el ambiente motero por cuestión de género.

Con el pasar de los meses, el grupo comenzó a tener mayor circulación y muchas mujeres se sumaron. Hoy, se trata de un colectivo de más de 50 mujeres conectadas por RRSS y Whatsapp.

Retrocedamos un poco. ¿Por qué una mujer tuvo que abandonar un grupo donde se interactuaba a partir de un interés común? ¿Por qué el 100% de las integrantes encuestadas refiere haber detectado machismo en el ambiente motero? Porque es una realidad, que hoy quieren poner en crisis desde la unión, con libertad, independencia y sororidad, y eso molesta.

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De hecho, en diciembre de 2018, el grupo decidió realizar un escrito pidiendo respeto y empatía con las mujeres moteras, a raíz de un mensaje que circuló un integrante en un grupo de Whatsapp donde llamaba a los hombres a «cuidarse de ayudar a las mujeres en cualquier circunstancia» e incluso a no contratar empleadas mujeres, por el peligro que representa para ellos ser acusados de acoso o abuso.

Mirando un poco alrededor, las moteras vieron que no se identifican con las fotografías comerciales de mujeres en moto, que los discursos que circulan en los grupos en los que participan no las representan, que en la calle los comentarios machistas están a la orden de día ante cualquier incidente de tránsito que las involucre.

Romi no se reconoce como feminista y aclara que su intención nunca fue hacer un grupo feminista de motoqueras pero, sin embargo, el contexto les permitió darse cuenta de que era momento de unirse, de no tolerar más el machismo y la misoginia. Pudieron, gracias a esa convocatoria individual, pensarse como mujeres entre los motores, las máquinas y los talleres, sin permitir que nadie se atreviera a opinar sobre cómo se ven arriba de una moto, cómo manejan o si están o no calificadas para opinar de mecánica.

Desde siempre, la mujer y las «máquinas» sólo tuvieron una relación lujuriosa. La mujer es el adorno perfecto para las carreras de TC, las presentaciones de vehículos y las publicidades de vehículos familiares.

Incluso las películas que quisieron hacernos creer que rompían con estereotipos no hicieron más que acentuar el costado más machista del mundo de los motores. Claro es el ejemplo de la saga Transformers, donde la coprotagonista es una femme fatale que conduce motos y autos, y tiene vasto conocimiento de mecánica pero aun así son infaltables las escenas donde despliega todo su encanto femenino para la tribuna de testosterona.

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Desde este colectivo, las mujeres empoderadas ponen un freno a estos estereotipos a través de la unión, la sororidad y la heterogeneidad que las caracteriza. Si sos mujer, andás en moto y querés sumarte, sos bienvenida. Ese es su lema, porque entendieron que cuidarnos entre nosotras es prioritario y que la lucha, con compañeras, será revolución.

Imagen de portada vía Revista Colombia

TripWoman: viajar solas, pero juntas

Dos viajeras españolas crearon una aplicación para que mujeres de todas partes del mundo puedan asesorarse y acompañarse mientras viajan en soledad. Responden al miedo con sororidad, para que desplegar las alas deje de ser un privilegio masculino.


¿Cómo funciona TripWoman?

28577314_414937582295207_6639699369502552315_nA las mujeres, la aventura de recorrer el mundo puede costarnos muy caro. Hacer dedo o no. Irnos de mochileras. Acampar. Compartir dormitorios con extraños. Son sueños y miedos que acumulamos. En la sociedad patriarcal que habitamos se nos enseña a no viajar solas y a que, si nos pasa algo, la culpa siempre es nuestra.

Marina Menegazzo y María José Coni pagaron con sus vidas el pecado de ser libres. Las turistas argentinas que vacacionaban en La Montañita (Ecuador) fueron secuestradas, violadas y asesinadas en el año 2016. El caso conmovió al mundo y, sin embargo, no faltaron dedos que señalaran a las víctimas como responsables de su suerte porque «viajaban solas», aunque eran dos. ¿Quién faltaba en la ecuación?  

Cansada de este tipo de noticias, la española Tania Picado, wanderlust desde los 18 años, decidió crear TripWoman, una aplicación que tiene la intención de convertirse en una red internacional de mujeres viajeras interconectadas. Así, quienes estén interesadas en conocer el mundo pueden ayudarse mutuamente, intercambiar consejos, datos de alojamiento y transporte, y generar alarmas en caso de peligro.

Solas y acompañadas

Basada en el concepto de sororidad, la aplicación se propone como «una barrera de protección femenina alrededor del mundo: mujeres que viajan o quieren viajar solas, mujeres que temen no hablar el idioma, mamás viajeras, etc…» (TripWoman). Entre sus características pueden mencionarse el registro por verificación, el intercambio de alojamiento, la comunidad de mujeres viajeras y el sistema de emergencia.

«La verdad es que no nos esperábamos la acogida que está teniendo, es sorprendente el crecimiento en tan corto tiempo. Hemos decidido seguir moldeándola a gusto de las usuarias, así que la app sufrirá mejoras constantemente para construir una herramienta funcional y segura de viaje para nuestras chicas», afirmó su fundadora en un intercambio exclusivo con Escritura Feminista.

 

¿Cómo funciona el botón de SOS?

Ante una situación de riesgo, cualquier usuaria de la aplicación puede apretar un botón para pedir ayuda. Automáticamente, su localización y su número de teléfono son enviados a varias usuarias que se encuentren en la zona y hablen el mismo idioma. Si ellas no pueden establecer contacto con la persona en peligro, avisarán a servicios de emergencia.

TripWoman está disponible para terminales con Android y iOS, y cuenta con más de 2000 descargas de todas partes del mundo en poco más de dos meses de funcionamiento. El próximo paso es expandirse a la comunidad anglosajona. La sororidad entre mujeres llegó para quedarse.

 


*Imágenes de TripWoman.

Caminos de inclusión, removiendo barreras

La primera guía para que mujeres sordas víctimas de violencia de género accedan a la Justicia será presentada mañana, de manos del programa Sordas sin Violencia y con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Junto con la presentación, será llevada a cabo la primera experiencia piloto para facilitar el acceso a la salud de las mujeres sordas víctimas de violencia, en el Hospital público Dr. Teodoro Álvarez (CABA).

La actividad se realizará durante el día de mañana (30 de mayo), a las 18 hs en el Auditorio de la Universidad CAECE (Avenida de Mayo 866). La entrada es libre y gratuita, aunque se debe confirmar asistencia a sordassinviolencia@gmail.com.

La Asociación Civil Enlaces Territoriales para la Equidad de Género y FUNDASOR son las dos impulsoras de este primer dispositivo creado en Argentina para difundir y promover información y servicios accesibles para las mujeres. Trabajan en pos de generar integración e inclusión, uniéndose, entendiéndose y, por sobre todas las cosas, evitando que cualquier mujer sorda del mundo quede afuera.

Sordas Sin Violencia (SsV) es una ONG que acompaña a mujeres sordas e hipoacúsicas víctimas de violencia. Cuenta con un programa de acompañamiento en el que, mediante la lengua de señas, entrevistan a las mujeres que se presentan y las ayudan a empoderarse frente a las distintas situaciones que sufren. El equipo está compuesto por personas tanto sordas como oyentes.

Dentro de la web, existen videos en lengua de señas (también subtitulados) que explican tópicos importantes como «¿Qué es la violencia de género?», «¿Qué es el movimiento Ni Una Menos?» y brindan información sobre la ley N° 26.485 de protección integral a las mujeres.

Además, se suma una serie de filmaciones que recomiendan pautas de comunicación accesible y explican distinciones que muchas veces no se tienen en cuenta, como la diferencia entre personas sordas y personas sordomudas.

Mariana Reuter, coordinadora de la intervención y la asistencia a la comunidad sorda y responsable del área de formación de operadorxs sociales sordxs, cumple la función de mediadora sorda dentro de SsV. Su tarea consiste en comunicarse con otras mujeres no oyentes que consultan. Junto con unx intérprete visita abogados, jueces, policías o cualquier otra institución que sea necesaria.

Lo principal es comunicar de forma clara y exacta, y tener paciencia. El hecho de que tanto Mariana como las personas que consultan sean sordas genera un ámbito de igualdad inmediato. Lo importante es saber que no estás sola.

Para más información sobre la hipoacusia (disminución de la sensibilidad auditiva) dirigirse a Mutualidad Argentina de Hipoacúsicos.

Las formas de contactar a Sordas sin Violencia son mediante:

 


Fuentes

#PoesíaVenenosa: Sororidad

Algo se quiebra.
Algo, dentro de mí, se rompe.

Siento el ruido.
Crac, hace
y siento cómo duele.

No sana.
Sigue sangrando.

Pasa el tiempo y la cascarita no se forma.

Y justo cuando parece que no se va a curar nunca
aparece una mano

y otra

y después otra más

y todas juntas aprietan,
desinfectan,
presionan,
salvan
aquella herida que ahora es cicatriz.

 

 

Les queda poco tiempo

No más silencio. No más espera. No más tolerancia a la discriminación, el acoso o el abuso.

El tiempo se acabó.

La fundación «Time’s up» es una muestra de sororidad impulsada por más de 300 trabajadoras del cine, el teatro y la televisión estadounidenses que siguen sumando valor para denunciar los acosos psicológicos, físicos y económicos que viven en su trabajo, y que a su vez empoderaron a uno de los sectores más marginados, las mujeres del campo.

La Alianza Nacional de Campesinas, las mujeres del campo de Estados Unidos, fueron las encargadas de empoderarlas aún más a ellas, a las actrices hollywoodenses, quienes disponen del acceso necesario para difundir el mensaje y hacerlo llegar a más gente. Fue gracias a su carta y profundo mensaje que surgió «Time’s up».

Publicada originalmente el 10 de noviembre

«Queridas Hermanas,

Escribimos en nombre de las aproximadamente 700 000 mujeres que trabajan en los campos agrícolas y los galpones de empaque a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos. Durante las últimas semanas, hemos visto y escuchado con tristeza las noticias de las actrices, las modelos y los demás individuos que se han animado a denunciar la violencia de género que sufrían a manos de los jefes, los compañeros de trabajo y otras personas poderosas en la industria del entretenimiento. Desearíamos poder decir que nos asombra enterarnos de que esto es un problema tan dominante en su industria. Lamentablemente, no nos sorprendió, porque es una realidad que conocemos muy bien. Innumerables mujeres campesinas en todo el país sufren en silencio debido al hostigamiento y el acoso sexual generalizados que enfrentan en el trabajo.

No trabajamos bajo reflectores brillantes en un escenario ni en la pantalla grande.  Trabajamos en las sombras de la sociedad, en campos aislados y galpones de empaque fuera de la vista y fuera de la mente de la mayoría de la gente en este país.  Su trabajo alimenta las almas, llena corazones y difunde alegría.  Nuestro trabajo nutre a la nación con las frutas, las verduras y los demás cultivos que plantamos, recogemos y empacamos.

A pesar de que trabajamos en entornos muy diferentes, compartimos una experiencia común de ser presa de personas que tienen el poder para contratar, despedir, poner en la lista negra y amenazar nuestra seguridad económica, física y emocional.  Como ustedes, hay pocos puestos a nuestra disposición y denunciar cualquier tipo de daño o injusticia contra nosotras no parece ser una opción viable. Reclamar por cualquier cosa, incluso por acoso sexual, es impensable porque arriesgamos mucho, incluida la capacidad de alimentar a nuestras familias y preservar nuestra reputación.

Entendemos el dolor, la confusión, el aislamiento y la traición que ustedes deben sentir.  También llevamos a cuestas la vergüenza y el miedo que resultan de esta violencia, como un peso aplastante sobre nuestras espaldas. Pero, en lo más profundo de nuestros corazones, sabemos que no es culpa nuestra. Los únicos culpables son los individuos que deciden abusar de su poder para acosarnos, amenazarnos y hacernos daño, como lo han hecho con ustedes.

En estos momentos de desesperación, en que deben lidiar con el escrutinio y las críticas de extraños solo porque decidieron denunciar con valentía los hechos violentos que se han cometidos en su contra, por favor, sepan que no están solas.  Les creemos y estamos con ustedes.

En solidaridad,

Alianza Nacional de Campesinas

La Alianza Nacional de Campesinas es una organización conformada por trabajadoras y extrabajadoras agrícolas, junto con las mujeres que provienen de familias de trabajadores agrícolas.»

Texto original en inglés

Después de un 2017 con campañas fuertes como el #MeToo, el #NoesNo y diversas denuncias públicas, el 1 de enero de 2018 es la fecha de inauguración de esta organización que busca el cambio en la vida de las mujeres, tanto del ámbito del espectáculo como de todas partes.

Manifiesto de Time’s Up en español. Leé la versión original en inglés acá.

La difusión de esta organización fue realizada exclusivamente a través de las redes, donde actrices como Anne Hathaway, Reese Witherspoon, Jennifer Lawrence, Laura Dern, Emma Stone, Emma Watson, Amber Tamblyn y Dakota Johnson, entre muchas otras, se sumaron a la campaña publicando su apoyo a la causa.

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Los fondos que se recauden serán destinados a la defensa legal de quienes tienen empleos menos privilegiados. De esta manera, buscan proteger a víctimas con realidades laborales de mayor vulnerabilidad.

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Por otro lado, este domingo se realizarán los premios Golden Globe y una de las consignas entre las actrices y las productoras del espectáculo hollywoodense es ir vestidas de negro.

¿Será que esta vez, cuando alguien les haga una entrevista, en vez de preguntarles por sus vestidos, les preguntarán cuánto donaron a Time’s Up? O, ¿cómo se siente participar en una causa feminista? ¿Qué significa Time’s Up para ellas? O, simplemente, cualquier pregunta más interesante que ¿Quién hizo tu vestido?


Traducción de la carta de la Alianza Nacional de Campesinas: Rocio Sileo.

Fuentes:

Página oficial de Time’s up 

Instagram de Time’s up

Twitter de Time’s up 

#Reflexión: «No me hizo nada»

Hace unos días, presencié una situación asquerosa en la calle y no pude quedarme callada.

Un hombre mayor acosaba a una chica joven mientras ella trabajaba en la puerta de un centro comercial. Ella repartía folletos mientras este señor, a unos muy pocos centímetros de ella, se le insinuaba y le preguntaba cosas como “¿Tenés que estar acá todo el día, linda? Qué aburrido… ¿Sin que te acompañe nadie?” con un tono de voz desagradable.

La chica claramente estaba incómoda, se le notaba en la cara. No buscaba continuar esa conversación, pero ella misma me explicó más tarde que debe responder bien a quienes se le acerquen. Mientras que ella intentaba seguir trabajando, él insistía.

En un momento, le dio la espalda al señor para alcanzarle un folleto a una persona que pasaba y este la examinó de arriba abajo, con un gesto en el rostro que me revolvió el estómago.

Me acerqué a ambos y le pregunté a la chica si conocía a ese hombre y si necesitaba ayuda. Claro que recibí insultos por ser «irrespetuosa» y enfrentar a alguien de su edad, ya que él “solo estaba hablando con la señorita”. Cuando terminó de escupirme en la cara todo lo que tenía, se fue.

La chica me agradeció de corazón y, al final, con un poco de vergüenza, agregó: “Igualmente no me estaba haciendo nada”. Por un segundo, pensé que tal vez había exagerado, que ella no necesitaba mi ayuda. Y ahí fue cuando me enojé de verdad. Ese hombre la estaba incomodando, la estaba acosando mientras ella trabajaba, rodeados de muchísima gente que ignoraba la situación.

Un estudio realizado en 2016 por MuMalá y el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana evidenció que el 100% de las mujeres encuestadas había sufrido en algún momento de su vida una situación de acoso en la vía pública. El 84% de ellas había recibido bocinazos o silbidos, el 70% había sido víctima de comentarios sobre su aspecto físico, al 47% de ellas las siguieron y un 29% llego a ser víctima de tocamientos. (Acoso callejero: otra forma de violencia sexual)

Estamos tan acostumbradas al acoso callejero que este tipo de conductas no nos parecen extrañas, no nos enojan. No actuamos al respecto ni nos defendemos entre nosotras. ¿Será por miedo o vergüenza? Seguramente.

Es recomendable enfrentar al acosador, siempre y cuando la situación no vaya a ponernos en riesgo, pero ¿será posible que en ocasiones no reconozcamos la gravedad de la situación y veamos los “piropos” como algo inofensivo? ¿Será que no consideremos necesario intervenir ,ya que es algo «normal»?

Hay que ofenderse y estar alertas. Hay que eliminar el acoso callejero de nuestro escenario cotidiano. Es preferible ser “exageradas” y ayudarnos entre nosotras, siempre.

Es difícil ser feminista, incluso doloroso, porque la verdad siempre duele y ya una se cree que no le están haciendo “nada”.

La gran verdad de «Big Little Lies»

La miniserie de HBO ganó cinco Emmys en la última entrega de premios que tuvo lugar el domingo pasado. Nicole Kidman recibió la estatuilla a mejor actriz con un discurso que ilumina un aspecto de la sociedad oscuro y oculto: la violencia doméstica.

«Es una enfermedad complicada e insidiosa. Está mucho más presente de lo que nos permitimos creer. Está llena de vergüenza y secretismo, y al reconocerme con este premio, el foco se hace todavía más grande. Así que gracias, gracias, gracias».

Big Little Lies es una serie basada en el libro de Liane Moriarty, que sigue la historia de tres mujeres, Jane, Celeste y Madeleine, quienes viven en Monterrey, una de las zonas más lujosas de California.

Pero no se queda ahí. Hay una muerte futura, y la historia se desarrolla entrelazando pasado y futuro de los habitantes de Monterrey y sus comentarios o, como se diría informalmente, «chusmerío» sobre los personajes principales. Además, se encuentra la presencia de los detectives que buscan resolver el caso.

También, hay un misterio alrededor de Jane (Shailene Woodley) y su hijo Ziggy de seis años, los nuevos en la ciudad, en el colegio, quienes están escapando de un pasado que los persigue. Jane se convierte en muy buena amiga de la carismática Madeleine (Reese Witherspoon) y de la hermosa Celeste (Nicole Kidman).

La miniserie tiene un reparto espectacular: dentro de los personajes secundarios (pero que tienen casi la misma importancia que los principales) están Alexander Skarsgård, quien también ganó un Emmy por su papel como Perry Wright, el esposo de Celeste; Laura Dern, otra ganadora del Emmy por su personaje como Renata Klein, una mujer fuerte y muy criticada debido a su posición como CEO de una empresa; Zoe Kravitz, Adam Scott, James Tupper, y Jeffrey Nordling.

Es destacable el trabajo que realizan lxs pequeñxs que actúan como hijxs, en especial Iain Armitage, como Ziggy Chapman, y Darby Camp, como Chloe Mackenzie, la hija menor de Madeline, encargada de musicalizar muchos momentos.

La miniserie de siete episodios tiene una estética muy cuidada, con escenarios espectaculares y una banda sonora que acompaña de la mejor manera cada momento, en especial cada inicio de episodio con Cold Little Heart de Michael Kiwanuka y las olas revueltas del pacífico al chocar con las rocas, una metáfora del ambiente que se vive en ese lugar.

Big Little Lies está dirigida por Jean-Marc Vallée y entre lxs productorxs ejecutivxs también se encuentran Nicole Kidman y Reese Witherspoon.

(!) Reflexión con spoiler


El final es una descripción gráfica de lo que significa «sororidad«: la unión de las mujeres que en un principio tienen sus diferencias, ya sea por una cuestión de egos, envidia o miedo. En ese momento cúlmine, dejan todo de lado, se olvidan de todo y sólo les queda luchar juntas por una causa en común.

Cumplen esa causa; de pronto, el océano revuelto se calma y esa última escena te saca una sonrisa que alivia la angustia acumulada durante los siete episodios en los cuales empatizás profundamente con los personajes.

Logran esa tranquilidad y esa paz que tanto buscaban, pero escondidas en una gran mentira de la cual nos hacen cómplices.

Y, al final, somos felices de ser cómplices.