Taylor Swift y la industria musical: un cambio necesario

Taylor Swift empezó con la regrabación de sus discos y el pasado mes de abril hizo público el primero: Fearless. Pero ¿por qué Taylor Swift tiene que regrabar sus canciones? ¿Ella no es la dueña de su propia música?

La industria musical es una de las más importantes del mundo y de la que menos conocemos. Detrás de cada artista hay discográficas y productoras gigantescas que incluyen a un montón de personas que trabajan para que una sola sea un producto que logre generar muchos ingresos. 

Toda esta descripción, que parece estar tan alejada del arte, era la forma más fácil y la más conocida (hasta ahora) para que una artista como Taylor Swift pudiera saltar a la fama de una forma tan efusiva como ella lo hizo. Pero, a cambio de esta gran oportunidad, les artistas que deciden formar parte de una discográfica pierden la potestad de lo que más les pertenece -si así los contratos lo determinan-: su arte y su música. 

Sin embargo, la democratización de la producción musical, las nuevas tecnologías y las nuevas formas de relacionarnos a través de redes sociales generan que toda esta producción musical pueda ser simplificada y hasta unificada.

¿Cómo sobrevivir a la industria musical?

Taylor Swift es una artista que trabaja en la industria musical desde sus 14 años de edad. Empezó cantando country en Nashville, donde pudo comenzar su carrera junto con la discográfica Big Machine Records. Con 17 años sacó su disco más vendido, Fearless, con el que ganó cuatro Grammys en 2009 y que la posicionó como la artista más joven en ganar el Grammy al álbum del año hasta 2020. 

Tiene una carrera extensísima: nueve álbumes de estudio, participaciones en películas, series y sus propios documentales. Escribe y coproduce su propia música y videos, lleva adelante su propia empresa e imagen, es una de las artistas más influyentes de la década y su patrimonio musical es el soundtrack de la infancia y adolescencia de muches pero ¿es todo esto de lo que más se habla cuando se la nombra? 

En unos de sus últimos documentales, Miss Americana, Swift nos muestra partes de su vida personal y profesional. Hace un recorrido por la producción de la música y videos de sus discos Reputation y Lover. También muestra sus presentaciones en vivo y comenta los procesos de crecimiento personal que su carrera musical forjó inmanentemente.

Pero la premisa más importante de este documental es la revelación que nos hace del sexismo que hay en la industria musical y cuánto se le exige a la mujer: la necesidad de renovarse constantemente para mantener una especie de «derecho de piso», la manera de responder a las críticas de forma positiva y la forma de comportarse. Con todo esto nos hace ver que con solo su música no alcanza para poder pertenecer a la industria, sino que necesita de toda una construcción de su imagen para hacerlo posible. ¿Acaso a los hombres se les demanda lo mismo?

De esta manera, Swift nos demuestra su cansancio con todos estos «requisitos» y empieza a construir una carrera mucho más liberada de estas demandas, con luchas políticas al hombro y una perspectiva feminista más presente. En este momento, Swift está llevando a cabo una lucha mucho más personal e importante tanto para ella como para muches otres músiques que pueden haber pasado por lo mismo: la recuperación de su propia música.

La versión de Taylor

Poco conocemos acerca de lo que implica formar parte de una discográfica: cada empresa es diferente y cada contrato tiene condiciones distintas para cada artista. Lo más importante a saber es que las grabaciones de la música que se publica, en la mayoría de los casos, les pertenece a las discográficas. Otros elementos, como las letras de las canciones, las cláusulas de regrabación, las decisiones de dónde se publican las canciones, las maneras en que se comercializa el álbum y más, también están regulados por estos contratos y cada artista decide las implicancias de cada uno. 

En el caso de Taylor Swift, las grabaciones originales (masters) de sus primeros seis discos, publicadas en plataformas digitales y álbumes físicos, y las ganancias logradas con ellos le pertenecen a Big Machine Records (BMR). Sin embargo, Swift tiene la potestad de decidir dónde quiere que su música suene y puede regrabar sus discos. Y eso es lo que está haciendo. 

Es importante destacar que toda esta batalla por su música se disparó cuando ella decidió no trabajar más con Big Machine Records, ya que esta empresa estaba en riesgo de entrar en quiebra. Le ofrecieron trabajar 10 años más junto con la discográfica, grabando un disco nuevo para recuperar uno viejo, pero ella no lo aceptó. Quiso comprar su música de vuelta pero no se lo permitieron.

A su vez, la compañía BMR fue comprada por Scooter Braun, un productor de música a quien Taylor Swift denunció públicamente por sufrir bullying de su parte. Por ende, todo su catálogo musical pasó a pertenecerle a quien la había violentado. Sin embargo, con su cláusula para decidir dónde puede sonar su música, Swift logró que Braun no pudiera comercializar su música y vendiera el catálogo de la artista de vuelta. 

La regrabación de Fearless fue publicada en abril de este año. Suena idéntica a la grabación de 2008 y fue el disco más escuchado de country de los últimos 6 años y el álbum más importante en lo que va de 2021. El próximo disco en la lista sería Speak Now, un disco que en 2010, durante su primera semana de lanzamiento, vendió más de un millón de copias. ¿Cuántas podrá vender una vez regrabado?

Taylor es la industria musical

La maniobra de Swift para recuperar su música, su trabajo y su arte es una de las más inteligentes y audaces de la historia. No hay otre artista que lo haya hecho que sea tan reconocido como ella. Es un trabajo arduo y difícil, digno de ser premiado. 

Este mismo problema que atraviesa Taylor Swift les sucede a múltiples músiques en el mundo, desde Shakira hasta Paulo Londra. Poco se habla de esto y las discográficas siguen sacando provecho de, muchas veces, la ignorancia ante los contratos que se firman y las implicancias reales a futuro que pueden tener en la carrera de une músique. 

Taylor Swift puede estar siendo la punta de un iceberg en la lucha de les artistas con las discográficas. Su ejemplo es muy importante y puede llegar a gestar un gran cambio. La manera de escuchar y producir música se ha modificado de una manera muy rotunda a lo largo de los años y las discográficas no se han adaptado, ¿será este el momento del cambio? 


Fuentes:


El fin de una década, el comienzo de una era

«Miss Americana» es un recorrido por la carrera de la cantante Taylor Swift donde, más allá de mostrar sus logros y sus desaciertos, nos lleva a algo más profundo: cómo logró pararse y defender sus ideales frente a una sociedad que constantemente le decía que no lo hiciera. Sigue leyendo El fin de una década, el comienzo de una era

If a man talks shit, then I owe him nothing

Que la industria musical es machista no es novedad, y que los machos se protegen entre ellos tampoco. De eso habla la historia que la cantante Taylor Swift decidió contar en su cuenta de Tumblr el domingo pasado.

Un poco de historia

Con solo 14 años, Taylor Swift comenzó a perseguir su sueño de hacerse un lugar en la industria musical, grabando sus primeros demos y enviándolos a distintos sellos discográficos en Nashville. Fue así como conoció a Scott Borchetta, un productor que trabajaba en Universal.

Borchetta estaba a punto de dejar su puesto para formar su propio sello discográfico y le ofreció a Swift ser parte de lo que luego sería Big Machine Records (BMR).

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Taylor Swift junto a Scott Borchetta |Foto: Getty Images

Podría decirse que tanto Swift como su familia ayudaron a crear el sello bajo el cual la cantante lanzó los seis álbumes de estudio que forman parte de su catálogo hasta el día de hoy.

En el año 2018, Taylor Swift anunció que dejaba BMR para comenzar una nueva etapa de la mano de Republic Records. Si bien a grandes rasgos no parecía haber mucha diferencia, dado que tanto BMR como Republic Record son sellos distribuidos por el grupo Universal, para la cantante este nuevo contrato significó poder ser dueña de la totalidad de su nuevo material.

La polémica venta de Big Machine Records

El pasado 30 de junio, la cantante sorprendió con una publicación en su cuenta de Tumblr donde narró el disgusto que le había provocado saber que BMR había sido vendida a Scooter Braun y que ahora el productor era dueño de todo su catálogo.

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Scooter Braun y Scott Borchetta |Foto: Billboard.com

Para quienes no estan familiarizades con su nombre, Scooter Braun es un conocido productor estadounidense y mánager de artistas como Justin Bieber, Kanye West, Ariana Grande, Demi Lovato y Drake, entre otros.

Es aquí donde aparece el disgusto de Swift: durante años, Braun fue cómplice del ataque sistemático que sufrió la cantante por parte de Kanye West (excliente de Braun).

Todo comenzó en el año 2009 cuando West decidió interrumpirla mientras recibía un premio para decir que no lo merecía. Años más tarde parecían haberse reconciliado, hasta que West lanzó la canción «Famous» en cuyo video se puede ver una figura de Swift desnuda mientras la letra anuncia: «I feel like me and Taylor might still have sex. Why? I made that bitch famous» (traducible como «Creo que Taylor y yo podríamos tener sexo. ¿Por qué? Yo hice famosa a esa perra»)Swift se mostró disgustada con este montaje pero Kim Kardashian West, esposa de West, sacó a relucir una grabación de un llamado telefónico donde, supuestamente, el rapero le pide permiso a Swift para usar esta línea en la canción.

Es por eso que, al enterarse de que Scott Borchetta había vendido el sello a Braun, Swift expresó su sentimiento de haber sido traicionada. Borchetta sabía todo lo que Swift había sufrido a manos de West, Braun y su séquito de clientes, y aun así no dudo al firmar la venta del sello que incluía todo el catálogo musical de la cantante.

Swift contó su lucha por adquirir sus másters (las grabaciones originales de todas sus canciones, de las cuales depende quien quiera hacer una copia o reversión para publicación y las que, además, determinan quién percibe dinero por los derechos) e hizo públicos algunos términos del contrato que Borchetta había querido hacerle firmar para dárselos. El acuerdo establecía que por cada nuevo album que Swift lanzara con BMR, le cederían los másters de uno de sus discos ya publicados. Fue entonces cuando la cantante decidió abandonar la negociación, dejar sus másters en BMR y firmar con un nuevo sello que le permitiera ser dueña de todo su material.

«Esto es lo que sucede cuando firmas un contrato a los quince años con alguien para quien la palabra “lealtad” no es más que un término contractual, quien al decir que “la música tiene valor” quiere decir que se le debe agradecer ese valor a hombres que no participaron de ninguna manera en el proceso creativo.

Cuando dejé mis másters en manos de Scott, me resigné al hecho de que, en algún momento, los vendería. Nunca, ni en mis peores pesadillas, imaginé que el comprador sería Scooter. Cada vez que Scott Borchetta escuchó de mis labios el nombre de Scooter Braun, yo estaba llorando o conteniendo las lágrimas. Él sabía lo que hacía; los dos lo sabían. Estaban controlando a una mujer que no quería tener relación con ellos. De forma perpetua. Para siempre», expresó Swift en su publicación.

Enemigos y aliados

Luego de que esto se hiciera público, distintes artistas decidieron apoyar a Swift. Algunas cantantes como Beyoncé, Camila Cabello, Miley Cyrus y Rihanna optaron por un apoyo silencioso, expresado al dejar de seguir a Braun en sus redes sociales. Otres artistas, como Alessia Cara, Halsey, Iggy Azalea, Katy Perry y Cher publicaron al respecto en sus perfiles.

También Todrick Hall decidió apoyarla y contar su propia historia. Hall fue cliente de Braun y, luego de que su relación profesional terminara, lanzó una canción sobre su mala experiencia trabajando con el productor.

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Taylor Swfit junto a Todrick Hall.

Del lado de Scooter Braun, su esposa Yael publicó una defensa en Instagram. Además, la cantante Demi Lovato (una de sus clientas más recientes) dijo que Scott era una gran persona que lo único que había hecho era comprar un sello discográfico.

Sin embargo, la publicación más significativa fue la de Justin Bieber quien, detrás de un aparente pedido de disculpas, acusó a Swift de haber hecho pública su historia para que sus fans agredieran a Braun y dijo que tanto él como su mánager no tenían nada negativo para decir de la cantante y le deseaban lo mejor, pero que tal vez hubiera sido más prudente hablar las cosas en persona y no a través de redes sociales.

El propio Scott Brochetta hizo su descargo a través de la cuenta de BMR, donde dijo que había hablado con Swift antes de cerrar el acuerdo con Braun para comunicarle lo que sucedería, pero que no había obtenido respuesta. Además, publicó parte del acuerdo que le había ofrecido a Swift antes de que dejara el sello.

La industria musical está manejada por hombres que se cubren las espaldas y acumulan poder para manipular a los artistas a su gusto. Hombres que no pueden ver cómo quienes los llevaron a la fama se vuelven en su contra, peleando por lo que es justo y por lo que tanto trabajaron. Hombres que se creen (y, en teoría, son) dueños de los esfuerzos de quienes lograron hacerse un lugar en la industria en base a su talento.

Ya lo dijo la misma Swift: «If a man talks shit, then I owe him nothing» («Si un hombre sale a decir mierda, entonces no le debo nada»), y quedó muy claro. No le debe nada a nadie, pero muchos le deben todo a ella y hoy no quieren darle lo que le corresponde.

Del escenario a la corte

Esta semana, comenzó el proceso judicial que la cantante Taylor Swift inició contra el DJ David Mueller por acoso y como respuesta a la demanda del DJ en su contra.

Taylor Swift, quien ha sido señalada en las redes por ser un claro ejemplo de lo que se conoce como white feminism («feminismo» que pone el foco en mujeres blancas, cisgénero, heterosexuales, de clase media-alta, y que deja excluidas a otras mujeres y sus problemáticas), se enfrenta esta semana al DJ David Mueller, a quien denunció por acoso.

Todo comenzó en el año 2013, cuando Swift dio un show en el estadio Pepsi Center en Denver en el marco de una de sus giras. Antes de que comenzara el show, Mueller y su novia conocieron a la cantante en el detrás de escenaAl momento de tomarse una foto, Mueller agarró el glúteo de la cantante, lo que ella creyó que había sido simplemente un accidente y por lo que decidió correrse. Sin embargo, en declaraciones posteriores, Swift dijo que él continuó sujetando su glúteo aún cuando ella se movió y que incluso levantó su falda para hacerlo. En el momento, quedó perpleja por la situación y más tarde se la comentó a sus guardaespaldas, quienes confrontaron a Mueller y más tarde a su jefe en la radio KYGO, donde era conductor de un programa matutino.

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La foto que Taylor Swift presentó como prueba del acoso.

Mueller, quien luego de las acusaciones fue despedido de la radio, demandó a Swift en el año 2015 por tres millones de dolares, acusándola de haber inventado la historia del acoso que le costó su trabajo y dañó su imagen.

Un mes más tarde, Swift presentó una contrademanda donde mantiene sus dichos sobre lo ocurrido en 2013, y pide un dólar simbólico como reparación de los daños.

Mueller, quien fue el primero en declarar el día martes, dijo que su mano estaba tocando las costillas de la cantante, o tal vez su falda, pero no de manera intencional, y que luego de que los guardaespaldas lo confrontaran, los instó a que alertaran a las autoridades, cosa que no hicieron.

La madre de Swift, Andrea, fue una de las testigos presentadas por parte de los abogados de la cantante. Prestó testimonio el pasado miércoles y dijo:

«Entré al camarín y vi su cara, pude notar que algo estaba mal (…). Ella me dijo ‘mamá, un tipo me acaba de agarrar la nalga’. Yo quería llorar y vomitar al mismo tiempo».

Su madre también declaró que la decisión de no alertar a las autoridades fue en pos de preservar a su hija: «No quería que este evento definiera su vida». Ante la pregunta de si había buscado testigos de lo sucedido, dijo que creía en la palabra de su hija y, señalando a Mueller, agregó que él era quien la había acosado y que sabía que era cierto.

El turno de Swift de declarar fue este jueves. Ante la corte, dijo:

«Lo sentí agarrar mi glúteo debajo de la falda. Él se quedó pegado a mi mejilla desnuda mientras me alejaba de él. [Su mano] no me soltó».

Cuando el abogado de Mueller la acusó, diciendo que ella podría haberse tomado un momento para informar lo ocurrido, Swift respondió que «su cliente podría haberse tomado una foto normal conmigo». Además, ante la hipótesis de que tal vez ella se habría confundido al señalar al DJ como el responsable, sentenció: «No voy a permitir que usted o su cliente digan que yo tengo la culpa de lo que pasó».

Se espera que el juicio termine la semana próxima, pero se especula que el jurado podría tomarse bastante tiempo hasta dar su veredicto.

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Fanáticas en una oficina frente a la corte muestran su apoyo a la cantante.

La cantante declaró que la principal razón por la que lleva a cabo este juicio es para que otras mujeres que hayan pasado por situaciones similares se animen a hablar al respecto.

Fuentes consultadas:
ABC
BBC
The Guardian