Todes somos diferentes, nadie está excluide

En el Mes del Orgullo LGBTTIQA+, el canal de televisión estadounidense Nickelodeon confirmó que uno de sus personajes emblemáticos pertenece a la comunidad.

Si Fondo de Bikini y el Crustáceo Cascarudo te resultan conocidos, entonces ya imaginarás de quién se trata. Sí, ¡Bob Esponja! El gran compañero de miles de niñes que lo sintonizan en sus pantallas desde su estreno, en 1999.

La serie, creada por Stephen Hillenburg, se consagró como una de las más famosas del canal norteamericano, con 20 nominaciones a los Premios Annie (de la Asociación Internacional de Películas Animadas) y 11 candidaturas a los premios Emmy. Actualmente es la quinta serie animada estadounidense de más larga duración y, según Infobae, la única producción animada del canal de la década de los 90 que aún sale al aire.

La simpática esponja amarilla no solo acompaña durante la infancia: su sentido del humor y su personalidad hacen que muches de quienes lo miraban cuando eran niñes todavía lo sigan viendo, siendo ya adolescentes o jóvenes adultes, porque Bob Esponja siempre es recordade con amor y todavía sus chistes y travesuras con su mejor amigo, Patricio Estrella, hacen sonreír.

Nickelodeon Twitter

Sin embargo y por la cantidad de espectadores de diferentes rangos etarios, la sexualidad de Bob Esponja comenzó a generar especulaciones. Algunes alegaban que no mantenía relaciones por ser asexual y otres creían que era homosexual.

Aunque parezca increíble que la sexualidad de un dibujo animado haya sido cuestionada por las autoridades, sucedió. La continuidad del show estuvo en peligro en el año 2012, ya que la Comisión Ucraniana propuso prohibir la serie, argumentando que constituía una «amenaza para la moral de les más chiques».

La semana pasada, con motivo de la celebración del mes del orgullo LGBTTQIA+, el canal se pronunció sobre el tema: publicó en Twitter una serie de imágenes de personajes que abiertamente forman parte de la comunidad. Entre elles se encontraban Korra («La leyenda de Korra»), Schwoz Schwartz («Henry Danger») y… ¡Bob Esponja!

Aunque muches no se sorprendieron con la noticia porque ya lo sospechaban, celebraron con imágenes y retuits que Nickelodeon haya compartido la información.

Pese a no haberse comentado explícitamente sobre la orientación sexual del personaje, las palabras «Bob Esponja gay» se hicieron tendencia. Sin embargo, Hillenburg afirmó en 2005 que pensaba en Bob Esponja y en Patricio como asexuales.

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«Creo que la actitud del programa es sobre la tolerancia. Todes somos diferentes y el programa abarca eso. Nadie está excluide. (…) Si miras las historias con los ojos y la actitud de une niñe, se ve que todos los personajes son asexuales. Además, no les importa caminar tomades de la mano, ni correr medio desnudes, es con la edad cuando llega el miedo y la hipocresía».

Stephen Hillenburg, creador de Bob Esponja.

Fuentes:


Mi nombre es Arya Stark

¡Atención! Este artículo contiene spoilers de TODAS las temporadas de Game of Thrones.  Sigue leyendo Mi nombre es Arya Stark

La tele que esperábamos prender

Con 40 capítulos en su haber, Cien días para enamorarse es hoy un programa ya consolidado en el horario central de la televisión argentina, que está transmitiendo nuevos mensajes, una forma distinta de crear contenido.


Con tonos humorísticos, pero también poniendo el foco en vínculos reales y problemas cotidianos que rompen con los ejes históricos, esta telenovela suma televidentes y seguidores en las redes al hacer circular temas que no habían sido abordados de esa forma: la lucha por la identidad transgénero es uno de ellos.

Esta creación de Sebastián Ortega, con producción de Telefe y Undertransmedia, nos acerca a la pantalla una ficción que da gusto mirar. Protagonizada por Carla Peterson, Nancy Duplaá, Juan Minujín y Luciano Castro, Cien días para enamorarse pone a debatir a adultos y jóvenes sobre temas que muchas otras producciones no tratan en prime time.

La tira comenzó en un tono de comedia, y capítulo a capítulo crece y toma su propio vuelo. ¿De qué trata Cien días…? Trata de la vida cotidiana, de la forma de vincularse, de nuevas generaciones de padres, de hijxs, de parejas, de amigxs que se dicen las cosas, que se apoyan, que se sostienen, que se pelean y que arman su propia dialéctica, donde prima lo afectivo por sobre todo el resto.

Entre esas nuevas generaciones de padres, aparece también representado otro tipo de hijxs. Y es que, todavía, algunas ficciones se anclan en lo que los viejos culebrones demandaban para la ficción: la lógica de una empleada que se enamora de lx hijx de o lx dueño de, que suele ser una persona que posee bienes y una identidad que aún no conoce. Además, en la mayoría de los casos, la pareja protagonista es heterosexual y estereotipada.

Todo esto es lo que Cien días… no tiene, y no representa.


Advertencia: a continuación se mencionarán eventos ocurridos en episodios ya emitidos actualizados a la fecha de publicación.


Maite Lanata representa a Juani, hijx* de Laura (Duplaá), Diego (Castro) y Coco (Rago). “Soy Juani, tengo tres papás…” y eso lx constituye, es un hecho fundamental que se pone de manifiesto. De esos padres recibe el apoyo, el amor y el cuidado para afrontar todo lo que desea afrontar.

*En episodios recientes se rompió con la incertidumbre de si Juani era mujer cis lesbiana o si iba a darse una transición para abordar su personaje desde la identidad trans heterosexual. Juani es un varón trans y se refiere a sí mismo con pronombres masculinos.

En una explosión de sentimientos, Juani le plantea a su mamá que se siente un varón. Que desde chico sentía que no encajaba, que no se sentía una hija, sino un hijo. Luego, se aborda la temática de género para ser explicada. ¡Y vaya si acertaron! Algo tan fundamental para los tiempos que corren: explicación, respeto y realidad.

Maite Lanata trabaja desde niña y acá se la ve inmensa en su actuación, en su credibilidad y composición para su personaje. Le da colores, matices, lo llena de amor y valentía.

Juani pone en evidencia lo que muchísimas personas atravesaron y atraviesan en la búsqueda y la constitución de su identidad. Las luchas diarias, el romper con lo establecido, las angustias de no poder ser ellas mismas, y al mismo tiempo la felicidad de dar el paso: decirlo, empezar a cambiar, recorrer un camino que es duro pero sabiendo que cada persona que quiera hacerlo, no está sola. Que hay quienes pueden acompañar y guiar el proceso. Y que, además, la ley las ampara.

Cien días para enamorarse viene a narrarnos que la afectividad no es lineal. Que hay amores, que hay disputas, que hay hechos que tienen consecuencias, pero que es desde el respeto, la diversidad y la aceptación desde donde se construyen los vínculos y la vida misma. Cada personaje (los protagónicos y los secundarios) ponen de manifiesto sus aciertos y sus errores. Muestran sus virtudes y sus lados menos empáticos, más confusos, más caóticos.

El equipo creativo se completa con Juan Gil Navarro, Jorgelina Aruzzi, Manuela Pal, Ludovico Di Santo, Michell Noer, Leticia Siciliani, Macarena Paz, Mario Pasik, Osvaldo Laport, Facundo Espinosa, Marina Bellati, Franco Rizzaro, Jeremias Batto Collini y Malena Narvay, entre otrxs. Lxs autorxs son Ernesto Korovsky, Silvina Fredjkes y Martín Quesada.

A todxs ellxs agradecemos un producto así, con temáticas con perspectiva de género, explicaciones sobre el aborto y lenguaje inclusivo. Correr tanto al hombre como a la mujer de roles estereotipado, y hacerlxs reales, de carne y hueso. Creíbles y humanos. Esta es, definitivamente, la televisión que queremos prender.

 


Roles de género y televisión

Aún hoy en Argentina es habitual escuchar en charlas que cotidianas que la televisión le llena la cabeza a la gente. ¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación? ¿Cuál es el margen de acción de los sujetos frente al constante bombardeo de mensajes que reciben de los medios masivos de comunicación?


¿Cómo puede ser que, si todos vemos lo mismo, interpretemos mensajes diferentes? ¿Cuánto influye la edad y el género en la manera en que entendemos? Estos son algunos de los interrogantes planteados desde mediados de siglo XX por diferentes autores y autoras que cuestionaron con firmeza los viejos paradigmas de comprensión social que daban por sentado que los espectadores de cine y televisión eran, básicamente, una suerte de zombies: cuerpos inertes que observaban sin capacidad crítica los contenidos que les presentaban los productores de medios.

Dicha idea fue gestada por una realidad mediática en extremo diferente a la que nos tiene inmersos hoy. Las primeras películas que comenzaron a aparecer hacia principios de siglo XX narraban historias lineales, que se grababas cual obras de teatro: había un escenario donde los actores y las actrices se desenvolvían, y el lenguaje audiovisual utilizado para narrar constaba de planos generales sin variaciones.

En esta lógica, el trabajo que le quedaba al espectador era sumergirse en esa verosimilitud creada por el director de cine, que contaba una historia que no dejaba demasiado margen para la libre interpretación, y que sumaba personajes con roles bien definidos: el héroe, el villano, la chica bonita que debe ser rescatada, etc.

Quien veía cine en aquel entonces aceptaba o rechazaba las películas según su afinidad a la historia y lo creíble o no creíble que podía ser la misma.

Algo similar ocurría con los primeros productos de ficción que aparecieron en televisión, que aún hoy se transmiten por canales de aire y mantienen la estructura lineal de narración.

No obstante, a medida que fueron apareciendo nuevas innovaciones tecnológicas en el campo de la Comunicación, el lenguaje audiovisual adquirió mayor complejidad en escalas muy enriquecedoras: variaciones de planos, juegos de montaje y nuevas historias dieron lugar a una participación mucho más activa de los receptores.

En consecuencia, se despertó el interés de las Ciencias Sociales en las diferentes formas en que las personas interpretaban un mismo mensaje recibido.

 

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Deportistas, Kazimir Malévich.

Sobre este tema, el sociólogo inglés David Morley publicó en 1996 una obra titulada «Televisión, audiencias y estudios culturales». En ella, indagó en qué sentido le dan los televidentes a los materiales televisivos y cuáles son los factores que intervienen en los procesos de decodificación.

Si bien es cierto que pudo dar pauta de qué se debe tener en cuenta para hacer que un receptor nos entienda (edad, condición socioeconómica, nivel de estudios), también dio un puntapié clave y útil para comprender las teorías de roles de género.

Para su metodología de investigación, se entrevistó a diferentes familias inglesas de nivel socioeconómico medio y se las interrogó acerca de la manera en que veían televisión habitualmente. Aquí, se encontró con prácticas políticas muy definidas: a la hora de la cena eran los hombres quienes decidían qué ver en la televisión y el manejo del control remoto quedaba a su cargo.

En cambio, las mujeres preferían hacer un uso del televisor en su tiempo libre de los quehaceres domésticos, momento en el cual preferían dedicarse a ver novelas románticas de ficción.

Dentro de este funcionamiento se puede ver la incidencia de los roles de género construidos socialmente: al ser los hombres quienes salían a proveer la economía de la familia, pasar todo el día fuera del hogar implicaba que, a su retorno, se entendiera su casa como espacio de ocio. En cambio, las mujeres que trabajaban en su vivienda encontraban el esparcimiento en los momentos en que estaban solas y liberadas de responsabilidades domésticas, sin hijos ni marido a los que atender.

El estudio de Morley también reveló un dato interesante acerca del uso de las videocaseteras: eran utilizadas sólo por los jefes de hogar, ya que las mujeres decían «no entender cómo usarlo», algo llamativo si se tiene en cuenta que ellas eran quienes hacían uso de todos los demás electrodomésticos de la casa.

El sociólogo señala un concepto extraído de otra autora (Gray) para hacer referencia a una actitud de resistencia por parte de las mujeres: bajo una ignorancia calculada, no se veían obligadas a operar ese aparato para grabarle programas a sus esposos mientras ellos trabajaban, evitando así cargarse una tarea más de las que ya tenían.

Finalmente, otra autora que hace hincapié en la influencia de la noción de género para entender los procesos de decodificación es Aimeé Vega Montiel. Al estudiar en 2006 la recepción de la televisión en hogares mexicanos del Distrito Federal, dejó en claro la incidencia de la construcción sociohistórica de la feminidad y la masculinidad:

Mientras que para los hombres era importante que el presentador de noticias fuese un hombre confiable y serio (ya que por el noticiero se enteraban de la política nacional que analizaban en contraste con su realidad laboral), para las mujeres el conductor debía ser atractivo y el nivel de credibilidad que mostraban hacia la información era muy bajo, ya que notaban la influencia de los intereses de los dueños de las empresas televisivas y el gobierno dentro de la bajada informativa.

Así, los estudios más recientes en materia de recepción televisiva ayudan a constatar no sólo que los roles de género se construyen socialmente, distando de tener una naturaleza biológica, sino que, además, influyen de forma notable a la hora de interpretar un mensaje. La forma en que se nos educa ha generado encuadres de interpretación diferentes para cada estereotipo de género.


Bibliografía

  • Morley, D. (1996) ͞El marco masculino-femenino en que la familia ve televisión. En Televisión, audiencias y estudios culturales. Buenos Aires, Amorrortu.
  • Russo, E. El espectador, reinventado. Disponible en: MEGA.nz
  • Vega Montiel, A. (2006) Género y recepción televisiva: la interacción de las sujetas y los sujetos con y mediada por la televisión. México. Disponible en: revistas.unam.mx

El feminismo que garpa

La tríada Freijo-Pichot-Mengolini estuvo calentando el sillón de Intrusos estos últimos días. Las malas interpretaciones, la falta de información y las células del machismo reaccionario por parte de diferentes figuras mainstream del espectáculo dieron lugar a que algunas representantes del feminismo (también mainstream) salieran a reponer algunas concepciones sobre este movimiento.

Pasaron cosas. Surgieron preguntas, se contaron experiencias personales, relatos de abusos y lágrimas, se debatió sobre el “no” de la mujer, sobre el rol de la justicia, sobre la criminalización de la víctima y hasta, incluso, sobre las relaciones desiguales con respecto al ingreso económico entre hombres y mujeres.

El espectador se queda con algunas cosas de todo esto que parece disolverse en el aire y yo, particularmente, me choqué de frente con un comentario de Jorge Rial. El conductor, dentro de la última entrevista a Mengolini, comentó que las feministas debíamos aprovechar “esto que se estaba dando”, ya que hoy en día el feminismo “da rating”.

La pregunta que Mengolini, Rial ni el panel se hicieron es: ¿qué feminismo da rating?

Como sabemos, “el feminismo” es un movimiento tan amplio que, a veces, nos cuesta mucho delimitarlo o caracterizarlo. En este punto es donde surge su fuerza y su condena.

La fuerza está dada por lo amplio que puede llegar a ser el movimiento; eso le da complejidad, lo vuelve rico en conceptos, y hace que miles de mujeres se unan a sus filas todos los días porque, siempre, hay por lo menos una problemática que sufrieron e hicieron carne.

Entonces, ¿por qué, a la vez, es su condena? Porque las consignas son muchas y porque no es “lógico”, como dijo Marina Calabró, no todxs somos feministas. Es aquí mismo donde los reclamos se desdibujan, donde pareciera que todo es lo mismo y que aquello que llamamos “el ser feminista” es sólo un discurso.

El feminismo del rating, el feminismo que garpa, el feminismo discursivo, el feminismo que se condena a su propia muerte.

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Y esto, ¿por qué es? Va más allá de Freijo-Pichot-Mengolini. Va más allá de la propia lógica televisiva, con sus tiempos, con lo instantáneo y la opinión permanente (muchas veces no informada). Esto tiene que ver con que se desliga al feminismo de su dimensión política, o más precisamente, de su dimensión revolucionaria (que no es más que la forma de política más extrema).

Por esta razón es que nos queda “gusto a poco” cuando terminamos de ver estos “debates” en televisión. Por esta razón es que nos preguntamos (como surgió en el mismo programa) ¿quién puede estar en contra de la igualdad entre el hombre y la mujer?

La revolución feminista es cultural, sí, pero también es política y económica. La lucha requiere cuerpos, fuerza, peleas por una idea, por una filosofía de vida. Y ahí es donde se parten las aguas. No todxs lxs feministas, ahora, estarán en nuestras mismas filas cuando haya que salir a reclamar por lo nuestro en la arena pública.

La brecha salarial no va a desaparecer en el aire porque “todxs somos feministas”; el capital concentrado va a seguir estando en manos de hombres y la crisis condenará a la pobreza más a la mujeres que a los hombres (fenómeno bautizado como “feminización de la pobreza”). Todo esto ocurrirá mientras “lo político”, en el movimiento feminista, no pase por la acción concreta.

Entonces, ¿esto que está ocurriendo no sirve de nada? Claro que sirve, claro que es importante llegar a más personas y claro que hay que hacer todo lo posible para incorporar al feminismo en la agenda mediática. Pero, cuidado, porque el peligro radica en pasar por alto la propia condena del feminismo, que es, ni más ni menos, “el feminismo que garpa”.

“El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”

Simone de Beauvoir.


 

«Grace and Frankie» (¡Contiene spoilers!)

«Grace and Frankie» refleja cómo una mujer, a pesar de sus conflictos, sus años y su familia, puede encarar una nueva etapa de su vida sintiéndose completamente rejuvenecida.
Se trata de una serie original de Netflix sobre dos mujeres mayores de 70 años quienes descubren que sus esposos habían estado saliendo durante más de 20 años a espaldas de ellas. Jane Fonda (Grace) y Lili Tomlin (Frankie) encarnan a las protagonistas, dos mujeres con personalidades por completo opuestas que logran superar su relación conflictiva para pasar a ser mejores amigas.

A lo largo de la serie, se ve cómo ambas mujeres deben acostumbrarse a vivir sin sus esposos, con los que habían estado casadas durante más de 40 años. Sus vidas cambian de forma radical: sus casas, su relación con la familia, sus tradiciones, la forma en la que se perciben, por mencionar algunas cosas. Comienzan una etapa en la que deben volver a conocerse a sí mismas.

A diferencia de la mayoría de las series, no es protagonizada por personajes jóvenes y no muestra a la mujer mayor como una persona a la que se le pasaron «sus mejores años», que ahora solo le queda descansar y dedicarse a cuidar de sus nietos.

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Durante este proceso de cambios se percatan de lo subestimadas e ignoradas que eran por sus familias y amigos. En realidad, de lo subestimadas e ignoradas que son las mujeres mayores en general. Es por esto que, en la tercera temporada de la serie, deciden fabricar un producto que deja boquiabiertos a varios personajes: un vibrador para la mujer mayor.

Quisiera destacar dos temas presentes en esta serie: La sexualidad y el estilo de vida de las mujeres mayores.

¿Por qué este producto es tan polémico? Es una de las preguntas que se realizan Grace y Frankie. Ambas remarcan la ausencia de objetos sexuales pensados para las mujeres de cierta edad. Es que ¿acaso estas no se masturban ni tienen sexo? Las protagonistas sienten que es su deber distribuir este vibrador y que llegue a todas, para que se deje de creer que las relaciones están reservadas con exclusividad para los jóvenes.

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Por otra parte, en varias ocasiones hubo personajes que sintieron pena por las protagonistas, como si estuviesen destinadas a pasar el resto de sus vidas solas, siendo mujeres solteras. Es allí donde ambas demuestran todo lo contrario. Si bien el divorcio fue para ellas un momento más que desafortunado, no lo consideraron el fin del mundo. Una vez procesado el duelo, se percataron de que eran libres y capaces de realizar lo que ellas quisieran. Otra vez se cuestionan: ¿por qué creen que una mujer mayor de 70 años no puede ser exitosa ni realizar sus sueños? En lugar de quedarse en sus casas y resignarse a vivir con lo que les tocó, decidieron comenzar su propio emprendimiento, sin importar sus pesados años y dolores.

 

 

 

 

Periodistas de Valencia tendrán que completar un curso de feminismo para evitar discursos violentos contra las mujeres

Artículo por Malena Keegan


Los periodistas de la televisión pública valenciana deberán completar un curso de feminismo para así contribuir a eliminar el lenguaje sexista en sus artículos, narraciones o locuciones, escritas y orales, en todos sus canales.

En esta línea, han modificado el borrador del libro de estilo de la Corporación Valenciana de Medios de Comunicación (CVMC), para que haga mayor énfasis en la igualdad entre hombres y mujeres desde los medios de difusión.

 

En el documento se destaca que “la lengua, como reflejo de la opresión contra las mujeres, ha consolidado unos papeles sexuales estereotipados, que a menudo se han asumido como propios sin ninguna consideración crítica”.

 

Un periodismo verbalmente más inclusivo

 

La modificación al manual reclama que decir “los valencianos” es incorrecto, y la opción correcta sería “el pueblo valenciano”. El manual también especifica que en el caso de nombres de cargos, titulaciones y profesiones lo adecuado es reemplazar a la persona con la acción u organismo que le es asignado, por ejemplo, “quien ejerce la jefatura de gobierno” en vez de “el jefe de gobierno”.

 

Además, establece una serie de palabras que deberían ser usadas genéricamente, como por ejemplo “alumnado”, “clientela”, “especie humana” o “humanidad”, para que se englobe tanto a hombres como a mujeres en la misma palabra. Tampoco se debería hablar de las mujeres como la “señora de”, para que puedan ser identificadas como personas, antes que como sujetos dependientes.  

 

El documento indica que cuando se hable de la sociedad en general ya no se hablará de “la mujer” sino de «las mujeres» para referirse a “sujetos históricos reales en toda diversidad” y mostrar “la pluralidad, la heterogeneidad y las identidades reales”.

 

Reunión del Consejo Rector de la Corporación Valenciana de Medios de Comunicación (CVMC)

 

Más que sólo caras bonitas

En los contenidos informativos, deberán ser contemplados diferentes modelos de mujer en cuanto a la edad, el estatus, el cuerpo y la capacidad física. Además se destaca que ciertos temas como el cuidado de las personas, la artesanía o la moda, deben dejar de ser adjudicados solo al público femenino.

Cuando mujeres sean entrevistadas ya no cabrán las tradicionales preguntas sobre maternidad, pareja, edad y cuidados del cuerpo, si no tienen una relación relevante con la noticia. En tanto sí se promueve que los hombres sean interpelados en el aspecto de la paternidad, la pareja y el hogar. También se explicita que la información no sustentará estereotipos donde el éxito femenino se asocie con la belleza y la sensualidad.

 

El libro de estilo además resalta la imperiosa necesidad de la aparición en escena de documentales biográficos que “rescaten del olvido a las mujeres ilustres”, películas dirigidas por mujeres y realizaciones audiovisuales donde las protagonistas femeninas no sean objetos estereotipados.

 

No a la publicidad violenta

 

No tendrán lugar en los espacios publicitarios la prostitución ni cualquier forma de explotación o servicio sexual, y tampoco habrá publicidad sexista, haciendo especial énfasis en la destinada a la infancia y adolescencia “ya que la publicidad genera constantemente imágenes pornojuveniles que avanzan cada vez más la incorporación de las adolescentes en el mercado de la seducción y de las apariencias, y contribuyen así a la diseminación de enfermedades de la percepción corporal como la anorexia, la bulimia y la dismorfia“, manifiesta el documento.