Trabajadoras del sexo virtual

Hace algunos días, el Ministerio de Salud de la Nación informó a la población que, entre los cuidados contra el coronavirus, recomendaba practicar sexo virtual. Los chistes no tardaron en circular en Twitter, y sin embargo esta modalidad lleva vigente largo rato y es una forma de vida para muchas trabajadoras sexuales virtuales. Sigue leyendo Trabajadoras del sexo virtual

#Entrevista «El enemigo es el patriarcado, y si estamos divididas le facilitamos el trabajo»

Georgina Orellano fue reelegida para continuar al frente de la Asociación Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) por cuatro años más. Hablamos con ella sobre la elección y el futuro del gremio.

Por primera vez la elección de autoridades se hizo mediante el voto directo de las afiliadas al sindicato. La lista 78 de la agrupación Putas Feministas, liderada por su actual secretaria Georgina Orellano, fue la única que se presentó para asumir la conducción en el período 2018-2022.

Imagen: Emergentes.

Escritura Feminista: ¿Dónde se llevaron a cabo las elecciones?

Georgina Orellano: Las elecciones se hicieron en 7 provincias y 2 municipios. En las provincias se volvió a elegir la conducción nacional y provincial,  y se sumaron 2 nuevos municipios que no estaban legal y orgánicamente dentro de AMMAR: las delegadas del municipio de Morón y de Esteban Echeverría.

E.F.: ¿Cómo fue el método de elección? ¿Quiénes votaron?

G.O.: Estaban habilitadxs a votar todas las trabajadoras y todos los trabajadores sexuales afiliadxs a AMMAR. El método de elección este año fue totalmente distinto al de años anteriores y tiene que ver con todo un proceso de discusión, de debate y también de maduración y de visibilidad que tuvimos en los últimos años como movimiento de trabajadorxs sexuales.

En el plenario nacional que se llevó a cabo en diciembre pasado decidimos por unanimidad que tanto las secretarías provinciales como la secretaría nacional tenían que ser elegidas por el voto directo de las afiliadas. Antes, se daba una asamblea con las compañeras convocadas, que siempre eran las secretarias general y adjunta de las provincias, que elegían a través del voto indirecto a la comisión nacional.

Las urnas se establecieron en las sedes de la CTA donde AMMAR tiene sus oficinas y en urnas volantes para las muchas trabajadoras sexuales a quienes les quedaban muy lejos las delegaciones de la CTA. Así pudieron votar en su zona de trabajo.

Queríamos modificar el estatuto sindical de AMMAR teniendo en cuenta que en los últimos años hubo muchísimos avances en cuestión de organización, que hay otras modalidades de trabajo, como la de Internet y la de compañeras de departamentos privados, que no estaban contempladas en el estatuto.

El padrón de las afiliadas creció bastante y queríamos mostrar un nuevo modelo sindical, mucho más democrático y participativo con metodologías mucho más transparentes.

E.F.: ¿Cuáles son tus propuestas, los objetivos para el próximo mandato?

G.O.: Esperamos sostener lo construido hasta ahora, la visibilización, la participación de muchas más trabajadoras sexuales que están militando en la organización. Sostener eso y tener un avance más en materia de legislaciones para las trabajadoras sexuales.

Hemos logrado ganar algunos espacios tener nuestro taller propio en el Encuentro Nacional de Mujeres, tener mayor participación en las asambleas de cara al 8 de marzo, el 3 de junio y el 25 de noviembre. Pero con respecto a materia legislativa y políticas públicas para las trabajadoras sexuales, ahora comienza el desafío.

Buscamos modificar ciertas leyes que criminalizan a las trabajadoras sexuales, poder incidir en las políticas públicas y reales para el movimiento de trabajadoras sexuales e insistir nuevamente con la presentación del proyecto de ley de reconocimiento de derechos laborales para las trabajadoras sexuales.

Se trata de dar la discusión en la cuestión parlamentaria y también en el campo judicial, que es donde mayormente se tiene una postura abolicionista y prohibicionista con respecto a nuestra actividad.

Las nuevas propuestas incluyen secretarías que por primera vez van a empezar a funcionar, como la secretaría de juventud, donde planteamos la formación de nuevos cuadros, una escuela popular de trabajadoras sexuales de formación sindical y feminista para las trabajadoras que quieren militar en la organización.

Sumamos la secretaría de diversidad, conducida por una compañera trans, para incluir a otras identidades de género que ejercen nuestra actividad y que se sientan incluídxs en nuestra organización. Se plantean actividades de sensibilización y visibilización para poder mostrar la amplitud que hay en el mercado sexual.

Tenemos una secretaría laboral, en donde habrá talleres acerca de las malas condiciones laborales que tenemos, porque siempre que se piensa en la salud de las trabajadoras sexuales se habla solo de enfermedades de transmisión sexual pero no se habla de otros problemas relacionados con la falta de reconocimiento y la insalubridad.

Además, articularemos la secretaría de DD. HH., que va a ser coordinada por una compañera trans testigo de El Pozo de Banfield, que estuvo detenida 14 días durante el proceso de la dictadura militar y que ahora está esperando la fecha del juicio.

Queremos que comience a ser parte de la historia el colectivo travesti y trans de trabajadoras sexuales, que también tuvo un rol importante ya que muchxs de ellxs fueron testigos de las detenciones, compartieron calabozos y se encontraron en comisarías con militantes que eran detenidos por la dictadura.

Otra propuesta es un proyecto de ley totalmente pensado por las trabajadoras sexuales, para las trabajadoras sexuales, que estamos modificando y que a partir del próximo mayo vamos exponer en todas las provincias donde AMMAR tiene presencia gremial, para dar a conocer el borrador y comenzar a buscar apoyo.

Varixs diputadxs de diferentes espacios políticos ya nos manifestaron su apoyo y prometieron su firma, el acompañamiento del proyecto de ley. Queremos presentarlo para el mes de septiembre en el Congreso Nacional.

E.F.: ¿Cómo sentís la incorporación de algunas de sus reivindicaciones a documentos como el del 8M?

G.O.: Logramos incorporar al documento del 8 de marzo el pedido de derogación de los códigos contravencionales, contra la criminalización y la persecución policial para las trabajadoras sexuales, el año pasado, luego de toda una discusión que duró un mes y que nos tuvo hasta último momento sin saber si quedaba o no.

Fue un avance tremendo en un espacio donde se generan tantas tensiones con respecto al debate sobre el trabajo sexual: logramos, por lo menos, ese piso de que las trabajadoras sexuales existimos y ya no pueden invisibilizarnos o tratar de excluirnos.

Que haya compañeras de otros espacios de militancia que no estén de acuerdo con la postura de las trabajadoras sexuales no implica que nos tengan que excluir.

E.F.: ¿Por qué pensás que desde el feminismo no logramos resolver la disputa regulacionismo-abolicionismo?

G.O.: Nosotras no luchamos contra las abolicionistas. En todo caso, luchamos contra la represión policial, contra el Estado que nos arroja el derecho penal encima como respuesta y solución a nuestra forma de subsistencia.

Con las abolicionistas tenemos una discusión que es histórica dentro de todos los feminismos habidos y por haber: hay una fuerte tensión y una fuerte división porque conviven diferentes posturas, diferentes ideologías, diferentes pensamientos.

Creo que la mejor forma de resolver o tratar de encontrar una solución a este debate es que puedan convivir todas las posturas. No se trata de que nosotras digamos que las abolicionistas tienen que quedar excluidas del feminismo, sino de comprender que, con respecto al trabajo sexual, hay distintas perspectivas y todas son válidas.

Tanto las que no se consideran trabajadoras sexuales como las que sí tenemos que poder convivir dentro de los espacios. No tienen por qué generarse situaciones violentas como en las asambleas previas al 8M que impedían que las trabajadoras sexuales hablásemos.

Hay un fuerte rechazo para que eso no suceda más y para que haya respeto para con las reivindicaciones de cada colectivo y cada sector. Tenemos que entender que el enemigo es el patriarcado, y si nosotras estamos divididas le facilitamos el trabajo.

Nos quieren así, dispersas, divididas; quieren que nos enfrentemos entre nosotras mientras el sistema machista y patriarcal sigue doblegando a diario a las mujeres y los cuerpos femeninos.

Feminista está alterada

Feminista está alterada, sí. Y no, no confunde nada.

Feminista está cansada de ser objeto de burla entre sus amigos que le dicen exagerada. Feminista se siente decepcionada cada vez que su papá dice “¿por qué no es #NadieMenos? Nos matan a todos por igual”, porque sabe que no es así. A nosotras nos matan por motivos muy distintos. Nos matan por ser mujeres, nos matan porque nos creen objetos, porque nos creen inferiores.

Feminista quiere aborto legal, seguro y gratuito porque no quiere que sigan muriendo más pibas en abortos clandestinos. Está a favor porque cree que las mujeres tienen que poder decidir sobre su cuerpo. Que no tienen por qué cargar con una vida dentro suyo nueve meses. También sabe que la vida no es una novela de Cris Morena, donde los nenes van a hogares y terminan felices porque los salva un millonario. Feminista quiere educación sexual en las escuelas, porque sabe que el cambio empieza por ahí.

Feminista se depila, o no. Feminista se deja el pelo largo, corto, rapado. Se tiñe de turquesa, se hace reflejos, ni siquiera se fija. Feminista se maquilla si quiere o vive al natural. Feminista usa pantalones, camisas, vestidos, polleras, tacos, zapatillas. Quiere vestirse sexy o salir en pijama. Feminista estudia, trabaja o es ama de casa. Es mamá de tres hijos o vive con su gata. Feminista tiene marido, novia, pretendientes o está soltera. Es monógama, swinger, y ama libremente.

Feminista quiere poder vivir su sexualidad sin tabúes. No quiere que la juzguen por no querer tener sexo o por tenerlo a montones. Feminista quiere que la respeten cuando dice que no. Muchas veces accedió a hacer cosas que no quería por miedo, pero ya no más. Si no hay consentimiento que no haya nada, dice hoy. Feminista sabe que su cuerpo es suyo, y que ella tiene la última palabra. Feminista puede tener tetas, concha y pito. Porque mujer no se nace, y feminista tampoco.

Feminista no excluye a lxs trans, porque son parte de la lucha. Tampoco a las migrantes, a lxs trabajadorxs sexuales, al colectivo LGBTIQ, a las abolicionistas. Aunque difieran en muchas cosas, todxs vienen buscando lo mismo. Tampoco excluye a las alienadas, porque aunque no se crean parte, el movimiento las abraza.

Feminista aún se está deconstruyendo. Se pone mal cuando nota que sigue reproduciendo algunos micromachismos. Se pone contenta porque ahora se da cuenta. Feminista está a tiempo de corregir muchas cosas y trata de aprender a diario. Feminista no quiere obligar a nadie a reconocerse como feminista, pero quiere que sepan que viven en una sociedad machista.

Feminista pinta catedrales, quema llantas y anda en tetas. Feminista escribe papers y da conferencias. Feminista habla en Intrusos o en un congreso de la ONU. Es escritora y también tuitera. Feminista puede ser economista, periodista, científica, ingeniera. Limpiar casas, atender locales o ser su propia jefa.

Feminista no odia a los hombres, odia al macho. Feminista quiere que sus hermanos levanten la mesa. Que sepan que una mujer no es su sirvienta. Feminista le enseña a sus hermanas que no son menos. Les cuenta de la lucha y lo que propone.

Feminista está enojada, pero también empoderada. Lucha por las que se fueron, las que están y las que aún no vinieron. Marcha, milita, canta y la agita.

“Abajo el patriarcado; se va a caer, se va a caer. Arriba el feminismo que va a vencer”.

Feminista no se va a rendir. Sabe que para cambiar el mundo se tiene que mover. A Feminista no le importa lo que pueda decir una columna en un diario masivo, porque ella sabe que la lucha va por otro camino.

Secretaria general de todas las putas

El sábado 21 de octubre, en el marco de las charlas TEDxRiodelaPlata, Georgina Orellano fue oradora y habló de su historia como madre, trabajadora sexual y feminista.

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Georgina Orellano: Las putas somos trabajadoras. Es Secretaria General de AMMAR. Desde esa institución, trabaja para defender los derechos humanos y laborales de las Trabajadoras Sexuales de la Argentina”.

Así fue presentada Georgina en las pantallas de TEDxRiodelaPlata, previo al comienzo del cuarto bloque, el cual se encargó de cerrar.

Comenzó contando sobre un puesto de administrativa al que había llegado gracias a un cliente y que había aceptado para alejarse del trabajo sexual, un trabajo que en su momento no lograba aceptar como propio y no podía blanquear ante su entorno.

“Un día, mi jefe me pidió que preparara 40 cafés. (…) Cuando los llevé, le serví primero a mi jefe, y cuando quise seguir sirviendo, me agarró fuerte del brazo, frente a todos, y me dijo que el café estaba frío, que lo preparara de nuevo. Y nadie en esa sala de reuniones dijo nada. Yo era la única mujer entre todos hombres”.

Esa situación la hizo sentir avergonzada, humillada, y le hizo darse cuenta de que su anterior trabajo no era tan malo como creía. Que le permitía establecer sus propios límites y decidir qué situaciones no estaba dispuesta a permitir.

Fue entonces cuando decidió volver a ejercer el trabajo sexual pero, esta vez ya con un hijo de por medio, sentía la necesidad de presentar su situación a su entorno.

Contó que tuvo mucho temor de contarle a su madre cuál era su verdadero trabajo. Temía que no la aceptara y no entendiera sus razones. Que la alejara de su ceno familiar. Sin embargo, su madre lo tomó bien y supo aceptar la realidad de su hija.

Quien también lo tomó bien, y hoy en día lo tiene naturalizado, fue su hijo Santino.

“Un día en el colegio le pidieron que dibuje de qué trabajaban mamá y papá. Y me dibujo a mí en una esquina, con un auto adelante. Y dijo en frente de la maestra ‘mi mamá es trabajadora sexual’, a lo que la maestra le dijo que se había confundido, que su mamá era ‘trabajadora social’”.

Luego de ese episodio, y al ver lo consternado que había quedado el niño ante la situación, Georgina fue a una reunión con la directoria y la maestra. Le sorprendió del apoyo que recibió por parte de ambas, quienes se pusieron a su disposición para trabajar al respecto en el aula.

Casi por (mala) costumbre, Georgina no esperaba recibir este trato por parte de ellas, ya que usualmente la gente al saber de su trabajo no logra dejar de lado sus conceptos preconcebidos y sus prejuicios sobre la prostitución.

«Tenemos un código: no atendemos a aquellas personas que no cumplen con las condiciones que establecemos nosotras mismas». 

Georgina contó una situación que vivió junto con sus compañeras luego de que una de ellas se negara a atender a un hombre por no cumplir con las condiciones establecidas, y él decidiera tomar venganza. Comenzó a molestarlas y se unió a la junta vecinal, donde convenció a los vecinos de que las echaran de la zona.

«Las trabajadoras sexuales desearíamos vivir en una sociedad que no nos juzgue ni nos cuestione», declaró en un momento.

De manera constante, se las victimiza y se las compara con las victimas de trata de personas. Quiso dejar en claro que hay que empezar a diferenciar trabajo sexual de trata de personas, y que esta última no solo sucede con la prostitución: la trata está presente en muchos otros ámbitos, tales como el trabajo rural y el textil.

“Los mismos problemas que tenemos las trabajadoras sexuales son los mismos que tienen todas las mujeres por nacer en una sociedad patriarcal y machista”.

En una charla que logró cautivar al publico de principio a fin, Georgina habló de la lucha de las trabajadoras sexuales por derechos laborales y alternativas para quienes quieren dejar de ejercer este trabajo. Además, mencionó cómo constantemente combaten el estigma social y los estereotipos que se les imponen a diario.

Una anécdota que terminó de ganarse al público fue la que cerró la charla y disparó una ovación para Georgina:

“Un día, mi hijo salió del colegio y me dijo que un compañero, para molestarlo, le había dicho a los demás: «La mamá de Santino es puta». Yo me quedé helada y le pregunté que había hecho. Me dijo que le respondió que su mamá no era puta, que su mamá es la secretaria general de todas las putas.

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Georgina en los ensayos previos al evento.

La experiencia desde adentro 

Días después del evento, nos contactamos con Georgina para preguntarle sobre su experiencia, desde la preparación hasta la repercusión que tuvo una vez que finalizó.

Escritura Feminista: ¿Cómo llegaste a las charlas TEDx? ¿Te contactaron ellos o alguien te propuso como oradora?

Georgina: El equipo de prensa de la organización, junto con compañeras trabajadoras sexuales, había visto la convocatoria, que era una convocatoria abierta y bueno, me habían sugerido [como oradora].

Yo en principio no le di tanta importancia, porque no es un formato al que estemos acostumbradas desde la organización, a dar charlas o a visibilizar nuestras reivindicaciones, nuestro trabajo, nuestra lucha. Así que ellas me insistieron, contándome un poco cómo era el formato, diciéndome que eran charlas multitudinarias, que eran de mucha visibilidad, no solo en el momento en cual se daba la charla (que era ante diez mil personas), sino después, cómo repercute eso con los videos de las charlas.

No estaba tan convencida, hasta que llegó el último día que se podía mandar un video contando en un minuto por qué queríamos dar una charla TEDx y de qué tema queríamos hablar, así que lo filmamos muy a las apuradas.

Ahí dije que me encantaría poder contar qué hay detrás de una trabajadora sexual, cuáles son sus problemáticas, sus vivencias, humanizar un poco a la trabajadora sexual. Hablar un poco del trabajo sexual con una perspectiva de derechos laborales y una perspectiva feminista. Acercar más a una posición de mujer parte de la clase trabajadora y corrernos del estereotipo que socialmente nos suelen imponer a las prostitutas.

Lo mandamos, y a los pocos días recibí un mail diciéndome que había quedado preseleccionada y que me esperaban en un castingFui sin preparar ningún tipo de charla. Me decían que tenía que preparar lo que quería decir en cinco minutos. Ya tenemos desde la militancia, más o menos, desarrollado lo que queremos decir, cómo queremos sensibilizar al público.

Así que fui, dije mas o menos qué era AMMAR, por qué yo me acerque a la organización, cuáles eran las reivindicaciones nuestras. Me fui, y a los pocos días me dijeron que estaba seleccionada. Les había encantado y querían tener una charla que hable de género, de feminismo, y que para ese formato habían elegido el tema del trabajo sexual.

Acepté, y cuando me dieron a la coach [quien ayudó a preparar la charla] comenzaron una serie de dificultades porque claramente no me adaptaba, o por ahí no abría tampoco mi corazón para poder contar cosas mías, como tenía que ser el armado de la charla.

Estuvimos en varias oportunidades con la coach… Yo le contaba de la militancia, de mi vida, de Santino [su hijo], del colegio, mi vida diaria, mi familia, la organización, las disputas que hay dentro del feminismo. Cuando la terminamos de armar, sentía que era una charla donde yo contaba más sobre mis vivencias y no tanto lo colectivo, como solemos estar acostumbradas en la organización.

En uno de los ensayos finales, fui para decirles que no me animaba, que no me sentía segura de poder hacerlo, que no era ese momento. Estaba la posibilidad de dejarlo para el año que viene, una posibilidad que me había dado la coach. Si yo no me sentía preparada, podíamos madurar más la charla y darla el año que viene. Así que yo quería esa opción, dejarla para el año próximo.

Así que fui al ensayo general, di la charla que habíamos preparado y una de las personas que son parte del equipo de TEDxRiodelaPlata, una señora que ya había participado de las charlas, levantó la voz cuando terminaron los aplausos y dijo que tenía clientas que eran prostitutas, que ella era psicóloga y que los tres casos que tuvo, justamente, lo que más padecían era el estigma.

Que les pesaba un montón, que les dolía un montón, que había mucho miedo en ellas cuando las familias y los hijos se enterasen, y una y otra vez caían en ese miedo. Me dijo: “Si te hubiera conocido antes, las hubiese traído a mis clientas para que te escuchen y no sabes qué bien les hubiese hecho”Ella no sabía que había una organización de trabajadoras sexuales, que sino a esas clientas las hubiese derivado para que la conocieran.

Eso tan simple es lo que me llevó a analizar con mis demás compañeras que [la charla] tiene una llegada a un público que no es militante, un público al cual no estamos acostumbradas y que claramente desconoce que las trabajadoras sexuales estamos organizadas, pero que tiene un contacto con ellas; en este caso, esta psicóloga que tenía clientas trabajadoras sexuales.

Así que, por el comentario de esa compañera en uno de los ensayos es que después me puse más pila con la charla y le dije a mi coach que bueno, que la iba a dar este año, que sentía que estaba preparada y que había entendido el formato. Por ahí me costaba amigarme con el formato de la charla, las risas, los aplausos, que sea emocionante, emotiva, pero bueno, iba a llegar a un público al que de otra forma nosotras no tendríamos la posibilidad de llegar.

E.F.: Cuando llegó el sábado, ¿cómo te sentiste? ¿Cómo te recibieron en el evento?

G: Durante todo el proceso de ensayos y encuentros que hubo con lxs demás participantes de las charlas TEDx, yo me sentía medio como un sapo de otro pozo. Pero cuando llegó el sábado, me relajé.

Comencé a conversar con lxs distintxs participantes, a conocer más de ellxs como personas. Me trataron súper bien siempre, todxs. Desde la coach hasta quienes conducían el evento. Siempre hubo una cuestión de contención. Mucho acompañamiento. Me sentí muy acompañada por todxs en todo momento.

Mucho amor también para con mi hijo. Yo fui con él, veía desde arriba del escenario cuando hablaba que Santino estaba escuchando desde el público, a un costadito del escenario abrazado con las compañeras del equipo de la TEDx, y sentí como un alivio de ver que él estaba contenido. Sentí eso, me sentí super contenida.

Había ahí una sororidad, una solidaridad y un fuerte compañerismo, en el único momento en el que me sentí nerviosa fue cuando estaba por subir. Ahí sentí mucho nervio, tenia miedo de equivocarme la letra, en alguna que otra palabra. La coach y lxs demás compañerxs me súper contuvieron, haciéndome desde masajes hasta hablándome.

La sensación que yo tuve cuando me subí al escenario fue la misma sensación que cuando le conté a mi mamá que era trabajadora sexual. Le estaba contando mi vida diaria a personas que no conocía. Solo en la primera fila estaban mis compañeras y después no conocía al resto del público ni ellos me conocían a mí. Esa sensación de pararme frente a un público que no me conoce y abrirme para que me conozcan y se sensibilicen con el trabajo sexual, y conozcan la organización también.

La verdad es que hay un gran trabajo que hacen muchas personas, que por ahí desde abajo no se ve, pero yo tuve la suerte de poder vivirlo y saber que hay muchxs compañerxs que hasta el día de hoy me siguen escribiendo, agradeciéndome que haya querido participar, que están súper contentxs y agradecidxs de que me haya animado.

Así que yo también estoy agradecida de que hayan dado la posibilidad de que las voces de las trabajadoras sexuales lleguen a un lugar impensado.

E.F.: ¿Cómo se sintió ver a toda esa gente que, una vez que terminó la charla, te aplaudió de pie y luego te hizo llegar su cariño a través de las redes sociales? ¿Estabas preparada para eso? ¿Te imaginabas que el público te iba a recibir tan bien?  

G: La verdad es que con mis compañeras no estábamos preparadas para recibir el cariño y la aceptación del público. A mí me sorprendía que cada frase que decía, el público la recibía muy bien y aplaudía.

La charla no estaba justamente preparada para eso. Con la coach pensamos que la única parte que se iba a interrumpir para el aplauso era el final, con la anécdota de mi hijo. Así que todas las interrupciones que tuvimos… A mí me sorprendieron y a la coach también.

Fue muy emocionante, porque cuando yo bajé estaban todxs ahí felicitandome, diciéndome que había salido muy bien. No solo por las redes sociales, sino que hay mucha gente que escribió por mail a la organización haciendo llegar las felicitaciones y queriendo conocer más de AMMAR, o entrando a la página donde se sumaron un montón de visitas.

Hay muchos que escriben que conocieron AMMAR a partir de la charla TEDx. Entonces ahí comencé, por lo menos yo, a ver que en realidad mis compañeras, cuando me dijeron del impacto y la llegada al público masivo que tiene, tenían razón. Era yo la que no entraba en razón por que no conocía verdaderamente el formato de las charlas y la masividad. Nos sorprendimos, pero para bien.

E.F.: ¿Creés que con estos espacios que están teniendo para poder hablar sobre el trabajo de AMMAR y la lucha de las trabajadoras sexuales, y el interés que genera en la gente, están más cerca de lograr un debate aún mayor que lleve finalmente a cumplir el objetivo que vienen persiguiendo como organización?

G: Nosotras creemos que todos los espacios para poder hablar sobre trabajo sexual son necesarios. Los colegios secundarios, los partidos políticos, los movimientos sociales, sindicales, el movimiento de mujeres, el movimiento feminista, el colectivo LGBTIQ y espacios como estos que tienen tanta difusión y tanta llegada.

Me parece que es como un rompecabezas de todo, nos sirve tener una mirada en el aspecto más sindical, otra en el aspecto del movimiento feminista y otra en estos espacios que tienen gran difusión dentro de una gran parte de la sociedad. Nos parece que todo suma a que se pueda comenzar a debatir o a poner en agenda política la necesidad del reconocimiento de derechos laborales para las trabajadoras sexuales.

E.F.: ¿Algo más que quieras contar sobre el trabajo que vienen haciendo desde AMMAR?

G: Desde AMMAR venimos luchando hace 22 años para que se deroguen todas las normativas vigentes en nuestro país que criminalizan [el trabajo sexual] y otorgan mayor poder a las fuerzas de seguridad para perseguir, hostigar, violentar y coimear a toda aquella persona que se dedica al trabajo sexual.

También, una de nuestras principales reivindicaciones es poder acceder a derechos laborales como obra social y jubilación, y tener esa herramienta de reconocimiento como parte de la clase trabajadora.

Nosotras creemos que también nos va a permitir vivir en una sociedad que no nos estigmatice ni nos discrimine por el solo hecho de dedicarnos al trabajo sexual. Que la sociedad toda cambie la mirada peyorativa, discriminatoria, negativa y llena estigma que tiene sobre todo hacia las mujeres que nos dedicamos al trabajo sexual.


Imágenes:
TEDxRíodelaPlata

Dejen laburar

María “Malú” López es madre, sostén de hogar y trabajadora autónoma. Desde la noche del martes se encuentra detenida tras un allanamiento en su lugar de trabajo. ¿El motivo? La persecución sin tregua al trabajo sexual autónomo.

El día 10 de octubre, en un operativo violento, el domicilio que Malú López compartía con otras tres compañeras fue allanado en la zona norte de la ciudad de Mar del Plata. Por ser la mayor, María fue separada de las demás y se la dejó incomunicada. Sus amigas declararon que todas eran trabajadoras sexuales autónomas, que estaban allí por propia voluntad y que no había tal situación de trata ni proxenetismo.

Malú es la referente de Mar del Plata de AMMAR, la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, que hoy incluye también diversidad de géneros y de modalidades de trabajo sexual.

En una nota realizada en julio de este año por el portal Cosecha Roja, López decía: “Pasa todo el tiempo. Detienen a las más grandes y las acusan de ‘proxenetas’. Pero somos putas, no sarnosas. Somos mujeres trabajadoras”.

En un comunicado publicado en el día de ayer, AMMAR denuncia que María sufrió una descompensación a causa de estar más de 24 horas sin la medicación que debe tomar a diario.

Por otra parte, Malú es madre de seis hijxs, dos de lxs cuales son menores de edad, y el ingreso que proviene de su trabajo es el único con el que cuenta su hogar. Aun así, se encuentra incomunicada desde su detención.

Desde la Asociación declaran: “Estamos intentando acceder a la causa para poder acompañar y apoyar a María en el proceso judicial al que se tendrá que enfrentar porque en Argentina se equipara trata con trabajo sexual”.

LA INDUSTRIA DEL RESCATE

Esta falta de diferenciación entre trabajo sexual autónomo y el delito de trata de personas se debe a la Ley 26 842, sancionada en el año 2012, yconocida como la “ley anti-trata”.

Esta Ley crea una “industria del rescate”, que revictimiza a las trabajadoras sexuales autónomas organizadas en cooperativas para trabajar de manera más segura. La norma determina de forma expresa que el consentimiento de las partes no exime de responsabilidad penal, civil o administrativa. Las trabajadoras denuncian esta situación como una clara infantilización de sus personas.

Para comprender esta legislación y la actual industria del rescate que se empecina en construir responsables de un delito, aun cuando no lo hay, hay que remontarse a las llamadas Guerras del Sexo que tuvieron lugar en Estados Unidos, entre los sectores abolicionistas del feminismo y aquellos conocidos como prosexo.

Cargos de gobierno y en las Naciones Unidas fueron ocupados por el abolicionismo, gracias a mandatarios conservadores tales como Ronald Reagan.

Los informes realizados por el Departamento de Estado estadounidense, con claro sesgo abolicionista, y las recompensas a aquellos países que “rescatasen” más víctimas también explican cómo llega a constituirse en Argentina el negocio de la fabricación de víctimas.

Por otra parte, en el año 2000, la Organización de las Naciones Unidas adoptó el Protocolo de Palermo, también conocido como el Protocolo contra la trata de personas, el cual nuestro país aprobó y sancionó con fuerza de ley en el año 2002. Este protocolo tampoco contempla el consentimiento de las partes involucradas e iguala trabajo sexual con trata de personas.

Bajo esta lógica rescatista, departamentos donde las trabajadoras sexuales trabajan de manera colectiva son allanados, se acusa de proxenetismo a aquella(s) persona(s) que figuren en el contrato de alquiler y se considera víctimas de trata a las prostitutas que se encuentren en el inmueble, incluso si expresan que se encuentran allí de propia voluntad, como sucedió en la noche del martes con Malú y sus compañeras.

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Fuente: comunicado del sitio web de AMMAR

María Riot (@riotmaria), trabajadora sexual feminista y militante de AMMAR, escribió en su cuenta personal de Twitter que “sus compañeras, a quienes quieren anotar como víctimas, fueron a pedir por ella”. Asimismo, relata que la hija de López pide desesperada poder verla.

Brune, trabajadorx sexual marplatense y militante de la Asociación, denuncia en Facebook: “La parodia que existe en torno a la lucha contra la trata de personas y la industria que se monta en pos de combatirla hace que la policía, funcionarios públicos y agentes municipales [sic] nos criminalicen a quienes ejercemos el trabajo sexual autónomo para hacerse una buena caja chica y, de paso, hacer parecer que trabajan”.

En una publicación en su muro, Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR a nivel nacional, critica como en otras ocasiones a la apelación al derecho penal (y, por tanto, al sistema punitivista) para afrontar problemáticas sociales y, más precisamente, para perseguir y criminalizar a las putas, en clara demostración del funcionamiento patriarcal de la justicia.

Siguiendo el mismo lineamiento, Brune escribe: “Malú son todas las putas que hoy están presas. Lo confirmamos cuando vemos las estadísticas de las personas condenadas por el delito de trata de personas: casi la mitad de ellas son mujeres, mientras que en todos los demás delitos, sólo una de cada diez personas lo es”.

Desde AMMAR denuncian en su comunicado el aumento de la criminalización de la pobreza y la persecución a los sectores vulnerados de la población.

Con esta lógica punitivista, el delito de trata de personas no disminuye, mientras que sí se vulneran los derechos de mujeres trabajadoras, muchas de ellas madres solteras y sostenes de hogar.

Por otra parte, las cárceles se llenan de mujeres pobres, mientras que los verdaderos responsables y sus cómplices en los altos cargos de poder continúan libres e impunes.

Mientras tanto, las putas ponen en marcha mecanismos de acompañamiento y de la denominada “zorroridad”, y son claras en su manifiesto: “Las putas que mandaste presas van a volver”.

Imagen:
Cuenta de Instagram del Sindicato de Trabajadoras Sexuales.

No se nace feminista

El pasado viernes comenzó el ciclo «No se nace feminista», donde desde LatFem, un medio de comunicación feminista, proponen armar distintos debates con la participación del público y un panel de invitados.

En esta primera edición, titulada «Justicia, sobrevivientes y víctimas», se abordaron problemáticas que pasan por las carencias del derecho penal, la persecución de trabajadoras sexuales, la criminalización del aborto y la violencia institucional.

Este encuentro contó con tres invitados: Mario Juliano, juez de Necochea y director de la asociación Pensamiento Penal y de la organización Víctimas por la Paz; Georgina Orellano, trabajadora sexual y directora de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas); y Sabrina Cartabia, abogada y miembro de Red de Mujeres y el colectivo Ni Una Menos, y militante por el derecho al aborto. 


«Feminismo no es punitivismo» comenzó diciendo Florencia Alcaraz, periodista de LatFem y encargada de moderar el debate, en referencia a la tendencia a solucionar todas las problemáticas sociales recurriendo al código penal. Además, explicó que si bien hubo un gran avance en cuanto a normas y ampliación de derechos para los grupos oprimidos, esos avances no llegan a la justicia donde se sigue reclamando que haya una perspectiva de género.

Tras esta introducción, Georgina Orellano contó una situación que afectaba a las trabajadoras sexuales de la zona de Constitución: un grupo de chicos que merodeaban por la Plaza Garay todas las tardes hostigaban a las trabajadoras sexuales de la zona con comentarios transfóbicos y discriminatorios, e incluso les robaban sus pertenencias.

«Nosotras tenemos una postura hace mucho tiempo de no resolver nada con la policía, tampoco resolver estos problemas a través del derecho penal. Sabemos que el derecho penal que tenemos es machista, patriarcal, clasista y por sobre todas las  cosas es selectivo. Las víctimas que selecciona son de los sectores populares».

Desde AMMAR, tomaron la iniciativa de averiguar de quiénes se trataba y ver qué se podía hacer. Eran chicos de entre ocho y catorce años que no concurrían a la escuela y eran maltratados por las fuerzas policiales. Más adelante, descubrieron que eran parte de una murga barrial y decidieron acercarse para plantear una solución en conjunto.

Armaron un taller en el cual las trabajadoras agredidas estuvieron presentes y donde se les habló a los chicos sobre cómo usar un discurso inclusivo, sobre la ley de identidad de género, la problemática de las trabajadoras sexuales y el hostigamiento por parte de la policía que también los afectaba a ellos.

«Es muy difícil pensar y salirnos un poco del sistema penal y buscar otra estrategia. Quienes estamos siendo perseguidos por el derecho penal, claramente sabemos que no es la solución y que hay que buscar alternativas. (…) Estamos pensando otra cosa y estamos saliendo de la lógica del sistema. Me parece que eso es una enseñanza y algo que tenemos que comenzar a utilizar como herramienta».

También habló sobre el prejuicio que tiene la sociedad en relación a la maternidad y las trabajadoras sexuales. Lo ejemplificó con el caso de Brenda, una trabajadora sexual de Río Negro que denunció haber sufrido violencia de género y fue denunciada por su agresor por ejercer la prostitución, a raíz de lo cual perdió la tenencia de su hijo tras una decisión arbitraria de la justicia.

A pesar de haber dejado de ejercer el trabajo sexual en pos de recuperar la tenencia, Brenda no puede ver a su hijo hace ya tres años.

«La trabajadora, a diferencia de otro sujeto político, lo que tiene es la condena social. Ser puta y ser madre no encajan en la sociedad. O sos una cosa, o sos la otra».

Entre las preguntas, surgió la posibilidad de llevar a cabo un debate dentro del feminismo sobre las distintas posturas que hay respecto del trabajo sexual.

Se hizo mención al «miedo a la discusión» y la necesidad de encontrar un gris dentro de estas posturas para buscar una solución que no lleve a deslegitimizar las distintas realidades dentro del trabajo sexual sino a la lucha por derechos para las trabajadoras sexuales y alternativas laborales para quienes quieren dejar de ejercer la prostitución.

«Así como escuchamos con respeto cuando se puede sentar una compañera que fue víctima de trata y totalmente abrazar esa causa, también tenemos que tener el mismo respecto y legitimar cuando una mujer dice que se reconoce como trabajadora sexual y se quiere jubilar como tal y eso no nos tiene que interpelar.

Nos tienen que interpelar las condiciones en las que tenemos que ejercerlo. (…) No la decisión que las mujeres tomamos con pocos recursos, con pocas opciones, con limitaciones. (…) Lo que nos tiene que interpelar son las vulneraciones de derechos».

Mario Juliano, por su parte, fue interpelado para hablar sobre selectividad del sistema penal, que pareciera tener una tendencia a la persecución de los hombres de clase baja, que están marginalizados. Declaró que un 95% de la población en cárceles y tribunales son hombres y que, a pesar de los avances en cuanto a legislación, los conflictos sólo se profundizan.

«Estamos absolutamente convencidos que la vía es la de la resolución alternativa de conflictos. De restituirle el conflicto a sus verdaderos protagonistas. El camino de la mediación, la conciliación. La demostración de que a través de la palabra, del encuentro, de la empatía, de ponernos en el lugar del otro de modo recíproco, podemos encontrar soluciones mucho más creativas de las que podemos dar desde el sistema penal».

«La sociedad, lejos de alguna creencia un tanto estereotipada, está en condiciones de dar respuestas mucho más sensatas a los conflictos que las que hacemos desde el derecho penal».

Sabrina Cartabia habló sobre la violencia institucional, planteándola no solo desde el lado de las fuerzas de seguridad sino también desde el sistema de salud que de manera constante criminaliza y maltrata a las mujeres, en especial cuando de maternidad se habla. Hizo énfasis en la forma continua en que se castiga a las mujeres que abortan, que deciden salirse de un estereotipo y niegan que toda mujer deba ser madre.

«Se investigan en Argentina los abortos espontáneos. (…) Es muy común, por ejemplo en Salta, Santiago del Estero, San Juan, que salgan noticias que dicen: «Llega mujer a hospital público con aborto en curso. Se le da aviso a la policía, queda detenida. Se investiga».

Otra noticia después que dice: «Al final era un aborto espontáneo». Pero eso es muy grave. Se están criminalizando los procesos biológicos de las mujeres. Y el grado de violencia institucional que se ejerce ahí, que llega en muchos casos a la tortura, no es visto como tal».

Mencionó cómo el caso de Belén, quien fue condenada, maltratada por quienes dicen ser profesionales de la salud y mantenida presa dos años por un aborto espontáneo, fue tomado como bandera por el movimiento de mujeres para visibilizar la violencia institucional en el sistema de salud.

También habló de cómo, desde su lugar de abogada, elije usar el derecho penal como herramienta y no como la única vía posible para resolver conflictos, planteándole a las mujeres un abanico de posibilidades.

«Muchas veces la solución para un problema de violencia de género no está en judicializar el tema o pedir una medida de restricción de acercamiento, sino en las condiciones materiales en las cuales vive esa mujer. Eso sí es una cuestión de derechos.

Las mujeres, para salir y poder ser autónomas y vivir una vida libre de violencia, tenemos un conjunto de necesidades que tienen que estar satisfechas. Necesitás poder acceder a un trabajo, tener tu vivienda, tener un núcleo de contención. Son temas que involucran derechos y no tienen soluciones desde el punto de vista del derecho penal.

Hay una tendencia a querer solucionar todo con el Código Penal en la mano».

En cuanto a las leyes, los tres invitados estuvieron de acuerdo en que son un gran paso, pero nunca una solución absoluta. Dependen de la implementación de políticas públicas, debates de una sociedad que debe aspirar a ser más deliberativa y menos representativa, para no dejar en manos de la clase dirigente todos los debates.

«La ley puede ser no el punto de llegada, sino el punto de partida de un cambio social y cultural. Muchas veces tenemos como una especie de fetichismo legal, decimos que «vamos a cambiar la ley» como si fuera un conjuro mágico que solo por estar enunciada en un código va a cambiar las condiciones materiales de la vida de las personas que pretenden ser beneficiarias de esta ley».

Cartabia puso como ejemplo el aborto, que, si bien es legal en nuestro país desde 1921 por distintas causales, no garantiza que quienes estén amparadas dentro de estas causales puedan acceder al aborto. La realización de los abortos queda siempre en manos de los médicos, que son quienes deciden si realizarlos o no.

«Nuestros úteros quedan presos de un poder hegemónico, como un patovica del derecho al aborto».

Mencionó además cómo el movimiento de mujeres se puso al hombro la lucha por el derecho al aborto y logro bajar la mortalidad materna en el país, con un acompañamiento feminista y una difusión de información que terminó por lograr la creación de consejerías en instituciones públicas de salud.

Resaltó la importancia de la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral como parte de esta concientización de la sociedad que planteaban desde un principio en el debate: «La ESI es mucho más profunda que evitar embarazos no deseados y transmisión de enfermedades de transmisión sexual«.

Se puso el foco en su importancia en cuanto a la lucha de la discriminación hacia las mujeres. Se criticó la posición del Estado, que alienta el sistema punitivista y el agravamiento de las condiciones de encarcelación de los agresores como solución y no se enfoca en la implementación correcta de la ley, que puede funcionar para cambiar las condiciones de vida de las personas.

Florencia Alcaraz cerró el debate declarando que hay una sociedad preparada para enfrentar todos estos temas y resaltó la importancia que tiene poder llevar estos espacios de debate más allá del ámbito académico para discutir las problemáticas dentro del feminismo acercandolo así al feminismo popular que está emergiendo.

 


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