El trabajo no es para todes

Esta investigación se realizó en el año 2018.
Lamentablemente, la problemática sigue vigente para el colectivo trans.


«Que me den la oportunidad para demostrar que soy una persona con todas las capacidades que tiene todo el mundo. Oportunidad. Básicamente, oportunidad». Con este mensaje, Iván Puhlmann, un activista trans de 38 años, cerraba la entrevista en la Casa Trans.

Para el resto de las personas, una oportunidad de trabajo es mucho más posible, pero para el colectivo trans es difícil y complejo aun siquiera presentarse, pues la mayoría de las personas que lo componen no tiene ya sea los estudios básicos finalizados o, en su defecto, la capacitación y la experiencia para poder insertarse al mundo laboral.

Aunque haya una ley para el cupo laboral, es una ley invisible. Las personas entrevistadas en la Casa Trans coincidieron en que los trabajos que se les brindan desde el Estado son trabajos temporales, con menos de un año de duración. «La mayoría son contratados durante seis u ocho meses y después los despiden porque van con el cupo laboral trans para la foto. Después, cuando ya se terminó la propaganda, son despedidos», sentenció Iván.

«En algunas ciudades, de 300 mujeres trans, entraron 5 al circuito laboral. La verdad, no hay una estadística. Cinco mujeres trans no es un número para un cupo laboral. La ley de identidad de género en la Argentina solucionó un 30% de nuestra problemática. El otro 70% que es la inclusión laboral, educativa, de vivienda. Eso todavía falta».

Marcela Romero, activista trans de 54 años.
Imagen Archivo

Marcela, fuerte activista en Casa Trans en cuyo centro se realizan diversas actividades de apoyo, dio su punto de vista con respecto a lo que sucede en el colectivo sobre el tema. Indicó que la problemática de no poder ingresar al mundo laboral es consecuencia directa, además de la discriminación diaria desde la niñez hasta la vida adulta, de no poder terminar los estudios básicos. Muchas mujeres trans no tienen la oportunidad: «Una persona trans no tiene la misma vida que cualquier otra persona. Hay una barrera muy grande que no nos deja avanzar a todos los derechos: económicos, sociales, culturales, políticos. Eso no existe para la persona trans», comenta Marcela.

Asimismo, tampoco cuentan con prácticas laborales para poder ingresar, por los prejuicios que la sociedad tiene hacia estas personas: siempre han sido asociadas a la prostitución, la peluquería y no mucho más. Esto se puede corroborar a simple vista viendo en televisión cómo la mayoría de las veces que se toca el tema trans, es atado a prostitución y drogas.

«Nosotras, desde la niñez, vivimos como mujeres adultas. Las personas trans no tenemos niñez. Pasamos de ser niños a ser mujeres mayores. Hay una etapa de la vida que no podés decidir, no podés avanzar, no podés continuar el estudio. No es como cualquier persona, que estudia, trabaja e ingresa al circuito laboral».

Marcela Romero.

El colectivo trans está fuertemente estigmatizado por la sociedad. Al privarles su infancia, deben pasar a ser automáticamente una persona adulta, rebuscarse la vida sin apoyo de nadie. «Es tremendamente difícil poder ingresar a un trabajo, ni hablar del tema de la salud», cuenta Iván, quien al no tener un trabajo en blanco ni una cobertura privada, no puede tener acceso a la salud.

«Si me enfermo, tengo que ir a un hospital público. Si me quiero operar, a un hospital público. Y todos te dicen que no. Porque no hay profesionales, no hay cirujanos plásticos. Nos atienden mastólogos que de verdad no tienen idea de cómo masculinizar un pecho. Tratamientos hormonales. La ley dice que si no tenés una cobertura privada, te la da el Estado. Para que eso pase, es muchísimo trabajo y muchísimas vueltas. No tenemos acceso a la ley que nos ampara».

Iván Puhlmann.
Imagen Archivo

Historias fuertes, detrás de personas aun más fuertes. Personas con coraje y luchadoras a contracorriente, quienes siguen luchando por los derechos de todos, todas y todes.

Casa Trans está localizada en Av. Jujuy 1343 (CABA). Allí, se les facilitan a las personas del colectivo trans programas de inclusión social, programas de trabajo, capacitación; planes para completar la primaria y la secundaria, clases de computación y talleres de literatura; cuidadoras de la tercera edad y mucho más. Todo lo que pueda incentivar a la persona a que pueda tener y armar un buen CV para presentar. Además, se brinda apoyo a jóvenes a través de programas de niñez y adolescencia trans.

Imagen Archivo

Crónica de un Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No Binaries

Un fin de semana inolvidable, relato de la expresión política más inmensa y ninguneada de la historia. Sigue leyendo Crónica de un Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No Binaries

Una serie inclusiva para niñxs

«TRANSitando» es una innovadora serie animada de tres capítulos que aborda contenidos de la ley de educación sexual integral, incorpora las infancias trans y el lenguaje inclusivo. Esta producción destinada a niñxs de entre 4 y 10 años de edad propone una alternativa audiovisual para aprender desde la diversidad.

Cada capítulo desarrolla una temática de género específica: «Las partes íntimas», «No binarismo» y «Lenguaje inclusivo». Los personajes son cinco chicxs que viajan en un colectivo y, mientras interactúan, surgen cuestionamientos o conflictos. Aquí es donde aparece el sexto personaje, «ESI», quién guía a lxs chicxs en la resolución del problema.

Al final de cada capítulo, los personajes adquieren un nuevo conocimiento y ganan una «insignia mágica». Los episodios, que duran entre 2 y 5 minutos, están compuestos por dos partes: una animada con dibujos y otra de interacción con el público, conducida por Sofi, una nena trans.

El proyecto fue pensado por dos estudiantas de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Interpeladas por la perspectiva de género, proyectaron un material educativo que visibilizara al colectivo trans desde pequeñxs. Magdalena Ridiero Rossi, una de sus autoras, relató que «siempre intentamos ampliar los caminos de lxs niñxs más cercanxs, librarlxs de los estereotipos de género y fomentar las infancias libres» desde su militancia feminista.

En el proceso de investigación, las autoras evidenciaron la deficiencia de producciones inclusivas destinadas directamente a niñxs y ese fue el puntapié inicial para aceptar el desafío. A su vez, detectaron que infancias trans es un concepto nuevo en nuestro país, ya que la mayoría de las personas adultas no tuvieron una infancia libre, es decir, no pudieron ejercer su identidad de género autopercibida.

Aún hoy, con el avance en materia legislativa de las últimas décadas (podemos nombrar, además de la ESI, la ley de identidad de género), hace falta una profunda concientización dentro de la sociedad. «TRANSitando» se creó para facilitar el contenido de dichas leyes a educadorxs, xadres e hijxs en el ejercicio de derribar los prejuicios y la discriminación que sufre a diario el colectivo trans.

«Pensamos en la niñez como el momento en el que estxs sujetxs empiezan a aprender de todo lo que lxs rodea, son interpeladxs por los estereotipos de género, por desigualdades sociales y se forman para el futuro», justificó una de sus autoras en relación a la elección de lxs destinatarixs del material.

En todos capítulos se ve reflejada la necesidad de exponer otras formas posibles de vivir, ser y sentir. Lxs niñxs, como sujetxs de derechos, deben ser respetadxs en su diversidad. Es tarea nuestra como sociedad ampliarles el conocimiento sobre las identidades de géneros, las variedades de cuerpos y la deconstrucción del lenguaje como herramienta de transformación cultural.

La ley de educación sexual integral sancionada en 2006 en nuestro país es el material de lucha clave para educadorxs y niñxs. Su dimensión es integral, ya que abarca las sexualidades desde los aspectos biológicos pero, también, aporta al autoconocimiento. La ESI es «una nueva forma de vivir la sexualidad sin tabúes ni barreras; es motor político para romper con la familia tipo y las estructuras establecidas», expresó Magdalena.

Para alejarse de las animaciones tradicionales que, muchas veces, plantean historias vacías y se sostienen en estereotipos de género estigmatizantes, las estudiantas de Comunicación nos brindan un material audiovisual contrahegemónico. Así, todxs lxs niñxs serán interpeladxs por el enfoque de género y el respeto por la diversidad.

Capítulo por capítulo

«Las partes íntimas» aborda temas del cuerpo humano, la importancia del cuidado, el respeto por el propio cuerpo y por lxs demás. El personaje de Mimbi irrumpe en la aventura de lxs cinco chicxs dentro del colectivo, ya que sube con lastimaduras visibles en su cuerpo. Entonces, lxs niñxs plantean dudas sobre las diferentes partes que lo integran y ESI sube al micro para ayudarles a resolverlas y aprender sobre aquellas partes que sólo ellxs pueden ver o tocar.

En «No binarismo» se retoma el tema anterior y se muestran las diversidades corporales y a aquellas que no corresponden a una estructura binaria. Esta vez, Estéreo es quien plantea la incertidumbre y genera un debate con Sofi. Nuevamente, aparece ESI para ordenar la información y ayudar a lxs niñxs a conocer la relación y la distinción entre cuerpo y género.

Por último, se trata el «Lenguaje inclusivo», su utilización y la necesidad de su incorporación para que las personas trans tengan visibilidad y sean respetadas. Este capítulo comienza con un juego que se interrumpe por un problema de falta de comunicación entre lxs niñxs, ya que no logran entenderse bien. Esta vez, ESI es solo el nexo, ya que ellxs resuelven el problema. Al finalizar, todxs bailan, juegan y aprenden.

«TRANSitando» está disponible en YouTube para su plena difusión. Ambas autoras entienden que la circulación de este material tiene que ser ágil y práctica. Por ello, optaron por un formato claro y concreto para que intercambiar, transmitir y compartir estos conocimientos sea posible de manera rápida y extensiva a todas las personas.

 

Existimos y resistimos: adolescencias trans II

Para saber más sobre juventudes trans, te recomendamos leer la primera parte de esta entrevista: «Respetá mis pronombres».


Durante los últimos meses, una de las cuestiones más divisorias entre las ramas del feminismo en Argentina ha sido la presencia de personas trans en el movimiento. Las líneas interseccionales insisten en la inclusión de las mujeres trans por ser mujeres mientras las más radicales hablan de separar la lucha de las «hembras humanas» del transactivismo, subrayando la genitalidad como factor determinante y desconociendo la identidad de los varones trans.

final4
Iván

En esta coyuntura se alza el transfeminismo, rama a la que adhieren Lucian, Iván y Fede. «Pienso que la militancia se tiene que hacer con las personas trans y las pibas; con las transmasculinidades, las transfeminidades, las disidencias no binarias y las mujeres», afirma Lucian. El sistema patriarcal ataca todo lo que percibe como «femenino» o como antítesis de la masculinidad tradicional y en esa categoría entran las mujeres cis pero también las mujeres trans (que deben luchar para reafirmar su identidad femenina), los varones trans (que viven opresión sistémica porque no se reconoce su género y se feminiza su genitalidad) y las demás identidades disidentes (que pueden mostrarse con características codificadas como femeninas).

«No se puede luchar contra el patriarcado si no luchás codo a codo con todas las personas a las que oprime, que no son todas mujeres. El feminismo es la liberación del sistema patriarcal opresor y ese sistema cruza muchas identidades», explica Fede y resalta la importancia de llevar el transfeminismo a los barrios, al territorio. «El otro día, se acercó una vecina a mi espacio de militancia a preguntarnos qué era “ser no binarie”. Hay que poner en la agenda política y en el discurso a las personas trans. Que no nos nombren hace que no podamos construir».

Así comienza una de las tantas formas de violencia y opresión: con el silencio. El hogar es el primer espacio donde ser honestes sobre la identidad puede culminar en la marginación y la expulsión, mientras que el ocultamiento y la invalidación pueden deteriorar la salud mental a niveles trágicos. «Me pasa mucho que me da tanto miedo que la gente me ataque que no menciono mi género. A la única violencia a la que me expongo es a que me traten en femenino, solo para no tener que exponerme a violencia mayor», cuenta Lucian.

Las violencias continúan y se diversifican cuando las relaciones sociales se amplían más allá de lo familiar. La calle, las instituciones educativas, los centros de salud y de recreación, los espacios públicos y privados representan una amenaza constante cuando no todas las personas conocen la ley de identidad de género ni desean mostrarse empáticas con las personas trans.

Iván no realizó el cambio registral para rectificar su DNI. Aunque el director de su colegio aceptó darle un permiso especial para usar los baños del personal cuando él expresó sentirse incómodo en los baños binarios de alumnos y alumnas, una profesora intentó impedirle el acceso en varias oportunidades y lo humilló tratándolo en femenino al decir: «Ah, vos eras la que dijo una pavada de los no binarios y no sé qué».

final 8

La ley de identidad de género es clara al hablar de la obligatoriedad del trato digno, que implica el uso del nombre elegido y los pronombres correctos en todos los ámbitos, aunque la persona trans no haya tramitado el cambio registral.

«La situación más violenta que viví en público fue cuando fui al ginecólogo. Todavía no tenía el DNI rectificado y le expliqué a la secretaria que aunque ahí no decía Federico, ese era mi nombre para que me llamaran así. La chica me dijo que sí pero al rato el médico me llamó por mi deadname [nombre de nacimiento]. Cuando salí, busqué la ley y se la leí a la secretaria para mostrarle que tenía que cambiar mi registro. Me empezó a decir que no, que la lista del médico es otra cosa, que hablara con administración. Ahí me dijeron que no porque tenían un reglamento interno, pero un reglamento interno no está por encima de la ley. Me hicieron dar un montón de vueltas, tardaron más de media hora en atenderme, querían que yo me cansara y me fuera».

final-4
Lucian

El nombre es una parte intrínseca de las personas y una de las primeras informaciones que divulgamos al presentarnos. El llamado deadname («nombre muerto», en inglés) es el nombre con que se registró a la persona trans al momento del nacimiento, que suele cambiarse por el nombre elegido cuando se afirma el género correcto. Llamar a alguien por su deadname es una de las violencias verbales más comunes infligidas sobre la comunidad trans, ya que puede desencadenar pensamientos y recuerdos dolorosos de cuando la persona era forzada a ocultarse; es una manera de negar la identidad misma.

La elección de nombre es un proceso personal. Para algunes, como Lucian, el peso del deadname no es tan agotador. «Cuando nací me pusieron Luciana y por mucho tiempo pensé “Voy a llamarme Luciane porque es el inclusivo” [risas]. Al ser no binarie, me gusta la idea del signo de pregunta cuando termina. “Lucian”. Listo, termina ahí. Podría haber una a, podría haber una o, podría haber una e o cualquier cosa».

Para otres, es una transformación casi espiritual. Fede había considerado varios nombres que habían sido parte de su vida, como el que usaba para jugar de niño o el del primer personaje de ficción con quien se había identificado, hasta que notó que Federico siempre había orbitado su vida. «Fue una historia que se gestó sola. Yo ya tenía nombre, solo que no me había dado cuenta». También puede tratarse de una conexión mucho más emocional, como en el caso de Iván: «Cuando era muy pendejo, hacía básquet en un club. Mi primer crush fue uno de los pibes que jugaban conmigo y se llamaba Iván. No me puse el nombre por él sino por el recuerdo inocente de afecto infantil. Lo probé y lo sentí cómodo desde el principio».

Futuros cada vez más ciertos

Por la combinación de violencias que se ejercen sobre los cuerpos trans, el promedio de vida de las personas de esta comunidad no supera los 36 años. La falta de empleo formal, la prostitución, los crímenes de odio y las enfermedades (que suelen no tratarse a tiempo por evitar el sistema de salud maltratador) quiebran a la mitad sus posibilidades. Una parte muy importante de la lucha de la comunidad trans se orienta a revertir esta situación, para poder atreverse a soñar con una vida larga y plena.

Como tantes otres jóvenes trans, Lucian, Fede e Iván están a la mitad de ese pronóstico. Tienen sueños y futuros pensados, y el derecho humano de poder cumplirlos. Desde responsabilidades a corto plazo, como adoptar un perro o conseguir un trabajo, hasta proyectos que prometen años de esfuerzo. «Quiero estudiar Filosofía en UBA y ser profesor de nivel inicial, pero me interesa el trabajo en cárceles, en particular el tema de los jardines de infantes en las cárceles para niñes con xadres en situación de prisión y cómo se gesta la construcción de la personalidad en ese contexto», declara Fede.

Por su parte, Lucian piensa en poner sus dotes artísticas al servicio de su comunidad. «Quisiera dar cursos de manualidades, encuadernación, bordado, cerámica y esas cosas. Quiero darle trabajo a la gente trans, ofrecerles un espacio seguro donde puedan estar cómodes y conseguir ayuda, contención. A mí me pasó y agradezco mucho a mi casa de lesbianas a donde voy a hacer cerámica, Taller Limbo. Poder expresarme de forma artística sin tener que censurarme con mis pronombres me hizo mucho bien».

collage

Desde sus primeras organizaciones, las personas de la comunidad trans debieron cuidarse y sostenerse entre sí para sobrevivir frente a la hostilidad de las sociedades transfóbicas. Esa hermandad trans se mantiene hasta hoy: al hablar sobre personas que los inspiran y los representan, los tres coinciden en resaltar a sus compañeres, sus iguales. «Casi te diría que todas las personas trans que conozco», se ríe Iván. «Un compa trans, Osiris, me hizo mucho bien al alma. Cuando conté en Twitter que estaba en proceso de cambiar el DNI, me habló porque él había pasado ese proceso solo y se ofreció a acompañarme y apoyarme. Me hizo sentir que no estaba solo, no por la lucha en común nada más sino en el día a día», agradece Fede.

«Yo lo tomo para el arte porque dibujo y escribo poemas. Me inspiro mucho con mis compas: Camilo Dibuja, Ratatrola, Don Samuel, Iván del Conurbano, Mariano Camilo, Samuel Valentín. Tienen mi edad, están en la misma que yo y tal vez me leen un poema y me mueven el piso. Son compas que me inspiran a seguir adelante, más que nada», reflexiona Lucian.

«Nos une algo mucho más profundo», concluye Fede. El sentimiento de comunidad está vivo entre les hermanes trans. Tal como afirma Lohana en su última carta, «El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo».


Fotografía: Juana Lo Duca
Maquillaje: Lucía Rossi
Arte: Lucian

Cuerpos que no importan

Las esconden, las aíslan, nadie las conoce. Los travesticidios son silencio. Los travesticidios no aparecen en los medios, son otro tipo de víctimas. Muy pocos casos mueven el amperímetro de las redes sociales.

Según el observatorio «Ahora que sí nos ven», entre el 3 de junio de 2015 y 20 de mayo de 2019 hubo 31 travesticidios. ¿Dónde se vieron reflejados? En la realidad, el número es mucho mayor ya que no hay registros de todos los casos. El femicidio ha logrado la condena social pero con los travestidos no ocurre lo mismo: los casos quedan en la nada, sin nombres, sin cuerpos.

En lo que va del año, hubo 122 casos de violencia hacia el colectivo LGBTIQ+ (datos de MuMaLá), de los cuales el 76% fueron dirigidos a la comunidad travestis-trans. El 31% de los casos fueron travesticidios sociales, muertes evitables. No existe igualdad de condiciones para las mujeres si se dejan por fuera a las travas y las trans que día a día mueren como consecuencia de un sistema patriarcal que las oprime y mata.

Con el concepto de travesticidio no nos referimos solo a crímenes de odio, sino que también hablamos de muertes evitables que atraviesan al colectivo; por eso se dice que son sociales. La creación de esta denominación se debe adjudicar a Lohana Berkins, quien durante muchos años luchó para construir una figura que nombrase a estas muertes silenciosas.

Las travestis y las trans crecen aisladas de sus casas, de sus entornos afectivos. Son discriminadas en el acceso a la salud, la escuela, los estudios universitarios, el trabajo y algunos medios de comunicación que las vuelven a matar debido al mal tratamiento de los casos.

En el transcurso de los últimos meses de 2018 y los primeros de este año, cuatro travestis y mujeres trans fueron asesinadas sobre la ruta 4 en la provincia de Buenos Aires. A Laly Heredia, de 36 años, la mataron de un tiro en la cadera. Marilyn Sosa falleció tras ser atropellada en la zona.

Marcela Chocobar fue asesinada y descuartizada en el año 2015 en Santa Cruz. Su cuerpo nunca fue encontrado. Durante mucho tiempo, el Estado, la justicia y la policía intentaron que no saliera a la luz, que sus asesinos no fueran condenados y que el crimen no tuviera justicia. Este mes, la Cámara Oral Penal de Río Gallegos condenó a prisión perpetua a Oscar Biott, autor material del crimen.

Como estos casos, hay miles y miles todos los días. Hay odio y discriminación en las calles solo por asumir una identidad no cisgénero, hay dimensiones de violencia que operan de formas terribles sobre las cuerpas trans y el final es la muerte a temprana edad.

 

Te invitamos a la movilización este 28 de junio a las 17hs en Plaza de Mayo.


Fuente imagen destacada: Tucumanalas7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

#Reseña Colores Verdaderos: «Estoy buscando mi nombre»

Reseña colaboración por Denise Griffith


«¿Ven lo fácil que es empujar a la gente para convertirse en ataúdes,
y ponerles los nombres equivocados en las lápidas?».

Lee Mokobe, activista trans.

Colores verdaderos (Niña Pez, 2019), de Alejandra Decurgez, es una novela surrealista de dolor, crecimiento y ternura. Presenciamos la infancia y la adolescencia de Guillermo, quien se siente mujer (por lo que de ahora en adelante le llamaré la protagonista). Su infancia trascurre en la década de los ochenta y su adolescencia en los noventa; la autora reproduce perfectamente el lenguaje de esa época a través de las inquietudes y las expectativas de los personajes.

La historia está bien narrada, se cuidan los detalles que hacen que podamos meternos de lleno en lo que sucede. La trama evita el plano de lo escolar, en el que sí ahondan otras películas y libros, para centrarse en lo familiar y la interioridad, como el primer miedo en la niñez de la protagonista a desilusionar a su padre severo y su madre borracha, los O’Brien.

Nunca se nombra lo que es ser trans, solo se lo vive. Y nada más ni nada menos que dentro de una familia bien, dueña de domos. Es interesante que los domos sean cápsulas que, fácilmente, podrían representar encierros metafóricos.

Cabe destacar, por otro lado, la violenta masculinidad de Alejo para con su hermana y el resto de las mujeres. Decurgez desglosa el patriarcado de ese momento, no tan distante de hoy en algunos aspectos, a través de, por ejemplo, el diario de Matilde: «¿No te parece que es raro que no hablemos de Guillermo? ¿Que nadie lo mencione? Es como si nunca hubiera existido, ni siquiera es como si se hubiera muerto». Más allá de esta cita, en el diario se lee la soledad de Matilde como única mujer en ese ambiente tan hostil cuando su hermana no está.

Por suerte, no todo es miedo para la protagonista. Está la amistad con Fern, el descubrimiento del primer amor entre Don Capullo y el Musgo, las aventuras en el Italpark, la búsqueda de un nombre entre maniquíes: «Estoy buscando mi nombre. Y para eso necesito escuchar el viento, pero es demasiado ruidoso, no entiendo nada». Luego, una voz sabia que explica: «Lo que escuchás acá no es el viento, es la conversación del viento con la roca. Para escuchar lo que el viento tiene para decir hay que entrar, hay que estar en el viento, hay que ser una ráfaga». Colores verdaderos recuerda un poco a la hermosa película icónica La historia sin fin, con el plano de lo figurativo bastante presente.

Afortunadamente, Decurgez transmite el mensaje de que, aun con todo en contra, la protagonista logra armarse de fuerza en su travesía y hasta se descubre una verdadera sororidad entre ella y su hermana. Lectura recomendada.

Respetá mis pronombres: adolescencias trans

En este artículo se utiliza terminología propia de la diversidad LGBTIA+. Podés repasar los conceptos que desconozcas en nuestro glosario sobre género y sexualidad.


Palermo. Domingo por la mañana. Tres jóvenes trans se reúnen para hablar de sus realidades, del pasado, del presente y del futuro. Las infancias trans apenas empiezan a ser tema de agenda y hace quince años no disponían de las mismas herramientas que hoy para ponerle palabras a su sentir. Masculinidad, femineidad, binarismos y no binarismos. ¿Cómo expresar algo para lo cual no se tienen palabras ni referencias? Las personas trans no estaban en la televisión, no tenían espacio en las escuelas y mucho menos en la mesa familiar.

Lucian (20) se presenta como persona no binaria y usa pronombres neutros o masculinos. Federico e Iván (17) son dos varones trans no binarios, pronombres masculinos, gracias. Los tres coinciden en algo, sin titubeos: el género que se les asignó al nacer no era correcto.

«Un día, una amiga (ese femenino, con muchas comillas) del colegio dijo “¿No les pasa que les molesta que nos vean como mujeres, que nos digan que somos minas?”. Las otras dos chicas del grupo enseguida dijeron que no y yo me quedé pensando, “¿Sabés que sí?”. Nunca lo había pensado pero lo empezamos a plantear y tenía sentido. Nos fuimos descubriendo entre nosotros. Si él no me lo hubiese dicho, hoy yo estaría en la misma igual pero quizás no tendría las herramientas para ponerlo en palabras», relata Iván.

final2
Fede

No hay edad para el autodescubrimiento. Muchas personas lo saben de pequeñas, otras lo intuyen pero no lo pueden explicar y otras tantas se lo cuestionan en la adultez. Ser testigo del proceso de construcción ajeno ayuda a comprender la tormenta propia de dudas y curiosidad sobre la identidad, y es por eso que resulta vital normalizar y visibilizar las vivencias trans. «Hace años, no se usaba mucho el pronombre “elle” pero cuando lo empecé a escuchar más y empecé a ver personas que eran súper femenines e igual usaban pronombres neutros, igual eran válides, empecé a aceptarme y a verme como una persona válida», recuerda Lucian.

«Desde chico tenía problemas con mi nombre y mi cuerpo. Había algo que no me cerraba pero no tenía idea de qué ni por qué. Veía niños en películas y sentía que quería que me vieran así a mí. En todos mis juegos, yo era un varón y me llamaba Lázaro», afirma Fede. «Años más adelante, investigué, descubrí la denominación “bigénero” y dije “Bueno, creo que me pasa esto”. No fluctúo, hay una esencia mía que no cambia, pero a veces se expresa de una forma y a veces de otra. Me daba mucho miedo pensar en cómo sería mi vida si salía del clóset. Pensaba si me iban a odiar, si me iban a desear, si me iban a querer. Pero yo sentía la cosquillita de saber que eso era lo correcto».

En Argentina, la comunidad trans-travesti y les disidentes de género se mantuvieron como estricto tabú durante décadas, incluso cuando la diversidad sexual comenzaba a asomarse. El avance histórico se vio particularmente ralentizado por las nociones que nuestro país imponía en cuanto a cultura familiar y «estilos de vida correctos», pero estas ideas no eran más que un pensamiento propio de ciertos sectores que pretendían (y aún pretenden) predicarlos como verdades universales.

La cisnorma binaria no es universal y los ejemplos abundan. Les Hijras son una parte del pueblo hindú que existe desde hace más de mil años (las primeras leyendas que narran su origen desde lo divino datan del siglo IX) y se les considera personas de un tercer género. Durante siglos fueron venerades y admirades e incluso oficiaron como consejeres imperiales. En nuestro propio continente, diversos pueblos nativos norteamericanos reconocen hasta cinco géneros distintos y las personas no son juzgadas por su identidad sino por su contribución al desarrollo de sus comunidades. En estos y tantos otros casos, la llegada de los invasores colonizadores significó el comienzo de la opresión a través de la imposición de la ideología europea y cristiana que, al día de la fecha, domina en la mayoría de las culturas del mundo.

Repensar el género en comunidad

«Me sentía una masculinidad pero me daba miedo asumirme como tal porque no quería que la gente me viera como un chabón hegemónico. Si me asumía 100% como una masculinidad, iban a empezar a caer miles de estereotipos sobre mí. Hay algunos que sigo y con los que me siento cómodo, pero otros no. No soy eso», rechaza Iván.

final3
Lucian

La juventud trans hoy se plantea la esencia misma de qué es ser un hombre, una mujer, ambos o ninguno. Las construcciones de masculinidad viril y femineidad delicada se quedan cortas, pero en una cultura que todo lo codifica como femenino o masculino es imposible construir identidades enteramente aisladas de los estereotipos. «No se trata de perpetuar estereotipos sino de sentirme bien. Me puedo poner un binder [faja que se utiliza para aplanar la zona del busto] y ser más andrógine o pintarme toda la cara y dejarme el pelo largo lleno de rulos. Lo hago por mí, para vivir cómode», explica Lucian.

Existe una definición errada pero muy difundida de lo que significa ser trans: «Para ser “trans en serio”, se debe sufrir disforia». La disforia es un término patologizante que describe a las personas trans como personas que «creen que son víctimas de un error de la naturaleza y que están cruelmente encarceladas en un cuerpo incompatible con su sentimiento interno» y se utiliza para listar a la transexualidad dentro del capítulo sobre trastornos de la identidad sexual del famoso manual médico MSD.

Dentro de la comunidad trans-travesti, esta noción es cada vez más rechazada por haber sido una forma histórica de opresión y violencia médica. La disforia no es una faceta innata del ser trans, sino que se hace presente a partir de la mirada social: cuando una persona trans afirma su género real, la sociedad cisbinarista espera que cambie su cuerpo, su ropa, su comportamiento para alinearse con lo que entiende como «propio» de ese género. Si la transición no ocurre o la persona no logra «verse cis», empiezan los ataques que terminan causando esa disforia: «Tan trans no sos», «Lo decís porque está de moda», «Es una fase, ya se te va a pasar», «Que no te gusten los vestidos no significa que seas varón», «Sin vagina, no sos mujer».

Ser trans es, sencillamente, no ser del género que fue asignado al momento del nacimiento; no es requisito odiar el propio cuerpo ni preferir los estereotipos de un género sobre otros. El género es una vivencia interna, que puede o no reflejarse en la forma de presentarse ante les demás. Desde su experiencia, Fede admite que suele darse un intento de «adaptación» forzado desde lo cultural, porque muchas personas solo aceptan a las identidades trans y travestis cuando estas se adecuan en cuerpo y comportamiento a los estereotipos del género que la persona expresa.

final5

«A veces me quería poner un vestido y unos shorts que me quedan divinos pero, por ejemplo, con mis xadres no podía porque siempre tuvieron problemas para aceptarme como pibe trans y sentía que no podía hacer nada que les hiciera pensar que yo estaba “volviendo para atrás”. Tenía que ser el estereotipo de pibe macho. En el colegio, era todo muy buena onda pero siempre había un tono de duda, como si me preguntaran “¿Seguro que sos trans?”», recuerda Fede. «Quiero ser visto como un varón trans, que se note que soy varón pero no con los estereotipos cis. Me molesta que, para que la gente me vea como varón, me pidan que me cambie el cuerpo. Yo ya soy un varón, ¿dónde ves una mujer acá?».


¿Querés saber más sobre juventudes trans y feminismo, violencias y representación?

Segunda parte de la nota: Existimos y resistimos: adolescencias trans II


Fotografía: Juana Lo Duca
Maquillaje: Lucía Rossi

Mocha: un horizonte lleno de oportunidades

Mocha Celis es el primer bachillerato trans de Latinoamérica. Nació a finales de 2011 y en 2014 tuvo su primera generación de egresades en un país donde la comunidad trans no logra acceder a la educación con facilidad.

Fundado por Francisco Quiñones Cuartas y Agustín Fuch, el Bachillerato Popular Trans Mocha Celis funciona en el barrio de Chacarita. Actualmente, más de 130 estudiantes forman parte de la institución que funciona como una escuela de nivel secundario con un plan de estudios que dura 3 años. Además, ofrecen una articulación para poder terminar los estudios de nivel primario.

Mocha-Celis-680x365.jpg
El cartel que da la bienvenida a la institución.

En el año 2012, se sancionó la ley de identidad de género y gracias a eso el bachillerato logró el reconocimiento del Ministerio de Educación, lo que le otorgó carácter oficial para que, en el año 2014, su primera camada de egresades pudiera recibir un título oficial tras la finalización de sus estudios.

Según una investigación de la Fundación Huesped junto a la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), en el año 2013 (a un año de la sanción de la ley) un 66% de la población trans encuestada no había completado sus estudios secundarios.

Dentro de la currícula del bachillerato, se encuentra una materia llamada «Proyecto Formativo Ocupacional» cuyo objetivo es brindar a les alumnes las herramientas necesarias para fortalecer sus perfiles y poder ingresar al mercado laboral formal tras finalizar sus estudios. Muches de quienes integran el equipo de la institución pertenecen a la comunidad e incluso algunes están percibiendo por primera vez un salario en blanco.

A pesar de haberse hecho conocido como un «bachillerato trans», la institución es un espacio abierto a la comunidad. Hoy en día, solo el 40% de su alumnado está compuesto por personas trans. El resto de les alumnes pertenecen a distintas disidencias y todes son bienvenides a formar parte de la comunidad educativa de Mocha Celis.

Los lugares como Mocha Celis son espacios de inclusión que se encargan de brindar las oportunidades que el Estado debería garantizar en cumplimiento de la ley de identidad de género. Un Estado prácticamente ausente, a cargo de un gobierno que solo utiliza a la comunidad trans para hacer marketing pero sin dar oportunidades reales, sin llevar a cabo políticas concretas que ayuden a que este colectivo deje atrás la marginalidad y pueda, de una vez por todas, acceder a las mismas oportunidades que el resto de la sociedad.

La mujer que le dio nombre al bachillerato

La historia de quien le da nombre a este bachillerato popular refleja la desigualdad de oportunidades que la comunidad trans enfrenta a diario en nuestro país. Mocha Celis fue una mujer trans oriunda de Tucumán. No sabía leer ni escribir y tuvo que enfrentarse a la violencia institucional ejercida por las fuerzas de seguridad contra quienes ejercen la prostitución.

mocha celis
Mocha Celis, la mujer trans que le dio nombre al bachillerato.

«¿Por qué ponerle al bachillerato Mocha Celis? Porque Mocha no sabía leer ni escribir. Cuando llegábamos a las comisaría detenidas, ella siempre me pedía a mí que le leyera», contó Lohana Berkins en una columna del suplemento Soy de Página/12.

Mocha, como casi el 95% de las mujeres trans de nuestro país, tuvo que ejercer la prostitución para lograr un sustento económico con el cual mantenerse. Sin acceso a la educación, al sistema de salud público y mucho menos a oportunidades laborales formales, la comunidad trans se ve marginada y prácticamente obligada a aceptar trabajos en condiciones precarias e inseguras, conviviendo con la amenaza de las fuerzas de seguridad que muchas veces (por no decir siempre) ejercen violencia institucional con quienes se niegan a ser parte de su sistema corrupto que protege a los clientes y a los llamados «puteros».

Días después de la amenaza de un sargento, Mocha apareció muerta en el Hospital Penna. La causa nunca prosperó y nunca se pudo comprobar que quien la había amenazado se había encargado de quitarle la vida. Mocha no llego a vivir en la época en que la comunidad trans tiene una ley que la protege, porque no la dejaron. Porque así como le arrebataron la vida, le habían arrebatado antes todas las oportunidades, solo por ser una mujer trans.

En febrero de este año, bajo la dirección de Francisco Quiñones Cuartas y Rayan Hindi, se estrenó el documental «Mocha: nuestra lucha, su vida, mi derecho», que cuenta la vida de quien le dio nombre a la institución, así como también la experiencia en primera persona de les estudiantes que a diario recorren las aulas de la institución.


Fuentes citadas:
Página/12
Relevamiento Fundación Huesped y ATTTA
Telam