«Julia»: un cortometraje para la visibilización trans

La actriz Daniela Santiago, conocida mundialmente por interpretar a La Veneno en la serie de los Javis (Javier Ambrossi y Javier Calvo), protagoniza un nuevo corto, escrito y dirigido por Miguel Ángel Olivares.

El cortometraje se estrenó el 29 de enero en España, Estados Unidos y Reino Unido entre otros países, por plataformas como FlixOlé, Filmin y Amazon Prime Video. Según un comunicado la distribuidora #ConUnPack, la entrada de este cortometraje en el catálogo de estas plataformas es un paso más en la visibilidad trans. Julia está producido por Gadol Producciones y el proyecto fue apoyado por el Ayuntamiento de Iznajar (Córdoba, España), además de la ONG Apoyo Positivo para la distribución y colaboración social y educativa.

La cinta recibió un galardón en los Premios LGTB de Andalucía 2020 (España), los cuales reconocen la trayectoria de asociaciones, personas e instituciones que luchan por la normalización del colectivo LGTBI+. Asimismo, a menos de un mes desde su estreno, Julia es el contenido más visto en el top 10 de la semana en FlixOlé, la mayor plataforma de cine español con un amplio catálogo de producciones LGBTIQ+.

Imagen Archivo

Julia está encarnada por tres actores: Eros Herrero, en el papel de un todavía Julián durante la infancia; Mario Boraita, como Julián en su adolescencia; y Daniela Santiago, Julia en la actualidad.

La actriz comentó para la Revista Shangay: «Julia transmite básicamente la trayectoria de una persona trans, desde que de niño ya sabe que es una niña hasta todo lo que tiene que luchar por conseguir su propia identidad y al final lo consigue y se transforma en una hermosa mujer. (…) Este proyecto es el segundo que hago dando visibilidad al colectivo trans. Un colectivo castigado y que poco se sabía de él. Gracias a estos proyectos y a directores que apuestan por ellos, la gente está más cerca de comprender lo que antes no entendían», explica la actriz, quien se dio a conocer por dar vida a la icónica Cristina La Veneno y que ahora se pone en la piel de Julia.

Su productor, Miguel Ángel Olivares, debuta como director con esta nueva producción, la cual nació como «una voz para el colectivo» y un arma para «sensibilizar a la gente» tras ver el incremento de ataques transfóbicos, según señaló en una entrevista a Europa Press. «Hablé con Daniela por teléfono y me emocionaron mucho sus palabras y su agradecimiento por acordarme de ellas, las mujeres trans», expresó Olivares, quien se inspiró en la propia historia de la actriz para la trama de Julia.

Si bien nos narra la historia de una chica trans de una forma única y muy íntima, también se puede apreciar que el director nos está exponiendo la travesía, desde una mirada de tolerancia y normalización que las personas trans pasan para tener su propia identidad, pues está inspirada en hechos reales.

Al empezar el corto se puede observar a Julia que, al ver su reflejo en el espejo, se traslada años atrás para revivir en imágenes el camino que ha seguido hasta llegar a ser quien es. Ella, en silencio, se mira ante el espejo y abre una pequeña caja que guarda desde su infancia. Es entonces cuando se ve como un niño que ya sabe que es una niña y desde ahí se narra todo el proceso doloroso que ha tenido que pasar para llegar a la actualidad y verse como es ahora.

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Imagen Archivo

Sin duda alguna, una recomendación imperdible que no lleva más de 3 minutos para mirar y que nos permite acompañar a su protagonista en silencio, invitándonos a su recorrido para llegar a ser quien es.


Fuentes:


Yo quiero ser nena

«Un día estábamos en el auto y creo que paró mi papá y yo le dije: quiero ser nena».

Es un sueño que tenía todas las noches: que cuando se despertaba era una nena y cuando se veía al espejo también, porque ella quería ser una nena.

Tiziana creció en Salta, Argentina, y con solo 10 años se convirtió en la niña trans más joven en obtener el cambio de documento de identidad en su provincia.

El camino hacia la búsqueda de la aceptación y la conformación de una identidad de género no binaria fue largo. Aunque Tiziana decía ser tímida, tímido en esos tiempos, logró abrirse al mundo y, principalmente, a su familia. Se sintió bien y logró continuar yendo al colegio con normalidad, pero su madre siempre se preocupó por ella ya que la imagen que reflejaba a los demás no se amoldaba a los estándares que la sociedad le reclamaba.

«No puede ser que su hijo venga con las uñas pintadas».

Aunque la madre de Tiziana sabía de sus deseos y de sus sueños, ser el sostén incondicional no alcanzaba. Admite que por dentro tenía miedo, porque siempre en la televisión «a las personas trans se las asocia con policiales y se las encuentra muertas o golpeadas».

La heteronorma en números

«En el descubrimiento de la identidad de género, lxs niñxs y adolescentes en general pueden fluctuar entre las expresiones de género de forma lúdica en el autodescubrimiento, para finalmente definirse como hombre, mujer, o no binarix (es decir, tomar varios, todos o ningunos aspectos de lo que significa ser hombre o mujer, rompiendo el binomio)». (Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la FALGBT)

Como la ley 26.061 de protección integral del niño reconoce, por la capacidad de madurez progresiva de les niñes, elles pueden definir a su identidad no en una edad exacta sino dentro del período de infancia-adolescencia en general.

Si bien el primer lugar de exclusión suele ser el hogar, también es importante que su entorno social y sus pares conozcan sobre diversidad sexual, para poder romper con la naturalización de esquemas sexistas delimitados que generan prejuicios, discriminación y violencia.

El sistema educativo, los académicos y los profesionales no están adquiriendo una formación conforme en cuanto a educación sexual y diversidad con las herramientas pedagógicas suficientes para actuar con la debida sensibilidad para que las personas no binarias no comiencen a forjar una personalidad dañada desde lo emocional o lo físico.

Conocer en profundidad la ley de identidad de género es vital a la hora de frenar la discriminación, sobre todo en la propia familia y las instituciones educativas ya que «la ley de identidad de género es muy clara con respecto al trato digno, especialmente en el caso de niños y niñas adolescentes», aclara María Rachid, dirigente social del área de derechos humanos y del colectivo LGBT argentino.

«El trato digno es una obligación de cualquier persona, institución, etc., hacia todas las personas, específicamente a niños-niñas adolescentes. Sin la autorización de nadie, se respeta».

Vivir como nena

YO NENA 2

«Para mí, ser gay, lesbiana o trans es normal, es ser LIBRE».

Tiziana, a sus 10 años, ya tiene una nueva partida de nacimiento y un documento de identidad que reflejan al fin su verdadero género.  

A la pregunta de por qué es importante para ella, responde que esto «confirma lo que siento y que soy una nena llamada Tiziana Sarai». Sabe que, a los ojos ajenos, es una demostración de quién es.

«Cuando recibí mi DNI, lo recibí como si fuera mi primer cumplido de nena y ahora lo tengo acá y es como mi placa».

Tiziana comenzó a repartir abrazos por todo el mundo. Fue la caricia después de tantos golpes.

«Es momento de que la sociedad reconozca que la heterosexualidad cis no es el único camino de ser, de sentir ni de amar y que esta normatividad sólo genera rechazo a lxs otrxs y a veces a unx mismx. Es una normatividad cultural y aprendida». (Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la FALGBT)

Cuando hablamos de que niñes y adolescentes puedan crecer libres de prejuicios y estigmas, pedimos por una sociedad más inclusiva, justa, equitativa e igualitaria. Porque no debería significar un logro obtener un DNI, aunque nuestra pequeña Tiziana lo visualice así. Todes deberían tener una infancia libre con pleno goce y acceso a los derechos, a los derechos de ser niñes sin diferenciar su género.

Por estar acostumbrados a la comodidad de su ignorancia, la madre de Tiziana responde que la principal causa a la violencia es la falta de empatía y la desinformación, cuando no se pide más que respeto aunque lo que vean no se amolde a los parámetros que consideran ordinarios.

Respetar pronombres y no cuestionar la expresión de género (cómo viste, qué nombre utiliza) son factores importantes a la hora de acompañarles, pues así les niñes se sentirán segures para desenvolverse, ser sí mismes y confiar en le otre.

Antes, Tiziana era una personita triste y, ahora, es una nena plena. Su madre dice que su hija no va a morir antes de los 35 años como dicen las estadísticas. Se va morir de vieja y, por sobretodo, feliz.

 


Fuentes:

Imagen: Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs

La tele que esperábamos prender

Con 40 capítulos en su haber, Cien días para enamorarse es hoy un programa ya consolidado en el horario central de la televisión argentina, que está transmitiendo nuevos mensajes, una forma distinta de crear contenido.


Con tonos humorísticos, pero también poniendo el foco en vínculos reales y problemas cotidianos que rompen con los ejes históricos, esta telenovela suma televidentes y seguidores en las redes al hacer circular temas que no habían sido abordados de esa forma: la lucha por la identidad transgénero es uno de ellos.

Esta creación de Sebastián Ortega, con producción de Telefe y Undertransmedia, nos acerca a la pantalla una ficción que da gusto mirar. Protagonizada por Carla Peterson, Nancy Duplaá, Juan Minujín y Luciano Castro, Cien días para enamorarse pone a debatir a adultos y jóvenes sobre temas que muchas otras producciones no tratan en prime time.

La tira comenzó en un tono de comedia, y capítulo a capítulo crece y toma su propio vuelo. ¿De qué trata Cien días…? Trata de la vida cotidiana, de la forma de vincularse, de nuevas generaciones de padres, de hijxs, de parejas, de amigxs que se dicen las cosas, que se apoyan, que se sostienen, que se pelean y que arman su propia dialéctica, donde prima lo afectivo por sobre todo el resto.

Entre esas nuevas generaciones de padres, aparece también representado otro tipo de hijxs. Y es que, todavía, algunas ficciones se anclan en lo que los viejos culebrones demandaban para la ficción: la lógica de una empleada que se enamora de lx hijx de o lx dueño de, que suele ser una persona que posee bienes y una identidad que aún no conoce. Además, en la mayoría de los casos, la pareja protagonista es heterosexual y estereotipada.

Todo esto es lo que Cien días… no tiene, y no representa.


Advertencia: a continuación se mencionarán eventos ocurridos en episodios ya emitidos actualizados a la fecha de publicación.


Maite Lanata representa a Juani, hijx* de Laura (Duplaá), Diego (Castro) y Coco (Rago). “Soy Juani, tengo tres papás…” y eso lx constituye, es un hecho fundamental que se pone de manifiesto. De esos padres recibe el apoyo, el amor y el cuidado para afrontar todo lo que desea afrontar.

*En episodios recientes se rompió con la incertidumbre de si Juani era mujer cis lesbiana o si iba a darse una transición para abordar su personaje desde la identidad trans heterosexual. Juani es un varón trans y se refiere a sí mismo con pronombres masculinos.

En una explosión de sentimientos, Juani le plantea a su mamá que se siente un varón. Que desde chico sentía que no encajaba, que no se sentía una hija, sino un hijo. Luego, se aborda la temática de género para ser explicada. ¡Y vaya si acertaron! Algo tan fundamental para los tiempos que corren: explicación, respeto y realidad.

Maite Lanata trabaja desde niña y acá se la ve inmensa en su actuación, en su credibilidad y composición para su personaje. Le da colores, matices, lo llena de amor y valentía.

Juani pone en evidencia lo que muchísimas personas atravesaron y atraviesan en la búsqueda y la constitución de su identidad. Las luchas diarias, el romper con lo establecido, las angustias de no poder ser ellas mismas, y al mismo tiempo la felicidad de dar el paso: decirlo, empezar a cambiar, recorrer un camino que es duro pero sabiendo que cada persona que quiera hacerlo, no está sola. Que hay quienes pueden acompañar y guiar el proceso. Y que, además, la ley las ampara.

Cien días para enamorarse viene a narrarnos que la afectividad no es lineal. Que hay amores, que hay disputas, que hay hechos que tienen consecuencias, pero que es desde el respeto, la diversidad y la aceptación desde donde se construyen los vínculos y la vida misma. Cada personaje (los protagónicos y los secundarios) ponen de manifiesto sus aciertos y sus errores. Muestran sus virtudes y sus lados menos empáticos, más confusos, más caóticos.

El equipo creativo se completa con Juan Gil Navarro, Jorgelina Aruzzi, Manuela Pal, Ludovico Di Santo, Michell Noer, Leticia Siciliani, Macarena Paz, Mario Pasik, Osvaldo Laport, Facundo Espinosa, Marina Bellati, Franco Rizzaro, Jeremias Batto Collini y Malena Narvay, entre otrxs. Lxs autorxs son Ernesto Korovsky, Silvina Fredjkes y Martín Quesada.

A todxs ellxs agradecemos un producto así, con temáticas con perspectiva de género, explicaciones sobre el aborto y lenguaje inclusivo. Correr tanto al hombre como a la mujer de roles estereotipado, y hacerlxs reales, de carne y hueso. Creíbles y humanos. Esta es, definitivamente, la televisión que queremos prender.

 


Feminista está alterada

Feminista está alterada, sí. Y no, no confunde nada.

Feminista está cansada de ser objeto de burla entre sus amigos que le dicen exagerada. Feminista se siente decepcionada cada vez que su papá dice “¿por qué no es #NadieMenos? Nos matan a todos por igual”, porque sabe que no es así. A nosotras nos matan por motivos muy distintos. Nos matan por ser mujeres, nos matan porque nos creen objetos, porque nos creen inferiores.

Feminista quiere aborto legal, seguro y gratuito porque no quiere que sigan muriendo más pibas en abortos clandestinos. Está a favor porque cree que las mujeres tienen que poder decidir sobre su cuerpo. Que no tienen por qué cargar con una vida dentro suyo nueve meses. También sabe que la vida no es una novela de Cris Morena, donde los nenes van a hogares y terminan felices porque los salva un millonario. Feminista quiere educación sexual en las escuelas, porque sabe que el cambio empieza por ahí.

Feminista se depila, o no. Feminista se deja el pelo largo, corto, rapado. Se tiñe de turquesa, se hace reflejos, ni siquiera se fija. Feminista se maquilla si quiere o vive al natural. Feminista usa pantalones, camisas, vestidos, polleras, tacos, zapatillas. Quiere vestirse sexy o salir en pijama. Feminista estudia, trabaja o es ama de casa. Es mamá de tres hijos o vive con su gata. Feminista tiene marido, novia, pretendientes o está soltera. Es monógama, swinger, y ama libremente.

Feminista quiere poder vivir su sexualidad sin tabúes. No quiere que la juzguen por no querer tener sexo o por tenerlo a montones. Feminista quiere que la respeten cuando dice que no. Muchas veces accedió a hacer cosas que no quería por miedo, pero ya no más. Si no hay consentimiento que no haya nada, dice hoy. Feminista sabe que su cuerpo es suyo, y que ella tiene la última palabra. Feminista puede tener tetas, concha y pito. Porque mujer no se nace, y feminista tampoco.

Feminista no excluye a lxs trans, porque son parte de la lucha. Tampoco a las migrantes, a lxs trabajadorxs sexuales, al colectivo LGBTIQ, a las abolicionistas. Aunque difieran en muchas cosas, todxs vienen buscando lo mismo. Tampoco excluye a las alienadas, porque aunque no se crean parte, el movimiento las abraza.

Feminista aún se está deconstruyendo. Se pone mal cuando nota que sigue reproduciendo algunos micromachismos. Se pone contenta porque ahora se da cuenta. Feminista está a tiempo de corregir muchas cosas y trata de aprender a diario. Feminista no quiere obligar a nadie a reconocerse como feminista, pero quiere que sepan que viven en una sociedad machista.

Feminista pinta catedrales, quema llantas y anda en tetas. Feminista escribe papers y da conferencias. Feminista habla en Intrusos o en un congreso de la ONU. Es escritora y también tuitera. Feminista puede ser economista, periodista, científica, ingeniera. Limpiar casas, atender locales o ser su propia jefa.

Feminista no odia a los hombres, odia al macho. Feminista quiere que sus hermanos levanten la mesa. Que sepan que una mujer no es su sirvienta. Feminista le enseña a sus hermanas que no son menos. Les cuenta de la lucha y lo que propone.

Feminista está enojada, pero también empoderada. Lucha por las que se fueron, las que están y las que aún no vinieron. Marcha, milita, canta y la agita.

“Abajo el patriarcado; se va a caer, se va a caer. Arriba el feminismo que va a vencer”.

Feminista no se va a rendir. Sabe que para cambiar el mundo se tiene que mover. A Feminista no le importa lo que pueda decir una columna en un diario masivo, porque ella sabe que la lucha va por otro camino.

¿Qué es el transfeminismo?

Para entender al movimiento transfeminista se debe comenzar por su etimología. La transgenerización es producto de una discordancia entre el sexo asignado al nacer y el género que siente la persona como propio.

En esta línea, la orientación sexual no está ligada con la identidad de género, ya que mientras la primera refiere a la atracción sexual, la otra es la esencia de la persona.

La corriente transfeminista amplía los sujetos del feminismo y abarca a otras personas también oprimidas por el cisheteropatriarcado, que no necesariamente han de ser mujeres. Este movimiento entiende al concepto de género como una construcción que se utiliza como mecanismo de opresión.

Asimismo, considera que el género actúa como un sistema de poder que limita los cuerpos para adaptarlos a un determinado orden social.

El transfeminismo pertenece a los denominados nuevos feminismos. Las primeras voces que se alzaron en esta corriente fueron las de Kate Bornstein y Sandy Stone, quienes escribieron el ensayo The Empire Strikes Back. En él, sus autorxs señalan que el siguiente paso en la evolución del manifiesto transgénero será escrito por la persona trans que no se avergüenza.

Entrevista de Equalize a Kate Bornstein (subtítulos en inglés).

En el 2000, se creó además la página web Transfeminism.org para promocionar el proyecto de transfeminismo de Diana Courvant y Emi Koyama, cuyo objetivo era introducir el concepto de transfeminismo en la academia.

En las últimas décadas, se puso en jaque la idea de que todas las mujeres comparten una experiencia común a partir de la participación de lesbianas y personas trans dentro del movimiento. La incorporación de nuevas voces resignifica al feminismo en sí y da origen al surgimiento del transfeminismo.

Lxs transfeministas esperan que sus experiencias sean reconocidas como parte del feminismo; es una de las principales controversias con el movimiento feminista radical. Sin embargo, tanto el feminismo como el transfeminismo defienden la liberación de los roles de género tradicionales al tiempo que luchan contra la biología determinista.

 

Deconstruirnos

¿Qué es aquello que debemos deconstruir? ¿Y por qué?

Para comprender a qué hace referencia el movimiento feminista cuando habla de la “deconstrucción de género”, es necesario primero entender qué es el género.

Aunque nos encontremos en el siglo XXI, lo cierto es que aún gran parte de la población cree –y  defiende– que el género está determinado por nuestra biología. Es decir: que nuestros genitales marcan nuestra conducta, personalidad, gustos, roles y vestimenta, entre otras cosas.

La definición correcta de género es:

“Construcción social (papeles, roles, comportamientos, caracteres, vestimenta y otros usos y costumbres) que pueden corresponder a una asignación sexual normativa (varón y mujer) o a otro tipo de construcción social no normativa”. (Asociación de Travestis, Transexuales y Trangéneros de Argentina y Federación Argentina LGTB)

¿Qué quiere decir que es una construcción social? Que, a diferencia de nuestro sexo, determinado por nuestras características biológicas, el concepto de género está basado en reglas de comportamiento o en una normatividad “construida” por quienes integran una cultura o sociedad.

Esto significa que no existe objetivamente una definición de género masculino o femenino, sino que va a depender de una sociedad en un tiempo y espacio determinados.

Una de las precursoras del término “género” fue Margaret Mead, una antropóloga estadounidense de los años 20.

En su ensayo “Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas”, explica que durante los estudios que realizó en distintas tribus descubrió que, en una de ellas, las mujeres se comportaban de forma amorosa; en la segunda eran brutas y violentas, y en la última los hombres tenían un comportamiento “femenino”, es decir, se preocupaban por su aspecto y realizaban las compras.

A partir de estas observaciones, postuló que el temperamento es innato e independiente de nuestro sexo.

Deconstruir el género implica, por un lado, abandonar los estereotipos de lo que entendemos como femenino y masculino: entender que el rosa no tiene por qué ser necesariamente “de nenas” y el azul “de nenes”, que el trabajo de la mujer no está ligado a las tareas domésticas o que el hombre no es menos masculino por cuidar de su apariencia o llorar en público. Es reconocer que existe una desigualdad entre los géneros que no es natural.

Por otro lado, es alejarse de los términos binarios –hombre y mujer– y abrirse a la gran diversidad de sexualidades y géneros que existen, como las personas trans, de género fluido, no binario, o del tercer género.

Judith Butler, una de las mayores referentes de teoría Queer, explica que nuestra sociedad está regida por la heteronormatividad. Esto significa que, en materia de sexualidad y género, quienes se encontrarían dentro de los parámetros «normales» son las personas heterosexuales y cisgenero.

El no encarnar el género de forma normativa o ideal supone arriesgar la propia posibilidad de ser aceptable para el otro; no ser considerado un sujeto pleno o real para los demás.

En un mundo donde el genitalismo sigue fomentando las desigualdades de género y la transfobia, la deconstrucción es la única forma de construir seres más libres.


Fuentes

Muestrans: el ciclo de arte trans ya va por su segunda edición

“Vivan las travestis artistas, que con su arte cambiarán el mundo. Solo el arte nos hará libres”, decía la activista Lohana Berkins. Esas palabras siguen vigentes y toman ahora corporeidad en un ciclo de arte trans que este sábado 23 de septiembre tendrá su segunda edición: Muestrans.

La primera edición de este festival tuvo lugar hace cuatro meses, el 13 de mayo. Fue un éxito rotundo, con una gran asistencia y, lo más importante, se constituyó como un punto de encuentro necesario para lxs artistas de la tantas veces relegada T del colectivo LGBTIQ.

Aquellxs que conforman Muestrans reivindican la importancia del arte como manifestación política y como una herramienta de comunicación poderosa. En el evento de difusión expresan: “Tenemos algo para contarles, desde nosotrxs mismxs que, además de ser personas trans, somos un montón de cosas más, por ejemplo: poetxs, músicxs, dibujantes, pintorxs, escultorxs, etcétera”.

Escritura Feminista entrevistó a Noah Almirón, artista, varón trans y organizador del ciclo de arte; porque sí, tienen muchas cosas para contar, y no dejan que nadie hable por ellxs.

¿Cómo surge el proyecto?

Yo participo de varios grupos de personas trans en Facebook y había notado que en varias oportunidades alguien subía un poema que escribía o subía un dibujo que hacía o una canción que cantaba y pasaba un poco desapercibida.

Como yo tengo una perspectiva artística de la vida, porque soy músico, empecé a notar esto y, con mi ganas también de tener un espacio para compartir las cosas que amamos hacer, para identificarnos con otras personas que hacían una actividad artística, quise que nos agrupemos y nos encontramos desde este lugar, nos conectamos desde este lado artístico que algunx que otrx teníamos.

Fue así que apareció el grupo Pubiz artistas trans. Empecé a invitar a todes en los grupos y se empezaron a copar; en quince días éramos ciento cincuenta personas. Comenzaron a compartir cosas alucinantes en el grupo y a la semana siguiente ya me habían ofrecido un lugar en Tierra Violeta con una fecha determinada. Este fue el horizonte, la meta fijada para organizar un evento.

Pensando en cómo hacer para encontrarnos, cómo hacer para organizar un evento, ya que yo no tenía experiencia con eventos ni de cómo una organización así, empecé a pedir orientación a gente que ya contaba con experiencia, a preguntar cómo se hacía. Todo se fue dando solo y fui aprendiendo en el camino con personas que se coparon y me enseñaron muchas cosas.

En dos meses organizamos el primer evento que fue hermoso y tuvo mucha repercusión. Todavía lo recuerdo con cariño.

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Imagen de la primera edición de Muestrans. Fotografía por Mariano Camilo.

¿Cuál fue la experiencia adquirida de la primera edición de la muestra?

La experiencia adquirida es muchísima, porque como decía, yo no tenía experiencia en hacer eventos de esta magnitud. Creo que me sobrepasó pero como esto es un encuentro colectivo y autoconvocado, independiente y horizontal, y como existía una necesidad de crear un espacio en donde expresarnos y visibilizarnos, hubo un gran empuje de todes quienes fueron parte de la organización.

Aprendí del punto de vista de todes, perspectivas diferentes de cómo hacer las cosas. Gente que, con su experiencia, transmitió ideas muy profesionales, prácticas y económicas: qué materiales utilizar para que las exposiciones fueran ideales, por ejemplo. Vas adquiriendo conocimientos y aprendiendo un montón.

Me he cruzado con personas que estudiaron iluminación y te dan sus puntos de vista o personas que han estudiado cine, curaduría o escenografía y aportan un montón a la propuesta. Me convertí en una esponja y estoy agradecido. Vas tomando el ritmo de cuánto te lleva hacer algo, cuánto cuesta, está buenísimo. Acumulás conocimientos mientras te vas relacionando con otras personas.

En la edición anterior, me hice amigo de Emma (Emma Harumi, música y DJ) con quien terminamos saliendo a tocar juntxs, y estoy armando una banda en la que participa una DJ que a su vez se relacionó con Emma para hacer un proyecto juntas. Eso es lo copado de la Muestrans: que vas haciendo redes.

También quisiera agregar como experiencia el poder conocer a más personas. Se han dado muchas situaciones en las que te das cuenta que esto era esencial, que lo necesitábamos y lo hicimos. Hace que sea hermoso todo lo que está pasando, absolutamente todo, tanto lo que se ve en el escenario como lo que está detrás.

En la Muestrans anterior hubo una visibilidad de los varones trans, que personalmente estábamos muy escondidos, muy alejados de muchos discursos, y la verdad es que ver a tantos expresarse fue hermoso.

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«¿Qué hacés acá? ¡El baño cis es el otro!». Fotografía por Mariano Camilo.

El ciclo de arte hace énfasis en hablar desde lo trans y no de lo trans. ¿Qué implica este cambio de perspectiva con respecto a la representación que se acostumbra a ver de este colectivo?

Nos referimos a que ser una persona trans es una de las tantas características que nos constituye como personas, es una cualidad más que tenemos, junto a las cosas que sabemos hacer, que amamos. Ser trans es parte de quienes somos, yo soy hijo, hermano, amigo, trans, músico, me gusta el café con leche mitad y mitad, amo el blues y así un montón de descripciones más de mi persona.

No necesariamente hablamos de la transición, sino que queremos resaltar otras cosas que nos hace quienes somos y eso es lo que queremos compartir. El hecho de utilizar el arte como medio de expresión y hacernos un espacio para exponer es un hecho político de por sí, porque ponemos nuestros cuerpos allí, organizando y hablando de nosotrxs mismxs. Con nuestras propias voces decimos quiénes somos.

Hablar desde lo trans tiene que ver con que nos molesta que otras personas hablen de nosotrxs sin atravesar la experiencia de ser trans. Entonces, antes de seguir quejándonos, lo hacemos nosotrxs mismxs: levantamos la voz y decimos ¡acá estoy!

Esa fue también la intención de la primera Muestrans: que fuera un evento exclusivamente organizado por personas trans y de géneros fluidos, y hacerlo un lugar de expresión.

Por mi parte creo que sale de una necesidad personal y el sentimiento era compartido con muchas personas que hoy son parte de la organización y las exposiciones.

Vas a notar que en los videos de presentación de Muestrans o en los panfletos no hay una corporalidad, porque creo que sería imposible poder englobar en una sola la palabra trans como la estamos utilizando.

Generalmente, cuando veo que se organiza un evento transfeminista o con temática trans, aparece quizá alguna imagen o corporalidad, que suele ser la de una mujer trans, en la que se hacen notorios los genitales, por ejemplo. Creo que inconscientemente al escuchar la palabra trans, la relacionamos con una mujer.

Claro que esto tiene algunas explicaciones: un recorrido histórico militante muy importante y referentes que han dejado su vida por la lucha de la comunidad trans. Pero la realidad es que cuando yo digo o escribo trans, esa palabra también me pertenece, y como varón trans no me siento visibilizado.

También es una responsabilidad mía la de hacerme notar en esa palabra como una transmasculinidad. Creo que esa idea de hacer flyers con corporalidades hay que cortarla un poco, porque nunca vas a lograr englobar en una sola todas las miles de identidades trans que puede haber.

Sobre todo, también queremos expresar que si bien existe un lado no muy feliz que tiene que ver con ser trans en esta sociedad binaria, patriarcal y machista, también hay otro lado. En lo personal, asumirme como un varón transexual es lo mejor que me pasó en la vida, con todas las letras. Y eso da ganas de expresarlo: que es hermosa la manada trans, en donde hacemos redes de contención, de amistad y de amor, por supuesto.

La segunda edición de la Muestrans, con más de 30 artistas y stands feriantes, tendrá lugar el sábado 23 de septiembre a partir de las 18:30 hs en Feliza, Avenida Córdoba 3271. Entrada: $50 (no excluyente).

T de Trans-gresoras

Desde Escritura Feminista, entrevistamos a Juan Tauil, director del documental “T”, que aborda las luchas de la militancia travesti en las épocas previas a la sanción de la Ley de Identidad de Género. Es un trabajo de cuatro años que entrelaza testimonios, discursos, cantos, risas y angustias de figuras como Diana Sacayán, Lohana Berkins, Marlene Wayar, Malva Solís y Susy Shock, entre otras.

“El cuerpo gay no cuestiona, en sí, el propio cuerpo. El cuerpo trans es ineludible”, explica Diana Sacayán con la suavidad particular de su voz, en un debate entre compañerxs activistas. El documental “T” (que también puede encontrarse como: «T, trava el que ve») habla de eso: de las cuerpas que son invisibles para el Estado, pero ineludibles para sí mismas y para el machismo que se empeña en violentar, marginar y discriminar. De las identidades que son transgresoras por existir fuera del binarismo, la heteronorma y lo cisgenérico, que colmaron (y colman) los barrios, las calles, las comparsas, los debates y todos los espacios en los que viven, aman y militan.

Estrenado en 2016 y dirigido por el músico y cronista Juan Tauil, con la participación de luchadoras travestis y trans de Argentina como Lohana Berkins, Diana Sacayán y Marlene Wayar, entre otras, el largometraje cumple el rol de un “álbum fotográfico”: une recortes de discursos, charlas casuales, viajes en micro, reuniones de militancia o entre amigxs. Son testimonios sobre el ser travesti en un país que logró la sanción de la Ley de Identidad de Género (Ley N° 26 743) en el año 2012, pero que sigue arrojando a lxs travestis y trans al limbo del desconocimiento y la inexistencia: al ignorarlxs, tampoco se legisla ni se ofrecen respuestas para ese sector, uno de los más vulnerados de nuestra sociedad.

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Marlene Wayar en intervención artística. Fuente: Documental T.

Las historias que transcurren en los 60 minutos de film dejan la certeza final de que la identidad no es algo natural ni individual, sino que es algo que se construye en comunidad. Bajo esta lógica parece estar tejido el relato: las voces narradoras varían, al igual que la realización de las tomas. Todxs participan en su construcción y no hay personajes pasivos, de la misma manera que no pueden distinguirse entrevistadorxs de entrevistadxs. En comunicación con Escritura Feminista, Juan Tauil opinó: “El trabajo conjunto es el espíritu de todas las luchas colectivas”.

Escritura Feminista: ¿Cómo fue el proceso de rodaje del documental? Da la sensación de que varias personas comparten roles y participación.

Juan Tauil: El rodaje fue de más o menos cuatro años, con tres años de edición solitaria. Las chicas me decían dónde iban a estar y yo, siempre listo, iba a registrar los acontecimientos. Creo que el  elemento que hace sentir esa idea de unidad de múltiples

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Juan Tauil, músico, cronista y director de «T». Fuente: Infojus Noticias.

voces es que la película es, en sí misma, una voz en off conformada por múltiples voces.

E. F.: ¿Podemos decir que es el primer documental travesti del cine argentino?

J. T.: No sé si será el primero o el único, lo que sí te puedo asegurar es que es el primer documental en el que miembras representantes del colectivo travesti hablan en primera persona, sin intermediarios. Dan a conocer en forma directa sus discursos políticos y sus trabajos artísticos.

E. F.: ¿Creés que el documental hoy pasó a ser, en parte, una suerte de homenaje a Diana Sacayán y Lohana Berkins?

J. T.: ¡Ojalá! Sería un gran honor que «T» se convierta en un homenaje a Lohana Berkins, Diana Sacayán, Malva Solís, Klaudia con K, Charly Darling, María Marta Leiva y a todas las chicas que no están más con nosotros, que sufrieron décadas bajo la violencia de Estados inhumanos que las descartaba fuera de los márgenes de la sociedad, condenándolas a 35 años de promedio de vida. También me gustaría que «T» sea un homenaje en vida al trabajo constante de Marlene Wayar, Daniela Ruiz, Julia Amore y otras militantes travestis y trans que luchan actualmente.

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Diana Sacayán acompañada de Graciela, luego compartir una charla y mates en un barrio de La Matanza. Fuente: Documental T.

Memoria Travesti

Este tipo de iniciativas constituye pasos gigantes para empezar a desmoronar la invisibilización de las identidades no binarias ni heteronormativas en lo simbólico y en lo social. Registrar la historia de los colectivos es dejar constancia de su existencia y de sus luchas, de sus angustias y de sus logros. “Yo trabajé el documental según un concepto del documentalista Patricio Guzmán, quien dice algo así: ´un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotos´”, explicó Tauil, y agregó: “La memoria de colectivos vulnerados es indispensable para poder hablar en un futuro de colectivos empoderados”.

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