¿Permiso para violar?

Una joven venezolana de 18 años de edad fue violada en su primer día de trabajo. Luego de tomar una bebida que su nuevo jefe le había ofrecido sintió mareos, por lo que pidió ayuda por mensaje de texto a su mamá. Cuando la policía llegó encontraron las puertas del local cerradas y adentro al dueño vistiendo a la joven inconsciente. El violador se encuentra en libertad.

Irineo Humberto Garzón Martínez es un comerciante que tiene un local de uniformes en Paso 693, Balvanera, provincia de Buenos Aires. Hace una semana, una joven encontró un aviso laboral en Facebook dentro de un grupo cerrado de personas venezolanas: pedía una empleada para un local de venta de uniformes. Ella comentó la publicación y recibió por privado una invitación de Garzón para cenar el viernes por la noche, supuestamente, para entrevistarla. Como se negó, él la citó el sábado a la mañana en el lugar de trabajo, no sin antes preguntarle si estaba soltera y si tenía los papeles al día.

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La madre de la mujer desconfió de la situación y le pidió la dirección del lugar y los datos del dueño. La joven comenzó a trabajar ese mismo día y tras aceptar un vaso de jugo empezó a sentirse mal y alcanzó a avisarle a su mamá antes de desmayarse: «Creo que el dueño de donde trabajo me drogó porque me siento mareada», escribió.

Publicación Revista Sudestada

La madre llamó a la policía y fueron hacia el comercio. Cuando llegaron, el local estaba cerrado al público y encontraron a la joven en el fondo mientras Garzón la vestía y limpiaba el lugar. Luego de darse a conocer la noticia, otra joven se comunicó con la familia de la denunciante para asegurarle que había vivido una situación similar con el mismo comerciante.

Otra vez, la justicia patriarcal

La jueza del Juzgado Criminal y Correccional N°15 de la Ciudad de Buenos Aires, Karina Zucconi, lo imputó por abuso sexual simple pero lo dejó en libertad considerando que no había peligro de fuga ni de entorpecimiento de la causa. A la hora de tomar esa decisión, también tuvo en cuenta que el denunciado no tenía antecedentes. Todos detalles cuestionables considerando que el acusado mintió sobre su domicilio, intentó fugarse cuando lo encontraron en su comercio y posee todos los datos de la denunciante gracias a la entrevista previa.

En una conferencia con distintos medios, la madre de la joven aseguró que su «hija está presa y el violador libre», dado que tiene miedo y no se anima a salir de su casa. Por su parte, el accionar de la jueza no es novedad, ya tuvo decisiones controversiales en otros casos como en el femicidio de Marianela Rago y el de Lucía Yaconis: ambos impunes. Las formas de la justicia patriarcal se repiten en reiteradas ocasiones, operan vulnerando y revictimizando a las mujeres.

Los derechos de las denunciantes no son vulnerados solo por la justicia patriarcal, sino que los medios de comunicación juegan un rol importante. Tras mediatizarse los hechos, se viralizó un video en el que se podía ver el momento en el que rescataban a la joven del local, filtrando su estado y las palabras que le dijo a su madre. Mostrar las caras de las personas agredidas y brindar información de sus vidas no son más que otras injusticias por las que ninguna víctima debería pasar.

No se trata de hechos aislados

Según datos brindados por el último informe del Ministerio de Seguridad, en el año 2019 hubo 5536 víctimas de violaciones y 16592 víctimas de otros delitos contra la integridad sexual; siendo las mujeres las principales agredidas en ambos casos. Además, explica que la tasa cada 100.000 habitantes de víctimas de delitos contra la integridad sexual registró un incremento de 28,9 % en el último año: de 38 en 2018 varió a 49,2 en 2019.

Mientras las mujeres comparten su ubicación y cuentan cómo están vestidas para que las puedan buscar si algo malo les ocurre, los agresores se encuentran en libertad. A la hora de ir a estudiar, salir con amigues y hasta buscar un trabajo, los cuerpos feminizados están expuestos a peligros que los demás no. El problema nunca fue la edad, la forma de vestir o el accionar de las víctimas, sino los violadores. Necesitamos una justicia y una sociedad comprometidas para erradicar el machismo en todas sus formas, sin tener que llegar a sus máximas representaciones: las violaciones y los femicidios.

Si sos víctima de violencia de género podés comunicarte a la línea 144 las 24 horas del día.


Fuentes:

Imagen de portada: Ni una menos


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Dinamarca: sin consentimiento explícito, es violación

El Parlamento de Dinamarca aprobó la nueva ley que califica como violación cualquier tipo de relación sexual sin consentimiento explícito previo entre las partes involucradas. La ley busca dar mayor protección a las víctimas de abuso sexual.

La ley, aprobada hace unas semanas y promovida por la primer ministra Mette Frederiksen, entró oficialmente en vigor el 1 de enero de 2021 y fue aprobada sin oposición ni abstenciones, fruto de una ardua lucha de supervivientes y de la presión de Amnistía Internacional.

«Que tengamos ahora una nueva ley de consentimiento significa un día revolucionario para la igualdad de género en Dinamarca».

Nick Haekkerup, ministro de Justicia.

Según el Ministerio de Justicia danés, en el país cada año 11.400 mujeres sufren una violación o un intento de violación y una investigación de la Universidad del Sur de Dinamarca calcula que en el año 2017 la cifra puede haber sido de hasta 24.000, pero la cantidad de denuncias y condenas es muchísimo menor. Se espera que esta ley proteja los derechos de supervivientes y garantice justicia.

Según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, 1 de cada 10 mujeres de 15 años o más habría sufrido algún tipo de violencia sexual. Tan solo 12 países europeos reconocen que las relaciones sexuales sin consentimiento constituyen violación. El último en modificar su ley fue Grecia el año pasado, mientras que España y Países Bajos anunciaron su intención de seguir este camino.

La nueva normativa supone un gran avance respecto a la antigua legislación, en la que los fiscales debían demostrar que el violador había hecho uso de la violencia o atacado a alguien que no podía resistirse para poder calificar los hechos como violación. A partir de la aprobación de la ley bastará con que la otra persona no haya manifestado claramente su deseo de mantener relaciones sexuales.

La influencia sueca

El país vecino que cambio su legislación hace dos años fue una gran fuente de inspiración para la redacción de la ley. Luego de la modificación en la ley sueca en el año 2018, la condenas por violación aumentaron un 75% respecto a las interpuestas con la legislación anterior.

En el artículo 36 de la ley se deja en claro que «el consentimiento debe prestarse voluntariamente como manifestación del libre arbitrio de la persona considerado en el contexto de las condiciones circundantes».



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«Rameo» o «chineo»: prácticas aberrantes contra niñas indígenas

«Las Mujeres Indígenas por el Buen Vivir se pronuncian contra el chineo, conscientes de que pocos y pocas saben de qué se trata esta práctica aberrante, sistemática y silenciada que padecen miles de mujeres y niñes pertenecientes a los pueblos originarios».

Hay costumbres y costumbres. Algunas nos enlazan con lo mejor del pasado y nos dan certidumbre para enfrentar el futuro. Pero otras, como el «chineo» o «rameo», son una muestra cruel de cómo ciertas prácticas culturales son aceptadas pese al daño que producen.

Lamentablemente, estas prácticas vienen de antaño y están muy arraigadas (como en el caso de la ablación genital en algunas partes de África e Indonesia). El chineo y otras prácticas atroces de iniciación sexual temprana en niñas wichís o de otras comunidades indígenas o vulnerables son una realidad. ¿Qué significa y en qué consiste esta práctica?

«Rameo» significa arrastrar, es decir, arrastran de los pelos a las niñas de las comunidades, en grupo o en solitario. Lo hacen como «rito de iniciación», práctica que fue incluso extendida a los festejos del Carnaval y que es vista como «tradición», al igual que la práctica que también sobrevive con el nombre de «derecho de pernada».

En el rameo, los varones blancos violan y luego devuelven a sus comunidades a jóvenes menores de edad sin ningún tipo de sanción. El chineo es una práctica aberrante, machista, sexista, violenta y criminal que lamentablemente se ha ido perpetuando a lo largo de los siglos.

Imagen Archivo.

Esta práctica se lleva a cabo, sobre todo, en el noroeste argentino. A lo largo de la historia, fue considerado una «práctica cultural» que existe desde hace siglos y continúa como parte de un odio de clase.

El chineo se sostiene en base a un doble juego de silenciamiento. Por un lado, los violadores amenazan a las niñas abusadas y, por el otro, en ciertos casos, se aprovechan de la necesidad y del hambre de las comunidades. Acuerdan intercambios de comida o apenas migajas para callar el abuso o los embarazos. Frente al abandono y desprotección del Estado, esos acuerdos terminan sucediendo.

Es por este motivo que el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir inició la Campaña contra el Chineo. Sobre el consentimiento de la práctica, la referente y líder mapuche Moira Millán informa que:

«La supuesta compensación es traerle una vaca a la familia o un pedido de comida. La gente piensa que la esclavitud es la producción de la tierra sin remuneración, pero la esclavitud acá también es el sometimiento y la opresión de los derechos».

Además, Moira encuentra en la cultura propia del varón indígena una explicación para el silencio frente a los abusos:

«A veces creo que el silencio y la complicidad de los varones indígenas tiene que ver con que no están dispuestos a renunciar al único privilegio que les quedó tras la conquista, que es el de ser varones. Existe esa complicidad entre hombres de subestimar y no validar el cuerpo y la vida de las mujeres».

#LaViolaciónALesNiñesIndigenasEsCriminal

Luego, explica que desde el movimiento que integra «estamos denunciando que no es algo cultural que se pueda justificar» y asegura que «hay impunidad, hay un doble crimen, el del violador hacia el cuerpito de las niñes y el silenciamiento social racista, que asume que es cultural y que está bien que los criollos que tienen cierto poder político y social violen a las nenas de entre 8 y 10 años».

A su vez, Noelia Chumbita, de la Nación Diaguita, indica que semejante delito es posible «por la impunidad, que lo disfraza de costumbre cultural» y destaca que a las actividades de concientización se le suma la búsqueda de «una ley para respaldarnos».

#BastaDeChineo

«Aparte de la concientización, es pedirle al Estado la protección de todas las hermanas que sufren estos hechos, el acompañamiento psicológico, el crear políticas públicas que puedan de una forma u otra sanar estas heridas», afirmó al referirse a la posibilidad de contar con una ley.

A pesar de los avances en políticas de género, el chineo a mujeres indígenas no aparece en las noticias y las comunidades continúan reclamando visibilización y respuestas por parte del Estado.


Fuentes:


De violador a mediático inimputable

En los últimos días, circuló un video en el que Rodrigo Eguillor abandonaba la prisión. Las redes sociales se llenaron de mensajes de indignación al enterarse de que el acusado de violación fue trasladado a un barrio privado para cumplir arresto domiciliario, mientras la justicia evalúa si puede ser juzgado o es inimputable. El caso sigue en el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 10, a cargo del juez Alejandro Noceti Achaval.

Eguillor es investigado por la violación de una joven en San Telmo en el año 2018. La acusación incluye los delitos de abuso sexual, privación ilegitima de la libertad, agravada por violencia de género y amenazas, además de daños y lesiones leves. A su vez, enfrenta cargos de amenazas tras agredir al personal —mujeres— de la Fiscalía Nº 22 a cargo de Eduardo Cubría.

La joven que lo denunció aportó un video, que recorrió todos los noticieros, en el que se la veía pidiendo ayuda desde un balcón. Luego de que se hiciera viral otras mujeres denunciaron que él las acosaba o que habían salido con él y se había vuelto violento. Antes de ser detenido realizó entrevistas en diversos canales de cable y cuando fue arrestado en Ezeiza circularon grabaciones en las que gritaba «Llamen a mi vieja», quien es fiscal del Departamento Judicial de Lomas de Zamora.

Dado que frente a la pandemia por COVID-19 no es paciente de riesgo —no posee patologías previas ni es mayor de 65 años—, no hay elementos que justifiquen el beneficio de prisión domiciliaria. Mientras tanto, la defensa argumenta que no puede ir a juicio debido a que sufre patologías psiquiátricas. El Cuerpo Médico Forense expuso que podría ser inimputable y lo examina cada tres meses. Eguillor estuvo detenido desde diciembre de 2018 hasta los primeros días de junio de este año.

¿Indigna que liberen a un abusador o que sea hijo de una fiscal y cumpla prisión preventiva en un country? La noticia puede ser vista como la gota que rebalsó el vaso de las injusticias: en menos de una semana, el Poder Judicial estuvo a punto de liberar al atacante de Fátima Aparicio, se utilizó el concepto de «desahogo sexual» en un juicio abreviado y se conocieron nuevos casos de femicidios.

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Si algo queda expuesto es que el poder y el patriarcado se unen para volver a someter a las denunciantes, quienes intentan dejar atrás esas situaciones en las que fueron víctimas para continuar con sus vidas. Desde las redes sociales se tejen tramas de lucha y acompañamiento en las que todos los días se difunden pedidos de ayuda y se denuncian casos de violencia de género pero es necesario que el Poder Judicial cumpla con su trabajo, para que violentos y femicidas no vuelvan a atacar.

No es un « tincho», es un varón violento

A fines de 2018 las cámaras de televisión perseguían y hasta entrevistaban a Rodrigo Eguillor, quien disfrutaba de sus minutos de fama. Incluso fue tendencia en Twitter, primero con su nombre, luego con las palabras «tincho», modo de llamar al estereotipo de pibe machista y de clase social alta y «Canning», por su lugar de residencia. No es un «tincho» ni un «nene de mamá», es un hombre acusado por violación, abuso y grooming. Destacar su clase social, su forma de vestir o el lugar en el que vive cambia el foco del problema: la violación.

El hecho de darle aire y visibilidad a un violento, aunque sea con la intención de enfrentarlo, puede volverse peligroso. Los medios de comunicación tienen gran responsabilidad respecto de a quiénes les dan voz y a quiénes no, porque eso genera modelos y modos de percibir el mundo que fortalecen una idea de imaginario social.

«No era una chica bien, era una negra de Ituzaingó», «No sé qué se meten las mogólicas con el pañuelo verde» y «No necesito violar a nadie porque tengo facha» son algunas de las frases que repitió el acusado por todos los canales. En todas están presentes la cultura de la violación, el machismo y el racismo. Es delicado que en los medios circulen mensajes que se alejan de una visión con perspectiva de género que entiende que, como afirma la periodista Susan Brownmiller, «la violación tiene muy poco de sexual y mucho más de agresión».

También es interesante analizar cómo sus dichos no son los únicos que se enmarcan bajo la cultura de la violación. Cada vez que un acusado de un caso mediático es detenido, es habitual leer o escuchar que se les desea que los lastimen y hasta se «alegran» por los abusos sexuales que sufrirán dentro de la cárcel, lo que sorprende e iguala la violencia con que estos personajes se manejan.

Los abusadores y los violadores, como es el caso de Rodrigo Eguillor, están en todos lados, incluso son entrevistados en los medios de comunicación. No son enfermos ni locos solitarios que salen a buscar su presa de noche y en descampados. No hay distinción de clase ni de edad para reproducir conductas machistas: son lo que se denomina hijos sanos del patriarcado.


El sufrimiento de Khadija

El mundo pide justicia por la joven marroquí de 17 años que fue secuestrada, torturada y violada por más de 10 hombres durante 2 meses.

El caso de Khadija Okkarou generó gran indignación y movilización en Marruecos desde que denunció haber sido secuestrada y torturada por un grupo de hombres. Se elevó una petición al gobierno del rey Mohamed VI para que se le brinde asistencia médica y psicológica a la menor y, además, se inició una petición en Change.org donde se puede participar dejando una firma.

«Un chico me violó primero. Luego, los demás, uno a uno. Mi vida está destrozada, no puedo ni salir a la calle, me sentí totalmente ultrajada».

Okkarou se encontraba en casa de su tía cuando un grupo de 13 hombres de entre 18 y 27 años irrumpió en el domicilio y la retuvo por más de un mes. No solo la drogaron y torturaron sexualmente, sino que también grabaron su cuerpo con marcas de cigarrillos, cortes, quemaduras y tatuajes, entre los que se encuentran insultos y una esvástica.

«Me tatuaron todo el cuerpo. Me desperté con los brazos doloridos y los tenía hinchados, pero no estuve consciente cuando me hicieron los tatuajes. Intenté escapar varias veces, pero siempre me atrapaban y me golpeaban. No me daban comida ni bebida y no tenía derecho a ducharme».

A pesar de la horrible experiencia, Khadija decidió alzar la voz. Frente a lo sucedido, no dudó en radicar la denuncia ante la justicia. Miles de marroquíes acompañaron su pedido y el próximo 6 de septiembre comenzará el juicio contra por lo menos 10 de los acusados, en la sala primera del Tribunal de Apelación de Beni Melal, encargado de los delitos más graves.

«Mi padre les había dicho que se rindieran y les prometió que no les diría nada a las autoridades. Pero fui yo quien les contó todo a los gendarmes. Quiero justicia y que paguen por lo que me han hecho«.

En las redes sociales, miles de personas se hacen eco del caso y piden justicia a través de los hashtags #JusticePourKhadija y #TodosSomosKhadija, en reclamo de una condena firme para los agresores y tratamiento gratuito para ella.

En 2017, la cantidad de casos de abuso investigados por el tribunal marroquí aumentó de 800 a 1600. Son números alarmantes, pero indican que cada vez más mujeres se animan a denunciar ante la justicia. Esto ha obligado al gobierno a abolir el artículo 475 del Código Penal, que permitía que los violadores no fuesen a prisión si se casaban con su víctima.


Fuentes

Violación y abuso: correr el eje de la mirada

La semana pasada, por declaraciones de la actriz Cecilia Roth se volvió a abrir el debate sobre el poder de los cuerpos. ¿Por qué se acusa a las mujeres de sufrir violaciones o abusos? ¿Cuándo es una violación o un abuso? Debemos correr la mirada, y seguir luchando para que el ojo se ponga dónde debe, y no ser cómplices de un sistema históricamente machista.

Durante una entrevista en el programa radial Perros de la calle, Cecilia Roth declaró haber sido violada.

Como de un tiempo a esta parte vivimos en un contexto en el que las mujeres se animan a hablar cada vez más, muchas personas que están del otro lado (léase: oyentes, televidentes, comunidades, lectores, etc.) cuestionan por qué dejar pasar el tiempo, qué gana quien lo cuenta; acusan de utilizar un hecho semejante para ganar fama o a cambio de algo.

Se toma al abuso o la violación como una mercancía que tiene su valor, su precio y su premio. ¿Asistimos acaso a la deslegitimación de la palabra? ¿A la burla, la risa, y la negación de lo ocurre todos los días? ¿Por qué? ¿Qué  significado cobra el cuerpo de la mujer, y la mujer  en sí misma, en un contexto social, histórico y político que (por lucha) está cambiando el paradigma en todos los sentidos posibles?

La actriz abrió el debate de lo que se pone en juego de forma permanente en los medios y en la sociedad cuando se tocan estos temas: cuándo un abuso, un acoso o una violación lo es como tal. Una vez más se pone el eje sobre la mujer, dejando abierta la duda implícita de si pudo ser “provocado” o “consentido” de la manera que sea, si fue una relación sexual consentida, por placer o por interés (según conclusiones que lanzan en redes quienes no sólo no tienen empatía, sino que además intentan defender y sostener una estructura que se cae a pedazos hace años).

Roth declaró que ella en Madrid fue violada por un periodista local. Que no recuerda el nombre, ni su cara. Era un amigo de su expareja. En un momento en el cual la actriz se sentía mal, porque la había dejado su novio, fueron a la casa de él y ella le dijo que no. Pero él insistió y “No es no, pero a veces parece que puede ser sí”, dice Cecilia.

Incluso va más allá; además de defender a Rita Pauls (también por su declaraciones sobre el acoso que recibió por parte de Tristán), apoya a todas las que se atreven a hablar y hace un planteo fundamental, en el que muy pocos quieren meterse: ¿qué pasa cuando el no lo dice la esposa, y su esposo quiere igual? Ese hombre que tenés al lado todos los días, y al que no sabés cómo decirle que no. ¿Eso qué es? ¿Cómo se llama?

A Roth, como era de esperarse, salieron a matarla por todos lados, sobre todo los usuarios de redes. Pero es muy interesante el planteamiento que ella propone, el repensar nuestras relaciones (actuales y anteriores) y revisar nuestra forma de vincularnos teniendo la matriz del machismo metida hasta lo más profundo de nuestro ser, esa que tenemos que combatir y erradicar.

Lo que Cecilia plantea no es ninguna locura; es la vida diaria de muches, es el NO entendido como histeria o como un sí encubierto, que tal vez encuentra como respuesta un «no me importa, yo sí quiero«. En definitiva, es eso. Cada vez que alguien se atreve a decir “sí tenés ganas”, “dale, sí querés” o “no podés dejarme así”, lo que quiere decir es que el goce que importa es el propio. Tus ganas, tu deseo está sometido a su persona.

Ese lugar es el que se nos ha dado por años. Desde la educación intrafamiliar hasta las escuelas, y cada discurso que atraviesa la sociedad. Ese lugar también es el que se le ha dado al “macho”, que puede convocar o rechazar, elegir cuándo va a suceder y decidir que quien tenga adelante tiene la obligación de satisfacer sus deseos y necesidades. Se trata de leer entre líneas las declaraciones de Cecilia, e ir más allá.

Otra mirada que nos lleva a comprender

Rita Segato, antropóloga, escritora y feminista con toda una vida de trabajo y dedicación a temas de violencia de género, expone diferentes puntos de su pensamiento para, una vez más, hacer pensar y poner en jaque lo que somos como sociedad.

“El violador también es alguien que tiene que mostrarse dueño, en control de los cuerpos. Entonces, el violador doméstico es alguien que accede a esos cuerpos porque considera que le pertenecen, y el violador de calle es alguien que tiene que demostrar a sus pares, a los otros, a sus compinches, que es capaz. Son variantes de lo mismo, que es la posesión masculina como dueña, como necesariamente potente, como dueño de la vida [sic].

Yo creo que aquel último gesto, que es un crimen, es producto de una cantidad de gestos menores que están en la vida cotidiana y que no son crímenes pero son agresiones también, y hacen un caldo de cultivo para causar este último grado de agresión que sí está tipificado como crimen… pero que jamás se sucedería si la sociedad no fuera como es.

Se sucedería en un psicópata, pero la mayor cantidad de violaciones y de agresiones sexuales a mujeres no son hechas por psicópatas, sino por personas que están en una sociedad que practica la agresión de género de mil formas pero que no podrán nunca ser tipificadas como crímenes».

Respecto de una justicia punitivista, agrega: “La eficacia material del derecho es ficcional, es un sistema de creencias, creemos que el derecho lleva a una condena. Pero claro que tiene que existir el derecho, todo el sistema legal, el debido proceso y la punición.

Lo que yo digo es que la punición, la sentencia, no va a resolver el problema, porque el problema se resuelve allá abajo, donde está la gran cantidad de agresiones que no son crímenes, pero que van formando la normalidad de la agresión. Ninguno tomaría ese camino si no existiera ese caldo de cultivo”.

Cambiar el eje, en eso estamos

Lo que intentamos cada día quienes que estamos en lucha es, justamente, romper-desmenuzar-reventar ese caldo de cultivo que Segato plantea con tanta claridad. Empezar a deconstuir de lo micro a lo macro. Desde esas palabras que provienen de los vínculos intrafamiliares, a las acciones y los discursos del sistema en todas sus maneras.

Los medios como uno de los factores más elementales y sistemáticos para la violencia y perpetración machista y heteronormativa; la educación en sus todas sus instancias para luego ver los ejes de la justicia que lleva siglos bajo las mismas normas y sus diversos aparatos de control.

Si bien el eje se está corriendo, y hoy en día se da espacio a poder hablarlo, se sigue culpando a la mujer y poniendo el ojo acusador en la víctima y no en el victimario. Es nuestra tarea romper con la historia en acciones y en palabras, para desarmar ese “caldo de cultivo” del que habla Segato.

Es decir, poder pararnos en un mundo que históricamente avala al hombre, y gritar: ¡acá estamos, no bajaremos los brazos! ¡Aunque la lucha sea diaria y agotadora! Por todes les que no están y les que sí estamos, queriendo la libertad y la equidad.

 

 


Fuentes consultadas:

http://www.conclusion.com.ar/info-general/una-falla-del-pensamiento-feminista-es-creer-que-la-violencia-de-genero-es-un-problema-de-hombres-y-mujeres/08/2017/

http://diariofemenino.com.ar/v2/index.php/2017/04/16/rita-segato-la-violacion-es-un-acto-de-poder-y-de-dominacion/

http://mercosursocialsolidario.org/valijapedagogica/archivos/hc/1-aportes-teoricos/2.marcos-teoricos/3.libros/RitaSegato.LasEstructurasElementalesDeLaViolencia.pdf

 

Año nuevo, machismo asesino viejo

El calendario marca el tres de enero. En la provincia argentina de Corrientes, el número coincide con la cantidad de mujeres que han sido víctimas de la violencia machista en lo que va del año: Irina, Karina y Gladis.

«Según el informe sobre femicidios en la Argentina realizado por MuMaLá, que deriva de un relevamiento de medios gráficos y digitales de todo el país, se produjeron 254 femicidios entre el 1 de enero y el 17 de noviembre de 2017».

Uno

Irina Daiana López, de 16 años, fue encontrada muerta en un inquilinato del barrio San Marcos, a las afueras de la capital correntina. Su cuerpo, marcado con huellas de violencia sexual en grupo, yacía junto a un colchón bañado en sangre. Tenía un bebé de seis meses, y la primera hipótesis plantea que murió desangrada a partir de un desgarro en la cicatriz de la cesárea, consecuencia de la brutal violación.

Vecinos declararon que la vieron discutir con su pareja, quien la siguió dentro de la habitación junto a otros tres amigos, y que escucharon los gritos de la joven pero no les prestaron atención porque “es común escuchar música fuerte o gritos, siempre están de joda”.

Al momento de publicación de este artículo, siete personas fueron detenidas, incluido el novio de la víctima. La policía secuestro preservativos ensangrentados y dinero de la habitación del crimen.

Dos

Karina Macedo, de nacionalidad brasileña pero residente de muchos años de la localidad de Curuzú Cuatiá, había desaparecido hacía 10 días. Su pareja, Walter Segundo, pedía ayuda a través de las redes sociales para encontrarla.

Sus vecinos, sin embargo, informaron sus sospechas a la policía tras ver a Segundo alterado, limpiando la casa de forma inusual y retirando de ella distintos “bultos”. Tras un allanamiento que concluyó con el secuestro de un cuchillo y rastros de sangre, Segundo confesó el crimen. El día martes 2 de enero, el cuerpo fue hallado debajo de un puente, descuartizado, con miembros faltantes, y calcinado.

Ambas causas fueron caratuladas como “homicidio calificado”, pero se espera que esto se modifique para explicitar el carácter de femicidio que revisten los crímenes.

Tres

Gladis Gutiérrez se encontraba en un local comercial en la ciudad de Corrientes cuando, tras una discusión, su pareja le disparó tres veces. Dos balas impactaron en un muslo mientras la tercera le acertó en el brazo derecho, con tanta fuerza que se lo fracturó.

La mujer se encuentra internada en condición estable en el hospital Vidal, y su vida no correría peligro, pero el brazo herido sí está comprometido.

 

En apenas tres días desde el año nuevo, la provincia de Corrientes casi iguala la cantidad de femicidios reportados en los medios de comunicación en todo el año 2017 (Observatorio Ni Una Menos).


El grupo Vivas y libres nos queremos #Corrientes se reunirá hoy, viernes 5 de enero, a las 10:30 hs. en la plaza Vera ubicada en la capital correntina. Podés seguir el evento aquí.

«Vemos con furia que no tenemos paz. Nos ponemos de pie y organizamos una convocatoria para sumar nuestros gritos al reclamo de «basta de matarnos, vivas y libres nos queremos»», expresa la invitación a sumarse a la protesta.

 

Terrorismo sexual

      “Además de puta, guerrillera” vociferaban los monstruos, mientras dejaban caer sus cuerpos calientes, llenos de odio e ignorancia, sobre los cuerpos indefensos de las mujeres que allí dentro habían perdido todo individualismo, y solo se consideraban cuerpos, así sin más, con dudas hasta de si tenían vida.

      “Además de puta, guerrillera” justificaba el animal, para nada racional, mientras atacaba con la violencia digna de un depredador que busca conquistar a su presa y así sumar victimas a su estante de trofeos humanos.

      “Además de puta, guerrillera” se terminaban creyendo las victimas de consecutivas violaciones. Era lo único que escuchaban, constantemente, junto con los gritos de agonía de sus compañeros.

El género y el factor biológico fueron agravantes durante el cautiverio en los Centros Clandestinos de Detención. Las violaciones sexuales, los abusos y las vejaciones fueron perpetrados de forma sistemática.

Esclavas sexuales

Por alguna extraña razón, estos simios con poder decidían a dedo limpio quien merecía un ¿mejor? trato, y así separaban a sus víctimas en dos grandes grupos: las que eran llevadas a departamentos privados con sábanas limpias, para que la humillación fuera menor (como si eso fuese posible), y las que eran esposadas a camas de chapa para ser violadas cuando les quedara cómodo.

De todas formas, una vez satisfechas las necesidades de los machitos, las de ambos grupos volvían a los grilletes, las esposas y el tabique.

Los abusos sexuales en los Centros Clandestinos de Detención no constituían hechos aislados, sino que conformaban una práctica habitual que se exteriorizaba, indistintamente, a través de diversas conductas.

Comenzaba con episodios como el momento del baño, donde los guardias las obligaban a desnudarse frente a ellos mientras reían y observaban sus cuerpos, gozando de ese morbo tan característico del disfrutar la humillación ajena.

Las violaciones carnales, donde introducían su miembro o algún objeto de similar apariencia en la vagina de la víctima, eran el final de aquellas vejaciones.

“[…] Yo tengo clarísimo que en ese momento pensé: ¿podrá aguantar una mujer que la violen siete hombres, uno atrás del otro? ¿Podrá el cuerpo? Bueno, si no puede, tendrá que poder. Yo tengo que resistir porque, si no, me van a matar” declaró una víctima en la causa ESMA durante el juicio oral en 2010.

 

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Un instrumento más del terrorismo de Estado

La abogada Analía Aucía, una de las autoras de Grietas en el silencio, un libro sobre la violencia sexual en la dictadura, declara que “los valores de una sociedad patriarcal se trasladaron y agudizaron durante la dictadura”, lo que transformó la violación sexual en “un mecanismo para reubicar a las mujeres”.

    “Esto lo podemos deducir porque las entrevistadas en la investigación nos trasmitieron el discurso de los represores, que les decían frases como ‘Mirá en lo que te metiste, si te hubieras quedado en tu casa, cuidando a tu hijo, no te hubiera pasado esto’. Estos dichos no aparecían en los varones cuando se los torturaba o se les aplicaba cualquier tipo de violencia”, afirma Aucía.

La sobreviviente y periodista Miriam Lewin considera que los delitos sexuales no solo tenían como objetivo la humillación o el quiebre directo en la mujer, sino que también eran una herramienta de disciplinamiento.

    “Muchas veces, las violaciones se hacían en público o de manera que los varones tuvieran conciencia de que eso estaba teniendo lugar. Esto está confirmado por muchísimos testimonios. Había mujeres que eran violadas delante de sus maridos o pared de por medio”, relató Lewin.

Delitos de Lesa Humanidad

En 2010, por primera vez, se consideró a las violaciones ocurridas durante la última dictadura militar argentina como un delito de lesa humanidad, en la sentencia que condenó a cadena perpetua al represor Gregorio Rafael Molina.

La Cámara Nacional de Casación Penal consideró culpable al ex jefe del centro clandestino La Cueva por ser “autor del delito de violación de forma reiterada”, entre otras cosas.

A su vez, dictaminó que las violaciones no hubieran ocurrido “de no encontrarse en aquella situación y amparándose en la posición del poder que detentaba”.   

La violencia sexual fue invisibilizada en los testimonios de la década de 1980 en la Argentina, ya que el relato se construyó en torno a la búsqueda de prueba a través del reconocimiento e identificación de personas que continúan desaparecidas.

Sin dudas la principal dificultad es la negativa de los jueces de instrucción a imputar penalmente a los señalados como responsables por delitos de violación sexual, y la falta de sensibilización de los operadores judiciales con respecto a estos temas.

De todas formas, las violaciones fueron solo otra de las prácticas deshumanizadoras que se instalaron en la última (y más sangrienta) Dictadura Militar Argentina.