¿Qué hacemos con los varones violentos?

Hace años se vienen dando debates sobre las consecuencias de la violencia patriarcal. En muchos ámbitos se ha logrado implementar estrategias de acompañamiento y protocolos de protección a las personas violentadas, pero todavía no sabemos muy bien qué hacer con los machirulos, los violadores, los que vulneran y violentan.

Tal parece que el punitivismo no es el camino. Los escraches han permitido visibilizar muchas situaciones que se escondían bajo la alfombra, e incluso han logrado que muchos, aunque por miedo a ser expuestos, piensen sus actos antes de hacerlos. Pero en otros casos, la cosa sigue igual y los pactos machistas siguen sólidos.

Las consecuencias para quienes se animan a denunciar dependen mucho del acompañamiento que se tenga, el acceso a la información y los espacios de contención, pero también sucede que las situaciones se conocen y nadie hace nada al respecto. ¿Por qué? ¿Qué estamos esperando? ¿Qué nos falta entender aún? ¿A qué tenemos miedo?

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Hace falta corashe

Existe una tensión in crescendo, que solo puede explotar si no se contiene de alguna forma. Los violadores, los abusadores, los violentos son nuestros familiares, amigos, compañeros, referentes, parejas, jefes. Y a pesar de que hubo un gran avance cultural de reconocimiento y deconstrucción en muchos ámbitos, todavía falta mucho.

Hablar del tema es incómodo, reconocer situaciones en las que hemos sido vulnerades es doloroso, acusar no es gratis ni fácil, pedir ayuda lleva tiempo. Esquivar el tema parecería la mejor solución en lo inmediato, cuando no se tienen las herramientas de abordaje, pero esto solo garantiza la impunidad patriarcal. ¿Cuánto tiempo más hay que esperar para dar las discusiones que tenemos que dar? ¿Algún día vamos a estar listes?

Los feminismos vienen dando batalla hace rato sobre esta problemática: con las líneas de varones, las organizaciones que trabajan con masculinidades y la implementación de la Ley Micaela, la necesidad de interpelar a quienes asesinan, violan y abusan es parte de la lucha por erradicar las violencias de género.

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Los resultados están a la vista. Los llamados a la línea 144 van en aumento, el Área de Asistencia a Varones Violentos se encuentra colapsada al punto que la lista de espera para recibir atención se extiende hacia 2022 y solo asisten mayormente quienes son obligados por la justicia.

Existe una demanda de abordaje integral de la cuestión de género, y eso incluye a las masculinidades. Desde la legislatura porteña se presentó el proyecto de ley «Repensarnos» para dejar atrás el punitivismo y buscar otras maneras de trabajar con quienes ejercen violencia patriarcal.

Es una iniciativa que invita, justamente, a repensar cómo plantear políticas públicas para emprender todos los frentes de una problemática tan compleja y arraigada en nuestra cultura.

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En casa no estamos seguras

La pandemia es una caja de resonancia que agudiza situaciones históricas de desigualdad. En este escenario las mujeres que sufren violencia intrafamiliar, especialmente aquellas que deben transitar el aislamiento obligatorio junto a su agresor, corren el riesgo de convertirse en las víctimas ocultas de la pandemia porque se dificultan sus posibilidades de denunciar así como el acceso a sus redes de contención.

En América Latina, en promedio 1 de cada 3 mujeres ha padecido violencia física o sexual en una relación íntima a lo largo de su vida. Además, de los 25 países con los números más elevados de femicidios, 14 están en nuestra región: nueve mujeres son asesinadas cada día. Una de las principales estrategias de control de los perpetradores de violencia doméstica es la de aislar a la víctima, es por eso que las mujeres nos encontramos resistiendo a dos pandemias letales: el Covid-19 y el machismo.

Según datos recogidos por Naciones Unidas, en Argentina, México, Colombia y otros países de la región, la violencia familiar contra las mujeres creció este año entre 30% y 50%. En nuestro país, desde la cuarentena obligatoria dispuesta como medida sanitaria contra el coronavirus, aumentaron los llamados a las líneas de ayuda por violencia de género y familiar: en la línea 144 recibieron un 40% más de llamados y en la 137 subió un 20%.

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¿De qué hablamos cuando decimos violencia de género?

En el año 1995, la Organización de las Naciones Unidas, definió a la violencia de género como: «todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada».

Esta primera definición de la ONU contempla los tipos de violencia física, sexual y psicológica, pero existen otras. La ley N° 26.485 sobre prevención, sanción y erradicación de las violencias contra las mujeres en todos los ámbitos en que estas desarrollen sus relaciones intrapersonales, nos da un marco teórico para comprender los diversos aspectos de la violencia.

La ley enuncia que se entenderá por violencia contra las mujeres «toda conducta, acción u omisión que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público o privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedando comprendidas también las perpetradas por el Estado o sus agentes».

La cuarentena que obliga a convivir a las mujeres junto a su agresor puede exacerbar los riesgos de violencia a partir de los siguientes factores:

  • Aumenta el tiempo de contacto entre la mujer y su agresor.
  • El estrés es mayor y las mujeres son las más afectadas por el cuidado de familiares durante esta pandemia.
  • La pérdida o disminución del contacto con las redes sociales (familiares y amigues) que pueden brindar apoyo y protección contra la violencia.
  • Otros servicios, como líneas directas y refugios, también pueden reducirse.

Además de las situaciones de daño físico (golpes, violación, femicidio), durante la cuarentena el distanciamiento social le permite al abusador ejercer otras formas de control y maltrato psicológico que incluyen:

  • Limitación al acceso a las noticias y otros medios, convirtiéndose en la fuente de toda la información.
  • Retención y ocultamiento de documentos, tarjetas de crédito y de obra social o medicina prepaga.
  • Control sobre las interacciones en línea o uso del teléfono celular para coartar su acceso al mundo exterior.
  • Justificación de tácticas de aislamiento basándose en la «seguridad» de la víctima.

El Estado es responsable

Con la intención de combatir la violencia de género en todos sus ámbitos, desde el Estado se crearon medidas como la implementación de nuevas vías de comunicación además de la línea 144, se permitió que las mujeres en situación de violencia pudieran circular en cualquier momento a pesar de las restricciones y hasta se realizó un convenio para que quienes necesitaban ayuda se acercaran a las farmacias y pidieran un «barbijo rojo».

Pero nada alcanza, las mujeres con o sin denuncias previas se encuentran desprotegidas frente a sus agresores que las hacen padecer todo tipo de violencias, humillaciones y, en el más extremo de los escenarios, las matan. Por su parte, programas como el de Educación Sexual Integral deben servir para educar desde edades tempranas a los varones en otros patrones socioculturales, varones que hablen a otros varones de estos temas, que no sea solo un tema de mujeres.

La pandemia silenciosa

Graciela, Ivana, Úrsula o Vanesa; Córdoba, Jujuy, Neuquén o Buenos Aires. Los nombres propios son intercambiables pero la situación es la misma: una mujer denuncia a su agresor, un violento que se cree que las mujeres son un objeto del que se puede disponer, una justicia ineficaz, un Estado ausente o con respuestas que no alcanzan, una mujer que pide ayuda desesperada y, finalmente, un femicidio.

En 2020 la pandemia no frenó los asesinatos por razones de género. Según el análisis de medios gráficos y digitales realizado por el Observatorio Ahora que sí nos ven, del 1 de enero al 30 de diciembre, ocurrieron 298 femicidios, 25 femicidios en el mes de diciembre. Lo que equivale a una mujer asesinada cada 29 horas.

Fuente: Observatorio Ahora que sí nos ven

Los datos nos vuelven a confirmar que quienes dicen amarnos son quienes nos matan, ya que en el 64,5% de los casos el femicida fue la pareja o ex pareja de la víctima. Respecto del lugar donde ocurrió el femicidio, en el año 2020 el 65% tuvo lugar en la vivienda de la víctima. Tal como venimos señalando, el hogar no es un lugar seguro para las mujeres.

El Observatorio Lucia Pérez, del medio de comunicación La Vaca, creó un mapa y un padrón colaborativo para brindar información acerca de la violencia machista. Los datos brindados muestra que en lo que transcurrió del año 2021 se cometieron 65 femicidios, 54 niñes perdieron a su madre y, en muchos casos, su padre es el femicida.

Precarizarnos también es violencia

La pandemia de Covid-19 ha profundizado la pobreza estructural de las mujeres en todos los ámbitos. La ONU calcula que unas 47 millones más de mujeres y niñas caerán por debajo de la línea de pobreza, revirtiendo así décadas de progreso para erradicar la pobreza extrema.

Este aumento en la pobreza de las mujeres se debe a que, en su gran mayoría, son ellas y las niñas quienes cargan con las labores de cuidados, haciendo aportes fundamentales para intentar enfrentar el virus. Además, la mayoría de quienes ponen el cuerpo por bajos salarios trabajando como enfermeras, docentes y empleadas de casas particulares son mujeres.

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Las tácticas de supervivencia que pueden desarrollar las mujeres en situación de violencia de cualquier tipo deben estar acompañadas por acciones externas de la comunidad, de las organizaciones que trabajan directamente con las mujeres en situación de riesgo de violencia y de las instituciones de todos los poderes del Estado (nacional, provincial y municipal) para que el mensaje #QuedateEnCasa no ponga en riesgo a mujeres y niñes.

Las mujeres no deberían ser las únicas que busquen soluciones. Para erradicar la violencia machista también es necesario el compromiso de los varones para construir nuevas masculinidades y transformar estas relaciones asimétricas de poder que sostienen un sistema patriarcal que nos explota, empobrece y mata.


Fuentes:

Imagen de portada: Canal Abierto


Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Un día de reflexión, concientización y sensibilización sobre una de las violaciones a los derechos humanos más persistentes en el tiempo.

Según la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer emitida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, la violencia contra la mujer es «todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada».

Dicha declaración expresa que la violencia dirigida hacia las mujeres puede tener distintas formas, entre ellas podemos encontrar: 

  • Violencia física.
  • Violencia simbólica: conocida como «madre» de todas las violencias porque contiene en sí misma otras violencias y porque está tan naturalizada que muchas veces no es percibida ni por las mismas víctimas. Como, por ejemplo, creer que por ser hombre se es mejor, que lavar los platos es cosa de mujeres o que existen razones para ejercer violencia física sobre una mujer solo por su condición de género.
  • Violencia psicológica: cualquier acción que tenga el objetivo de degradar a la mujer como personas o tratar de controlar sus acciones o decisiones. Por ejemplo, cuando se dice «No servís para nada», «Si te vas me mato», «Si me denuncias no ves más a tus hijes».
  • Violencia económica o patrimonial: se da cuando el hombre maneja los recursos comunes; cuando siendo el único sostén del hogar regatea los recursos necesarios para llevar una vida digna o cuando no aporta las cuotas alimentarias de hijes.
  • Violencia sexual: ¿Cuántas veces tuvieron sexo pero no querían, no tenían muchas ganas o no estaban preparadas pero les insistieron tanto que accedieron? ¿Cuántas veces las «apoyaron» en un espacio público? ¿Cuántas veces las tocaron sin su consentimiento? Hay muchas pequeñas acciones que no concebimos como violencia sexual pero lo son.

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«Los efectos psicológicos adversos de la violencia contra las mujeres y niñas, al igual que las consecuencias negativas para su salud sexual y reproductiva, afectan a las mujeres en toda etapa de sus vidas. Por ejemplo, las desventajas tempranas en materia de educación no solo constituyen el obstáculo principal para alcanzar la escolarización universal y hace cumplir el derecho a la educación de las niñas, luego también le restringe el acceso a la educación superior a la mujer y limita sus oportunidades de empleo».

– Naciones Unidas.

¿Por qué se conmemora un 25 de noviembre?

El origen radica en la necesidad de honrar la memoria de las hermanas Mirabal: María Teresa, Patria y Minerva, tres activistas de la República Dominicana que fueron brutalmente asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por oponerse al gobernante dictatorial dominicano, Rafael Trujillo, por defender la libertad y por combatir las injusticias. 

Las tres hermanas fueron conocidas como «las mariposas» y se convirtieron en un símbolo de lucha contra las violencias de género en el mundo. En 1981, a raíz de la huella que dejaron, en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe en Colombia se decidió reconocer este día en su memoria.

Actividades para generar conciencia y buscar la verdadera eliminación de la violencia

En este marco, el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación lanza la Campaña de Prevención de las Violencias por Motivos de Género de la mano de talleres de sensibilización sobre los distintos tipos y modalidades de violencias en la provincia de Buenos Aires, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Salta y Comodoro Rivadavia.

Se hará la firma de convenios para llevar adelante diversas acciones de fortalecimiento de las políticas de género y diversidad en las distintas provincias y municipios de la Argentina, la puesta en marcha del programa contra las Violencias Extremas en Tucumán, que se realizará en simultáneo en distintos puntos del país, reuniones con organizaciones comunitarias y un encuentro con mujeres de América Latina, entre otras actividades.

El martes se realizó el panel «La violencia basada en género contra las mujeres y niñas: la pandemia en la sombra» organizado por la Oficina Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres y en Córdoba hubo distintas reuniones sobre el fortalecimiento de las áreas de género; la situación de la comunidad LGBTIQ+ y mujeres cooperativistas, trabajo e igualdad. 

En el día de hoy hubo una jornada federal llamada «Argentina unida contra las violencias de género», que se llevó a cabo en 17 puntos de la provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Chubut y Salta con talleres de sensibilización. También se hará una intervención cultural a través de dicha Campaña Nacional sobre paredes de edificios emblemáticos, monumentos, lugares históricos y contextos de naturaleza para generar un diálogo federal. Al mismo tiempo, en Córdoba se hizo una reunión con las autoridades de las áreas de géneros de distintas facultades de la Universidad Nacional de Córdoba y en Salta otra con referentes de las áreas de género de la provincia.

Las actividades seguirán el jueves 26 con el IV Encuentro del Ciclo Beijing 25 años, experiencia y balance en «El cuerpo de las mujeres»; el primer taller de sensibilización con equipos de trabajo que hacen el seguimiento de mujeres y personas LGBTIQ+ en arresto domiciliario y/o en período de pre libertad y próximas al egreso; un Encuentro Federal con organizaciones del Programa Articular; se dará el Ciclo de charlas «Desafíos feministas para la Educación Superior», organizado por CONICET sobre protocolos contra la violencia de género en las universidades y la jornada finalizará con un encuentro de sensibilización sobre perspectiva de género para autoridades deportivas.

Para finalizar, el viernes 27 se cerrará con un evento presencial de capacitación en el marco de la Ley Micaela en la Honorable Cámara de Diputados y Diputadas de la Nación; el conversatorio «Aportes hacia una vida institucional libre de violencias de género. Ley Micaela y perspectiva feminista» y se iniciará el Ciclo de Encuentros para Periodistas sobre Violencia Simbólica

Por otra parte, en Tucumán se presentará un Programa contra las Violencias Extremas y otro de Acceso a Derechos, en una mesa con actores y actoras locales de la provincia para conocer el alcance de sus intervenciones y sus interacciones institucionales.

Promover la conciencia sobre las distintas formas de la violencia y reflexionar sobre los patrones culturales sobre las que se sostienen, así como los dispositivos que brinda atención, contención e información, como la Línea 144, son ejes fundamentales para avanzar en la eliminación de todos los tipos de violencia por motivos de género. Exigimos ni una menos.


Fuentes:

#Reseña After: entre visibilizar y naturalizar

«Una historia que nadie quiere que acabe y todo el mundo quiere vivir», manifiesta la contratapa de After, el libro de Anna Todd publicado en 2014 que en sus comienzos fue un fanfiction de Harry Styles. Lo curioso es que detrás de esas frases promocionales podemos leer entre líneas (y no tanto) una historia de maltrato y violencia camuflada bajo la promesa de pasión, fuego y amor.

After es todo un fenómeno de la era digital: con sus orígenes en la plataforma para escritores amateurs Wattpad, el libro saltó a la fama luego de obtener millones de lecturas, lo que le valió la edición en papel de los cinco tomos que completan la historia en 2014 y la adaptación a la pantalla grande en 2019.

La historia no tiene nada de otro mundo: Tessa Young, una joven estadounidense de clase media sin mayores problemas que una vida aburrida y una madre conservadora, empieza su primer año de facultad y conoce a Hardin Scott, un chico tatuado y rebelde que la sumerge en un supuesto amor «peligroso, rebelde e infinito». 

El conflicto del libro, sin embargo, no tiene relación con que haya surgido como un fanfiction (una historia creada por fans que toma a un personaje ficticio ya establecido o una persona real como punto de partida) ni con que, originalmente, el protagonista haya sido el cantante británico Harry Styles y el resto de la boyband One Direction. Su peligro reside en la reproducción de estereotipos anticuados y relaciones violentas que se entienden como amor real.

 La trama

Como adelantamos, la historia no trae más que clichés que se distribuyen en peleas, besos, sexo y más discusiones. Lo significativo es que el motor de la trama parecen ser, justamente, estas peleas entre Tessa y Hardin, con temáticas que siempre rondan lo mismo: celos, inseguridades y venganzas. 

El círculo vicioso se repite una y otra vez: los personajes se pelean con insultos y palabras hirientes que nada tienen que ver con el motivo inicial de la discusión. Hardín busca a Tessa, le pide perdón, le ruega por una nueva oportunidad y le dice que la ama; están juntos, Hardín la maltrata, se pelean…

En este tire y afloje, hay una cuestión más profunda que solo definirlos como una «pareja tóxica». Detrás de este rótulo, se reproducen discursos totalmente reales sin la más mínima crítica: la violencia psicológica, la normalización del maltrato, el hecho de considerar que todo es soportable si hay un «te amo» de por medio.

Como si no fuese suficiente, el libro está incluido en la categoría de «novelas románticas» dirigidas a un público infantojuvenil. Así, además de sentar precedente de cómo debe ser un amor «real», idealiza y romantiza a personajes como Hardin y a la dinámica de la relación entre la pareja principal, lo cual puede tener consecuencias peligrosas y traumáticas en la vida real.

Josephine Langford (Tessa), Hero Fiennes-Tiffin (Hardin) y Anna Todd en el estreno del filme.

Los personajes

Sin poner foco en las personalidades superficiales con arcos narrativos totalmente predecibles, en Hardin y Tessa se concentran estereotipos clásicos y machistas.

A simple vista, Hardin Scott es el badboy, inteligente y deseado, con un pasado traumático, que la juega de misterioso y no se relaciona afectivamente. Sin embargo, a través de los anteojos feministas, en Hardin se pueden percibir actitudes propias de un hijo sano del patriarcado, manipulador y violento.

De manera sistemática, Hardin muestra actitudes violentas y controladoras como agarrar a Tessa de brazos y muñecas para que le preste atención, humillarla e insultarla. Los puntos más bajos del personaje se dan en las peleas cuando, luego de romper todo lo que está a su alrededor, Tessa parece ser en quien descarga todas sus frustraciones y dificultades y a quien termina responsabilizando por hacerlo reaccionar así. Una versión literaria del «mirá lo que me haces hacer».

Por el otro lado, Tessa condensa un tipo de chica «especial y diferente» que se distingue de las demás por no usar maquillaje, no ir a fiestas y no ser «fácil» ante los hombres. Al estar la historia contada desde su punto de vista, leemos sus comentarios despectivos sobre la vestimenta y la forma de actuar de otras chicas con una misoginia interiorizada que desde el feminismo sabemos que es necesario repensar.

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Constantemente insiste en separarse del resto, lo que la lleva naturalizar el machismo expreso de Hardin así como a buscar razones de por qué quien dice quererla la humilla tanto. Tessa piensa y exige razones para entender qué hizo para merecer aquel temperamento, como si hubiese algo mal en ella y fuera su culpa que Hardin reaccione de maneras tan violentas.

Tessa confía en ese amor romántico, puro y eterno que tanto nos han inculcado y se lleva lo peor de este, sin siquiera notarse como víctima. Sus insistentes aclaraciones de que ella sabe cómo deben tratarla los hombres o que nunca se dejaría faltar el respeto como las demás refuerzan el mito de que solo las mujeres sumisas se dejan maltratar y que, por ende, es culpa de ellas por permitirse algo así, cuando sabemos que la violencia de género es mucho más profunda y que la culpa nunca es de quien la sufre.

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La película

After: Aquí empieza todo (2019).

En 2019 se estrenó en cines After: Aquí empieza todo, la adaptación cinematográfica de este primer libro de la saga, con las actuaciones de Josephine Langford y Hero Fiennes-Tiffin en los papeles principales y con la propia Anna Todd en la producción. Obtuvo reseñas negativas por parte de la crítica y una recepción comercial mixta, pero la suficiente para producir una secuela (basada en el segundo libro), estimada a estrenarse en Netflix Argentina en los primeros días de octubre.

La película muestra algo de sensibilidad con los tiempos que corren al desintoxicar y despojar a Hardin de sus actitudes machistas y constantes maltratos. Al mostrar a la pareja pasar tiempo juntos y llevarse bien, se construye una relación más sana de la que se percibe en el libro. De todas maneras, esto no salva la pobreza de la trama y la ausencia de interés que producen los lugares comunes en los que la historia cae una y otra vez, así como la superficialidad de sus personajes.  

El problema que sí atrae la película es el efecto rebote que vuelve a colocar en escena un libro que ofrece una versión extendida de violencia machista y maltrato naturalizado sin ninguna crítica aparente o toma de conciencia en el correr de la trama. Sumado a esto, al estar rotulado como novela romántica, es muy difícil hacer un verdadero análisis sobre las constantes muestras de maltrato que hay en el libro. Y que, en síntesis, es lo que lo hace aun más peligroso. 


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Violencia intrafamiliar en Madrid

«Las víctimas mortales a causa de la violencia de género en lo que va de año hasta junio de 2020 ascienden a 21».

Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad (España).

La violencia no da tregua. Una de sus últimas víctimas fue una niña a manos de su padre, en la Comunidad de Madrid. Tras agredir a su hija de 9 años y provocarle una fractura craneal por la que tuvo que ser operada de urgencia (aún continúa en estado grave), el hombre fue detenido por la Policía Nacional.

El suceso ocurrió el pasado 13 de mayo. Según la versión del padre, la pequeña se encontraba en su domicilio montada a una patineta eléctrico cuando se cayó al suelo y se golpeó muy fuerte la cabeza.

Imagen Archivo

Según la declaración de les xadres, la menor no presentaba lesiones aparentes, por lo que no le dieron importancia. Sin embargo, alrededor de las tres de la mañana, la madre escuchó una suerte de «ronquidos» provenientes de la habitación de la niña, donde la encontró inconsciente en su cama. Rápidamente dio aviso a los servicio de emergencia. La niña fue trasladada de manera urgente al hospital, donde fue operada debido a la gravedad de la lesión que presentaba.

La Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) de la Comisaría de la Policía Nacional de Móstoles tuvo conocimiento de los hechos el pasado día 16 de mayo, tras recibir un escrito de carácter urgente del juzgado de guardia. Este documento informaba que el juzgado ordenaba una investigación para esclarecer los hechos que pudiesen haber provocado las lesiones que la menor presentaba, tras haber sido informados por el hospital.

Los investigadores entrevistaron a les xadres, quienes mantuvieron la misma versión de los hechos, que había sido una caída fortuita mientras la niña montaba en patineta en casa, pero para los agentes este relato era «confuso y algo inverosímil», por lo que comenzaron una laboriosa investigación.

Ante la extrema gravedad de la lesión y la labor de investigación de los agentes, su madre se derrumbó y confesó a los agentes que había sido su pareja, padre de la niña, quien había causado el daño tras golpearla y que no era la primera vez que la agredía.

Imagen Archivo

Así fue como la madre relató que, mientras ella se encontraba en la cocina, escuchó discutir a su pareja con su hija y pudo oír un fuerte golpe. Tras dirigirse al salón a ver lo que sucedía, observó a la niña tirada en el suelo, llorando y tapándose la cara con una mano.

Acto seguido, el padre de la niña la llevó a la habitación y le dejó allí, prohibiéndole que se acercara a ella para ver como estaba. Tuvo que esperar a que su pareja se durmiera para poder comprobar el estado de su hija y, cuando entró en el cuarto, observó que la pequeña se encontraba inconsciente, por lo que dio aviso inmediatamente a los servicios de emergencia.

Además, declaró a los agentes que tanto ella como su hija y sus dos hermanos eran víctimas de agresiones físicas por parte de su padre desde hacía varios años. Tras las indagaciones, los investigadores han podido determinar que la menor fue asistida en al menos tres ocasiones anteriores en un hospital de la localidad por lesiones graves.

El pasado 29 de mayo, los agentes procedieron a la detención del padre como presunto autor de un delito de violencia doméstica y de género, lesiones y maltrato familiar y, tras pasar a disposición judicial, se decretó su ingreso en prisión.


Fuentes:

 

Femicidios: un hecho social

En el país del #NiUnaMenos, los Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales y No Binaries, el feminismo organizado, la paridad de género y la «Marea Verde», siguen matando mujeres. ¿Qué hacemos mal como sociedad? 
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#CambiáElTrato: para que los hombres dejen de mirar a un costado

Con motivo de los 16 días de activismo para eliminar la violencia hacia mujeres y niñas, la Fundación Avon lanzó a principio de mes la campaña #CambiáElTrato.

La campaña #CambiáElTrato, dirigida por Silvina Chague, consta de una serie de tres pautas que buscan retratar y visibilizar tres tipos de violencia que enfrentamos a diario las mujeres.

Sus protagonistas son hombres que interactúan con otros hombres. Según Florencia Yanuzzo, directora de la Fundación, la idea era «poder sumar directamente a los hombres, como interlocutores del cambio necesario y urgente de cara a erradicar la violencia hacia mujeres y niñas».

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El equipo de la Fundación Avon en el lanzamiento de #CambiáElTrato.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres sufrirá violencia en algún punto de su vida. Casi un tercio de las mujeres que han estado en una relación heterosexual manifiesta haber sufrido algún tipo de violencia (física, sexual, psicológica) por parte de sus parejas.

La campaña fue lanzada en el marco de los 16 días de activismo para eliminar la violencia hacia mujeres y niñas, período que comienza el 25 de noviembre con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y culmina el 10 de diciembre con el Día de los Derechos Humanos.

Para saber más sobre esta campaña, hablamos con tres de sus protagonistas.

El acoso callejero es un tipo de violencia con el que nos topamos a diario. Comentarios desagradables, miradas intimidantes, bocinazos e incluso acoso físico. En este último tiempo es un tema en el que se puso el foco: desde escraches a acosadores en transportes públicos hasta la implementación de una línea de contención gratuita por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

«Venimos de una cultura en donde el chamullo, la galantería, la caballerosidad siempre estuvieron bien vistas y me parece que había algo, cuando yo era más pibe, en relación al “levante” en general, en donde se creía que si uno insistía la otra persona iba a ir aflojando», nos dijo Martín Slipak, quien protagoniza este spot junto a Andrés Gil.

Al naturalizar el famoso «piropo», muchos hombres, incluso sin tomar dimensión de la violencia y la incomodidad que estos representan, se ven a sí mismos instigadores, involucrados en este tipo de situaciones.

«Cuando era pibe me pasó de encontrarme en esa situación de haber estado tratando de levantarme a alguien y haber sido insistente, y ahora es algo que repudio. (…) Uno no puede convertir en subjetivo el tema de si el piropo es lindo o no. El piropo callejero me parece que no corresponde, que no debe existir. Uno tiene derecho a estar tranquilo por la calle sin que nadie le diga nada». Martín Slipak

La violencia doméstica o violencia intrafamiliar es un flagelo que se manifiesta de muchas maneras y la mayoría de las veces sucede a puertas cerradas, en el ámbito privado, y solo nos enteramos cuando es muy tarde para actuar.

Se manifiesta a través de pequeños signos de violencia que suelen pasar desapercibidos por la sociedad machista y patriarcal, que tiende a naturalizar el control de la mujer por parte del hombre. Cosas como controlar horarios, revisar celulares, prohibir ciertas actividades y amistades, sugerir cambios de ropa y humillar frente a terceros son parte del problema.

Agustín Corsi, quien protagoniza este spot junto a Carlos Portaluppi, nos expresó:

«Me quedé pensando en que, cuando era chico, en la casa de unos amigos, el padre de mi amigo había denigrado a la esposa de manera «graciosa» y yo también me reí. Por ahí ahora, si vuelvo el tiempo atrás, le diría algo o no me reiría. Pero cuando leía el texto me generaba angustia pensar en que realmente pasa esto».

La violencia doméstica no solo afecta a la mujer sino también a sus hijes, que muchas veces terminan rehenes de situaciones violentas e incluso se vuelven un arma que los hombres utilizan para manipular a sus parejas.

La violencia sexual digital es algo característico de las nuevas generaciones. Atenta contra la intimidad y la privacidad de las mujeres, así como también contra su integridad física o psicológica.

Desde sacar una foto sin consentimiento de la persona hasta compartirla en grupos de WhatsApp o en redes sociales, muchas veces a modo de «alarde», como una victoria, como una manera de vanagloriarse de sus conquistas con sus pares. Otras veces, a modo de castigo ya sea por haber sido rechazados, engañados, o simplemente con intención de humillar y exponer a una mujer.

«Me tocó conocer a alguien a quien le pasó, aunque no creo poder decir haberlo vivido de cerca. Pero, la verdad, cuando le pasa algo así a alguien que conoces, con quien tenés un vínculo, a quien le tenés afecto, es realmente tremendo. Te das cuenta del dolor, la humillación que puede causar», nos contó Matías Mayer, quien protagoniza esta pauta junto a Felipe Colombo.

«Hoy en día creo que esta muy naturalizado que este tipo de violencia pasa. Creo que el desafío es empezar a fomentar que cada vez más personas se planten cuando ven una situación así. En ese sentido, creo que esta campaña puede jugar un papel súper importante. Me parece que es un buen paso en este camino que, sin dudas, va a ser muy largo». Matías Mayer

Si bien tratan temas distintos, los tres spots apuntan a lo mismo: no te quedes callado, frená a tu amigo, a tu papá, a tu hermano o a quien sea que veas que está siendo violento con una mujer.

Usar un pañuelo verde y el #NiUnaMenos en redes sociales no sirve si en tu vida diaria seguís riéndote de comentarios misóginos, descargás las fotos y videos privados que te comparten por WhatsApp y seguís avalando o reproduciendo conductas violentas hacia las mujeres.


Crítica en redes sociales

Si bien la campaña fue bien recibida por una gran cantidad de público, hubo muchas críticas con respecto a que fuera protagonizada por hombres. El movimiento de mujeres viene haciendo visibles estos tipos de violencia desde hace años y, sin embargo, parece que aún la figura masculina pesa más a la hora de interpelar al público.

«Pienso que lamentablemente (y remarco esa palabra), estamos en una sociedad donde todavía los tipos escuchan más a los tipos que a las minas. Pareciera que hay algo, hoy en día y en relación al lugar que va a tomar el feminismo, donde cierto sector de la masculinidad cree que cualquier comentario que venga de una mujer es un ataque». Martín Slipak

 

«En cuanto a que sean hombres hablándole a otros hombres, yo no siento que le de un tono distinto al mensaje. Yo creo que acá hay un solo mensaje y es que este tipo de violencia deje de pasar, o que pase cada vez menos. Me parece que en este caso puntual se usó a hombres para interpretar a los personajes porque se buscó que el hombre se vea identificado en esa situación y que lo incentive a frenar a otros pares». Matías Mayer

 

#Relatos Estereotipos: etiqueta femenina

«Tenés que aprender a vestirte de forma decente. Nada de shorts cortos o pantalones ajustados», dice mamá mientras lava los platos.

Pero cuando salgo a la calle, me doy cuenta de que tengo miles de hombres mirándome, mientras crean una situación incómoda para mí. Recuerdo lo que dijo mamá, y también recuerdo que no llevo pantalones ajustados, ni mucho menos shorts cortos, solo un vestido que me llega hasta los tobillos. 

Todos los días se repite encender la televisión y leer: «Apareció muerta…», (seguido por el nombre de una mujer).

A veces tengo miedo de que algún día pueda aparecer mi nombre. A veces tengo miedo de decirle «hasta luego» a la abuela y no volver nunca más.

Por eso apuro el paso cuando no voy acompañada de mi hermano.

Papá dice que es peligroso ser mujer y andar sola por la calle. Aunque miro el reloj y son las tres de la tarde, plena luz del día; ¿no? Pero hasta a esas horas debemos cuidarnos.

La violencia machista no distingue de horarios.

En varias ocasiones, nuestros padres nos tiran frases machistas pero ni siquiera ellos se dan cuenta, y es que vulnerar a la mujer está tan naturalizado en esta sociedad.

«DEJÁ DE LLORAR, PARECÉS UN MARICÓN».

«SENTATE COMO UNA SEÑORITA«.

Lamentablemente, tenemos padres que fomentan la idea del hombre fuerte y valiente y la mujer débil y comprensiva, pero qué lástima que soy mujer y no pienso seguir esos modelos. Planeo correr riesgos y hacer arreglos en la casa si son necesarios, a pesar de que sea «trabajo de hombre», como dice el abuelo.

En varias oportunidades, observo desde otro lugar cómo le enseñan a mi hermano a ser fuerte y valiente, a ser «un hombre», como dice el tío David. Siento lástima por ambos. Espero que algún día logren cambiar la historia.

No es nuestra forma de caminar o vestir; no es la hora, el lugar ni la fecha. 

Es la violencia machista. 

Que nos está matando un poco más todos los días.