Año nuevo, machismo asesino viejo

El calendario marca el tres de enero. En la provincia argentina de Corrientes, el número coincide con la cantidad de mujeres que han sido víctimas de la violencia machista en lo que va del año: Irina, Karina y Gladis.

«Según el informe sobre femicidios en la Argentina realizado por MuMaLá, que deriva de un relevamiento de medios gráficos y digitales de todo el país, se produjeron 254 femicidios entre el 1 de enero y el 17 de noviembre de 2017».

Uno

Irina Daiana López, de 16 años, fue encontrada muerta en un inquilinato del barrio San Marcos, a las afueras de la capital correntina. Su cuerpo, marcado con huellas de violencia sexual en grupo, yacía junto a un colchón bañado en sangre. Tenía un bebé de seis meses, y la primera hipótesis plantea que murió desangrada a partir de un desgarro en la cicatriz de la cesárea, consecuencia de la brutal violación.

Vecinos declararon que la vieron discutir con su pareja, quien la siguió dentro de la habitación junto a otros tres amigos, y que escucharon los gritos de la joven pero no les prestaron atención porque “es común escuchar música fuerte o gritos, siempre están de joda”.

Al momento de publicación de este artículo, siete personas fueron detenidas, incluido el novio de la víctima. La policía secuestro preservativos ensangrentados y dinero de la habitación del crimen.

Dos

Karina Macedo, de nacionalidad brasileña pero residente de muchos años de la localidad de Curuzú Cuatiá, había desaparecido hacía 10 días. Su pareja, Walter Segundo, pedía ayuda a través de las redes sociales para encontrarla.

Sus vecinos, sin embargo, informaron sus sospechas a la policía tras ver a Segundo alterado, limpiando la casa de forma inusual y retirando de ella distintos “bultos”. Tras un allanamiento que concluyó con el secuestro de un cuchillo y rastros de sangre, Segundo confesó el crimen. El día martes 2 de enero, el cuerpo fue hallado debajo de un puente, descuartizado, con miembros faltantes, y calcinado.

Ambas causas fueron caratuladas como “homicidio calificado”, pero se espera que esto se modifique para explicitar el carácter de femicidio que revisten los crímenes.

Tres

Gladis Gutiérrez se encontraba en un local comercial en la ciudad de Corrientes cuando, tras una discusión, su pareja le disparó tres veces. Dos balas impactaron en un muslo mientras la tercera le acertó en el brazo derecho, con tanta fuerza que se lo fracturó.

La mujer se encuentra internada en condición estable en el hospital Vidal, y su vida no correría peligro, pero el brazo herido sí está comprometido.

 

En apenas tres días desde el año nuevo, la provincia de Corrientes casi iguala la cantidad de femicidios reportados en los medios de comunicación en todo el año 2017 (Observatorio Ni Una Menos).


El grupo Vivas y libres nos queremos #Corrientes se reunirá hoy, viernes 5 de enero, a las 10:30 hs. en la plaza Vera ubicada en la capital correntina. Podés seguir el evento aquí.

«Vemos con furia que no tenemos paz. Nos ponemos de pie y organizamos una convocatoria para sumar nuestros gritos al reclamo de «basta de matarnos, vivas y libres nos queremos»», expresa la invitación a sumarse a la protesta.

 

Justicia patriarcal en La Matanza: Separan a madre e hijo víctimas de violencia de género

El pasado miércoles, la jueza Petrona Martínez del Juzgado N°5 de La Matanza, provincia de Buenos Aires, ordenó retirar al hijo de Valeria Sainz Moreno del jardín de infantes con la fuerza pública para apartarlo de la tutela de su madre, quien ya realizó más de 30 denuncias contra su expareja, Horacio Javier Otranto, por violencia de género.

La Justicia vuelve a fallar de forma arbitraria y violenta contra una mujer. Luego de insistir en una revinculación forzada entre el niño y el agresor, y considerar que la madre es la culpable de impedir el desarrollo de la relación filial, la jueza decidió entregar al menor al cuidado de la abuela paterna, con la intermediación de la policía y sin notificar previamente a la madre.

Además, Sainz carga con una condena en suspenso por «impedimento de contacto», y ahora se le aplicó una perimetral que le prohíbe acercarse a su hijo, quien se encuentra internado en el Hospital Italiano de San Justo por una crisis nerviosa. El violento, mientras tanto, permanece libre y sin procesamientos.

Valeria denuncia a Otranto hace años porque suele emboscarla cuando camina con el niño por la calle o entrar en la casa para atormentarlos y golpearlos. Los informes psicológicos y del abogado del niño constataron que, por su personalidad violenta, no está en condiciones de ejercer paternidad. Sin embargo, la Justicia fomenta el acercamiento y la relación entre el menor y Otranto.

En la historia de Valeria, la violencia machista se confabula con la violencia ejercida por las instituciones. Cuando la causa era tratada ante el Juzgado de Familia N°4, su abogado defensor asentó varias denuncias ante la Suprema Corte de Justicia provincial por irregularidades en el accionar de Juan Manuel Delfino, titular de la dependencia judicial, y sufrió aprietes por ello.

A mediados del 2014, pasó a hacerse cargo la jueza Martínez y la situación empeoró para madre e hijo, ya que se encargó de promover la revinculación forzosa y los encuentros entre las partes, situaciones en las que el niño se quebraba en llanto en cuanto veía al progenitor.

Familiares y amigxs organizan diferentes actividades para visibilizar la causa y exigir justicia. Hoy participarán desde las 10:30 hs en Yrigoyen al 2569 (San Justo) en la realización de una radio abierta.

Imagen extraída de Página 12.

 

Acoso callejero: otra forma de violencia sexual

Del 7 al 13 de abril, se ha celebrado la semana internacional contra el acoso callejero: otra forma de violencia machista que afecta a diario a millones de personas, principalmente mujeres, y que está totalmente naturalizada en nuestras sociedades. 

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile define el acoso sexual callejero como aquellas prácticas de connotación sexual ejercidas por una persona desconocida, en espacios públicos, como la calle y el transporte, o espacios semipúblicos, que suelen generar malestar en la víctima. Estas acciones son unidireccionales, es decir, no son consentidas por la víctima, y quien acosa no tiene interés en entablar una comunicación real con la persona agredida.

A partir de alrededor de los 12 años, las niñas comienzan a vivir situaciones de acoso sexual callejero que se extenderán durante el resto de sus vidas. Este tipo de comportamientos incluyen desde los llamados «piropos», comentarios obscenos o silbidos, hasta exhibicionismo por parte del acosador, persecuciones a la víctima e incluso tocamientos y agresiones físicas.

Un estudio realizado en 2016 por MuMalá y el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana evidenció que el 100% de las mujeres encuestadas había sufrido en algún momento de su vida una situación de acoso en la vía publica. El 84% de ellas había recibido bocinazos o silbidos, el 70% había sido víctima de comentarios sobre su aspecto físico, al 47% de ellas las siguieron y un 29% llego a ser víctima de tocamientos.

Gran parte de la sociedad, en su mayoría hombres, considera que los «piropos» son halagos, e insinúa que las mujeres que se quejan de esta clase de comportamientos están exagerando. Incluso se tiende a culpar a la víctima tanto por su forma de vestir, por las calles por las que transita, por los horarios en los que hace uso del espacio público o por si se mueve sola o acompañada.

Estas personas consideran que llamar acoso sexual callejero a lo que ellos entienden como simples comentarios es un despropósito, porque no son conscientes de la forma en la que estas acciones condicionan el día a día de las mujeres. El mismo estudio antes mencionado destacó que el 87% de las mujeres evita zonas oscuras o con poca gente, el 67% opta por rutas alternativas, el 63% busca salir acompañadas y el 51% altera su vestimenta con el objetivo de pasar lo más desapercibidas posible.

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile recomienda responder al agresor siempre que el entorno sea seguro y el agresor no amenace nuestra integridad física. Debemos mantener una actitud calmada, con respuestas asertivas, claras y potentes, adoptando una postura segura, mirándolo a los ojos y hablando fuerte y claro. Asimismo, siempre se recomienda denunciar las situaciones de acoso y en lo posible recoger pruebas del hecho, como grabaciones o fotografías, siempre que sea seguro para nosotras obtenerlas.

Pero cuando pensamos en cómo debemos reaccionar ante este tipo de acciones, resulta indignante ver como es la propia policía la que en ocasiones recomienda a las mujeres no enfrentarse a los acosadores, tal y como sucedió en el caso de Aixa Rizo, la joven que denunció a través de las redes sociales la situación de acoso que vivía por parte de unos operarios que trabajaban en su calle.

El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aprobó una ley que establece multas de entre 200 y 1000 pesos y entre 2 y 10 días de trabajo comunitario a aquellas personas que acosen sexualmente a otras en lugares públicos o privados de acceso público siempre que el hecho no constituya delito. Otros países también tienen sus propias leyes contra el acoso callejero, como Estados Unidos, que castiga con prisión los casos comprobados de hostigamiento sexual, o México y Perú, que también disponen de sus propios mecanismos legales contra el acoso sexual callejero.

El problema de este tipo de leyes, además de la dificultad que supone para una víctima de acoso callejero comprobar que ha sido acosada, es que, por si solo, el aumento de las penas no trae aparejada una reducción de los comportamientos que pretendemos modificar. De aquí la importancia de realizar fuertes campañas de educación ciudadana para concienciar al conjunto de la sociedad de que este tipo de prácticas son actitudes machistas que han de ser erradicadas.

Aquellas personas que sean testigos de acoso sexual callejero también han de pronunciarse, ya que de otro modo están siendo cómplices de la perpetuación de prácticas sexistas. Es importante que la ciudadanía entienda que el acoso callejero no forma parte de la libertad de expresión individual, ya que se está vulnerando de manera expresa el derecho al libre tránsito de las personas y nadie debe sentirse cohibido a la hora de utilizar los espacios públicos que nos pertenecen a todos.