Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Un día de reflexión, concientización y sensibilización sobre una de las violaciones a los derechos humanos más persistentes en el tiempo.

Según la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer emitida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, la violencia contra la mujer es «todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada».

Dicha declaración expresa que la violencia dirigida hacia las mujeres puede tener distintas formas, entre ellas podemos encontrar: 

  • Violencia física.
  • Violencia simbólica: conocida como «madre» de todas las violencias porque contiene en sí misma otras violencias y porque está tan naturalizada que muchas veces no es percibida ni por las mismas víctimas. Como, por ejemplo, creer que por ser hombre se es mejor, que lavar los platos es cosa de mujeres o que existen razones para ejercer violencia física sobre una mujer solo por su condición de género.
  • Violencia psicológica: cualquier acción que tenga el objetivo de degradar a la mujer como personas o tratar de controlar sus acciones o decisiones. Por ejemplo, cuando se dice «No servís para nada», «Si te vas me mato», «Si me denuncias no ves más a tus hijes».
  • Violencia económica o patrimonial: se da cuando el hombre maneja los recursos comunes; cuando siendo el único sostén del hogar regatea los recursos necesarios para llevar una vida digna o cuando no aporta las cuotas alimentarias de hijes.
  • Violencia sexual: ¿Cuántas veces tuvieron sexo pero no querían, no tenían muchas ganas o no estaban preparadas pero les insistieron tanto que accedieron? ¿Cuántas veces las «apoyaron» en un espacio público? ¿Cuántas veces las tocaron sin su consentimiento? Hay muchas pequeñas acciones que no concebimos como violencia sexual pero lo son.

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«Los efectos psicológicos adversos de la violencia contra las mujeres y niñas, al igual que las consecuencias negativas para su salud sexual y reproductiva, afectan a las mujeres en toda etapa de sus vidas. Por ejemplo, las desventajas tempranas en materia de educación no solo constituyen el obstáculo principal para alcanzar la escolarización universal y hace cumplir el derecho a la educación de las niñas, luego también le restringe el acceso a la educación superior a la mujer y limita sus oportunidades de empleo».

– Naciones Unidas.

¿Por qué se conmemora un 25 de noviembre?

El origen radica en la necesidad de honrar la memoria de las hermanas Mirabal: María Teresa, Patria y Minerva, tres activistas de la República Dominicana que fueron brutalmente asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por oponerse al gobernante dictatorial dominicano, Rafael Trujillo, por defender la libertad y por combatir las injusticias. 

Las tres hermanas fueron conocidas como «las mariposas» y se convirtieron en un símbolo de lucha contra las violencias de género en el mundo. En 1981, a raíz de la huella que dejaron, en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe en Colombia se decidió reconocer este día en su memoria.

Actividades para generar conciencia y buscar la verdadera eliminación de la violencia

En este marco, el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación lanza la Campaña de Prevención de las Violencias por Motivos de Género de la mano de talleres de sensibilización sobre los distintos tipos y modalidades de violencias en la provincia de Buenos Aires, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Salta y Comodoro Rivadavia.

Se hará la firma de convenios para llevar adelante diversas acciones de fortalecimiento de las políticas de género y diversidad en las distintas provincias y municipios de la Argentina, la puesta en marcha del programa contra las Violencias Extremas en Tucumán, que se realizará en simultáneo en distintos puntos del país, reuniones con organizaciones comunitarias y un encuentro con mujeres de América Latina, entre otras actividades.

El martes se realizó el panel «La violencia basada en género contra las mujeres y niñas: la pandemia en la sombra» organizado por la Oficina Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres y en Córdoba hubo distintas reuniones sobre el fortalecimiento de las áreas de género; la situación de la comunidad LGBTIQ+ y mujeres cooperativistas, trabajo e igualdad. 

En el día de hoy hubo una jornada federal llamada «Argentina unida contra las violencias de género», que se llevó a cabo en 17 puntos de la provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Chubut y Salta con talleres de sensibilización. También se hará una intervención cultural a través de dicha Campaña Nacional sobre paredes de edificios emblemáticos, monumentos, lugares históricos y contextos de naturaleza para generar un diálogo federal. Al mismo tiempo, en Córdoba se hizo una reunión con las autoridades de las áreas de géneros de distintas facultades de la Universidad Nacional de Córdoba y en Salta otra con referentes de las áreas de género de la provincia.

Las actividades seguirán el jueves 26 con el IV Encuentro del Ciclo Beijing 25 años, experiencia y balance en «El cuerpo de las mujeres»; el primer taller de sensibilización con equipos de trabajo que hacen el seguimiento de mujeres y personas LGBTIQ+ en arresto domiciliario y/o en período de pre libertad y próximas al egreso; un Encuentro Federal con organizaciones del Programa Articular; se dará el Ciclo de charlas «Desafíos feministas para la Educación Superior», organizado por CONICET sobre protocolos contra la violencia de género en las universidades y la jornada finalizará con un encuentro de sensibilización sobre perspectiva de género para autoridades deportivas.

Para finalizar, el viernes 27 se cerrará con un evento presencial de capacitación en el marco de la Ley Micaela en la Honorable Cámara de Diputados y Diputadas de la Nación; el conversatorio «Aportes hacia una vida institucional libre de violencias de género. Ley Micaela y perspectiva feminista» y se iniciará el Ciclo de Encuentros para Periodistas sobre Violencia Simbólica

Por otra parte, en Tucumán se presentará un Programa contra las Violencias Extremas y otro de Acceso a Derechos, en una mesa con actores y actoras locales de la provincia para conocer el alcance de sus intervenciones y sus interacciones institucionales.

Promover la conciencia sobre las distintas formas de la violencia y reflexionar sobre los patrones culturales sobre las que se sostienen, así como los dispositivos que brinda atención, contención e información, como la Línea 144, son ejes fundamentales para avanzar en la eliminación de todos los tipos de violencia por motivos de género. Exigimos ni una menos.


Fuentes:

Violencia obstétrica: las marcas del sistema

Una problemática con impacto que se encuentra arraigada en las prácticas y el sistema de salud, responsable de negligencias, malos tratos, humillaciones e intervenciones innecesarias: de esto trata la violencia obstétrica.

En recorrido histórico y cultural aparece el «fetiche del rey», que según Bioguía trata de Luis XIV de Francia y su gusto particular por presenciar partos. Mientras su esposa daba a luz, ordenó que lo hiciera acostada ya que eso le daría una mejor perspectiva para observar. Sin embargo, Luis no tuvo en cuenta que esa postura (que fue adoptada a lo largo del globo por médicxs) genera más dolor, retrasa las contracciones y alarga el trabajo de parto.

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Imagen: Revista Americana de Salud Pública

Es cierto que, en casos de complicación, es necesario que algunas personas gestantes den a luz acostadas, pero la posición vertical ayuda a una salida de lx niñx más fluida ya que la pelvis se expande y, según expresa Tribu Materna, se favorece a la respiración, a evitar desgarres y episiotomías.

A pesar de que haya surgido como una idea que no tenía en cuenta la visión de quien gestaba, en la actualidad, debido a los protocolos hospitalarios y la facilidad para el trabajo de lxs médicxs, se suele utilizar la famosa posición de espaldas.

Es, en parte, esta coyuntura en donde inicia lo que se conoce como violencia obstétrica, que vulnera el bienestar de la persona gestante y de quien está por nacer. A pesar de los nuevos conocimientos, de la lucha por el parto respetado y de nuevas prácticas feminizadas, la violencia obstétrica se sigue ejerciendo y puede afectar a la persona gestante y a su hijx durante el embarazo, durante el parto e incluso durante el posparto, tanto de forma directa como indirecta y de forma pública o privada.

La violencia obstétrica refiere a un trato irrespetuoso, deshumanizado y ofensivo, que puede incluir amenazas a la integridad física y psicológica, conductas y formas de proceder por parte del personal médico que ultrajan derechos y vulneran los cuerpos. Puede verse en los procedimientos médicos sin consentimiento o coercitivos, la falta de confidencialidad, la falta de información sobre los procedimientos llevados a cabo, la negativa a administrar analgésicos y a estar acompañadxs, etcétera.

La OMS reconoce que en los partos negligentes u ofensivos no solo se hacen presentes las prácticas violentas sino también maltratos verbales que humillan y perjudican a la persona gestante que, ya de por sí, se encuentra en una situación delicada. También sostiene que, si bien todxs podemos ser víctimas de estos malos tratos, se ven más perjudicadas las mujeres solteras, las madres adolescentes, las de niveles socioeconómicos bajos, las que pertenecen a una minoría étnica, las inmigrantes y las que padecen HIV, entre otras.

Para prevenir el maltrato en los centros de salud a nivel mundial, la OMS presenta una serie de acciones que deben ser tomadas en cuenta. En primer lugar, debe haber un mayor respaldo por parte de los gobiernos y socios en el desarrollo a las investigaciones y acciones sobre el maltrato y la falta de respeto. En una segunda instancia, se deben iniciar y mantener programas diseñados para mejorar la naturaleza de la atención de la salud materna, centrándose en la atención respetuosa como componente esencial de la atención de calidad.


Pueden leer más sobre las recomendaciones que la OMS expresa para cada etapa del embarazo aquí.


La principal problemática es que la violencia obstétrica aún no está reconocida claramente en algunos países, y a nivel mundial tampoco hay un consenso sobre cuáles son sus consecuencias. Algunos países, como Venezuela, Argentina y Chile, sí la tienen en cuenta en la legislación.

En Argentina, si bien están vigentes la ley 25.929 de parto respetado y la ley 26.485 que reconoce la violencia obstétrica y la violencia contra la libertad reproductiva, entre otras, se siguen registrando casos de maltrato. Las denuncias registradas a lo largo de 2017 fueron por trato deshumanizado (82%), medicalización y patologización (42%) y falta de información (44%).

Para exterminar este tipo de situaciones, la agrupación feminista Las Casildas, fundada en 2011 por Julieta Saulo y conformada por profesionales interdisciplinarixs, genera dispositivos y estrategias con el fin de difundir y visibilizar problemáticas como la violencia obstétrica, el incumplimiento de los derechos sexuales y reproductivos y demás cuestiones de género.

Por ello, a partir de marzo, el segundo miércoles de cada mes de 18 a 20 horas implementarán un conjunto de actividades en Casa Sofía (Fitz Roy 1327), donde brindarán un ciclo de charlas gratuito sobre temas ligados a violencia obstétrica, partos y cesáreas, entre otras cosas, contando con la experiencia de mujeres invitadas.

El ciclo abre sus puertas a todxs y no se necesita inscripción previa. Quien inicia con las charlas es Ana Fagioli, médica generalista, feminista e integrante de la Red de Profesionales por el derecho a decidir. Para más información, pueden dirigirse al sitio web de la agrupación o encontrarla en redes sociales como @lascasildas.


Muchas veces, por la naturalización o el trauma, las personas gestantes no denuncian la violencia que sufren (o no saben que pueden hacerlo). Existen instituciones, como la Defensoría del Pueblo de la Nación, que se encargan de registrar y acompañar durante estas acusaciones. Si fuiste víctima de violencia obstétrica o querés más información sobre el tema, el gobierno argentino tiene abierta una línea gratuita (0800-122-5878) para asesorarte.

La Defensoría del Pueblo también permite radicar denuncias de lunes a viernes de 10 a 17 horas a través de los teléfonos 0810-333-3762 y 4819-1581, o enviando un email a partorespetado@defensor.gov.ar. Asimismo, la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (CONSAVIG) se encuentra a disposición de quienes quieran asentar reclamos al 0800-122-5878 o a la dirección de correo electrónico consavig@jus.gov.ar.

Además, hay grupos que ofrecen acompañamiento a las personas gestantes durante todo el proceso, como el programa de Las Casildas sobre consultorios de puericultura y crianza con perspectiva de género (grupos@lascasildas.com.ar), y algunas agrupaciones con las que se puede establecer contacto a través del grupo de Facebook Parto Respetado/Humanizado Buenos Aires.


¿Querés leer más sobre el tema?


Fuentes

Hablemos de derechos

«Para cambiar el mundo, debemos cambiar la forma de nacer», afirma Michel Odent, uno de los obstetras más innovadores del mundo. En su análisis sobre el contexto actual del parto promueve la idea deshacerse de todos los condicionantes culturales, las creencias, los ritos y las tradiciones.

Después de nacer, vivir se convierte en el resultado de la elección que implica tomar la decisión de traer un hijo al mundo. Aquella decisión se combina con otras que responden a una demanda mayor, que involucran un lugar, un momento, si será en una clínica u hospital y frente a qué profesionales.

El acompañamiento pasa a ser un vehículo fundamental al momento de ser atendida «no solo por profesionales que ejercen su labor, sino por profesionales que la ejercen con responsabilidad, velando por el bienestar físico y psicológico de sus pacientes», según la licenciada en Psicología e investigadora en Justicia, Salud y Bienestar Social, Cristina Roda Rivera.

¿Qué tan naturalizada está la violencia obstétrica que, cuando la mencionás, nadie sabe que existe ni que hay leyes que la reconocen como tal?

Hoy, la violencia obstétrica constituye una de las tantas formas de violencia y discriminación que sufren las mujeres y es producto de la intersección de otros tipos de violencias y vulneraciones: violencia de género, violencia institucional en el ámbito de la salud, vulneración de derechos sexuales y reproductivos, entre otros.

Según el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, la ley 25.929 de Parto Humanizado (2004), también llamado parto digno, te protege cuando vas a dar a luz. Tenés derecho a que respeten tus tiempos biológicos, a estar acompañada en el parto y junto a tu bebé desde el momento del nacimiento. La ley reconoce tu derecho a:

  • Ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieran tener lugar, para que puedas optar libremente cuando existieran diferentes alternativas.
  • Ser tratada con respeto, con tu intimidad garantizada y tus pautas culturales y necesidades consideradas.
  • Ser considerada como persona sana, de modo que se facilite tu participación como protagonista de tu propio parto.
  • Transitar un parto natural, donde se eviten las prácticas invasivas y el suministro de medicación que no estén justificados por tu estado de salud o el de tu bebé.
  • Ser informada sobre la evolución de tu parto y el estado de salud de tu bebé, y ser partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales.
  • Elegir una persona de tu confianza para que te acompañe durante el trabajo de parto, parto y posparto.
  • Tener a tu lado a tu hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.

Según el Observatorio de Violencia Obstétrica, creado por la organización “Las Casildas”, entre 2 y 3 de cada 10 mujeres recibieron insultos o comentarios irónicos por demostrar emociones antes y durante el parto o la cesárea.

Si sufriste violencia obstétrica, podés denunciarla ante la Defensoría del Pueblo comunicándote al teléfono 0810-333-3762.


Fuentes:

  • Escritura Feminista
  • Infobae
  • Telefé Noticias
  • Argentina.gob.ar

Foto: Las Casildas.

“Me ataron el brazo derecho, por protocolo dijeron»: la violencia obstétrica es violencia de género

La violencia obstétrica es la violencia que ejerce el personal médico sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las personas gestantes, expresada en el trato deshumanizado y el abuso de medicalización y patologización de procesos naturales. Se manifiesta mediante prácticas, conductas, acciones u omisiones por parte de los profesionales de la salud que afectan de manera directa o indirecta a las personas gestantes, tanto en el ámbito público como en el privado.

Desde el año 2004, existe en nuestro país la ley 25.929 de parto respetado, reglamentada en 2015. Tal como está escrita, no se la respeta por completo en ningún ámbito, a menos que se contrate un equipo médico y se pague de forma particular, acción carísima a la cual no todas las personas gestantes tienen acceso.

“Para cambiar el mundo debemos que cambiar la forma de nacer”, afirma el obstetra francés Michel Odent. Una idea clara pero que cuesta creer en nuestra realidad diaria.

 

Agustina Petrella sufrió violencia en los partos de sus dos hijos. Durante el de Milagros, su segunda hija, el hostigamiento alcanzó tonos intolerables. Son recuerdos que no se borran fácilmente. Por momentos, Agustina imaginaba que, al nacer Milagros, la agarraba con fuerzas y se la ponía en el pecho para tener el famoso contacto piel con piel.

“Al día de hoy, sé que separarme de mi hija por dos horas después de una cesárea fue una situación de alto riesgo. Hoy sé que hay bebés que no toleran esa separación y sufren trastornos cardíacos, que no toleran el shock de no encontrarse con su madre y que a veces les cuesta la vida”.

Agustina no tuvo sólo trastornos físicos, sino además psicológicos. “Durante el primer año de Milagros, no hubo un solo día de mi vida que no cayera en el pozo de angustia y resentimiento por aquella tarde de gritos y amenazas. Esa imagen y la de los bebés en la nursery, desnudos y llorando a los gritos, me persiguieron muchísimo tiempo”.

Ese círculo de pensamientos, llanto, bronca le generó problemas familiares, laborales, trastornos en el habla y alimentarios. Ella es productora, actriz y comediante pero, a raíz de la violencia que recibió, estuvo casi tres años sin poder subirse a un escenario. Sin poder vivir su gran pasión.

“La violencia obstétrica es un caso más de abuso, y las consecuencias psicológicas son muy parecidas a las del abuso sexual. El tema es que, al estar tan naturalizada y avalada por la sociedad, el 90% de las mujeres ni siquiera lo registra como un abuso”, cuenta Agustina.

“A mí me costó, hasta que empecé a estudiar el tema. Hay gran cantidad de publicaciones médicas y documentales al respecto. Hay muchísimas organizaciones en todo el mundo, lideradas por profesionales de la salud, de la obstetricia, de la neonatología, de la psicología y de las neurociencias, que sostienen que sí, que hay una relación directa entre el acontecimiento del parto/nacimiento y la sociedad”.

Con el correr de los meses, su historia empezó a hacerse pública y muchas mujeres se sintieron identificadas. Pasó los primeros tres meses después de publicada su historia dando notas para radios y TV en todo el país y respondiendo mensajes casi todos los días hasta las tres de la mañana.

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“La angustia de las mujeres al sentirse violentadas y abandonadas, que nadie nos entienda y todos nos subestimen, es muy fuerte. Cada vez que puedo ayudar a una mujer que está como estaba yo o prevenir violencia obstétrica siento mucho alivio. Esta es mi manera de sanar”, explica.

“Ya acepté que el dolor no se va a ir, la bronca tampoco y que no puedo volver el tiempo atrás para hacer las cosas diferentes. Pero si logro hacer algo con mi dolor para que la historia de otros cambie, entonces duele mucho menos”.

 

Los nacimientos de sus hijos

El nacimiento de su primer hijo, Pedro, en el año 2012, fue una cesárea de urgencia a causa de una hipertonía uterina (una contracción permanente puede ahogar y matar al bebé si se prolonga más de dos o tres horas). Su obstetra le había comunicado que, si a la semana 40 el parto no se desencadenaba de forma natural, le programaría una cesárea.

El día del parto, durante un monitoreo en la guardia, descubrieron que los latidos del bebé eran lentos. El clima empezó a tensarse, la partera estaba asustada. “Me sentó en una silla de ruedas y salimos corriendo por los pasillos de la guardia, yo ya desnuda en camisón”.

El relato de Agustina es crudo. “Me ataron el brazo derecho, por protocolo dijeron. Después dos hombres se subieron a mi panza; me faltaba el aire, no podía respirar. La partera me decía ‘no te asustes si lo ves azul’, pero yo ya no tenía aire ni fuerzas para soportar el dolor y me empecé a quedar dormida”.

Más tarde, Agustina se despertó en un pasillo. Le llevaron a su hijo ya vestido y bañado, y se lo pusieron en el pecho. Al día siguiente, el obstetra pasó por su habitación y le comunicó que había tenido una cesárea de urgencia.

“Primero averigüé por Internet y luego consulté a distintos profesionales. Las causas que pueden desencadenar una hipertonía uterina son solo dos: desprendimiento de placenta (no fue mi caso) o uso de prostaglandinas”.

Una cápsula de prostaglandinas es un óvulo con hormonas que se coloca directamente en la vagina para “ayudar” a desencadenar el trabajo de parto.

“Con esta información, llegue a la conclusión de que el obstetra había intentado inducir el parto, sin avisarme, y había puesto en riesgo la vida de mi hijo”.

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Agustina y su beba Milagros [Imagen cortesía de Agustina Petrella].

Con el segundo embarazo decidió cambiar de profesional, y acordó con el obstetra cómo quería que fuera el parto. Incluso, contactó de manera privada al servicio de neonatología de la clínica. “Quería asegurarle a mi beba su primera hora de vida en mi pecho y que no la bañasen, aspirasen ni vacunasen el día de su nacimiento, ya que son prácticas muy perjudiciales según los informes de UNICEF y la OMS”.

La respuesta que obtuvo por parte de la jefa de Neonatología fue insensible: “Acá no hacemos parto humanizado”.

“Buscate otra clínica porque acá, si al momento del parto no hay habitación disponible, te vamos a separar de tu bebé y pueden pasar más de ocho horas separados. Si tenés un parto natural, te dejamos bajar a la nursery para amamantar cada 3 horas, pero si vas a cesárea no vas a poder amamantar porque no te podrás levantar de la cama para ir donde esté tu hija”.

Agustina le habló de la ley de parto respetado pero, según la doctora, en esa clínica tenían otras reglas. Luego, ella le comentó a su obstetra lo que había pasado y él le dejó en claro que no debía preocuparse por el parto.

Llegó el día. Al momento de ir al quirófano, le informaron que no había habitación disponible, por lo que se negó a internarse. Otra vez, las respuestas frías: “Ah, es ella [Agustina]. La jefa de neo ya le dijo cómo son las cosas acá adentro”.

Violaron los pedidos que había hecho por escrito, amparada por la ley: la apuraron, nunca le pusieron a su hija en el pecho (la vio casi dos horas después del nacimiento), le dieron leche de fórmula contra los deseos de Agustina. Todo el tiempo la trataron como si fuera un paquete. Con el correr de los días, los malos tratos continuaron.

“Acá no estamos para cumplir con los caprichitos de los padres. Vos sos la que presentó la cartita. Ahora, entregame a la nena porque si no me la das por las buenas, te la voy a judicializar y te la saco por la fuerza”, la amenazaban.

 

Las denuncias

Agustina presentó una nota al presidente de la prepaga y a la directora médica de la clínica en la que relató las situaciones vividas y la gran angustia que tenía. Su expectativa: que sancionaran a la neonatóloga y cambiaran los protocolos a la hora de asistir a una persona gestante. Lo que obtuvo: faltas de respeto e ignorancia constantes.

“Seguí averiguando y supe que podía hacer una denuncia administrativa por violencia obstétrica en dos organismos: la Defensoría del Pueblo de la Nación y la CONSAVIG del Ministerio de Justicia de la Nación”, cuenta. A los pocos meses, obtuvo una resolución que confirmaba la violencia obstétrica, pero la clínica negó todo y argumentó que solo se trataba de un problema personal entre Agustina y la neonatóloga.

“Empecé a estudiar la posibilidad de ir a la justicia. Todos me decían que no era posible, porque mi hija y yo estábamos “bien”, pero no podía quedarme con eso. Ni los profesionales, ni los amigos, ni la familia suelen tomar esto como algo grave, casi pareciera que les molesta que una quiera hacer algo al respecto, y eso empeora todo”.

Empezó a buscar evidencia científica y artículos médicos de todo el mundo sobre el daño y las consecuencias del maltrato y las intervenciones al momento del nacimiento. Ningún abogado quería ayudarla, hasta que encontró una profesional con 30 años de experiencia en el ámbito de la salud, que escuchó su relato, leyó toda la investigación que había hecho, y aceptó el caso.

Durante la mediación fue ninguneada una vez más y no llegó a un acuerdo. En diciembre de 2016 presentó la demanda, que ahora se encuentra en primera instancia en un juzgado civil nacional.

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Agustina Petrella [Imagen cortesía de Agustina Petrella].

“Imagino que será un juicio largo, porque no hay antecedentes, pero para mí lo peor ya pasó. Ahora confío en la justicia y en que los responsables paguen por lo que hicieron. Espero que mi historia sirva de ejemplo y estímulo para que otras mujeres exijan el cumplimiento de sus derechos y los de sus hijos al momento del parto y nacimiento”.

 

La violencia obstétrica

La Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (CONSAVIG) es la única dependencia del Estado que registra los reclamos de violencia obstétrica.

Durante el año pasado solamente, recibieron 89 denuncias. Las categorías de prácticas o situaciones que mayor cantidad de denuncias concentraron fueron el trato deshumanizado (82%), la falta de información (44%) y la medicalización y patologización (42%).

Denunciá la violencia obstétrica en la Defensoría del Pueblo de la Nación. Es gratis. No necesitás abogados, ni pruebas ni testigos. Solo tu testimonio.

Accedé al formulario de denuncia aquí, comunicate de lunes a viernes de 10 a 17 hs. a los teléfonos 0810 333 3762 y 4819 1581, o escribí a partorespetado@defensor.gov.ar.

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No se nace feminista

El pasado viernes comenzó el ciclo «No se nace feminista», donde desde LatFem, un medio de comunicación feminista, proponen armar distintos debates con la participación del público y un panel de invitados.

En esta primera edición, titulada «Justicia, sobrevivientes y víctimas», se abordaron problemáticas que pasan por las carencias del derecho penal, la persecución de trabajadoras sexuales, la criminalización del aborto y la violencia institucional.

Este encuentro contó con tres invitados: Mario Juliano, juez de Necochea y director de la asociación Pensamiento Penal y de la organización Víctimas por la Paz; Georgina Orellano, trabajadora sexual y directora de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas); y Sabrina Cartabia, abogada y miembro de Red de Mujeres y el colectivo Ni Una Menos, y militante por el derecho al aborto. 


«Feminismo no es punitivismo» comenzó diciendo Florencia Alcaraz, periodista de LatFem y encargada de moderar el debate, en referencia a la tendencia a solucionar todas las problemáticas sociales recurriendo al código penal. Además, explicó que si bien hubo un gran avance en cuanto a normas y ampliación de derechos para los grupos oprimidos, esos avances no llegan a la justicia donde se sigue reclamando que haya una perspectiva de género.

Tras esta introducción, Georgina Orellano contó una situación que afectaba a las trabajadoras sexuales de la zona de Constitución: un grupo de chicos que merodeaban por la Plaza Garay todas las tardes hostigaban a las trabajadoras sexuales de la zona con comentarios transfóbicos y discriminatorios, e incluso les robaban sus pertenencias.

«Nosotras tenemos una postura hace mucho tiempo de no resolver nada con la policía, tampoco resolver estos problemas a través del derecho penal. Sabemos que el derecho penal que tenemos es machista, patriarcal, clasista y por sobre todas las  cosas es selectivo. Las víctimas que selecciona son de los sectores populares».

Desde AMMAR, tomaron la iniciativa de averiguar de quiénes se trataba y ver qué se podía hacer. Eran chicos de entre ocho y catorce años que no concurrían a la escuela y eran maltratados por las fuerzas policiales. Más adelante, descubrieron que eran parte de una murga barrial y decidieron acercarse para plantear una solución en conjunto.

Armaron un taller en el cual las trabajadoras agredidas estuvieron presentes y donde se les habló a los chicos sobre cómo usar un discurso inclusivo, sobre la ley de identidad de género, la problemática de las trabajadoras sexuales y el hostigamiento por parte de la policía que también los afectaba a ellos.

«Es muy difícil pensar y salirnos un poco del sistema penal y buscar otra estrategia. Quienes estamos siendo perseguidos por el derecho penal, claramente sabemos que no es la solución y que hay que buscar alternativas. (…) Estamos pensando otra cosa y estamos saliendo de la lógica del sistema. Me parece que eso es una enseñanza y algo que tenemos que comenzar a utilizar como herramienta».

También habló sobre el prejuicio que tiene la sociedad en relación a la maternidad y las trabajadoras sexuales. Lo ejemplificó con el caso de Brenda, una trabajadora sexual de Río Negro que denunció haber sufrido violencia de género y fue denunciada por su agresor por ejercer la prostitución, a raíz de lo cual perdió la tenencia de su hijo tras una decisión arbitraria de la justicia.

A pesar de haber dejado de ejercer el trabajo sexual en pos de recuperar la tenencia, Brenda no puede ver a su hijo hace ya tres años.

«La trabajadora, a diferencia de otro sujeto político, lo que tiene es la condena social. Ser puta y ser madre no encajan en la sociedad. O sos una cosa, o sos la otra».

Entre las preguntas, surgió la posibilidad de llevar a cabo un debate dentro del feminismo sobre las distintas posturas que hay respecto del trabajo sexual.

Se hizo mención al «miedo a la discusión» y la necesidad de encontrar un gris dentro de estas posturas para buscar una solución que no lleve a deslegitimizar las distintas realidades dentro del trabajo sexual sino a la lucha por derechos para las trabajadoras sexuales y alternativas laborales para quienes quieren dejar de ejercer la prostitución.

«Así como escuchamos con respeto cuando se puede sentar una compañera que fue víctima de trata y totalmente abrazar esa causa, también tenemos que tener el mismo respecto y legitimar cuando una mujer dice que se reconoce como trabajadora sexual y se quiere jubilar como tal y eso no nos tiene que interpelar.

Nos tienen que interpelar las condiciones en las que tenemos que ejercerlo. (…) No la decisión que las mujeres tomamos con pocos recursos, con pocas opciones, con limitaciones. (…) Lo que nos tiene que interpelar son las vulneraciones de derechos».

Mario Juliano, por su parte, fue interpelado para hablar sobre selectividad del sistema penal, que pareciera tener una tendencia a la persecución de los hombres de clase baja, que están marginalizados. Declaró que un 95% de la población en cárceles y tribunales son hombres y que, a pesar de los avances en cuanto a legislación, los conflictos sólo se profundizan.

«Estamos absolutamente convencidos que la vía es la de la resolución alternativa de conflictos. De restituirle el conflicto a sus verdaderos protagonistas. El camino de la mediación, la conciliación. La demostración de que a través de la palabra, del encuentro, de la empatía, de ponernos en el lugar del otro de modo recíproco, podemos encontrar soluciones mucho más creativas de las que podemos dar desde el sistema penal».

«La sociedad, lejos de alguna creencia un tanto estereotipada, está en condiciones de dar respuestas mucho más sensatas a los conflictos que las que hacemos desde el derecho penal».

Sabrina Cartabia habló sobre la violencia institucional, planteándola no solo desde el lado de las fuerzas de seguridad sino también desde el sistema de salud que de manera constante criminaliza y maltrata a las mujeres, en especial cuando de maternidad se habla. Hizo énfasis en la forma continua en que se castiga a las mujeres que abortan, que deciden salirse de un estereotipo y niegan que toda mujer deba ser madre.

«Se investigan en Argentina los abortos espontáneos. (…) Es muy común, por ejemplo en Salta, Santiago del Estero, San Juan, que salgan noticias que dicen: «Llega mujer a hospital público con aborto en curso. Se le da aviso a la policía, queda detenida. Se investiga».

Otra noticia después que dice: «Al final era un aborto espontáneo». Pero eso es muy grave. Se están criminalizando los procesos biológicos de las mujeres. Y el grado de violencia institucional que se ejerce ahí, que llega en muchos casos a la tortura, no es visto como tal».

Mencionó cómo el caso de Belén, quien fue condenada, maltratada por quienes dicen ser profesionales de la salud y mantenida presa dos años por un aborto espontáneo, fue tomado como bandera por el movimiento de mujeres para visibilizar la violencia institucional en el sistema de salud.

También habló de cómo, desde su lugar de abogada, elije usar el derecho penal como herramienta y no como la única vía posible para resolver conflictos, planteándole a las mujeres un abanico de posibilidades.

«Muchas veces la solución para un problema de violencia de género no está en judicializar el tema o pedir una medida de restricción de acercamiento, sino en las condiciones materiales en las cuales vive esa mujer. Eso sí es una cuestión de derechos.

Las mujeres, para salir y poder ser autónomas y vivir una vida libre de violencia, tenemos un conjunto de necesidades que tienen que estar satisfechas. Necesitás poder acceder a un trabajo, tener tu vivienda, tener un núcleo de contención. Son temas que involucran derechos y no tienen soluciones desde el punto de vista del derecho penal.

Hay una tendencia a querer solucionar todo con el Código Penal en la mano».

En cuanto a las leyes, los tres invitados estuvieron de acuerdo en que son un gran paso, pero nunca una solución absoluta. Dependen de la implementación de políticas públicas, debates de una sociedad que debe aspirar a ser más deliberativa y menos representativa, para no dejar en manos de la clase dirigente todos los debates.

«La ley puede ser no el punto de llegada, sino el punto de partida de un cambio social y cultural. Muchas veces tenemos como una especie de fetichismo legal, decimos que «vamos a cambiar la ley» como si fuera un conjuro mágico que solo por estar enunciada en un código va a cambiar las condiciones materiales de la vida de las personas que pretenden ser beneficiarias de esta ley».

Cartabia puso como ejemplo el aborto, que, si bien es legal en nuestro país desde 1921 por distintas causales, no garantiza que quienes estén amparadas dentro de estas causales puedan acceder al aborto. La realización de los abortos queda siempre en manos de los médicos, que son quienes deciden si realizarlos o no.

«Nuestros úteros quedan presos de un poder hegemónico, como un patovica del derecho al aborto».

Mencionó además cómo el movimiento de mujeres se puso al hombro la lucha por el derecho al aborto y logro bajar la mortalidad materna en el país, con un acompañamiento feminista y una difusión de información que terminó por lograr la creación de consejerías en instituciones públicas de salud.

Resaltó la importancia de la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral como parte de esta concientización de la sociedad que planteaban desde un principio en el debate: «La ESI es mucho más profunda que evitar embarazos no deseados y transmisión de enfermedades de transmisión sexual«.

Se puso el foco en su importancia en cuanto a la lucha de la discriminación hacia las mujeres. Se criticó la posición del Estado, que alienta el sistema punitivista y el agravamiento de las condiciones de encarcelación de los agresores como solución y no se enfoca en la implementación correcta de la ley, que puede funcionar para cambiar las condiciones de vida de las personas.

Florencia Alcaraz cerró el debate declarando que hay una sociedad preparada para enfrentar todos estos temas y resaltó la importancia que tiene poder llevar estos espacios de debate más allá del ámbito académico para discutir las problemáticas dentro del feminismo acercandolo así al feminismo popular que está emergiendo.

 


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Morir en plena vida

Jennifer Farías murió a los 19 años, cuatro días después de haber dado a luz a Ian Giovanni en la habitación 114 del Hospital Santojanni. Desde que inició su internación hasta el día de su muerte sufrió insultos, maltratos e indiferencia por parte del sistema de salud. La familia nunca encontró justicia y la historia se sigue repitiendo, reflejada en miles de mujeres todos los días.

El pasado 8 de marzo, Evelin Santillán decidió ir por primera vez a la Marcha de las Mujeres. No había participado de ningún Encuentro Nacional de las Mujeres. Nunca le importaron demasiado los debates del feminismo, siempre le interesó más el tire y afloje cotidiano de la política en La Matanza, su barrio y su casa. Ese día, sin embargo, la convocó la memoria de su amiga de la secundaria, Jennifer Farías.

«A Jenni la mató la mala praxis y la violencia obstétrica», explicaba con tono sobrio a periodistas e interesados que se acercaban a preguntar por la chica de la media sonrisa, el piercing negro sobre el labio y la panza abombada estampada en su remera.

Después, sentenció: «Todas acá cargamos con algo».

Para las cuatro de la tarde, la Plaza de los Dos Congresos ya estaba rodeada de columnas de mujeres. En la esquina de Rivadavia y Rodríguez Peña, Evelin se perdía entre las militantes de los espacios kirchneristas y saludaba a conocidas de la organización en la que milita, la Corriente Peronista Descamisados. Le había costado llegar por la cantidad de calles cortadas y, además, como mujer nacida y criada en el límite entre las localidades de Isidro Casanova y Gregorio de Laferrere, no se lleva bien con la Capital.

«En esta foto tenía 19 años. La edad que tenía cuando falleció», contaba mientras estiraba la remera hacia abajo con las dos manos para que se leyera con claridad la consigna: “JUSTICIA POR JENNI”.

En la noche del 18 de julio de 2012, cuatro días después de haber dado a luz a Ian Giovanni, Jennifer Farías murió en el hospital Santojanni. Los médicos le habían recomendado el alta ese mismo mediodía. Desde el parto, ella sentía molestias, decía que le costaba caminar, que le faltaba el aire y le dolía el pecho. Su madre insistió a los profesionales de la salud con que no la veía nada bien. La respuesta fue unívoca: se queja porque es primeriza, una caprichosa y una nena de mamá.

En su acta de defunción consta: “muerte por paro cardiorespiratorio no traumático”, sin más detalles, pero cuando se internó en el Santojanni para recibir a Ian, estaba saludable, con todos los controles al día y aprobados.

«Durante la internación se la veía triste, todo el tiempo pedía que la llevaran a la casa, que quería estar con el papá. Todo el mundo decía eso: Jenni estaba triste; pero nadie muere de tristeza».

Ahora, bancátela

El sábado 14 de julio del 2012, Jennifer Farías entró en trabajo de parto. Viajó con su madre, Mabel Allegrini, y su pareja, Leonardo Ríos, desde su casa en Gregorio de Laferrere hasta el hospital Santojanni, en el barrio porteño de Liniers. A Evelin le llegó un mensaje en la madrugada del domingo 15 que le avisaba que su amiga había dado a luz por parto natural a un nene sano. Para ese momento,  el mecanismo de la violencia y el abuso institucional ya se había puesto en marcha.

Entre las 8 y las 10 de la noche, Jennifer fue separada de su familia y se le negó toda compañía. Ian nació a las 5:15 de la madrugada.

«A la madre le decían que no se meta, que estaban trabajando. Sostenían que sabían lo que hacían. Durante toda la noche preguntó y no le dieron información de si estaba bien o mal, si ya había tenido o no a Ian. A las 8 de la mañana del domingo le dijeron: Ah, ¿Farías? Si ella ya tuvo como hace tres horas”.

Jennifer, tras haber roto bolsa, tuvo que esperar durante cuatro horas, sola en un pasillo, porque no había camillas disponibles en la sala de parto.

Luego del nacimiento, le designaron la habitación 114, en el primer piso del hospital, para pasar su internación. Allí descansaban otras cuatro mujeres, pero la familia Farías quedó en contacto con la que, casualmente, compartía apellido: Nerina Farías. La compañera de cuarto se convirtió en la única testigo presencial del trato médico, pero nunca fue llamada a declarar durante el juicio.

Nerina contó que, cuando entraban las enfermeras, le decían a Jenni: «ésta es la que se portó mal en la sala de partos, la nenita de mamá». También, le gritaban: «cuando te abriste de piernas no llamabas a mamá, ahora bancátela».

«Cuando te abriste de piernas no llamabas a mamá, ahora bancátela».

Día de lluvia

Una semana después del Paro Internacional de las Mujeres, Evelin entró en la cafetería Carreto a las 5:30 de la tarde. Afuera se había desatado una lluvia espesa y Arieta, la calle principal de San Justo, estaba empapada. Se quitó la capucha y asomó una sonrisa. Su amiga, Johanna o Campanita, como le dicen afectivamente, acababa de ser mamá por tercera vez. Desde el 2008, Campanita, Evelin y Jennifer compartieron todas sus jornadas escolares.

«Éramos un grupito, andábamos siempre juntas. En la primera clase de Salud y Adolescencia me hicieron sentar con Jenni y nos caímos bien. Ahora, la mayoría de las que conocí en la escuela son mamás».

Jennifer era la más reservada del grupo. Evitaba tratar a quienes no conocía y no hablaba demasiado sobre su vida. Cuando se sentía mal, lo escondía para no preocupar. Evelin se enteró en el velorio que Jennifer pedía todos los días irse del hospital, que no soportaba la estadía. El martes 17 de julio a la noche, llamó llorando a su madre para que la fuera a buscar. Tampoco le había contado que había sufrido un importante desgarro durante el parto.

Desde inicios de la semana, pidió expresamente a sus amigas a través de mensajes de texto que no la fueran a visitar: “Estoy bien, comprá la comida para la juntada del viernes”. El 20 de julio se celebraba el Día del Amigo y planeaban festejarlo en la casa de Jennifer, con el nuevo integrante de la familia.

«También era re celosa. Yo pienso que, si ella estuviera viva, no me hubiera dejado militar nunca», Evelin imaginaba y se reía. La vista se le perdía a través de los ventanales de la cafetería y se posaba en la cortina de agua que caía del toldo del restaurante.

*

El miércoles 18 de julio del 2012 también llovió mucho. Jennifer parecía empeorar. Sin embargo, los doctores consideraban que estaba en condiciones de irse y le dieron el alta. Mabel se rehusó a llevar a su hija a la casa ya que notó que le costaba respirar.

Una doctora aceptó dejarla en internación un día más, para que “recuperara fuerzas”, y ordenó hacerle una ecografía.

A Jennifer se le complicaba levantarse de la camilla. Su mamá intentaba ayudarla pero la doctora ordenó: “no la ayudes, que se vaya caminando sola porque ya puede caminar”. Cuando volvió de la visita al ecografista, se desmayó en el pasillo. La llevaron hasta su camilla, aunque su habitación no tenía tubos de oxígeno para tratar su insuficiencia respiratoria.

A las 9 de la noche, Jennifer murió. Sus últimas palabras fueron para Nerina, su compañera de cuarto: “Cuidame el bebé”.

violencia

Tapar la negligencia con más negligencia

«Esa ecografía que ella se hizo el 18 de julio de 2012 nunca apareció. No está en la historia clínica».

Evelin hablaba despacio y suave, pero aun así era fácil distinguir la indignación en su voz. El lunes 23 de julio la familia se presentó en la comisaría N° 42 de Mataderos para denunciar las irregularidades del hospital. Ya habían acudido el día de la muerte de Jennifer, pero el policía de turno no tomó la denuncia porque en el acta de defunción figuraba “muerte por paro cardiorrespiratorio” y, por lo tanto, no hacía mérito. Cinco días más tarde, el mismo oficial aceptó su pedido.

Iniciado el proceso judicial, Andrea Farías, hermana mayor de Jennifer, pidió al Santojanni su historia clínica. Lo extraño fue que los administrativos demorasen cuatro horas en entregarle las 33 fojas anilladas que comprendía.

Evelin y Andrea se tomaron su tiempo para revisarla con detenimiento. Así, encontraron un papel llamativo: un acta que desligaba de toda responsabilidad al hospital en caso de que ocurriera algo dentro de la sala de partos. Estaba fechada el día del nacimiento de Ian y, supuestamente, había sido firmada y acatada en todos sus puntos por Jennifer mientras lidiaba con las contracciones.

Al pie del acta, en el campo correspondiente a la firma del paciente, constaba un garabato en cursiva, al estilo de “gancho”. Pero algo no cuadraba: Jennifer no tenía firma. Solía escribir su nombre y apellido en la documentación importante. Tampoco escribía en letra cursiva, sólo en imprenta minúscula.

«Había una ecografía con fecha del 24 de octubre del 2011 (nueve meses antes del parto), el día de mi cumpleaños. Y para el día de mi cumpleaños, ella no se atendía en el hospital ni sabía que estaba embarazada. Ese día estuvo conmigo», afirmó Evelin mientras daba sorbos a un café que ya estaba frío.

Más tarde, los resultados de la autopsia indicaron que la muerte había sido causada por un edema agudo de pulmón, generado por una insuficiencia cardíaca de larga data. Es decir, Jennifer siempre había cargado con un corazón con ventrículos y miocardio aumentados: un corazón más grande que lo normal. Esa condición le aportaba un riesgo de muerte en el puerperio o post-parto.

Su patología podría haber sido tratada y controlada, si hubiera sido detectada. Pero, aparentemente, ningún estudio ni doctor lo localizó a tiempo, o lo descubrieron pero no hicieron nada para prevenir su muerte.

La indiferencia generalizada del personal del hospital hacia la preocupación de la familia y hacia los síntomas de Jennifer derivó en negligencia, agravada por la falta de suministros del hospital, como camillas y tubos de oxígeno. Después de todo, solo era una primeriza que “se quejaba por maricona”.

El dato perdido

Nerina Farías no murió, pero reconoció su paso por el Santojanni como parte de los peores momentos de su vida. Se puso a disposición de la familia de Jennifer para contar su versión de los hechos y para hacer justicia por la violencia que ella había sufrido. Las enfermeras también la habían tratado de “nenita”, “mamita”, “mimada”.

Pero la Justicia nunca la llamó a declarar y, por ende, en la causa N° 27.213 por “Averiguación de Muerte, causante: Jennifer Farías” tramitada ante el Juzgado de Instrucción N° 48, no consta un dato que podría haber sido crucial para la investigación:

Nerina notó que la historia clínica que Jennifer tenía colgada a los pies de su camilla decía “Nerina Farías”. A su vez, en la de Nerina figuraba “Jennifer Farías”. El mismo apellido, al parecer, podría haber sido causal de equivocación para las enfermeras y médicos.

La trataron con una serie de medicamentos de los cuales aún hoy guarda los paquetes. Medicamentos que ella no entendió bien para qué servían. Su internación se prolongó más de lo usual: entró en el Santojanni un día antes que Jennifer y estuvo ahí hasta después de su muerte. Alrededor de una semana, en total.

Este punto no fue investigado. Así como tampoco se prestó a Nerina la atención psicológica que merecía tras haber sufrido los mismos agravios que Jennifer y haber sido testigo de su muerte. Actualmente, la causa está cerrada y archivada.

Las paredes siguen valiendo más

El 7 de agosto del 2012, días después de la muerte de Jennifer, entre 60 y 70 personas entraron al hospital Santojanni, escracharon las paredes y agredieron al personal médico. Exigían justicia, expresaban su bronca. Los familiares de Jennifer desconocieron tener relación con la gente que irrumpió en la institución, pero la consigna “Justicia X Jenni” en aerosol quedó en las paredes del hospital por mucho tiempo más.

«Después de eso, levantaron el caso en todos los medios. Pero lo levantaron como ‘incidentes en el hospital’. Y recién después hablaban de su caso».

Los titulares de Clarín esa semana hicieron referencia al paro de actividades, las agresiones y a una “muerte dudosa”. La Nación habló de “un día de furia”. La mayoría hizo hincapié en la falta de seguridad hospitalaria y el caso de Jenni se fue desdibujando en las páginas.

A raíz de la protesta, la Asociación de Médicos Municipales (AMM) convocó un paro de actividades para el día siguiente, para reclamar mayores medidas de seguridad. Este hecho se inscribió como uno más en una serie de episodios violentos que el hospital había vivido en el lapso de unos meses: desde el apuñalamiento del joven Sergio Paravagna mientras estaba en la guardia en 2011, hasta la irrupción de la barra brava de Nueva Chicago que perseguía al jefe de la barra de Las Antenas en el 2012.

El contexto: la pulseada por la seguridad de los hospitales porteños. Nilda Garré era Ministra de Seguridad de Nación y había retirado a la Policía Federal de la custodia de las instituciones de la salud de Capital, con el pedido de que la Metropolitana, a cargo del gobierno de Mauricio Macri, cubriera esos territorios.

María Eugenia Vidal, entonces vice jefa del Gobierno de la Ciudad, declaró públicamente que habían recopilado filmaciones e información para probar que los disturbios habían sido causados por “una patota política» kirchnerista. También, calificó al hecho de “inaceptable”.

«El Gobierno de la Ciudad salió a decir que las paredes de un hospital no se pueden pintar de esa forma; pero de Jenni, nada. Bueno, las paredes no se pueden pintar, pero la piba se puede morir. Como siempre, te indigna más la pared pintada que la muerte de la piba».

Nos queda la política

La ley N° 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, sancionada en 2009, tipificó la violencia obstétrica como una modalidad de la violencia que se ejerce sobre las mujeres de manera sistemática. La Ley de Parto Humanizado (N° 25.929), redactada en 2004 pero reglamentada apenas en 2015, reconoce los derechos de toda madre a ser informada sobre todas las intervenciones médicas, la evolución del embarazo y del parto, y a elegir acompañante para todo el proceso. La realidad demuestra que la legislación no siempre es acatada.

La organización Las Casildas creó en octubre del 2015 un Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO). Tomó como muestreo las experiencias de más de 4900 mujeres en sus partos o cesáreas, la mayoría de ellas primerizas, para delinear el estado de situación de la atención perinatal en Argentina.

Los resultados fueron alarmantes. Ante el maltrato verbal por parte de los profesionales de la salud, que se presentó como una constante en la mayoría de los casos, más de la mitad de las mujeres admitieron no poder expresar sus miedos. Entre 2 y 3 de cada 10 mujeres recibieron insultos o comentarios irónicos por demostrar emociones antes y durante el parto o cesárea. “Bien que te gustó” y “dejá de quejarte, maricona”, entre otras, son las herramientas de una violencia sistematizada, ejercida del personal médico hacia la paciente en situación de vulnerabilidad.

El 53% de las madres fueron tratadas con sobrenombres o diminutivos como “mamita”, “nenita”. El OVO explicó que, en el contexto de relación asimétrica profesional-paciente, el sobrenombre acentúa el carácter unilateral del poder: básicamente, a ninguna mujer se le ocurriría tratar de la misma manera a un médico. Es un rasgo más del paternalismo que rige a la atención médica.

Por último, la ausencia de “testigos”: al 30% de las mujeres se les negó el acompañamiento de un familiar durante el trabajo de parto, al 40% durante el parto o cesárea, y al 20% en el post-parto.

Estos números se desprenden de un sistema que se empeña en considerar al embarazo como enfermedad, a la mujer como inestable e incapacitada para decidir, y a su cuerpo como un territorio pasivo de ser intervenido a piacere. El portador del ambo tiene la potestad de decidir sobre la vida y la integridad de la madre y su hijo o hija, sin necesidad de consentimiento.

«En ese momento, no sabíamos bien nuestros derechos. Ni antes ni durante. Y ni la Justicia ni ninguna institución jugó a nuestro favor».

Cinco años después, Ian acaba de empezar el jardín, casi a la par del nacimiento de la tercera hija de Campanita. Evelin guardaba el celular en la cartera mientras explicaba que ya era hora de irse: la esperaba una reunión de la militancia. Todo cambió mucho desde el 2012.

Mientras se levantaba de la silla, Evelin se detuvo unos segundos y concluyó:

«Estas cosas nunca se arreglan en la Justicia. Nos queda la política».

Para contactarse:

https://www.facebook.com/justiciaxjenni.farias.7

Fuente imagen:

http://www.mundotkm.com/ar/sociedad/816111/que-es-la-violencia-obstetrica-y-por-que-es-violencia-de-genero