La lucha de Black Lives Matter no termina

Luego de tres semanas, el 21 de abril el jurado de Minneapolis declaró como culpable de todos los cargos por el homicidio de George Floyd al policía Derek Chauvin. Sin embargo, el veredicto sigue sin traer justicia a la causa.

Ha pasado casi un año desde que George Floyd fuera arrestado en la ciudad de Minneapolis, Minnesota (Estados Unidos), por parte de cuatro policías locales al intentar hacer una compra con un billete falso de 20 dólares, para luego morir asfixiado por el agente Derek Chauvin quien, tras esposarlo y ponerlo boca abajo, colocó su rodilla en el cuello de Floyd por 8 minutos y 46 segundos.

«No puedo respirar».

Últimas palabras de George Floyd, las cuales se volverían importantes dentro de las protestas.

Pocos días después de ese 25 de mayo de 2020, el hecho generó múltiples protestas en varias ciudades de Estados Unidos en contra del racismo y el abuso policial que sufren ciudadanes afroamericanes en todo el país. La muerte de Floyd bajo custodia policial se convirtió en un símbolo gráfico de la brutalidad policial y generó manifestaciones globales exigiendo justicia racial. El movimiento Black Lives Matter, el cual comenzó en 2013 luego de la absolución de un policía que había matado a un adolescente afroamericano, se expandió internacionalmente por medio de las redes sociales.

El juicio

A lo largo del juicio, prestaron testimonio varies jóvenes que presenciaron la muerte de George Floyd, quienes afirmaron que él estaba «rogando por su vida» y que la policía no permitió que una socorrista le brindara asistencia médica, lo que hubiera podido salvarle la vida. Les jóvenes añadieron que se sienten con culpa de «no haber hecho más que filmar lo sucedido».

Por su parte, la defensa de Derek Chauvin tomó como principal argumento que la muerte de Floyd ocurrió por otras razones médicas e hizo hincapié en el consumo de drogas, su resistencia inicial a los agentes y sus problemas cardíacos preexistentes. A pesar de estas pruebas, el médico que realizó la autopsia declaró que la muerte fue un homicidio y que durante «el sometimiento, la sujeción y la compresión del cuello por parte de los agentes policiales», George Floyd sufrió un paro cardiopulmonar.

Tras conocerse el veredicto, muchas personas han festejado que se hiciera justicia pero, ¿hasta este punto tenemos que llegar para que se reconozca que hay un serio problema de racismo y xenofobia? No hablamos solo de Estados Unidos, es un problema que nos afecta globalmente a todes.

La familia de Floyd compartió una publicación diciendo que: «El veredicto de hoy tiene implicaciones significativas para el país y el mundo». Consideran que la sentencia es «un punto de inflexión para la rendición de cuentas y la aplicación de la ley en el país» y también han expresado que esto no acaba aquí y que «no han olvidado que hay otros tres policías que tuvieron un papel en la muerte de George Floyd y que deben responder por sus acciones».

Las opiniones de figuras importantes en la política

El presidente estadounidense, Joe Biden, expresó que este hecho «puede ser un enorme paso en la lucha hacia la justicia en Estados Unidos» y que «todavía queda mucho trabajo por hacer, ya que nadie debe estar por encima de la ley».

A su vez, la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, respaldó las palabras de Biden diciendo que el veredicto es un paso hacia adelante, pero todavía hay mucho trabajo por hacer en ese sentido. También, mencionó una ley que presentó para que la policía rinda cuentas, presentada en honor a George Floyd y que impulsará para que el Senado la apruebe.

El expresidente Barack Obama también expresó que se ha dado un paso en el camino del progreso, pero no es suficiente: «La verdadera justicia requiere que entendamos que a les estadounidenses negres se les trata diferente todos los días. Requiere que reconozcamos que millones de amigues, familiares y ciudadanes viven con miedo de que un encuentro con la policía pueda ser el último», añadió.

Alexandria Ocasio-Cortez, legisladora demócrata de los Estados Unidos, expresó lo que la mayoría de las personas sintieron con el veredicto: que, en realidad, justicia sería que George Floyd pudiera regresar a casa cada noche con su familia. Un veredicto no es justicia.

Reflexiones

Para que este caso tuviera el reconocimiento que merece, millones de personas en todo el país norteamericano tuvieron que organizarse y marchar pero ¿cuántos casos no han tenido esta importancia? A pesar de todo el esfuerzo que se hace para combatir la problemática del racismo, todos los meses se reporta un caso exactamente igual al de George Floyd.

Daunte Wright, de 20 años de edad, murió el 11 de abril de 2021 tras recibir un disparo de la policía durante una detención de tránsito en la calle. El oficial que le disparó dijo que confundió su arma y en realidad había querido sacar su picana eléctrica.

Breonna Taylor, de 26 años, murió el 13 de marzo de 2020 tras recibir disparos de tres agentes que llevaban a cabo una orden de registro sin aviso en su departamento.

El mismo día del veredicto contra Chauvin se dio a conocer la noticia de que una niña de 15 años llamada Makiyah Bryant había sido asesinada a tiros por la policía.

Cada día se sigue viviendo lo mismo. Por eso, el veredicto es un paso hacia adelante, pero no es el final del camino.


Fuentes:


La deconstrucción del deporte empieza con dESIsión

Nadie con un poco de criterio y capacidad de análisis puede negar que el mundo del deporte es uno de los espacios histórica y exclusivamente masculinos más reticentes a abrirle paso a la deconstrucción. La polémica que envuelve (una vez más) al rugby por los nefastos tuits de jugadores de Los Pumas dan cuenta de la impunidad que otorga el vestuario en la construcción de la identidad masculina hegemónica y la conformación de un sentido común cooptado por el individualismo.

Pero esto no sucede solo en un equipo profesional de determinada disciplina deportiva: es un fenómeno que enmaraña a todo el entorno deportivo en su conjunto, comenzando por el más institucionalizado y por el que deben transitar todos los seres humanos de las sociedades modernas, incluso antes de aprender a leer y escribir: las clases de educación física

Siendo esta una de las instancias escolares (y, podría decir, de la vida) con un rol crucial en la construcción de nuestra identidad como personas y con una incidencia particular en la reproducción (o no) de las lógicas patriarcales que nos atraviesan como sociedad, es fundamental comenzar a desandar ciertas cuestiones en torno a esta asignatura para luego expandir el debate a toda la actividad deportiva en su conjunto.

Primero lo primero: transversalizar la ESI

Como mujer trans que compartió «camuflada» por 12 años las 2 horas semanales que establece la currícula escolar de educación física únicamente con varones, puedo dar cuenta de lo mucho que nos falta a los feminismos y movimientos de la diversidad sexual poder interpelar estos espacios, habitados casi de forma exclusiva por hombres cis heterosexuales.

En primera instancia, no deja de resultar curioso como esta asignatura es la encargada por antonomasia de replicar a rajatabla los estandartes de la masculinidad y la feminidad hegemónica en el ámbito escolar. En pleno siglo XXI, año 2020, se hace verdaderamente difícil hallar una respuesta lógica que nos permita entender por qué esta materia -la única en todo el sistema educativo- continúa dictándose en forma diferenciada según nuestra anatomía genital. Resulta perverso, no solo por la escisión de les estudiantes en grupos según los parámetros arcaicos y binarios de varón-mujer, sino por el hecho de que el mismo plan de estudios se estructura según portes un falo o una vulva entre las piernas.

Si bien existen colegios donde la educación física se dicta sin distinción de género y, por lo tanto, las actividades a realizar son igual para todes, la realidad de las mayorías estudiantiles tiende a la división. Si esto puede ser un fastidio para algunas personas cis, representa un verdadero infierno para las personas trans, travestis y no binaries. Especialmente quienes no han tenido el «valor» de mencionar con antelación su identidad y tener así una mínima chance de ir a clases con otro grupo, dependiendo de la buena voluntad que disponga la institución pese a haber una ley en la que ampararse.

Hablando de roles de género

Por otro lado, en una clase de educación física de varones (que es lo que conozco), casi con exclusividad el deporte predilecto a realizar es el fútbol. También suele ser del agrado del docente el handball y el vóley. Con mucha suerte se practican otros deportes, como el básquet, dependiendo de la fisonomía del lugar, las condiciones climáticas, los recursos disponibles y la predisposición del profesor a escapar un poco de lo convencional.

Claro que nada de ello le huye demasiado a la norma. Reducir la actividad física a un puñado de 3 o 4 disciplinas es cuanto menos dudoso. Más aun cuando se trata de disciplinas tan arraigadas al arquetipo de lo masculino como lo es el fútbol y que no son practicadas en el caso de las mujeres (y otras personas con vulva). Al menos no con la misma regularidad. Jamás me ha tocado observar a los grupos de chicas jugar un torneo de fútbol ni a los de chicos hacer gimnasia rítmica.

Pero, independientemente de que el deporte que se escoja para la clase nos resulte ameno o no, hay una cuestión más profunda. No solo es el juego un problema en sí, sino todo lo que ello conlleva. ¿Cuántas personas han sido víctimas de bullying en su paso por la escolaridad por parte de sus compañeres por no destacarse en la actividad física y, muchas veces, con la complicidad del docente? ¿Podemos desentender ese bullying del contexto en el que se abarca el juego? Por otra parte: ¿qué estamos haciendo como estudiantes, como docentes e incluso como xadres para erradicarlo?

El deporte como formador de la masculinidad

Sin lugar a dudas, nadie nace odiando ni discriminando ni hostigando a otres. Un sujeto como Pablo Matera, cuestionado capitán de Los Pumas, no se forja por sí solo. En cualquier entorno deportivo, sea en la escuela, en un club o en una plaza, todo tipo de comentarios o actitudes racistas, misóginas, homofóbicas, clasistas, xenófobas están a la orden del día. Está claro que el contexto moldea y retroalimenta. Pero, ¿por qué se da ese contexto? ¿Qué clase de personas estamos formando a través del deporte? ¿Se promueve la empatía, la solidaridad, el respeto, el compañerismo, el trabajo en equipo, la unidad, aportar nuestras características particulares en favor de un bien colectivo? ¿O predominan el individualismo, la competitividad extrema, la codicia, la altanería, la segregación y la denigración hacia quienes son diferentes?

Es interesante cómo confluyen de forma tan peligrosamente desapercibida los valores mismos del patriarcado y del neoliberalismo en el deporte. En efecto, todas estas características son propias de lo que debe ser un varón y un ciudadano «de bien». Pero, en el caso de la educación física, por ser una etapa institucionalizada por la que todes pasamos sin elegirla, le cabe una cuota de responsabilidad particular.

Pues, tal vez sin quererlo, es un lugar génesis en la vida del varón cisgénero heterosexual donde se pone en disputa su propia masculinidad y su lugar en la escala social, las cuales deben reafirmarse en cada clase mediante el juego. Se propicia una suerte de Darwinismo social en donde el más habilidoso, el más chistoso, el más musculoso, el más atractivo, el más soberbio, el más abusivo, el más violento, en definitiva, es el más macho entre los machos, es el más «apto», encontrándose impune frente a quienes no cumplan con esos requisitos. Será, además, el ejemplo a seguir, el ganador, el «sueño americano» del débil, quien, en su afán aspiracional por ser parte de ello, se impondrá a su vez frente a los más débiles.  

Un abordaje con perspectiva de género

Demás está decir que somos lo que conocemos y, por lo tanto, los valores y la forma de vincularse que se aprenden en estos espacios, ya desde el jardín de infantes, se naturalizan y son luego replicados en la vida cotidiana. ¿Cómo sorprendernos entonces ante la violencia machista que sufrimos día a día las mujeres y personas LGBTTIQNB+ si estamos educando y siendo educades bajo las mismas lógicas patriarcales que pretendemos erradicar? ¿Cómo podemos hablar de consentimiento a la vez que permitimos los «chistes», la mirada desubicadamente lasciva y la cosificación por parte de los varones cis hacia sus compañeras? ¿Cómo podemos hablar de inclusión siendo el mismo docente quien hace «chistes» transfóbicos/transodiantes? ¿Cómo podemos hablar de solidaridad y conciencia social cuando se promueve la competitividad y el egoísmo desde el momento mismo en que se pisa una pelota?

Ha llegado el momento de que nos hagamos estas preguntas. De una vez y para siempre, es imperioso reformular las relaciones humanas que se generan a través del deporte. En este sentido, las instituciones educativas no pueden ni deben desentenderse. El abordaje que realicen transversalmente en torno a la ESI será decisivo en la formación de ciudadanes capaces de habitar el mundo manteniendo vínculos saludables basados en el respeto, la inclusión y la solidaridad, lejos de la imagen que hoy rodea a un jugador de rugby promedio.

Claro está que no se trata de cargar las tintas únicamente sobre una materia escolar ni con la escuela en sí cuando hay todo un sistema detrás que conduce a ello. Más aun siendo que un problema tan estructural como este no se resuelve de la noche a la mañana. Pero la deuda histórica en materia de género que pesa sobre el deporte, comenzando por la educación física, necesita ser saldada sin más dilaciones. La responsabilidad que le compete a cada una de las instituciones es inmensa. Pero eso no quita que sea tarea de todes: docentes, estudiantes, directives, jugadores, entrenadores, clubes, equipos, espectadores. Porque no hacer nada y permitir que se sigan replicando estos ambientes destructivos también es una decisión política.



Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

Un día de reflexión, concientización y sensibilización sobre una de las violaciones a los derechos humanos más persistentes en el tiempo.

Según la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer emitida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, la violencia contra la mujer es «todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada».

Dicha declaración expresa que la violencia dirigida hacia las mujeres puede tener distintas formas, entre ellas podemos encontrar: 

  • Violencia física.
  • Violencia simbólica: conocida como «madre» de todas las violencias porque contiene en sí misma otras violencias y porque está tan naturalizada que muchas veces no es percibida ni por las mismas víctimas. Como, por ejemplo, creer que por ser hombre se es mejor, que lavar los platos es cosa de mujeres o que existen razones para ejercer violencia física sobre una mujer solo por su condición de género.
  • Violencia psicológica: cualquier acción que tenga el objetivo de degradar a la mujer como personas o tratar de controlar sus acciones o decisiones. Por ejemplo, cuando se dice «No servís para nada», «Si te vas me mato», «Si me denuncias no ves más a tus hijes».
  • Violencia económica o patrimonial: se da cuando el hombre maneja los recursos comunes; cuando siendo el único sostén del hogar regatea los recursos necesarios para llevar una vida digna o cuando no aporta las cuotas alimentarias de hijes.
  • Violencia sexual: ¿Cuántas veces tuvieron sexo pero no querían, no tenían muchas ganas o no estaban preparadas pero les insistieron tanto que accedieron? ¿Cuántas veces las «apoyaron» en un espacio público? ¿Cuántas veces las tocaron sin su consentimiento? Hay muchas pequeñas acciones que no concebimos como violencia sexual pero lo son.

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«Los efectos psicológicos adversos de la violencia contra las mujeres y niñas, al igual que las consecuencias negativas para su salud sexual y reproductiva, afectan a las mujeres en toda etapa de sus vidas. Por ejemplo, las desventajas tempranas en materia de educación no solo constituyen el obstáculo principal para alcanzar la escolarización universal y hace cumplir el derecho a la educación de las niñas, luego también le restringe el acceso a la educación superior a la mujer y limita sus oportunidades de empleo».

– Naciones Unidas.

¿Por qué se conmemora un 25 de noviembre?

El origen radica en la necesidad de honrar la memoria de las hermanas Mirabal: María Teresa, Patria y Minerva, tres activistas de la República Dominicana que fueron brutalmente asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por oponerse al gobernante dictatorial dominicano, Rafael Trujillo, por defender la libertad y por combatir las injusticias. 

Las tres hermanas fueron conocidas como «las mariposas» y se convirtieron en un símbolo de lucha contra las violencias de género en el mundo. En 1981, a raíz de la huella que dejaron, en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe en Colombia se decidió reconocer este día en su memoria.

Actividades para generar conciencia y buscar la verdadera eliminación de la violencia

En este marco, el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación lanza la Campaña de Prevención de las Violencias por Motivos de Género de la mano de talleres de sensibilización sobre los distintos tipos y modalidades de violencias en la provincia de Buenos Aires, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Salta y Comodoro Rivadavia.

Se hará la firma de convenios para llevar adelante diversas acciones de fortalecimiento de las políticas de género y diversidad en las distintas provincias y municipios de la Argentina, la puesta en marcha del programa contra las Violencias Extremas en Tucumán, que se realizará en simultáneo en distintos puntos del país, reuniones con organizaciones comunitarias y un encuentro con mujeres de América Latina, entre otras actividades.

El martes se realizó el panel «La violencia basada en género contra las mujeres y niñas: la pandemia en la sombra» organizado por la Oficina Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres y en Córdoba hubo distintas reuniones sobre el fortalecimiento de las áreas de género; la situación de la comunidad LGBTIQ+ y mujeres cooperativistas, trabajo e igualdad. 

En el día de hoy hubo una jornada federal llamada «Argentina unida contra las violencias de género», que se llevó a cabo en 17 puntos de la provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Chubut y Salta con talleres de sensibilización. También se hará una intervención cultural a través de dicha Campaña Nacional sobre paredes de edificios emblemáticos, monumentos, lugares históricos y contextos de naturaleza para generar un diálogo federal. Al mismo tiempo, en Córdoba se hizo una reunión con las autoridades de las áreas de géneros de distintas facultades de la Universidad Nacional de Córdoba y en Salta otra con referentes de las áreas de género de la provincia.

Las actividades seguirán el jueves 26 con el IV Encuentro del Ciclo Beijing 25 años, experiencia y balance en «El cuerpo de las mujeres»; el primer taller de sensibilización con equipos de trabajo que hacen el seguimiento de mujeres y personas LGBTIQ+ en arresto domiciliario y/o en período de pre libertad y próximas al egreso; un Encuentro Federal con organizaciones del Programa Articular; se dará el Ciclo de charlas «Desafíos feministas para la Educación Superior», organizado por CONICET sobre protocolos contra la violencia de género en las universidades y la jornada finalizará con un encuentro de sensibilización sobre perspectiva de género para autoridades deportivas.

Para finalizar, el viernes 27 se cerrará con un evento presencial de capacitación en el marco de la Ley Micaela en la Honorable Cámara de Diputados y Diputadas de la Nación; el conversatorio «Aportes hacia una vida institucional libre de violencias de género. Ley Micaela y perspectiva feminista» y se iniciará el Ciclo de Encuentros para Periodistas sobre Violencia Simbólica

Por otra parte, en Tucumán se presentará un Programa contra las Violencias Extremas y otro de Acceso a Derechos, en una mesa con actores y actoras locales de la provincia para conocer el alcance de sus intervenciones y sus interacciones institucionales.

Promover la conciencia sobre las distintas formas de la violencia y reflexionar sobre los patrones culturales sobre las que se sostienen, así como los dispositivos que brinda atención, contención e información, como la Línea 144, son ejes fundamentales para avanzar en la eliminación de todos los tipos de violencia por motivos de género. Exigimos ni una menos.


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Denuncias por abusos sexuales en Perú descartadas ante la Justicia

Cerca del 90% de las víctimas de violencia sexual son mujeres. La victimización desigual, así como el crecimiento del registro de este fenómeno en los últimos años, se observa en todos los escalones de la pirámide, según UFEM 2019.

Durante años, Guillermo Castrillón ejerció como director y profesor de teatro, pese a no tener ningún título que lo habilitara para ello, y mantuvo con las denunciantes una relación jerárquica. En sus clases usaba «técnicas» que incluían desnudar a las actrices, manosearlas e introducir su pene entre las nalgas o sus dedos en sus vaginas.

También habría penetrado a una mujer que quedó inconsciente en su casa durante una fiesta e irrumpido en el cuarto de una compañera de piso para masturbarse junto a su cama. No obstante, según la resolución del fiscal Marcos Guzmán Baca, nada de esto constituiría un probable delito porque las víctimas, todas adultas cuando sucedieron los hechos, no muestran una «afectación emocional compatible» con los delitos y, en los casos en los que sí hay afectación, la pericia no puede probar que sean «explícitamente» a causa de «una violación sexual».

Imagen Agencia noticias EFE/ Cortesía de las denunciantes.

Que algunas víctimas no expresaran su negativa en el momento de los hechos, que no le reprocharan inmediatamente sus actos o que mantuvieran un trato «cordial» con el agresor implica también (según la tesis del fiscal) que, o bien dieron su «consentimiento» o que no tuvieron «un comportamiento razonable como víctimas de abuso sexual», indicios que para Guzmán Baca justifican archivar el caso y no proceder con una investigación.

Para el fiscal, tampoco parece siquiera digno de una investigación que existan, además, otras dos víctimas que decidieron no seguir con la denuncia y que todas narren patrones similares. De mantenerse la postura del Ministerio Público, podría echarse a perder lo que sería el primer gran caso de acusación colectiva en Perú contra un abusador sexual, que no llegaría siquiera a convertirse en un proceso.

Ante este revés del archivamiento de la denuncia, varias de las víctimas tuvieron que armarse de valor y hacer lo que no habían hecho antes: salir a denunciar públicamente una situación «delirante, retrógrada, machista y absurda».

«Hemos apelado para que se realice de nuevo la investigación por otra fiscalía. Somos 15 denunciantes, tienen que evaluar cada uno de los casos para ver cuáles procederían a una denuncia penal. Esta resolución desestimó por las mismas razones casos distintos».

Daniela Rotalde, una de las denunciantes.

También desestimó como prueba un correo electrónico del propio Castrillón en donde reconocía un acto de abuso y pedía perdón por el mismo, pues quien recibió la misiva no había presenciado el acto.

La ministra de la mujer de Perú, Rosario Sasieta, confirmó a la agencia de noticias EFE que su ministerio, que representa a las denunciantes, ya impugnó la decisión con la esperanza de que se revierta la decisión y el caso pueda convertirse en una denuncia penal.

Imagen Archivo

Para Sasieta, todo este asunto genera profunda indignación, pues se trata de «un sistemático caso de violencia sexual» y es una clara demostración de la ausencia de un sistema de Justicia especializada con enfoque de género.

Asimismo, también pone sobre la mesa la necesidad de «trabajar directamente con las y los fiscales» para lograr un adecuado abordaje de los casos de violencia, que abarque la erradicación de estereotipos desde la denuncia hasta la sentencia.

Pese a este apoyo, Rotalde apuntó que la sensación de abandono de las mujeres por parte del Estado solo desaparecerá de sus cabezas si se revierte la resolución fiscal.


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Zulma Lobato: la deshumanización de las travestis

El 27 de julio pasado, Zulma Lobato fue víctima de un violento robo en las calles Vélez Sarsfield y Baigorria de Vicente López. Los delincuentes la atacaron, le dejaron el cuerpo destrozado y le robaron una gran cantidad de dinero. Después del hecho, intervino la policía y fue trasladada de urgencia en una ambulancia del SAME al hospital de la localidad

Los ladrones la golpearon y lastimaron al punto de dejarla prácticamente desfigurada. Algunos detalles fueron aportados, horas más tarde, por Lautaro Reyes, amigo íntimo y exrepresentante de la mediática. El lunes por la madrugada publicó en su cuenta oficial de Twitter: «Molieron a palos a Zulma Lobato. Le partieron la cabeza y los delincuentes le robaron sus pertenencias y $15.000 de su pensión. ¡¡¡Basta de lastimar y robar a los gerontes!!!».

En el transcurso del mismo día, el amigo de Zulma compartió en esa red social algunas imágenes de ella golpeada y ensangrentada en la calle, antes de ser atendida por una persona profesional. «Indignado. Así dejaron a Zulma Lobato. Hijos de re mil puta. Encima de robarla, la lastiman y la dejan casi desnuda. Zulma no jode a nadie, vive en su mundo. ¿Por qué tanta maldad? ¡¡¡Basta de aprovecharse de la vulnerabilidad de los grandes, mierdas!!!», expresó en su cuenta.

En tanto, Zulma relató que el hecho ocurrió cuando estaba yendo a comprar a la proveeduría y la agarraron de atrás repentinamente, sin que ella pudiera defenderse. Le pidieron que les entregara sus dólares, pensando que por ser una persona famosa tenía mucha plata. Como no tenía, les dio dos mil pesos solamente, lo cual en principio no coincide con el relato de su amigo Lautaro. 

A pesar de haberles entregado todo el dinero que tenía, le pegaron patadas hasta dejarla tirada en el piso y con el cuerpo desfigurado. El ataque duró unos veinte minutos y de no haber llegado la policía, es posible que terminaran matándola. Además, cree que alguien pudo haberla entregado y que algún delincuente de la zona puede haberla marcado antes, ya que los ladrones sabían que ella tenía en su bolso el dinero de la pensión. 

Zulma vive tan solo con el dinero justo para pagar el mes de una pensión y la ayuda de sus vecinos y gente conocida, pero necesita trabajar. Desde que empezó la pandemia, su situación económica se agudizó, ya que no puede obtener ni siquiera lo poco que tenía antes. Además, esta situación se ve afectada por la ridiculización que hicieron los medios de ella y el actual abandono, cuando ya no les sirve más mediáticamente.

Como si esto no fuera suficiente, mucha gente la llama para realizar eventos privados que resultan ser falsos. Cuando ella logra llegar a la dirección que le envían, se encuentra con que el domicilio es falso. No solo se juega con la necesidad económica y emocional en ese acto, sino que además le hacen gastar lo poco que tiene en colectivos. Sin mencionar, la ilusión que le generan cuando le prometen un buen sueldo y después todo queda en la nada.  

Esta no es la primera vez que Zulma es víctima este sistema injusto que violenta constantemente a las identidades trans y travestis, particularmente a las feminidades. El pasado 27 de marzo también sufrió el robo de su celular, tarjetas de débito, crédito y DNI, mientras estaba yendo al supermercado a comprar comida. 

Generalmente es su amigo Lautaro quien le provee dinero y también quien la ayuda a administrarlo, ya que por su estado de salud mental muchas veces no puede hacerse cargo y la terminan estafando. Algunos períodos depresivos la llevaron a dejar de atender el teléfono a la gente que quería ayudarla y, después del robo el 27 de marzo, a instalarse en la calle con un cartel con su número de celular que decía: «Para contratar a Zulma Lobato en boliches, casamientos, despedida de solteros y todo tipo de eventos»

La Asociación Civil Mariposas Libres, que apoya a la comunidad trans en todo el país, buscó recaudar fondos para ayudarla, junto a algunos famosos como Martín Cirio, Vanesa Strauch y el abogado Mauricio D’alessandro, entre otres. A pesar de querer colaborar resulta imposible realizar depósitos, porque su frágil estado de salud hace que termine siendo víctima de robos. Quien sigue intentando contenerla en ese estado, más allá de todo pronóstico, es Vanesa Strauch. 

Zulma Lobato no es simplemente una persona que ha sido víctima de numerosas situaciones de violencia y abandono. No es mala suerte, ni casualidad. Zulma es la imagen que representa a toda una generación de travestís. Es todo lo que representa, es todas las otras Zulmas. La representación del colectivo trans ridiculizado en los medios hasta que ya no sirve más para su consumo personal. Es la violencia machista y heteronormativa que castiga a aquellos cuerpos que han salido de la norma. Cuando castiga a esos cuerpos lo que hace es dar una lección y un ejemplo para el resto de la sociedad de lo que puede pasarles si se salen de la norma. Correcciona y ejemplifica. 

Históricamente, el lugar donde el patriarcado y el transodio ponen a gran parte de la población trans permite ridiculizarles y da lugar a la mediatización de los cuerpos travestis y trans. Al ridiculizar a esas identidades, lo que hace también es deshumanizarlas. Construyen constantemente discursos de odios, en los que se expresa claramente que las vidas de elles valen menos que otras. 

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La situación de Zulma Lobato dejó a la vista las enormes desigualdades que atraviesa a toda la comunidad trans. Por un lado, son expulsades de todas las instituciones, empezando por la familia que les deja en la calle y les abandona a su suerte. A pesar de que desde distintas organizaciones, como el bachillerato Mocha Celis, se crearon redes para contener al colectivo travesti y trans, resulta imposible poder abordar todo ese entramado complejo prácticamente en soledad.

Muches de elles no llegaron ni siquiera a terminar la escuela, lo que les obliga a encontrar como único medio de trabajo la prostitución. Todo eso desemboca en una realidad en la que el 90% de las personas trans no tienen acceso a un trabajo formal y casi el 80% vive de la prostitución o del trabajo sexual. Y su vez, generalmente esto desemboca en la muerte de muches de elles, por falta de contención, acceso a la salud y presencia amorosa.

Si podés colaborar con el colectivo travesti-trans, comunicate con las organizaciones aquí mencionadas.


Fuentes:

Imagen destacada: El destape


Hay un poco de nacionalismo en tu odio

El Día el Orgullo debiera ser una fecha de celebración en Argentina, donde el matrimonio igualitario y la identidad autopercibida son leyes nacionales hace varios años. Sin embargo, esta semana algunos grupos de civiles autoproclamados nacionalistas intentaron bajar las banderas LGTBIQ+ colgadas por los municipios: ¿fue un acto de homo-lesbo-trans-odio?

¿Nacionalismo encubriendo odio? ¿Otra vez?

El pasado viernes, el Municipio de Córdoba colgó una bandera arcoíris en el mástil del parque Sarmiento. Si bien su intendente reconoció que fue izada con motivo del Mes del Orgullo, la insignia con siete barras de colores identifica a Cuzco (Perú) y el cooperativismo.

Un día después, dos excombatientes de Malvinas asistieron al lugar para bajar la bandera en cuestión. Uno de ellos afirmó mirando hacia la cámara que grababa el accionar:

«Soy ciudadano argentino. Vengo en nombre de mi familia, de mis hijos, de mis nietos, a desagraviar el mástil de nuestra insigna patria. La bandera nacional argentina es un símbolo sublime que no se debe compatibilizar con ningún otro tipo de bandera ni banderola. Está establecido en nuestra Constitución Nacional así que, por lo tanto, vamos a sacar cualquier otro trapo que no represente la bandera nacional argentina. Muchas gracias».

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Destrucción de una placa conmemorativa por la inclusión LGTBIQ+.

La policía intervino y procuró que el símbolo continuase en su lugar. Las autoridades llegaron a un acuerdo para izar, por turnos, ambas banderas. Aun así, el video no tardó en viralizarse en redes. Y los disturbios en el lugar continuaron, ya que hubo enfrentamientos que tomaron una dimensión más violenta: un ataque con cadena, ostentación de arma de fuego y destrucción de una placa conmemorativa de la efeméride, según informó Agencia Presentes.

En Rosario (Santa Fe), cuatro civiles vestidos con uniformes militares intentaron evitar el izamiento de una bandera LGTBIQ+, amparándose en una supuesta ley. La actividad había sido aprobaba por el Consejo local del municipio por lo que, tras una discusión, se continuó adelante.

La historia de la bandera LGTBIQ+: una lucha por ser visibles

Cada color en la bandera tiene un significado. Creada en 1978 por el diseñador Gilbert Baker, fue realizada a pedido del primer dirigente gay de Estados Unidos en hacer pública su orientación, Harvey Milk. Su idea era generar un emblema que ayudara a visibilizar a la comunidad queer, históricamente censurada. En principio, la insignia se componía por ocho franjas de colores, pero con el paso del tiempo mutó a seis. Asimismo, cada grupo dentro del espectro cuenta con su propia identificación.

Si bien el sentido común entiende como homofobia a los actos que discriminan estrictamente a una persona física por razón de su orientación sexual o identidad de género, dicha definición amerita una revisión. La subestimación hacia lo que la bandera LGTBIQ+ representa también es una forma de ataque contra las políticas públicas de visibilización que se llevan a cabo desde el Estado para legitimar a una comunidad que ha sido vulnerada en sus derechos a lo largo de la historia.

En Argentina, la ley Nº 26.485 entiende a la violencia simbólica como una forma de violencia de género, definida como «la que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales». Si bien no es una acepción directamente aplicable al caso en discusión, es útil para identificar cuándo se incurre en este tipo particular de violencia.

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Publicación en el muro de Facebook de Alejandro Lopez, uno de los manifestantes de Córdoba.

Siguiendo esta idea, bajo argumentos de corte nacionalista y amparándose en la Constitución Nacional sin precisar el artículo según el cual actuaban, estos grupos —formados por hombres de más de cuarenta años de edad— transmitieron un mensaje de odio al dejar en evidencia el desconocimiento que tienen en torno a la historia de la comunidad LGTBQ+ y sus íconos, al desentenderse de las decisiones locales que reivindican el orgullo y la inclusión.

Así como la bandera argentina representa luchas patrióticas (en una historia oficial escrita durante años por hombres, con una visión eurocéntrica, desde políticas racistas como fue el genocidio llevado adelante por Julio Roca), la insignia LGTBIQ+ también lleva consigo la carga simbólica de años de batallas: las luchas diarias por una existencia digna.


Fuentes consultadas


Contra el falso SAP

El llamado S.A.P. (Síndrome de Alienación Parental) es una estrategia que tiene como principal argumento el creer que cuando une infante denuncia abuso por parte de su padre, lo hace bajo la influencia de la madre, quien busca destruir la relación con el  progenitor que lo abusó. El síndrome fue inventado por Richard Gardner, un psiquiatra y pedófilo confeso que además defendía la pedofilia. 

Hace unas semanas, el conductor de televisión Alejandro Fantino hizo alusión a este síndrome en su programa y reavivó la polémica. El rechazo por parte de algunes televidentes tuvo que ver, por un lado, con la irresponsabilidad enorme de que personas con llegada a tanta gente difundan esa ideología. Por el otro, generó repudio porque el conductor, entre otros famosos, ya había sido acusado de pertenecer a una red de pedofilia del Club Atlético Independiente. Por esto es necesario que quienes son comunicadores realicen capacitaciones en género.

Este falso síndrome surgió en Estados Unidos durante los años 80, por el gran incremento de denuncias de incesto y malos tratos con niños por las figuras parentales. Quienes creen que es real sostienen como principal argumento que, en caso de progenitores separades o divorciades, cuando une infante se niega a ver a su progenitor es porque las madres alienan a sus hijes en contra de ellos. Desde su punto de vista, eso genera una confusión en les niñes, haciendo que no quieran ver a sus padres. 

Este síndrome ha sido desestimado por muchas organizaciones mundiales y rechazado por la OMS. Tampoco fue incluido en los manuales de psiquiatría, ni en ninguna otra organización de la salud, por considerar que no tiene ninguna validez científica. Los principales argumentos para invalidarlo son su alto contenido valorativo, retórico e ideológico, lo vago que es conceptualmente y el hecho de que se ignora la singularidad de cada caso. A pesar de eso, sigue siendo utilizado en los juzgados para impedir que se realicen más denuncias y para amedrentar a muchas madres, en caso de divorcios conflictivos, que en su mayoría también pueden estar atravesando algún tipo de violencia de género. 

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Muchos padres que son amparados por esta ideología ya estaban impedidos judicialmente de acercarse a sus hijes por tener antecedentes de violencia o abusos. Sacan provecho de este falso síndrome para no creer en el discurso de les infantes y así concluir que las denuncias en su contra son falsas. 

La estrategia propuesta por quienes sostienen que este síndrome existe apunta a un tratamiento llamado «terapia de la amenaza», que incluye separar a le hije de la madre a la fuerza y castigar a ambes hasta que le hije «coopere» con las visitas.

Asimismo, se intenta demostrar que los abusadores son monstruos perfectamente identificables y reconocibles. Les resulta tranquilizador pensarlo de ese modo porque evitan reconocer que muchas veces los agresores sexuales son varones adultos, sin patologías, completamente integrados en la sociedad que conformamos y podrían ser cualquier miembro de la familia o conocido dentro de nuestro círculo cercano. 

Esta estrategia apunta a convertir a la víctima en victimario y al victimario en víctima. En este caso, hablamos de niñes a quienes se les deposita la responsabilidad de mentir con respecto a un abuso para alejarse de su padre y también de las madres, quienes les «inculcarían» estas ideas a sus hijes. Ellas son descritas por Richard Gardner como «madres histéricas», «exesposas vengativas» y «mujeres severamente perturbadas» que buscan sacarles plata a sus exparejas

Ante ese planteo lo primero que podríamos preguntarnos es cuál sería la ventaja de hacer una denuncia, qué provecho se podrían sacar, cuando en realidad en los procesos judiciales lo que más se pierde es dinero y tiempo. Además de lo difícil que es poder hablar de situaciones de abuso, sobretodo sabiendo que probablemente ese discurso no sea escuchado o creído.

Sin embargo, varies profesionales en el tema han destacado que en la infancia no existe la habilidad de crear mentiras complejas y sostenerlas frente a profesionales de un juzgado. Sumado a esto, quienes son víctimas de abuso sexual infantil suelen convivir con su abusador, quien realiza amenazas e inculca miedo, sensación de vergüenza y culpa. Todo eso alimenta las dificultades que atraviesa une niñe antes de realizar una denuncia, que se ven reforzadas ante la incredulidad de parte de les adultes.

Rape

Con el objetivo de prevenir posibles abusos y agresiones en la infancia, sobretodo dentro del ámbito familiar, algunes profesionales recomiendan prestar atención a las señales. Entre las físicas se encuentran comer más o menos de lo normal, tener problemas de sueño, ensuciarse o mojar la ropa o la cama, dolores de estómago, dolor o prurito (picazón) en el área genital, ropa interior manchada de sangre u otro líquido o secreción, sangrado rectal y problemas al caminar o al sentarse. Entre las emocionales aparece la presencia de pesadillas, retraimiento, baja autoestima, pensamientos o intentos de suicidio, llanto frecuente e ira extrema. 

Este tipo de ideologías, como el falso S.A.P., refuerzan el miedo a la denuncia por la gran cantidad de trabas que presenta la justicia. Para contrarrestar ese efecto ejemplificador podríamos pensar otras formas de denuncia que no necesariamente pasen por la justicia y, si todavía no existen, empezar a crearlas. En paralelo, es necesario continuar exigiendo una justicia que sea efectiva, que escuche y crea en los relatos de quienes han sufrido abusos. 

Comunicar Igualdad recomienda solicitar una evaluación a une médique o psicólogue estatal ante la sospecha de abuso y con ese informe psicodiagnóstico acercarse al Juzgado, porque ante la posible comisión de un delito el deber de cualquier funcionario público es remitir actuaciones. Otra medida podría ser fortalecer el diálogo entre hijes y progenitores, en el que predomine la escucha. Estar disponibles y ser receptives para que cuando une infante decida contar un abuso, del otro lado haya alguien que escuche.


Fuentes:

Para más información:


Cigarrillos de colores

Julián cerró con llave la puerta de su habitación y se quedó parado con el picaporte en la mano. La tarde del segundo martes de febrero se le había hecho larga. Estaba húmedo y el transporte público se había tomado el trayecto de vuelta a su casa con suma calma, similar a la lentitud de las gotas de sudor que bajaban por su espalda. 

Después de caminar las cuadras que lo separaban de la parada, pasó por el kiosquito de la esquina, con la mirada dirigida a las cajas de cigarrillos detrás del mostrador. Los últimos años había fumado Philip Morris religiosamente, pero ahora todas las marcas le parecían iguales. Suaves, normales, Marlboro, Camel. En realidad, no entendía mucho la diferencia.  

«Los mentolados son de puto», le había advertido un no-tan-amigo un par de años antes, cuando aún estaba en la secundaria. «Que no te vean fumando esos porque ya sabes qué pasa»

Finalmente, en el confinamiento de su habitación, abrió el paquete de mentolados que después de tanto tiempo se había animado a comprar. Se sentó en la cama, con la mirada hacia la ventana. La humedad cubría la pared del patio y una planta estaba muerta en una solitaria maceta. Apretó la bolita del filtro del cigarrillo y, luego de encenderlo, se lo llevó a la boca para dar la primera pitada. 

Con la sensación de frescura en la boca, se sacó el uniforme de trabajo y lo dejó hecho una bola en el piso. Debía lavarlo y tenerlo seco para el otro día, pero Julián no estaba tan seguro de querer volver al supermercado, su lugar de trabajo. 

Quizás era una decisión que debió haber tomado cuatro meses antes, al segundo día de haber sido contratado, pero las palabras de su padre lo habían acobardado. 

«Andá a trabajar. Hacete hombre y deja de mariconear por cualquier cosa». 

Claro que su padre no entendía que, aquel primer día, el gerente le había explicado el trabajo parado a metros de distancia con las dos manos detrás de la espalda. No había dicho nada pero Julián no era lento a la hora de comprender el lenguaje corporal. Solo una mirada bastaba para experimentar la incomodidad y la vergüenza. Solo un gesto facial, para leer lo que pasase por una mente prejuiciosa.

A pesar de su corta edad, Julián había transitado lo suficiente para entender que él no corría con la ventaja de «no parecer». Sabía demasiado bien que cualquier cosa que él hiciese era motivo para detonar el conservadurismo y la discriminación.

Durante las siguientes semanas, de todas maneras, había tratado de adaptarse y de generar lazos laborales, sencillos y superficiales pero lazos al fin. El supermercado solo tenía empleados hombres y jóvenes. Su madre lo había alentado a que se relacionara. 

«A ver si de una vez por todas tenés un amigo varón, Julián».

Era una lástima que entre los pocos empleados y él hubieran diferencias sustanciales.

El primer comentario lo tomó desprevenido y casi le causó gracia. Fue un miércoles, el tercero que trabajaba. Llegó temprano y decidió esperar su turno en la sala de descanso. Luego de saludar a uno de sus compañeros con un tímido «hola» no correspondido y antes de que se generase un silencio incómodo, le preguntó al sujeto cuánto hacía que estaba en la sucursal, como para sacar charla. 

—Mirá que yo no soy puto, eh. O sea, todo bien con los gays, pero a mí me gustan las minas —contestó bruscamente y de inmediato, sin dirigirle siquiera la mirada.

Julián no había sabido qué responder, las palabras lo habían dejado congelado. «El out of context más out of context del mundo», pensó. Y, sin embargo, se quedó allí, asintiendo con la cabeza y retrayendo para que el reloj corriera más rápido. 

El humo mentolado salió de su boca y lo sacó del trance. Subió las piernas a la cama y se apoyó sobre el respaldar. Rió de manera irónica ante el recuerdo y la inocencia de pensar que eso era lo más jodido que le había pasado en el trabajo. 

Pero no fue tan difícil volver a tropezar con la misma piedra. La segunda vez, todavía en su plan de hacer amigos, la había encontrado con sus compañeros antes de levantar las persianas. Era lunes y los comentarios sobre la fecha del campeonato inundaban la charla. 

Se ubicó a un costado del grupo para poder escuchar y cuando mencionaron Boca-Aldosivi no dudó en participar. 

—Para mí, no era para roja la patada —dijo con total naturalidad.

El grupo se quedó callado, hasta que uno de ellos —el sujeto— lanzó el chiste más obvio pero que menos esperaba. 

—A este le debe gustar cuando intercambian las camisetas al final —exclamó sin mirarlo. Sin reconocer siquiera su comentario, ignorando prácticamente la presencia de Julián.

Unos pares estallaron en ridículas risas, otros fingieron gracia y los menos se quedaron callados. Julián esperó que, al menos, después del chiste tuviesen la decencia de seguir la conversación pero se encontró con el silencio y la distancia absoluta.  

Acomodó la espalda en la almohada y le dio dos pitadas fugaces al cigarrillo. Sin aviso previo, sintió las lágrimas caer por su cara hinchada. Ácidas y saladas, las sentía hervir contra su mejilla. Todo porque rompía con la normatividad pactada. Todo porque siempre le iban a gustar más los mentolados. 

En retrospectiva, Julián entendió que desde aquel día ya tenía escrita la condena. Aun antes de haber hablado el tema en Recursos Humanos.  El reporte quedó en la nada pero le había valido dos semanas de castigo, ejercido por los propios empleados, que pasó limpiando todo el supermercado. Había sido duro volver tan abajo en la cadena de mando. Injusto. 

Sin embargo, Julián se encontró con que ninguna situación anterior tenía comparación con lo que había sucedido horas antes ese martes. Ni los malos tratos, ni los chismes detrás de su espalda. Nada se le asimilaba.  

Durante el mediodía, se había cruzado con su compañero en el sector de toallitas femeninas. Generalmente le indicaban acomodar ese sector, una y otra vez. Mientras Julián acomodaba las góndolas superiores, el sujeto, un par de años más grande que él, se agachó al costado para reponer el stock de los estantes inferiores.

Si bien los separaba un carrito lleno de paquetes de pañales, Julián tenía vista panorámica del empleado de rodillas. No quiso reír, pero pudo evitar soltar un leve bufido al recordar lo que le había dicho ese empleado la primera vez que habían hablado. 

«Mirá que no soy puto, eh» y sin embargo ahí estaba, agachado casi a su lado, solo separados por un chango.

Julián soltó una risa ante lo bizarro del pensamiento y continuó acomodando. Su mirada se despegó de la góndola por unos segundos pero eso alcanzó para soltar el desastre. 

—¿Vos te estás riendo de mí? —le preguntó desde el suelo, con prepotencia.

Julián se despabiló de sus pensamientos y lo miró desconcertado.

—¿Qué? —respondió, con tono desorientado. 

—¿Que qué? ¿Me estabas mirando, pelotudo? —el sujeto se paró de un salto. Una mezcla de ira y rabia internalizada le empapaba la cara. La bronca que emitía lo hacía crecer de tamaño.

—N-no, nada que ver —llegó a decir, entrecortado. Tenía aún dos paquetes de toallitas en las manos. 

—Me estabas mirando el culo, ¿no, pelotudo? —la inacción de Julián parecía enojarlo aún más. 

El sujeto empujó el chango hacia atrás con fuerza. Julián sintió la manija chocar contra su abdomen. No tuvo tiempo de cubrirse con los brazos. El sujeto se acercó a él y lo impulsó contra las góndolas de manera violenta con las manos aferradas a las solapas de su remera. 

—Escuchame, puto de mierda, a mí no me mandás más al frente, ¿entendiste? —Julián sintió las gotas de saliva en su cara, al tiempo que el aliento caliente inundaba todo a su alrededor. Estaba agitado, los latidos del corazón le zumbaban en los oídos pero la sangre se le había helado. 

—¡¿Entendiste?! —reiteró el sujeto fuera de sí. Lo zamarreó de las solapas y provocó que se golpeara contra los estantes. 

Julián no dijo nada. Solo asintió. Rápido, con la cara pálida y la boca en una línea recta. Tenía la garganta seca, apenas podía respirar. El sujeto lo soltó y lo empujó una vez más contra las góndolas, como si quisiera darle un ultimátum. 

—Más te vale que no te enganche de nuevo mirándome el culo —reiteró con un dedo acusador mientras se alejaba. 

Se había quedado inmóvil hasta que escuchó que alguien más se acercaba. Al ver a una clienta, se incorporó y fingió acomodar los productos en el estante mientras hacía fuerza para no romper en lágrimas. 

El mentolado del cigarrillo aromó las palabras que, aun en su habitación, seguían retumbando en su cabeza. Las paredes reproducían las frases de manera amplificada y Julián no podía calmar el llanto. Lloraba demasiado para un hombre con un cuerpo tan escueto y tan pequeño. 

Puto de mierda, escuchaba. Al eco se le unieron los retos de su abuelo y las risas de sus primos.  

Puto pelotudo.

Percibió las burlas de sus compañeros de la secundaria y los llamados de atención de sus maestros. 

Puto marica.

Oyó las acusaciones de su padre y los lamentos al cielo de su madre. 

Puto asqueroso.

Por último, le retumbó el silencio. Pero no el propio, sino el silencio desolador de todos aquellos que se habían quedado callados, que no habían saltado a darle una mano. 

Puto fracasado. 

Con la imagen de mil dedos índices que apuntaban hacia él, siguió llorando y fumando su mentolado. 

Puto y todas sus variaciones. 

Julián se sentía devastado. Había pagado muchas cuotas durante su vida fuera del clóset, muchas multas por faltar a la heteronorma. No podía evitar frustrarse, ¿hasta cuándo las abonaría? 

Aquel atardecer, decidió nunca más volver. Terminó el cigarrillo mentolado. Escuchó la puerta de entrada y el sonido distintivo de su padre. Se secó la cara y se vistió con ropa de casa. Se dirigió fuera con intención de saludarlo. En una reacción instantánea, escondió los mentolados entre el colchón y la madera de la cama y salió a recibir a su padre con la caja de Philip Morris en la mano.