Crímenes de odio

A casi dos meses de su inicio, alrededor de 280 mujeres fueron asesinadas en lo que va del año 2019. Una problemática que se extiende desde México hasta Argentina y se lleva la vida de personas inocentes que se convierten en víctimas del desprecio.

Vivir en América Latina es tener miedo a robos, secuestros, acosos y abusos. Vivir en América Latina es saber que, siendo mujer, quizá una noche no regreses a casa. Es saber que el noticiero de la mañana probablemente anuncie una nueva violación o el asesinato de una compañera. Vivir en América Latina es vivir con miedo, y es iniciar 2019 con altas tasas de femicidios.

Femicidio o feminicidio se entiende como «la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, la unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión». Extractos del Modelo de protocolo latinoamericano de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de género.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), solamente en

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Imagen extraída de CC News.

2017 fueron contabilizados más de 2700 crímenes contra la mujer. En este 2019, México, Argentina, Brasil, Bolivia, y Chile, entre otros, fueron los primeros en registrar este tipo de casos.

Una escalada de crímenes de odio que, pese a leyes, denuncias y movimientos en pos de su eliminación y prevención, se siguen generando de forma cada vez más violenta y repetida.

No es casualidad que, según la ONU, América Latina sea considerada la zona más violenta del mundo para las mujeres fuera de contextos de guerra. Ya en 2018, El País le adjudicaba a estas tierras el concepto de «región letal» y El Imparcial se refería a ellas como «zona roja», advirtiendo que el machismo era el principal verdugo.

La misoginia tiene raíces en comportamientos estructurales, normalizados y perpetuados dentro de la sociedad patriarcal, y son los responsables de esta epidemia que acecha. No son problemas aislados: se trata de patrones violentos basados en el machismo, completamente enraizados en las sociedades.

En un recorrido geográfico, México con 104 y Brasil con 69 encabezan la lista de números más altos de femicidios de este año. Según la especialista Esther Pineda, de CC News, este tipo de crímenes sexistas se caracterizan por la crueldad y sexualización. Quienes cometen estos delitos pueden ser simples desconocidos, pero en general se trata de personas con las que se ha mantenido o se mantiene relaciones sexoafectivas y, muchas veces, a pesar de las denuncias hay un Estado ausente.

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Observatorio feminicidio México.

Pineda destaca que los números son cada vez más altos y que, a pesar de que las luchas por visibilizar la problemática y encontrar soluciones tanto por parte de lxs familiares de las víctimas como de grupos feministas son activas, todavía se trata de una realidad desatendida.

El caso más reciente en México tuvo como víctima a Giselle, una menor de 11 años.

Según HuffingtonPost, en dicho país, para que un homicidio doloso (acto que busca quitarle la vida a una persona intencionalmente) sea considerado femicidio, debe cumplir con el artículo 325 del Código Penal Federal, establecido como «privar de la vida a una mujer por razones de género».

El problema es que esas razones quedan a criterio de ministerios públicos o de jueces que muchas veces por ignorancia y desconocimiento caratulan la causa de forma equivocada. Conforme un conteo realizado por el portal, basado en datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se registran 2,2 femicidios al día, uno cada 11 horas.

En Brasil la situación no es muy diferente. En lo que va del año fueron registrados más de 130 femicidios, lo cual concentra el 40% de asesinatos por motivos de género en América Latina. Son cifras alarmantes que remarcan la violencia y hacen crecer la necesidad estatal de implementar políticas y estrategias integrales para prevenir más víctimas.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) manifestó su preocupación respecto de los asesinatos y tentativas de homicidio con motivo de género que tuvieron lugar en ese país. Según El Ciudadano, solo en Río de Janeiro alrededor de 300 mujeres son asesinadas cada año.

«Los asesinatos de mujeres son la forma más extrema de violencia y discriminación contra ellas y representan una violación flagrante a sus derechos de humanos. Vemos con preocupación la prevalencia de asesinatos de mujeres, así como las trágicas consecuencias que las tentativas de asesinato tienen para las víctimas y sus familias, como las profundas afectaciones psicológicas, emocionales y físicas que estas agresiones conllevan». Antonia Urrejola, comisionada, Relatora para Brasil CIDH

La comisión advierte sobre determinados riesgos que enfrentan las mujeres, ya sea por vulnerabilidad, por origen étnico o racial, por su orientación sexual o su identidad de género, por su situación de movilidad, por condiciones de pobreza, por su trabajo o activismo, etcétera.

En este sentido, Brasil enfrenta otra problemática más: la discriminación étnica/racial. Son muchos más los casos de asesinatos y victimización de mujeres de color. De 2003 a 2013, según estudios publicados por FLACSO, el porcentaje de asesinatos de mujeres negras creció un 54% mientras que el de mujeres blancas cayó un 9,8%, marcando una innegable conexión entre el racismo y el machismo.

Por la impunidad que prevalece frente a estos crímenes y la desprotección estatal, la violencia machista es tolerada. Pese a que la ley que tipifica el femicidio en Brasil encarna un paso primordial, la comisión pide que se refuercen los mecanismos de protección con medidas estratégicas que brinden asistencia y atención.

Un poco más al norte, en Perú, se registraron 11 femicidios a lo largo del mes de enero. En diálogo con el portal IPS, Gladys Acosta, abogada y una de las 23 integrantes del Comité de Expertas que supervisa el  cumplimiento de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, expuso:

«Se difunden las noticias como si fueran un espectáculo, sin explicarlas. Se muestran las imágenes violentas y uno pensaría que eso puede detener el fenómeno al exponer una actitud tan destructiva, pero no es así. Eso me hace pensar que mucha gente mira al agresor como un héroe patriarcal. […] En ciertas mentalidades eso se traduce como: “Qué valiente, yo quisiera hacerlo pero no puedo”».

Argentina también es testigo de uno de los picos más altos de violencia machista, que arremete contra las mujeres y contra personas trans y travestis. Según el portal Tucumán a las 7, además del alto número de femicidios ocurridos a lo largo de enero fueron registrados 15 casos de travesticidio en menos de dos meses.

Detrás de esos números, hay mujeres, y detrás de esas mujeres hay niñxs. En base a la recopilación de datos que El País realizó sobre la ONG La Casa del Encuentro, en la última década, estos crímenes dejaron a 3378 menores de edad huérfanos de madre.

Ada Rico, titular de La Casa del Encuentro, declaró para Perfil:

«Se ha avanzado mucho en materia legislativa. Tenemos la ley 26.485 (de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, sancionada en 2009), tenemos el agravante por violencia de género, la reparación económica para hijas e hijos, la pérdida de la responsabilidad parental del femicida. Pero indudablemente aún es insuficiente porque nos está dando un promedio de una mujer asesinada cada 32 horas en nuestro país».

Los recortes presupuestarios en sectores especializados en género, como el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), alcanzan este año reducciones nominales del 39%. Sobre esto se manifestó Raquel Vivanco, coordinadora del observatorio «Ahora Que Sí Nos Ven», para La Nota Tucumán:

«Tan solo $11 por mujer para el 2019 representa en ínfimo presupuesto otorgado a este organismo para dar batalla a este flagelo que se cobró 895 vidas en lo que va de la gestión del gobierno de Cambiemos. […] Un femicidio cada 34 horas durante el primer mes del 2019 es la muestra contundente de que el Estado está en deuda con las mujeres. Estamos lejos de poder vivir una vida libre de todo tipo de violencia como prevé la ley 26.485 y los tratados internacionales de derechos humanos de las mujeres».

Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá) encabezó una junta de firmas para exigir al estado que declare la emergencia nacional por violencia de género, buscando una respuesta frente al silencio de los funcionarios de un Estado que falla en la toma de medidas políticas activas y eficientes.

Para erradicar la agresión y el machismo, también hay que eliminar los mandatos y los comportamientos pilares de esas normas dañinas. No es No, la violencia no es amor y hay que romper con estas creencias para salir del círculo abusivo, pero no es fácil y aún con denuncias y órdenes perimetrales, los femicidas atacan y el Estado no aparece.

Vivas nos queremos.

 


Fuentes

Nos están matando

Hoy marchamos por ella, Anahí, pero también por todas.

Hoy a las 15 hs desde las avenidas 9 de Julio y de Mayo hacia Congreso marchamos por justicia. Nos hacemos eco por todos esos angelitos que ya no están, angelitos con tantos sueños que se les arrebataron. Hoy es por ELLAS, por NOSOTRAS, como siempre, porque seguimos, no nos rendimos.

ELLA, VOS, YO, NOSOTRAS…

No paramos, no dejamos de luchar porque así lo sentimos, porque así lo queremos. Porque de camino a casa queremos ser LIBRES, no valientes, porque así lo sentimos, porque así lo queremos.

Luchamos por lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. Por tantos sueños arrebatados, tantos sueños perdidos. Luchamos por vos, por ella, por lo que merecemos, por algo tan simple y degradado como es nuestra libertad. Libertad desgarrada, perdida; libertad que queremos recuperar, que queremos tener.

A vos mamá, a vos amiga, a vos hermano, a vos, simplemente a vos: si no vuelvo no me busques, esa no soy yo. Me arrebataron la vida, buscame en vos, en lo que vivimos, en mi esencia, en todos y cada uno de mis grandes sueños, mis metas, en mi felicidad.

Sí, sueños, tantos sueños que se borraron, que se perdieron, sueños que NOS BORRARON. Hoy, como todos los días, nos hacemos eco una vez más en este inmenso mundo que no nos protege y es tan injusto para todas.

Transformemos esta realidad degradada en amor, en lucha; lucha por la igualdad, por justicia.

Hoy nuevamente decimos BASTA. BASTA DE IMPUNIDAD, NOS ESTÁN MATANDO.

Fue Anahí, fue Ángeles, fue Melina, fue Candela, fue Aracelí, fuimos y somos todas. No es una más ni una menos, y si un día no me ven nunca más, hacé por mí la revolución y por todas las demás.

 

#NiUnaMenos: La situación actual

El 3 de junio del año 2015, se organizó la primera marcha multitudinaria del colectivo Ni Una Menos. El femicidio de Chiara Pérez, una niña de 14 años embarazada a quien su novio había matado a golpes en la localidad santafesina de Rufino fue el punto de quiebre.

Desde entonces, muchxs se han sumado a la lucha contra la violencia de género, pero muy poco ha hecho el Estado para cumplir con las demandas. ¿Qué cambió desde aquel 3 de junio lejano? ¿Mejoró o empeoró la situación de las mujeres?

Medidas insuficientes

El comunicado de convocatoria a la última marcha denunció que, en lo que va del año, hay al menos una mujer o una travesti menos por día, que aún no hay estadísticas oficiales serias sobre los femicidios, y que es mayoritariamente la organización popular y no el Estado quien se hace cargo de la búsqueda de las jóvenes desaparecidas. El caso más reciente es el de Araceli Fulles.

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Según los datos de la Corte Suprema de Justicia, en 2014 hubo 225 femicidios -una mujer asesinada cada 39 horas-; en 2015, el número se incrementó a 235 y en 2016, a 254. Estos números difieren de los datos que desde el año 2008 aporta la Asociación Civil La Casa del Encuentro en base a lo relevado en los medios de comunicación. Según sus estadísticas, los femicidios treparon en 2015 a 286,  y en 2016 a 290.

Mientras la asociación adjudica la diferencia a que la Corte no incluye datos sobre femicidas que se suicidan ni los casos de las travestis que no hicieron el trámite de cambio de género, desde la CSJN aseguran que esos casos sí son tenidos en cuenta, pero que muchas veces las noticias que en los medios figuran como femicidios no lo son en realidad.

Asimismo, un tercer indicador es el provisto por el Ministerio de Justicia, que en el año 2015 contabilizó 226 femicidios y en el 2016, 226. Tres indicadores y ninguna certeza.

Por otra parte, los movimientos feministas rechazan la búsqueda de solución al problema mediante el punitivismo: este llega tarde y no propone el desarrollo de políticas de prevención. Dos años después de la primera marcha, el 80% del presupuesto del Plan Nacional de Acción para la Prevención, la Asistencia y la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres se va en la construcción de refugios.

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Incumplimientos

El colectivo Ni Una Menos, como ya denunció Escritura Feminista, sostiene que el Estado incumple con la ley de Educación Sexual Integral y con la ley que garantiza el patrocinio jurídico gratuito para las víctimas. Además, el acceso a la justicia es deficiente.

El Estado no debate el acceso al aborto legal, seguro y gratuito. Tampoco les otorga derechos laborales a las trabajadoras sexuales y las deja expuestas a la violencia institucional. El mismo Estado que tuvo detenida a Belén más de dos años por un aborto espontáneo, hoy priva de su libertad a Higui por defenderse de una violación grupal.

A dos años de la primera marcha, los movimientos feministas se encuentran más organizados, cada vez más convocantes y con demandas más concretas.

Sin embargo, el Estado decide ignorar la situación actual de las mujeres que se cobra una vida por día. Las escasas medidas que toma son insuficientes y muchas veces propone “soluciones” sin tener en cuenta la especificidad del tipo de violencia que se pretende combatir y las voces de quiénes son sus víctimas directas.

Ante una situación actual dramática, la única buena noticia es que la ola feminista no para de crecer. El Estado en algún momento deberá hacerse eco de lo que pasa en las calles y estar a la altura de las circunstancias. La revolución será feminista, o no será.

 

 


Fuentes consultadas:

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Por ellas, volveremos a gritar

Nunca fui una persona que se plantara por demasiadas cosas, o que se pusiera la camiseta de alguna lucha. Siempre me consideré alguien a quien muchos llamarían tibia, y más si las situaciones no me afectaban de manera directa. Sin embargo, hubo un momento en el que no pude hacerlo más y aquel tres de junio, decidí estar ahí.

En el 2015, cuando se hizo la primera marcha de #NiUnaMenos, mi cabeza estaba ocupada con cosas demasiado banales: la campera de egresados, el viaje a Bariloche, la fiesta de fin de año, qué me iba a poner para la entrega de diplomas, a qué fiestas iba a ir. A esa primera marcha, no fui. En mi cabeza, no creía que una menos hiciera realmente la diferencia entre toda esa gente.

En 2016, algo cambió. Toda mi vida dio un giro de 180°. Dejé la secundaria y con ella muchas otras cosas. Empecé a ver cosas que antes pasaba por alto. A contar la violencia machista y darme cuenta de que tenía naturalizadas un montón de conductas que no eran sanas.

Nadie tiene que por qué revisar tus cosas. No te pueden decir cómo vestirte o con quién salir. No tenes por qué hacer algo que no querés solo por temor a lo que puedan decirte. Sos dueña de tu cuerpo y de estar con quien(es) quieras.

Me informé más, quise saber qué era lo que estaba pasando. Y me topé con una realidad horrible. Todos los días, una vida que se iba. En manos de un novio celoso que vio unos mensajes que no le gustaron. Un exmarido enojado que no soportaba que ella rehiciera su vida. Un pretendiente que no quiso aceptar un no por respuesta. Un desconocido que se creyó que aquella chica que pasaba por su cuadra le pertenecía. Alguien que les vendió la ilusión de una mejor vida, engañandolas. Un Estado que hizo oídos sordos a sus pedidos. Vidas que se iban, físicamente o no, en manos de la violencia machista, de los genes del patriarcado instaurados en nuestra sociedad. Una a una, nos las arrebataban como si no importaran, como si una menos no significara nada.

Tal vez no conocía a ninguna de todas esas mujeres que aparecían en la tele, o tal vez alguna era la chica que me cruzaba en el subte todas las mañanas de camino a la facultad, o esa que me preguntó si me sentía bien cuando me vio llorando en plena Avenida Rivadavia, o la que choqué a las tres de la madrugada en el boliche y se enojó porque mi trago cayó en su ropa. Pero para otras personas, esas vidas significaban mucho más. Su ausencia representaba una silla vacía en los asados del domingo, un abrazo menos a la hora de dormir, un mate que jamás pudieron compartir, un mensaje que jamás fue contestado. Una menos significaba un vacío enorme, y si faltaba una, yo también sentía ese vacío. Porque al fin y al cabo, todas eramos esas mujeres, a todas nos había atravesado de alguna u otra forma la violencia. La lucha nos involucraba a todas. 

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Por eso, aquel tres de junio, decidí alzar mi voz. A pesar de la lluvia, de las dudas, de no tener idea de cómo iba a ser, de cuánta gente iba a haber, de si me iba a sentir parte; ese día fui a marchar. Desde la primera estación del subte, me sentí acompañada. Esa escena siempre me recordó a Alina Reyes, la protagonista de uno de los cuentos de Julio Cortázar, que viajaba en un colectivo donde todos llevaban un ramo de flores, menos ella y otro chico. Creo que así me sentí en ese subte, pero yo no era Alina, yo era de las que llevaban flores y se bajaban en Chacarita, o en este caso, de las que vestíamos de negro y nos bajábamos en Lima.

Caminé junto a un tumulto de gente desde el Obelisco, haciéndome amiga de esas personas, mientras cantábamos todas juntas.

Che oíme, che oíme, si tocan a una, nos organizamos miles.

Cuando llegamos a la plaza, no lo podía creer. Había más personas, banderas, cantos, gritos y, por sobre todo, muchos sentimientos encontrados. No veía ninguna cara conocida y sin embargo, nunca me había sentido tan segura y tan cómoda entre tanta gente. Porque estábamos todas ahí por lo mismo. Bajo ese mar de paraguas, todas éramos una sola voz que al unísono gritaba «Ni una menos, vivas nos queremos». Por las que nos habían arrancado. Por nosotras mismas. Por las que van a venir.

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Ese día, volví a mi casa con un sentimiento inexplicable. No podía creer cómo de una situación tan horrible, de la muerte, de la violencia, del maltrato, podía surgir algo tan lindo y fuerte, tantas personas alzando sus voces por una misma lucha.

Por eso, mañana voy a estar ahí otra vez. Gritando, cantando, marchando, luchando. Porque somos la voz de las que ya no están, y queremos que las sigan escuchando hasta que se haga justicia, hasta que en esa plaza no haya ni una menos.


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Galantz
La Nación
Crónica

Antología del machismo mediático

En Argentina, una mujer muere cada 18 horas por el solo hecho de ser mujer. El espacio destinado por los medios de comunicación para cubrir casos de violencia de género cada vez es mayor, pero el abordaje no suele tener en cuenta una perspectiva de género. Entre profesionales responsables e intentos fallidos de abordar la problemática, se cuela el discurso machista de muchos comunicadores que aseguran ver en la víctima, también a la victimaria.

En casos de desaparición de mujeres, suelen abundar editoriales sin firma que hacen un análisis sexista de la calidad de la víctima, muchas veces con información robada de sus perfiles en las redes sociales.

Probablemente el ejemplo paradigmático sea la nota de Clarín.com titulada “Una fanática de los boliches que abandonó la secundaria”, en referencia a Melina Romero, asesinada en el año 2014. El resultado de una investigación, que no es tal, suele ser que la víctima se buscó su final.

En el mismo sentido, muchos comunicadores nos tienen acostumbrados a una verborragia que pone el eje en la víctima y no en el victimario, quién siempre es visto como un enfermo que no se puede controlar, nunca como parte de una sociedad que cosifica a las mujeres y les impone un determinado uso de sus cuerpos.

Los casos más conocidos son los de los periodistas Chiche Gelblung y Baby Etchecopar, a quienes se ha sumado esta semana el ex director técnico de la Selección Argentina de Fútbol, Carlos Bilardo.

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«En ninguna parte del mundo a las 5:20 de la mañana una chica puede andar sola por la calle», puntualizó el conductor.

Gelblung tiene una larga trayectoria de discursos misóginos. En el año 2014, escribió una editorial titulada “Miley Cyrus: La escuela para las futuras Melina Romero” en la que sostenía:

“El video donde se ve a Melina saliendo de bailar la mostró así: vestida de manera provocativa, con shorts y una remera corta, y a los besos con un joven. Por eso, el mensaje que brinda Miley Cyrus es absolutamente contradictorio dentro de una sociedad donde se intenta formar a las jóvenes bajo una cierta línea”.

Más recientemente, a raíz del femicidio de Micaela García, el periodista volvió a opinar en la misma línea: “Sé que es incómodo lo que voy a decir: por un lado este degenerado de [Sebastián] Wagner, y por el otro una chica que sale sola de un boliche. Se unieron dos cosas que fueron mortales”, y agregó “En ninguna parte del mundo a las 5:20 de la mañana una chica puede andar sola por la calle”.

Según Gelblung, debería existir un toque de queda para las mujeres.

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«El problema es la provocación. Porque no es casual que de golpe aparezcan tantos violadores» , manifestó Etchecopar.

Otro periodista conocido por su misoginia es Baby Etchecopar, quién recientemente opinó: “El problema es la provocación. Si tu hija de 12 años sale mostrando las tetas con un tatuaje y haciendo trompita hay una provocación”. El problema es la provocación de la niña/mujer y no el hecho de que muchos hombres se crean dueños de los cuerpos femeninos. Además, sostuvo:

“Yo veo a una nena de 12 años que puede ser mi nieta pero hay un degenerado que la ve como una mujer. El problema es la provocación. Porque no es casual que de golpe aparezcan tantos violadores”.

No sólo parece decirles a las mujeres cómo se tienen que vestir y comportar –que para él sería la forma de evitar violaciones– sino que, además, parece asegurar que el hombre tiene un instinto animal que prima por sobre su racionalidad. Simplemente, no se puede contener.

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«Primero de todo son hombres y después violadores», explicó el ex DT.

Esta semana fue Carlos Bilardo quién culpabilizó a la mujeres: “Estoy contra la violación, estoy contra todo, pero hay mujeres que visten bien y hay mujeres que son provocativas” y agregó: “En la playa sí, que vaya como quiera. En una calle, no se puede ir como quiera. Hay chicas jóvenes que incitan a eso, que usan polleritas por acá, se agachan a buscar un papelito y se le ve la bombacha”.

¿Mujeres incitando a su propia violación?

Otra vez se cuela esa idea de bestialidad que le quitaría al hombre la responsabilidad sobre sus acciones: “Primero de todo son hombres y después violadores”, remató el extécnico de la Selección Argentina. Y el “algo habrá hecho” que la sociedad argentina arrastra desde la última dictadura parece apoyar un discurso que intenta disciplinar a las mujeres.

La diferencia con otras épocas es que ahora este tipo de enunciados tienen respuesta y consecuencias. Chiche Gelblung fue varias veces denunciado por el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión. A Baby Etchecopar le cancelaron los shows que tenía programados en el interior del país por la condena social que ocasionaron sus dichos.

El Consejo Nacional de las Mujeres por su parte, denunció que este tipo de declaraciones violan los artículos 5 y 6 de la  Ley Nº 26.485 de “Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”, que hacen referencia a la violencia simbólica y mediática. Una gran parte de la sociedad ya no está dispuesta a callar y eso, a pesar de todo, es una buena noticia.

 

 


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¿Dónde está Araceli?

La joven falta en su casa desde el 1° de abril. Desde el mismo día que faltó Micaela, quien fue encontrada sin vida una semana después. De Araceli, no hay noticias; nadie la vio y no hay pistas ni sospechosos. La respuesta a la pregunta no puede ni debe seguir siendo “desaparecida”. Nadie desaparece. En algún lado está, y todos la buscamos.

En el Municipio de San Martín, el misterio se une a la desesperación. Ya son 18 días de búsqueda incansable para dar con el paradero de Araceli Fulles, de 22 años, quien fue vista por última vez en el barrio de Lanzone. Después de avisarle a su mamá que estaba llegando, se le perdió el rastro.

La familia radicó la denuncia en la comisaría de Billinghurst y en la fiscalía. Su padre cree que pudo haber sido víctima de una red de trata, por la condición de vulnerabilidad en la que se encontraba de adicción a las drogas. Sin embargo, la fiscalía N°2 de San Martín no aceptó la colaboración de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX).

La búsqueda

Como la investigación no daba resultados, familiares y amigos de Araceli realizaron varios cortes de ruta en la zona para pedir su aparición con vida y repartir volantes con su imagen y datos de contacto. Con esa misma foto, cientos de mujeres empapelaron la Plaza de Mayo en la marcha para pedir justicia por Micaela el pasado 11 de abril.

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Durante el fin de semana, el Ministerio de Seguridad bonaerense elevó a 500 mil pesos la recompensa para quienes aporten datos certeros sobre el paradero de la joven.

Para ello, deben presentarse en el Departamento Judicial San Martín (Ricardo Balbín N° 1753, Piso 2°, teléfono: 011-4724-6040) o en la Dirección de Registro de Personas Desparecidas (calle 2 entre 51 y 53, La Plata, teléfono: 0221-429-3015-3091).

En paralelo, las redes sociales instalaron el hashtag #AraceliTeEstamosBuscando para difundir lo más posible su imagen y que no quede un rincón del país en el que no se sepa que falta Araceli. Asimismo, empleados del municipio de San Martín, junto a más de 300 voluntarios continúan rastrillando distintas zonas del distrito. El intendente, Gabriel Katopodis, aseguró que “vamos a buscar en las 3.200 manzanas hasta encontrarla”.

El pasado martes, se supo que el cuerpo canino «K9» dependiente de la Asociación Bomberos Voluntarios de Punta Alta (Bahía Blanca) encontró la cartera de la joven con un papel escrito por ella, en el barrio 9 de Julio. Los familiares reconocieron los objetos.

Ayer por la mañana, se presentó de forma voluntaria a declarar un camionero de Entre Ríos que afirma haber trasladado a Araceli en los primeros días de abril desde Zárate hasta Ceibas. La joven, aparentemente, viajaba con un chico de su edad al que llamaba “Gastón” y tenía como objetivo llegar a Brasil.

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Datos de contacto

Al momento de su desaparición, Araceli vestía un jean claro, una musculosa negra corta y zapatillas negras con fucsia. Para aportar información certera, pueden comunicarse con Mónica Ferreyra, su mamá, a los siguientes teléfonos: 11 3673 8118 / 11 4739 8867.

No dejemos de buscarla. Araceli cuenta con nosotros.

 

 


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Femicidio en Tucumán: ¿quién mató a Ornella?

La joven tenía 16 años y estaba embarazada de un mes y medio. Aunque llevaba desaparecida varios días, su familia no había hecho la denuncia. Dos niños la encontraron muerta en un campo de soja en Alberdi, una localidad a 90 kilómetros de la capital tucumana.

El 10 de abril, apareció su cuerpo semidesnudo y con signos de haber sido violada. Desde entonces, no se sabe mucho más. Familiares y amigos marchan y exigen justicia, mientras los vecinos denuncian irregularidades en el accionar policial: dicen que, cuando llegó la Brigada de investigaciones a la zona, la policía local se negó a entregar el mando de la investigación. Los oficiales locales parecían nerviosos.

Existen varias líneas de investigación en paralelo. La primera apunta a Damián “Pomelo” del Valle Fernández, porque estaba con ella la última vez que se la vio con vida. Según la autopsia, habría sido asesinada ese mismo día. El hombre se presentó de manera espontánea en la sede de los tribunales de Concepción y negó cualquier responsabilidad en el hecho.

La segunda línea de investigación recae sobre un joven que aparece en las imágenes de una cámara de seguridad junto a Ornella. Una testigo se acercó a declarar en la fiscalía. Asegura que, el día del femicidio, caminaba por el barrio y, alarmada por los gritos que escuchó, se escondió detrás de un árbol.

Desde allí, pudo ver cómo cuatro hombres violaban y mataban a la joven. Uno de ellos, el que aparece en el video, fue identificado como “perrito”.

Una tercera hipótesis apunta a la relación que Ornella mantenía con un policía, quien, se dice, podría ser el padre del bebé que esperaba. Al momento, se desconoce la identidad del efectivo policial.

Por último, no se descarta que el crimen tuviera alguna relación con los antecedentes penales del padre de la joven.

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Las dudas siguen instaladas. La investigación parece girar siempre sobre el mismo eje. El tiempo pasa y Ornella nos falta a todos desde el 10 de abril. Desde ese día, su nombre se sumó a la larga lista de femicidios. Lista que, dolorosamente, no para de crecer.

 

 


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La despedida a Micaela: perfume al filo del dolor

El sábado 8 de abril apareció el cuerpo de Micaela. El final de una búsqueda desesperante que nadie hubiera querido afrontar. Ese día, miles y miles de mujeres nos encontramos, otra vez, cara a cara con el espanto. Hartas de sentirnos vulnerables, de que nuestras vidas no valgan. Ese día, todas la lloramos un poquito. Porque no importó cuánto habíamos gritado que no queríamos #NiUnaMenos, cada vez nos faltan más.

A Micaela García, de 21 años, se le había perdido el rastro el sábado 1° de abril a la salida de un boliche. Una semana después, su cuerpo fue encontrado en un descampado.

El autor del hecho, Sebastián Wagner, de 30 años, debería haber estado cumpliendo su condena por dos violaciones, pero había sido beneficiado con la libertad condicional por el juez de Ejecución Penal de Gualeguaychú, Carlos Rossi. Ningún informe de la penitenciaría recomendaba su liberación.

El detenido se declaró culpable del secuestro y la violación de la joven, pero acusó del homicidio a Néstor Pavón, dueño del lavadero de autos de Gualeguay donde trabajaba.

Wagner está imputado por los delitos de “abuso sexual con acceso carnal”, “homicidio calificado por alevosía y femicidio y criminis causa”, es decir, un delito que se comete para ocultar otro; en este caso, la violación. La pena que se prevé es de prisión perpetua.

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Aunque el caso parezca estar resuelto, Micaela nos falta a todos porque todos los mecanismos de control para prevenir un nuevo ataque de Wagner fallaron.

Falló el Estado, cuando el juez Rossi decidió la libertad condicional para un violador. Falló nuevamente, cuando no se le tomó la denuncia, un día antes a la desaparición de la joven, a una nena de 13 años que había sido manoseada por el asesino de Micaela, porque la jueza de menores no se encontraba en la fiscalía.

Banderas en tu corazón

Con sus 21 años, Micaela supo sembrar amor y esperanza en los niños de Villa Mandarina, el barrio donde militaba, en sus compañeros del Movimiento JP-Evita, en sus familiares y amigos. Es por eso que su despedida fue más bien homenaje  que hizo eco en distintas partes del país.

Miles de personas se acercaron al Estadio Cubierto de Educación Física de Concepción del Uruguay para celebrar su vida. Con banderas y cantitos, prometieron hacer realidad sus sueños. El Indio Solari, ídolo de la joven, cantó por teléfono su canción favorita “Juguetes perdidos”, aquella que le debía desde el recital en Olavarría.

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Las despedidas y los pedidos de justicia se replicaron en todo el país. El día del hallazgo del cuerpo, miles de personas se acercaron a las plazas principales de sus ciudades para hacer el duelo colectivamente. El 11 de abril, mientras Concepción despedía sus restos, las plazas de todo el país se llenaron nuevamente, no sólo para despedirla, sino también para exigir justicia y repetir la consigna #NiUnaMenos.

Micaela se incorporó a la larga lista de víctimas que deja el machismo a su paso. Esta vez, le tocó a ella ser símbolo de la lucha contra la violencia de género. Esta vez, le prometimos a ella que su vida y su ejemplo no habían sido en vano. Miles y miles levantamos sus banderas.

 


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